Trump entra en el momento más crítico de su presidencia con el ataque a Irán
Los bombardeos sobre Irán han asesinado a más de 165 niñas en una escuela. Y han acabado con la vida de la cúpula dirigente de Irán, empezando por su líder supremo, Alí Jamenei. El presidente de EEUU, Donald Trump, está apostando a que todo eso provoque una revuelta popular que tumbe al Gobierno de los ayatolás, sin siquiera perder el tiempo en el relato de sobredimensionar una hipotética amenaza de Teherán, porque hasta los servicios de información estadounidenses afirman que esa hipótesis no se daría antes de 2035.
Pero Irán es un país de 90 millones de habitantes que lleva 47 años siendo una República Islámica y el colapso de ese régimen a través de las bombas de Israel y EEUU no necesariamente alumbrará una gobernanza amiga de Washington o Tel Aviv.
La decisión del presidente de EEUU, azuzado por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, la debilidad de Irán y la oportunidad de descabezar el régimen cruza numerosas líneas rojas: las de Trump, que prometió priorizar EEUU –America First– y no meterse en guerras internacionales; y la de la política exterior de EEUU, que nunca se atrevió a atacar de esa manera a Irán.
Pero el presidente de EEUU ha acelerado en el uso devastador de su poderío militar con la ilusión de lograr un “cambio de régimen” desde el aire, y después de dos días de ataques ya empiezan a registrarse las primeras víctimas estadounidenses. Según ha reconocido el Mando Central de EEUU en un mensaje en X, “tres militares estadounidenses murieron en combate y cinco resultaron gravemente heridos en el marco de la Operación Furia Épica. Varios otros sufrieron heridas leves por metralla y conmociones cerebrales, y están en proceso de reincorporarse al servicio”. El mensaje no precisa las circunstancias o el lugar de las muertes.
De acuerdo con las encuestas, la aprobación de Trump se encuentra en mínimos, en un 40%, con el 60% suspendiendo su gestión. Y en el caso concreto de un ataque a Irán, según una encuesta de Politico realizada en enero, casi la mitad de los estadounidenses, un 45%, dijo que EEUU no debería emprender acciones militares en Irán; y menos de un tercio, un 31%, afirmó que sí debería hacerlo. Una encuesta de Economist/YouGov realizada el fin de semana pasado, por su parte, muestra también una amplia oposición pública a la acción militar en Irán.
Y buena parte de esa oposición no solo viene de los demócratas que están impulsando que se vote esta semana en el Congreso una resolución sobre poderes de guerra para frenar los bombardeos sobre Irán, sino también de los MAGA que se creyeron el lema de America First, como los antiguos aliados de Trump Marjorie Taylor Greene, ex congresista republicana por Texas, y el comentarista Tucker Carlson, así como todo el mundo ultra que acusa a la Administración estadounidense de estar tutelada por Israel.
Sin apoyo de la ciudadanía, sin apoyo del Congreso, sin alianzas políticas y con la comunidad internacional en alerta, Trump se adentra en un territorio desconocido y de consecuencias impredecibles, Y lo hace, además, una semana después de que el Tribunal Supremo de EEUU le parara los pies por extralimitarse en la aplicación de los aranceles globales. Una decisión que encendió al presidente de EEUU hasta el punto de insultar a los seis jueces que consideraron ilegal usar la ley de emergencias internacionales para desatar guerras comerciales, y de redoblar la presión sobre ellos ante un próximo fallo que puede suponer otro varapalo para Trump: el del caso de la nacionalidad por nacimiento, sobre la que el presidente de EEUU firmó un decreto nada más tomar posesión para acabar con ella.
Las bombas sobre Irán han caído, también, después de que se supiera que el Departamento de Justicia ha ocultado algunos archivos de Jeffrey Epstein relacionados con las acusaciones de que Trump abusó sexualmente de una menor, según una investigación realizada por la radio pública estadounidense, NPR. Según la NPR, el departamento dirigido por la fiscal general, Pam Bondi, también eliminó algunos documentos de la base de datos pública en los que las acusaciones contra el depredador sexual mencionan a Trump.
Entre los archivos que no se han hecho públicos a pesar de que existe una ley que obliga a su divulgación se encuentran más de 50 páginas de entrevistas del FBI y notas de conversaciones con una mujer que acusó a Trump de abuso sexual hace décadas, cuando ella era menor de edad. La desaparición de esos documentos ha sido denunciada por los demócratas en la Cámara de Representantes.
La baja popularidad de Trump también tiene que ver con su incapacidad para rebajar el coste de la vida, entre otras cosas por los efectos de su política arancelaria. Así, el último trimestre de 2025 se cerró con un crecimiento menor del esperado en EEUU por el cierre de la Administración durante 43 días por la falta de acuerdo para prorrogar las cuentas de Trump, unido al efecto de los aranceles, la incertidumbre en el consumo, junto con los efectos de la represión migratoria y el debilitamiento del mercado laboral en una economía sobre todo impulsada por los mercados de valores relacionados con las empresas de IA y centros de datos. Así, el crecimiento económico EEUU se ralentizó hasta el punto de que el Producto Interior Bruto del país aumentó a una tasa anual del 1,4% en el cuarto trimestre, según informó el Departamento de Comercio, por debajo del 4,4% registrado en el trimestre julio-septiembre y del 3,8% del trimestre previo.
Pero no solo: la represión migratoria está siendo excesiva hasta para los trumpistas, por mucho que la Administración Trump quisiera disfrazar de terroristas internos a Renée Good y Alex Pretti, asesinados por agentes federales en Minneapolis en enero pasado. Hasta tal punto se ha sentido ese rechazo en la Casa Blanca, que Trump ha decidido replegar al ICE de Minnesota, por mucho que haya encomendado a JD Vance ponerse al frente de una investigación sesgada sobre el uso de fondos públicos en estados demócratas y amenazar con suspenderlos.
El presidente de EEUU dijo este sábado que los bombardeos durarían varios días, y por la noche amenazó a Irán con ser más terroríficos si Teherán respondía con dureza al asesinato de Jamenei en la línea de lo anunciado por la Guardia Revolucionaria iraní. Pero este domingo, parecía reconducir algo su tono, abonando también la hipótesis de que los ataques están haciendo moverse a las nuevas autoridades iraníes.
“Quieren hablar, y yo he aceptado hablar, así que hablaré con ellos”, ha dicho el presidente de EEUU a The Atlantic: “Deberían haberlo hecho antes. Deberían haber dado lo que era muy práctico y fácil de hacer antes. Han esperado demasiado”. Preguntado por si la conversación con Irán tendría lugar este domingo o lunes, Trump responde: “No puedo decírselo”.
El presidente de EEUU, además, ha señalado que algunos de los iraníes que participaron en las negociaciones en las últimas semanas habían sido asesinados en los ataques: “La mayoría de esas personas ya no están. Algunas de las personas con las que tratábamos ya no están, porque fue un gran golpe. Podrían haber llegado a un acuerdo. Deberían haberlo hecho previamente. Se pasaron de listos”.
Trump está entrando en el momento más crítico de su presidencia con el ataque a Irán: con los primeros soldados muertos, las encuestas por los suelos, la base republicana dividida, sin una salida clara a la situación y con dudas de que se pueda lograr un “cambio de régimen” desde el aire, por mucho que se consigue el colapso de ese régimen.
6