Trump, métete con alguien de tu tamaño
Después de la pandemia, el volcán, la Dana y el apagón, a Pedro Sánchez solo le faltaba un ataque de Estados Unidos para así pasar a la historia como el presidente más accidentado. No: aunque con Trump todo es posible, Estados Unidos no va a bombardear Madrid, ni los Delta Force van a sacar a Sánchez de Moncloa, como fantasea la ultraderecha haciendo vídeos de IA. Pero sin llegar al extremo de un ataque militar, Trump tiene muchos otros botones que pulsar y con los que puede hacernos mucho daño. A lo largo del último siglo Estados Unidos ha demostrado su rico repertorio de recursos con los que intervenir países, asfixiar economías, tumbar gobiernos y forzar acuerdos ventajosos para sus intereses.
Dicho a la llana, Pedro Sánchez no tiene ni media hostia frente al abusón de la clase. La desigualdad de fuerzas es enorme, y España no tendría ninguna opción en un enfrentamiento directo con Estados Unidos. Llevamos las de perder, qué duda cabe, lo que hace más valiosa la posición de España frente a la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán. Por eso Sánchez no puede ir solo en este pulso, necesita muchos apoyos.
Para empezar, de la Unión Europea. Como con los aranceles o con Groenlandia, contamos con la fuerza de nuestros socios europeos: si tocan a uno, tocan a todos. Aunque el trumpismo está muy infiltrado en Europa, podemos confiar en no estar solos. Las primeras palabras así lo indican.
Y tampoco puede estar solo en España: para que Sánchez aguante el tipo y no doble la rodilla ante las amenazas, tiene que sentir que esta no es una guerra personal sino que tiene detrás a la ciudadanía. Para aguantar las amenazas y asumir el coste de las posibles represalias, tiene que ser una causa de país. Y aunque las fuerzas sean desiguales, también tenemos nuestras armas: las bases estadounidenses. La de Rota es vital para Estados Unidos en el Mediterráneo, no puede prescindir de ella, y de ahí el enfado de Trump por negarle el uso en su nueva guerra. Si las cosas se ponen feas, tal vez haya que replantear la cesión de nuestro territorio.
Con quien parece que no puede contar el gobierno es con la derecha y la ultraderecha. Ninguna sorpresa en eso. Como pasó en Irak, el PP se ha puesto del lado de la barbarie de Trump y Netanyahu. Al principio dijo que era en defensa de la democracia y los derechos humanos, cosa muy creíble vistos los impulsores de la guerra. Ahora, tras las amenazas de Trump, dicen que están preocupados por los intereses de España y por no sufrir represalias, ni perder la protección de Estados Unidos en caso de agresión (de Marruecos, que es el coco que siempre agitan). Derechita cobarde en materia internacional, eso parece: del lado del abusón, no sea que se revuelva contra nosotros o deje de protegernos.
Estar del lado del gobierno en este pulso no es sanchismo, ni significa apoyarle en todo. Es un asunto de dignidad y decencia, de estar, no sé si “en el lado bueno de la historia”, pero sí del lado de la legalidad, la justicia y el rechazo a la unilateralidad. Y si, como le acusan, Sánchez lo hace por cálculo electoral, también nos vale: alguien tiene que plantarse ante el incendio mundial que están montando Trump y Netanyahu. El que da el primer paso siempre se lleva los golpes, pero es necesario ese primer paso para que otros lo den también. Sin miedo.
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