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    <title><![CDATA[elDiario.es - Era]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Era]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El duelo invisible cuando muere una amiga, un compañero o un novio: "La gente dio por hecho que reharía mi vida"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/duelos-margen-no-valida-dolor-muerte-amiga-companero-animal_1_13581987.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6246bd07-9aec-409b-820d-b4dd286f89be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1265y258.jpg" width="1200" height="675" alt="El duelo invisible cuando muere una amiga, un compañero o un novio: &quot;La gente dio por hecho que reharía mi vida&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La importancia de una pérdida no siempre se corresponde con el lugar que ocupa socialmente la persona fallecida: amigos, compañeros de trabajo, familiares y parejas jóvenes también atraviesan duelos que pueden quedar sin reconocimiento</p><p class="subtitle">Cuando la burocracia después de una muerte no te deja vivir tu duelo en paz</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando ten&iacute;a 20 a&ntilde;os falleci&oacute; uno de los mejores amigos de mi padre, de esos a los que <a href="https://www.eldiario.es/nidos/tia-favorita-figura-importante-ninos-adolescentes_1_12950375.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llamas t&iacute;o</a>. Cuando muri&oacute;, sent&iacute; que el dolor que sufr&iacute;a no me correspond&iacute;a, que mi padre ten&iacute;a reservados todos los derechos sobre su duelo. Solo mis padres me preguntaron qu&eacute; tal estaba y me acompa&ntilde;aron en la p&eacute;rdida, desde fuera creo que me daba hasta verg&uuml;enza decir que estaba mal porque hab&iacute;a muerto un amigo de mi padre&rdquo;. Camila, que ahora tiene 30 a&ntilde;os, recuerda con pena haber sentido que no ten&iacute;a &ldquo;derecho a estar triste&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Elena ten&iacute;a 18 a&ntilde;os cuando muri&oacute; Carlos, su primer amor, con quien hab&iacute;a mantenido una relaci&oacute;n durante tres a&ntilde;os. Aunque siempre ha sentido el apoyo de su familia, cree que su entorno no lleg&oacute; a comprender la dimensi&oacute;n de su p&eacute;rdida, en parte por la juventud de ambos. &ldquo;Se me invalid&oacute; much&iacute;simo por el hecho de ser una chica tan joven que acababa de perder a su novio. La gente dio por hecho que iba a rehacer mi vida&rdquo;, recuerda. Considera que por tratarse de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/adolescencia-sexualidad-dejo-hijo-traiga-pareja-dormir-casa_1_12919390.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una relaci&oacute;n adolescente</a> se dio por hecho que el duelo ser&iacute;a m&aacute;s breve y menos intenso, algo que no se correspond&iacute;a con lo que estaba viviendo. &ldquo;Yo siempre lo he dicho: Carlos es la primera persona de la que me enamor&eacute; y siempre va a ser mi primer amor. La relaci&oacute;n dur&oacute; tres a&ntilde;os y los sentimientos fueron muy intensos&rdquo;, explica. A d&iacute;a de hoy, todav&iacute;a lamenta que ser tan joven hiciera que su duelo se tomara menos en serio.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las p&eacute;rdidas de Camila y Elena son distintas, ambas reflejan c&oacute;mo el reconocimiento social del duelo no siempre se corresponde con la importancia del v&iacute;nculo que se ha perdido. En el caso de Camila, hizo que sintiera que su dolor no le correspond&iacute;a; en el de Elena, aunque la muerte de una pareja suele estar socialmente reconocida, su juventud y el car&aacute;cter adolescente de la relaci&oacute;n restaron importancia a su p&eacute;rdida. Existe, as&iacute;, una especie de jerarqu&iacute;a social en torno a la muerte: mientras que la p&eacute;rdida de un progenitor o de una pareja consolidada tiene un lugar claramente reconocido &mdash;tambi&eacute;n en nuestro vocabulario, con palabras como &ldquo;hu&eacute;rfana&rdquo; o &ldquo;viudo&rdquo;&mdash;, hay otros v&iacute;nculos y circunstancias que ni siquiera se nombran.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se me invalidó muchísimo por el hecho de ser una chica tan joven que acababa de perder a su novio. La gente dio por hecho que iba a rehacer mi vida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elena</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Noelia G&oacute;mez L&oacute;pez, psic&oacute;loga especializada en trauma y apego en la <a href="https://napsicologiaintegradora.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cl&iacute;nica NA Psicolog&iacute;a Integradora</a> habla de la existencia de un &ldquo;term&oacute;metro que mide de alguna manera el dolor o importancia seg&uacute;n la relaci&oacute;n que tenemos con la persona fallecida&rdquo;. Esto hace que la p&eacute;rdida de un hijo la percibamos como devastadora para sus padres &mdash;de hecho, ocupa un espacio en nuestra literatura con obras como <em>Hamnet</em>&mdash;. Sin embargo, &ldquo;la p&eacute;rdida de un t&iacute;o, un hermano o un amigo no suele tener tanto espacio ni reconocimiento emocional en nuestra sociedad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay que cuantificar el dolor por el lugar que ubica en un &aacute;rbol geneal&oacute;gico la persona que hemos perdido, sino por el lugar que alguien ocupa en nuestra vida&rdquo;, explica Mar Arg&uuml;ello Arbe, psic&oacute;loga en <a href="https://www.psicologiamadrid.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Madrid Cepsim,</a> quien recuerda que &ldquo;perdemos a la persona, pero tambi&eacute;n al mundo que exist&iacute;a con ella&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta jerarqu&iacute;a no solo afecta a los v&iacute;nculos familiares. Tambi&eacute;n puede hacer invisible el duelo por alguien que, sobre el papel, es simplemente un compa&ntilde;ero de trabajo. Isabel, de 35 a&ntilde;os, perdi&oacute; a un compa&ntilde;ero este verano. Y aunque admite que &ldquo;en el tanatorio no era capaz de reconocer a todos los miembros de su familia&rdquo;, se sent&iacute;a parte de su vida y de su d&iacute;a a d&iacute;a. &ldquo;Al final es alguien con quien compartes muchos momentos y muchas horas al d&iacute;a, compartes frustraciones y estr&eacute;s, pero tambi&eacute;n logros. La cotidianidad une mucho, y no siempre hay mucha comprensi&oacute;n cuando expresas el dolor de esa p&eacute;rdida&rdquo;, explica. De hecho, sinti&oacute; &ldquo;verg&uuml;enza&rdquo; y reparo al confesar a su c&iacute;rculo que estaba pasando por &ldquo;una mala &eacute;poca&rdquo;. Le daba miedo que dijeran que era solo &ldquo;un compa&ntilde;ero de trabajo&rdquo;, &ldquo;como si no conociera qu&eacute; es lo que desayunaba todos los d&iacute;as y cu&aacute;ndo ten&iacute;an m&eacute;dico sus hijos&rdquo;, apunta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las psic&oacute;logas hablan de &ldquo;duelos desautorizados o no reconocidos&rdquo; para aquellos procesos de duelo que invalida la sociedad. <a href="https://noeliaramos.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Noelia Ramos,</a> terapeuta especialista en procesos de duelo y muerte, incluye los duelos por personas que no tienen primer grado de consanguinidad, que no son padres ni hijos, &ldquo;pero que pueden afectarnos igualmente&rdquo;: un t&iacute;o o t&iacute;a, un hermano/a, sobrino, una amistad o incluso p&eacute;rdidas perinatales. Esto puede hacer que &ldquo;las personas dolientes sientan todas las emociones propias de un duelo, pero callan, no se autorizan a ellas mismas&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No hay que cuantificar el dolor por el lugar que ubica en un árbol genealógico la persona que hemos perdido, sino por el lugar que alguien ocupa en nuestra vida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mar Argüello Arbe</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Cuando la sociedad ignora la p&eacute;rdida</h2><p class="article-text">
        Cuando se vive una p&eacute;rdida que sale de los l&iacute;mites de la orfandad o la viudedad, &ldquo;la respuesta social m&aacute;s com&uacute;n es ofrecer menos espacio y apoyo emocional&rdquo;, explica la especialista en trauma G&oacute;mez L&oacute;pez. &ldquo;Damos por sentado que el duelo de esa persona deber&iacute;a ser m&aacute;s &lsquo;f&aacute;cil&rsquo; porque lo medimos con ese &lsquo;term&oacute;metro&rsquo;, sin entender qu&eacute; significaba realmente el fallecido para la persona y qu&eacute; papel ten&iacute;a en su vida&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sociedad tiene un papel clave a la hora de dar &ldquo;m&aacute;s o menos legitimidad en la forma de pensar y sentir una p&eacute;rdida&rdquo;. Como sostiene Arg&uuml;ello Arbe, cuando se experimenta &ldquo;esa sensaci&oacute;n de desautorizaci&oacute;n&rdquo; el dolor se ti&ntilde;e de culpa, de verg&uuml;enza. Esto hace que las personas afectadas no sientan que tienen &ldquo;el permiso&rdquo; para sentirse as&iacute;, llorar o despedirse de la forma que necesitan. G&oacute;mez L&oacute;pez a&ntilde;ade que ante la falta de validaci&oacute;n, &ldquo;la persona acaba sintiendo que &lsquo;no es para tanto&rdquo;, haciendo que se cuestione sus propias emociones &ldquo;al no entender por qu&eacute; le afecta tanto una p&eacute;rdida que socialmente se minimiza&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si una persona experimenta una p&eacute;rdida real y devastadora pero su entorno social, familiar o cultural no valida ni legitima ese dolor es cuando, seg&uacute;n Arg&uuml;ello Arbe, &ldquo;se genera una brecha entre la realidad interna del doliente y la mirada de afuera&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Isabel, de 35 años, perdió este verano a un compañero de trabajo: &#039;La cotidianidad une mucho, y no siempre hay mucha comprensión cuando expresas el dolor de esa pérdida&#039;</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El duelo no entiende de especies, solo de ausencias</h2><p class="article-text">
        Para Javier, la infancia y la adolescencia estuvieron marcadas por un severo acoso. En esos a&ntilde;os, su perro Eric, un cruce de galgo y labrador, se convirti&oacute; en su principal refugio: era quien lo recib&iacute;a con alegr&iacute;a cuando regresaba a casa llorando tras sufrir <em>bullying</em>. Cuando Javier ten&iacute;a 18 a&ntilde;os, Eric falleci&oacute; repentinamente, una experiencia que describe como si le &ldquo;arrebataran una parte del alma&rdquo;. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, su perrita Chloe, una labradora negra, se convirti&oacute; en su sost&eacute;n durante una profunda depresi&oacute;n en la que Javier lleg&oacute; a contemplar quitarse la vida. Tras la p&eacute;rdida de estos compa&ntilde;eros y la de su posterior perro Sauron, Javier se enfrent&oacute; a la incomprensi&oacute;n de un entorno social y laboral que suele minimizar este tipo de muertes con comentarios como &ldquo;era solo un perro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando hablamos de v&iacute;nculos, lo esencial tiene que ver con la estabilidad, seguridad y afecto. Y estos elementos pueden existir perfectamente en la relaci&oacute;n que establecemos con los animales con los que convivimos&rdquo;. As&iacute; explica Andrea Vila Almui&ntilde;a, psic&oacute;loga especializada en duelo, trauma y violencia de g&eacute;nero, c&oacute;mo por el estilo de vida que llevamos habitualmente, es com&uacute;n que &ldquo;ellos sean con quienes pasamos la mayor parte del tiempo y, por tanto, con quienes tengamos m&aacute;s recuerdos, m&aacute;s rutinas establecidas, mayor entendimiento&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga Arg&uuml;ello Arbe a&ntilde;ade c&oacute;mo estos animales &ldquo;representan lo que entendemos por el amor incondicional, y ese amor estructura nuestras rutinas, los silencios y nuestra ternura m&aacute;s primitiva&rdquo;. Para ella, &ldquo;su muerte puede romper el hogar por dentro&rdquo;, y apunta: &ldquo;Bajo mi punto de vista, el dolor no entiende de especies, solo de ausencias&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El dolor frente a la l&oacute;gica de la productividad</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Toda acci&oacute;n que implique supeditar la productividad a la salud, sea emocional o f&iacute;sica, es de vital importancia&rdquo;. Para Andrea Vila Almui&ntilde;a, los <a href="https://www.eldiario.es/era/disparidad-permisos-trabajo-fallecimiento-enfermedad-boda_1_11248111.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">permisos laborales</a> o la flexibilidad que te den en tu lugar de trabajo para que puedas procesar a nivel emocional una p&eacute;rdida son muy importantes, &ldquo;no solo por el espacio de sanaci&oacute;n y recuperaci&oacute;n que brindan, sino tambi&eacute;n por el elemento de validaci&oacute;n que suponen&rdquo;. Deja claro que &ldquo;nuestro cerebro no rinde de la misma manera cuando necesita invertir recursos y energ&iacute;a en atravesar un proceso de p&eacute;rdida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, sin embargo, no todas las p&eacute;rdidas reciben el <a href="https://www.eldiario.es/era/duelo-tiempo-superar-muerte-ser-querido_1_10695737.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mismo reconocimiento</a> laboral. El <a href="https://www.boe.es/buscar/pdf/2015/BOE-A-2015-11430-consolidado.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estatuto de los Trabajadores</a> establece dos d&iacute;as de permiso retribuido por el fallecimiento &ldquo;del c&oacute;nyuge, pareja de hecho o de un familiar hasta segundo grado de consanguinidad o afinidad&rdquo;, que se ampl&iacute;an a cuatro cuando es necesario desplazarse [la <a href="https://www.eldiario.es/economia/yolanda-diaz-anuncia-ampliacion-permiso-fallecimiento-10-dias-nuevo-cuidados-paliativos_1_12669210.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ampliaci&oacute;n del permiso a 10 d&iacute;as</a> que avanzaba el Ministerio de Trabajo ha quedado de momento congelada y con futuro incierto ante la reciente disoluci&oacute;n de las Cortes por el adelanto electoral]. La norma contempla as&iacute; la muerte de padres, hijos, abuelos, nietos o hermanos, entre otros familiares, pero no la de una amiga, un amigo, un t&iacute;o o una t&iacute;a, un compa&ntilde;ero de trabajo o un animal de compa&ntilde;&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras la p&eacute;rdida de sus perros, Javier ha vivido en primera persona<strong> </strong>la incomprensi&oacute;n laboral. Cuenta a elDiario.es que tras el fallecimiento de uno de sus compa&ntilde;eros de vida consigui&oacute; &uacute;nicamente un d&iacute;a de asuntos propios y dos de sus propias vacaciones para transitar el duelo. Despu&eacute;s, se vio obligado a continuar con su rutina habitual y a esconderse en el ba&ntilde;o para poder llorar ante la falta de empat&iacute;a de sus compa&ntilde;eros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quienes atraviesan p&eacute;rdidas que quedan en los m&aacute;rgenes de lo contemplado por la ley pueden verse obligados a recurrir a una baja por incapacidad temporal. Pero Noelia Ramos recuerda que &ldquo;el duelo no es una enfermedad, es un proceso muy doloroso, un proceso natural que todos vivimos&rdquo;. El problema llega cuando &ldquo;el tiempo que se nos concede para no tener que ir a trabajar es muy inferior en comparaci&oacute;n con todas las emociones y vivencias que atravesamos&rdquo;. A este proceso de duelo en muchas ocasiones se a&ntilde;aden adem&aacute;s <a href="https://www.eldiario.es/era/burocracia-despues-muerte-no-deja-vivir-duelo-paz_1_12958951.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los tr&aacute;mites y procesos administrativos</a> que se requieren tras un fallecimiento. Un tiempo a&ntilde;adido que dif&iacute;cilmente cabe en los dos o cuatro d&iacute;as de permiso que se contemplan.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El duelo no es una enfermedad, es un proceso muy doloroso, un proceso natural que todos vivimos (...) El tiempo que se nos concede para no tener que ir a trabajar es muy inferior en comparación con todas las emociones y vivencias que atravesamos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Noelia Ramos</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En esta misma l&iacute;nea, Mar Arg&uuml;ello Arbe invita a &ldquo;cuestionarnos la exigencia de que todo tenga un tiempo, un protocolo, una concreci&oacute;n&rdquo;, porque &ldquo;el dolor tiene su propia l&oacute;gica, que no es la l&oacute;gica de la productividad&rdquo;. El proceso de duelo entra en conflicto con una sociedad que nos pide seguir produciendo incluso cuando nuestra vida se ha detenido por dentro. Por ello, define &ldquo;un permiso laboral digno&rdquo; no como &ldquo;solo un descanso legal&rdquo;, sino como &ldquo;el reconocimiento social para que cada persona transite su p&eacute;rdida&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Dar espacio, comprensi&oacute;n y naturalidad al duelo</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Somos una sociedad que vive totalmente de espaldas a la muerte&rdquo;, sentencia Ramos. La psic&oacute;loga aboga por integrar esta realidad dentro de nuestras vidas, para poder as&iacute; &ldquo;acompa&ntilde;ar en las p&eacute;rdidas de una manera tranquila, calmada, serena&rdquo;. No hablar de la muerte hace que se genere, tab&uacute;, miedo e incomprensi&oacute;n, que puede traducirse en &ldquo;invalidaci&oacute;n de estos sentimientos&rdquo; &mdash;tanto a nivel social como legislativo&mdash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, Vila Almui&ntilde;a encuentra fundamental &ldquo;cambiar todo lo que tiene que ver con reconocer y respetar el dolor de la persona afectada&rdquo;. Muchas personas que pasan por un duelo menos comentado o &ldquo;aceptado socialmente&rdquo; se sienten incomprendidas, solas y juzgadas, y son estas emociones &ldquo;las que entorpecen el proceso natural y dificultan que la persona lo viva de una manera saludable&rdquo;. El camino a seguir pasa por &ldquo;dar cabida a estas otras realidades&rdquo;, &ldquo;ya sea mostr&aacute;ndonos disponibles emocionalmente para la otra persona (escuchar, acompa&ntilde;ar, interesarse&hellip;) o creando espacios que validen y reconozcan esas p&eacute;rdidas (medidas o permisos laborales o estudiantiles, adaptaciones a nivel escolar&hellip;)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Porque reconocer un duelo no significa determinar cu&aacute;nto debe durar ni establecer qu&eacute; p&eacute;rdida merece m&aacute;s dolor que otra. Significa, sencillamente, reconocer que alguien ha perdido a una persona o a un animal importante en su vida y que necesita tiempo y espacio para asimilarlo. Tambi&eacute;n cuando esa p&eacute;rdida no tiene un nombre para la sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anabel Cuevas Vega]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/duelos-margen-no-valida-dolor-muerte-amiga-companero-animal_1_13581987.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Oct 2026 20:57:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El duelo invisible cuando muere una amiga, un compañero o un novio: "La gente dio por hecho que reharía mi vida"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Duelo,Salud mental,Psicología,Animales domésticos,Muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["La gente ya no se pasa de forma espontánea": por qué se está perdiendo la costumbre de invitar a amigos a casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/gente-no-pasa-forma-espontanea-perdiendo-costumbre-invitar-amigos-casa_1_13575957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/336ff780-de91-4b92-b12b-8a6c006b69f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x640y157.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;La gente ya no se pasa de forma espontánea&quot;: por qué se está perdiendo la costumbre de invitar a amigos a casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antes era bastante habitual pasarse por casa de los vecinos a tomar un café o invitar a los amigos a cenar. Pero ya no tanto. ¿Qué hay detrás de este cambio? ¿Y hasta qué punto es perjudicial?</p><p class="subtitle">¿Cómo repartimos la cuenta? Cuando la desigualdad económica entre amigos te arruina el mes y la amistad</p></div><p class="article-text">
        Antes era bastante habitual pasarse por casa de los vecinos a tomar un caf&eacute; o invitar a los amigos a cenar. Pero ya no es as&iacute;. &iquest;Qu&eacute; hay detr&aacute;s de este cambio? &iquest;Y hasta qu&eacute; punto es perjudicial?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me<strong> </strong>encantaba recibir invitados en casa hace a&ntilde;os, antes de tener hijos, cuando mi casa no estaba llena de juguetes y ten&iacute;a mucho tiempo para planificarlo todo y hacer la compra&rdquo;, dice Rehanna, de 41 a&ntilde;os, de Birmingham. Ahora, si quiere ponerse al d&iacute;a con sus amigos, prefiere salir. &ldquo;No puedo recibir invitados y cocinar al mismo tiempo, as&iacute; que, si tengo gente en casa, suelo poner un picoteo fr&iacute;o que he preparado con antelaci&oacute;n. Hay tantos restaurantes realmente buenos donde vivo que prefiero salir y probar algo nuevo antes que preparar uno de mis platos cl&aacute;sicos en casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Personalmente, nunca dir&iacute;a que no a un picoteo fr&iacute;o, pero la historia de Rehanna no es nada inusual. En Estados Unidos, el n&uacute;mero de personas que reciben habitualmente a amigos o familiares descendi&oacute; del 42 % en 1975 al 12 % en 2026 &mdash;<a href="https://www.derekthompson.org/p/the-death-of-the-american-host?utm_source=post-email-title&amp;publication_id=2880588&amp;post_id=217589543&amp;utm_campaign=email-post-title&amp;isFreemail=true&amp;r=7h875&amp;triedRedirect=true&amp;utm_medium=email" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una ca&iacute;da del 70 % en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os</a>&mdash;. En el Reino Unido, las cifras no son mucho mejores: el a&ntilde;o pasado, una encuesta realizada a 2.000 adultos revel&oacute; que m&aacute;s de <a href="https://www.mirror.co.uk/lifestyle/four-10-brits-admit-avoid-35828851" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuatro de cada diez</a> brit&aacute;nicos evitan recibir invitados en casa debido a la limpieza que ello conlleva.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque la chef Nigella Lawson ha vuelto a las pantallas de televisi&oacute;n para demostrar su destreza culinaria en <em>The Great British Bake Off,</em> no hace mucho que la autoproclamada &ldquo;diosa del hogar&rdquo; revel&oacute; que incluso ella hab&iacute;a <a href="https://www.thetimes.com/life-style/food-drink/article/nigella-lawson-why-i-dont-do-dinner-parties-now-58t2rmk20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;perdido la costumbre&rdquo; de organizar cenas formales</a>. [Respecto a Espa&ntilde;a, una peque&ntilde;a muestra sobre 1.000 personas recogida por AEG este mismo a&ntilde;o en once pa&iacute;ses europeos, indica que estamos en la media en cuanto a la <a href="https://www.electroluxgroup.com/en/news/segun-aeg-los-espanoles-somos-los-europeos-que-mas-nos-estresamos-al-cocinar-como-anfitriones-51/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">frecuencia al recibir invitados</a> (el 54% lo hace una vez al mes, indican), pero, sin embargo, somos los m&aacute;s exigentes al respecto: el 51% dice sentirse estresado al cocinar para otros].
