PATRIMONIO

Un último canto al otro mundo para cerrar temporada: el Rancho de Ánimas de Valsequillo estará este sábado en Los Arenales de Telde

Gara Santana

Las Palmas de Gran Canaria —
12 de marzo de 2026 16:05 h

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Este sábado, en el local social de la Asociación de Vecinos de Los Arenales, En Telde, el Rancho de Ánimas de Valsequillo se escuchará por última vez esta temporada con cánticos a las ánimas en un rancho levantisco, fuera de la programación oficial regida con arreglo al calendario cristiano, en uno de los lugares emblemáticos que tradicionalmente ofrecen el espacio para esta insólita comunicación con las ánimas y para que la propia tradición no muera.

Se trata de la manifestación más antigua del folclor canario y a tenor de los instrumentos utilizados y la forma en que se hace, la más misteriosa. El sonido se compone de espadas, panderos, timples guitarras y voces humanas que en un ritmo monótono quieren dar paso a que el otro mundo pueda seguir el ritmo, por si alcanzaran a escuchar el mensaje que los vivos quieren enviar.

Esta tradición consistente en cantar a las ánimas una suerte de letanías de acordes monótonos y recordar a los difuntos en ceremonias en casas particulares, normalmente en la casa de quien encarga el Rancho “por las ánimas benditas” suele comenzar por la noche y extenderse hasta la madrugada y sólo ha pervivido en la isla de Gran Canaria. 

El calendario del Rancho está fijado y regido con el calendario de celebraciones cristianas, entre principios de diciembre, aproximadamente en la festividad de Santa Lucía y se extiende hasta el día de la Candelaria.

La tradición se remonta a los siglos XVI y XVII, pero su auténtico origen, los historiadores lo sitúan en la influencia que pudieron tener sobre las costumbres isleñas los bereberes del norte de África traídos como esclavos en época moderna al Archipiélago. La cristianiciación de esta tradición, uno de sus mecanismos de supervivencia a los embates de los cambios religiosos y políticos, la hizo adaptarse a las creencias locales y permanecer hasta nuestros días incluso con nuevas generaciones interesadas en aprender a cantar el Rancho y llevarlo por la comunidad a cambio del dinero que quien mande cantar deposite en una cesta que está en una mesa de mantel impoluto donde nunca faltan naranjas de esa época del año.

Los Suárez de las Cuevas de Cuba

Agasajar a los rancheros y a su patriarca es una tarea de la familia que manda a pedir por las ánimas y les acoge en su casa y es un momento de intercambio de memoria y, paradójicamente, de vida a flor de piel.

Para encontrar el origen de esta cita que Arenales tiene con los rancheros de Valsequillo el próximo sábado, nos remontamos a los tiempos en que Juan Suárez acompañaba al Rancho como respondedor. Su familia, los Suárez de las Cuevas de Cuba, honrando doblemente a la memoria, ofrecen cada año un espacio para que se pueda cantar a las ánimas benditas. Uno de los nietos de Juan Suárez recuerda a este periódico aquellos días en que el Rancho se ofrecía en las Cuevas de Cuba en Arenales y duraba desde la madrugada del sábado hasta el domingo.