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ENTREVISTA

“El cuidado a los abuelitos es fundamental, son el tesoro del mundo”

La barloventera Giselle Torres Rodríguez es técnica de Atención Sociosanitaria en la Residencia de Mayores de Santo Domingo de Garafía y asegura que “no sé trabajar manteniendo una distancia porque me gusta hacer sentir a los residentes seguridad”.

Giselle Torres Rodríguez es técnica de Atención Sociosanitaria en la Residencia de Mayores de Santo Domingo de Garafía.

Giselle Torres Rodríguez es técnica de Atención Sociosanitaria en la Residencia de Mayores de Santo Domingo de Garafía.

Giselle Torres Rodríguez, barloventera de corazón, de las que lleva esa tierra roja en la sangre, característica del norte de nuestra isla, iluminada por un faro que jamás ha dejado de brillar. Ella es técnica en Atención Sociosanitaria. Trabaja desde hace cinco meses en la Residencia de Mayores de Santo Domingo de Garafía. Ha construido cultura en más de una ocasión, liderando proyectos y talleres impensables que solo ella puede hacer realidad. Quizás esas dos profesiones, junto con la peluquería, tengan un denominador común: la entrega y la constancia, incluso más allá de todo eso, independientemente de las malas épocas, de tener un mal día o abundar en un tiempo triste, Giselle utiliza aquellas herramientas que siempre olvidamos, la de aflojar los miedos y apretar amor. 

-Si hubiera una vida más, estamos seguros de que Giselle sería una mariposa, pero no una cualquiera, sino de una rama única y que brilla con luz propia, la mariposa de origami, las que podemos construir todos desde nuestras casas y que con la imaginación hacemos volar. Creo que la definición no podría ser más ajustada a lo que eres Giselle.

-(Risa) Soy una mariposa ‘alocada’ y de esas que no parecen ser frágiles pero que en verdad sí lo son. Intentamos ocultar la vulnerabilidad sin darnos cuenta de que es así, aunque no queramos, pero no por ello dejo de ser. Soy creyente en el sentido de que la luz la atraemos con nuestras acciones, por lo que nunca dejaré descansar esas alas de las que me hablas para seguir atrayendo a mí misma esa luz propia que tan bonita y necesaria es.  

-Esta crisis mundial en la que estamos inmersos nos hace sentir en nuestra propia piel, más que en cualquier otra ocasión, que somos vulnerables ante cualquier adversidad. Los errores, la equivocación, los falsos caminos en los que hemos construido una sociedad consumista y poco generosa.

-Desde luego. Ante esta situación que estamos atravesando nos llegamos a plantear muchas cosas, es algo inevitable. Una de ellas es: ¿seremos buenas personas? Creo que es ahora la oportunidad de demostrarlo, y más que la demostración, sentirlo. El mundo es sabio y sabe qué hacer siempre, aunque no seamos capaces de encontrarle el sentido a una flor llena de vida en un monte seco. ¡VALORAR! preciosa palabra que marcará un antes y un después, cuando todo esto pase. 

-Eres profesional de atención sociosanitaria, pero además de tu formación y experiencia, hay algo fundamental para ejercer este trabajo de la mejor manera posible, o, mejor dicho, desde una palabra que a ti te gusta mucho: cercanía.

-Sí, igual que empatía y humanidad. Yo no sé trabajar manteniendo una distancia porque me gusta hacer sentir a los residentes seguridad. Me ha tocado aprender a hacerlo muy a mí pesar por su bienestar. Es muy frustrante querer y no poder, y mucho más cuando difícilmente puedo explicarlo, ya que por sus problemas cognitivos no llegan a entenderlo, pero sí sufrirlo. Es algo que se ve en sus ojos. Lo único que demandan es protección, cuidados y algo fundamental: amor. Amor que ellos necesitan pero que, al mismo tiempo y recíprocamente, desconocen la inmensidad que entregan a los demás. El mío por ejemplo está rebozando. 

-Desde dentro, estás viviendo en primera línea la batalla contra este virus, en un proceso costoso y durísimo, pero al mismo tiempo con la esperanza intacta. Tu día a día, tu forma de enfocarlo, lo que sientes antes de entrar al Centro de Mayores de Garafía, en tu camino hacia el trabajo, y, por último, cuando estás dentro, esas horas que seguramente se hagan infinitas.

-He de decirte que al principio de todo me daba miedo salir de casa. Luego pensé en ese dicho que se dice, “qué sería de mí sin ti”, y entonces, salía feliz, y además orgullosa, porque  somos fundamentales, el cuidado a los abuelitos es fundamental, son el tesoro del mundo (el que no goza de abuela no goza de cosa buena). Mi manera de reír siempre ha sido un arma con mucho poder ante las desagradables situaciones de la vida, me ayuda a mejorar el día a día y el de toda mi gente. Siempre presente. Reímos juntos donde un chiste siempre tiene cabida. Y así las horas pasan volando, no existe eso de ser pesadas. Trabajamos en armonía y eso ayuda mucho. Intento sacar un ratito para jugar al tres en raya, las cartas, pintar, o simplemente cogernos de la mano, sentarnos y mirar por la ventana a ver la vida pasar, con sentido. Estos momentos para mí cuentan mucho más que cualquier otro. De nuevo, ¡VALORAR! Y por supuesto, tengo intacta la esperanza de que todos y todas saldremos exitosos de esta situación. 

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