La Casa Amarilla de Puerto de la Cruz: tres décadas de desidia pública en el sitio donde se experimentó con primates por primera vez en el mundo
Se trata de una de las reformas y recuperaciones en pro del patrimonio cultural, histórico y científico de Tenerife con más tinta periodística derramada, anuncios y palabras grandilocuentes en todo tipo de formatos. Probablemente, de Canarias. Y, sin embargo, puro humo, retórica insustancial, palabras tan huecas y fraudulentas como inexistentes han sido los hechos, las obras, los proyectos y los cumplimientos, aunque parece que ahora se abre una nueva y esperanzadora etapa.
Numerosos tinerfeños y no pocos canarios han escuchado alguna vez algo de una casa amarilla del Puerto de la Cruz, en el Norte de Tenerife, en la que se experimentó con primates por primera vez en el mundo. Incluso, puede que les suene el nombre de Wolfgang Köhler, uno de los estudiosos de la evolución humana y la conducta animal más importantes del siglo XX desde que fueron imperando las tesis darwinianas y la psicología comparada de hombres y animales. También de una de sus grandes seguidoras, la etóloga Jane Goodall, recientemente fallecida (1934-2025) y que, tras conocerlo 50 años antes, visitó de nuevo este inmueble en 2011 y 2023 como quien llega al Dorado científico pese a estar ya en ruinas, reclamando siempre su recuperación por su relevancia histórica y simbólica.
Köhler fue clave en esa importancia cultural y científica de esta casa de dos plantas que, sin embargo y pese a esa relevancia mundial, presenta una pésima y lamentable imagen desde que, en 1993, la entonces familia propietaria (la inglesa Yeoward, de gran peso en otras zonas de la Isla) decidió su derrumbe parcial. El inmueble ha cambiado de dueños y parece que son más partidarios de la protección, recuperación y difusión que merece, aunque de nuevo se trata de una cuestión de tiempo y cumplimiento de los anuncios.
Y es que, desde 1993, se sucedieron las promesas y los supuestos proyectos para recuperar este inmueble tan emblemático, básicamente porque en sus dependencias se practicaron los primeros experimentos propiamente científicos, es decir, con método e investigadores prestigiosos, sobre monos y primates en todo el planeta Tierra. Un paso, por tanto, histórico que tuvo a Tenerife y, en concreto, al Puerto de la Cruz como lugar elegido por su excelente clima y que lleva 33 años en un estado triste, de total abandono, de pura desidia pública (del ayuntamiento, Cabildo, Gobierno regional…), pese a todo lo que se ha escrito y dicho de esta otrora esplendorosa y referente Casa Amarilla.
Como se puede comprobar en las imágenes que acompañan a este texto, el inmueble se encuentra en varias partes derruido o en un estado calamitoso para lo que acogió en su momento. Se ubica en unos terrenos que aún no han sido colonizados por el cemento tan presente en el Puerto de la Cruz, el municipio más pequeño de Canarias (nueve kilómetros cuadrados), pero referente turístico y, por tanto, con mucha presión urbanística, y más en la preciada zona en la que se ubica esta casa, La Paz. No obstante, la construcción más cercana sigue siendo la iglesia evangelista situada al Sur y la Casa Amarilla continúa destacando a lo lejos, desde la carretera que baja a Martiánez o la vía que circunda esta selecta urbanización pese a su impactante estampa.
Según resalta el primer teniente de alcalde y edil de Ciudad Sostenible de Puerto de la Cruz, David Hernández (ACP), “la propiedad que ha adquirido la parcela está colaborando activamente con el Ayuntamiento en la futura restauración. Ya ha asumido y cumplido varios compromisos, como el vallado del perímetro y una primera fase de limpieza. Actualmente, estamos a la espera de que presenten un proyecto para el apuntalamiento del edificio como medida provisional para evitar el aumento del deterioro”. “Mantenemos –añade- una comunicación fluida con la propiedad, que ha mostrado en todo momento su voluntad de colaboración y su reconocimiento del valor histórico de la casa. Por nuestra parte, velamos para que se cumplan las obligaciones de mantenimiento, conservación y restauración, y, hasta ahora, están respondiendo adecuadamente a los requerimientos municipales”.
El Cabildo, por su parte, no respondió a las preguntas de este periódico.
Primeros chimpancés: seis hembras de Camerún y un macho de Nigeria
Sin duda, y de cumplirse lo que dice Hernández, se trata de una excelente novedad tras 33 años de espera, aunque seguirá dependiendo del grado de cumplimiento y los plazos hasta estar a la altura del legado que implica este lugar. Y es que, desde 1993, raro ha sido el mandato local (y hasta insular) y el programa electoral (aunque diluyéndose cada vez más) en el que no se ha insinuado, propuesto o anunciado tajantemente que sí, que en esos cuatro años sí, que se reformaría la Casa Amarilla, que se le haría justicia, se reconvertiría en un centro científico, divulgador o cultural en el que explicar y resaltar los estudios que acogió desde 1912, cuando se aprobó su construcción y, casi sobre la marcha, se trajo a las primeras seis hembras de chimpancé desde Camerún y un macho de Nigeria. Y más desde que logró ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC), en 2005. Pero nada, hasta ahora, nada, aunque con mejores perspectivas que hace unos años.
