Las ratas de las cloacas del Estado
Paseo por Las Canteras, y de repente tropiezo con una rata, que va y me dice sin anestesia: “A mí me parece muy bien que la policía haya investigado a Pablo Iglesias y a Podemos porque son muy peligrosos para la estabilidad, la tranquilidad y el futuro de España”. Le digo sin enojarme que eso puede ser muy injusto, porque las investigaciones y las intervenciones de la policía pueden llegar a todos los partidos políticos, menos al Partido Popular, claro, incluso pueden seguir atacando a todas las instituciones, a la cultura y sus entidades, a la ciencia, a la investigación. A los demócratas, a todo lo que se mueva y no piensen como el PP, y me remata el día afirmando que “si es por el bien de la unidad de España, me parece bien”. Me reprimo las ganas de hacerle un escrache, y corto por lo sano alejándome de la rata.
Me doy otra vuelta por el Auditorio Alfredo Kraus, y veo a otra rata. Transmite asco, pánico, terror, y como le hago frente con firmeza y en plan militar, la rata se va corriendo a una alcantarilla, y se esconde. Ya saben que las ratas abandonan el barco, en este caso del PP, deprisa y corriendo. De repente sale otra rata de las alcantarillas, y cuando hace tiempo las mujeres les tenían mucho miedo y asco, ahora le hacen frente con firmeza, con rotundidad, y una señora saca un zapato y le da a la rata en la cabeza dejándola tiesa. Es el triunfo femenino contra las ratas. Ser rata debe ser un castigo cruel, por un lado transmiten asco y pánico, y suelen merodear en alcantarillas, canalizaciones, basuras.
En las cloacas del Estado hay muchas ratas, la principal, la más grande y gorda, José Manuel Villarejo, que ha fabricado pruebas falsas contra Podemos, espiado para el BBVA y para el gobierno de Guinea Ecuatorial, y a investigado a tantas personalidades políticas, se dice que incluso a Juan Carlos Borbón. Ratas peligrosas haberlas haylas, como el exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, el director de la Policía Nacional, Ignacio Cosidó, y muchos altos cargos policías del Ministerio del Interior, entre los que destaca Eugenio Pino, segundo de a bordo en la policía política, Fuentes Gago, otra rata peluda que hacía informes delictivos contra Podemos, y así un numeroso grupo de fascistas de extrema derecha que, pagado con el dinero de todos, se dedicaban a trabajos ilegales desde sus cargos oficiales. Pero lo peor de todo esto es que el resto de los partidos políticos, incluido el PSOE, no han levantado la voz para protestar y denunciar las actuaciones de la policía política del Gobierno de Rajoy. Ha sido un silencio escandaloso, especialmente el de los socialistas, por ende socios de gobierno con Podemos.