Regresa Bryan de La Galga: Puntagorda aparece en el horizonte del pícaro palmero

Y entre tanta fajada de arretrancos norteños, que para pelearse los garafianos y barloventeros son como los cochinos para cáscaras, se cuela en los lances de Bryan esa pequeña ladera conocida como Tierra de separados, lo que supone una brisa de aire fresco por su llaneza a la par de sofisticación, aunque también carguen con su cruz, como todo hijo de vecino en La Palma. Puntagorda se hace pues un hueco en el relato de nuestro protagonista, con sus costumbres, vivencias y cuentos, sirva de muestra un botón:

Resulta que un puntagordero, que a la postre llegaría a la consistorial residencia, tenía en la época del presente cuento, del que ya hay una purriada de años, un comercio de notables dimensiones y, a raíz de semejante éxito, vino a juntar bajo su ala protectora dos novietas por aquel entonces, sin conocer una la existencia de la otra, obviamente, como marcan los cánones de los donantes de placer. Con la que más tiempo llevaba había tenido un chiquillo hacía un par de años y, cosas del destino y de la puntería, no se le ocurrió otra cosa que preñar a Geli, su conquista más reciente. Encontrábase un día en su tienda nuestro Tenorio cuando llegó por allí a comprar una muchacha de la zona, teniéndose ella por muy simpática y por deslenguada el resto del pueblo. Al preguntarle el precio de alguna cosa que tenía en una estantería, fue a buscarle las cosquillas el otro a la voz de “tú no tienes dinero para comprar eso”. Dio en la diana porque vino a molestarse ella por el comentario y comenzó a hervirle la sangre, mientras él, no satisfecho con la primera afrenta, siguió con el vacilón, “eso vale más de un millón de pesetas y tú no sabes ni escribir un millón de pesetas”. Terminó así de tocarle la fibra a la chica, que le respondió “¿que no sé escribir un millón de pesetas? Trae pa acá un papel pa que veas”. Pega a escribir nada más cogerlo, sin dudar ni un segundo, y al terminar le pasa la nota, pudiendo leer clarito el discreto “la breva de Geli”.

Historia que viene a refrendar que la picardía no tiene un solo dueño en la isla, que está bien repartida como los millones de la Lotería del Niño.

La Galga, protagonista junto con sus habitantes y razón de ser de esta obra que ya se encuentra en las librerías del Archipiélago, ajunta también un buen feje de párrafos. En ellos se vislumbran celebraciones galgueras de antaño que han sido repescadas del olvido, como El Perro Maldito; o de nuevo cuño, como la Vino Trail.

Como en sus predecesoras, en Bryan III se vuelven a tomar prestadas palabras ajenas de grandes autores locales, es el caso de un puñado de atinados versos de Domingo Acosta Guión, y también se refieren otros escritos, es el caso de Anelio Rodríguez.

En el apartado de agradecimientos, es deber mencionar a los ayuntamientos de Puntallana y Puntagorda que han colaborado para que Bryan de La Galga III pudiera editarse.

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