Senegal, donde el islam y el cristianismo conviven pacíficamente

Alicia Justo

Dakar —
21 de junio de 2026 06:01 h

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La convivencia entre religiones dentro de un mismo país siempre es un reto, aunque hay lugares donde esta tarea es una de sus señas de identidad. Senegal es un país con un 94% de musulmanes y un 5% de católicos, donde sus creyentes comparten festividades, ceremonias o cementerios. La estampa en muchas localidades es la de mezquitas que se intercalan con algunas iglesias y la de la llamada al rezo musulmán sonando al unísono con el repique de las campanas. Para el país, es una realidad con arraigo histórico. “Es un legado, una herencia que recibimos de nuestros antepasados, de nuestros padres, y que nos ha llevado hoy en día a esta coexistencia religiosa en Senegal”, remarca el sacerdote de la isla de Gorée y encargado del diálogo interreligioso de la Archidiócesis de Dakar, Alphonse Birame Ndour. 

Es un legado, una herencia que recibimos de nuestros antepasados, de nuestros padres, y que nos ha llevado hoy en día a esta coexistencia religiosa en Senegal

Kine, de religión musulmana, es una vecina de Dakar, que dos veces al año celebra con sus amigos cristianos sus festividades católicas. “El 15 de agosto, para el día de la Asunción de la Virgen, unos amigos cristianos nos invitan a mí y a mi familia a su casa en Joal. Allí comemos, bebemos y mientras ellos se van a la misa, nosotros los ayudamos preparando el cerdo. También celebro el lunes de Pascua con otros amigos que viven en Dakar, que me invitan a su casa a comer”, confiesa. Como ella, otros musulmanes celebran la Navidad o las peregrinaciones cristianas del país y los católicos acuden al Magal de Touba, una peregrinación musulmana, y se unen a la fiesta del cordero. “Senegal es así: celebramos juntos. Los musulmanes vamos a sus fiestas y ellos vienen a las nuestras”, recalca Kine. 

Uno de los ejemplos de estas buenas relaciones entre católicos y musulmanes lo representan ciertas figuras, como el Khalifa de Bambilor, Thierno Amadou Ba, una autoridad musulmana de las afueras de Dakar que lleva años de intercambio y de trabajo para fomentar el diálogo interreligioso. El año pasado, tras la proclamación del Papa León XIV, viajó al Vaticano para reunirse con la máxima autoridad de la Iglesia católica, recibe con regularidad en su comuna a los representantes de la Archidiócesis de Dakar y, además, es reconocido porque su padre luchó por la construcción de un cementerio para católicos en el municipio. “En Senegal no tenemos tensiones que vayan al extremo. Aquí cada uno vive la religión a su manera, con una mentalidad abierta”. Amadou Ba recalca al mismo tiempo, como ejemplo de cohabitación, la existencia de varios cementerios mixtos, donde tumbas de musulmanes y cristianos comparten espacio. 

Para el profesor de Historia Moderna de la Universidad de Zinguinchor Ambroise Djéré Mendy los cementerios mixtos son excelentes lugares de observación de estas relaciones sociales. Pone como ejemplo, los camposantos de Joal Fadiouth y de Santhiaba, en Ziguinchor: “Demuestran la profundidad de los lazos entre musulmanes, cristianos y seguidores de la religión tradicional local que, en algunas localidades, descansan en un mismo perímetro físico y social como para mantener una sociabilidad post-mortem”, detalla. Además, agrega que los fieles de las diferentes religiones colaboran puntualmente en el mantenimiento de los cementerios separados y destaca el caso del líder musulmán mouride Serigne Modou Kara Mbacké, cuyos seguidores participan en la limpieza de las malas hierbas de los cementerios católicos en las vísperas del Día de Todos los Santos.

La convivencia se aprecia también en muchas familias. Mendy subraya que las familias plurirreligiosas son numerosas en el país, especialmente en las pertenecientes a las culturas serer y diola: “Estas familias constituyen también laboratorios de un diálogo vivido desde abajo en la vida cotidiana, entre personas que comparten el mismo patio, las mismas comidas, celebran juntas los momentos festivos y superan colectivamente las dificultades”, sostiene. Por ello, le gusta recordar las palabras que el presidente del país, Abdou Diouf, pronunció durante la visita del Papa Juan Pablo II a Senegal en 1992: “La tolerancia (...) es la consideración del otro y de su diferencia”. 

