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La Europa fascista

Despertarse, ducharse y vestirse escuchando la palabra Europa, mientras te escalofría el presentimiento del fascismo entre las urnas vacías y los gritos de los ahogados, de los pobres. Desayunar esperando que los paralelismos históricos no se conviertan en certezas de sangre. Harta de escuchar lecciones sobre derechos humanos impartidas por los expoliadores del porvenir. Europa es una cárcel regentada por estafadores, una mascarada antidemocrática, una carretera hacia la nada, ¿o tal vez hacia el infierno?

Hoy, cuando se conmemoran 69 años de la victoria del ejército ruso contra los nazis, Estados Unidos y la UE intentan sacar ventaja geopolítica frente a Rusia, apoyando en Ucrania a fascistas capaces de quemar vivos a decenas de personas, como pasó hace unos días en Odesa. Y no es la primera vez. Los vimos en Alemania, Italia y España en los años treinta, y en las dictaduras latinoamericanas patrocinadas por la CIA cuarenta años después. Se transparenta hoy en una oposición venezolana amiga de la ultraderecha internacional, íntima de Aznar y de Uribe. O en el crecimiento del Frente Nacional francés ante los miopes ojos de Hollande. O más cerca de casa, en las arengas del dueño de una tele local de Tenerife.

El fascismo aparece para frenar las reivindicaciones de la clase trabajadora; cuando existe “amenaza” de transformación real de las estructuras de poder; cuando se tensa la cuerda; o en momentos de crisis económica, de desempleo, de pobreza. Se alimenta de la estulticia y tibieza de unos partidos tradicionales; mercenarios cuasi-fosilizados que se turnan sin ambición de cambiar nada. El fascismo llega cuando el descontento apático se vuelve rebeldía, y manipula la ignorancia y redirige la rabia hacia un enemigo falso: el pobre, el extranjero, el comunista, mientras protege a quienes verdaderamente sirve: a los dueños de la riqueza, a los terratenientes, a los grandes empresarios, a los poderosos.

No confío en esta Europa diseñada para enriquecer a unos pocos, capaz de alentar el fascismo en su inmunda estrategia de ampliar mercados demoliendo y domesticando estructuras institucionales, pisoteando derechos humanos. Es urgente huir del euro y recuperar la soberanía; crear un frente antifascista que nos saque de esta ratonera llamada UE.

mvacsen@hotmail.com

Despertarse, ducharse y vestirse escuchando la palabra Europa, mientras te escalofría el presentimiento del fascismo entre las urnas vacías y los gritos de los ahogados, de los pobres. Desayunar esperando que los paralelismos históricos no se conviertan en certezas de sangre. Harta de escuchar lecciones sobre derechos humanos impartidas por los expoliadores del porvenir. Europa es una cárcel regentada por estafadores, una mascarada antidemocrática, una carretera hacia la nada, ¿o tal vez hacia el infierno?

Hoy, cuando se conmemoran 69 años de la victoria del ejército ruso contra los nazis, Estados Unidos y la UE intentan sacar ventaja geopolítica frente a Rusia, apoyando en Ucrania a fascistas capaces de quemar vivos a decenas de personas, como pasó hace unos días en Odesa. Y no es la primera vez. Los vimos en Alemania, Italia y España en los años treinta, y en las dictaduras latinoamericanas patrocinadas por la CIA cuarenta años después. Se transparenta hoy en una oposición venezolana amiga de la ultraderecha internacional, íntima de Aznar y de Uribe. O en el crecimiento del Frente Nacional francés ante los miopes ojos de Hollande. O más cerca de casa, en las arengas del dueño de una tele local de Tenerife.