En realidad, y como bien ha ido difundiendo durante decenios la Asociación Wolfgang Köhler, con miembros clave, entusiastas e incansables como Melchor Hernández Castilla, así como profesores de la Facultad de Psicología de la ULL como el doctor Carlos Álvarez, el proyecto surge un poco antes de ese 1912 y consistió en la creación de la Estación de Antropoides de Tenerife bajo la dirección de Eugen Teuber (1889-1958). Desde 1913, Teuber comenzó sus investigaciones sobre el comportamiento animal en este inmueble enclavado en un sitio ideal, pero pronto, a finales de ese mismo año, le reemplazó el alemán Köhler (1887-1967), quien apostó por un enfoque más cognitivo y de psicología comparada, lo que supuso un hito en el mundo de la primatología y la célebre escuela de la Gestalt.
Sí, fue aquí, en este rincón del entonces (y aún, si no fuera por tanto hormigón) espectacular Valle de la Orotava donde comenzaron a analizarse las conductas de los primates similares a las humanas, con experimentos como el conocido de colocar un plátano en zonas elevadas hasta que el mono o chimpancé aprendía a apilar cajas para alcanzarlo y comérselo, lo que, en el fondo, probaba una avanzada capacidad cognitiva, de asociación, proyección e intuición. Comenzaban a cuestionarse ya teorías conductistas como la de Pavlov (famoso siempre por lo del “perro”), Skinner o Thorndike, que negaban reflexión y razonamiento en estos animales y lo asentaban todo en el ensayo y error.
La gran obra de Köhler (Intelligenzprüfungen an Menschenaffen, 1921; The mentality of Apes, editada en inglés en 1925, o Experimentos sobre la inteligencia de los chimpancés, en la versión española de 1989) se convirtió en libro de cabecera de primatólogas posteriores como Jane Goodall, con ideas fuerza como que los chimpancés, como los humanos, disponen de un discernimiento automático o instantáneo que le permiten comprender las situaciones, los elementos en juego y cómo hallar soluciones cognitivas intuitivas. Se asentaba, pues, la columna vertebral de la Teoría o Escuela de la Gestalt, fundamentada en que la percepción no se explica a partir de la suma de las aportaciones sensoriales, sino que el cerebro construye y estructura parcialmente lo percibido, con lo que el todo resulta diferente al sumando de las partes.
Es decir, en Tenerife se hicieron los primeros experimentos de una de las teorías psicológicas más relevantes de la historia, estudiada durante casi un siglo en facultades de todo el mundo y con tesis, y libros y libros publicados, y el lugar donde eso surgió simplemente da pena desde hace más de tres decenios. Y eso que, por ejemplo, la visita de Jane Goodall a la Casa Amarilla, a sus ruinas, en 2011 (vino al foro Enciende La Tierra), volvió a impulsar los anuncios y anhelos de reformas, pero nada, absolutamente nada sustancial desde entonces, pese a que regresó a la Isla en 2023 para insistir en la imperiosa necesidad de recuperar este inmueble y difundirlo bien. De hecho, sus primeras visitas a Tenerife se remontan a mediados de los 70 atraída precisamente por lo que pasó en este sitio con Köhler.
Otros primatólogos de renombre mundial también han visitado o, al menos, reivindicado esa reforma, como el doctor Josep Call, que fue director del Wolfgang Köhler Primate Research Center del Instituto Max Planck, quien vino dos veces a Tenerife a dejar claro su apoyo a la recuperación.
Una difícil historia desde el principio
Pese a ese abandono desde 1993, conviene recordar que la Casa Amarilla nunca lo tuvo fácil. Para empezar, porque su actividad empieza sólo dos años antes del comienzo de la I Guerra Mundial. Aunque España fue neutral, lo que benefició también a las exportaciones desde Canarias, no quedó exenta de derivadas del conflicto y una de ellas fue el propio Köhler, acusado por los británicos que vivían en Tenerife entonces (una amplia colonia, y más en el Puerto) de espionaje para Alemania y hasta de controlar el paso de submarinos en esta parte del Atlántico. Al acabar la Gran Guerra, en 1918, con la derrota alemana, se ve casi sin dinero para su proyecto y tiene que vender la casa, pasando la llamada Estación de Antropoides a la finca El Ciprés, en La Orotava, según detalla la asociación en diversos trabajos. Eso sí, la escasa financiación hizo también que cerrase esta alternativa en 1920 y Köhler tuvo que regresar a su país, marcado por la derrota y las compensaciones a las naciones atacadas, con la atroz derivada del nazismo.
Los primates de la Casa Amarilla quedaron bajo el cuidado de Manuel González, que ya se encargaba de ellos desde 1912, pero en octubre de ese 1920 se los llevaron al zoológico de Berlín, muriendo el último en 1921.
Justamente en 1993, el Cabildo comienza el expediente BIC, pero la familia Yeoward decidió derribar parte del inmueble, con lo que se incumplió con la protección que se pretendía, así como con la cesión de la parcela al Ayuntamiento portuense para crear un museo. El BIC, sin embargo, se retrasó hasta 2005, cuando lo aprueba el Gobierno regional, pero la casa nunca se expropió, como reclamó reiteradamente la Asociación Wolfgang Köhler. En 2012, un año después de la visita de Goodall, el Consorcio Urbanístico para la Rehabilitación del Puerto anunció su apuesta por rehabilitarla y por crear un anexo para una sede del Centro de Neurociencia del Atlántico Wolfgang Köhler, pero de nuevo humo, más humo.
Eso sí, y como resalta la Asociación, al menos los continuos reportajes o informaciones que han ido apareciendo en este tiempo (y éste es sólo uno más) sobre la Casa Amarilla le han hecho algo de justicia y la han puesto en el mapa, aunque sea por unos ratitos.