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; nos hemos vuelto tan reacios a invitar a otras personas a nuestras casas? &iquest;Y qu&eacute; perdemos al limitarnos a vernos en &ldquo;terceros espacios&rdquo; comunes?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando eres el anfitri&oacute;n, a menudo te sientes como si fueras un mero espectador de la velada de tus amigos&rdquo;, afirma Simon, de 37 a&ntilde;os, de Glasgow. En el pasado, se ha dado cuenta de que, como anfitri&oacute;n, dedic&oacute; tanto tiempo a asegurarse de que sus invitados estuvieran bien atendidos que le resultaba dif&iacute;cil conectar con ellos m&aacute;s all&aacute; de un nivel superficial.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Cuando eres el anfitrión, a menudo te sientes como si fueras un mero espectador de la velada de tus amigos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;No est&aacute;s plenamente presente porque o bien intentas anticiparte a sus pr&oacute;ximas necesidades o ni siquiera est&aacute;s en la misma habitaci&oacute;n: vas y vienes de la nevera y simplemente no puedes profundizar en la conversaci&oacute;n. Puede dar la sensaci&oacute;n de que todos los dem&aacute;s tienen m&aacute;s v&iacute;nculo en ese momento, porque el anfitri&oacute;n est&aacute; un poquito al margen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No siempre nos hemos sentido as&iacute; a la hora de recibir visitas. De hecho, el antrop&oacute;logo <a href="https://www.magd.ox.ac.uk/people/professor-robin-dunbar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Robin Dunbar</a>, m&aacute;s conocido por el <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Dunbar%27s_number" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;n&uacute;mero de Dunbar&rdquo; </a>&mdash;una teor&iacute;a que sugiere que los seres humanos solo pueden mantener realmente unas 150 relaciones sociales estables a la vez&mdash;, cree que, si pudi&eacute;ramos elegir, seguir&iacute;amos prefiriendo recibir visitas en casa, pero las circunstancias a menudo se confabulan en contra de ello. &ldquo;Una de las razones es que nuestras redes sociales pueden haberse dispersado a medida que las ciudades se han hecho m&aacute;s grandes&rdquo;, afirma. &ldquo;Si vivimos en pueblos y ciudades m&aacute;s peque&ntilde;os, es f&aacute;cil reunirnos para quedadas informales. Existe lo que se conoce como la regla de los 30 minutos: si alguien vive a m&aacute;s de 30 minutos de distancia, pr&aacute;cticamente dejamos de verlo con regularidad. El tiempo y el esfuerzo necesarios se vuelven excesivos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es una idea con la que coincide Kamalyn Kaur, psicoterapeuta y miembro de la Asociaci&oacute;n Brit&aacute;nica de Asesoramiento y Psicoterapia. &ldquo;Soy de los a&ntilde;os 80 y, cuando era m&aacute;s joven, la gente sol&iacute;a pasarse por casa de mis padres, aunque solo fuera media hora, para tomar un t&eacute;&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; a los veinte y pocos a&ntilde;os, se dio cuenta de que los invitados hab&iacute;an empezado a llamar por tel&eacute;fono con antelaci&oacute;n, y las visitas a casa se convirtieron m&aacute;s bien en un evento concertado de antemano, &ldquo;lo cual est&aacute; bien porque se respeta el tiempo, la energ&iacute;a y el espacio de los dem&aacute;s, pero el inconveniente es que la gente ya no se pasa por casa de forma espont&aacute;nea; todo tiene que requerir <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/ansiedad-hiperplanificacion-ocio-convirtio-pesadilla-colas-entradas-anticipadas_1_10225327.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mucha planificaci&oacute;n</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Incluso para quienes han disfrutado de la diversi&oacute;n de una velada exitosa, puede resultar m&aacute;s intimidante que inspirador. &ldquo;Mi madre, de la generaci&oacute;n del <em>baby boom,</em> era una anfitriona incre&iacute;ble y siempre organizaba fiestas espectaculares y muy elaboradas&rdquo;, cuenta Caz (nombre ficticio), que pas&oacute; su infancia al margen de esas reuniones, asom&aacute;ndose por la puerta. &ldquo;Estar a la altura de eso me parece imposible. Adem&aacute;s, aunque ella dec&iacute;a que disfrutaba mucho siendo anfitriona, siempre estaba muy estresada antes de las fiestas y nos gritaba a todos constantemente, y yo no quiero hacer eso&rdquo;.
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                &quot;Mi madre, de la generación del baby boom, era una anfitriona increíble y siempre organizaba fiestas espectaculares (...) Aunque ella decía que disfrutaba mucho siendo anfitriona, siempre estaba muy estresada antes de las fiestas&quot;.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute; el gasto: aunque la mayor&iacute;a de nosotros solemos gastar mucho menos en una comida casera que en un restaurante, la cosa cambia cuando hay que dar de comer a un grupo numeroso. En 2023, <a href="https://retailtimes.co.uk/eating-out-offers-diners-better-value-than-hosting-at-home-thefork-study-shows/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Retail Times inform&oacute;</a>, bas&aacute;ndose en datos de la web de reservas de restaurantes The Fork, de que preparar una cena de tres platos en casa para un grupo de seis personas sol&iacute;a costarle al anfitri&oacute;n m&aacute;s de 96 euros, en comparaci&oacute;n con el coste medio por persona en un restaurante, que era de poco m&aacute;s de 35 euros.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de este a&ntilde;o, The Spectator afirm&oacute; que las cenas entre amigos tambi&eacute;n estaban desapareciendo &ldquo;a causa de la maldici&oacute;n moderna de las 'restricciones alimentarias'&rdquo;; tanto las <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10708184/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">intolerancias alimentarias</a> como las restricciones voluntarias parecen haber aumentado en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, por lo que cocinar para otros puede parecer, sin duda, un reto mayor.
    </p><p class="article-text">
        Las expectativas suelen ser m&aacute;s altas cuando se recibe a invitados, no solo en lo que respecta a la comida, sino tambi&eacute;n al ambiente del hogar. Me atrever&iacute;a a decir que el auge de la <a href="https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2025/dec/02/the-art-of-tablescaping-jess-cartner-morley" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">decoraci&oacute;n de mesas</a> tiene mucho que ver en ello, y un r&aacute;pido vistazo a los Reels de Instagram revela muchos otros &ldquo;requisitos&rdquo; para que la velada sea un &eacute;xito: c&oacute;cteles con elaboradas decoraciones, velas c&oacute;nicas de moda, men&uacute;s escritos a mano, una mesa de comedor enorme. Mientras que antes los anfitriones quiz&aacute; se limitaban a pasar un pa&ntilde;o r&aacute;pido por las superficies y a vaciar las papeleras, ahora hay consejos para crear la lista de reproducci&oacute;n perfecta y normas para dise&ntilde;ar un &ldquo;tema&rdquo; est&eacute;ticamente agradable.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7583742530689191181"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recibir invitados ha empezado a parecer un trabajo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Therese Lum</span>
                                        <span>—</span> chef
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que hay mucha presi&oacute;n sobre la gente para que tenga hogares 'presentables'&rdquo;, afirma Kaur. &ldquo;En las redes sociales, ves a todo el mundo con esas casas incre&iacute;bles, al estilo de mansiones. Eso crea expectativas poco realistas sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ser un hogar. La gente puede empezar a preocuparse porque su casa no cumpla con ese est&aacute;ndar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Caz tiene dos hijos menores de 10 a&ntilde;os y dice que, por eso, su casa es siempre &ldquo;una aut&eacute;ntica pesadilla&rdquo;. Por supuesto, a sus amigos no les importa en realidad el desorden. &ldquo;Lo s&eacute; en lo m&aacute;s profundo de mi coraz&oacute;n&rdquo;, admite, &ldquo;pero eso no impide que me sienta avergonzada cada vez que viene alguien a casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La chef afincada en S&iacute;dney Therese Lum tambi&eacute;n cita los programas de cocina de la tele como una de las razones por las que muchos pueden sentir que una cena debe ser una producci&oacute;n de cinco platos perfectamente organizada. &ldquo;Si a eso le sumamos los pisos peque&ntilde;os, las semanas ajetreadas y el coste de dar de comer a un grupo numeroso, salir a comer fuera empieza a parecer m&aacute;s f&aacute;cil&rdquo;, afirma. &ldquo;Recibir invitados ha empezado a parecer un trabajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Derek Thompson, que analiz&oacute; los datos estadounidenses para <a href="https://www.theatlantic.com/ideas/2026/10/americans-socialization-dinner-decline-hosting/688846/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Atlantic</a>, plantea la idea de que los estilos de crianza m&aacute;s intensivos podr&iacute;an ser en parte responsables del descenso de las cenas en casa. &ldquo;Los estadounidenses sol&iacute;an tener muchos hijos a los que cuidaban de forma m&aacute;s espor&aacute;dica&rdquo;, sugiere. &ldquo;Ahora tienen menos hijos, a los que dedican cada minuto de su vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dunbar est&aacute; de acuerdo en l&iacute;neas generales: &ldquo;Hasta la d&eacute;cada de 1960, cosas como los deberes del colegio eran limitados, y los ni&ntilde;os se las apa&ntilde;aban m&aacute;s o menos solos: jugaban juntos en la calle y solo aparec&iacute;an cuando necesitaban comer. Ahora, los ni&ntilde;os est&aacute;n pegados a ti hasta que se van a la universidad&rdquo;. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala que ahora hay un &ldquo;flujo interminable&rdquo; de clubes y actividades extraescolares en las que se anima a los ni&ntilde;os a participar, lo que significa que &ldquo;las familias tienen que estar disponibles para hacer muchos traslados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, desde la pandemia y el auge del teletrabajo, mucha gente ha empezado a percibir su espacio vital de otra manera. Socializar en casa puede parecer m&aacute;s bien como organizar una cena en la oficina. Como dice Kaur: &ldquo;Quieres un cambio, si no, no parece un descanso. Es m&aacute;s dif&iacute;cil desconectar mentalmente&rdquo;. Pero incluso antes de la COVID, la proliferaci&oacute;n de todo lo relacionado con el <a href="https://www.eldiario.es/spin/descubre-hygge-daneses-han-conseguido-felices-mundo-pm_1_12150277.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>hygge</em></a> &mdash;el concepto dan&eacute;s centrado en la comodidad&mdash; anim&oacute; a gran parte del mundo occidental a considerar el hogar como un lugar al que retirarse y relajarse, en lugar de invitar a otros a entrar. &ldquo;Tu hogar es tu lugar acogedor, por lo que socializar all&iacute; puede parecer una intromisi&oacute;n en tu espacio privado&rdquo;, afirma Kaur.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Desde la pandemia y el auge del teletrabajo, mucha gente ha empezado a percibir su espacio vital de otra manera. Socializar en casa puede parecer más bien como organizar una cena en la oficina</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Thompson tambi&eacute;n aborda la idea de que ahora &ldquo;es demasiado divertido estar solo en casa&rdquo;. Mientras que antes quiz&aacute; invit&aacute;bamos a amigos a casa para combatir el aburrimiento &mdash;y nos enfrent&aacute;bamos a la presi&oacute;n social de asistir a esos eventos, aunque no nos importaran mucho los anfitriones&mdash;, hoy estamos &ldquo;envueltos en fortalezas de entretenimiento personalizadas&rdquo;. Sin embargo, esto no significa que ya no nos beneficiemos de las relaciones sociales: la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud informa de que <a href="https://www.who.int/teams/social-determinants-of-health/demographic-change-and-healthy-ageing/social-isolation-and-loneliness" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el aislamiento y la soledad est&aacute;n ahora muy extendidos</a>, lo que a su vez puede tener un impacto significativo en la salud f&iacute;sica y mental, aunque no estemos &ldquo;aburridos&rdquo; como tal.
