Torneos de caza junto al monumento natural de Montaña Ifara y Los Riscos, en Tenerife, soliviantan a un colectivo arqueológico
El colectivo de arqueología social Imastanen denuncia, en declaraciones a Canarias Ahora, las consecuencias que siguen acarreando las competiciones de caza en las cercanías de espacios protegidos, justamente en el monumento natural de Montaña Ifara y Los Riscos, en el municipio de Granadilla de Abona, en el sur de Tenerife. Con un amplio dossier de imágenes que prueban esos efectos en estas áreas en jornadas recientes por el Campeonato de Canarias, los miembros del grupo recuerdan sus denuncias públicas de 2024 con motivo del Campeonato de España de Recorridos de Caza de ese año y las declaraciones de la exalcaldesa de esta localidad Jennifer Miranda (PSOE) contrarias a las tesis de la Federación Insular de Caza de Tenerife, y consideran que las pruebas son tan evidentes como para tomar medidas sustanciales contra esta práctica junto a espacios supuestamente protegidos.
Los integrantes de Imastanen creen evidente la incompatibilidad de esta actividad, por más que la Federación insista en que el llamado coto intensivo no forma parte del monumento natural y que está perfectamente delimitado. Por eso, critica el “cambio” que aprecia en el nuevo alcalde, José Domingo Regalado (de CC, apoyado por un edil del PP y dos de Vox), y su respaldo a las tesis de los cazadores. Eso sí, recuerdan que el anterior grupo de gobierno, el dirigido por Miranda (PSOE y PP) respaldó la celebración de dicho campeonato estatal.
Según remarcan, “la experiencia este año con el Campeonato de Canarias ha sido la misma que con el anterior y el daño causado paisajística, botánica y patrimonialmente, sencillamente, no puede volver a repetirse. Existen argumentos suficientes para justificar la incompatibilidad de disparar perdigonazos durante cuatro días a miles de platos en el aire, con la restauración y conservación de un territorio tan frágil y amenazado”.
Según explican, y pocas jornadas después del último campeonato, “un grupo de vecinos y voluntarios de colectivos que paseaban por la zona reportaron haber encontrado y documentado innumerables fragmentos de platos y plásticos, empleados por miles en la celebración de la prueba de disparo, repartidos fuera de los límites de dicho coto”. Además, recurrieron al mapa satelital para certificar “cómo muchas zonas fuera del límite del coto se veían gravemente afectadas por la presencia de miles de pequeños fragmentos de platos de color chillón”. Asimismo, han comprobado la existencia de “cauces de barranquillos con cardonales, tabaibales, escobonales, balos, cardoncillos, lotus, magarzas y muchas otras especies endémicas que han quedado sembradas de fragmentos de plato, en muchos casos diminutos, así como cardones con fragmentos incrustados y heridos, tabaibas dañadas y aulagas, cardoncillos, cornicales, jazmines y otras especies arbustivas con centenares de diminutos trozos rojos diseminados entre sus ramas y dispersados entre los matorrales más frondosos”.
El colectivo alerta también de que existen lugares “inaccesibles y en una cantidad tal que es imposible limpiarlos sin dañar la flora más aún de lo que ya está. Por mucho que los organizadores defiendan la biodegradabilidad de estos fragmentos compuestos generalmente de resinas y arcillas calizas -verdaderamente biodegradables en un 75%-, los tacos concentradores de plástico que contienen los cartuchos quedan dispersados de manera incontable. Se descomponen, pero de bio no tienen nada. Más contaminación al entorno”, subrayan.
Medidas de protección que creen insuficientes
El grupo insta a hacer “una reflexión social en torno a la conveniencia de realizar este tipo de actividades en lugares de especial interés como es el entorno de las montañas de Ifara y de Los Riscos, aunque la administración sí los permita y patrocine, en base a perimetrados que se deciden en despachos, lejos de una comprensión del territorio que persiga su protección integral. De por sí resulta ya inconcebible –subrayan- que los propios bienes naturales y arqueológicos que se catalogan bajo categorías de especial protección legal queden en la práctica restringidos a ubicaciones concretas, sin tener en cuenta que esos mismos espacios y valores a proteger no existirían tal y como son ni serían interpretables sin la totalidad del conjunto que los contextualiza”. En este sentido, recalcan que el entorno, “en su dimensión integral, cumple con su función de interdependencia ecológica, paisajística y cultural, aunque algunos espacios estén sujetos a menores niveles de protección y, por tanto, más expuestos a prácticas indeseadas y atentados de toda índole”.
Por eso, consideran que “fragmentar y aislar jurídicamente la categoría de protección de los diferentes espacios naturales y bienes culturales de manera irreal, anulando el valor del conjunto nos parece una irresponsable incongruencia. Además, pretender compaginar la protección del medio natural con una competición de recreo de estas características, con el impacto ecológico y paisajístico que han demostrado tener, nos parece una irresponsabilidad. No olvidemos que todo el entorno natural que enmarca a este Monumento Natural, incluido el espacio del coto de caza Intensivo y otros privados de adiestramiento que también se han empleado para las competiciones en la zona, está considerado SRPC (Suelo Rústico de Protección Cultural) en su totalidad”.
