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Ellos no tienen la culpa

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No necesitamos más reconocimientos, pero sí comprensión. No nos hacen falta mensajes vacíos, clases magistrales sobre cómo abordar el fenómeno migratorio, visitas mediáticas que se las lleva el viento, discursos solidarios, y mucho menos mensajes racistas y xenófobos. Por el contrario, sí soluciones reales y efectivas a este drama que ha irrumpido con fuerza y desgarro en nuestras vidas y que está afectando a nuestras relaciones ciudadanas.

La solidaridad parece desvanecerse cada vez que entra un nuevo cayuco a El Hierro, a La Restinga. Mientras más se tarda en actuar ante el drama migratorio, más se esparce el polvo y el lodo del racismo, de la xenofobia, del odio… Más se extiende el mensaje de la intolerancia, más se pulveriza la convivencia con ellos y entre nosotros mismos.

Pienso lo fácil que es estar detrás de la pantalla de un televisor, de una tablet o móvil para analizar fríamente lo que está ocurriendo, y en un acto reflejo copiar y pegar el texto de otros, sin razonar y filtrar, para trasladarlo a redes sociales. Entonces, me pregunto: ¿dónde está la diferencia entre un ser humano que razona, de un animal de la selva en la que su único instinto es la supervivencia?

Me niego a admitir que ha desaparecido la razón y el criterio propio, y se ha preferido sustituirlo por el bulo interesado y la mentira. Siendo conscientes de que el fenómeno migratorio nos desborda y hay que visibilizarlo, ¿no será que la discusión en torno a este drama tiene rédito político y que nos desvía de otros problemas de índole interno tales como los altos umbrales de pobreza, el déficit en vivienda pública, la carestía de los alquileres, el precio de la cesta de la compra, la saturación poblacional de Canarias, las listas de espera en la sanidad pública, entre otros tantos?

En tiempos del Imperio Romano, a la plebe se le entretenía con pan y circo para que se olvidara de los problemas reales. Ahora se suscitan espectáculos y polémicas mediáticas para desviar la atención de los ciudadanos. En la dictadura, el fútbol y los toros, y el turismo de la Costa del Sol eran gran parte de la marca España. ¿Y ahora? Pues parece que hay un mensaje interesado para que la triste, desesperada y dramática migración sea la moneda de cambio para olvidarnos de otros problemas no menos importantes, hasta tal punto que se pretende situar como argumento decisivo para cambiar gobiernos.

Hace un par de años, concretamente en septiembre del 2024 y coincidiendo con un repunte migratorio, publicaba en distintos medios de comunicación un artículo de opinión que titulé “El Hierro, más sola que la una”. Hoy lo sigo pensando, porque a la pasividad e inacción de las distintas administraciones y partidos políticos, se une más que nunca el enfrentamiento y la intolerancia, alimentando peligrosamente el discurso del racismo y de la xenofobia, viendo además cómo colectivos que fueron símbolos de la solidaridad y de la ayuda humanitaria están perdiendo credibilidad cada día.

Los herreños hemos recibido los mayores y más bonitos elogios, reconocimientos y distintivos a nuestra hospitalidad y solidaridad, pero sigo diciendo que no solo de pan vive el hombre, y hace ya seis años que El Hierro sigue esperando soluciones prometidas y alguna compensación al sacrificio y al esfuerzo añadido en su compromiso con el drama migratorio. Visto lo visto, y a las pruebas me remito, El Hierro sigue viviendo en solitario su receptividad con la migración, por lo que ya no me vale el mensaje de lo bueno que somos. Mientras, partidos políticos y personajes de la diáspora se explayan utilizando el drama migratorio como recurso fácil que les permita obtener alguna décima más en la intención de voto, y ahora más teniendo en cuenta las próximas elecciones del 29 de noviembre.

Pero me viene a la mente una duda. ¿Dónde está la Federación Canaria de Islas (FECAI)? Esa organización de carácter político-administrativo que une a los siete cabildos insulares, en cuyo seno se han planteado acuerdos institucionales dirigidos a la cohesión territorial de Canarias, a la solidaridad interinsular. Ni ha estado, ni se le espera, y es una pena porque echo en falta ese frente común para que El Hierro, su Cabildo y ayuntamientos, no aborden en solitario este drama. También ¿Dónde está la Federación Canaria de Municipios (FECAM)? Entes, ambos, a los que les encanta hacer declaraciones institucionales, vídeos y otros lucimientos.

Este es el panorama alentador, ahora con el tú más de la crisis migratoria. Para algunas mentes pensantes la solución es cerrar las fronteras, vamos enjaularlos y dejarlos que mueran de hambre, sed e inanición. Para los más descerebrados, disparar a todo lo que se mueva, incluidas las personas que huyen de sus países por situaciones de guerras y pobrezas extremas… vamos, la fiel expresión de la deshumanización en la que está sumida la humanidad.

Nadie ofrece soluciones, sino acusaciones. No predican con el ejemplo. Se dan golpes de pecho en misas y procesiones y juegan partidas de dardos para pinchar la burbuja migratoria. Todo esto no tendría mayor problema si no fuera porque estamos, posiblemente sin pretenderlo, criminalizando a los inocentes del drama, a los migrantes, y ellos no tienen la culpa. Porque estamos además alterando la convivencia de nuestra sociedad, y en el caso de El Hierro, de los propios vecinos. Se está despertando a un león dormido, el racismo, y a una fiera indómita, la xenofobia.

Este es mi análisis, que no puede olvidarse del grado de civismo, hospitalidad, humanidad y solidaridad de un pueblo, el más afectado, La Restinga, que tiene que ser respetado y escuchado en sus justas reivindicaciones, porque, en este caso la “erupción migratoria” no puede caerles toda la vida. 

Por lo tanto, mi reconocimiento a La Restinga, a sus gentes y a sus sectores económicos. Al igual que a todos los dispositivos que se encargan de garantizar la vida a estas almas indefensas: Salvamento Marítimo, Guardia Civil, Policía Nacional, Cruz Roja, Servicio Canario de Salud, SUC, policías portuarias…; y medios de comunicación por visibilizar día a día este drama.

La Comisión Interministerial de Inmigración se reunirá de forma extraordinaria el próximo martes para abordar el aumento de la llegada de migrantes a Canarias. Espero que las conclusiones no se pierdan en un mar de cayucos.