    </p><p class="article-text">
        En el extremo opuesto del espectro, est&aacute; el problema de, por decirlo sin rodeos, los invitados que se quedan m&aacute;s tiempo del debido. &ldquo;A mi mujer y a m&iacute; nos gusta recibir invitados en circunstancias muy controladas&rdquo;, dice Simon. &ldquo;Solemos invitar a gente a tomar unas copas antes de salir a cenar porque as&iacute; se establece una hora de finalizaci&oacute;n. Recibir invitados en casa puede significar perder el control sobre cu&aacute;ndo termina la noche: si alguien quiere quedarse all&iacute; bebiendo whisky hasta las tres de la madrugada, te sientes un poco obligado a acompa&ntilde;arles&rdquo;. Est&aacute; claro que hay una raz&oacute;n por la que la frase &ldquo;Por favor, marchaos antes de las 21:00&rdquo; se ha convertido en una especie de <a href="https://www.google.com/search?sca_esv=5defce9e8cee4e33&amp;sxsrf=APpeQntcOwFnIJH2l8HabFr00InXH557kw:1791212201424&amp;q=please+leave+by+9&amp;source=lnms&amp;fbs=ABfTbFXXq5_lq1-qc-RNbCT-iVCvZUY4OllCx8eHi2DBbGa2PoUPiBop7GRck9_ggqJeBKll0uNH5-o_DmiqZYfdMFHSMQ7m9lGiXMmoLpyBCvs0fha8MLwauUu8kFshyTso0QBo6MY16pqU4X1dTMTrNg9ApjhzIQeQBlgg6wvH3FcHuQIBlKneyhHb6sxS5ocPBAFfn_cSJbP7xHZe8X-kF1YhjEA2TluvUe36mxBQ4kuJe4Zr-Eg&amp;sa=X&amp;ved=2ahUKEwi6su63kaOXAxXGV0EAHfYsHeoQ0pQJegQIDhAB&amp;biw=2271&amp;bih=1186&amp;dpr=1" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">motivo recurrente</a> en los accesorios de decoraci&oacute;n de interiores en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Kaur reconoce que, como anfitriona, puede resultar dif&iacute;cil hacer otra cosa que no sea esperar a que la velada llegue a su fin de forma natural. &ldquo;Me encanta irme a la cama a las ocho y media, pero para mis amigos puede que sea justo cuando empiezan a animarse&rdquo;, afirma. &ldquo;Puede resultar realmente agobiante tener gente en tu espacio y no poder pedirles que se vayan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Deber&iacute;amos simplemente aceptar que ahora es mucho m&aacute;s f&aacute;cil, menos estresante y, a veces, m&aacute;s barato salir?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay una cierta vulnerabilidad en dejar que alguien te vea en tu propia casa, y al no recibir a nadie en casa revelamos menos de nosotros mismos a los dem&aacute;s, lo que a su vez puede afectar a la profundidad de nuestra amistad&rdquo;, advierte Kaur. Sin duda, hay algo m&aacute;s &iacute;ntimo en ponerse al d&iacute;a con un amigo en su sof&aacute;: un atisbo de lo que ocurre entre bastidores en su vida que te costar&iacute;a mucho obtener en un espacio m&aacute;s neutral.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como es una de las cosas más generosas que se pueden hacer, crea un tipo de conexión que es difícil de conseguir en cualquier otro sitio</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Kaur recibe a gente en casa con frecuencia, pero dice que eso se debe en gran parte a que conoce a sus amigos m&aacute;s cercanos desde hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os. &ldquo;Todos hemos crecido juntos; nos hemos visto en lo mejor y en lo peor&rdquo;, afirma. &ldquo;He estado en casa de una amiga con el suelo cubierto de cien piezas de Lego porque sus hijos hab&iacute;an estado jugando con ellas. Y mi amiga me dice: &rdquo;S&iacute;, pues tendr&aacute;s que pasar por ah&iacute;&ldquo;&rdquo;. Sin embargo, reconoce que, para algunas personas, recibir invitados &mdash;ya sea una velada bien planificada o una reuni&oacute;n espont&aacute;nea&mdash; puede seguir siendo una fuente de ansiedad. &ldquo;Siempre animar&iacute;a a la gente a hacer lo que mejor se adapte a sus propios niveles de energ&iacute;a y a su salud mental&rdquo;, afirma. &ldquo;De lo contrario, resulta contraproducente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lum, por su parte, cree que el esfuerzo que supone recibir invitados es precisamente lo que hace que merezca tanto la pena. &ldquo;Como es una de las cosas m&aacute;s generosas que se pueden hacer, crea un tipo de conexi&oacute;n que es dif&iacute;cil de conseguir en cualquier otro sitio&rdquo;, afirma. &ldquo;En mi familia, la comida siempre fue nuestra forma de demostrar amor, y compartir la mesa sigue significando eso para m&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n conviene tener en cuenta que salir, sobre todo a cenar o a tomar algo, suele implicar seguir las normas del local. &ldquo;En casa nadie te apremia para que te levantes de la mesa, y la conversaci&oacute;n fluye a su aire&rdquo;, dice Lum. &ldquo;Mis mejores veladas casi siempre han tenido lugar alrededor de la mesa de la cocina de alguien. Los invitados no recuerdan si las servilletas hac&iacute;an juego; recuerdan sentirse bien atendidos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leah Harper]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/gente-no-pasa-forma-espontanea-perdiendo-costumbre-invitar-amigos-casa_1_13575957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Oct 2026 20:40:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["La gente ya no se pasa de forma espontánea": por qué se está perdiendo la costumbre de invitar a amigos a casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Hogar,Ocio,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Confundimos cuidarnos con ser buena persona": el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/confundimos-cuidarnos-buena-persona-sociologo-explica-falla-idea-bienestar_1_13565667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5063e42-8539-406a-ac33-5069102efc45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x376y236.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Confundimos cuidarnos con ser buena persona&quot;: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La editorial Gatopardo edita en español 'El síndrome del bienestar', el ensayo de los investigadores Carl Cederström y André Spicer
que pronosticó el ascenso del 'wellness' como obsesión colectiva y mandato individual</p><p class="subtitle">“¡Todo lo que te han contado es mentira!”: cómo ciertas corrientes del bienestar conectan con la conspiranoia</p></div><p class="article-text">
        La b&uacute;squeda de la felicidad atraviesa nuestros d&iacute;as. No es un ideal nuevo, pero la forma en la que se manifiesta, &ndash;casi como un imperativo o misi&oacute;n individual&ndash;, se ha ido definiendo como una invitaci&oacute;n a implicarse en actividades de bienestar (<em>wellness</em>) muy relacionadas con mantener un cuerpo sano, en forma, y una mente tan activa como productiva. Este es el fen&oacute;meno que analizan los acad&eacute;micos Carl Cederstr&ouml;m y Andr&eacute; Spicer en su ensayo <a href="https://gatopardoediciones.es/libros/el-sindrome-del-bienestar/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El s&iacute;ndrome del bienestar </a>(Gatopardo). Un bienestar que se traduce en jornadas de gimnasio, sesiones de yoga en la oficina, una obsesi&oacute;n por contar calor&iacute;as y cuidar el cuerpo como quien pone a punto una m&aacute;quina, pero que tambi&eacute;n se recrea en <a href="https://www.eldiario.es/era/contar-pasos-calorias-apps-monitorizacion_1_10794929.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">registrar y medir</a> el tiempo de ocio y esparcimiento cultural en t&eacute;rminos de productividad. Algo que encuentra un reflejo en miles de <em>apps</em> de dise&ntilde;o amable que a diario utilizamos para aprender idiomas, registrar las pel&iacute;culas que vemos, medir la cantidad de libros que leemos, o compartir los kil&oacute;metros que hemos recorrido en nuestra &uacute;ltima sesi&oacute;n de <em>running</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el libro vio la luz originalmente corr&iacute;a el a&ntilde;o 2015 y muchas de las pr&aacute;cticas tras las cuales los autores percib&iacute;an una pauta com&uacute;n todav&iacute;a no estaban tan extendidas y normalizadas como lo est&aacute;n ahora. M&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s, el soci&oacute;logo Carl Cederstr&ouml;m, docente en la Stockholm Business School admite, en una entrevista con elDiario.es, estar sorprendido no s&oacute;lo por c&oacute;mo no se ha mantenido esta forma tan singular de entender el bienestar, sino por c&oacute;mo estos aspectos se han exacerbado. &ldquo;En aquel momento observ&aacute;bamos cosas que suced&iacute;an casi en los m&aacute;rgenes, pero en las que ve&iacute;amos enraizarse algo mayor. Hoy se aprecia claramente c&oacute;mo la tecnolog&iacute;a o las redes sociales se han puesto al servicio de la optimizaci&oacute;n personal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el transcurso de estos a&ntilde;os han tenido lugar episodios de transcendencia de tan profundo calado como la pandemia covid-19. &ldquo;Durante la pandemia, la gente literalmente se encerr&oacute; en su propio miniuniverso. Para bien o para mal, conectaron con diferentes <a href="https://www.eldiario.es/era/bienestar-terapias-alternativas-fascismo-teorias-conspiracion_1_10429021.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">t&eacute;cnicas de bienestar</a> para sobrellevar la situaci&oacute;n&rdquo;, expone Cederstr&ouml;m, que observ&oacute; en este per&iacute;odo casi una met&aacute;fora de c&oacute;mo la gente se comenzar&iacute;a a relacionar con el mundo: &ldquo;Tienes tu peque&ntilde;a isla de la que cuidas mientras esperas a ver si afuera el mundo sobrevive o no. Y realmente vivimos en un capitalismo salvaje con pocas nociones de compromiso colectivo, de igualdad, diversidad&hellip; Ideas que han sufrido mucho en el transcurso de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.&rdquo;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las técnicas de bienestar pueden ayudarte a mejorar tu vida de muchas maneras, el problema es creer que quienes no comparten contigo esos valores son malas personas. Muchos, por sus circunstancias, no pueden regirse por esos estándares</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Cuando ser muy productivos adquiere un matiz moral</h2><p class="article-text">
        La invitaci&oacute;n a <a href="https://www.eldiario.es/era/mejor-version-desarrollo-personal_1_10862658.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">optimizarnos a trav&eacute;s de actividades de bienestar</a>, como si fu&eacute;ramos la versi&oacute;n beta de un <em>software</em> en desarrollo, hoy se encuentra por doquier. Desde una notificaci&oacute;n <em>push</em> en tu tel&eacute;fono inteligente recordando esa lecci&oacute;n de idiomas diaria a la empresa en la que trabajas organizando una sesi&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/era/offboarding-team-building-lenguaje-laboral-pervertido-eufemismos_1_10736202.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>team building</em></a><em>.</em> Pero no es algo que se haya originado en nuestros d&iacute;as, sino que se trata de un movimiento que, explica Cederstr&ouml;m, toma forma en los 70, vive momentos &aacute;lgidos m&aacute;s tarde tambi&eacute;n, en los a&ntilde;os 2000, y hoy, para el autor, se hace presente de muchas maneras, en cada rinc&oacute;n de nuestra sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        Su mayor riesgo seg&uacute;n el investigador, sin embargo, es la lectura moral que adquiere: &ldquo;Vivimos un momento en el que confundimos sentirse bien con ser buena persona&rdquo;, sentencia Cederstr&ouml;m. &ldquo;Creemos que si cuidamos de nuestra salud y vamos al gimnasio estamos haciendo el bien, que si te comprometes a intentar pensar y mirar el mundo de manera m&aacute;s positiva, eres bueno. Son cosas distintas. Las t&eacute;cnicas de bienestar pueden ayudarte a mejorar tu vida de muchas maneras, pero lo problem&aacute;tico es cuando empiezas a creer que quienes no comparten contigo esos valores son malas personas. Y son muchas las personas que por sus circunstancias o diferentes razones no pueden regirse por esos est&aacute;ndares. Entonces normalizamos formas de discriminaci&oacute;n. Al convertir cuestiones sociales y pol&iacute;ticas en asuntos privados, despolitizamos asuntos muy importantes en nuestra sociedad.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La preocupaci&oacute;n por la desigualdad se manifiesta en la tesis de <em>El s&iacute;ndrome del bienestar</em>. Al fin y al cabo, la clase social y el contexto personal define tambi&eacute;n la capacidad de una persona para sumarse a estas actividades de bienestar o crecimiento personal. &ldquo;El libro es una cr&iacute;tica a esta creencia de que moralmente eres mejor persona por involucrarte en estas pr&aacute;cticas&rdquo;, resume Cederstr&ouml;m. &ldquo;En la literatura empresarial, la relaci&oacute;n entre felicidad y productividad lleva siendo una creencia muy s&oacute;lida desde los a&ntilde;os 20 y 30. Pero s&oacute;lo necesitas pensar en los diferentes empleos que existen para darte cuenta de que es una idea delirante. Una limpiadora de hotel infeliz puede ser inmensamente productiva, o los esclavos que construyeron las pir&aacute;mides, por ejemplo, ser&iacute;a injusto decir que no fueron productivos. El libro es una cr&iacute;tica, una mirada esc&eacute;ptica, a obsesionarse con la idea felicidad y salud. Son cosas estupendas, claro, por eso son tan populares, pero el concepto de felicidad y salud es tan amplio que puede relacionarse con casi cualquier cosa.&rdquo;
    </p><h2 class="article-text">La felicidad como preocupaci&oacute;n social</h2><p class="article-text">
        En 2010, el entonces Primer Ministro de Reino Unido, David Cameron, lanz&oacute; una imposible campa&ntilde;a de dos millones de libras para desentra&ntilde;ar algo tan ambiguo y relativo como el &iacute;ndice de felicidad de sus conciudadanos. Unas 200.000 personas fueron encuestadas para registrar un nuevo paisaje estad&iacute;stico del territorio que, seg&uacute;n la voluntad de Cameron, servir&iacute;a para completar el del PIB. Si bien la iniciativa invest&iacute;a de cuesti&oacute;n p&uacute;blica lo que hasta entonces se entend&iacute;a como algo personal, tal y como apuntan Cederstr&ouml;m y Spicer, no ten&iacute;a intenci&oacute;n de trazar un v&iacute;nculo entre la felicidad y las circunstancias socioecon&oacute;micas vigentes. El tamiz moralizante del s&iacute;ndrome del bienestar logra responsabilizar a cada individuo de la b&uacute;squeda de su propia felicidad, as&iacute; como del fracaso de no alcanzarla.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En la literatura empresarial, la relación entre felicidad y productividad lleva siendo una creencia muy sólida desde los años 20 y 30. Pero es una idea delirante: una limpiadora de hotel infeliz puede ser inmensamente productiva</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ante la pregunta de si este enfoque individualista da&ntilde;a nuestra capacidad colectiva para articular resistencias al sistema, Cederstr&ouml;m llama a valorar emociones como la decepci&oacute;n y la ira. &ldquo;Puedes alimentar una forma de resistencia colectiva a partir de diversos tipos de emociones&rdquo;, sostiene. &ldquo;La ira, por supuesto, es una de las m&aacute;s exitosas. Si analizas los levantamientos pol&iacute;ticos, a menudo parten de un descontento o una decepci&oacute;n con el estado del mundo. Es importante mirar el mundo con decepci&oacute;n de vez en cuando&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La intersecci&oacute;n de g&eacute;nero bajo el s&iacute;ndrome del bienestar</h2><p class="article-text">
        La lectura de <em>El s&iacute;ndrome del bienestar</em> admite muchas perspectivas y puede resultar especialmente intensa desde seg&uacute;n qu&eacute; lugares. Al analizar c&oacute;mo el bienestar y la salud suelen ser juzgados a partir de la apariencia f&iacute;sica, es inevitable que esta reflexi&oacute;n apele de forma incisiva a la experiencia femenina de crecer en relaci&oacute;n con <a href="https://www.eldiario.es/era/clara-nuno-periodista-escritora-gente-guapa-trata-mejor-arma-doble-filo_1_13016793.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exigentes modelos de belleza</a>. Sus autores son conscientes de esto. Por un lado, Cederstr&ouml;m opina que como hombres blancos han podido escribir sobre este tema desde una menor vigilancia, &ldquo;y eso de por s&iacute; ya es bastante elocuente&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro, observa una evoluci&oacute;n en la relaci&oacute;n del movimiento de bienestar seg&uacute;n el g&eacute;nero: &ldquo;El movimiento de <em>wellness</em> mantiene una interesante relaci&oacute;n con lo femenino y lo masculino. El g&eacute;nero de autoayuda ha sido predominantemente dirigido hacia las consumidoras, as&iacute; como <a href="https://www.eldiario.es/era/sanar-trauma-cursillo-tres-dias-marta-sader-analiza-auge-espiritualidad-liquida_1_13254649.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la literatura New Age</a>, en libros del tipo de Deepak Chopra. Pero a mediados de los 2000 cada vez m&aacute;s y m&aacute;s hombres comienzan a implicarse tambi&eacute;n en el movimiento de <em>wellness</em>, aunque lo hacen de una manera m&aacute;s tecnol&oacute;gica, como una auto optimizaci&oacute;n. El tipo de persona que recaba datos con pulseras de actividad, pensando su propio cuerpo con mentalidad de ingeniero, aplicando principios matem&aacute;ticos para mejorarse. As&iacute; que en el momento en el que escribimos el libro, ya se produc&iacute;a un choque interesante entre lo masculino y lo femenino en el mundo del bienestar&rdquo;, desarrolla Cederstr&ouml;m. &ldquo;Ahora ves muchos hombres j&oacute;venes completamente <a href="https://www.eldiario.es/era/no-hay-avergonzarse-vanidoso-auge-estandares-belleza-masculina-imposibles_1_13060297.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obsesionados con sus cuerpos y apariencia</a>, y gente siguiendo los <a href="https://www.eldiario.es/era/no-ducharse-maximizar-feromonas-ligar-reto-viral-pasajero-peligro-misogino-jovenes_1_13563603.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">consejos</a> de la manosfera. Se trata de una experiencia con la que no me siento identificado porque no es c&oacute;mo me crie. Crec&iacute; en un mundo en el que la barrera entre chicos y chicas era muy peque&ntilde;a, los chicos ten&iacute;amos amigas muy cercanas y tambi&eacute;n al rev&eacute;s. Ahora parece que es al contrario.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>El s&iacute;ndrome del bienestar</em> es una aguda y documentada cr&iacute;tica al fen&oacute;meno global que nos ha hecho comprender nuestro cuerpo y mente casi como extensiones tecnol&oacute;gicas al servicio de nuestra felicidad. Un texto que llama a poner en cuesti&oacute;n la filosof&iacute;a que nos anima a optimizar nuestro tiempo de vida para convertirnos en alguien m&aacute;s productivo, y sobre todo, una reivindicaci&oacute;n para dejar de entender que m&aacute;s productividad es sin&oacute;nimo de vivir con mayor plenitud.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Correa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/confundimos-cuidarnos-buena-persona-sociologo-explica-falla-idea-bienestar_1_13565667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Oct 2026 20:02:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Confundimos cuidarnos con ser buena persona": el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bienestar,Tendencias,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué esa escena de tu película favorita puede ayudarte en terapia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/escena-pelicula-favorita-ayudarte-terapia_1_13585855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ebc67129-0f91-49d7-aef0-e90038216620_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x378y405.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué esa escena de tu película favorita puede ayudarte en terapia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El psicólogo Jesús Rivero, coautor del libro 'Psicosecuencias', enseña cómo descubrir los pliegues psicológicos del cine para poder utilizarlos en consulta
</p><p class="subtitle">“Confundimos cuidarnos con ser buena persona”: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar</p></div><p class="article-text">
        Comprar una entrada de cine o encender la televisi&oacute;n despu&eacute;s de cenar y dejar el m&oacute;vil en modo avi&oacute;n puede ser un h&aacute;bito cotidiano de pura evasi&oacute;n. Apagar las luces, acallar las preocupaciones del d&iacute;a y dejar que las vivencias de un personaje centren nuestra atenci&oacute;n durante un par de horas. Sin embargo, hay quien en una secuencia cinematogr&aacute;fica de apenas tres minutos consigue todo lo contrario: no huir de los problemas, sino mirarlos de frente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas cosas pueden resultarnos terap&eacute;uticas en la vida cotidiana, pero eso no es un proceso de terapia. Por eso nosotros no prescribimos pel&iacute;culas; lo que hacemos es analizar peque&ntilde;os fragmentos que funcionan como un recurso cl&iacute;nico preciso dentro de un tratamiento individualizado&rdquo;, dice el psic&oacute;logo sanitario Jes&uacute;s Rivero, coautor junto al tambi&eacute;n psic&oacute;logo y guionista Fernando Samper del libro <em>Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia</em> (Ediciones Psara, 2026).
    </p><p class="article-text">
        El manual, gestado tras a&ntilde;os de experiencia en consulta y formaci&oacute;n docente de ambos profesionales de la plataforma <a href="https://yees.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">yees!</a>, recopila una selecci&oacute;n totalmente heterog&eacute;nea de cien escenas de pel&iacute;culas, series y cortometrajes, con sus respectivas fichas t&eacute;cnicas, orientadas a trabajar problemas tan frecuentes como fobias, depresiones o la baja autoestima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una secuencia concreta puede reflejar con exactitud el comportamiento que una persona tiene, el que teme tener o el que desea modificar&rdquo;, explica Rivero, especializado en el an&aacute;lisis de conducta y las terapias contextuales. &ldquo;Cuando una persona intenta entender sus conflictos, la verg&uuml;enza o la culpa a menudo bloquean el relato. Ver esa misma din&aacute;mica proyectada en la pantalla de un televisor permite tomar perspectiva: ya no es algo 'm&iacute;o' que me abruma, sino algo que observo desde fuera y que puedo analizar con distancia&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de aproximaci&oacute;n indirecta es especialmente &uacute;til con pacientes que se encuentran estancados o les cuesta poner en palabras vivencias traum&aacute;ticas. &ldquo;No es necesario conocer la pel&iacute;cula entera ni ser un apasionado del s&eacute;ptimo arte&rdquo;, defiende el psic&oacute;logo. &ldquo;La secuencia funciona por s&iacute; misma dentro de la sesi&oacute;n y lo que ocurre en esos tres minutos de metraje basta para detonar el objetivo terap&eacute;utico que estamos trabajando&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        Los cien fragmentos del manual recorren la historia audiovisual en orden cronol&oacute;gica desde el Hollywood dorado con <em>Ciudadano Kane</em> (1941) de Orson Welles, a la televisi&oacute;n espa&ntilde;ola m&aacute;s contempor&aacute;nea con <em>F&iacute;sica o Qu&iacute;mica: las nuevas generaciones </em>(2025), que retoma el universo de la serie original emitida entre 2008 y 2011.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando una persona intenta entender sus conflictos, la vergüenza o la culpa a menudo bloquean el relato. Ver esa misma dinámica proyectada en la pantalla de un televisor permite tomar perspectiva</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Organizarlo por temas habr&iacute;a significado restringir el propio recurso&rdquo;, argumenta Rivero sobre la estructura del libro. &ldquo;Una misma escena puede servir para objetivos cl&iacute;nicos muy diferentes en funci&oacute;n del paciente y el momento del proceso. Preferimos mantener una estructura cronol&oacute;gica y a&ntilde;adir al final un &iacute;ndice tem&aacute;tico orientativo, invitando a que cada terapeuta elabore su propio mapa&rdquo;, justifica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Preguntado sobre a qu&eacute; personaje de ficci&oacute;n le gustar&iacute;a recibir en su consulta de Gij&oacute;n, Rivero revela su cari&ntilde;o por Fox Mulder, el agente de la serie <em>Expediente X:</em> &ldquo;Con todo el trauma no resuelto en torno a la desaparici&oacute;n de su hermana, arrastra una carga enorme de sufrimiento que condiciona cada una de las decisiones de su vida&rdquo;. En el plano infantil, se decanta por un cl&aacute;sico de los ochenta: &ldquo;Bastian, de <em>La historia interminable,</em> es un ni&ntilde;o golpeado por el acoso escolar que busca refugio desesperado en la fantas&iacute;a de los libros. Trabajar con &eacute;l desde la psicolog&iacute;a infantil ser&iacute;a fascinante&rdquo;. &ldquo;Son personajes que a m&iacute; personalmente me gustan y que no me importar&iacute;a poder ayudarles, si ellos lo decidieran as&iacute;&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El guionista Fernando Samper y el psicólogo sanitario Jesús Rivero, autores de &#039;Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia&#039; (Ediciones Psara, 2026)."
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            <span class="title">
                El guionista Fernando Samper y el psicólogo sanitario Jesús Rivero, autores de &#039;Psicosecuencias: 100 recursos de cine y series para trabajar en terapia&#039; (Ediciones Psara, 2026).                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <em>Annie Hall, Tibur&oacute;n, Los Simpson, El Resplandor, Buscando a Nemo, Cisne negro, La red social </em>o<em> Los Vengadores</em> conviven entre las p&aacute;ginas de este libro, concebido como un manual de recursos para psic&oacute;logos, que ha terminado desbordando las paredes de la consulta. &ldquo;Inicialmente, lo enfocamos para el trabajo en sesi&oacute;n, pero nos llega un gran <em>feedback</em> de personas ajenas a la psicolog&iacute;a a las que el libro les permite ver el cine de otra manera&rdquo;, afirma Rivero, que cree que cualquier lector curioso puede disfrutar descubriendo los pliegues psicol&oacute;gicos que esconden sus pel&iacute;culas favoritas, aunque insiste en que no se trata de una gu&iacute;a de autoayuda ni autoterapia para aplicarse uno mismo. &ldquo;Incluso desde el mundo del cine, directores, guionistas, incluso actrices y actores nos han dicho que les sirve tambi&eacute;n para poder ver la repercusi&oacute;n que puede tener aquello que est&aacute;n mostrando en pantalla, c&oacute;mo construir los guiones o c&oacute;mo dirigir&rdquo;, confiesa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Este libro no le dice al profesional 'usa esta pel&iacute;cula para la ansiedad' o 'aplica esta otra para la depresi&oacute;n'. Nosotros facilitamos el an&aacute;lisis de la secuencia y el trabajo previo, pero el terapeuta tiene que moldear el recurso en funci&oacute;n de la persona que tiene delante. La psicolog&iacute;a rigurosa exige contextualizar siempre&rdquo;, advierte el especialista. &ldquo;No somos nada fans de las recetas en psicolog&iacute;a&rdquo;, asegura con rotundidad, ante la tendencia de las soluciones f&aacute;ciles y el consumo r&aacute;pido de autoayuda en cuanto a la salud mental.
