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INVESTIGACIÓN | El miedo de las mujeres a denunciar a Julio Iglesias
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El miedo de las mujeres a denunciar a Julio Iglesias: “Él siempre decía: nadie te va a creer”

No te van a creer

Ana Requena Aguilar / Marta Borraz / Elena Cabrera

15 de enero de 2026 22:31 h

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“Él siempre decía: 'si tú hablas mal de mí, nadie te va a creer'. Porque él era Julio Iglesias y tú eras don nadie”. Laura, una de las mujeres que ha roto el silencio sobre Julio Iglesias y que ha denunciado al cantante ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional, cuenta cómo el cantante les hizo comentarios sobre lo que pasaría si ellas decidían hablar sobre él: nadie les creería. Lo mismo relata Rebeca, la otra mujer que ha denunciado a Iglesias: “Él una vez dijo en la cocina, que no sé por qué lo dijo, que por más que nosotras quisiéramos decir algo, nadie nos iba a creer porque no teníamos pruebas de nada”.

Rebeca y Laura no son los nombres reales de estas dos mujeres, sino pseudónimos bajo los que elDiario.es y Univision Noticias han protegido su identidad. Periodistas de ambos medios de comunicación se pusieron en contacto en repetidas ocasiones y por diferentes vías con Julio Iglesias y con su abogado, sin obtener respuesta a las preguntas enviadas por email, mensajes telefónicos y cartas a sus residencias.

El miedo a no ser creídas es uno de los factores que hace que las víctimas callen. Lo explica la experta en violencia sexual Bárbara Tardón: “Uno de los elementos clave es el descrédito hacia las víctimas, hacernos creer a las mujeres que somos mentirosas y que nadie nos va a creer. Ante un escenario en el que la persona más poderosa goza de una inmensa impunidad te está diciendo que nadie te va a creer. Frente al poderoso, es imposible. Por eso una de las claves es creer siempre a las víctimas. Sabe que decirles eso es un arma para seguir manteniendo una situación de impunidad, es amenazarlas con el descrédito”.

Laura relata que Iglesias la “ofendía”. “Siempre me decía que yo era una bruta, que yo no sabía, que yo era una boluda. Y de tanto que te lo dice, llega un punto donde tú te lo te lo empiezas a creer, o sea, empiezas a cuestionarte”. Esa sensación, prosigue, se agravaba por el aislamiento. “Como no tienes a nadie con quien hablar, porque otras cosas que él te dice en el primer encuentro es que no puedes hablar con nadie, que no puedes hacer amistades con nadie, que tu único amigo es él, no puedes tratar a las del servicio, no puedes tratar a las otras chicas que trabajan con él... o sea, todas son tus enemigas y tu único amigo es él, con el único que puedes hablar es él”, agrega.

Eso hacía –prosigue– que se creara un ambiente “incómodo” en el que las mujeres no sabían cómo comportarse: “Si puedes hablar, no puedes hablar, si puedes tratar o no a la otra persona”. “Él se encargaba de inculcar el miedo dentro de las personas”, algo que hacía que las otras chicas no se sintieran en confianza para compartir lo que les pasaba, dice sobre el clima que se vivía dentro de las casas.

“Sin opción a decir que no”

Las denunciantes describen un escenario en el que se sentían “empujadas” a hacer cosas que no querían hacer “sin opción a decir que no”, como asegura Rebeca en una de las entrevistas. Las expertas explican que detrás de esa sensación confluyen todo un “conjunto de factores” que explican por qué, como en otras muchas situaciones de abuso o violencia sexual, las víctimas se ven paralizadas y sometidas aunque no se use la violencia física para retenerlas. Elementos que son a veces difíciles de entender incluso para las propias mujeres, que suelen tener muchos sentimientos de culpa por lo ocurrido.

La investigadora especializada en violencia sexual, Bárbara Tardón, califica de “imposible de obviar” la “desproporcionada situación de desigualdad” entre el cantante y las extrabajadoras, que eran jóvenes, empleadas domésticas en régimen interno y que necesitaban el trabajo. “Está en una situación de desventaja y limitación de toma de decisiones porque su jefe es alguien con un poder y capital simbólico que le hace casi intocable”, añade Tardón, que califica de “factor clave” el miedo a las consecuencias y “a lo que alguien así podría hacer con ellas” si hubieran dicho que no.

Porque, según sus testimonios, las mansiones eran lugares dominados por un clima de control en el que Iglesias marcaba unas férreas normas y las extrabajadoras debían obedecer “para que él no saltara o insultara”, según reveló Rebeca. “Vive recordándote cuáles son las reglas, qué puedes hacer y qué no”, decía Laura, otra de las mujeres entrevistadas que han denunciado a Iglesias. “Ellas ya han comprobado que quien tienen delante es alguien que no va a respetar esa negativa sino que puede volverse más violento si eso ocurre. ¿Cómo van a confiar en que no les va a pasar nada si se van si ya han vivido que ha rebasado todos los límites?”, esgrime la psicóloga Olga Barroso.

La experta habla también de “manipulación” y una atmósfera de “coerción” que puede acabar envolviendo y atrapando a las víctimas. “Se convierte en una situación traumática porque, en estos casos, lo que están viviendo se escapa a toda lógica y es inesperado. Ellas en ningún momento se esperan que su empleador, que además es alguien famoso y admirado, les agreda. No les da tiempo a pensar ni a reaccionar y más traumático es cuanto más incontrolable e impredecible es el agresor”, sostiene la psicóloga, que alude a que “la respuesta más frecuente” ante este tipo de situaciones “es que el cerebro se congele y se paralice”, más aún si las conductas son impuestas por varias personas, como aseguran las extrabajadoras que ocurría con algunas de las jefas del servicio.

Tardón suma también el factor de las condiciones en las que trabajaban como elemento que “podía limitar” la posibilidad de que salieran de allí. “Son trabajadoras internas que apenas pueden salir, desconocen quién va a poder acompañarlas o a quién acudir y quién las va a creer. Es una situación de mucho aislamiento”, dice la experta haciendo referencia a algunas de las normas que, según los relatos, imponía Iglesias y que tenían que ver con el control y la revisión de sus móviles, de lo que comían y cuánto pesaban o la imposibilidad de tener pareja.

Por último, las expertas mencionan otro de los elementos que, de acuerdo con Rebeca y Laura, utilizaba el cantante para evitar que dejaran el empleo, algo que la primera de ellas intentó “tres o cuatro veces”. Y es que, entre pregunta y pregunta sobre su cuerpo, Julio Iglesias le sonsacaba información sobre su vida, su familia o sus deseos y sueños de futuro, algo que el cantante y las encargadas de la mansión “usaban” en su “contra” cuando anunciaba su intención de irse. “Decía: no te puedes ir, piensa en tu futuro, en la casa que tú le quieres hacer a tu papá”.

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