Tengamos la guerra en paz
El Segundo Jinete del Apocalipsis recorre el mundo montado en su caballo rojo. Desde la prehistoria siempre ha habido algún conflicto armado en alguna parte. La paz mundial es una quimera. Invasión de Irán, Venezuela, Cuba o Groenlandia… se oye de nuevo un rumor de tambores de guerra. Incluso de la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial.
Según Wikipedia, las guerras con mayor número de víctimas de la historia son:
Segunda Guerra Mundial (1939–1945): Entre 70 y 85 millones de muertos.
Invasiones Mongolas (1206–1324): Entre 30 y 60 millones.
Rebelión Taiping (1850–1864): Entre 20 y 30 millones.
Transición de los Ming a los Qing (1616–1662): Unos 25 millones.
Segunda Guerra Sino-Japonesa (1937–1945): Unos 27 millones.
Primera Guerra Mundial (1914–1918): Entre 16 y 22 millones.
Rebelión de An Lushan (755–763): Entre 13 y 36 millones.
Rebelión de los Dunganes (1862–1877): Entre 8 y 12 millones.
Guerra Civil Rusa (1917–1922): Entre 7 y 10 millones.
Guerra de los Treinta Años (1618–1648): Entre 4.5 y 8 millones.
En las guerras clásicas usábamos piedras, garrotes, hachas, lanzas, flechas, arcos, espadas, ballestas o catapultas. Con la aparición de las armas de fuego cambia la concepción de la guerra. Inventamos la ametralladora en 1861 y la máquina de escribir en 1868. Aprendimos a matarnos deprisa antes que a escribir deprisa. En los últimos cien años las armas han evolucionado vertiginosamente hasta la tecnología de los drones, los misiles hipersónicos, las microondas de alta potencia (HPM) o las armas ultrasónicas como el LRAD, usado en el secuestro del Presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
En las guerras de la antigüedad, como en la de Troya, inmortalizada por Homero en La Ilíada, solo participaban los combatientes. Luchaban cuerpo a cuerpo en un campo de batalla o “campo del honor”, alejado de las poblaciones. La guerra era una profesión y un arte. El Arte de la Guerra, atribuido a Sun Tzu, es un tratado chino de hace unos 2.500 años, que aún se sigue estudiando en muchas academias militares del mundo. Esos modelos de guerras clásicas de la antigüedad empiezan a cambiar a mediados del siglo XVII, cuando aparecen las llamadas guerras de primera generación, donde se sustituyen los ejércitos mercenarios por tropas estatales organizadas, como en las guerras napoleónicas. Se atribuye a Napoleón Bonaparte la frase: “Para ganar la guerra hacen falta tres cosas; dinero, dinero y dinero”. Las guerras se ganan con oro. A mediados del siglo XIX aparecen las de segunda generación, caracterizadas por la guerra total y el uso masivo de potencia de fuego industrial. Era la guerra de trincheras.
La tercera generación llega con la segunda guerra mundial, donde se abandona el concepto de frentes de batalla rígidos y las unidades penetran profundamente para atacar la retaguardia, los centros de mando y la logística. Las guerras actuales son de cuarta y quinta generación. En la cuarta se hace uso de grupos paramilitares, terrorismo, insurgencia y propaganda; se desdibuja la distinción entre guerra y política, entre militares y civiles. Las guerras de quinta generación (guerra en la mente) se libran en el escenario cognitivo y el ciberespacio; son conflictos “sin contacto” y silenciosos, que utilizan la desinformación masiva, la ingeniería social, los ciberataques a infraestructuras y la IA, con el propósito de manipular la percepción de la población y el comportamiento de las sociedades para lograr objetivos estratégicos sin combate físico. El siglo pasado fue el más violento de la historia. Se estima que murieron más de 230 millones de personas a consecuencia de las guerras, que evolucionaron de la segunda hasta la quinta generación, normalizando los ataques a la población, que pasaron de un 5% de víctimas civiles (1 millón) en la Primera Guerra Mundial a un 65% en la Segunda (50 millones).