    </p><p class="article-text">
        Tras la gran acogida y el inter&eacute;s por <em>Psicosecuencias</em> desde m&aacute;s all&aacute; de la psicolog&iacute;a, Jes&uacute;s Rivero y Fernando Samper han empezado grabar un videopodcast divulgativo con el mismo nombre. &ldquo;En cada episodio analizaremos una secuencia acompa&ntilde;ados por invitados del &aacute;mbito de la cultura, el cine, el deporte o las artes esc&eacute;nicas. Queremos cruzar miradas: ver qu&eacute; descubre un psic&oacute;logo en una escena, pero tambi&eacute;n qu&eacute; aprecia en ella un actor o un deportista de &eacute;lite. En definitiva, invitar a la gente a mirar el cine con otros ojos&rdquo;, adelanta Rivero, que declara que no estar&aacute; enfocado &uacute;nicamente a especialistas, sino que ser&aacute; accesible para todos los p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender en detalle el m&eacute;todo planteado por <em>Psicosecuencias</em>, a modo de ejemplo, Rivero analiza para elDiario.es cinco escenas m&iacute;ticas, desde la conducta y la emocionalidad, lejos de juzgar su est&eacute;tica o de la pura cr&iacute;tica cinematogr&aacute;fica.
    </p><h2 class="article-text"><em>Casablanca</em> y el duelo bloqueado</h2><p class="article-text">
        En la escena final del aeropuerto, Rick Blaine renuncia a su deseo personal por un bien mayor. &ldquo;Con esa serenidad, Rick evita entrar en contacto con el miedo y la tristeza que le produce la despedida. Act&uacute;a seg&uacute;n las normas de su &eacute;poca, que ped&iacute;an a un hombre cumplir con su deber sin mostrar debilidad. As&iacute; protege su imagen, pero se queda sin llorar la p&eacute;rdida y el duelo se atasca&rdquo;, observa el psic&oacute;logo, que aunque cree injusto juzgar a Rick con los criterios actuales, ante esa imagen del hombre fuerte, &ldquo;decir que algo me est&aacute; doliendo permite que los dem&aacute;s sepan c&oacute;mo estamos y puedan acompa&ntilde;arnos&rdquo;, valora.
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                Fotograma de Casablanca.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><em>Pulp Fiction</em> y la comunicaci&oacute;n informal&nbsp;</h2><p class="article-text">
        En la primera escena de la pel&iacute;cula se muestra a Vincent y Jules charlando distendidamente en el coche sobre comida r&aacute;pida y si es aceptable echar mayonesa a las patatas, justo antes de una situaci&oacute;n de alto riesgo. &ldquo;Esa charla les ayuda a bajar la tensi&oacute;n y a llegar al momento dif&iacute;cil sinti&eacute;ndose parte de un equipo. Cuando el trabajo exige mucho, el apoyo de los compa&ntilde;eros amortigua el estr&eacute;s y, con el tiempo, ayuda a prevenir el agotamiento profesional&rdquo;, considera el especialista, dejando a un lado el trabajo que realizan ambos compa&ntilde;eros. &ldquo;Su humor les sirve para aguantar la presi&oacute;n y no indica que se tomen a la ligera lo que est&aacute; en juego&rdquo;, explica Rivero, que cree conveniente cuidar esos ratos en los equipos de trabajo, ya que &ldquo;despu&eacute;s de hablar del fin de semana a veces resulta m&aacute;s f&aacute;cil decir &lsquo;&uacute;ltimamente estoy bastante agobiado'&rdquo;.
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                Fotograma de &#039;Pulp Fiction&#039;.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><em>The Office</em> y las formas del acoso laboral</h2><p class="article-text">
        En el segundo episodio de la segunda temporada de la serie estadounidense, Michael Scott confiesa que asigna a sus empleados personajes de <em>Friends</em>. M&aacute;s tarde, insiste en que un v&iacute;deo obsceno de un mono no ofende a nadie y, por &uacute;ltimo, Todd Packer, un amigo suyo que viene de fuera, hace un comentario despectivo sobre la orientaci&oacute;n sexual de Jim, un empleado. &ldquo;Los personajes son tan exagerados que es f&aacute;cil pensar &lsquo;yo no soy as&iacute;&rsquo;, pero el episodio sirve para reconocer las versiones peque&ntilde;as de acoso laboral, como el mote que nadie eligi&oacute; o los comentarios sobre el aspecto de una compa&ntilde;era&rdquo;, detalla Rivero, que distingue tres formas distintas de acoso, de la menos a la m&aacute;s expl&iacute;cita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Decir &lsquo;era una broma&rsquo; explica la intenci&oacute;n de quien habl&oacute;, pero deja sin atender c&oacute;mo lo vivi&oacute; quien la recibi&oacute;. Si la empresa tolera estas conductas, se repiten y van a m&aacute;s&rdquo;, declara.
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                </figure><h2 class="article-text"><em>Her</em> y la ansiedad tecnol&oacute;gica</h2><p class="article-text">
        Cuando Theodore intenta comunicarse con Samantha, su sistema operativo, pero no obtiene respuesta y recibe el mensaje de &ldquo;sistema operativo no encontrado&rdquo;, entra en p&aacute;nico, reinicia el dispositivo de forma compulsiva y corre desesperado. &ldquo;Theodore reacciona como alguien a quien le retiran de golpe aquello de lo que depende: se angustia, la busca con desesperaci&oacute;n y su cuerpo se altera por completo. Cuanto m&aacute;s ocupa un aparato el lugar de las personas, m&aacute;s indefenso queda uno cuando falla&rdquo;, aporta el psic&oacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Algo de lo que vive Theodore aparece cuando revisamos una y otra vez si alguien ha contestado un mensaje, o cuando sentimos que el d&iacute;a depende de recibir una respuesta. El riesgo crece cuando casi todo el bienestar pasa por un solo contacto y la tecnolog&iacute;a ocupa el sitio de las personas cercanas. Tener otras relaciones y actividades propias da m&aacute;s sitios donde apoyarse cuando uno falla&rdquo;, compara.
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                </figure><h2 class="article-text"><em>Call me by your name</em> y la validaci&oacute;n emocional</h2><p class="article-text">
        El potent&iacute;simo mon&oacute;logo de Mr. Perlman, el padre de Elio, cuando al final de la pel&iacute;cula, le habla a su hijo de la naturaleza del dolor, para acompa&ntilde;arlo y ayudarlo a comprender su tristeza. &ldquo;El padre no intenta arreglar la situaci&oacute;n ni le pide que pase p&aacute;gina. Le dice que esa tristeza refleja la alegr&iacute;a y la conexi&oacute;n que ha vivido, y le pide que no se cierre para dejar de sufrir. As&iacute; le transmite que su dolor tiene sentido y que puede sentirlo&rdquo;, examina Rivero, que anima a ayudar a los dem&aacute;s de la misma manera, sin quitar importancia a lo que sienten &ldquo;o, simplemente, qued&aacute;ndonos a su lado en silencio&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El experto tambi&eacute;n advierte de que es posible sentir envidia o pena al ver la escena si nunca se cont&oacute; con una figura as&iacute;. &ldquo;Conviene tomarla como ejemplo de lo que ayuda y no como la medida de lo que debi&oacute; ser su pasado&rdquo;, concluye. 
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            <span class="title">
                Fotograma de &#039;Call me by your name&#039;.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/escena-pelicula-favorita-ayudarte-terapia_1_13585855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Oct 2026 20:03:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué esa escena de tu película favorita puede ayudarte en terapia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Salud mental,Cine,Terapia,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Tengo un cotilleo": por qué chafardear nos puede hacer bien]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/cotilleo-chafardear_1_13571563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7874e750-640e-4103-b5fb-a6d7f7217395_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Tengo un cotilleo&quot;: por qué chafardear nos puede hacer bien"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este acto tan común de hablar de la vida de otra gente a sus espaldas se señala como algo reprochable pero, aunque puede serlo, también tiene partes positivas: refuerza vínculos personales, eleva los niveles de oxitocina y ayuda a tejer una red de protección</p><p class="subtitle">“Confundimos cuidarnos con ser buena persona”: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar</p></div><p class="article-text">
        Hay pocos mensajes tan golosos como el que dice: &ldquo;Tengo un cotilleo&rdquo;. El ser humano quiere saber y pocos se negar&aacute;n a conocer esa informaci&oacute;n. El chisme tiene el atractivo del secreto, de la complicidad. Quiz&aacute; lo que se cuente no sea relevante ni demasiado interesante, pero la expectaci&oacute;n genera emoci&oacute;n y eso siempre es agradable. Este acto tan com&uacute;n de hablar de la vida de otra gente a sus espaldas se se&ntilde;ala como algo reprochable pero, aunque puede serlo, tambi&eacute;n tiene partes positivas: refuerza v&iacute;nculos personales, eleva los niveles de oxitocina y ayuda a tejer una red de protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es complicado deshacerse de la culpa. La escritora Hilary Leichter acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &lsquo;resaca de zorra&rsquo; en su libro <em>Algo temporal</em>. Seg&uacute;n su definici&oacute;n, se trata de: &ldquo;La resaca que tienes por las ma&ntilde;anas despu&eacute;s de haberte pasado la noche entera soltando mierda, diciendo estupideces, actuando como una enorme y tremenda imb&eacute;cil, permitiendo que todas las cosas horribles que ten&iacute;as en la cabeza salieran por alg&uacute;n motivo de tu boca babosa&rdquo;. Las periodistas Anna Pacheco y Andrea Gumes lo analizaron en su podcast <a href="https://open.spotify.com/episode/4hV4qYLC1mP2PjjLclua6D?si=cb81ecb3158b4e03&amp;nd=1&amp;dlsi=36a1274c209f4a53" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ciberlocutorio</a> y su audiencia se sinti&oacute; tan identificada que incluso <a href="https://www.eldiario.es/era/resaca-zorra-energia-hombre-divorciado-ciberlocutorio-ayudo-entender-internet-mundo_1_13371465.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">han hecho gorras con la expresi&oacute;n</a>.
    </p><p class="article-text">
        Cotillear de la gente a sus espaldas (o hablar demasiado de una misma, porque esto tambi&eacute;n entra en el concepto de Leichter) es el aut&eacute;ntico placer culpable, y no ser fan de alg&uacute;n grupo de m&uacute;sica hortera. Se puede hablar mal de personas a las que se conozca poco, pero tambi&eacute;n de amigos cercanos o individuos a los que se aprecie, sin tener intenciones perversas, pero s&iacute; da&ntilde;inas. De ah&iacute; que, despu&eacute;s de una sesi&oacute;n de chafardeo intenso, pueda aparecer un sentimiento de desasosiego que no es otra cosa que culpabilidad. Cotillear tambi&eacute;n tiene aspectos positivos, como se ha visto hasta ahora. &iquest;Es posible que exista una manera &eacute;tica de chismorrear?
    </p><h2 class="article-text">Lo dice la ciencia</h2><p class="article-text">
        Alicia Otero Garc&iacute;a es profesora de Patolog&iacute;a Animal de la Facultad de Veterinaria y tambi&eacute;n integrante del grupo RISArchers. Son un centenar de investigadoras e investigadores monologuistas de la Universidad de Zaragoza que combinan sus conocimientos cient&iacute;ficos con el humor. Este mundo, quiz&aacute;s poco conocido fuera del &aacute;mbito acad&eacute;mico, tiene sus propios cert&aacute;menes internacionales como Solo de Ciencia, que organiza la Fundaci&oacute;n Espa&ntilde;ola para la Ciencia y la Tecnolog&iacute;a (FECYT). Otero gan&oacute; la edici&oacute;n de 2025, que se celebr&oacute; en Quito, con su soliloquio sobre el chismorreo <em>Gossip sapiens</em>.
    </p><p class="article-text">
        Como investigadora en enfermedades neurodegenerativas, le gusta que sus mon&oacute;logos trasladen el funcionamiento del cerebro a situaciones cotidianas. La clave para captar el inter&eacute;s del p&uacute;blico es escoger un tema que apele a todo el mundo y el chismorreo es una cuesti&oacute;n &ldquo;con la que cualquier persona puede identificarse, independientemente del contexto cultural&rdquo;, dice. Lo pens&oacute; mucho antes de decantarse por el chisme porque es una de las cosas &ldquo;m&aacute;s universales&rdquo; que se le ocurri&oacute; y el triunfo en el concurso demostr&oacute; que ten&iacute;a raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La base cient&iacute;fica de su discurso es que el chismorreo &ldquo;es una de las bases de nuestra evoluci&oacute;n como humanos&rdquo;. Seg&uacute;n comenta, &ldquo;los v&iacute;nculos entre personas se refuerzan m&aacute;s al compartir chismes negativos, ya que incrementan bastante la oxitocina, lo que proporciona sensaci&oacute;n de complicidad entre las personas que comparten el cotilleo&rdquo;. Es la misma hormona que refuerza la uni&oacute;n entre una madre y su cr&iacute;a, para que nos hagamos a la idea. No es la &uacute;nica cient&iacute;fica que se ha adentrado en los misterios del chafardeo. Ella menciona a <a href="https://www.frankmcandrew.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Francis T. McAndrew,</a> muy conocido por su investigaci&oacute;n en psicolog&iacute;a evolutiva, que es un &ldquo;gran defensor del papel antropol&oacute;gico del chisme&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El cotilleo es una de las bases de nuestra evolución como humanos. Los vínculos entre personas se refuerzan más al compartir chismes negativos, ya que incrementan bastante la oxitocina, lo que proporciona sensación de complicidad entre quienes lo comparten</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alicia Otero García</span>
                                        <span>—</span> investigadora e integrante de RISArchers
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Otros cient&iacute;ficos que ahondaron en la cuesti&oacute;n han sido Konrad Rudnicki, Charlotte J. De Backer y Carolyn Declerck, un equipo de la Universidad de Amberes. En <a href="https://www.nature.com/articles/s41598-023-30126-9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a>  publicado en Nature en 2023 midieron las alteraciones de los niveles hormonales despu&eacute;s del cotilleo y, aunque el chisme no disminuye los niveles de cortisol por s&iacute; mismo, s&iacute; produce cambios fisiol&oacute;gicos y puede resultar una actividad social m&aacute;s estimulante que otras. Asimismo, los investigadores Helena Alicart, David Cucurell y Josep Marco-Pallar&eacute;s publicaron en 2020 los resultados de un <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31917324/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de neuroimagen</a> que muestra que el chismorreo provoca la activaci&oacute;n de &aacute;reas similares de la red de recompensa y que &lsquo;el salseo&rsquo; se recuerda mejor que una informaci&oacute;n nuestra.
    </p><h2 class="article-text">Te lo cuento en el descanso</h2><p class="article-text">
        Antonio no tiene dudas a la hora de afirmar que &ldquo;desde luego un buen cotilleo une mucho, crea un v&iacute;nculo con la persona a la que se lo est&aacute;s contando o te lo cuenta&rdquo;. &Eacute;l se&ntilde;ala que esto ocurre en el &aacute;mbito laboral y lo practica con asiduidad, aunque suelen ser comentarios inofensivos: &ldquo;Son cosas que tarde o temprano ser&iacute;an de dominio p&uacute;blico de todas maneras&rdquo;. En los centros de trabajo los chismes pueden ser acerca de relaciones sentimentales entre compa&ntilde;eros, pero tambi&eacute;n sobre cambios en la estructura de poder de la empresa o movimientos que pueden afectar a los trabajadores. De esa informaci&oacute;n puede salir una acci&oacute;n sindical o mecanismos de protecci&oacute;n ante el acoso laboral.
    </p><p class="article-text">
        Esto tambi&eacute;n puede extenderse a los barrios, donde el cotilleo suele ser una actividad frecuente. Al menos, en los que a&uacute;n quedan vecinos y no se han convertido en un parque de atracciones para turistas. En aquellos lugares en los que se re&uacute;nen quienes habitan la zona &mdash;como puede ser el mercado, los parques o el bar de abajo&mdash; circula la informaci&oacute;n y un comentario a priori malicioso puede hacer sonar la alarma sobre la situaci&oacute;n de alguien. Una an&eacute;cdota real: en una peluquer&iacute;a a la que varias mujeres acuden el mismo d&iacute;a de la semana, una de ellas falta a su cita. La sesi&oacute;n de chismorreo comienza con el comentario de &ldquo;su hijo se ha ido a vivir con la novia y ya no se le ve nunca&rdquo;, despu&eacute;s otra comenta que la &uacute;ltima vez que la hab&iacute;a visto ten&iacute;a mala cara y otra a&ntilde;ade que no hab&iacute;a pasado por la panader&iacute;a como siempre. Al final, una de ellas va a su casa y esta le dice que est&aacute; enferma, pero que no quer&iacute;a llamar a su hijo para no preocuparlo. Y la red de cuidados se pone en marcha.
