Un mural en el corazón de Las Palmas de Gran Canaria para no olvidar Palestina
En el corazón de Las Palmas de Gran Canaria, en la calle Molino de Viento, ha nacido un mural que no es solo una obra artística, es un grito de conciencia, un gesto de solidaridad y un acto de dignidad colectiva.
La obra ha sido realizada por los artistas Juan Carlos Bascones y Fátima Suleiman, junto al alumnado de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria, apoyado por la Comunidad Palestina en Canarias. Su resultado es un mural poderoso que se alza como denuncia contra el genocidio y la ocupación que sufre el pueblo palestino, pero también como una declaración de esperanza.
En la pared se lee con claridad:
“Palestina será libre.
Contra el genocidio y la ocupación.
Palestina: un pueblo, una tierra, una nación.“
Las palabras se funden con una escena profundamente conmovedora, una mujer y un niño que se elevan entre restos de armamento y escombros, en medio de una Gaza devastada. Sin embargo, sobre ellos se abre un cielo de intensos colores anaranjados, luminosos, casi incendiados por la vida.
Ese cielo no habla de destrucción. Habla de resistencia.
El mural recuerda que el arte, cuando nace de la conciencia y del compromiso, tiene la capacidad de romper el silencio. En una época en la que demasiados gobiernos prefieren mirar hacia otro lado, esta obra convierte un muro urbano en un espacio de memoria, denuncia y humanidad.
No es casual el lugar donde se encuentra. La calle Molino de Viento debe su nombre a los antiguos molinos harineros que hace más de un siglo ocupaban la zona. Aquellos molinos molían gofio y harina, alimentos esenciales para la vida cotidiana de la isla. Eran lugares de trabajo, de encuentro y de comunidad.
Hoy, ese mismo lugar vuelve a cumplir una función esencial, alimentar la conciencia colectiva.
Este mural merece algo más que ser contemplado. Merece reconocimiento y agradecimiento a Juan Carlos Bascones, a Fátima Suleiman y al alumnado que ha participado en su creación, por demostrar que el arte es una herramienta de solidaridad internacional y de compromiso con los derechos humanos.
En tiempos en los que el silencio puede convertirse en complicidad, ellos han elegido pintar la verdad.
Han transformado un muro en una voz.
Una voz que dice que el sufrimiento del pueblo palestino no será olvidado.
Una voz que recuerda que la dignidad y la resistencia siguen en pie.
Porque mientras existan artistas capaces de levantar imágenes como esta, la memoria seguirá viva y la esperanza también.
Y desde esta ciudad atlántica, abierta al mundo, el mural lanza un mensaje claro que atraviesa océanos:
Palestina vive. Palestina resiste. Palestina será libre.