El 1 de septiembre de 1939 Hitler invade una parte de Polonia. Dos días más tarde, Francia y Gran Bretaña declaran la guerra a Alemania. Es el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la más letal de la historia, en la que murieron entre 70 y 85 millones de personas. En 1940 los italianos toman el Canal de Suez. En 1941 las tropas del ejército nazi alemán cruzan la frontera de la URSS y los japoneses bombardean Pearl Harbor. Los soviéticos y los norteamericanos entran en la guerra. El mundo se divide en dos bloques enfrentados. Uno era el de los denominados Países del Eje, de extrema derecha: Alemania, Italia y Japón, que contaron con la colaboración de Hungría, Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, Croacia, España, Finlandia o Tailandia. El otro era el de los Países Aliados, una coalición de más de cuarenta naciones capitalistas y comunistas, encabezada por “los cuatro grandes”: URSS, EEUU, Gran Bretaña y China. La Batalla de Stalingrado (1941-1942), con más de dos millones de muertos, es reconocida como la más mortífera y cruenta de toda la historia de la humanidad. Fue la primera gran derrota para Hitler y supuso la rendición del 6º Ejército alemán. También se la considera el punto de inflexión del conflicto al ser la primera de las grandes victorias aliadas que a partir de entonces se sucedieron, suponiendo el principio del fin del nazismo en Europa. Las siguientes batallas más importantes de la guerra fueron el Sitio de Leningrado (1941-1944), con más de un millón de muertos; la Batalla de Berlín (1945), con otros tantos muertos, que terminó con la rendición de Alemania y el fin del conflicto en Europa; la Operación Barbarroja (1941), con cerca de dos millones de muertos, cuando los alemanes invaden la Unión Soviética y la Batalla de Moscú (1941-1942), con más de dos millones de muertos, que detuvo el avance alemán. Estas batallas entre los nazis y el Ejército Rojo duraron años y los muertos se cuentan por millones. Al otro lado del antiguo telón de acero saben lo que los historiadores confirman: de todos los países aliados, fue la URSS quien más padeció la guerra y quien más luchó contra los nazis; fue el Ejército Rojo quien tomó Berlín, derrotó definitivamente a los alemanes, provocó su rendición incondicional y acabó con el conflicto en Europa el 8 de mayo de 1945. La guerra en el Pacífico termina en agosto al rendirse Japón tras la explosión de las dos primeras bombas atómicas. Entre los aproximadamente 80 millones de muertos militares y civiles, hay más de 28 millones de soviéticos, 20 millones de chinos o 5 millones de polacos, mientras que sólo hay 450 mil británicos o 416 mil estadounidenses, todos militares. El mayor número de muertos del ejército estadounidense se produjo en la Batalla de las Ardenas, con unas 75.000 bajas aliadas. En el famoso desembarco de Normandía, que duró un día, murieron menos de 4.500 personas. Sin embargo, nos han hecho creer que los que acabaron con los nazis fueron principalmente los británicos y los norteamericanos. Aquí poca gente lee. Y de los pocos que lo hacen, casi nadie lee historia. Se sabe del asunto por las comedias de Hollywood, donde no aparecen rusos y los héroes de las hazañas bélicas son yankees o británicos que, además de ganar las batallas, se lo pasan bien. Luego cada uno cuenta la historia a su manera. Gana el relato. Aunque también hay muy buenas películas sobre el tema como Johnny cogió su fusil o Ven y mira.
Muchas de sus consecuencias las seguimos padeciendo hoy: Israel y el genocidio de Gaza. Desde finales del siglo XIX comenzó la inmigración de judíos de todo el mundo a Palestina, debido en parte a las persecuciones a que eran sometidos en Europa y en parte a las ideas del rumano Theodor Herzl, padre espiritual del Estado de Israel y fundador del sionismo político moderno, que abogaba por la creación en esos territorios de una nación hebrea que “formaría parte de una muralla de Europa contra Asia, un puesto de avanzada de la civilización frente a la barbarie”. A pesar del fenómeno migratorio, en 1947 la población era mayoritariamente árabe, con una minoría de cristianos y de judíos que no llegaba al 30%. No obstante, la ONU propone ese año, con el “pretexto” de proporcionar un territorio a los refugiados judíos víctimas de la segunda guerra mundial, partir en dos el territorio del entonces Mandato Británico de Palestina, y en uno de los trozos crear el Estado de Israel, que se proclama un año más tarde, el 14 de mayo de 1948. Al día siguiente todos los países vecinos, Arabia Saudí, Egipto, Irak, Líbano, Transjordania, Siria y Yemen le declaran la guerra. Los judíos contrataron como ejército a grupos mercenarios paramilitares como Haganá, Palmaj, Irgún, Lehi, Mahal o FDI. Un año más tarde Israel gana la guerra y se anexiona más territorios de los que se habían propuesto al principio. Desde entonces ha seguido agrediendo a todos sus vecinos y ha acabado ocupando prácticamente todo el otro trozo en el que la ONU partió Palestina.
La guerra es para la mayoría: muerte, hambre, enfermedad, miseria, dolor y ruina. Para muy pocos es muchísimo dinero. Según la ONU, el negocio de las armas es uno de los seis más lucrativos del mundo, junto al petróleo, las drogas, el sexo, el bienestar y la alimentación. En las armas y en las drogas se incluyen las ilegales y las legales, como el alcohol, el tabaco, el café o las medicinas de farmacia, con o sin receta. El negocio del sexo se refiere a la trata de personas, la prostitución o la pornografía. El bienestar incluye actividades como cosmética, perfumería, peluquería, gimnasio, yoga, sauna, turismo de salud, etcétera. Por lo visto, lo que más nos gusta hacer es derrochar energía, matarnos entre nosotros, drogarnos, follar, acicalarnos y comer.
