El PSOE, el gran perdedor de las mociones de censura en Tenerife desde la de La Laguna de 1993

Álvaro Morales

Santa Cruz de Tenerife —
11 de agosto de 2025 12:21 h

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Güímar, ese municipio del sur de Tenerife que da nombre a un bello valle con dolorosas heridas como las dejadas por la extracción de áridos, vive este lunes una nueva censura (la tercera). Esta se suma a la que aupó a Vicenta Díaz (PP) en 1996 a la Alcaldía en detrimento del socialista Gumersindo Rigoberto González y a la de Luisi Castro (PP) a su entonces socio Rafael Yanes (PSOE) en 2013, junto a CC y Alternativa por Güímar.

Este lunes, y salvo sorpresas inesperadas, la conservadora Castro recuperará el bastón de mando que no toca desde 2019 gracias al pacto PSOE-CC. Lo hará arrebatándoselo a Gustavo Pérez (CC), gracias a dos ediles socialistas tránsfugas (ya expedientados) y al edil de NC, que ya ha sido expulsado del partido, pero mandando de nuevo a la oposición al PSOE.

El PSOE es, sin duda, la formación más perjudicada en los últimos tres decenios por las censuras en Tenerife, con un gran desequilibrio respecto a CC y, aún más, sobre el PP, dado su considerable menor número de alcaldías desde la recuperación de la democracia, situación que ha ido cambiando en este mandato. Con gran diferencia, el PSOE ha sido el partido que más mociones de censura ha sufrido en Tenerife (15) desde que, con la famosa de Hermoso (ATI-AIC entonces) le propinó a Saavedra en 1993, dejando en trizas, en arena fina, casi en polvo, aquel pacto regional llamado de “hormigón” entre los dos grandes partidos de los 80 en la provincia tinerfeña.

Al poco de aquel giro que unió a exfranquistas de AP (PP) con comunistas como José Carlos Francisco (Ican), centristas (o similares) y otras sensibilidades ‘intermedias’ (Olarte sería un gran ejemplo), le siguió un giro radical en La Laguna, donde José Segura vivió en sus carnes la misma traición ática que permitió que Elfidio Alonso tocara el bastón de mando de Aguere en ese mismo 1993 con una mano, sin dejar de hacer lo propio con la pandereta de Los Sabandeños con la otra (y aún sigue, a sus ya 90 fértiles y admirables años, sobre todo para la música, las tradiciones y etnografía canaria).

Se trataba de los últimos tiempos del llamado ‘felipismo’, ya con Guerra dimitido desde 1991. El PSOE se convirtió en la gran diana de la venganza del centroderecha desplazado del poder en muchos municipios tinerfeños desde 1979, especialmente desde 1983, tras la eclosión socialista de octubre del 82 y la confirmación en las elecciones locales del siguiente año. Aunque en los 80 hubo una gran estabilidad institucional y muy pocas censuras, en general, en Canarias, la cosa cambió desde ese nuevo gobierno autonómico entre la incipiente CC nacida de esa traición a Saavedra (llamada así desde las generales del 6 de junio de ese 93) y el PP.

Así, una ciudad con gran tradición socialista, el Puerto de la Cruz, vio cómo la más que insuficiente victoria de Salvador García de 1995, con 9 ediles y 1 de IU (muy lejos de los arrolladores triunfos de Paco Afonso de 1979 y, sobre todo, de 1983, con 17 ediles de 21, o los holgados de Félix Real posteriores), hizo que hubiera cambio de gobierno tras 28 días de la toma de posesión.

Eso sí, esa censura histórica tuvo un parto difícil y solo se resolvió en casa de Paulino Rivero, en El Sauzal, cuando Antonio Castro (PP, que sacó 6 ediles) cedió la Alcaldía a Marcos Brito (CC, 5) y relegó a un plano muy secundario a los conservadores portuenses desde entonces y hasta 2015, cuando Lope Afonso se distancia bastante de Sandra Rodríguez (7 frente a 4).

Saña contra el PSOE portuense: tres censuras desde 1995, récord en la Isla

Los socialistas portuenses, por tanto, sufrían su primera censura, pero han acabado acostumbrándose a esa palabra y sus duras consecuencias, dado que, en 2009, le pasó lo mismo a Lola Padrón (10 actas), de nuevo con Marcos Brito (9) salivando por el bastón, aunque esta vez rompiendo el pacto del PSOE con el PP de Eva Navarro (2) y recalcando durante dos años por todas las esquinas que se trataba de un acuerdo “antinatura”.

La tercera vino hace un año, aunque esta vez necesitó del concurso de una formación se supone que más a la izquierda del PSOE, Alternativa Ciudadana Portuense (ACP, 2 ediles), que presume de hacer ahora más políticas de izquierda (porque sólo esta formación se cree con esa condición) tras pactar con el PP (7 y nuevo alcalde, Leopoldo Afonso) y CC (2) para desbancar a Marco González (10, y a doce votos de la mayoría absoluta). Si el malogrado Brito lo hubiese visto (murió de un infarto en 2014 aún en la Alcaldía), quizás lo definiría como algo más allá de lo sobrenatural: lo sobreantinatura.

