“El proceso de duelo abre un tiempo que se debe vivir como oportunidad para seguir viviendo”
El proceso de duelo, en el fondo, abre un tiempo que se debe vivir como oportunidad para seguir viviendo, para crecer, para aprender, ha dicho a Efe Alfonso García, director del máster Cuidados al final de la vida, que se imparte en la Universidad de La Laguna.
Alfonso García, antropólogo y profesor de Enfermería en la Universidad de La Laguna, indica que la vida es entender la experiencia que es importante para los demás y ayudarles, y agrega que de esto saben mucho los profesionales de la salud que ayudan a comprender el proceso de muerte durante el confinamiento. Ayudar a quienes pierden a sus seres queridos durante la pandemia para que adquieran un compromiso consigo mismos para tener una actitud que les propicie ser conscientes de que ahora son diferentes y que, en el fondo, el proceso de duelo abre un tiempo que se debe vivir como oportunidad, reitera.
Hay que buscar fórmulas para que las personas que están en confinamiento puedan contar su situación en el duelo, que narren sus experiencias y cómo les cambia la vida, y estar cerca para que sean conscientes de que a partir de ahora serán diferentes, explica.
En nuestro tiempo, la forma en que expresamos el duelo ha cambiado de forma patente, indica Alfonso García, y no lo compone sólo la muerte física sino que también está formado por los significados que se dan a los rituales, e incluso de las creencias que se aportan al perder a un ser querido y que deben tomarse con “sentido”. Siempre ha habido rituales pera expresar el duelo; ellos dan sentido al duelo, y permiten expresar emociones en la despedida, siendo éstas expresiones distintas según las culturas, señala Alfonso García.
El experto en duelo declara que en la actual situación de confinamiento por la pandemia del coronavirus COVID-19 se debe entender que la situación es temporal y que exige una manera que percibimos como específica ligada al momento del confinamiento. Aún así, es posible hacer un duelo “saludable”, uno que, además, sea una construcción subjetiva y compleja, diversa en su expresión, y que en la actualidad se vive en las dificultades que comporta encontrar las vías para expresarlo.
Alfonso García opina que no debe perderse de vista la situación en la que se producen los duelos estos días, sin poder estar junto a la persona querida cuando fallece, aunque señala que hay formas diversas que pueden sustituir la presencia física, como son llamadas de teléfono, reuniones virtuales, funerales en los que se puede estar presente por videoconferencia u otras vías que permita la tecnología y que ayudan a afrontar la situación.
También debe tenerse en cuenta la experiencia de las personas al afrontar la muerte de un ser querido en este estado de confinamiento, pues, señala, las personas mayores que vivieron un periodo de guerra y también estuvieron encerradas, ahora afrontan de manera distinta el no salir de casa. Por eso es necesario tener en cuenta la importancia del contexto, pues en el confinamiento no sólo se pierde a seres queridos sino que también la libertad de movimiento y, en algunos casos, comenta, es incluso más importante el condicionante de las pérdidas económicas y un sin fin de acontecimientos que añaden incertidumbre a la situación.
El duelo, prosigue Alfonso García, no es solo sufrimiento físico, pues también lo hay cognitivo y otro más de carácter conductual, que propicia en las personas hagan patrones de duelo diferentes a consecuencia de cómo ha sido desenlace de la muerte de los seres queridos, el apoyo social y las condiciones del confinamiento.
Manifiesta que la adaptación a la situación es “casi” personal pero es cierto que, si se mira desde el punto de vista de la antropología de la muerte, se han modificado las reglas sociales que modelaban la razón y las emociones que expresamos sobre los seres queridos, de forma que no hay cortejo fúnebre, ni despedida, ni visita en el hospital, al menos en los términos tradicionales. Aunque, prosigue, ahora se ha puesto de manifiesto con toda crudeza “que muchas cosas ya no las hacíamos, pues no acompañábamos tanto a los mayores, ni a las personas que están en cuidados intensivos, ya que las teníamos muy abandonadas”.
Hablar ahora de los rituales de la muerte conlleva tomar conciencia de que se había convertido en algo impersonal “que se les había quitado importancia y echamos en falta algunos porque no tenemos el significado que nos traían”, apuntó Alfonso García.
De ahí el valor de los rituales privados; es ahora, cree Alfonso García, el momento de renegociar los rituales, de dar coherencia a esa transición de situaciones dolorosas, y añade que hay muchas acciones para seguir con contacto con los muertos, como las fotografías y objetos de la persona fallecida que se colocan en espacios privados para evocarlos. “La finalidad del duelo es ser capaces de abrirse a una nueva vida, poder seguir conectados con nuestros muertos, si lo deseamos. Algunos lo harán con los sueños, otros con altares o con memoriales, pero todos deberemos resituar entre los vivos la memoria de los que ya no están con nosotros”, concluye Alfonso García.