Por eso, y junto a otros “colectivos movilizados”, los integrantes de Imastanen aseguran que el monumento de Ifara y Los Riscos “requiere de una conservación y protección efectiva de todo el espacio natural que lo rodea en su conjunto, poniendo en valor la importancia antropológica e histórica que aún ofrece valores materiales presentes desde época guanche. El mismo coto intensivo que defienden utilizar legítimamente desde la Federación Insular de Caza de Tenerife fue el que ocuparon también en mayo de este año para celebrar el de Canarias de Recorridos de Caza, entre otras actividades como la Liga de San Humberto -que emplea perros y que tiene como trofeos especies invasoras introducidas de manera autorizada para la caza-, y se encuentra en medio de estos dos paisajes protegidos y enclavados en una zona de Granadilla con una riqueza natural tan maravillosa como amenazada debido a la masificación urbanística y a infraestructuras tan polémicas como el puerto de Granadilla”.
En esa línea, y frente a la limpieza que esgrime la Federación de Caza Insular tras el campeonato estatal de 2024, recalcan que “varias asociaciones medioambientalistas aportaron pruebas del estado lamentable en el que siguen gran parte de esos terrenos presentando en la actualidad. Diferentes especímenes de cardón y tabaiba de gran edad acabaron muertos por daños producidos en 2024, debido a disparos y fragmentos de platos que, en el mejor de los casos, tardarán cientos de años en degradarse. El lugar presenta aún grandes espacios cubiertos por residuos que suponen un impacto paisajístico notable. Resulta sencillamente imposible de limpiar por la cantidad de fragmentos. Además, estos restos que quedaron del año pasado se encuentran claramente fuera de la zona delimitada para el coto”, en frente de lo que dice la Federación.
Asimismo, alertan no sólo de los fragmentos de platos y daños fehacientes sobre especies botánicas, sino de la presencia “abundante de tacos concentradores, fabricados en plástico y muy especialmente el efecto que el plomo producto de la munición disparada, altamente contaminante, pueda comportar para el terreno y acuíferos”. No obstante, ponen aún más hincapié en “el peligro que amenaza a los bienes patrimoniales, pues hemos podido observar cómo los campeonatos ocupaban zonas contiguas a elementos arqueológicos que, al situarse en áreas de tránsito dentro de la establecida y no encontrarse señalizados adecuadamente como yacimientos arqueológicos catalogados, quedan expuestos a daños potenciales”. Según afirman, “el propio coto intensivo, en su linde reconocido, se encuadra junto a varios valores patrimoniales bastante deteriorados (viviendas, tajeas, eras, casa cuevas…)”, por lo que consideran que corren “el mismo peligro”.
Imanasten, junto a otros colectivos que critican esta situación, admite que en el campeonato regional se respetaron más los límites que en el nacional de 2024, esto se incumplió “en muchos puntos” y, por eso, numerosos rincones “siguen gravemente afectados por la presencia de fragmentos, con zonas de vegetación tupida y cauces de barranquillo en lo que no hay forma que se pueda limpiar la totalidad del desastre, por mucho que lo aseguren, ya que un plato no decide dónde caer hecho pedazos cuando es abatido por una ráfaga de perdigones”.
Informan al área insular de Patrimonio y a la Agencia de Protección del Medio
Ante su preocupación por el patrimonio arqueológico, y después de observar “las justificaciones y métodos de limpieza empleados por los organizadores”, se han dirigido al área de Patrimonio del Cabildo y a la Agencia Canaria de Protección del Medio Natural para informar de esta situación. “Las zonas que dicen haber limpiado de restos se restringen a ciertas áreas de menor vegetación, superficie arenosa, pedregales y toba. Para su limpieza, se ha procedido a rastrillar y arrasar con todo el material de superficie presente, incluidos los brotes de plántulas de muchos endemismos, así como flora de menor envergadura”. En este sentido, recalcan que “una de las zonas más afectadas por los fragmentos y que precisamente queda en los márgenes del coto intensivo y está declarada como Hábitat de Interés Comunitario 5330 ”Matorrales termomediterrános y prestépicos“. Según denuncian, especies como ”salados, corazoncilos, verodes, tabaibas… y cualquier plántula son arrastradas mediante una pretendida limpieza indiscriminada, quedando zonas evidentemente erosionadas por estas acciones que pierden su potencial germinador y se acentúa la aridificación, con lo que compromete aún más una zona declarada de Especial Interés Arqueológico, con bienes catalogados que, pese a todo, siguen sin señalizarse, protegerse ni ponerse en valor debidamente, con falsas promesas bloqueadas por la descoordinación entre administraciones, ausencia de voluntades político-empresariales y escasez y sobrecarga en los medios de actuación públicos“. A esto se suma, según alertan, el ”desproporcionado crecimiento poblacional en las últimas dos décadas, lo que, en su conjunto, ha dejado en el olvido una propuesta que pretendía crear en esta zona el que hoy día sería primer Parque Arqueológico de la Isla“.
En contraste, censuran la “presencia en la zona de multitud de fragmentos líticos, como obsidiana y restos de cerámica, especialmente abundante dada la importante e intensiva ocupación que se daba en toda esta área por parte de las poblaciones indígenas en Abona, como las canteras de la montañas de Los Riscos, muy apreciadas para la fabricación de molinos de gofio ya en época guanche. Los restos de cabañas habitacionales, materiales líticos, grabados rupestres, estaciones de cazoletas y cuevas, unido a la presencia de caudales de agua antaño perennes, nos hablan de un lugar con condiciones favorables para asentamientos permanentes”.
Por todo, rechazan los argumentos de la Federación, abogan por una mayor protección de esta zona y que esto se haga con el máximo consenso de todas las partes implicadas y las administraciones.