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¿Es malo hablar en clase de clases sociales? Sociología o depresión

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Desarrollar la perspectiva sociológica tiene que ver con entender que muchos fenómenos que pensamos que son naturales son, en realidad, el producto de una construcción social. Con pensar acerca de a qué grupos pertenece cada quien, y cómo ello condiciona su vida. La sociología enseña que en todas las sociedades existe siempre algún sistema de estratificación social, es decir, algún sistema por el cual distintos grupos sociales tienen un acceso diferenciado a los recursos. Los sistemas de estratificación social pueden considerarse cerrados, cuando no permiten la movilidad social, y abiertos, cuando sí que la permiten, entendiendo por movilidad social el proceso mediante el cual un grupo o individuo cambia de grupo. Si tu padre era de clase baja y tú accedes a la clase media estaríamos hablando de movilidad social ascendente intergeneracional. Si tú naces en la clase media y, como sea, consigues acceder a la clase alta, sería un caso de movilidad social intra generacional ascendente. Y, si los hijos y nietos de la gente rica son unos crápulas, se gastan la fortuna familiar y acaban arruinados, estaríamos ante un caso de movilidad intergeneracional descendente. Además de la movilidad, otro concepto importante a la hora de hablar de la estratificación social es el de desigualdad social. Si el patrimonio medio en Canarias es de unos 260.000 euros, y la persona más rica tiene un patrimonio de unos 1.300 millones de euros, es interesante notar que la gente más rica tiene más de 5.000 veces el patrimonio medio; pero también sería interesante saber que cerca de una quinta parte de las personas que viven en Canarias tienen un patrimonio neto inferior o igual a 500 euros. También sería interesante saber que, de acuerdo con los datos de la Agencia Tributaria, casi 7.000 personas declararon rentas superiores a 150.000 euros en el año 2026, mientras que casi 700.000 tenían rentas tan bajas que no hicieron la declaración del IRPF. 

En la actualidad, en Canarias, al igual que en la práctica totalidad de sociedades occidentales, el sistema de estratificación no es el de las castas (aunque a veces se hable de “casta política”) ni el de los estamentos, sino el de las clases sociales. Ello quiere decir que el origen influye, pero no determina la posición que acabarán ocupando cada persona en la estructura social. Un concepto clave que se introduce en Sociología cuando se habla de estratificación social es el de ideología y cito, literalmente, a la IA: conjunto de creencias, valores, narrativas y justificaciones que legitiman y mantienen un determinado orden social y sus desigualdades, haciendo que las divisiones de clase o estatus parezcan naturales, justas o inevitables. En la meritocracia es la ideología que justifica la desigualdad en las sociedades contemporáneas. Creemos que está bien que los que tienen tanto tengan tanto, porque gracias a que crean empleo, riqueza y hacen tanto bien al conjunto de la sociedad los demás podemos vivir. La ideología es lo que da estabilidad al sistema social. Cuando en una sociedad se tiende a pensar que no está bien que unas pocas personas concentren tanta riqueza y poder lo que acaba pasando es que, ya sea a través de los impuestos, de las guerras, el pillaje o las revoluciones, esa sociedad acaba reasignando los recursos. Desde Marx a Weber pasando por Bourdieu o Gramsci, entre otros, diversos autores (y autores) clásicos han analizado la estructura social. Marx, por ejemplo, decía que había dos clases: quienes tenían que trabajar para vivir (clase obrera o trabajadora, y proletaria) y quienes podían vivir de la posesión de capital (clase capitalista). Hace poco más de 10 años, en su famoso libro “El Capital en el siglo XXI”, el economista francés Thomas Piketty retomó alguna de estas ideas y desarrolló el concepto de “clase media patrimonial”: mientras que antes todos los capitalistas eran muy ricos, ahora puede haber “capitalistas de clase media”: alguien que posee tres o cuatro pisos en alquiler, por los que cobra entre 2 y 4.000 euros, lo mismo que ganan muchas personas que pertenecen a las clases profesionales. Y también lanza una advertencia a la juventud: mientras que sus padres crecieron creyendo que la mejor manera para tener una buena vida era ir a la universidad y convertirse en “mujeres y hombres de provecho”, teniendo en cuenta diversos factores, entre los que destaca la caída de la natalidad, la baja inflación y un sistema político y fiscal favorable a la reproducción del capital, es muy posible que la vida que dentro de 30 años vivirán quienes ahora son jóvenes dependa de quienes son sus padres (y tíos, abuelos y demás personas que potencialmente podrían dejarles una herencia), si bien no completamente, si en una medida mucho mayor de lo que dependió la vida de sus padres de quienes habían sido sus padres o abuelos. 

Durante muchos años he sido docente en títulos que, básicamente, preparaban a la gente para ser “hombres y mujeres de provecho el día de mañana”. Y dentro de su plan de estudio tenían que cursar una asignatura de Sociología, que incluía un tema de estratificación social. Enseñar sociología en la juventud puede contribuir a rebajar el uso de los ansiolíticos y antidepresivos en la madurez: sí, tú haz todo lo que esté en tu mano para estar lo mejor posible dentro de 30 años. Pero, si dentro de 30 años, no estás tan bien como otros, u otras, no te sientas un fracaso, ni te frustres: no todo estaba en tu mano. Ahora parece que la tendencia es que no se debe enseñar Sociología, materia que está desapareciendo en muchos planes de estudio. Es posible que en el futuro crezcan, aún más, las tasas de depresión. Para un sistema que convierte eso en una oportunidad de negocio eso no es ningún problema. El problema será para las personas a las que negamos la posibilidad de desarrollar una mínima idea de cómo funciona la sociedad en la que viven.