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Santa Cruz de Tenerife, hora y cuarto insoportable

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Salga usted del antiguo Estanco Número 5 de la Plaza de la Candelaria y eche a caminar en dirección Las Teresitas. 1.000 metros después se encontrará con el monumento que una dictadura erigió a su dictador (dejó constancia de ello para siempre el No-Do, altavoz oficial del gobierno franquista de obligada exhibición “en los cines de España, posesiones y colonias”). Una pausa, cogemos aire.

Sigamos. Desde este punto, subamos por la Rambla, dejemos el Heliodoro a nuestra izquierda. Un poquito más, hasta la Avenida Reyes Católicos. Aquí hubo unos almacenes de empaquetado de plátanos de la multinacional Fyffes; durante el acaudillamiento del Movimiento Nacional por parte del caudillo ensalzado con el monumento de nuestra parada anterior fueron convertidos en campo de concentración. De plátanos pasó a acoger personas hacinadas, tinerfeñas, durante más de una década.

[¿Sabía que...? El entonces cónsul de Suecia en las islas adquirió con cargo a su bolsillo y donó, tan desprendido, unos rollos de alambre de espino para que esa cárcel política fuera más segura, mire a ver].

La cosa es que aquel Estanco Número 5 de la Plaza de la Candelaria tuvo como responsable a un joven chicharrero, pero no duró mucho: tras la salida golpista de Canarias de Francisco Franco Bahamonde (el caudillo ensalzado con el monumento que antes vimos y que, según visión literaria umbraliana, merendaba chocolate con soconusco mientras firmaba sentencias de muerte), en algún momento posterior a ese julio del 36… alguien irrumpe en el estanco-librería y apresa al veinteañero regente del negocio, Domingo López Torres, chicharrero, que no mató a nadie, poeta, ensayista, llevado preso a los salones-prisión de Fyffes, tan cerquita, en el corazón de Santa Cruz, meses después metido en un saco y tirado al mar.

Asesinado, como tantas otras personas, entonces, allí, aquí.

[¿Sabía que...? En su cautiverio escribió Domingo el poemario Lo imprevisto, punzante, devorador. Allí dejó dicho, por ejemplo: “¡qué profundo correr por mares de silencio! / las empinadas desbocadas venas / rompiendo limpios mares pudorosos / con la brisa, el calor, la flor, el grito. / ampulosas redondas nubes grises”. Al unísono, otro preso, un ilustrador cuasi olvidado (Luis Ortiz Rosales) iba poniendo a aquellos versos sus ilustraciones, punzantes, devoradoras. La obra en cautiverio de los dos represaliados y prontamente muertos fue publicada 44 años después, en democracia, por la Universidad de La Laguna].

Recapitulemos: recorramos el paseo a la inversa: del estanco de la Plaza de la Candelaria del joven Domingo López Torres (1935-1936) al campo de concentración franquista de Fyffes, a donde trajeron a Domingo para sacarlo a ahogarse en las aguas que bañaban su propia ciudad; se dice que a veces metían gatos vivos en el saco de los represaliados (1936-1950); y de allí al monumento a Franco (1966-allí sigue-6 décadas más tarde-para vergüenza de propios y extraños-por desvergüenza del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife-que asombra a cada paso con nuevas excusas zafias-punzantes-devoradoras-para no quitar de la vista la vanagloria monumental indubitada a un dictador).

[¿Sabía que...? El Gobierno de Canarias acaba de acordar que el Día de las Letras Canarias del año próximo esté dedicado a nuestro poeta, santacrucero, preso, represaliado, muerto ahogado arrojado al mar en un saco. Cómo pedirle perdón a Domingo porque 90 años después le dediquemos un recuerdo a su vida y obra mientras, a cinco minutos de su aún recordado Estanco Número 5, su propia ciudad mantiene en pedestal la escultura erigida en honor al dictador de aquella dictadura que lo asesinó, como prueba de adhesión de los isleños a la figura de nuestro jefe de Estado” (archivo digital público de RTVE y Filmoteca Nacional: episodio No-Do 1212 (NOT N 1212 C). Cómo pedirle perdón].

Duración del paseo: hora y cuarto. Dificultad: insoportable.