Violencia de género
La familia de Juana Ramos pide 17 años de cárcel para su presunto asesino y detalla las contradicciones tras su desaparición en 2016

El acusado Miguel Ramos sale del juzgado que instruye la causa de la desaparición de Juana Ramos, tras conocer que la Fiscalía pedía que fuese procesado por asesinato. EFE/Quique Curbelo

Jennifer Jiménez

3 de agosto de 2026 13:03 h (Hora canaria)

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La familia de Juana Ramos, la mujer desaparecida en agosto de 2016 en Gran Canaria, ha solicitado 17 años de cárcel para su presunto asesino. En el escrito de acusación, al que ha tenido acceso este periódico, detalla en concreto que se pide 15 años de pena por un delito de homicidio y otros dos por otro delito contra la integridad moral. También le reclama 300.000 euros y asumir el coste de las actuaciones necesarias y razonables de localización de Juana Ramos.

La desaparición de Juana Ramos generó una fuerte conmoción. Su cuerpo no ha sido encontrado pero pasó a ser considerada en las estadísticas oficiales como víctima de violencia de género en 2018. Su familia espera que pronto pueda celebrarse el juicio.

En el escrito de acusación detallan todo un entramado de contradicciones en el relato que ha descrito en estos años el marido de Juana Ramos, Miguel Ángel Ramos Quesada, que tenían períodos de convivencia intermitentes. Desde julio de 2016 residían por separado y aquel 20 de agosto se pusieron en contacto, relata la familia, para verse y salir juntos. Sobre las 20.00 horas el acusado pasó a recogerla en el barrio de La Paterna, en Las Palmas de Gran Canaria y pusieron dirección a Arucas.

Juana jamás regresó al domicilio. Y ahí radica una de las contradicciones del acusado, que aseguró a las brigadas que dejó a su esposa de vuelta en La Paterna sobre las 00.30 horas del sábado. Juana en realidad no regresó y “el rastro de la señal del móvil se pierde en Bañaderos”.

En el escrito también se expone que el 13 de septiembre el acusado volvió “a faltar a la verdad” en cuanto a la descripción de la vestimenta que portaba el 20 de agosto “pues consta en el soporte de grabación de las cámaras de seguridad del establecimiento comercial Carrefour Las Arenas que se observa que el día 20 de agosto de 2016, el acusado a las 19:09 horas, entra en dicho establecimiento en compañía de su hija, vistiendo un polo de color rojo con el cuello blanco, pantalón largo oscuro y unos zapatos también oscuros. Sin embargo, en la diligencia de reconstrucción de los hechos el acusado, al ser preguntado por la ropa que tenía cuando fue a Carrefour la tarde del sábado 20 de agosto, manifestó que tenía una camiseta negra, resultando que es de color rojo con el cuello blanco”.

Asimismo, subraya el escrito que “en la diligencia de reconstrucción de hechos el acusado falta a la verdad en cuanto al recorrido que explica que hizo junto a Juana, que no coincide con la ubicación de los teléfonos móviles de ambos, habiendo manifestado el acusado que nunca se bajaron del coche desde que la recogió y la dejó en su domicilio de La Paterna en un espacio de menos de tres horas”.

Otro detalle que expresa la familia en el escrito es que Juana no regresó a su domicilio la madrugada del domingo 21 de agosto de 2016, pues “la alarma de su vivienda que ella siempre conectaba antes de acostarse no fue conectada la noche del sábado al domingo. Juana nunca conectaba la alarma al salir, sino cuando estaba en su domicilio”, exponen.

También inciden en que una vecina de Juana, que asegura haber estado despierta hasta las 04:00 de la madrugada del 21 de agosto, no oyó ningún coche pararse delante del bloque ni la vio llegar a su domicilio.

Otro aspecto en el que hacen hincapié es en que el domicilio, el establecimiento que regentaba (negocio de alimentación) y el vehículo de la desaparecida, estaban en perfecto estado, faltando únicamente la ropa y efectos personales que llevaba la noche del sábado. No faltaba ropa ni otros enseres personales en el domicilio.

