¿A quién le importa?
Luego está este otro programa en el que un feliz propietario nos muestra su maravillosa mansión. Programa que todo apunta que se trata de una inmobiliaria encubierta, porque más del 90% de las casas que nos enseñan están en venta. Este ser sonriente y forrado de pasta nos va mostrando las distintas estancias de su 'humilde' hogar. ''Aquí está mi piscina climatizada con agua del mar muerto, mi jardín con mis orquídeas de las antillas y mi sofá de piel de foca'. Muy bien. Pero, ¿a quién le importa?
Se me escapa la razón por la que a alguien pueda interesarle la vida, las preocupaciones y las manías de personas a las que les sobra el dinero. No voy a entrar en que es un mal momento para emitir este tipo de programas en los que personas con mucho dinero muestran sus excesos mientras que hay familias que no llegan a fin de mes. El lujo siempre fue una vía de escape en épocas de crisis, un buen ejemplo fue el star system en los años 30.
Está comprobado que a los telespectadores nos produce un efecto casi hipnótico, tanto la pobreza y la miseria como el glamour y el lujo. Confieso que no soy seguidora de estos programas, me niego a perder el tiempo viendo casas horteras y liftings.
Pero quizá algún día que me sienta masoquista me pondré a ver el programa de gente rica, o un día en el que piense mi vida es una mierda, para sentirme mejor pondré el de gente desgraciada. No lo sé.
El otro día alguien me decía que se siente mejor después de ver el programa de gente rica porque se daba cuenta de lo normal que es y de lo feliz que es con lo que tiene. Es otra forma de verlo.
Lo que tengo claro es que me da igual que tengas una piscina climatizada en el salón, o que te compres toda la ropa dos veces por si se te estropea. Me da igual el número de coches que tengas, a qué peluquería lleves a tu perro o lo que te haya costado la casa. De verdad, me trae sin cuidado.