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La Universidad comienza a analizar el ADN de los 14 asesinados en el pozo de Tenoya

Las dos primeras identificaciones se han conseguido a partir de los húmeros, gracias a que los perfiles genéticos de los descendientes de Sosa Déniz y Gómez Rodríguez ya se encontraban en la base de datos de ADN de la Universidad

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Fotografía facilitada por el Cabildo de Gran Canaria de uno de los huesos hallados a 34 metros de profundidad en el pozo de Tenoya (Gran Canaria)

Fotografía facilitada por el Cabildo de Gran Canaria de uno de los huesos hallados a 34 metros de profundidad en el pozo de Tenoya (Gran Canaria) EFE

El Servicio de Genética Forense de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha recibido ya los restos óseos de los 14 cadáveres recuperados del pozo de Tenoya para analizar su ADN y empezar a cotejarlo con los perfiles genéticos de descendientes de desaparecidos en la Guerra Civil.

Este servicio ya ha hecho dos pruebas que certifican que esos restos conservan ADN en buenas condiciones para identificar a los fallecidos a través de sus hermanos o hijos, al demostrar que dos de esos cuerpos pertenecen a José Sosa Déniz y Domingo Gómez Rodríguez, dos vecinos del barrio de Las Chorreras, de Arucas, que desaparecieron la noche del 18 al 19 de marzo de 1937.

Según han informado a Efe fuentes del servicio de patrimonio histórico del Cabildo de Gran Canaria, que supervisa las excavaciones en el pozo, se han recuperado de ese enclave de Tenoya 14 esqueletos completos de varones, pero desmembrados y con sus huesos diseminados, lo que hace muy difícil separar los huesos que pertenecen a un individuo de los que proceden de otro diferente.

Por ello, para los análisis de ADN se han elegido huesos con los que resulta imposible equivocarse y repetir varias muestras una misma persona: 14 húmeros derechos y 14 mandíbulas (incluidos los restos de los represaliados ya identificados)

En el caso de las mandíbulas, con una ventaja: la constatación de que los dientes conservan aún mejor el ADN en las condiciones en las que han estado enterrados esos huesos, bajo toneladas de barro.

Las dos primeras identificaciones se han conseguido a partir de los húmeros, gracias a que los perfiles genéticos de los descendientes de Sosa Déniz y Gómez Rodríguez ya se encontraban en la base de datos de ADN que la Universidad construyó hace una década, cuando se propuso identificar a los represaliados de la Guerra Civil que fueron recuperados del Llano de Las Brujas.

El Cabildo de Gran Canaria y la Universidad van a hacer ahora un llamamiento a todas las personas que tengan antepasados que desaparecieron durante la represión de la Guerra Civil (principalmente de primer grado, padres o hermanos) para que se pongan en contacto con ellos y den una muestra de ADN.

El problema reside, han explicado las fuentes, en que se sigue ignorando el nombre de buena parte de los desaparecidos, bien porque sus familiares desconocen lo que les pasó o bien porque siguen guardando silencio sobre lo ocurrido en aquellos años, a pesar de que han transcurrido ya ocho décadas del fin de la guerra.

De hecho, de los 60 o 70 personas que fueron represaliadas en el municipio de Arucas, al que pertenece el pozo de Tenoya, el Cabildo y la Universidad solo tienen el perfil genético de sus descendientes en menos de la mitad de los casos.

Con los desaparecidos de Gáldar pasa algo parecido, han precisado las fuentes, pero no así con los de Agaete, donde se ha conseguido contar con perfiles genéticos de descendientes en todos los casos.

Los técnicos calculan que los análisis de ADN de los 14 cadáveres recuperados de Tenoya tardarán en completarse unos dos o tres meses, ya que deben someterse a un procedimiento con cautelas reforzadas (por tratarse de ADN antiguo) que dura un promedio de una semana por muestra.

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