Como en Güímar, también en 1996 se produjo una censura contra el PSOE que dejó un patrón repetido después. En La Victoria de Acentejo, un pueblo con una ATI potente desde la Unión para el Progreso de La Victoria (AUEPV) de 1979 a 1983, con Alfonso Fernández (alcalde franquista que luego ingresaría en ATI), el PSOE de Manuel Correa y la PP de María Luz Goya pactaron en 1995 para romper esa hegemonía.

Se produjo un incendio forestal al poco de que Correa fuera alcalde y su figura creció entre los vecinos por cómo actuó. Un año después, CC y las altas esferas del PP convencieron a Goya para censurarle, aunque, desde 1999, el pueblo le devolvió con creces la confianza y logró potentes mayorías absolutas hasta que la crisis económica y financiera global, pero achacada aquí a Zapatero, lo llevó a la oposición en 2011.

Ya vamos por siete censuras con el PSOE perdiendo el poder desde la Alcaldía, pero quizás la que más ansió la derecha (en parte, lo que antes se llamaban ''fuerzas vivas'') en la Isla fue la que se negoció y confirmó en pleno confinamiento de 2020 para desbancar a Patricia Hernández de la Alcaldía de Santa Cruz tras su pacto con los dos ediles de Cs y, en apoyo desde fuera, los tres de Unidos Podemos con Ramón Trujillo al mando (toda la vida en IU).

Aquel recuento de los votos en la toma de posesión junto a la plaza de Los Patos, cuyo final hizo soltar a algún comentarista radiofónico que “no entiendo nada” y emocionó hasta las lágrimas a Gustavo Matos en el pleno de La Laguna por la doble noticia (Luis Yeray, alcalde de Aguere, y giro histórico en Santa Cruz con él ayudando mucho en la sombra las semanas previas), dejó desencajado a José Manuel Bermúdez y, en menor medida, al PP. Si bien desde entonces se afanaron para convencer al eslabón más débil o dubitativo del acuerdo PSOE-Cs(-Unidos) para romperlo cuanto antes (dada la fortaleza y convicción de Matilde Zambudio). Así, el concejal de Urbanismo, Juan Ramón Lazcano, “emigró” el tiempo suficiente a la Península, dejó que le sustituyera Evelyn Alonso (expulsada al poco de Cs y, luego, en CC -qué sorpresa-) y se fraguó un giro que, por supuesto, debía recuperar el status quo, lo pronatura.

Devolver la capital a la “normalidad” tras tamaña afrenta de Patricia, tras esa atrocidad de pretender cambiar la historia y socializar un poco algún que otro barrio, aunque sea alguna calle perdida en La Gallega. Bermúdez volvió al trono en pleno covid y, desde entonces, sigue en él, aunque profundamente incómodo con su aliado pepero, un Carlos Tarife que sale en casi todas las ruedas y notas de prensa en las que también está el alcalde. Y así, un día, y otro, y otro…

Una más que previsible que contrastó con el gran año 2019 para los socialistas

Por supuesto, hubo una censura en 2023 que lastimó al PSOE, pero se trató más bien de un trámite, dado que Pedro Martín no tenía ninguna opción de conservar el Cabildo de Tenerife tras el resultado electoral, pese a ganar, pero quedarse sin aliados a la izquierda por la atomización ombliguista de más de uno.

Martín se vio en aquel pleno entregando el mando a Rosa Dávila (CC) tras su pacto con el PP de Lope Afonso (al que le lanzó constantemente los tejos el exalcalde de Guía de Isora) como en una especie de escarmiento por lo que le hizo a Carlos Alonso en 2019, también gracias a dos “valientes” de Cs (Enrique Arriaga y Concepción Rivero), junto a Sí Podemos Tenerife (3 consejeros) en apoyo externo, para acabar con presidencias de ATI y CC desde 1987 (con Adán Martín, Ricardo Melchior y Alonso, si bien estos dos últimos en pacto con el PSOE desde 2011).

Ya vamos por nueve frente a una contra CC en el Cabildo, pero, si recordamos la vivida el pasado marzo en Granadilla, el desequilibrio crece. La socialista Jénnifer Miranda (11 concejales) perdió la Alcaldía de forma similar a Patricia Hernández. Solo un año y medio después de lograrla gracias a un pacto con el PP (2) y porque uno de los dos ediles “valientes” que desafiaron las órdenes de arriba por pura coherencia, para no llevar al poder a dos candidatos de CC que poco antes eran ediles conservadores, acabó volviendo al redil.

Mientras Bianca Cerdán siguió fiel a ese acuerdo, Marcos Antonio Rodríguez acabó sucumbiendo y propició la vuelta de Domingo Regalado (CC, 10 actas) al poder local. Eso sí, esta vez con el imprescindible apoyo de dos concejales de Vox, esos a los que Clavijo hubo un tiempo en que llamaba “extremistas” y “centralistas” con los que no podrían pactar (lo mismo pasó en Teguise y Arona, aunque en estos casos no para una censura, sino para asentar gobiernos municipales).

