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Todos los domingos, en el boletín ‘Política para supervivientes’, algunas de las historias de política nacional que han ocurrido en la semana con las dosis mínimas de autoplagio. Y otros asuntos más de importancia discutible.

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Julio Iglesias en un concierto.

Iñigo Sáenz de Ugarte

18 de enero de 2026 08:35 h

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Defender a los que no tienen voz, apoyar con informaciones contrastadas a personas que han sufrido abusos o recordar a todos que la fama y el éxito no confieren impunidad son algunas de las mejores cosas que puede hacer un medio de comunicación. Y después no echarse atrás ante las amenazas y los comentarios despreciables de los que siempre encuentran razones para atacar a las mujeres que un día decidieron contar lo que habían sufrido. 

Las informaciones que elDiario.es y Univision han publicado en los últimos días sobre Julio Iglesias nos recuerdan a otras muchas en las que después siempre se repetía el mismo patrón. Se empieza diciendo que son denuncias anónimas, que esas mujeres buscan el dinero del famoso, que el acusado no necesitaba caer tan bajo para conseguir lo que quería, que todo es una pantalla de humo con la que ocultar otras noticias. ¿Sabéis lo que ocurre en la mayoría de los casos? Que lo que se conoce al final suele ser peor que lo que se sabía al principio. 

“Me usaba casi todas las noches. Me sentía como un objeto, como una esclava”.

La noticia ha caído como una bomba en España y es lógico que haya sido así. Julio Iglesias es la estrella de la música que ha tenido un impacto más global fuera de nuestro país. En el cine hay otros ejemplos, pero en música no hay otro cantante o banda que haya alcanzado el mismo nivel de fama. Se podría decir algo parecido sobre Plácido Domingo, pero nadie ha vendido tantos discos como Iglesias en todo el mundo, 300 millones, según el Guinness. Visitó en varias ocasiones la Casa Blanca, donde actuó en el Concierto de Navidad de 1983 y en la cena de Estado que Reagan dio a Mitterrand en 1984. Esta es una de las muchas fotos que existen de él con Ronald Reagan y su mujer. Conoció a Ford, Reagan, Kissinger, Clinton y también a Donald Trump. 

“Él abusó de mi inocencia. Me utilizaron, me pisotearon, hicieron lo que quisieron conmigo en ese tiempo. Yo me acuerdo de mí misma más atrás y me tengo lástima”.

El perfil psicológico del personaje repite esquemas habituales entre los hombres que han alcanzado lo más alto en sus carreras profesionales. Nadie tiene derecho a impedir que se cumpla su voluntad. Este perfil que escribe Elena Cabrera recoge lo que de él dijeron las personas que le conocieron cuando ya era una estrella incontestable. Alguien que exigía a sus mujeres –entiéndase esta palabra en un sentido muy amplio– una sumisión absoluta, que se anularan como personas para satisfacer sus deseos. Eso incluía no hablar ni relacionarse con nadie más. El secreto es uno de los elementos que refuerzan la impunidad.

El artículo cita una frase de alguien tan conocido como Isabel Preysler, una mujer que fue su esposa y que es indudable que eligió después su propio camino: “Su excesiva protección y vigilancia me aisló del mundo. Hay días en los que tenía la sensación de estar casi asfixiada”. ¿Qué les podía pasar a las mujeres que no estaban en condiciones de decir 'no', que trabajaban para él y que necesitaban ese empleo?

“Yo pude decir 'no' y, hasta cierto punto, él respetó ese 'no'. Pero hubo chicas que no pudieron decir 'no'. Y él hizo lo que quiso con ellas”.

Entrar en el mundo de Julio Iglesias suponía que esas mujeres se vieran forzadas a anularse a sí mismas. Vaitiaré, la actriz tahitiana que inició su relación con él con 18 años en 1982, lo contó también en sus memorias: “A veces me pregunto dónde dejé mis sueños. Me he convertido en tu muñeca de trapo, a veces pienso que la gente no alcanza a verme, siento que las miradas me atraviesan para enfocarse en ti, como si yo fuera de cristal, translúcida”. Sólo tenía valor como pareja del cantante y eso incluía tener que rechazar cualquier oferta de trabajo. 

