Un viaje por Lago Ohrid: Un paseo por los orígenes de la cultura eslava en uno de los refugios del lince balcánico

Recorrer las orillas del lago desde la ciudad de Ohrid hasta su extremo sur es una experiencia viajera de las que ya no se encuentran en el viejo continente. Aquí todo es auténtico. Nada está trillado y se agradece mucho. Estamos en un entorno bellísimo. Pero al mismo tiempo recorremos un lugar de gran importancia histórica que ha definido la idiosincrasia de toda la región balcánica. Estamos, al mismo tiempo, en una de las fronteras norte de la cultura grecorromana y en la frontera sur del mundo eslavo. A lo tondo, este es el lugar donde empezó a escribirse en lengua cirílica. Algo que no es poca cosa.

Este espejo de agua tiene casi 400 kilómetros cuadrados y está enmarcado, en su orilla macedónica, por la imponente mole del Monte Galicica, un pequeño paraíso natural donde se refugian los últimos osos y linces del país. Y al mismo tiempo podemos ver viejos fortines romanos, aldeas prehistóricas, pueblecitos de pescadores, restos de la guerra fría y viejos monasterios ortodoxos. Todo esto en los escasos 40 kilómetros que median entre las últimas casas de la ciudad de Ohrid y la frontera con Albania (ver iconos de color violeta en el mapa). Y todo esto sin hordas de turistas. Cosa que se agradece. Y por eso el Ohrid tiene una cierta aura de lugar primigenio. De lugar intacto aunque Macedonia del Norte se esté convirtiendo en uno de los países de moda del momento. Y con razón. Porque hay mucho que ver.

El Museo de la Bahía de los Huesos (Acceso por P-501).- A lo tonto estamos ante uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Los Balcanes y del Este de Europa. Y como es costumbre en esta parte del mundo, la propuesta museística es simplemente brutal. Aquí se encontraron los restos de una antigua aldea de palafitos datada a caballo entre el final de la Edad del Bronce y el inicio de la Edad del Hierro (entre el 1200 y el 700 AC) situada a poca distancia de la costa. Aquí se encontraron más de 6.000 pilotes de madera que sostenían un poblado elevado que según los expertos llegó a tener unos 8.500 metros cuadrados. Hoy podemos ver un museo muy bien montado con una gran cantidad de piezas recuperadas del fondo del lago y una pequeña muestra de lo que debió ser el lugar con una reproducción muy bien lograda de una veintena de casas de madera y adobe con ajuares muy completos. En los alrededores de la zona también puedes ver los restos de una fortificación romana muy bien conservada. Este lugar es una muestra de la ocupación de las riveras del lago a lo largo de los milenios.

Trpejca y la Iglesia de la Santa Madre de Dios.- Pueblo divino. Apenas un centenar de casas a orillas del lago con una de las postales más bonitas de toda la ruta. Las casitas de piedra se acercan a pocos metros del agua que se encuentra con la tierra a través de playas de guijarros, pequeños acantilados y densas masas de bosque. Una maravilla. El pueblito es un destino vacacional muy apreciado y abundan los alojamientos. Y más allá de ‘la playa’ Trpejca tiene su ‘gran monumento’. Desde el aparcamiento de un camping que hay en el extremo sur del pueblo (ver mapa) parte un sendero que va hasta el antiguo Monasterio de Zahumska, una comunidad monacal fundada en el siglo XIII. En su iglesia puedes ver frescos de inspiración bizantina del siglo XIV. En medio del camino se encuentra la Cueva de San Nicolás, una iglesia rupestre en la que puedes ver más pinturas del siglo XIV. Otro atractivo de Trpejca es acercarte hasta la Cueva de Krstova, una curiosa cavidad kárstica con increíbles formaciones de estalactitas y estalagmitas.

Subir al Parque Nacional de Galicica y caminar hasta el Mirador de los dos Lagos.- Pequeño pero intenso. La entrada a este espacio natural se encuentra a pocos kilómetros de Trpejca y ofrece una experiencia más que recomendable, Los primeros kilómetros de carretera serpentean entre una de las porciones de bosque nativo mejor conservadas de todo el país; un verdadero paraíso natural donde aún viven vecinos ilustres como el Lince Balcánico y el Oso Pardo. El parque se extiende por las laderas del Galicica, una mole de caliza que divide los dos lagos más grandes del país: el Orhid al oeste y el Prespa al este incluyendo bosques, buena parte de las costas de ambos lagos y alturas que se acercan a los 2.000 metros de altitud. No dejes de hacer el pequeño sendero desde el puerto de montaña hasta el Mirador de los dos Lagos. Merece mucho la pena.

Fin de ruta en el Monasterio de San Naum (P-501).- Este lugar es una de las grandes joyas patrimoniales del país y culmina la ruta propuesta desde Ohrid por las riberas del lago (estamos a apenas 30 kilómetros de la ciudad). Este cenobio se fundó a inicios del siglo X por iniciativa del propio San Naum, discípulo directo de San Cirilo e impulsor de la difusión de la doctrina ortodoxa y la cultura eslava por la zona sur de los Balcanes. Para ello eligió un pequeño cantil sobre el extremo sur del lago creando uno de los monumentos históricos más bellos de toda la región. La Iglesia de los Santos Apóstoles original del X fue destruida por los otomanos y la actual se construyó sobre los restos de la anterior en el siglo XV. Eso sí, del periodo primitivo persisten algunas piedras labradas con las muestras más antiguas de alfabeto cirílico de toda la región y la tumba del santo, que es uno de los elementos de devoción nacional más importantes del país.

Más allá de la belleza de la iglesia y las dependencias del monasterio, lo más notable de San Naum es su inmensa colección de pintura religiosa. Los frescos más antiguos datan de esa ‘refundación’ del siglo XV pero las verdaderas joyas del monasterio son sus iconos y el magnífico Iconostasio decorado del siglo XVIII. Esta pared que se sitúa entre los fieles y el altar mayor es una de las señas de identidad de los templos ortodoxos. Y las pinturas e iconos de San Naum son de una gran belleza. En los alrededores del monasterio (que se encuentra apenas a medio kilómetro de la frontera con Albania) se encuentran las fuentes del río Crn Drin, un paisaje sencillamente espectacular. Este enorme surtidor de agua subterránea drena el agua del vecino Prespa (que está 200 metros más alto) y sirve para alimentar el propio Ohrid y el río Drin que corre hacia el Adriático desde el extremo norte del lago.

Fotos bajo Licencia CC: Dan; Hans Põldoja; Игор Миновски; Ava Babili; Herbert Frank; Aleksandar Kolov