    </p><p class="article-text">
        En este caso concreto se da tambi&eacute;n la peculiaridad de que el chismorreo se da entre mujeres en un lugar de reuni&oacute;n en el que no entran hombres: est&aacute; regentado por una peluquera y no tiene clientes masculinos. Aunque no est&eacute; pensado como tal, ese local es un centro de reuni&oacute;n seguro en el que incluso hay cierta confidencialidad entre la trabajadora y las clientas habituales. No quiere decir que el secreto vaya a quedar entre los rulos y los secadores, ni mucho menos, pero si ah&iacute; se crea el ambiente adecuado para soltar intimidades, por algo ser&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hist&oacute;ricamente, el chismorreo ha quedado asociado a las mujeres, a las clases populares y a determinados espacios de sociabilidad cotidiana: la cocina, el balc&oacute;n, el mercado, el lavadero, la plaza&rdquo;, apunta Yend&eacute;h R. Mart&iacute;nez, historiadora, activista feminista y parte del podcast <a href="https://open.spotify.com/show/3lVnO9ZqFWYofm7c4tUpqB" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Radiobajeras</a>. Pero cuando las mismas pr&aacute;cticas se dan en ambientes masculinizados los t&eacute;rminos cambian y ya no se trata de chisme sino de &ldquo;informaci&oacute;n, confidencia, rumor, <em>networking,</em> intercambio de contactos, diplomacia y hasta espionaje&rdquo;, completa. El g&eacute;nero y la clase social son esenciales para entender por qu&eacute; el cotilleo se ha denostado de forma hist&oacute;rica: &ldquo;Cuando la conversaci&oacute;n circula entre determinados sujetos y en determinados espacios, se considera conocimiento &uacute;til. Cuando la protagonizan mujeres y disidencias, se convierte en &lsquo;marujeo&rsquo;&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El centro de datos m&aacute;s grande</h2><p class="article-text">
        Una de las frases m&aacute;s celebradas &mdash;y tiene muchas&mdash; de la periodista y escritora Luc&iacute;a Lijtmaer es: &ldquo;No olvid&eacute;is nunca esto: las mujeres hablamos entre nosotras, y tenemos un disco duro que flipas con toda esa informaci&oacute;n&rdquo;. La pronunci&oacute; en un episodio del podcast Deforme Semanal, que comparte con Isabel Calder&oacute;n. Hablaban de datos referidos a los hombres con los que hab&iacute;an tenido alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n sexual o sentimental: en caso de que intentasen cualquier maniobra contra ellas o con alguna de sus amigas, est&aacute;n armadas con artiller&iacute;a suficiente como para anularle en un pesta&ntilde;eo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Históricamente, el chismorreo ha quedado asociado a las mujeres, a las clases populares y a determinados espacios de sociabilidad cotidiana: la cocina, el balcón, el mercado, el lavadero, la plaza</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Yendéh R. Martínez</span>
                                        <span>—</span> historiadora, activista feminista y parte del podcast Radiobajeras
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Marisa est&aacute; convencida de que el cotilleo sirve como red de seguridad y, de hecho, tiene una an&eacute;cdota que sirve como ilustraci&oacute;n de la advertencia de Lijtmaer: &ldquo;Una chica empez&oacute; a hablar con un t&iacute;o por una <em>app</em> y se lo cont&oacute; a su amiga. A esta, por ciertos datos, se le encendi&oacute; la bombilla y me escribi&oacute;. Result&oacute; que era el exnovio de una amiga m&iacute;a que est&aacute; en juicios por maltrato y se lo hab&iacute;a ocultado a la chica de la <em>app,</em> adem&aacute;s de que ten&iacute;a hijos&rdquo;. Ella puntualiza que hay que contrastar la informaci&oacute;n y asegurarte de que es ver&iacute;dica, pero un chisme: &ldquo;Puede salvarte de una bala&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Yend&eacute;h R. Mart&iacute;nez hay que remontarse muy lejos en el tiempo para entender por qu&eacute; estas uniones beneficiosas para las mujeres se intentan denostar en la sociedad. &ldquo;En los primeros siglos de la Edad Moderna, encontramos mujeres construyendo v&iacute;nculos muy fuertes de confianza, reciprocidad e intimidad entre ellas que compart&iacute;an cuidados, crianza, conocimientos y una parte fundamental de su vida afectiva&rdquo;, sostiene. En muchos casos, las relaciones eran m&aacute;s fuertes que las que ten&iacute;an con sus maridos, que posiblemente no hab&iacute;an escogido y en los que, a veces, ni siquiera estaban conformadas por el amor. &ldquo;La comadre era una figura de comunidad, de apoyo y de confianza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; la persecuci&oacute;n de la brujer&iacute;a que comienza en el siglo XV: &ldquo;No bastaba con controlar a las mujeres mediante la instituci&oacute;n matrimonial o religiosa. Hab&iacute;a que vigilar qu&eacute; hac&iacute;an cuando estaban juntas, qu&eacute; sab&iacute;an, qu&eacute; compart&iacute;an y, sobre todo, qu&eacute; se contaban. Una reuni&oacute;n de mujeres pod&iacute;a convertirse en un aquelarre&rdquo;, sostiene. De la bruja se pasa a la mujer de &lsquo;mala vida&rsquo; y, finalmente, a una reuni&oacute;n de chismosas. Un grupo de &lsquo;marujas&rsquo;. &ldquo;Durante siglos se ha intentado convertir en habladur&iacute;a aquello que, entre otras cosas, nos permiti&oacute; a las mujeres saber m&aacute;s unas de otras, cuidarnos y reconocernos como iguales&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Esto lleva a una conclusi&oacute;n: &ldquo;La pregunta de si el cotilleo es &eacute;tico o no, est&aacute; atravesada por una cuesti&oacute;n de poder&rdquo;, declara Yend&eacute;h R. Mart&iacute;nez y concluye que: &ldquo;La discusi&oacute;n sobre los l&iacute;mites, la responsabilidad y las consecuencias de se&ntilde;alar p&uacute;blicamente a alguien es leg&iacute;tima, pero resulta significativo que hist&oacute;ricamente haya existido y siga existiendo tanta resistencia a reconocer el valor del propio acto de contar&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/cotilleo-chafardear_1_13571563.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Oct 2026 20:34:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Tengo un cotilleo": por qué chafardear nos puede hacer bien]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Sociedad,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Una lloradita y a seguir": el meme que ha normalizado colapsar en el trabajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/lloradita-seguir-meme-normalizado-colapsar-trabajo_1_13553185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bed099eb-95d9-4ff7-8ebc-0d362295b675_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x764y297.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Una lloradita y a seguir&quot;: el meme que ha normalizado colapsar en el trabajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La expresión, que pivota entre la normalización y banalización del llanto, se ha extendido entre las generaciones más jóvenes, que ven cómo su situación no les permite frenar ni siquiera cuando la presión o el malestar les hace romper a llorar</p><p class="subtitle">Cuando tienes la sensación de “ir tarde en la vida”: no tener piso o hijos a los 35 no es culpa tuya</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Pero eso no le ha pasado a todo el mundo alguna vez en el trabajo?&rdquo;. Esa fue una de las respuestas que recib&iacute; al preguntar por la expresi&oacute;n &ldquo;lloradita y a seguir&rdquo;. Tras la proliferaci&oacute;n de memes, <em>stickers</em> y v&iacute;deos que repiten este mantra, aparecen historias personales que hablan de situaciones l&iacute;mite en ambientes laborales, de exigencias acad&eacute;micas o cuando se practica un deporte. La realidad es que algo impacta de forma grave en la persona cuando esta no tiene ni el tiempo ni el espacio para digerir ciertas emociones. Hemos perdido el miedo a llorar y a decir que lloramos, pero le seguimos quitando importancia. La liberaci&oacute;n moment&aacute;nea de las l&aacute;grimas no combate la presi&oacute;n externa que imposibilita la correcta y necesaria canalizaci&oacute;n emocional. Y los ritmos obligados tampoco ayudan.
    </p><p class="article-text">
        Roc&iacute;o tiene 28 a&ntilde;os y hace dos trabajaba como dependienta en una firma francesa de moda en Madrid. &ldquo;Un d&iacute;a mi jefe me dijo delante de unos clientes que si no hab&iacute;a pensado en operarme algunas partes de mi cuerpo, y me las empez&oacute; a se&ntilde;alar. No supe c&oacute;mo contestar&rdquo;, recuerda esta maestra de pedagog&iacute;a terap&eacute;utica. En cuanto pudo, se fue al ba&ntilde;o. &ldquo;Me sent&iacute;a mal, culpable, y ah&iacute; s&iacute;: lloradita y a seguir&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de situaciones suelen aparecer en entornos de alta presi&oacute;n en los que la persona afectada no tiene una red de apoyo presente. &ldquo;Tambi&eacute;n te sabe mal pedir ayuda, o piensas que es algo que tienes que llevar t&uacute; sola&rdquo;, opina Andrea, profesora en una academia de Getafe. A sus 34 a&ntilde;os, todav&iacute;a rememora aquellos momentos en los que lloraba sola por la muerte de su abuelo antes de enfrentar una clase. &ldquo;Parece que cada vez nos intentan hacer m&aacute;s independientes, cuando estos malos tragos muchas veces son menos malos si estamos acompa&ntilde;adas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Laura no conoc&iacute;a la expresi&oacute;n &ldquo;lloradita y a seguir&rdquo; cuando en numerosas ocasiones ya la hab&iacute;a puesto en pr&aacute;ctica. Tiene 32 a&ntilde;os y es una profesional de la comunicaci&oacute;n y las redes sociales. &ldquo;Lo peor es cuando tienes un problema de salud mental y la sanidad p&uacute;blica no te acompa&ntilde;a como debe, y tienes que ir a la privada para seguir viviendo. No puedes no trabajar, especialmente cuando eres aut&oacute;noma. Lloras y luego vas a reuniones con los ojos rojos&rdquo;, dice por su experiencia. Desde su punto de vista, que esta realidad est&eacute; tan extendida es un claro s&iacute;ntoma del sistema: &ldquo;No s&eacute; si a los ricos les pasar&aacute; lo mismo&rdquo;, comenta con iron&iacute;a esta madrile&ntilde;a.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DWAtw1Wjg11/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        De todas formas, a veces la cosa va m&aacute;s all&aacute; de la &ldquo;lloradita&rdquo;: &ldquo;Hay experiencias que nos pueden desbordar mucho m&aacute;s, que nuestro cerebro no consigue digerir o integrar, y no se trata de llorar y seguir todos los d&iacute;as, sino que hay que ir m&aacute;s all&aacute;&rdquo;, esgrima Paula Mui&ntilde;os, vocal del Col&middot;legi Oficial de Psicologia de la Comunitat Valenciana.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Hay experiencias que nos pueden desbordar mucho más, que nuestro cerebro no consigue digerir o integrar, y no se trata de llorar y seguir todos los días, sino que hay que ir más allá</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Paula Muiños</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El humor y la invalidaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Decir &ldquo;lloradita y a seguir&rdquo; es ponerle algo de humor a la situaci&oacute;n y quitarle importancia al mismo tiempo para Laura. &ldquo;Es la l&oacute;gica del mercado, que no deja espacio para las emociones. Solo producir, producir y producir&rdquo;, explica. Es lo que tambi&eacute;n piensa Raquel Masa, psic&oacute;loga sanitaria de Bilbao que esgrime que la expresi&oacute;n supone incluso un proceso de invalidaci&oacute;n emocional. &ldquo;No tengo tiempo para procesar lo que me pasa, me doy un minuto de tregua y luego a seguir como si nada&rdquo;, abunda. &ldquo;Una cosa es normalizar el llanto y otra banalizarlo&rdquo;, precisa su compa&ntilde;era Paula Mui&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n laboral es lo que ha hecho que Hugo, uno de los pocos hombres que ha respondido al llamado de hacer p&uacute;blico estos momentos de vulnerabilidad, explotara varias veces en los <em>sets</em> de rodaje. A sus 22 a&ntilde;os, este integrante de los equipos de direcci&oacute;n de producciones audiovisuales habla de &ldquo;exigencias brutales&rdquo; de 12 horas ininterrumpidas trabajando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las nuevas generaciones somos m&aacute;s conscientes de esto. Cuando coincido con gente de mi edad en los rodajes, lo entendemos muy bien. Cuando me ha pasado o le ha pasado a alguien, siempre hemos intentado acompa&ntilde;arnos, aunque sabemos que esto de tener que seguir a toda costa es neoliberalismo puro&rdquo;, desarrolla. En este sentido, Masa, psic&oacute;loga, agrega que los j&oacute;venes son una generaci&oacute;n que en mayor medida identifica y reconoce algo m&aacute;s el proceso de identificaci&oacute;n y reconocimiento de una emoci&oacute;n, pero con poco espacio para validarla y procesarla.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Reacciones emocionales personales</h2><p class="article-text">
        Marta, periodista de 31 a&ntilde;os, cuenta que algunas veces, mientras est&aacute; con amigos o en casa trabajando, le asalta una emoci&oacute;n que le empa&ntilde;a los ojos: &ldquo;Ah&iacute; lloras un poquito y buscas un abrazo y contin&uacute;as con tu vida. De alguna manera entiendes que no puedes quedarte estancada para que no genere un malestar mayor&rdquo;, admite. Como comunicadora en zona de conflicto, ha vivido situaciones de gran injusticia e impunidad. &ldquo;El llanto tiene un componente liberador, es tu propio cuerpo deshaci&eacute;ndose de una parte de &eacute;l mismo, no s&eacute;&rdquo;, dice.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Cuando coincido con gente de mi edad en los rodajes, lo entendemos muy bien. Cuando me ha pasado o le ha pasado a alguien, siempre hemos intentado acompañarnos, aunque sabemos que esto de tener que seguir a toda costa es neoliberalismo puro</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Hugo</span>
                                        <span>—</span> 22 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La crianza tambi&eacute;n es otra de las realidades que puede llevar al l&iacute;mite. &ldquo;Compaginar el inicio de la escuela infantil o el colegio con mi trabajo es horroroso. En julio avis&eacute; en el trabajo de que necesitar&iacute;a algo de flexibilidad en septiembre, pero a finales de agosto ya todo el mundo ten&iacute;a muchos y muy buenos proyectos y nadie se acordaba de lo que dije&rdquo;, enuncia Carla, vecina de 33 a&ntilde;os de Pinto con dos peque&ntilde;os a su cargo que muchas veces se acuesta con l&aacute;grimas en los ojos. &ldquo;Acompa&ntilde;ar a tu hijo al cole no es un derecho, por ahora, y tu jefe solo piensa en el &uacute;ltimo trimestre del a&ntilde;o&rdquo;, agrega con enfado. En su caso, encuentra un alivio en sus amigas, con quien se intercambia <em>stickers</em> por WhatsApp con mensajes como &ldquo;una lloradita y a seguir existiendo&rdquo;.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DX8f085uWBK/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Hablar de manera desenfadada del lloro es un avance para Anna Romeu, psic&oacute;loga especializada en gesti&oacute;n emocional. A ojos de esta especialista, la expresi&oacute;n explicita una realidad ocultada en muchas ocasiones y, por otro lado, le pone final en el tiempo. &ldquo;Me gusta porque termina la acci&oacute;n, no nos vamos a pasar todo el d&iacute;a llorando, ni el mundo se acaba&rdquo;, determina. Esta integrante del Colegio Oficial de Psicolog&iacute;a de Catalunya admite tambi&eacute;n que hay otra lectura: &ldquo;No me gusta tanto que se pueda llegar a tomar a la ligera el hecho de llorar o sentir. Cada una de las reacciones emocionales son personales e intransferibles, con intensidades diferentes, y todas son v&aacute;lidas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Un malestar m&aacute;s amplio detr&aacute;s</h2><p class="article-text">
        A Alba, el estr&eacute;s por el estudio de unas oposiciones le ha pasado factura. Esta joven de 26 a&ntilde;os, asentada en C&aacute;diz, decidi&oacute; dejar de lado el estudio durante dos semanas para poderse recomponer de la ruptura de una relaci&oacute;n con quien durante seis a&ntilde;os fue su pareja. &ldquo;El duelo no lo haces en dos semanas, as&iacute; que yo estaba estudiando la misma oposici&oacute;n que &eacute;l aprob&oacute; y, de repente, me acordaba de cualquier cosa de nosotros y lloraba. Me daba cinco minutos y segu&iacute;a estudiando, porque adem&aacute;s no dejaba de pensar que si no suspender&iacute;a y no tendr&iacute;a trabajo&rdquo;, relata.
    </p><p class="article-text">
        Esta graduada en Ciencias Pol&iacute;ticas y Estudios Internacionales sostiene que no tener espacio para mostrar los sentimientos &ldquo;va en la l&iacute;nea de hacer de menos c&oacute;mo nos sentimos para evitar abordar nuestra situaci&oacute;n, verlo como algo moment&aacute;neo, cuando es s&iacute;ntoma de un malestar mucho m&aacute;s general&rdquo;. La psic&oacute;loga Mui&ntilde;os, por su parte, valora que detr&aacute;s de &ldquo;una lloradita&rdquo; puede haber una forma de resiliencia, pero tambi&eacute;n algo m&aacute;s, como si se estuviera tapando alguna situaci&oacute;n compleja o un malestar m&aacute;s amplio.
    </p><p class="article-text">
        A A&iacute;da nunca se le olvidar&aacute; el d&iacute;a que su padre le dijo que padec&iacute;a c&aacute;ncer. Ella tiene 34 a&ntilde;os y se dedica a la consultor&iacute;a: &ldquo;Recib&iacute; la llamada en el trabajo y tuve que hacer como si nada, disimul&eacute;. Conforme colgu&eacute;, me fui al ba&ntilde;o y habl&eacute; con mi hermana, que estaba en una situaci&oacute;n similar. En un cuarto de hora, me lav&eacute; la cara y volv&iacute; a mi mesa&rdquo;, detalla.&nbsp;
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DTYMpVvjhC9/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Introducir el factor risa de la expresi&oacute;n &ldquo;lloradita y a seguir&rdquo; para abordar realidades y momentos tan complicados no es algo positivo para A&iacute;da. &ldquo;Las cosas graves deber&iacute;an mantenerse en la gravedad, que el cerebro sepa reaccionar ante ellas, que no se lo tome a broma. Esta expresi&oacute;n meme es muy siglo XXI, para descargar la importancia que tiene realmente&rdquo;, apunta. Masa, integrante del Colegio Oficial de Psicolog&iacute;a de Bizkaia, recalca que el humor puede ser un mecanismo &ldquo;muy bueno&rdquo; para hacer frente a algo cuando no hay tiempo de interiorizarlo, pero siempre y cuando despu&eacute;s exista tiempo para procesar lo ocurrido.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Esta expresión meme es muy siglo XXI, para descargar la importancia que tiene realmente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Aída</span>
                                        <span>—</span> 34 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Que el entorno sostenga</h2><p class="article-text">
        Para Ana, los diez meses que estuvo trabajando en una agencia de relaciones p&uacute;blicas fueron &ldquo;diez meses de lloradita y a seguir&rdquo;, asegura. Esta redactora t&eacute;cnica en una empresa de electromedicina detalla que su jefa le trataba mal continuamente. &ldquo;Estamos tan apretados en nuestra vida con la familia, el trabajo, el dinero o lo que sea, que al final uno tiene que tragar y seguir&rdquo;, profundiza.
    </p><p class="article-text">
        Masa dice que la soluci&oacute;n pasa por poder reconocer la emoci&oacute;n y ser consciente de ella. &ldquo;Si uno tiene un mal d&iacute;a, quiz&aacute; puede llegar al trabajo y decirse a s&iacute; mismo que ir&aacute; m&aacute;s lento. Nos tenemos que validar como individuos&rdquo;, explica. De todas formas, como todo, tiene un componente comunitario: &ldquo;El entorno deber&iacute;a saber leer que a esa persona le sucede algo y que ser&aacute; importante sostenerla, acompa&ntilde;arla&rdquo;, finaliza la experta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/lloradita-seguir-meme-normalizado-colapsar-trabajo_1_13553185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Oct 2026 20:05:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Una lloradita y a seguir": el meme que ha normalizado colapsar en el trabajo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internet,Memes,Salud mental,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Raquel Zas explora el deseo femenino en ‘Los años secos’: "La libertad consiste en averiguar si un sí es verdaderamente tuyo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/raquel-zas-explora-deseo-femenino-anos-secos-libertad-consiste-averiguar-si-verdaderamente-tuyo_1_13537737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4743fd9e-6b88-435f-83a0-aaa390a307a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x647y131.jpg" width="1200" height="675" alt="Raquel Zas explora el deseo femenino en ‘Los años secos’: &quot;La libertad consiste en averiguar si un sí es verdaderamente tuyo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La guionista y periodista disecciona en su primera novela las expectativas vitales de una protagonista que decide detener su vida sexual para averiguar qué había estado buscando realmente</p><p class="subtitle">“Necesito paz”: cómo cortar lazos con alguien de tu vida que te hace daño</p></div><p class="article-text">
        Clara acaba de romper con Diego, su pareja, y vuelve a casa de sus padres. La vida que hab&iacute;a construido alrededor de su relaci&oacute;n acaba de estallar y, perdida en ese duelo, una terapeuta le propone algo para intentar encontrarse a s&iacute; misma: dejar de acostarse con gente durante un tiempo. Clara acepta.
    </p><p class="article-text">
        Este par&oacute;n sexual se convierte, con el paso de los meses, en el inicio de una investigaci&oacute;n mucho m&aacute;s profunda: toda su vida se somete a juicio. Siempre hab&iacute;a pensado que sab&iacute;a lo que quer&iacute;a y ahora ya no tiene ni idea.
