Los osos polares de Svalbard desconciertan a los científicos tras un estudio que ha roto todas las previsiones: ¿no les afecta el deshielo?

Según los datos, estos osos no se están empeorando pese al deshielo

Héctor Farrés

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El vientre se le pegaba a las costillas mientras avanzaba despacio sobre una superficie abierta, con la cabeza baja y la respiración entrecortada. Un oso polar trataba de atrapar cualquier presa que se moviera a su alcance y cada paso le exigía un esfuerzo que antes no se notaba.

La falta de alimento lo había dejado cada vez más delgado y sin fuerzas, hasta el punto de tener que detenerse a menudo para recuperar el aliento. Esa imagen de desgaste explicaba por qué muchos daban por hecho que el futuro de estos animales estaba ligado a la escasez.

Jon Aars reconoció que los resultados rompieron lo que daban por sentado desde hace décadas

Un estudio noruego publicado en Scientific Reports mostró que no tiene por qué ser así, ya que los osos polares de Svalbard han mantenido e incluso aumentado su peso pese a la pérdida de hielo marino. Según ScienceNorway, los datos contradicen la idea extendida de que la reducción del hielo en esa zona conduce de forma automática a animales más flacos.

Jon Aars, investigador que participó en el trabajo y que habló con Science Norway, explicó que “esto fue completamente diferente de lo que creíamos y esperábamos”. El resultado sorprendió porque el retroceso del hielo en torno a Svalbard lleva décadas en marcha y en el verano de 2024 se fundieron volúmenes muy altos.

El seguimiento a más de 770 ejemplares aportó cifras sólidas sobre su estado físico

El equipo trabajó con mediciones tomadas a más de 770 ejemplares adultos en Svalbard entre 1992 y 2019. Registraron el grosor de la grasa corporal para estimar el estado físico de cada animal. Aars señaló que “las reservas de grasa son un muy buen colchón en tiempos difíciles”, ya que permiten a estos depredadores pasar meses sin ingerir alimento. Los datos acumulados durante 27 años ofrecieron una base amplia para valorar la evolución del estado corporal.

Uno de los cambios observados está en la dieta. Mientras en Canadá se documentó que los animales que tuvieron que buscar comida en tierra perdieron una media de un kilogramo al día, en Svalbard la situación ha sido distinta. Allí han empezado a capturar más renos y a consumir huevos de aves como el eider común, la oca campestre y la barnacla cariblanca.

Los cambios en la alimentación y la presencia de morsas mantuvieron el peso medio en la zona

Aars añadió que “en algunos lugares hemos visto incluso osos polares trepando por laderas para coger huevos de alca”, aunque matizó que se trata de casos poco frecuentes. Esa disponibilidad en tierra ha compensado parte de la pérdida de acceso a focas.

También ha influido la evolución de otras especies marinas. En los últimos veinte años ha aumentado el número de morsas en torno a Svalbard. Los osos rara vez logran abatirlas, pero cuando una muere por causas naturales queda un cuerpo de gran tamaño. Aars indicó que “cuando eso ocurre hay una enorme cantidad de alimento en esos cadáveres”, lo que proporciona energía durante varios días. Esa fuente adicional ha contribuido a mantener el peso medio de la población.

Un trabajo científico en Svalbard desmontó la previsión de que la bajada de hielo adelgazara a la especie

El equipo comparó los cambios en la grasa corporal con el número de días sin hielo en la región del mar de Barents a lo largo del periodo analizado. A pesar de que el recuento de jornadas libres de hielo creció de forma clara, los animales se mantuvieron en buen estado físico y su número no descendió. La población en Svalbard se ha mantenido estable, incluso en años con una pérdida acusada de superficie helada. Ese contraste con lo observado en otras zonas del Ártico plantea diferencias regionales en la capacidad de adaptación.

La estabilidad en el archipiélago contrastó con otras áreas del Ártico

Todo ello ocurre en un contexto de retroceso continuado del hielo marino alrededor de Svalbard. La tendencia se prolonga desde hace varias décadas y los episodios de fusión intensa, como el registrado en el verano de 2024, alimentan la preocupación sobre el futuro de la especie.

Los osos polares necesitan hielo para cazar focas, alimentarse y descansar, y la desaparición de esa plataforma altera su rutina. Sin embargo, los datos recogidos en Svalbard muestran que, al menos hasta 2019, la combinación de nuevas presas terrestres y recursos ocasionales procedentes de grandes mamíferos marinos muertos ha permitido que los animales conserven sus reservas y sigan presentes en la zona.

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