“Para evitar ser descubierto y determinar cómo le arrebató la vida a Juana, Miguel Ángel se deshizo del cadáver de Juana, lo que ha producido que después de desarrollarse a lo largo de los años una intensa y amplia búsqueda, al tiempo presente, siga sin encontrarse vestigio biológico alguno de la víctima siendo destacable la nula colaboración del acusado en las labores de búsqueda de quien había sido su pareja sentimental durante trece años”, considera la familia en el escrito de acusación.

Además, Juana Ramos no ha realizado actividad alguna desde la fecha de su desaparición que permita inferir que sigue con vida, y carece de sentido una desaparición voluntaria cuando además se encargaba de del cuidado de sus padres octogenarios, e igualmente ayudaba a su hija Dácil en el cuidado de su nieto Hugo, con autismo.

La familia de la víctima ve relevante destacar que el acusado no quería que Juana se relacionara con su familia, ni que tuviera amigas y que antes de su desaparición había conocido a personas con las que estaba iniciando una relación de amistad.

De hecho, Juana habría reconocido a su nuera que seguía teniendo contacto con el acusado por una deuda económica que este le generó al traspasarle un negocio, “cuando él ya sabía, que Hacienda le impondría una multa económica y a pesar de ello, no le importó que Juana tuviera que hacer frente a las deudas: una de quince mil euros y otra de unos nueve mil aproximadamente, deudas que habían sido generadas por negocios del acusado”, detalla el escrito.

También se incluye que el 26 de noviembre de 2018, dos funcionarios del Grupo de Homicidios se encontraban realizando un dispositivo de vigilancia y seguimiento sobre el sospechoso y que al percatarse del seguimiento se dirige a ellos de muy malas formas espetándoles “¿Qué pasa?”. Acto seguido el acusado accede a su coche mientras continúa hablando y dice “ojalá y yo se lo agradezco, ojalá y aparezca ahora y viva y den un golpe sobre la mesa”, mientras le consta que los funcionarios policiales están cerca.

“Sin embargo, transcurridos varios minutos y cuando se percata de que ya no está siendo observado se registra la siguiente frase ”vas a encontrar, una mierda vas a encontrar tú“. La familia considera que esto apunta a que el acusado ”sabe a la perfección que el cuerpo sin vida de Juana no va a ser encontrado jamás, pues dicha expresión no es propia de quien desea que aparezca con vida“, concluye.

Y añade en el escrito que “el acusado actuó así con su ex pareja al no aceptar la decisión exteriorizada por Juana de querer tener una vida independiente de sus criterios, ajena a sus imposiciones, molesto porque ampliaba sus relaciones sociales con nuevas amigas, habiendo ejercido sobre ella una conducta vigilante con una necesidad de control de sus contactos, visitas, temeroso de una ruptura definitiva, habiendo aprovechado la utilización de una deuda económica derivada de la gestión de los negocios del mismo que estaban a nombre de Juana, para presionarla y conminarla al mantenimiento de la relación”.

Cabe recordar que el escrito de acusación de la familia coincide con el de la Fiscalía, que sostiene que en algún momento de ese trayecto o durante las horas posteriores, el acusado “acabó con la vida de la mujer”, aunque no ha podido determinarse ni el lugar exacto ni la forma en que se produjo la muerte.

La Audiencia de Las Palmas rechazó en 2024 el recurso de presentado por la defensa de Miguel Ramos contra el auto del Juzgado número 2 de Violencia Sobre la Mujer de la capital que acordaba seguir con el procedimiento de la Ley del Jurado que, por tanto, continúa.

El cuerpo de la mujer no ha sido hallado hasta la fecha, pero la magistrada María Auxiliadora Díaz sostiene que existen indicios suficientes de que Miguel Ramos presuntamente la mató y, por ello, dictó el auto de inicio del procedimiento por la ley del Tribunal del Jurado.

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