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CRÓNICA

El Sánchez diabólico que se comerá a la democracia y a los niños

Sánchez en un acto en Moncloa el 21 de febrero.
23 de febrero de 2026 22:45 h

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Sí que es todo un regalo de aniversario. Al cumplirse 45 años desde el golpe de Estado del 23F, Pedro Sánchez ha anunciado la desclasificación de los documentos secretos relacionados con los hechos de 1981. Aparecerán este miércoles en la página web de Moncloa. La medida es inesperada y nos recuerda las discusiones en Moncloa en las que los asesores pensaban en decisiones de impacto que no obligaran a realizar una votación en el Congreso.

La desclasificación, solicitada por la izquierda desde hace décadas, tiene más que ver con la debilidad del Gobierno de Sánchez que con su buena salud. Sale adelante porque solo necesita la voluntad del presidente del Gobierno para hacerse efectiva. Aprobar una nueva ley de secretos oficiales que sustituya a la originada en el franquismo resulta un empeño más complicado. Sánchez se ve cada vez más forzado a aceptar lo posible antes que lo deseable.

Y, sin embargo, a pesar de esta vulnerabilidad, no hay semana en que la derecha no anuncie otro plan diabólico de Sánchez para acabar con la democracia en España. A veces esos avisos macabros los hace gente que ya había anunciado tiempo atrás el fin del Estado de derecho, por ejemplo con la ley de amnistía. Se ve que luego resucitó de alguna manera y que Sánchez vuelve a intentar finiquitarlo.

Nunca hay déficit de periodistas de derecha dispuestos a revelar estos planes siniestros. Bien con sus propias ideas, bien con las del Partido Popular. Ese Fu Manchú del autoritarismo está dispuesto a todo y carece de principios o límites que puedan frenarlo. Luego resulta que ni siquiera consigue que el Congreso ratifique el decreto del escudo social –Junts ha anunciado que votará en contra–, pero columnistas y tertulianos lo ven como un ente todopoderoso.

Es difícil conseguir tanto drama como con la hipótesis que planteó la semana pasada El Confidencial. Citando fuentes anónimas del PP y dándoles la credibilidad suficiente como para publicar el artículo, el autor escribe que Sánchez estaría planeando el shock institucional definitivo: “Quiere que en las próximas elecciones empiece un proceso que acabe con él presidiendo la III República”. Y con esa presidencia, obtendría “la inviolabilidad” que le libraría de sus problemas con la justicia.

Con esta noticia, por abracadabrante que parezca, el PP consigue que El Confidencial compre su relato por el que hay posibilidades reales de que Sánchez acabe en el banquillo de los acusados, como no dejan de repetir sus diputados en el Congreso y ahora también Feijóo.

Al menos según las encuestas, Sánchez y el PSOE no tienen muchas opciones de sobrevivir a las próximas elecciones. Se supone que la hipótesis se basa en que el presidente pondría sobre la mesa un referéndum sobre la República como forma de movilizar a su electorado.

“Los requisitos legales para conseguir tal cosa son inalcanzables incluso para Pedro Sánchez”, dice el propio artículo por los conocidos obstáculos legales y políticos existentes para reformar la Constitución. Sólo esto ya serviría para desdeñar este ejercicio de futurología, pero no es suficiente. “Sánchez es capaz de todo”, dice el mantra del PP. Y, por tanto, cualquier teoría es posible.

José Antonio Zarzalejos dice que el artículo “llega a conclusiones nada improbables”. Si lo dice el PP en voz baja sin que nadie se atreva a poner su nombre en estas elucubraciones, será que es cierto. No es de extrañar si Zarzalejos, antaño paradigma de la derecha no enloquecida, crea ahora que “el sanchismo es irreversible”, como si fuera una condena que la humanidad arrostrará durante décadas, y que “en algunos aspectos la Constitución está herida de muerte”.

Si fuera así, la Carta Magna española sería un cúmulo de desperdicios políticos que puede ser anulada sólo con que el Gobierno no vea aprobado su proyecto de presupuestos. Afortunadamente, no es el caso.

Otro experimento prospectivo es el que Jesús Cacho plantea en Vozpópuli en términos apocalípticos. “Cada día más gente convencida de que el autócrata no convocará (elecciones) ni siquiera cuando está obligado a hacerlo a poco que tenga alguna posibilidad de seguir adelante invocando un grave problema de orden público, una alteración de la paz social, una crisis internacional, una gran catástrofe natural, etc.”. Claro, no ha habido crisis de este tipo en los últimos años y nadie se ha planteado medidas excepcionales, más que las utilizadas en todo el mundo para contener el avance del coronavirus.

Es una versión aún más demente de la idea de que Sánchez es capaz de todo. Instalas ese prejuicio en la mente de la gente y a partir de ahí el cielo es el límite. ¿La Constitución? Herida de muerte, casi agonizando. ¿Las elecciones? Ya veremos si se celebran. Sánchez no lo permitirá.

El Partido Popular pone lo necesario de su parte. Para suscribir la idea de Feijóo de que España “se está cayendo a pedazos”, se le ha ocurrido acompañar a Vox en su denuncia sobre el estado de las presas. No es suficiente con decir que se necesita invertir más fondos en esa infraestructura, una aspiración siempre legítima. Hay que meter más miedo con un escenario de pesadilla, la posibilidad de que algunas de ellas se derrumben y provoquen una tragedia. “La seguridad de los españoles no está garantizada”, dice el PP. Todo ello se hace además haciendo lo posible para ignorar las consecuencias del cambio climático en la mayor frecuencia de las tormentas de grandes dimensiones, no sea que Vox se enfurezca con el PP.

La falta de mayoría absoluta en el Congreso, el balance nada entusiasta de la primera mitad de la legislatura, el desgaste por siete años y medio de Gobierno, la gran erosión de credibilidad que supone para Sánchez las investigaciones judiciales de Ábalos y Cerdán... todos esos factores contribuyen a hacer más evidente la vulnerabilidad del presidente y de su Gobierno. Nada está escrito hasta que comience la campaña de las próximas elecciones generales, como se vio en 2023, pero las circunstancias actuales no pueden ser peores para Sánchez.

La derecha política y mediática sólo tendría que dejar pasar el tiempo confiando en que el Gobierno ha llegado a un punto de no retorno y que todas las nuevas noticias que aparezcan irán en la misma línea negativa. Pero no pueden esperar. Están aquejados por un estado permanente de ansiedad para el que no existe medicación. No puede ser que Sánchez no sea más que un gobernante al que se le han acabado la suerte o las ideas. Tiene que ser un genio del mal que nos arrastrará al abismo mientras se oye su risa maléfica.

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