    </p><p class="article-text">
        Este es el punto de partida de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-anos-secos/456142" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los a&ntilde;os secos</em></a><em> </em>(Temas de hoy, 2026), la primera novela de <a href="https://www.instagram.com/raquel.zas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Raquel Zas</a> (Viveiro, 1989), una historia l&uacute;cida y magn&eacute;tica sobre el deseo femenino que utiliza la vida sexual de su protagonista para hablar de la necesidad de sentirse querido, las relaciones de pareja, la autoestima, la soledad, la familia y las expectativas que cada persona aprende a asumir para encajar. &ldquo;Siempre me han obsesionado los afectos, las relaciones entre las personas&rdquo;, admite la escritora. &ldquo;Por qu&eacute; fingimos, por qu&eacute; mentimos o por qu&eacute; representamos un papel para sentirnos aceptados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La novelista, que ha trabajado tambi&eacute;n como guionista en el corto nominado al Goya <em>Ciao Bambina</em>, dirigido por Afioco Gnecco y Carolina Yuste, comenz&oacute; a darle vueltas a esta idea en 2020. &ldquo;Entonces vi un documental titulado <a href="https://www.filmin.es/pelicula/venus-confesiones-desnudas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Venus: Confesiones desnudas</a> en el que dos artistas danesas entrevistaban a varias chicas sobre su vida sexual. Les preguntaban cu&aacute;ntas parejas sexuales hab&iacute;an tenido y luego con cu&aacute;ntas realmente hab&iacute;an disfrutado. La cifra se reduc&iacute;a mucho de una respuesta a la otra. Casi todas se re&iacute;an, pero no se preguntaban por qu&eacute;. Hab&iacute;a como una especie de resignaci&oacute;n&rdquo;, relata a este diario. &ldquo;Tambi&eacute;n me llam&oacute; la atenci&oacute;n que algunas se sent&iacute;an juzgadas por tener poco deseo sexual y otras por todo lo contrario. Me pareci&oacute; que ah&iacute; hab&iacute;a un tema interesante&rdquo;, a&ntilde;ade la escritora.
    </p><h2 class="article-text">Redescubrir el propio deseo</h2><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de olvidarse del sexo, la terapeuta de Clara le pide algo m&aacute;s: que comparta con ella todas las experiencias relativas a la sexualidad que ha vivido a lo largo de su vida. Esa herramienta narrativa, una especie de diario personal, nos permite conocer el pasado de Clara desde su infancia hasta la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El diario es una forma de explorar por qu&eacute; ha desarrollado esa especie de rechazo al sexo&rdquo;, apunta Zas. Este ejercicio de celibato reflexivo le permitir&aacute; descubrir a lo largo de las p&aacute;ginas de la novela qu&eacute; parte de su vida respond&iacute;a a su propio deseo y cu&aacute;nta a la necesidad de sentirse aceptada.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando Clara deja de sostener su personaje, empieza a cuestionarse la relación con su cuerpo, con su pareja o con su familia. Es como que necesitaba quitar algo para que se pudiera ver lo que había debajo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero la novela no solo habla de relaciones de pareja. &ldquo;Para m&iacute; el sexo abre una grieta por la que entra todo lo dem&aacute;s&rdquo;, explica la novelista. &ldquo;Cuando Clara deja de sostener su personaje, empieza a cuestionarse la relaci&oacute;n con su cuerpo, con su pareja o con su familia. Es como que necesitaba quitar algo para que se pudiera ver lo que hab&iacute;a debajo. Esto no pretende ser una soluci&oacute;n moral, ni una revancha contra los hombres, es m&aacute;s bien una <em>suspensi&oacute;n del ruido</em>. Cuando Clara deja de acostarse con gente encuentra el vac&iacute;o que eso estaba ayudando a tapar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Zas remarca que no es que ella est&eacute; a favor de la abstinencia: &ldquo;Tom&eacute; esa decisi&oacute;n para que la historia avanzase&rdquo;, confiesa. &ldquo;Se trata de un tema muy complejo que me supera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de documentarse para escribir sobre el tema, la escritora decidi&oacute; acudir a una terapeuta sexual haci&eacute;ndose pasar por su protagonista. &ldquo;No le dije que estaba escribiendo una novela. Quer&iacute;a obtener una respuesta org&aacute;nica y real y, aunque esta terapeuta no me recomend&oacute; dejar de tener sexo, algunas de sus frases s&iacute; que han acabado en la novela&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Un clavo saca otro clavo</h2><p class="article-text">
        Uno de los temas con los que probablemente conectar&aacute;n muchos lectores de <em>Los a&ntilde;os secos</em> es esa extra&ntilde;eza de volver a estar &ldquo;en el mercado&rdquo;. De bajarse una <em>app </em>para conocer gente y ponerse a hablar con extra&ntilde;os tras una ruptura.
    </p><p class="article-text">
        Zas se acerca al asunto criticando la falta de empat&iacute;a y de espacio que la sociedad suele conceder al desamor. &ldquo;Las rupturas amorosas se toman muy poco en serio&rdquo;, sostiene. &ldquo;Si te rompes una pierna o un brazo, al d&iacute;a siguiente no vas a trabajar, pero si tu pareja te deja tienes que seguir con tu vida aunque est&eacute;s destrozado por dentro&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mucha gente se dedica a llenar el vacío con personas, ya sean parejas, hijos o trabajo, para no tener que mirarse al espejo y decir ‘¿qué es lo que realmente quiero hacer con mi vida?’</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el duelo puede durar unas semanas, un mes&hellip; A partir de entonces, comenta la gallega, la gente se cansa de verte triste. Ante esto, Zas propone dar un poco m&aacute;s de ox&iacute;geno para superar las rupturas y dejar de hacer el 'Tarz&aacute;n', encadenando unas relaciones con otras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Casi siempre es un error&rdquo;, asegura. &ldquo;Mucha gente se dedica a llenar el vac&iacute;o con personas, ya sean parejas, hijos o trabajo, para no tener que mirarse al espejo y decir &lsquo;&iquest;qu&eacute; es lo que realmente quiero hacer con mi vida?&rsquo; Porque eso da mucho v&eacute;rtigo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Escribir sobre alguien que no te cae bien</h2><p class="article-text">
        En las notas que acompa&ntilde;an a la publicaci&oacute;n de este libro, Zas declara sin tapujos que su personaje protagonista, Clara, no le cae especialmente bien. M&aacute;s bien al contrario, la considera incluso un poco ruin. Al preguntarle qu&eacute; hay detr&aacute;s de esa elecci&oacute;n, la autora cuenta que &ldquo;para empezar, para m&iacute; es mucho m&aacute;s divertido y m&aacute;s rico escribir sobre una persona un poco miserable que me cae mal&rdquo;, dice entre risas.
    </p><p class="article-text">
        Zas rechaza la idea de que la ficci&oacute;n deba servir como un reflejo mejorado del autor o como manual de conducta: &ldquo;No quer&iacute;a ni escribir sobre m&iacute; ni que ella pensase lo mismo que pienso yo. Eso me resulta aburrido y muy poco interesante&rdquo;, asegura. &ldquo;Adem&aacute;s, siento que a los personajes femeninos siempre se les exige cierta pedagog&iacute;a moral, que sean personajes <em>celestes</em> y ejemplares. Me parece muy condescendiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que le estimula precisamente a la escritora es la contradicci&oacute;n. &ldquo;Clara est&aacute; muy herida, siente mucha culpa y a veces te compadeces de ella, pero luego otras es cruel, narcisista y ego&iacute;sta. Todos somos un poquito miserables y me parece mucho m&aacute;s divertida la gente que es un poco desastre que los ciudadanos ejemplares&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los monstruos en los cuentos tranquilizan porque parece que la maldad viene de seres excepcionales, pero no es así: todos hacemos daño</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esa misma idea est&aacute; detr&aacute;s de una decisi&oacute;n literaria llamativa: en un momento de la novela, la narraci&oacute;n de Clara se interrumpe para dar paso a un cap&iacute;tulo en el que su exnovio toma el control. Al preguntarle por las razones de esta ruptura narrativa, la autora confiesa que tuvo sus dudas. &ldquo;Estuvo a punto de caer, pero al final Diego, el ex, es uno de mis personajes favoritos&rdquo;, argumenta. &ldquo;Creo que en este tipo de relatos tendemos a victimizar a la mujer y a poner a ciertos personajes masculinos como villanos. En mi opini&oacute;n, eso es un poco pobre. Los monstruos en los cuentos tranquilizan porque parece que la maldad viene de seres excepcionales, pero no es as&iacute;: todos hacemos da&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Zas, al dar voz al personaje masculino buscaba ofrecer una mirada m&aacute;s compleja y humana sobre la ruptura: &ldquo;Diego es un t&iacute;o maj&iacute;simo que la quiso y la cuid&oacute;, pero que tambi&eacute;n le hizo da&ntilde;o. Al meterlo en la novela, buscaba ver la otra parte sin anular el dolor de Clara. En una ruptura de dos personas, los dos pueden sentirse abandonados, y es muy dif&iacute;cil estar con alguien que no te desea. Comprenderlo no significa que no haya ejercido cierta violencia, pero me interesaba meterme en la cabeza de un chico y asumir ese reto&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Todos somos Clara?</h2><p class="article-text">
        Es posible que el gran acierto de <em>Los a&ntilde;os secos</em>, adem&aacute;s de<em> </em>retratar de forma magistral una crisis individual o los conflictos de la solter&iacute;a contempor&aacute;nea, est&eacute; en se&ntilde;alar esa paradoja entre lo que realmente deseamos y lo que se supone que tenemos que desear.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a se habla mucho sobre el consentimiento, pero la autora apuesta por ir mucho m&aacute;s all&aacute;. &ldquo;A mi generaci&oacute;n se nos ense&ntilde;&oacute; que una mujer pod&iacute;a decir que s&iacute; o que no, pero no se hablaba tanto de si ese 's&iacute;' proced&iacute;a realmente de nuestro deseo o de la necesidad de parecer libre, moderna o poco reprimida&rdquo;, advierte Zas. &ldquo;Y una libertad tambi&eacute;n puede convertirse en un mandato cuando exige una respuesta concreta. La libertad no consiste &uacute;nicamente en poder decir que s&iacute;, sino en averiguar si ese 's&iacute;' es verdaderamente tuyo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de esto, la autora no pretende dar lecciones a nadie. &ldquo;No hay ninguna tesis ni moralejas en mi libro&rdquo;, aclara. &ldquo;Entre otras cosas porque cada lector interpreta lo que quiere. Pero s&iacute; me gustar&iacute;a que quien lea la novela se pregunte qu&eacute; parte de su vida ha elegido realmente y qu&eacute; parte ha aprendido a representar&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/raquel-zas-explora-deseo-femenino-anos-secos-libertad-consiste-averiguar-si-verdaderamente-tuyo_1_13537737.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Sep 2026 21:06:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Raquel Zas explora el deseo femenino en ‘Los años secos’: "La libertad consiste en averiguar si un sí es verdaderamente tuyo"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Entrevistas,Libros,Relaciones,Pareja,Bienestar emocional,Sexualidad,Psicoterapia,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Alerta flequillo": el corte de pelo que ha pasado de insulto machista a reivindicación feminista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/alerta-flequillo-corte-pelo-pasado-insulto-machista-reivindicacion-feminista_129_13547388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7db3565-fabc-488d-8f33-ba16ff017259_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x798y344.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Alerta flequillo&quot;: el corte de pelo que ha pasado de insulto machista a reivindicación feminista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Popularizado primero en las redes sociales argentinas, el “alerta flequillo” ha llegado también a la manosfera española convirtiendo los flequillos cortos en seña de identidad para atacar a mujeres que intervienen en el debate público</p><p class="subtitle">De las gradas antifas a los 'looks' de influencers: qué ha pasado con las Adidas Samba</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Alerta flequillo&rdquo;, &ldquo;tu flequillo te delata&rdquo;. Estos son algunos de los comentarios que Virginia Mendoza, dise&ntilde;adora, ilustradora y un tercio del&nbsp;podcast feminista <a href="https://www.instagram.com/radiobajeras_/?hl=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Radiobajeras</em></a> estaba acostumbrada a recibir al publicar v&iacute;deos en su perfil. Este verano, al sumarse a un <em>trend</em> de redes que consist&iacute;a en grabarse cort&aacute;ndose el flequillo precisamente como burla a esos insultos, recibi&oacute; acoso <em>online</em> durante semanas. &ldquo;Se unieron los<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/catalunya/acoso-incel-experta-videojuegos-vez-tirarte-tejos-tiraba-bocadillo_1_13063550.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>incel,</em></a> los mis&oacute;ginos y los fascistas y, de repente, mi post era ForoCoches&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Lo que le ocurri&oacute; a Mendoza no es una experiencia aislada. &ldquo;La primera vez que vi un v&iacute;deo sobre la 'alerta flequillo', no lo pod&iacute;a creer&rdquo; explica Inma T., peluquera y creadora del fanzine punk <em>Murcia Tropikal</em>. &ldquo;Me di por aludida y sent&iacute; que a m&iacute;, y a muchas mujeres, se nos se&ntilde;alaba y ridiculizaba de una manera que nunca hab&iacute;a vivido. Y, sobre todo, con un apoyo en red desorbitado&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-captioned data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DbqcDqANV0-/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/reel/DbqcDqANV0-/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82
C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a><p style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px; margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/reel/DbqcDqANV0-/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida por 𝑽𝒊𝒓𝒈𝒊𝒏𝒊𝒂 𝑴𝒆𝒏𝒅𝒐𝒛𝒂 (@virginiamendoza.ds)</a></p></div></blockquote>
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        La &ldquo;alerta&rdquo; apunta a los flequillos m&aacute;s cortos que dejan las cejas a la vista y desaf&iacute;an la feminidad normativa. El pelo, como la <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/13505084251383289?utm_source=chatgpt.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n feminista</a> especializada ha estudiado, funciona como una se&ntilde;al de g&eacute;nero sometida a vigilancia que persigue un canon de docilidad y deseabilidad para la mirada masculina. La burla y el se&ntilde;alamiento a los flequillos que rompen con ese canon es, por tanto, una forma de disciplinarlos. Como explica la peluquera Inma T., esto se produce en un contexto de desaparici&oacute;n de este tipo de flequillos a favor de la proliferaci&oacute;n de las est&eacute;ticas de las <a href="https://www.eldiario.es/era/clean-girls-estetica-portuguesa-obsesion-categorizarse-constantemente_1_12388524.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>clean girls</em></a> (chicas limpias, de aspecto depurado) o las<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/era/manosfera-tradwifes-contenido-ultraconservador-convertido-negocio_1_11563998.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>tradwives</em></a><em> </em>que popularizan las redes. El fascismo est&eacute;tico convive as&iacute; con la aparici&oacute;n del fen&oacute;meno &ldquo;alerta flequillo&rdquo;, retroaliment&aacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s ha pasado para que un corte de pelo transforme un espacio digital como el Instagram personal de una mujer en un foro de la <a href="https://www.eldiario.es/un-tema-al-dia/podcast-manosfera-colmenas-machismo-internet_132_9731643.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">manosfera</a>?
    </p><h2 class="article-text">De Argentina a Espa&ntilde;a: viaje por la manosfera internacional</h2><p class="article-text">
        En sus visitas recientes a Argentina, especialmente tras la llegada de Milei al poder, activistas e investigadoras espa&ntilde;olas como Alicia Vald&eacute;s y Anita Fuentes, ve&iacute;an con sorpresa c&oacute;mo&nbsp;sus flequillos eran&nbsp;motivo de conversaci&oacute;n. Sus compa&ntilde;eras les preguntaban si recib&iacute;an ataques por su corte de pelo bajo el llamado &ldquo;alerta flequillo&rdquo;. Esta expresi&oacute;n se hab&iacute;a extendido en redes para se&ntilde;alar y ridiculizar a mujeres identificadas como feministas.
    </p><p class="article-text">
        En el contexto espa&ntilde;ol, lo m&aacute;s parecido era la asociaci&oacute;n de los flequillos cortos &ldquo;borrokas&rdquo;, sin embargo, estos c&oacute;digos no hab&iacute;an alcanzado tanta capacidad de penetraci&oacute;n y, sobre todo, no se hab&iacute;an convertido en un c&oacute;digo espec&iacute;ficamente dirigido contra las feministas.
    </p><p class="article-text">
        La periodista argentina <a href="https://www.instagram.com/cel_murillo/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Celeste Murillo</a> explica que busc&oacute; con entusiasmo esa relaci&oacute;n directa entre feminismo y flequillo que anunciaba la manosfera. Lo que descubri&oacute; es que el origen de esta asociaci&oacute;n se encuentra en los ataques que desde hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os reciben las participantes de las movilizaciones de <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/multitud-volvio-calles-basta-de-matarnos_1_13273624.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Ni Una Menos</a> contra la violencia machista y de la <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/feminismos-eleccion-libertad-derechos-riesgo_1_10551087.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Marea Verde</a> por la legalizaci&oacute;n del aborto. No encontr&oacute; que ese peinado fuera mayoritario entre ellas, lo que descubri&oacute; es que se les hab&iacute;a atribuido una asociaci&oacute;n con los flequillos cortos desde posiciones antifeministas para caricaturizarlas mediante c&oacute;digos est&eacute;ticos de desobediencia de g&eacute;nero.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En los últimos años, de repente, de manera impuesta y de manera externa, se me ha dicho que llevar el flequillo de determinada manera indicaba o implicaba una serie de aspectos de mi personalidad o de mi posicionamiento político</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alicia Valdés</span>
                                        <span>—</span> politóloga e investigadora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo llega al contexto espa&ntilde;ol? &ldquo;Tiene que ver con el modelo de negocio de las redes&rdquo;, responde <a href="https://www.instagram.com/anitafuentex/?hl=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Anita Fuentes</a>, investigadora de la Universidad Complutense especializada en misoginia <em>online</em>, feminismo y capitalismo digital. &ldquo;Al compartir idioma con los pa&iacute;ses latinoamericanos, los algoritmos de plataformas como TikTok o Instagram tratan el espacio hispanohablante como un &uacute;nico mercado de atenci&oacute;n y acaban recomendando aqu&iacute; contenidos que han tenido &eacute;xito en pa&iacute;ses como Argentina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La extrema derecha de ambos lados del Atl&aacute;ntico est&aacute; estrechamente conectada y, a su vez, Argentina se ha convertido en un centro de producci&oacute;n intelectual del movimiento ultraconservador&rdquo;, a&ntilde;ade Fuentes. De este modo, el &ldquo;alerta flequillo&rdquo; recala en nuestras pantallas como parte de una red internacional de ideolog&iacute;a reaccionaria, cargada del imaginario argentino del actual gobierno que se articula en t&eacute;rminos de una batalla cultural donde las feministas y &ldquo;zurdas&rdquo; son uno de los principales objetivos a batir de forma que el marcado de las primeras fue r&aacute;pidamente extensible a cualquier mujer de izquierdas.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro contexto se encontr&oacute; con un terreno abonado: c&oacute;digos propios que ya asociaban determinados flequillos con posiciones pol&iacute;ticas y una misoginia <em>online</em> que ya ven&iacute;a castigando la <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/auge-violencias-machistas-online-ataques-feministas-intensifican-respuestas_1_13081557.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">participaci&oacute;n de las mujeres</a> en la esfera p&uacute;blica digital.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7571480189461450002"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><h2 class="article-text">C&oacute;mo se construye un c&oacute;digo antifeminista</h2><p class="article-text">
        La asociaci&oacute;n no necesita ser cierta para funcionar: necesita repetirse hasta que determinados flequillos puedan ser le&iacute;dos como feministas o de izquierdas sin necesidad de explicar la relaci&oacute;n. &ldquo;Es en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cuando de repente, de manera impuesta y de manera externa, se me ha dicho que llevar el flequillo de determinada manera indicaba o implicaba una serie de aspectos de mi personalidad o de mi posicionamiento pol&iacute;tico&rdquo;, comenta a este medio Alicia Vald&eacute;s, investigadora, directora de la escuela de pensamiento <a href="https://aliciavaldes.info/lagrima" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La&middot;grima</a> y autora del reciente ensayo <a href="https://www.eldiario.es/era/alicia-valdes-ultraderecha-canalizando-malestar-hombres-jovenes-discursos-antifeministas_1_13261190.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Auge. G&eacute;nero, juventud y extrema derecha</em></a><em> </em>(Debate).
