Cometas que abrazan el cielo, infancia, memoria y solidaridad entre Gaza y Canarias
Hay gestos pequeños que, sin hacer ruido, sostienen el mundo. La semana pasada, en Gaza, niñas y niños volvieron a mirar al cielo desde la playa. Lo hicieron con cometas de colores, ligeras, frágiles, pero cargadas de un significado inmenso. En medio del dolor, del bloqueo y de las ausencias que deja la guerra, esas cometas fueron mucho más que un juego, fueron una forma de decir seguimos aquí.
Muchas de esas niñas y niños han perdido a sus madres y padres. Han visto demasiado pronto lo que ninguna infancia debería ver jamás. Y aun así, allí estaban, junto al mar, dejando que el viento levantara sus sueños. Cada cometa llevaba un mensaje silencioso pero firme, el derecho a vivir, a imaginar, a crecer sin miedo. Un recordatorio que atraviesa fronteras, para decir que Gaza no puede ser olvidada.
Al día siguiente, a orillas del Atlántico, en la Playa de Las Canteras en Las Palmas de Gran Canaria, niñas y niños canarios, junto a otros que estaban de visita, se reunieron para crear sus propias cometas. Las pintaron, las tocaron, las pensaron. Algunas más sencillas, otras más afinadas pero todas llenas de intención. No era solo una actividad, era un gesto de cuidado, una forma de tender un hilo invisible entre dos infancias separadas por miles de kilómetros.
El viento no fue constante en el parque junto al Auditorio Alfredo Kraus. A ratos parecía que no iba a suceder. Pero, como ocurre tantas veces, bastaron algunas ráfagas para que las cometas se elevaran. Y en ese subir irregular, en ese sostenerse a intervalos, había también una metáfora, incluso cuando todo parece en contra, siempre hay momentos en los que el aire vuelve y permite seguir.
Las cometas volaron. Y con ellas, los mensajes
Mensajes hechos de colores, de manos pequeñas, de miradas que preguntan y también que comprenden. Mensajes que no necesitan traducción, solidaridad, empatía, memoria. Porque cuando se levanta una cometa pensando en otras personas al otro lado del mundo, algo esencial se activa. Algo profundamente humano.
“Cometas por Palestina” organizado por la Comunidad Palestina y con la participación del artista Paco Arana, no es solo un nombre. Es una imagen poderosa, el cielo convertido en un lugar de encuentro. Un espacio donde el dolor no se niega, pero tampoco impide que brote la ternura. Donde la infancia, incluso herida, sigue buscando alas. Y quizás ahí esté lo más importante.
Que, a pesar de todo, siguen volando.
Que, a pesar de todo, siguen soñando.
Que, a pesar de todo, hay manos, aquí y allá, dispuestas a sostener ese vuelo. A exigir que pare el Genocidio.