Los trabajadores alemanes explotan contra el “apagón” de la industria de automoción
Los trabajadores de la industria del automóvil de Alemania han dicho basta y han salido a la calle para protestar contra la oleada de 150.000 despidos, cierres de fábricas y planes de reducción de costes que están sacudiendo al principal sector industrial del país. Un total de 175.000 empleados han participado en 280 movilizaciones convocadas por IG Metall en centros de producción de fabricantes y proveedores de todo el país en una jornada nacional de acción contra los recortes de empleo y las deslocalizaciones. Pese a la trascendencia, la protesta ha queado en un segundo plano en el país ante el impacto causado por el avance de la extrema derecha en las elecciones de varias regiones alemanas.
El sindicato metalúrgico, el mayor del sector industrial alemán, sostiene que la competitividad de la automoción no se recuperará mediante nuevos ajustes sobre las plantillas, sino a través de inversiones en productos, tecnologías y fábricas. “Los trabajadores de la industria automovilística se oponen a las fantasías de recorte de gastos y deslocalización de los jefes de los consorcios”, señala IG Metall en la convocatoria de las protestas.
La movilización llega en un momento especialmente delicado para el automóvil alemán. Los anuncios de recortes de empleo entre fabricantes y proveedores ya superan los 150.000 puestos de trabajo, mientras la destrucción de empleo comienza a reflejarse también en las estadísticas oficiales. Solo en 2025, la industria automovilística alemana perdió más de 41.000 trabajadores, hasta situar el empleo del conjunto del sector en 731.928 personas, un 5,3% menos que un año antes.
Volkswagen concentra buena parte del conflicto
Uno de los principales focos de tensión es Volkswagen. El grupo prepara el mayor ajuste de empleo de su historia, con un objetivo que puede alcanzar los 100.000 puestos de trabajo eliminados durante esta década. El plan amplía el acuerdo alcanzado a finales de 2024 para reducir unos 50.000 empleos mediante prejubilaciones y bajas incentivadas y contempla además una profunda reorganización de la producción alemana.
La dimensión del ajuste explica en buena medida la movilización de IG Metall. Volkswagen empleaba en 2024 a unas 680.000 personas en todo el mundo, incluidas sus sociedades de riesgo compartido en China, de las que alrededor de 293.000 trabajaban en Alemania. El grupo también estudia reducir su estructura industrial y su oferta de modelos para mejorar la rentabilidad.
El ajuste no se limita a Volkswagen. BMW ha acordado eliminar unos 8.000 puestos de trabajo, principalmente mediante bajas voluntarias en áreas administrativas y de desarrollo, mientras que Ford prevé suprimir 3.000 empleos en Alemania. Mercedes-Benz mantiene también programas de reducción de costes y reorganización de sus estructuras.
Entre los proveedores, el impacto es igualmente elevado. Bosch prevé eliminar alrededor de 13.000 empleos adicionales hasta 2030 en su división de movilidad; ZF prepara hasta 14.000 salidas vinculadas a la transición hacia el vehículo eléctrico; Continental tiene unos 7.100 empleos afectados por su reorganización y Schaeffler prevé otros 4.700 puestos afectados.
El sindicato acusa a los fabricantes de pagar sus errores con los trabajadores
IG Metall considera que los trabajadores no deben asumir el coste de una crisis que, a su juicio, tiene buena parte de su origen en decisiones empresariales. El sindicato acusa a las direcciones de las empresas de haber reaccionado demasiado tarde en ámbitos como los modelos pequeños y asequibles, la digitalización o las baterías, así como de haber descuidado inversiones en tecnologías futuras y centros de producción.
“Competitividad” es precisamente una de las palabras clave de la jornada. Frente a las estrategias de reducción de costes planteadas por numerosos fabricantes, IG Metall defiende que Alemania necesita invertir para conservar su capacidad industrial. “La competitividad no se logra recortando gastos, sino invirtiendo”, sostiene la organización.
IG Metall critica especialmente que, mientras las empresas reducen sus plantillas, algunas planteen incrementar el tiempo de trabajo sin una compensación salarial equivalente. Varias compañías han propuesto elevar la jornada semanal desde las actuales 35 horas hasta las 40 horas, una posibilidad a la que el sindicato se opone.
La patronal mantiene una posición diferente. La presidenta de la Asociación Alemana de la Industria del Automóvil (VDA), Hildegard Müller, ha advertido de que “no podremos mantener abiertas todas las fábricas y proveedores” y ha defendido nuevas reformas para reducir los costes sociales, fiscales, burocráticos y energéticos de producir en Alemania.
El enfrentamiento refleja así una discusión más amplia sobre el futuro del modelo industrial alemán. Los fabricantes afrontan al mismo tiempo la debilidad de algunos mercados, la creciente competencia de los fabricantes chinos, el exceso de capacidad, la transición hacia el vehículo eléctrico y el impacto de los aranceles estadounidenses.
A la presión sobre los costes se suma el deterioro de la posición de los fabricantes alemanes en China, un mercado que durante años fue uno de los grandes motores de crecimiento de Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz. Las marcas locales han ganado terreno con vehículos eléctricos más competitivos en precio y con ciclos de desarrollo más rápidos, mientras los fabricantes europeos afrontan mayores costes de producción.
El problema no es, sin embargo, únicamente tecnológico. La industria alemana mantiene una enorme capacidad de inversión: el sector destinó 43.733 millones de euros a inversiones de capital en 2024 y alcanzó un récord de 59.408 millones en investigación y desarrollo. Pero las inversiones en el extranjero crecieron mientras las realizadas dentro de Alemania descendieron.
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