    </p><p class="article-text">
        Elisa Garc&iacute;a-Mingo y Silvia D&iacute;az Fern&aacute;ndez introducen en su <a href="https://www.centroreinasofia.org/publicacion/jovenes-en-la-manosfera/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> <em>J&oacute;venes en la Manosfera. Influencia de la misoginia digital en la percepci&oacute;n que tienen los hombres j&oacute;venes de la violencia sexual</em> el concepto de &ldquo;polinizaci&oacute;n&rdquo; para explicar esta capacidad de los discursos antifeministas de extender sus marcos y c&oacute;digos. A trav&eacute;s de la circulaci&oacute;n y del uso repetido en espacios digitales, estos c&oacute;digos pueden llegar a ser reconocibles sin necesidad de explicar su origen o significado en profundidad.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;alerta flequillo&rdquo; encontr&oacute; en las comunidades antifeministas digitales un espacio especialmente propicio: aportaba un nuevo c&oacute;digo de se&ntilde;alamiento mis&oacute;gino con un funcionamiento extremadamente simple, la conversi&oacute;n de un rasgo est&eacute;tico en un marcador pol&iacute;tico e identitario, que permit&iacute;a tanto atacar a las feministas como aplicar un disciplinamiento a todas aquellas mujeres que participaban del espacio p&uacute;blico y/o ten&iacute;an una est&eacute;tica subversiva.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Gracias a ese código compartido, quienes encuentran la contraseña —porque la buscan o porque aparece en su pantalla— pueden identificar un objetivo sin necesidad de contexto y sumarse al acoso sin necesidad de coordinación previa</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cada vez que Celeste Murillo postea o cuelga un v&iacute;deo considera que hay alt&iacute;simas probabilidades de que un var&oacute;n le comente &ldquo;alerta flequillo&rdquo; como una forma de oponerse a su opini&oacute;n. &ldquo;Creo que el contexto de un ecosistema digital antifeminista le otorga una l&oacute;gica interna al insulto 'alerta flequillo', todos entienden de qu&eacute; est&aacute;n hablando porque en sus foros circulan argumentos, ideas e im&aacute;genes que alimentan sus discursos en las redes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para los espacios digitales de la manosfera el &ldquo;alerta flequillo&rdquo; encajaba perfectamente en su repertorio de actuaci&oacute;n. Lionel Delgado Ontivero y Alejandro S&aacute;nchez-Sicilia en la <a href="https://revistaprismasocial.es/ps/article/view/4958" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> <em>Subversi&oacute;n antifeminista: an&aacute;lisis audiovisual de la Manosfera en redes sociales</em> los describen como espacios digitales con capacidad para transformar debates pol&iacute;ticos complejos en contenidos sencillos, reconocibles y f&aacute;cilmente reproducibles en redes sociales. Ese mecanismo que facilita la difusi&oacute;n y asimilaci&oacute;n&nbsp;convive con&nbsp;el se&ntilde;alamiento, la demonizaci&oacute;n y la ridiculizaci&oacute;n del feminismo y de las feministas a trav&eacute;s del humor ofensivo, los memes, la descontextualizaci&oacute;n o la cultura del &ldquo;zasca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma la propia arquitectura de unas plataformas donde <a href="https://www.eldiario.es/era/confrontar-internet-big-tech-monetizadores-negocio-odio_128_11826308.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuanto m&aacute;s sencillo y virulento es el mensaje m&aacute;s premiado</a> y difundido resulta porque genera m&aacute;s interacci&oacute;n y, por tanto, m&aacute;s ingresos.&nbsp;Esta posibilidad de monetizaci&oacute;n es la que hace tan lucrativo el acoso a mujeres y lleva a afirmar a Anita Fuentes que &ldquo;la misoginia <em>online</em> est&aacute; en el ADN del modelo de negocio de las plataformas de Silicon Valley&rdquo;. As&iacute;, el fen&oacute;meno &ldquo;alerta flequillo&rdquo; no solo encontr&oacute; las puertas digitales abiertas: le hab&iacute;an puesto una alfombra roja.
    </p><h2 class="article-text">Una contrase&ntilde;a para la manosfera</h2><p class="article-text">
        La potencialidad del c&oacute;digo &ldquo;alerta flequillo&rdquo; reside tanto en su capacidad de difusi&oacute;n y de polinizaci&oacute;n, como en su capacidad para condensar diferentes formas de se&ntilde;alamiento y castigo en solo dos palabras.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, atacar a las mujeres de izquierdas mediante insultos que se reducen a la dimensi&oacute;n est&eacute;tica no es &uacute;nicamente un disciplinamiento de c&oacute;digos de g&eacute;nero, tiene adem&aacute;s &ldquo;la finalidad de infravalorar o quitarle peso y valor a nuestra capacidad cognitiva en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos&rdquo;, se&ntilde;ala Alicia Vald&eacute;s.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s su facilidad de activaci&oacute;n y su referencia al repertorio m&aacute;s cl&aacute;sico de la manosfera: las burlas sobre el aspecto de las mujeres y su&nbsp;hostigamiento buscando silenciarlas y expulsarlas lo han convertido en una herramienta muy &uacute;til para movilizar el acoso mis&oacute;gino m&aacute;s all&aacute; de las feministas y las mujeres de izquierdas. Celeste Murillo ha documentado casos en Argentina en los que tambi&eacute;n se ha dirigido contra mujeres de derechas porque, afirma, &ldquo;ante todo, funciona para invalidar la voz de las mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, al reducir movimientos sociales o corrientes pol&iacute;ticas a determinados elementos est&eacute;ticos, posibilita&nbsp;tanto su simplificaci&oacute;n y ridiculizaci&oacute;n como facilita su identificaci&oacute;n. De esta forma se reducen los esfuerzos necesarios para perseguir determinados posicionamientos, marcos y expresiones: el conocimiento feminista y la agenda de izquierdas en particular, y la participaci&oacute;n de las mujeres en general.
    </p><p class="article-text">
        Pero la estrategia no acaba aqu&iacute;. Como identifican tanto Alicia Vald&eacute;s como Anita Fuentes, el &ldquo;alerta flequillo&rdquo; opera como una estrategia de marcaje de objetivos, una contrase&ntilde;a&nbsp;de la manosfera que llama al ataque. Gracias a ese c&oacute;digo compartido, quienes encuentran la contrase&ntilde;a &mdash;porque la buscan o porque aparece en su pantalla&mdash; pueden identificar un objetivo sin necesidad de contexto y sumarse al acoso sin necesidad de coordinaci&oacute;n previa, sabi&eacute;ndose adem&aacute;s participantes de un ataque compartido.
    </p><h2 class="article-text">Militancia capilar</h2><p class="article-text">
        La viralidad y la virulencia de estos ataques refuerzan el sentido de pertenencia a un grupo de quienes comparten la&nbsp;contrase&ntilde;a. Pero el c&oacute;digo tambi&eacute;n opera en sentido contrario. Al marcar a las feministas por un rasgo est&eacute;tico, la manosfera ha contribuido a convertirlo en un s&iacute;mbolo reconocible. Llevar un flequillo corto puede ser ahora, para algunas feministas, una elecci&oacute;n subversiva y una forma consciente de identificarse con el movimiento.
    </p><p class="article-text">
        Para Celeste Murillo, esta reapropiaci&oacute;n ya se encuentra asentada en Argentina, donde las feministas han establecido una relaci&oacute;n identitaria con el flequillo. Un ejemplo es <a href="https://www.instagram.com/reel/DZK442TOH8q/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la performance</a> de Lala Brillos en la &uacute;ltima marcha de <em>Ni Una Menos</em>, donde como una suerte de ritual de iniciaci&oacute;n en los feminismos, iba cortando con una m&aacute;quina de afeitar el flequillo de las asistentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a parece que se est&aacute; recorriendo un camino similar. Las c&oacute;micas y creadoras de contenido la Prados, Adela por Dios y Lu Antimorbo han nombrado a su nueva secci&oacute;n en Carne Cruda sobre feminismo, clase y humor precisamente <a href="https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/alerta-flequillos-adela-dios-prados-lu-antimorbo-carne-cruda_132_13483301.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Alerta flequillos&rdquo;</a>, en el v&iacute;deo mencionado al principio de este art&iacute;culo Virginia Mendoza viraliz&oacute; la expresi&oacute;n: &ldquo;El flequillo es trinchera&rdquo;, mientras que la creadora de contenido <a href="https://www.youtube.com/shorts/loJYahY1PZA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estupenda M&aacute;rquez</a> hab&iacute;a hecho lo propio un a&ntilde;o antes con &ldquo;militancia capilar&rdquo;. De tanto repetir que el flequillo nos delataba, puede que hayan terminado por conseguirlo. Solo que no exactamente como esperaban.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina López Baena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/alerta-flequillo-corte-pelo-pasado-insulto-machista-reivindicacion-feminista_129_13547388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2026 20:31:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Alerta flequillo": el corte de pelo que ha pasado de insulto machista a reivindicación feminista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Internet,Misoginia,Feminismo,Cabello]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De los amigos que ya no se llaman al riesgo de 'hablar' solo por audios: "Me resulta raro"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/audio-haber-sido-llamada-telefonazo-amigos-peligro-extincion_1_13518277.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/60b9ff97-3549-4dc9-8504-e92b28519bab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x595y190.jpg" width="1200" height="675" alt="De los amigos que ya no se llaman al riesgo de &#039;hablar&#039; solo por audios: &quot;Me resulta raro&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La llamada telefónica vive horas bajas frente a la asincrónica comodidad del mensaje de voz o texto. ¿Cómo afecta la pérdida de espontaneidad a nuestras relaciones?</p><p class="subtitle">“Basta de hablar de ti”: cómo sobrevivir a una conversación con gente que interrumpe constantemente</p></div><p class="article-text">
        El hijo de Vanessa tiene 12 a&ntilde;os y solo habla por tel&eacute;fono cuando interpreta a alg&uacute;n personaje. Por ejemplo, juega a que tiene una oficina y llama con un auricular con cable a los n&uacute;meros de sus familiares. Tambi&eacute;n hace de encuestador o de recepcionista de hotel y siempre tiene otros accesorios, como folios o sellos, para poder desarrollar su papel. Para &eacute;l, hablar de viva voz a trav&eacute;s de un aparato es una ficci&oacute;n, como ha visto en series o pel&iacute;culas. Todav&iacute;a no tiene m&oacute;vil propio, pero, en caso de tenerlo, tampoco lo usar&iacute;a para llamar: la &uacute;nica v&iacute;a para comunicarse por voz con sus amigos, m&aacute;s all&aacute; de hacerlo de forma presencial, es cuando juegan a la videoconsola online. Y no hablan de sus cosas, sino de lo que sucede en la pantalla.
    </p><p class="article-text">
        La propia Vanessa (48 a&ntilde;os) reconoce a este medio que le da mucha pereza hablar por tel&eacute;fono y que casi no llama ni a su propia progenitora, de ah&iacute; que su hijo identifique las conversaciones telef&oacute;nicas con el pasado. Ella no se siente aislada ni cree que, de esta manera, cuide menos a quienes quiere, porque mantiene un contacto constante a trav&eacute;s de mensajes de texto. Es solo una cuesti&oacute;n de preferencias a la hora de escoger una herramienta u otra. A Tania, que se define como <a href="https://www.eldiario.es/era/parece-si-no-tope-pasa-malo-viven-personas-introvertidas_1_13243281.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">introvertida</a>, la posibilidad de relacionarse sin tener que llamar le ha supuesto un alivio. &ldquo;Me incomoda hablar por tel&eacute;fono, si no le veo la cara al otro me resulta raro&rdquo;, declara. Por eso tampoco hace videollamadas ni env&iacute;a demasiados audios, porque &ldquo;es como hablar sola y tampoco hablo sola&rdquo;. Las pocas veces que habla por tel&eacute;fono necesita hacerlo en un lugar con pocos est&iacute;mulos externos, porque, si no, pierde la atenci&oacute;n de la conversaci&oacute;n. Eso le supone &ldquo;hacer un esfuerzo grand&iacute;simo, y luego me agoto mentalmente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La ansiedad que provoca <a href="https://www.eldiario.es/era/llamar-superinvasivo-generacion-zeta-telefono-mensajes_1_10452431.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recibir una llamada telef&oacute;nica</a> entre la generaci&oacute;n Z y los <em>millennials</em> es un tema del que se ha hablado en profundidad. Se considera un m&eacute;todo invasivo, inc&oacute;modo y poco efectivo en cuestiones de gesti&oacute;n del tiempo. Seg&uacute;n una encuesta de la plataforma <a href="https://www.bankmycell.com/blog/why-millennials-ignore-calls#data" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bankmycell</a>, los entrevistados consideran que no se sabe cu&aacute;nto va a durar una llamada y prefieren m&eacute;todos m&aacute;s r&aacute;pidos. Sin embargo, en ocasiones, escribir un texto o grabar una nota de voz puede durar lo mismo que una llamada o incluso m&aacute;s. La broma de &lsquo;esta reuni&oacute;n podr&iacute;a haber sido un mail&rsquo; se puede aplicar a &lsquo;este audio podr&iacute;a haber sido una llamada&rsquo;. De hecho, muchas personas incluyen un chascarrillo del tipo &lsquo;aqu&iacute; va mi podcast&rsquo; cuando graban una nota de voz de varios minutos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El único detonante para telefonear a amigos que viven aquí es un salseo o que haya pasado algo &#039;heavy&#039; y no podamos quedar ese día, que suele ser lo habitual</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eva</span>
                                        <span>—</span> 43 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, para eliminar o suavizar esa sensaci&oacute;n de intrusi&oacute;n de la llamada, existe la posibilidad de concertar una cita previa cuando se quiere tener una charla larga o sin l&iacute;mite de tiempo. Por ejemplo, Bego&ntilde;a (46 a&ntilde;os) siempre se manda un mensaje con la amiga con la que m&aacute;s habla por tel&eacute;fono para saber si est&aacute; disponible. Prefieren este m&eacute;todo porque as&iacute; &ldquo;hablamos m&aacute;s de seguido&rdquo;. Clara (29 a&ntilde;os) tambi&eacute;n utiliza este sistema con las personas a las que llama, que en su caso cada vez son m&aacute;s. Sus interlocutores se encuentran en un abanico de edad que va de los 25 a los 45 a&ntilde;os: &ldquo;Estamos un poco quemados de chatear y de pantallas. Dir&iacute;a, adem&aacute;s, que mis amigos m&aacute;s j&oacute;venes son los que m&aacute;s lo est&aacute;n&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Han bajado las llamadas o han aumentado los audios?</h2><p class="article-text">
        La percepci&oacute;n de Ana (36 a&ntilde;os) es que esos audios son los principales sustitutos de la conversaci&oacute;n telef&oacute;nica y han empeorado la comunicaci&oacute;n: &ldquo;Los dejo sin contestar la mitad de las veces o viceversa&rdquo;, sostiene, y a&ntilde;ade que echa de menos hablar con sus amigas mientras realiza labores dom&eacute;sticas como &ldquo;fregar los platos o limpiar la casa. Ahora escucho podcasts&rdquo;. Eva (43 a&ntilde;os) se comunica con sus conocidos por texto, audio de WhatsApp o llamada telef&oacute;nica, aunque reconoce que esta &uacute;ltima v&iacute;a est&aacute; en descenso. &ldquo;Sobre todo llamo a colegas que no viven en Madrid, pero, cuando ocurre, tenemos caf&eacute;s telef&oacute;nicos de al menos una hora&rdquo;, comenta, y matiza: &ldquo;El &uacute;nico detonante para telefonear a amigos que viven aqu&iacute; es un salseo o que haya pasado algo<em> heavy</em> y no podamos quedar ese d&iacute;a, que suele ser lo habitual&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero, aunque a primera vista parece que la llamada telef&oacute;nica est&aacute; de capa ca&iacute;da, los <a href="https://data.cnmc.es/panel-de-hogares/conjuntos-de-datos/estadisticas-panel-de-hogares" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos recogidos</a> por la Comisi&oacute;n Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) no son tan contundentes. Aunque los m&aacute;s j&oacute;venes (16-24 a&ntilde;os) han ampliado sus v&iacute;as comunicativas as&iacute;ncronas con mensajes de texto, audios y otras formas de comunicaci&oacute;n, esto no significa necesariamente que hayan dejado de llamar. Ahora hay m&aacute;s opciones y una conversaci&oacute;n puede empezar con un mensaje de texto, seguir con un audio de voz y terminar con una llamada de m&oacute;vil. El estudio tiene una matizaci&oacute;n importante: las conclusiones se extraen de la medici&oacute;n de los minutos de llamadas de los operadores, as&iacute; que las llamadas de una hora de Eva pueden compensar el declive de las conversaciones sincr&oacute;nicas por voz de Ana.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las generaciones millennial y Z utilizan de forma más activa la mensajería y son los mayores quienes mantienen las cifras más altas de llamadas de voz</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por otro lado, una encuesta realizada por <a href="https://yougov.com/en-gb/articles/54490-how-brits-communicate-in-2026-messaging-dominates-while-ai-use-is-emerging" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">YouGov</a> en Reino Unido informa de que<strong> </strong>las generaciones <em>millennial</em> y Z utilizan de forma m&aacute;s activa la mensajer&iacute;a y son los mayores quienes mantienen las cifras m&aacute;s altas de llamadas de voz. Un ejemplo que podr&iacute;a trasladar esas conclusiones al caso espa&ntilde;ol es el de Marcos (32 a&ntilde;os), que declara que no ha pasado de las llamadas puntuales con sus amigos. Nunca han tenido costumbre de utilizar el tel&eacute;fono de esa forma: &ldquo;Desde el principio hablamos por Messenger y luego por WhatsApp&rdquo;. S&iacute; utiliza la comunicaci&oacute;n de voz as&iacute;ncrona mediante audios muy largos que tanto ha enviado como recibido.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Es mejor la comunicaci&oacute;n v&iacute;a llamada telef&oacute;nica?</h2><p class="article-text">
        Ricardo (42 a&ntilde;os) considera que la llamada telef&oacute;nica es la v&iacute;a principal para conservar una buena relaci&oacute;n con sus amigos de toda la vida. Aunque tambi&eacute;n utilizan los mensajes de texto o las notas de audio para comentar algo espec&iacute;fico, mantener conversaciones sincr&oacute;nicas &ldquo;es insustituible&rdquo;. El audio le resulta pr&aacute;ctico para comentar un tema en concreto que quiz&aacute; necesite &ldquo;varias escuchas&rdquo;, pero con la llamada &ldquo;es cuando se sacan temas conflictivos y se habla de verdad. Dir&iacute;a que incluso invita m&aacute;s a la conversaci&oacute;n profunda que la t&iacute;pica visita de cortes&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ferran Lalueza, profesor de comunicaci&oacute;n en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), opina que no se puede afirmar que el m&eacute;todo de comunicaci&oacute;n tradicional sea mejor que los m&aacute;s recientes, sino que cada uno tiene sus ventajas y desventajas. &ldquo;La gente m&aacute;s joven opta t&iacute;picamente por enviar un audio o un texto de tal manera que la persona que lo recibe pueda contestar cuando le resulte m&aacute;s conveniente, lo cual no deja de ser pr&aacute;ctico y de alg&uacute;n modo tambi&eacute;n permite mantener el control absoluto sobre la din&aacute;mica de la conversaci&oacute;n&rdquo;, observa. De esa forma, se puede corregir el texto o volver a grabar el audio antes de enviarlo si no se ha quedado conforme con la primera versi&oacute;n, por lo que, desde un punto de vista pr&aacute;ctico, &ldquo;su ventaja es incontestable&rdquo;. La cara B de este m&eacute;todo es que se pierde esa espontaneidad de la que hablaba Ricardo, que permite mostrarse tal y como uno es.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A la hora de tolerar un desacuerdo o una crítica, en persona puedes gestionarlo de una manera u otra. Pero en diferido, si no tienes buena gestión (...), puede repercutir en la capacidad de desenvolverse en lo social</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Patricia Lodeiro y Alba López Cabello</span>
                                        <span>—</span> psicólogas
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Patricia Lodeiro y Alba L&oacute;pez Cabello, del centro de <a href="https://www.psicologiacaip.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">psicolog&iacute;a</a> CAIP, coinciden en gran parte con Ferran Lalueza, pero inciden en que una gran desventaja es la p&eacute;rdida de oportunidades para desarrollar habilidades comunicativas. Ellas comentan que cada vez se encuentran con m&aacute;s personas en terapia que tienen dificultades a la hora de conectar y relacionarse. &ldquo;Pese a que puedan estar muy conectados a nivel de redes, por ejemplo, se encuentran muy solos&rdquo;, afirman. Adem&aacute;s, la costumbre de tener cada vez m&aacute;s conversaciones asincr&oacute;nicas se retroalimenta y es f&aacute;cil acomodarse a esa distancia, que luego se hace patente en la socializaci&oacute;n en persona. &ldquo;Por ejemplo, a la hora de tolerar un desacuerdo o una cr&iacute;tica, en persona puedes gestionarlo de una manera u otra. Pero en diferido, si no tienes buena gesti&oacute;n puedes estar enfadado y a lo mejor mandar un mensaje diplom&aacute;tico cuando se te haya pasado, pero a lo mejor no lo contestas y evitas conflictos, lo que puede repercutir en la capacidad de desenvolverse en lo social&rdquo;, detallan.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al papel de la edad en la manera de utilizar estas herramientas, no consideran que puedan dar una respuesta determinante, porque son varios los factores que intervienen, como la personalidad o el funcionamiento. &ldquo;Las nuevas tecnolog&iacute;as podr&iacute;an haber supuesto un avance en la capacidad de integraci&oacute;n de algunas personas que no crecieron con ellas y que antes ten&iacute;an dificultades para comunicarse&rdquo;, puntualizan, &ldquo;mientras que para los nativos digitales es diferente desde el principio&rdquo;. No puede afirmarse con contundencia qu&eacute; m&eacute;todo es mejor o peor, pero la balanza parece inclinarse un poco hacia la perspectiva de Ricardo: &ldquo;Por su propia naturaleza, el mensaje o el audio no invita a ser espont&aacute;neo o a divagar como la llamada. Y, si no puedes ser espont&aacute;neo y divagar con tus amigos, &iquest;con qui&eacute;n lo vas a hacer?&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/audio-haber-sido-llamada-telefonazo-amigos-peligro-extincion_1_13518277.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Sep 2026 20:31:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De los amigos que ya no se llaman al riesgo de 'hablar' solo por audios: "Me resulta raro"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Telefonía móvil,Relaciones,Tendencias,Amistad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adrián Melero y Lucas Pulido, el dúo viral Alpilpil: “Se puede hacer humor de todo, lo que no se puede es ser gilipollas”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/adrian-melero-lucas-pulido-duo-viral-alpilpil-humor-no-gilipollas_1_13467854.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a341c79-3c96-4ceb-949e-b6334183f594_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x518y234.jpg" width="1200" height="675" alt="Adrián Melero y Lucas Pulido, el dúo viral Alpilpil: “Se puede hacer humor de todo, lo que no se puede es ser gilipollas”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Curtidos en el cabaret y la interpretación, los dos amigos conversan sobre la deriva de la derecha, la crisis de la vivienda y la capacidad transformadora de la comedia</p><p class="subtitle">Marc Biarnés, humorista: “Ayuso es un personaje de telenovela. Me pongo la peluca y podría estar horas haciendo de ella, me posee”</p></div><p class="article-text">
        En pleno bucle de <em>scroll</em> vac&iacute;o, Adri&aacute;n Melero y Lucas Pulido, m&aacute;s conocidos como <a href="https://www.instagram.com/alpilpiiil" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">@Alpilpil,</a> consiguen hacer denuncia social y a la vez provocar una carcajada a los 126.000 seguidores que miran desde el otro lado de la pantalla. Unidos por sus estudios de interpretaci&oacute;n, y tras un tiempo como compa&ntilde;eros de trabajo en un cabaret, los dos amigos navegan con destreza entre el abismo de las redes sociales, la incertidumbre de la actuaci&oacute;n, el singular mundo de la comedia e incluso con una secci&oacute;n en el podcast <a href="https://www.eldiario.es/carnecruda/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carne Cruda.</a>
    </p><p class="article-text">
        En un momento de ebullici&oacute;n profesional y personal, entre mudanzas y vacaciones, Melero y Pulido encuentran un momento para charlar con elDiario.es y desgranar los entresijos de un proyecto que se ha convertido en el espejo de sus ansiedades y las de toda una generaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; os llev&oacute; a grabar el primer v&iacute;deo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Adri&aacute;n Melero: La idea original era formar una compa&ntilde;&iacute;a de teatro con dos compa&ntilde;eros m&aacute;s, algo m&aacute;s cl&aacute;sico, pero nos dimos cuenta de que a nuestras obras solo ven&iacute;an nuestros amigos y familiares, que ya estaban un poco hartos de apoyarnos. Las redes nacieron con un fin utilitarista: dar a conocer nuestro humor para que, cuando tuvi&eacute;semos una funci&oacute;n, pudi&eacute;ramos llegar a m&aacute;s gente.
