Seis atuneros tinerfeños pierden sus ‘manchas de pescado’ por las orcas y migran a la costera del bonito
La pesquería del atún (grandes pelágicos), principal actividad extractiva hoy en día en las islas, no está siendo nada fácil en los tiempos que corren en aguas cercanas a Canarias. Difícil está siendo cerca de los puertos base de las embarcaciones locales; casi imposible en el banco canario-sahariano, aguas administradas por Marruecos, y muy lejos, como mínimo, en aguas del Cantábrico.
En ese mar, faenan actualmente seis embarcaciones atuneras tinerfeñas. Son pesqueros artesanales que usan el arte de caña, anzuelo y cebo vivo. Estas unidades han visto en la conocida como costera del bonito, una pesquería tradicional en el norte de España durante el verano, su única opción de intentar rentabilizar, en la medida de lo posible, la desastrosa campaña de capturas de este 2026. No está siendo nada fácil, pero sí mejor que lo que les esperaba en las islas. En esto, coinciden.
Esos seis atuneros, grandes dentro de los artesanales y de tipo bermeano, todos con puerto base en Tenerife, han decidido migrar a aguas del norte del país para encontrar allí lo que aquí ya han descartado o se les ha negado por diversas circunstancias: buscan disponer de unas capturas de túnidos razonables y remunerativas, las que no lleven a la ruina.
En el Cantábrico, la especie objetivo cambia y será el bonito del norte o barrilote, como se llama en Canarias; o sea, el Thunnus alalunga. Aquí, en verano y con el sistema de pesca en mancha, la captura dominante es la tuna o atún, el Thunnus obesus.
Pero ¿por qué no han podido vivir esta vez de la tuna o atún? En la respuesta a este interrogante, sin duda, hay mucha calamidad. Los atuneros de mayor eslora y con más posibilidades de faenar mar adentro, como son esos bermeanos (de hecho han realizado la travesía de Canarias a Gijón, donde ahora descargan), habían hecho manchas de pescado, de tuna (Thunnus obesus), este verano, como habitualmente se persigue y logra, pero en esta ocasión la acción de las orcas ha terminado con ellas, las han deshecho.
Por ello, los atuneros tinerfeños han dejado de tener ese cardumen, la propia pesquería, fijada debajo de la embarcación, una nave que se releva conforme obtiene su carga objetivo para no perder la biomasa de atunes. El reventón de las manchas ha convertido en inviable la pesquería, y hubo que ver otras opciones.
Esa ha sido la razón principal de que las seis embarcaciones, tal y como ha informado el gerente de la empresa Teidetuna, Rafael Rodríguez, hayan decidido, ante la falta de capturas (la más importante en el verano es la tuna, pues el barrilote o bonito del norte ya ha pasado por las islas hacia el Cantábrico, justo donde se ha ido a pescar) y las dificultades para volver a hacer las machas, cambiar de caladero y tomar rumbo a aguas del norte de España, donde en estos momentos se captura bonito del norte con mejores resultados económicos.
Según indicó Rafael Rodríguez, “las orcas destrozaron las manchas, las reventaron…”. Esto ha impedido la pesca en aguas cercanas a Canarias y ha sido el origen de haber tomado la decisión de ir a donde está el pescado, a por el bonito del norte en el mar Cantábrico.
Las seis embarcaciones que ha modificado temporalmente su caladero son todas de la isla de Tenerife: El Grande Primero, Nuevo Batabano Primero, Nuevo Moby Dick, Bidasoa, Nuevo Juan Santana y El Macizo. Las dos primeras de este grupo son embarcaciones del armador Teidetuna, con sede social en la Dársena Pesquera tinerfeña.