Jane Birkin que estás en los cielos
Aunque está escrito hace long time, sobre mi mesa una foto de esas que venden en Cannes por colecciones: paseando por la Croissette, ¿1972?, con un estúpido bulterrier, unos pantalones vaqueros acampanados y una camiseta blanca. El perro en dirección contraria y ella, como siempre, con ese gesto único de una francesa que se sabe británica. A mí no me dijo la señora de la limpieza lo mismo que una en una pensión de Madrid le soltó a Leopoldo María Panero, “¿Pero es que va a hacer lo mismo que la Marilyn esa?” con el envase de Barbital en la mano, después del primer intento de suicidio del poeta. A mí me dijo que no le podía hacer eso a mí mujer, lo de tener esa foto. Pero yo no estaba para melindres: me había estrenado hacia cuatro meses escasos, de profesor de filosofía y literatura española en COU. Tenía que preparar la clase del día siguiente, generación del 27, cuando se interrumpió la retransmisión de la votación que daban por Radio 3, que a su vez había interrumpido su programación normal que era la que me interesaba.
Comprendí en un segundo lo que pasaba y busqué el teléfono de aquel piso comuna que habitábamos algunos hombres y muchas mujeres. Estaba solo con mis veintidós años, y estuve solo casi tres horas, y todos los teléfonos a los que llamaba, Madrid, Coruña, Bilbao… comunicaban. El primero que apareció por allí fue nuestro hippy californiano, guitarrista y judío, según decía él por este orden. Era el novio de Marga y aspirante de Pilar “pelirroja” pero esta ni caso. Muy agitado, me agitó más a mí pues pretendía que saliéramos a manifestarnos a la Plaça de Sant Jaume, ante Serra y ante Pujol. Allá fue y volvió con una par de mamporros. Después Jesús, uno de los líderes del Moviment d‘álliberament Gay de Catalunya, que aquellos días hacía calceta en nuestra casa. Siguió calcetando hasta el mensaje del Rey. Fueron llegando todas Ellas, y alguna invitada que dio cuenta de mis angustias mientras yo pretendía escuchar a José María García, todo revuelto en una cama de no matrimonio imposible. Al día siguiente, el director del colegio, una matemático del PSC y yo, a la sazón tutor del curso de COU, ¡manda carallo en La Habana!, decidimos que había que dar clase, en contra de lo que opinaban muchos padres y no pocos alumnos un tanto escorados a la derecha golpista. Esa misma tarde, 24 de febrero de 1981, a mí también me dieron porrazos en la plaza de Sant Jaume por pretender manifestarme a favor de la democracia. No tocaba, que diría Pujol, la manifestación era para el día siguiente, y fuimos.
Tres años atrás, mi tío David, hermano mayor de mi madre, me había dicho en Madrid que España estaba preparada para un gobierno socialista. El 23-F mi tío David, coronel de caballería, mandaba el regimiento Pavía, en Aranjuez, repleto de tanques acuartelados desde primera hora de la mañana, sus segundos se había adelantado, pero mi tío ordenó parar y ascendió a general esa primavera.
No sé lo que darán de sí esos papeles ahora desvelados por petición pública del escritor Javier Cercas al presidente del gobierno: de nuevo, ¡manda carallo en La Habana! Pero es cierto que muchos documentos de aquellos días, de muchos anónimos como yo, están por desvelar. A todo esto, la señora de la limpieza no volvió a decirme nada de la foto de Jane Birkin pero sí se quejó, y mucho, por la estúpida y primitiva licuadora que compramos y que Pilar usaba mañana y tarde. ¡Qué cosas!