El Papa, a quienes hacen sufrir a las personas migrantes: “Deténganse, conviértanse”

El Papa León XIV se ha dirigido este viernes a quienes hacen sufrir a las personas migrantes: “Deténganse, conviértanse”, ha dicho. León XIV ha incidido en La Laguna en que cada vida perdida en estas rutas es “un fracaso para la familia humana” y que “existe también un naufragio silencioso después de la llegada. Quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad”.

León XIV subrayó que “la integración no quede reducida a una tarea social por necesaria que sea. Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección. También deben encontrar una comunidad capaz de ofrecer”.

“Una iglesia que acoge es también una iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo  y que al mismo tiempo recibe el Evangelio de mano de los pobres. Una conciencia humana y más aún una conciencia cristiana no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda ante estos cementerios del mar”, insistió León XIV.

El Papa arremetió contra quienes “se aprovechan de la desesperación,  a quienes organizan rutas de muerte,  trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio”.

“Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta él. El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro. Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada,  cada trabajador explotado, habrán de comparecer ante la justicia divina”, insistió.

El Papa subrayó que le llama la atención que La Laguna de La Laguna se diga que es una ciudad sin murallas“, una ”ciudad abierta“. ”Quizás este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no son siempre de piedra. A veces están en la mirada, o en el miedo, o en la indiferencia. El mar que rodea estas islas trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer“, apuntó.

“Historias de dolor, de esperanza, de búsqueda. En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a sentarse para acogernos. Por eso, necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía,  ese que se comprende más con las manos que con las palabras”, dijo.

En La Laguna, el Papa escuchó los testimonios de migrantes como  Jalil, un joven marroquí que contó cómo dejó su hogar buscando una oportunidad para construir un futuro “digno, seguro, para mí y para mi familia”. “Mi viaje en patera no fue nada fácil”, asegura.

También el de Mbacke Ndiaye, un senegalés de 20 años que ha tenido ''la oportunidad de empezar de nuevo''. Con el continente africano colgando en su cuello, ha contado al pontífice cómo la fundación Buen Samaritano le ha dado ''más que un techo y comida''. ''Me ha dado respeto, paciencia, y gente que me dijo: ''tú vales, tú puedes''.

Asimismo habló Darwin Rivasel, sacerdote venezolano que ha estado presente en La Restinga (El Hierro), a donde llegan miles de migrantes o la colombiana Thalia Johana Saldarriaga Diago, que llegó a España dejando a su familia y a su hijo.