Detrás de su fama, no estaban sólo sus canciones. En apoyo de toda gran estrella de la música, hay un marketing que refuerza sus principales valores. Incluso los comentarios que hacen otros, no siempre elogiosos, sirven para apuntalarlos. Hasta la supervivencia de Keith Richards, contra todo lo que pueda prever la ciencia médica, ha servido para aumentar la admiración de sus fans. En el caso de Iglesias, la construcción de la imagen del astro de la canción romántica se basaba en insistir en su fama de seductor. Era el paradigma del varón latino arrebatador que no tenía que hacer ningún esfuerzo para llevarse a una mujer a la cama. 

“Yo, con muchísima vergüenza, no dejo que me toque mucho, siento que me toca y que no quiero. Él me quitaba la mano de la vulva, pero yo enseguida la ponía nuevamente”.

Con 77 años, la edad en la que se produjeron los hechos denunciados, ya no podía aspirar a jugar el papel de 'latin lover'. Es ley de vida. No es que eso ayudara a cambiar su conducta. Más bien lo hacía todo más deplorable. “A esa casa hay que llamarla la casita del terror porque es un drama, una cosa horrible”, ha dicho una de las denunciantes sobre la residencia de Punta Cana en República Dominicana.

Él no lo ve así. Después de negarse a dar su versión tras repetidas peticiones de este diario, el viernes difundió un comunicado de tres párrafos con el que negó las acusaciones: “Niego haber abusado, coaccionado o faltado el respeto a ninguna mujer”. Esto último es difícil de creer después de ver todas las imágenes de programas de televisión a lo largo de los años en las que se le ve besando en la boca a mujeres que ni esperaban ni querían pasar por ese trago. 

“Él una vez dijo en la cocina, que no sé por qué lo dijo, que por más que nosotras quisiéramos decir algo, nadie nos iba a creer porque no teníamos pruebas de nada”.

No hay relación de poder sin que quien está arriba recuerde a los de abajo cuál es su posición. Él era Julio Iglesias. Las mujeres que estaban a su servicio para lo que él quisiera eran unas don nadie sin su poder e influencia. “Si tú hablas mal de mí, nadie te va a creer”, les decía. Ellas lo sabían. Esa es una de las razones por las que no se atrevieron a denunciarle cuando se produjeron los hechos. Sentirse impotentes ante el abuso, creer que nadie te va a escuchar, favorece el fin de la autoestima.

Por eso, como cuenta Ana Requena, “denunciar a un hombre tremendamente rico y poderoso que ha sido tu jefe cuando eres una mujer que vive en un contexto vulnerable y con pocos recursos económicos es prácticamente una heroicidad”. 

“No es justo que te abusen, te maltraten, te humillen y que esto simplemente no tenga ningún tipo de valor porque tú no tienes dinero o porque tú no tienes el mismo poder que él”.

Ante este tipo de denuncias, es habitual que los cercanos a la persona señalada encuentren todo tipo de razones o excusas para negar los hechos. La propia condición de persona famosa o poderosa es una razón para exculparle, por extraño que parezca. “El abuso no nace de la falta, sino del exceso de poder. No es el deseo insatisfecho, es jerarquía confirmada, la necesidad de comprobar que los límites ajenos son frágiles y que los tuyos no existen”, ha escrito Carmen Lumbierres a cuenta de ese argumento que se reduce a afirmar que los poderosos no tienen problemas para encontrar mujeres que les satisfagan. 

En este caso, se ha producido algo que es casi irrisorio. Algunos de los que han querido defender a Iglesias solo han contribuido a hundir más su reputación. El caso más evidente es el de Ramón Arcusa, amigo suyo y antiguo miembro del Dúo Dinámico. Primero dijo que el cantante daba a todas las mujeres “un trato exquisito, respetuoso”. Como decía antes, las imágenes de los besos robados en televisión no parecían decir eso. Luego, como seguían llamándole televisiones y radios, la cosa fue a peor hasta llegar a un punto de delirio que le descalifica por completo. 

