Sufrió un accidente y la dieron por muerta, pero volvió a ganar el oro: la historia de Betty Robinson, pionera del atletismo

Betty Robinson fue la primera mujer en ganar una medalla de oro olímpica en atletismo.

Laura Cuesta

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Solo tenía 16 años cuando se clasificó para los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928. Pero la cosa no quedó ahí, y Elizabeth Robinson se volvió a casa con la medalla de oro en los 100 metros lisos. Betty (así la llamaban) se convirtió entonces en la primera mujer en ganar este premio, ya que se trataba de la primera competición olímpica femenina de atletismo de la historia.

La deportista consiguió terminar la carrera en un tiempo de 12,2 segundos, por delante de las canadienses Fanny Rosenfeld y Ethel Smith, que quedaron en segunda y tercera posición, respectivamente. Solo cuatro años después de aquello, su vida dio un giro que le impidió participar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932. Hablamos del terrible accidente aéreo que sufrió cuando apenas tenía 20 años.

El 28 de junio de 1931, Betty viajaba como pasajera en una pequeña avioneta pilotada por su primo, Wilson Palmer, cuando esta se estrelló contra el suelo poco después del despegue. La joven, que entonces también estaba empezando a dar clases para obtener la licencia para pilotar aviones, fue dada por muerta.

Del accidente al oro en relevos

El impacto de la avioneta había sido tan brutal que los primeros que llegaron al lugar de los hechos pensaban que Robinson no podría haber sobrevivido a aquello. Sin embargo, dos meses después del accidente, la chica despertó del coma. Los médicos creían que esta jamás volvería a competir, entre otras cosas, por las graves lesiones que le provocó el accidente.

Para hacernos una idea, las fracturas en una de sus piernas había sido tan fuerte que ya no podía agacharse correctamente para hacer la salida tradicional de los 100 metros. Pero ni siquiera eso le quitó las ganas de seguir recuperándose para, en un futuro, volver a competir, aunque fuera de otra forma.

Y así lo hizo. Betty tuvo que abandonar la prueba individual de velocidad, pero se ganó un hueco en el equipo de relevos 4×100 metros. En los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, apenas cinco años después de sufrir el fatídico accidente en aquella avioneta, corrió la tercera posta y Estados Unidos se alzó con el oro, superando a las británicas y las canadienses. Robinson volvía a colgarse la medalla.

Tras estos JJ.OO., sin embargo, se retiró oficialmente del atletismo. Se casó, tuvo dos hijos, y trabajó durante años como dependienta de una ferretería. En 1996, ya con 84 años, volvió a los Juegos Olímpicos de Atlanta, esta vez para portar la antorcha olímpica en Denver, Colorado.

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