Qué ver en Sucre: Un paseo por La Recoleta y la senda de los Dinosaurios

La potencia patrimonial de Sucre es tal que es imposible abordar su magnífico casco histórico en una sola jornada; aún más si has aprovechado la primera ruta callejera para entrar en alguno de los museos que se apelotonan en torno a la Plaza 25 de mayo. En esta segunda jornada de paseo (marcada con iconos de color violeta en el mapa) nos vamos a concentrar en la zona más alejada del casco histórico, pasaremos por algunos de los hitos de los primeros tiempos de la República y terminaremos saliendo de la ciudad para ver el museo más visitado de Bolivia. Y vamos a empezar el paseo en el otro extremo de Sucre: la Plaza de la Libertad y la Calle Pilinco.

Nos damos un pequeño paseo para ver los grandes edificios cívicos vinculados con el proceso de Independencia y la construcción de la República sobre los cimientos virreinales. El Hospital de Santa Bárbara (Destacamento, 111) fue fundado en 1551 y fue el primer hospital de la historia de Bolivia. Es el gran edificio histórico que domina el bonito paisaje urbano de la Plaza de la Libertad junto a uno de los templos de la mentalidad burguesa republicana del siglo XIX: El Teatro Gran Mariscal (Plaza de la Libertad, sn). El otro punto de interés de esta zona es la Calle Pilinco donde puedes ver el edificio del Tribunal Superior de Justicia de Bolivia y la sucesión de arcos de triunfo que adornan el límite sur del Parque Simón Bolívar.

El barrio de Surapata.- Al final de la céntrica Calle Loa un pequeño arco de mampostería y metal marca el límite entre el centro histórico y el barrio de Surapata. El trazado en cuadras rectilíneas de la ciudad virreinal se torna caótico con curvas imposibles, cuestas, callejones… Este contraste también queda de manifiesto en sus casas humildes, algunas varias veces centenarias. Aquí vivían las clases populares de los tiempos del Virreinato; mayoritariamente de origen indígena (aunque la nobleza originaria compartía espacio con la criolla) aunque también artesanos y gentes de condición humilde de todos los rincones del imperio.

La Iglesia de San Sebastián (Junin, 222) es el ‘gran monumento’ del barrio. Es la segunda más antigua de la ciudad (1539) y se la conoce como ‘la iglesia del pobre’ debido a su función de evangelización de la población aborigen. Un dato: está dedicada a la Virgen de la Candelaria, una imagen mariana de carácter astronómico ya que se vincula a la estrella Canopo. En las culturas andinas, esta estrella recibe el nombre de ‘Laram Ururu’ y se identifica como una deidad protectora de los ganados. Nada es casualidad. Desde la iglesia sumérgete en las callejuelas de la zona alta a través de las escaleras de la Calle Urcullo. ¿Merece la pena ir al Mercado Negro? Sinceramente, desde nuestra perspectiva creemos que no vale la pena más allá del bullicio y el ambiente local.

La Recoleta, un pueblo dentro de Sucre.- Apenas bastan quince minutos de paseo tranquilo para cubrir la distancia que media entre la Plaza 25 de mayo y el bonito Convento de La Recoleta, que marca el extremo sur del casco histórico de Sucre (la mejor opción son las escalinatas de la Calle Miguel Grau). En los tiempos en los que la ciudad seguía llamándose Chuquisaca esta zona de la ciudad era en realidad un pequeño núcleo de población de casas chiquitas y humildes arremolinadas sin mucho orden ni concierto en torno al precioso Convento de la Recoleta. A la zona se la conoce desde el siglo XIX como Callejón de Los Gatos (los nombres de las callejas tienen al gato como protagonista -Gato Blanco, Gato Negro, Gato Pendenciero-), aunque tradicionalmente el lugar se le conocía como Seke Rancho.

Este antiguo barrio popular de artesanos y trabajadores manuales que se asentaron aquí al socaire del convento franciscano que se fundó a finales del siglo XVI y se convirtió en una especie de refugio para los sectores populares. El Convento de La Recoleta (Dalence, 719) es una pequeña joya que, aunque huye de la magnificencia de las grandes iglesias del centro de la ciudad es un muy buen ejemplo de la arquitectura virreinal de los primeros tiempos, cuando se rastrean esos últimos coletazos de los maestros de la Edad Media y los primeros de los arquitectos renacentistas. El museo del convento es muy bonito y merece la pena verse.

El otro gran atractivo de esta zona elevada es la Plaza Pedro de Anzurez y su espectacular Mirador Porticado desde donde puedes ver casi toda la ciudad. Si tienes más ganas de museos y lugares de interés histórico tienes dos hitos importantes: El Palacete del Guereo (Avenida del Ejército) es un ejemplo de arquitectura ecléctica del siglo XIX y hoy alberga un centro cultural. El Museo de Arte Indígena (Pasaje Iturricha, 314) es un tesoro escondido y poco conocido centrado en el universo estético y simbólico de los textiles indígenas. Es un museo precioso de ver.

Ir hasta el Parque del Cretácico (Carretera Cochabamba km 5).- Este centro nacional es de los museos sobre dinosaurios más curiosos que hemos tenido la suerte de visitar. Más allá del uso ‘naif’ de la tipografía de la película Parque Jurásico para los carteles y los paneles, aquí te vas a encontrar muy buenas reproducciones de fósiles y de los propios bichos en tamaño real. Pero la joya de la corona es una gran cantidad de huellas impresas en el Cerro Cal'Orcko, una de las mejores colecciones de huellas de este tipo del mundo. En este antiguo fondo de laguna que hoy es un risco casi vertical se han preservado más de 12.000 impresiones que, según los expertos, corresponden a más de 260 especies diferentes. Este yacimiento es el más importante del mundo en su especie y ha servido para determinar la gran riqueza ecológica de los últimos momentos del reinado de estos lagartos terribles ya que su datación ronda los 68 millones de años. Este es el centro museístico más visitado del país. La mejor opción para llegar hasta aquí es el ‘Dino Bus’ que sale desde la Catedral a las 11.00 horas (para llegar a tiempo a la visita guiada a las huellas).

Fotos bajo Licencia CC: Dan Lundberg; jipe7; Peter Collins; Jim McIntosh; Jared Yeh; Benjamin Dumas