Cinco platos de cuchara para abrazar el frío en Gran Canaria

En Gran Canaria también hay días de chaqueta, paraguas y ganas de guisote. Cuando refresca, la isla se llena de olores a caldos, potajes y fondos que cuecen a fuego lento, perfectos para entrar en calor sin salir de la ciudad o aprovechando una escapada al interior. Esta Lista de Por Fogones les propone cinco platos de cuchara que merecen desvío: de los judiones que arrullan en plena capital a los caldos creativos que reinterpretan la cocina canaria.

1. Verdinas con pulpo y gambón en La Bodega de la Avenida

En plena Avenida Alcalde José Ramírez Bethencourt, La Bodega de la Avenida es territorio de carne y buen vino, pero cuando el termómetro baja hay un plato que pide protagonismo: las verdinas. Una legumbre cremosa, de cocción lenta, que llega a la mesa escoltada por el sabor intenso de los fondos y la untuosidad que aporta la mantequilla Ram, el pulpo laminado y el gambón rojo prensado para mojar pan sin prisa.

Es un guiso de los de antes, de esos que reconcilian con los días de lluvia y que encaja con el tono clásico del local: salón amplio, mesas generosas y una bodega a la altura para acompañar cucharada a cucharada. Ideal para un almuerzo de trabajo que se alarga o una cena en la que la cuchara manda sobre el cuchillo y el plato hondo desplaza a los cortes a la brasa.

2. Ropa vieja en Camino al Jamonal

La ropa vieja es uno de los guisos más agradecidos del recetario canario y en Camino al Jamonal se reivindica como plato de cuchara rotundo, mucho más que un simple “aprovechado” del puchero. Bien ligada, con su caldo reducido hasta quedar meloso, los garbanzos tiernos, las hebras de carne jugosas y ese punto goloso que aportan la fritura y el sofrito trabajado con paciencia, se convierte en la definición de comida reconfortante.

Es de esos guisos que calientan por dentro y por fuera: entra en formato humilde, pero se crece en el paladar. La clave está en el equilibrio: ni demasiado seco ni una sopa, sino ese término medio que permite comerlo a cucharadas, arrastrando pan por el borde del plato y agradeciendo cada trago de vino como parte del ritual.

3. Los potajes del Asador La Pasadilla

Si hay un paisaje que se asocia a plato humeante sobre la mesa es el de la medianía y la cumbre grancanaria. En la zona del sureste grancanario, el Asador La Pasadilla se ha convertido en refugio habitual cuando el cielo se encapota y apetece potaje de los de toda la vida. En eso Carmelo está trabajando de una manera concienzuda elaborando potajes al día según lo que dé la tierra pero todos ellos servidos como mandan los cánones.

El encanto está en la suma: aire frío que pide abrigo, olor a leña, cazuela de barro y una cuchara que va y viene como metrónomo. El potaje se convierte en ritual de cualquier día de frío, perfecto para rematar una ruta por la zona, para reponer fuerzas después de caminar o simplemente como excusa para subir a comer caliente y bajar con el cuerpo templado.

4. Gofio escaldao con sama en Majuga

El gofio escaldao es probablemente el plato de cuchara más identitario de Canarias, y en Majuga lo elevan con un guiño muy capitalino: lo sirven en un entorno de restaurante íntimo, en la calle Benito Pérez Galdós, donde el producto local y la tradición están siempre en primer plano. El gofio, trabajado con un buen caldo de pescado, gana textura cremosa y sabor profundo; la sama, firme y sabrosa, aporta el contrapunto de proteína y el recuerdo inmediato del Atlántico.

El resultado es un plato que habla de memoria y territorio en la misma cucharada: tradición de bochinche y producto de costa, servidos en clave contemporánea sin perder su alma de comida reconfortante. Es ideal como entrante para compartir, pero también aguanta el papel de “plato único” en días de frío, cuando una buena ración de gofio escaldao basta para dejarte feliz antes de seguir atacando la carta de arroces y pescados

5. Caldo Juanito Alimaña con algas, pescado y verduras en El Equilibrista 33

El Equilibrista 33 se ha hecho un nombre en la capital jugando en la frontera entre tradición e imaginación, y su caldo Juanito Alimaña es una de esas creaciones llamadas a convertirse en fetiche de cuchara. La casa lo presenta como un caldo de medregal con concentrado de algas, pescado y verduras; un fondo largo, muy trabajado, que condensa mar y huerta en cada sorbo.

En la taza —o en el plato hondo— conviven recuerdos al caldo casero de pescado de toda la vida con matices marinos contemporáneos, cargados de umami y textura. Es una propuesta perfecta para quienes buscan algo más que el guiso clásico, pero no quieren renunciar al abrazo cálido que solo da un buen caldo en un día desapacible. Un plato que resume bien la filosofía del restaurante: cocina canaria de mercado, viva, con respeto a la raíz pero sin miedo a jugar.