Senegal ha sido forjado por ese espíritu de apertura, de comprensión del otro y de aceptación del otro. Es por eso que ha sido una gran facilidad para Senegal aceptar ser gobernado por un católico, mientras que el 95% de la población era musulmana

“Los senegaleses tienen una inteligencia social. Cada vez que hay una fiesta en Senegal, ves que hay una práctica social creada para fortalecer esta coexistencia”, revela el investigador de la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar y director del Congreso de Diplomacia religiosa de la misma universidad, Demba Thilel Diallo. Esta realidad se explica por el pasado. El primer presidente de Senegal tras la descolonización francesa, en 1960, fue Léopold Sédar Senghor, un católico que gobernó el país durante veinte años. En una sociedad con una fuerte presencia religiosa y múltiples confederaciones musulmanas, la elección de un líder “neutro”, fue para Thilel un golpe maestro. Para esta aceptación, el profesor apunta a la cooperación entre los diferentes grupos culturales del país. “Senegal ha sido forjado por ese espíritu de apertura, de comprensión del otro y de aceptación del otro. Es por eso que ha sido una gran facilidad para Senegal aceptar ser gobernado por un católico, mientras que el 95% de la población era musulmana”. 

Mendy va más allá y se remonta a la época de la colonización francesa en Senegal para explicar el posible origen de esta coexistencia religiosa. El historiador cuenta que en 1870 los marabúes (líderes religiosos del islam) debían enviar a sus alumnos a la escuela francesa por la tarde. Sin embargo, según relata, muchos optaron por la escuela dirigida por los religiosos católicos en detrimento de la escuela laica. “Se puede ver en la elección de los padres musulmanes y de los marabúes una disposición a colaborar en torno a un proyecto religioso fundado en la fe común en dios, en detrimento de un sistema que se construye al margen de dios”, indica.

Hay más elementos que explican la cohesión. Aunque la población senegalesa esté prácticamente dividida entre musulmanes y católicos, todos ellos tienen de base las creencias animistas. “En muchos lugares, el islam y el cristianismo no lograron borrar los usos y costumbres que funcionaban como un cemento social y facilitaban el diálogo, a pesar de la pluralidad religiosa. Por ejemplo, entre los serer, el Dakh es un ritual que une a todas las mujeres casadas de un pueblo sin distinción de religión para implorar la lluvia”, especifica Mendy.  

Al mismo tiempo, han jugado un papel fundamental los líderes religiosos de ambas confesiones. Thilel enumera varios episodios a lo largo de la historia en los que los guías religiosos han marcado el comportamiento de la sociedad. Por ejemplo, durante la epidemia de peste de Dakar en 1914, muchos habitantes de la ciudad rechazaron la vacunación hasta que el líder musulmán El Hadji Malick Sy se vacunó y convenció a la población.

También durante la Segunda Guerra Mundial, ante la movilización de Francia, muchos religiosos prefirieron enviar a sus hijos al frente para evitar conflictos entre los colonizadores y la sociedad. Mendy añade que ya en 1889 se produjo una de las primeras colaboraciones entre sacerdotes y marabúes en Saint-Louis, la primera capital de Senegal, durante la primera edición de una peregrinación católica en 1888 y con motivo de la construcción de la primera capilla en ese lugar. También en la actualidad, los líderes religiosos suelen intervenir ante determinados eventos, como huelgas o para aliviar tensiones políticas. 

El sacerdote Birame Ndour reconoce que la religión católica es respetada en el país: “Ser minoría no significa que una religión no deba ser respetada”, sentencia. El sacerdote de Goree recurre al elemento principal de ambos credos para llamar a la coexistencia: “Todos esos países que persiguen a creyentes, les quiero decir que Dios es amor. Allah es el Dios del amor. Nosotros seremos juzgados por el amor que hemos dado y por buscar cambiar el mundo gracias al amor”. Para Amadou Ba es clave el tipo de islam practicado en el país, el que sigue la corriente sufí, la cual hace hincapié en la moral, el perdón y la tolerancia “Yo el consejo que doy es que hay que abrir el espíritu. Que vivir fraternalmente no significa romper tu fe”, concluye.