Además de una tragedia y un arte, la guerra es también un negocio muy lucrativo para los fabricantes, vendedores y traficantes de armas, para el bando ganador que se queda con el botín de guerra y envía a sus empresas a reconstruir el país desolado, y para la banca y los fondos de inversión que sacan provecho de todo el proceso. Toda esa deuda la acaban abonando los pueblos, mediante los impuestos que pagan al estado. Antes de empezar el conflicto armado y mientras duran los combates, se enriquecen los que se dedican al negocio de las armas.
Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, las diez empresas de armamento más importantes del mundo son: Lockheed Martin (USA), Boeing (USA), Northrop Grumman (USA), Raytheon (USA), BAE Systems (UK), Aviation Industry Corp. (China), General Dynamics (China), Norinco (China), CETC (China), Airbus (Europa). Son empresas privadas que cotizan en bolsa y dependen de los bancos para operar a gran escala, debido a su alto nivel de endeudamiento. Sus principales accionistas son grandes firmas como BlackRock, Vanguard o State Street. Al terminar la guerra, se enriquecen las empresas que se encargan de la reconstrucción del país. Durante todo el tiempo, se enriquecen la banca y los fondos de inversión que prestan el dinero para la producción y la compra del armamento, y para la reconstrucción del país vencido, a cambio de unos elevados intereses. Invertir en el sector de defensa se ha considerado tradicionalmente en los mercados de capitales como un “refugio cíclico”. Hoy se percibe como un “motor de crecimiento primario”. Más de 450 entidades financieras, incluyendo grandes bancos como el Banco Mundial, J.P. Morgan, BBVA, Santander, Deutsche Bank o Citibank, facilitan créditos y emiten bonos a las empresas de armamento; disponen de fondos cotizados (ETF) y fondos de pensiones que invierten en empresas de defensa, utilizando el dinero de personas que desconocen el destino de sus ahorros. Los vencedores suelen ocuparse de la rehabilitación de las infraestructuras más urgentes, como puertos, aeropuertos, carreteras, líneas férreas, tendido eléctrico, hospitales, colegios o edificios públicos. El resto de las obras menores, de nuevas viviendas o de infraestructuras secundarias, lo dejan en manos de la inversión privada, que obviamente obtendrá beneficios. Es lo que, por ejemplo, se anuncia en los descarados planes de convertir a Gaza en un resort de lujo.
Según la IA, “la industria [armamentística] opera mediante una red compleja donde la banca, aseguradoras y fondos de pensiones actúan como el brazo financiero, perpetuando el ciclo de conflictos”. La producción de armas de guerra se financia principalmente con dinero público de los presupuestos de defensa, o sea que las pagamos nosotros con nuestros impuestos, con la participación de la banca y fondos de inversión, que sacan otra tajada cobrándonos los intereses de los créditos. El presupuesto de defensa de los Estados Unidos para este año supera los 961.000 millones de dólares. En España no llega a los 35.000 millones de euros. Aunque son pocas, hay fábricas de armas estatales, como la española Navantia, donde podemos construirnos un barco de guerra y ahorrarnos las ganancias del fabricante y del banquero; incluso podemos venderlo y ganar dinero. Cuando compramos armas a una empresa privada, ésta le pide dinero a un banco para fabricar el pedido. Luego las pagamos a un precio que costea el valor de producción de las armas, la ganancia del fabricante y el beneficio del banquero por los intereses del préstamo.
Las guerras cuestan mucho dinero. Además de tener que pagar generosamente y mantener a los ejércitos, se necesita comprar todo el material bélico, desde las balas hasta los aviones supersónicos, y al finalizarlas hay que pagar la reconstrucción del país. Todo ese dinero lo pagamos nosotros. Las guerras se pagan con nuestros impuestos: pagamos las armas, pagamos a los combatientes y pagamos la reconstrucción de los territorios devastados. Los pueblos pagamos y sufrimos las guerras, una élite minoritaria se enriquece: los banqueros, los inversores y los propietarios de las fábricas de armas y de las empresas constructoras contratadas.
EE.UU. es, con diferencia, la nación más beligerante de los últimos tiempos. Han intervenido en más de doscientas guerras u operaciones militares significativas en más de ochenta países sólo en la segunda mitad del siglo pasado y en más de cuatrocientas en sus apenas 250 años de historia. Si atendemos a los medios de comunicación, da la sensación de que ahora mismo sólo hay cuatro o cinco guerras activas, como las de Ucrania, Gaza, Yemen o Sudán, sin embargo en estos momentos, según el Global Peace Index, hay 56 guerras o enfrentamientos armados en curso de gran relevancia. El Comité Internacional de la Cruz Roja estima que son 130, si se incluyen conflictos de menor intensidad. Por lo visto, para perpetuar el negocio, a alguien se le ocurrió una feliz idea y dijo: tengamos la guerra en paz.
Hagamos el amor, no la guerra. Mientras muy pocos miserables se forran con el negocio de la guerra, a los que la padecen sólo les deja muerte, hambre, enfermedad, miseria, dolor, llanto, depresión, ruinas y escombros.
¡No a la guerra!