En realidad, el apellido Regalado no es precisamente un regalo para el PSOE tinerfeño. El actual máximo mandatario de Granadilla ya protagonizó otra censura contra los socialistas liderados por Jaime González Cejas en 2013. Y dado su perfil y la inquina que siempre ha demostrado contra esas siglas el exasesor de Fernando Clavijo en Presidencia, siempre que se dé una situación igual seguro que repetirá censura.

Olivia Delgado (Arico), la única que ha tenido que devolver el bastón dos veces

No obstante, la que más ha sufrido una moción así en las filas del PSOE tinerfeño es la actual alcaldesa de Arico y exsenadora, Olivia Delgado, ahora en pacto con el PP, al que se supone que ha de entregar la Alcaldía a finales de este año. Delgado ya sufrió una censura en 2012 para elevar a Juan José Armas (CNN) al poder local, pero con CC y PP detrás, mientras que le pasó igual en 2019 con Sebastián Martín (Primero Arico) y todos contra ella.

Trece censuras contra alcaldes, alcaldesas o presidentes del PSOE frente a una contra Alonso (CC), pero hay que sumar la que sufrió Pablo Estévez en El Tanque en 1997 de la mano de Faustino Alegría (CC). Si bien luego se vengó con la que le hizo a Jesús Antonio Fariña (PP) en 2001, aunque acabó en las filas de NC y muy alejado del actual PSOE local, al menos del de Román Martín. Asimismo, Fidela Velázquez sufrió otra en San Juan de la Rambla en 2013 que convirtió a su hasta entonces socio conservador, Tomás Mesa (PP), en alcalde pese a tener sólo su acta porque AIS-CC no podía aceptar verse en la oposición y “ser gobernada por alguien como Fidela” (con algunos medios, por decir algo, con una tremenda campaña en contra durante años).

Además, hay que sumar la rocambolesca situación del Ayuntamiento de Tacoronte, en el que, en 2013, Rodolfo León Martín (PSOE) se convirtió en alcalde unos meses en detrimento de Álvaro Dávila (CC), pese a que cogobernaba con los socialistas y que su candidato, Carlos Medina, siguió fiel a ese acuerdo. Al poco, y en una sentencia que marcó aquellos años del llamado pacto antitransfuguismo, Dávila recuperó la Alcaldía, con un PSOE dividido, si bien ahora posee la Alcaldía, ganó las elecciones con Sandra Izquierdo (5 ediles, uno más que CC) y, eso sí, lo hace con un acuerdo que podría llamarse de “hormigón local”, junto a los nacionalistas y el PP, si no fuera por el precedente de 1991-93. Que tenga cuidado Sandra, cabría colegir.

En el otro lado, la censura que más le ha dolido a CC a escala local fue la que sufrió Francis González en Icod de los Vinos en 2017 de la mano de José Ramón León (Somos Icodenses, aunque exconcejal socialista), el PSOE y PP. Ese “todo contra Francis” alimentó su victimismo y ganó con claridad en 2019 (sin mayoría absoluta), aunque en 2023 perdió por un edil (8 a 7) ante la creciente estrella de Javier Sierra (Alternativa Icodense y también ex del PSOE) y volvió a labores en el Gobierno regional (en Patrimonio). Además, el CDS sufrió una en 1991 en Fasnia (Juan Pedro Pérez) que convirtió a Pedro Hernández (AIF, luego en ATI y CC) en alcalde.

También resultó rocambolesca la censura de Haroldo Martín (CC) contra José Fermín Correa (PP) en La Victoria de Acentejo en 2016, pero esto hay que explicarlo bien, ya que se repite lo de la antinatura de Marcos Brito. Un año antes, y en una genial jugada del actual alcalde, el socialista Juan Antonio García Abreu, en la toma de posesión, y ante la falta de acuerdo de dos de los tres partidos con representación, el PSOE no vota a su candidato, sino a Fermín Correa que, pese a tener sólo dos ediles, se convierte en alcalde, entrando luego los socialistas en el gobierno y dejando a Haroldo con un cabreo del copón, a lo Marcos Brito.

Por supuesto, movió cielo y tierra para voltear la situación cuanto antes y lo logró al final porque cedió el edil Leo García un año después, al que también se le había abierto un expediente de expulsión del PP. Fermín Correa no cedió, pero acabó sufriendo una censura que, por supuesto y como pasará mañana en Güímar, dejó al PSOE de nuevo en la oposición.

En total, quince cambios de alcaldes o presidentes insulares en contra del PSOE de Tenerife desde 1993 por sólo dos contra CC y, mañana, en Güímar, un tercero. Además, el CDS perdió un bastón en 1991 y a los populares sólo le arrebataron una vez una alcaldía, la de El Tanque, si se entiende que la de La Victoria en 2016 afectó a alguien expedientado por el ya PP de Manuel Domínguez en la Isla del Teide. Quizás un balance así explique por qué el alcalde de Adeje (entre otros) estuvo desde antes de las regionales de 2023 pidiendo un acercamiento a CC, a la que, al menos en Tenerife, le gusta bastante las censuras… contra los socialistas.