El Condado de la Vega Grande paga una deuda a la Hacienda canaria con doce obras de arte
La muerte en 2020 de Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, noveno conde de la Vega Grande y Guadalupe, está en el origen de una de las cesiones de obras de arte a la Comunidad Autónoma de Canarias más cuantiosa que se recuerda. En total, una docena de cuadros de Luca Giordano, Bartolomé Esteban Murillo (o su taller) y Juan Carreño de Miranda han pasado a ser patrimonio público para satisfacer la deuda contraída por la familia del Castillo por el impuesto de sucesiones, recuperado justo en 2020 por el Gobierno del Pacto de las Flores (PSOE, Nueva Canarias, Podemos).
La noticia fue adelantada este martes por El País y confirmada por Canarias Ahora. La deuda contraída por la familia del condado alcanzaba los 4 millones de euros, producto de aplicar el impuesto de sucesiones a la fortuna heredada. Si su valor hubiera sido inferior a los 300.000 euros habría quedado exenta, aplicándose unos baremos de progresividad decreciente hasta un millón de euros y, a partir de ese importe, la tasa correspondiente, que podía llegar hasta el 34%.
La familia del Castillo comenzó a negociar desde 2021 el pago de la deuda tributaria mediante obras de arte, como permite la ley, ha confirmado a este periódico un alto cargo de la Consejería de Hacienda durante el Pacto de las Flores. El actual Gobierno de Coalición Canaria y el Partido Popular ha vuelto a bonificar el 99,9% en la cuota tributaria del Impuesto sobre Sucesiones para parientes cercanos, lo que hoy habría evitado a la familia del Condado de la Vega Grande tener que rascarse el bolsillo y recurrir a parte de su amplio fondo artístico para pagar este tributo.
Los cuadros entregados en esta operación han pasado a ser patrimonio de la Comunidad Autónoma de Canarias, que a su vez los ha cedido al Cabildo de Gran Canaria para que, una vez restaurados, pasen a formar parte del Museo de Bellas Artes, actualmente en reforma, ubicado en el que fuera Hospital San Martín, en el barrio de Vegueta, muy cerca de la mansión del Condado de la Vega Grande. Dos de las obras, las firmadas por Giordano (Neptuno y El rapto de Proserpina) van a ser restauradas próximamente por encontrarse en un delicado estado de conservación.
Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, el Conde de la Vega Grande de Guadalupe, falleció el 2 de mayo de 2020 a los 90 años en Las Palmas de Gran Canaria. Actualmente ostenta ese título nobiliario su hijo Alejandro del Castillo y Benítez de Lugo, que capitaneó estas negociaciones con la Agencia Tributaria Canaria.
El Condado de la Vega Grande de Guadalupe es la casa de mayor raigambre de nobleza de las Islas Canarias. Su nacimiento se remonta a 1732, cuando Luisa Antonia de Amoreto Manrique, señora de la casa de la Vega Grande y de los grandes mayorazgos de sus antepasados, se casó con Fernando Bruno del Castillo y Ruiz de Vergara, señor del mayorazgo de la casa Ruiz de Vergara y Messia. Se unían así dos de las familias de mayor riqueza de Gran Canaria, lo que llevó a Carlos III a concederles la dignidad de título de Castilla, con la denominación de condes de la Vega Grande de Guadalupe, por real cédula de 23 de septiembre de 1777.
El condado se hizo con una importante cantidad de terrenos en la isla de Gran Canaria, mayoritariamente en la zona sur. Si su destino inicial fue la agricultura, en los años 70 sus regentes tuvieron la visión de promover un concurso público internacional, Maspalomas Costa Canaria, para crear la primera urbanización turística del Archipiélago, que ha dado lugar a uno de los destinos más señeros de la industria turística española. Pero la posesión del suelo no le ha aparejado siempre la liquidez suficiente para hacer frente a sus inversiones y a sus obligaciones. Existen casos muy sonados de pagos en especie, es decir, en terrenos, a empresas constructoras que finalmente han sustituido al Condado de la Vega Grande en el liderazgo turístico en el sur de Gran Canaria.
0