En una entrevista en COPE, se atrevió a relatar su teoría sobre las violaciones continuadas. Sí, porque resulta que tiene una teoría sobre eso. “Es mi teoría: si a ti te violan, al día siguiente vas al hospital y a la Policía, pero si te agreden una noche y otra y una semana y un mes y un año... eso ya se supone que es una relación consentida. En mi opinión, bastante consentida”. Gracias, Arcusa, por desarrollar la teoría de la violación consentida. El amor y otras agresiones consentidas, por el coautor de Quince años tiene mi amor.

“Me agarra los pezones y me los aprieta durísimo. Y yo le digo: ‘¡No, me duele!’, porque no es solamente que te toque, es que te lastima. Me dice ‘es que tienes los pezones grandes’ y sigue como si nada”.

Famosos hablando sobre famosos es una tendencia que alimenta la proliferación de monstruos en la TV. No hay otra manera de definir las intervenciones de Ana Obregón que, entre muchas otras perlas, dijo: “Con la ley esa del solo sí es sí que ha hecho el Gobierno, están todos los pederastas en la calle”. Seguro que sí, en la calle y haciendo cola en la puerta de los colegios esperando su turno. Una presentadora de Antena 3 dejó claro el primer día quién era la auténtica víctima en esta historia: “Imaginamos que es un día difícil para Julio Iglesias”. Hay aliados que son peores que el enemigo.

En el plano político, era previsible que quien saltara más rápido fuera Isabel Díaz Ayuso para defender al presunto agresor. Nunca desaprovecha la oportunidad de tomar el camino por el que cree que circulan los votantes de extrema derecha. Ya lo hizo con Plácido Domingo, al igual que otros preparados siempre para atacar a los medios de comunicación y a las feministas. Desde luego, ni Ayuso ni los demás cambiaron de versión cuando el tenor pidió perdón a las mujeres que lo denunciaron.

Otras reacciones hay que tomarlas con un cierto grado de compasión. Makoke, que tuvo una relación con él hace muchos años, lo definió como un “gentleman” y se confesó maravillada por la experiencia: “Era todo como Pretty Woman sin que yo fuera una prostituta” (muy apropiada esa última aclaración). 

No hay impunidad sin defensores de la impunidad que se apresuran a dar su opinión cuando una mujer acusa a un hombre de un delito sexual. Seguro que lo ha hecho por dinero o por venganza, dicen. Se diría contra toda evidencia que estos delitos son tan poco frecuentes que tiene que haber un motivo sospechoso cuando se desvelan. Lo más habitual es dar la vuelta al debate y convertir al agresor en víctima y a la denunciante en la auténtica culpable. “Ponen en duda el testimonio de las víctimas, que mienten siempre, resentidas, envidiosas, interesadas, frías y calculadoras”, escribe Najat El Hachmi. “La maldad intrínseca de la mujer sigue bien viva y más si es pobre y es de uno de esos países paradisíacos que tan bien les vienen a los millonarios colonizadores”.

Contra esas opiniones se ha levantado el trabajo de nuestra redacción, específicamente el de Elena Cabrera y Ana Requena en los artículos principales de la exclusiva, así como el de María Ramírez, Natalia Chientaroli, Raquel Ejerique, Izaskun Pérez y periodistas de Univision en las tareas de comprobación de datos y edición. A ellas debemos agradecerles que hayan dado voz a mujeres que años atrás pensaban que habían quedado abandonadas a su suerte. Ahora no están solas.

Carnaval motero

Feijóo, 'nasío pa' matar en la carretera.

Para finalizar una imagen con la que hacer unas risas. Alberto Núñez Feijóo estaba en Valladolid el viernes y se acercó a la concentración de moteros de Motauros. Se compró una chupa en un puesto y se la puso para hacerse una foto subido a una moto. No para conducirla. Que se sepa, ni conduce motos ni tiene carné. Pero tocaba disfrazarse porque el carnaval está al llegar. Por qué pensarán algunos políticos que les beneficia aparentar lo que no son. 

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