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“Severo Martín le dio a la estrofa un uso lírico nada frecuente en la décima popular”

El investigador Talio Noda analiza en un libro la obra poética del singular verseador de Garafía, en cuya memoria se ha erigido una escultura en el pago de Catela. “Es un personaje que habría que estudiar bien”, señala.

Talio Noda es un prestigioso especialista en cultura popular y tradiciones de Canarias. Foto: EUGENIO EGEA MOLINA.

Talio Noda es un prestigioso especialista en cultura popular y tradiciones de Canarias. Foto: EUGENIO EGEA MOLINA.

El verseador Severo Martín Cruz logró que se cumpliera su deseo: la edición de sus versos. Ahora cuenta también con una escultura en el pago donde nació, en Catela, en el municipio de la Villa de Garafía. El Cabildo y el Ayuntamiento de la Villa norteña han erigido una pieza en su memoria, obra del artista Chano Navarro.

El investigador Talio Noda, especialista en cultura popular y tradiciones de Canarias, analizó en una publicación, con el título Décimas de Severo, la obra de este singular poeta. El libro fue editado en 1993 por el Ayuntamiento de Garafía y el Centro de la Cultura Popular Canaria. “Fue una persona especial para todo; era casi analfabeto y sin embargo componía poesías preciosas y perfectas; es una persona a la que habría que estudiar bien”, ha asegurado Talio Noda a La Palma Ahora. “Él era amigo de sus amigos, y tuvo una vida azarosa, llena de problemas, quizás por eso hizo buena poesía; algunos dicen que si hubiese ido a la universidad habría sido mejor poeta pero yo creo que no”, afirma. 

Noda realizó un trabajo de investigación sobre la vida y obra de Severiano Martín Cruz, nacido el 13 de noviembre de 1913 en Catela, de padres tijaraferos, agricultores de posición humilde. En su niñez, no tuvo la oportunidad de asistir a la escuela. Su esposa Ovidia contó a Talio que “mi padre no quería que hablara con él. Le escribí diciéndoselo. La hermana le leyó la carta, y él se trancó tres días en una habitación, y por mi carta aprendió a escribir –pues no sabía- fijándose por lo que la hermana le leía. Entonces me contestó y me escribió unas décimas. Creo que esto fue verdad, pues aunque él me decía al principio que sabía leer y escribir, me enteré de que no era verdad. La carta que me escribió era con una letra fea y dura”. “Ese casi analfabetismo, del que el propio don Severo presume en sus décimas, le da un valor mayor a su obra, que guardada íntegramente en su cerebro (existen apenas cinco o seis décimas escritas de su puño y letra”, subraya el citado investigador. 

Severo, asegura, “no responde al tipo clásico de verseadores: primero, porque él sí tenía un deseo de pasar a la posteridad, y segundo, porque, aparte de cuantas décimas sentenciosas, jocosas, picantes compuso, le dio a la estrofa un uso lírico nada frecuente en el campo de la décima popular”. “Los motivos que impulsaron a don Severiano a adoptar este tipo de actitud poética habría que rastrearlos en los datos de su biografía y en los de su personalidad”, dice. “A primera vista, puede parecer atrevido, e incluso exagerado, el intentar realizar un estudio literario, más o menos profundo, de unas simples décimas de un verseador, quizá un trovador de nuestro siglo y en nuestra tierra, pero si se ha considerado oportuno hacerlo, se debe a la cantidad y calidad de recursos literarios descubiertos en unas sencillas catas”, sostiene. 

Escultura en memoria de Severo en Catela, en Garafía.

Escultura en memoria de Severo en Catela, en Garafía, obra del artista Chano Navarro.

Talio Noda describe a Severo a la edad de “setenta y pocos años”. “Era de aspecto descuidado; la barba, abundante y entrecana; el pelo, aún negro y no siempre bien cortado, las más de la veces cubierto con una boina negra echada hacia atrás. Ojos vivos, expresivos, bajo cejas negras, pobladas; entrecejo, despejado, y piel morena, propia de quien andaba por el campo al aire y al sol”. “Encontrarse con una personalidad tan notable en el mundo de la poesía popular, concretamente en el campo de los verseadores, puede desconcertar a cualquiera”, admite. “¿Se le podía definir como un bohemio?, ¿o como un vagabundo –pero no un vagabundo cualquiera-?, ¿como un mujeriego misógino?, ¿una mente que lucha en el abismo que separa su inteligencia y su cultura?, ¿un hombre volcado en la interpretación de su papel? Con unas copas adquiría una fuerza humana acaparadora”, recuerda. “Tenía rasgos de cómico, de comediante, que aparecen en su vida y en su obra: llorar a voluntad, fingirse enfermo, presumir con otras mujeres… Llama la atención de que todas las personas consultadas hablen de Severo como 'el amigo de sus amigos'. Ese era uno de los rasgos dominantes a lo largo de su vida”, detalla. 

El “punto capital para la comprensión de las décimas que escribió es la crisis matrimonial. El tema es delicado, pero insoslayable, porque forma parte del núcleo principal de su producción”, recalca Noda. “A partir de la ruptura matrimonial, don Severiano va a llevar una existencia casi marginal, sin morada fija, realizando trabajos temporales; conviviendo con distintas mujeres; rodeándose de personas dispuestas a escucharlo y a aplaudirlo”. “Mientras tanto, cultivaba un mundo interior, hecho, probablemente, de resentimientos, autojustificaciones y apariencias –en definitiva, su papel-, que volcaba luego en las décimas”. 

Abilio Reyes Medina, alcalde de Garafía cuando se publicó la obra de recopilación de las décimas de Severo,  apunta en el prólogo que “para mí, como alcalde, supone ver liberada, con gran satisfacción, la responsabilidad personal adquirida con Severo de dar cumplimiento al deseo que siempre me manifestó de que fuera publicada su obra poética”. “Severiano es parrandero, servicial, mujeriego, solitario, alegre, triste, enamorado, indomable, caminante, satírico, pero claramente artista; artista como expresión del sentimiento en forma de verso, desgranando décimas improvisadas con una calidad y contenido de valor incalculable capaz de hacer reír, llorar o reflexionar, de una forma no habitual en gentes carentes de oportunidades educativas, que nunca las tuvo”. 

Severo, según recuerda Talio Noda, estuvo interno “en el asilo de Santa Cruz de La Palma, pero se marchó de él y volvió de nuevo a Garafía, a su entorno. Allí, tras dejárselo entrever a varias personas, acabó por ahorcarse, tal y como había anunciado muchos años antes a su esposa”. Un espíritu romántico.

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