Juernes de Por Fogones
Cinco restaurantes para saborear la cocina canaria
Juernes de Por Fogones
Hablar de cocina canaria es hablar de producto, memoria y territorio. También de mesas donde el recetario insular sigue vivo con matices distintos: desde la cocina de raíz más reconocible hasta versiones afinadas, familiares o junto al mar. En estas cinco direcciones repartidas entre Gran Canaria, Tenerife y Lanzarote hay un retrato bastante fiel de esa diversidad gastronómica que sigue definiendo a las islas.
Camino al Jamonal, el sabor de casa en Las Canteras: En Las Palmas de Gran Canaria, muy cerca de Las Canteras, Camino al Jamonal es una de esas casas donde la cocina canaria se sirve sin artificios y con una identidad muy clara. Su propuesta se apoya en el producto, en el trato cercano y en platos que remiten a la cocina de siempre, con la ropa vieja, ensaladilla caramelizada y su colección de postres entre las referencias más reconocibles.
El restaurante mantiene ese aire de negocio familiar que sabe leer bien a su clientela, combinando tradición y constancia en una zona en la que la restauración vive a un ritmo intenso. Comer allí es encontrarse con una cocina honesta, de las que no necesitan grandes alardes para dejar huella.
Con la reforma de su local lo han llevado a otro nivel, tanto en sala como en barra, pero manteniendo el espíritu de siempre. Pero mucho ojo al horario y días de apertura, ahora cierran los fines de semana buscando la conciliación familiar de todo el equipo, abren con tremendo éxito de martes a viernes en turnos de mediodía y noche.
Asador La Pasadilla, tradición al calor de la brasa: En el municipio de Ingenio, en el corazón de Gran Canaria, Asador La Pasadilla representa otra forma de entender la gastronomía canaria: la de la brasa, la cocina de interior y el recetario de siempre. Su historia arranca en el barrio de La Pasadilla y su carta mantiene el vínculo con las recetas más populares de la isla.
Aquí tienen peso platos como la carne de cabra en salsa, la carne de cochino frita, las papas arrugadas con mojo, los potajes a lo de siempre o el pan de millo con matalahúva. Es un restaurante que juega con la memoria del campo, del fuego y de la cocina popular, y por eso se ha convertido en una parada muy querida por quienes buscan una experiencia más terrenal y auténtica.
Carmelo González, segunda generación al frente del asador se ha afianzado como uno de los mejores asadores de Canarias y prueba de ello es que se ha convertido para El Capricho (mejor carne de buey del mundo) como su auténtico embajador en las islas.
El Padrino, producto del mar en Las Coloradas: Más pegado a la costa, en Las Coloradas, El Padrino ofrece una lectura muy distinta de la cocina canaria: la del pescado fresco, los guisos marineros y el producto bien tratado. Es una de esas casas que han sabido ganarse un hueco por la fidelidad a la cocina local y por una oferta que mira al mar con claridad.
En su carta aparecen elaboraciones tradicionales como el sancocho, el puchero o su caldo de pescado (plato que amaba la tristemente desaparecida Dania Dévora ), además de pescado fresco y platos canarios de toda la vida. Su ubicación, en un entorno muy vinculado a la vida marinera de la capital grancanaria, refuerza esa sensación de estar ante un restaurante que habla el idioma del Atlántico sin necesidad de traducciones.
Segunda generación al frente del negocio sigue siendo un referente en la ciudad en cuanto a recordar y vivir la cocina canaria de toda la vida, un imprescindible de la capital.
El Silbo Gomero, la tradición afinada en Tenerife: En San Cristóbal de La Laguna, concretamente en el Polígono Los Majuelos, El Silbo Gomero es una de las referencias más interesantes para entender cómo ha evolucionado la cocina canaria en las islas sin perder sus bases. El proyecto del chef Braulio Simancas parte del recetario tradicional, pero lo trabaja con una mirada más ligera, más cuidada y con un punto contemporáneo que lo aleja del cliché.
En su cocina aparecen platos como la carne fiesta, el escaldón, el pulpo, los guisos, las cazuelas de pescado o el cochino negro, siempre con atención al producto y a la técnica. Es un restaurante que demuestra que la cocina canaria también puede leerse desde la refinación, sin renunciar a su carácter.
La marcada personalidad de su chef, reunido de un equipo que son familia, hacen de cada visita al Silbo Gomero una excusa más para repetir y no cansarse de hacerlo. Su defensa del producto canario de las 8 islas lo hace ser un sitio donde cualquier canario se sienta representado.
Brisa Marina, el mar como centro en Lanzarote: En Playa Blanca, al sur de Lanzarote, Brisa Marina —conocido también como Juan el Majorero— completa esta ruta con una propuesta muy centrada en el pescado fresco y en la cocina de litoral. Es una dirección muy reconocida por locales y visitantes, y destaca por una oferta que gira en torno al producto marino y al trato personal.
Su éxito descansa en una fórmula que funciona: buena materia prima, cocina directa y una carta amplia en la que la tradición insular se mezcla con el ritmo de un restaurante muy frecuentado. En un destino como Playa Blanca, donde la oferta es enorme, Brisa Marina se ha ganado una posición propia por su coherencia y por el peso de su propuesta.
En época de atún rojo es una parada obligatoria, así que ya saben, si tienen previsto ir por la isla conejera, no dejen de darse un salto, lo disfrutarán con ganas de repetir. El tándem que conforman Juan El Majorero y Germán Blanco en cocina es uno de los grandes hitos ya no solo de la cocina conejera, sino patrimonio de las 8 Islas Canarias.
Juntos, estos cinco restaurantes dibujan un mapa bastante completo de la cocina canaria actual. Camino al Jamonal y El Padrino miran a la tradición desde dos ángulos distintos; La Pasadilla lleva el peso del campo y la brasa; El Silbo Gomero aporta una lectura más técnica y afinada; y Brisa Marina recuerda que el mar sigue siendo una de las grandes despensas de las islas.
No se trata solo de comer bien, sino de entender cómo cada isla, cada barrio y cada comedor interpreta una misma cultura gastronómica desde su propio acento. Y ahí está, precisamente, la riqueza de la cocina canaria: en su capacidad para seguir siendo reconocible sin dejar de cambiar.
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