    </p><p class="article-text">
        Lucas Pulido: Exacto. Quer&iacute;amos llenar las funciones con gente que no fueran solo conocidos a los que ya est&aacute;bamos agotando. Ahora, cuando nos dicen &ldquo;os ha salido un <em>show</em>&rdquo;, nos re&iacute;mos porque el <em>show</em> era la idea principal; todo lo de las redes ha sido el alimento para poder mantener ese proyecto teatral vivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;El </strong><em><strong>show</strong></em><strong> se parece a lo que hac&eacute;is en redes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: Lo hemos adaptado. Hemos creado un nicho de gente a la que le gusta lo que hacemos y creamos algo que se complemente con las redes. La idea ha mutado desde una compa&ntilde;&iacute;a de teatro cl&aacute;sico o cabaret a lo que es Alpilpil ahora.
    </p><p class="article-text">
        Melero:<strong> </strong>El <em>show</em> se ve condicionado por las redes en el sentido de que, si all&iacute; hacemos <em>sketches</em>, en el <em>show</em> tambi&eacute;n los habr&aacute;. Pero el salto real fue del teatro a las redes, no al rev&eacute;s.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DcJmrGeIPQK/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        <strong>Entre la interpretaci&oacute;n, la comedia y la creaci&oacute;n de contenido... &iquest;Os sent&iacute;s c&oacute;modos con alguna etiqueta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Melero: Por t&iacute;tulo acad&eacute;mico somos actores, pero me gusta la etiqueta de c&oacute;mico, no me parece peyorativa; pienso en los Monty Python, gente que es brillante actuando y haciendo comedia a la vez. Tambi&eacute;n respeto mucho lo de &ldquo;creador de contenido&rdquo; si se entiende como un oficio de probar cosas nuevas cada d&iacute;a, de lanzarse a la piscina semanalmente.
    </p><p class="article-text">
        Pulido: Adri&aacute;n lo tiene m&aacute;s claro, yo no termino de encontrar una etiqueta. Como cada d&iacute;a hacemos algo diferente, siento que estamos siendo algo nuevo que no s&eacute; identificar.
    </p><p class="article-text">
        Melero: Es verdad que es raro buscar la etiqueta. Quiz&aacute; lo que m&aacute;s se parece es &ldquo;<em>showman</em>&rdquo;, porque en los <em>sketches</em> y en el <em>show</em> actuamos, pero luego en la secci&oacute;n de Carne Cruda somos nosotros con un texto con <em>gags</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pulido: Adem&aacute;s, para los actores, no somos actores; para los c&oacute;micos, no somos c&oacute;micos...
    </p><p class="article-text">
        Melero: Para los creadores de contenido somos c&oacute;micos que subimos nuestro trabajo a redes, pero no somos creadores de contenido... 
    </p><p class="article-text">
        Pulido: S&iacute;, estamos en una zona gris que no terminamos de identificar, pero creo que tambi&eacute;n eso es bonito.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sí se puede hacer humor de todo, lo que no se puede ser gilipollas. Una cosa es guardar un respeto si ha sucedido una tragedia; me parecen igual de mal los programas de televisión que hacen crónica dramática con pornografía de las emociones que si yo me pongo a hacer chistes de eso ese mismo día</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Adrián Melero</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Entonces, &iquest;no os hab&eacute;is sentido acogidos por ning&uacute;n gremio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: Desde el mundo de los c&oacute;micos nos han llegado a decir claramente: &ldquo;Vosotros no sois c&oacute;micos&rdquo;. Pero lo dicen de forma jocosa; en general nos hemos sentido muy acogidos y nos han tratado con mucho respeto en todos los &aacute;mbitos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; se valora a la hora de elegir un tema para Alpilpil?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Melero:<strong> </strong>Nos nutrimos de la actualidad o de cosas de las que queramos hablar, pero lo que m&aacute;s prima sobre el tema es el guion: tiene que haber comedia. Si no encontramos la manera c&oacute;mica de tratar un tema, no lo hacemos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La pregunta es obligada: &iquest;se puede hacer humor de todo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: Si se hace de manera inteligente, s&iacute;. No intentar hacer humor de cosas delicadas y, encima, simplemente ser faltoso y no gracioso.
    </p><p class="article-text">
        Melero:<strong> </strong>S&iacute;, yo creo que s&iacute; se puede hacer humor de todo, lo que no se puede ser es gilipollas, pero eso es otra cosa. Una cosa es guardar un respeto si ha sucedido una tragedia; me parecen igual de mal los programas de televisi&oacute;n que hacen cr&oacute;nica dram&aacute;tica con pornograf&iacute;a de las emociones que si yo me pongo a hacer chistes de eso ese mismo d&iacute;a. Pero creo que el humor es una herramienta que puede servir para criticar y para dar un punto de vista respecto a todo. Hacer humor no quiere decir frivolizar. Hay cosas que son tan importantes que hay que tratarlas con humor, porque es la herramienta que te deja ver lo surrealista o denunciar algo sin caer en la melancol&iacute;a ni el amarillismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Desde el humor se puede cambiar algo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: Quiero pensar que s&iacute;. Nos sorprende que gente que est&aacute; en las ant&iacute;podas ideol&oacute;gicas nos escriba o se acerque diciendo que le gusta nuestro contenido, quiz&aacute; porque entramos a temas como la vivienda o la migraci&oacute;n desde un lugar muy b&aacute;sico. Nosotros tampoco somos periodistas ni estamos aqu&iacute; para darle clase a nadie, pero con que haya una personita que tenga una peque&ntilde;a reflexi&oacute;n gracias a eso, creo que s&iacute; se puede cambiar algo.
    </p><p class="article-text">
        Melero: Igual nosotros no y simplemente estamos haciendo el imb&eacute;cil y est&aacute; bien tambi&eacute;n; pero s&iacute; que creo que la comedia, dentro del campo de la cultura, claro que puede cambiar las cosas. Es una herramienta dram&aacute;tica y una expresi&oacute;n art&iacute;stica que ayuda a que la gente se identifique y a denunciar cosas. Que nosotros lo consigamos, no lo s&eacute;, pero que las comedias hayan conseguido cosas, por supuest&iacute;simo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Al escribir un guion, &iquest;en qu&eacute; p&uacute;blico pens&aacute;is? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: No pensamos mucho en el objetivo final o en un p&uacute;blico concreto mientras creamos, sino en que lo que decimos tenga sentido y sea gracioso.
    </p><p class="article-text">
        Melero: Creo que lo pensamos m&aacute;s cuando subimos v&iacute;deos en los que criticamos a cierta izquierda que creemos que lo hace mal. Ah&iacute; decimos &ldquo;igual esto no cae tan bien&rdquo;, pero tiramos adelante porque es lo que pensamos. Tambi&eacute;n es que confiamos en que los mensajes que lanzamos son tan b&aacute;sicos: vivienda digna, todos somos humanos, no peguen maricones... Tan b&aacute;sicos que no s&eacute; yo si gente, sobre todo de nuestro espectro pol&iacute;tico, se va a posicionar en contra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Quiz&aacute;s no son temas tan b&aacute;sicos, pero los mostr&aacute;is de una forma tan evidente que c&oacute;mo no estar de acuerdo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Melero: Te lo compro porque alguna vez s&iacute; que nos hemos visto en la situaci&oacute;n de querer dar una opini&oacute;n muy, muy concreta y nos hemos planteado de qu&eacute; manera hacerlo para que parezca f&aacute;cil y gracioso. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nos sorprende que gente que está en las antípodas ideológicas nos escriba o se acerque diciendo que le gusta nuestro contenido</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Lucas Pulido</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y el </strong><em><strong>hate</strong></em><strong>? &iquest;C&oacute;mo lo llev&aacute;is?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: Somos privilegiados, no nos amenazan con matarnos como les ocurre a muchas mujeres creadoras o a otras personas del colectivo. En ese sentido, tenemos suerte por ahora.
    </p><p class="article-text">
        Melero: A veces hay crispaci&oacute;n en los comentarios, pero no escala a m&aacute;s, no llega a nuestra bandeja de entrada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No os afecta hasta el punto de llegar a autocensuraros.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: S&iacute; que hay un miedo generalizado por la impunidad que hay de la violencia hacia ciertos creadores de contenidos de izquierdas, de pensar que a ver qu&eacute; hacemos porque igual nos toca que vengan a un <em>show</em> y nos esperen a la salida. Es verdad que es algo que a lo mejor aparece en un momento de crispaci&oacute;n muy alto en el que ves que a otros compa&ntilde;eros les est&aacute; pasando. Por ahora tocamos madera. 
    </p><p class="article-text">
        Melero: Igual lo &uacute;nico en lo que nos hemos podido censurar es no se&ntilde;alando a personas concretas por su nombre si creemos que no es reparador cuando tratamos la actualidad. Depende de lo que sea, preferimos criticar la conversaci&oacute;n que se ha generado en lugar de se&ntilde;alar a un <em>influencer</em> que igual no ha actuado con maldad. Depende de lo que se trate, claro: si es un fascista o una fascista no est&aacute; de m&aacute;s que lo se&ntilde;alemos.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DcOdxiaoYwC/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        <strong>Ya que segu&iacute;s tan de cerca la actualidad, &iquest;cu&aacute;l es vuestra mayor preocupaci&oacute;n ahora mismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: A m&iacute;, sobre todo, la deriva ya global de la derecha y la extrema derecha, que cada vez act&uacute;an con mayor impunidad para derribar a las izquierdas, como la presi&oacute;n de lo sucedido en Ceuta. Es desesperanzador ver c&oacute;mo se est&aacute; poniendo el futuro de cara a los derechos humanos, que parece algo tan b&aacute;sico, y a toda la base de derechos construida. El retroceso que vamos a tener me aterra. Y, por supuesto, el tema de la vivienda, que yo estoy justo ahora con la mudanza y ayudando a mi compa&ntilde;era a buscar y es terror&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Melero: Yo tambi&eacute;n estoy ahora mirando pisos y es imposible. Coincido totalmente con Lucas, me da mucho miedo este viraje e igual que antes dec&iacute;a que a algunas personas nos ahorramos se&ntilde;alarlas, creo estamos en un momento en el que ciertas personas y ciertas actitudes s&iacute; que debemos se&ntilde;alarlas y decir &lsquo;no&rsquo;. Todo se ha vuelto debate y de repente ahora es '&iquest;democracia s&iacute; o no?', me cago en tu puta madre, democracia s&iacute; y esto no se debate. Nos tenemos que poner firmes porque por la pena entra la peste. Vamos a tener dos dedos de frente, por dios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es la vivienda lo que m&aacute;s obsesiona a vuestra generaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: La vivienda es troncal porque nos afecta a todos, independientemente de la ideolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Melero: Yo comparto piso con amigas y tengo suerte porque no estoy en la situaci&oacute;n de compartir con gente a la que no conozco o incluso que me cae mal, que mucha gente s&iacute; que est&aacute; ah&iacute;. Pero me gustar&iacute;a irme a vivir con mi novio y es imposible, no hay manera. Es desesperanzador ver que no me lo puedo permitir, da igual el barrio, el extrarradio est&aacute; car&iacute;simo... Yo soy del extrarradio de Barcelona, que tambi&eacute;n est&aacute; car&iacute;simo, y es que ni en un sitio parecido al que yo he crecido me puedo permitir vivir. Muchas veces me desespera porque pienso que si no nos lo podemos permitir nosotros, que somos gente a la que ahora mismo no nos falta trabajo, la cosa est&aacute; jodida.
    </p><p class="article-text">
        Y hay algo que est&aacute; relacionado con la vivienda, que es el tema de la meritocracia. Nosotros somos generaci&oacute;n Z y hay algo muy desesperanzador en sentir que lo has hecho todo y da igual la tecla que toque, que no consigo salir de la precariedad. Da igual que tenga m&uacute;ltiples curros, lo mucho que trabaje, por mucho que me hab&eacute;is dicho que era trabajar y estudiar, da igual lo mucho que haga, que no hay manera de dar esa tecla si no vienes de una familia con dinero, no hay otra manera. Y yo ahora mismo me frustro mucho buscando piso porque creo que no me lo merezco, ni se lo merecen mis amigas, que tendr&iacute;an que poder permitirse vivir en la ciudad en la que trabajan.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hemos normalizado el hecho de que para cualquier tipo de sector en el que estés o para cualquier cosa, si no tienes redes, no existes. Igual que lo de buscar piso, que requiere pasar por el aro de la especulación</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Adrián Melero</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; son para vosotros las redes? &iquest;Os preocupa el algoritmo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pulido: S&iacute;. Hace unos d&iacute;as en Estados Unidos <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/nueva-condena-meta-danos-menores-debera-pagar-567-millones-limitar-facebook-e-instagram_1_13433492.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">multaron a Meta</a> con m&aacute;s de 500 millones de d&oacute;lares por uso indebido al utilizarlo para crear adicci&oacute;n a menores. Pero m&aacute;s all&aacute; de la adicci&oacute;n, tambi&eacute;n creo que el algoritmo cada vez est&aacute; premiando pensamientos m&aacute;s conservadores. Me preocupa mucho esta campa&ntilde;a, con unos intereses muy claros y que me recuerda mucho, citando a Aznar, a lo de &ldquo;el que pueda hacer que haga&rdquo;. Y al mismo tiempo, y de esto nosotros tambi&eacute;n formamos parte, se est&aacute; creando un ej&eacute;rcito de adictos al m&oacute;vil y a la atenci&oacute;n r&aacute;pida y que creo que en unos a&ntilde;os se van a notar unas consecuencias generales en la gente, entre los que consumimos todo esto, que van a ser muy <em>heavies</em> y me preocupa enormemente.
    </p><p class="article-text">
        Melero: Es un juego sucio en el que pasas por el aro porque no te queda otra si quieres existir. No lo digo por nosotros, mi hermana tiene un bar y el bar tiene que tener una cuenta de Instagram. Hemos normalizado el hecho de que para cualquier tipo de sector en el que est&eacute;s o para cualquier cosa, si no tienes redes, no existes. Igual que lo de buscar piso, que requiere pasar por el aro de la especulaci&oacute;n. Y ya que estamos dentro, que sea lo m&aacute;s amigable posible e intentar, aunque sea dif&iacute;cil, no hacer de las redes un espacio que sea enemigo del discurso, que por su idiosincrasia lo son, pero intentar que no lo sea. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hab&eacute;is publicado un libro recientemente, &iquest;c&oacute;mo fue el cambio de formato? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Melero: Fue un reto. Ya nos cost&oacute; pasar del teatro a las redes, pero todo ten&iacute;a que ver con la interpretaci&oacute;n, que es nuestro fuerte. Evidentemente en el libro nuestro <em>acting</em> da igual. Lo guay es que el libro te permite contar lo que quieras sin l&iacute;mite de presupuesto ni de realidad: si quiero que haya un drag&oacute;n rojo que escupe Lacasitos, puede haberlo, justo no lo hay, pero s&iacute; que puedo sacar a ni&ntilde;os peque&ntilde;os, que es algo que en redes no vamos a hacer, o incluir una rana que habla.
    </p><p class="article-text">
        Pulido: Fue bastante bonito tener esa libertad de poder enfocar un tema como a veces nos resulta imposible en un v&iacute;deo. Pero s&iacute; que fue un reto.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; le depara el futuro a Alpilpil?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Melero: De momento lo que tenemos asegurado es que continuamos con la gira mientras la gente quiera, el 2 de octubre volvemos a Val&egrave;ncia. Tambi&eacute;n seguiremos d&aacute;ndole ca&ntilde;a a las redes y con nuestra secci&oacute;n en Carne Cruda. Y con muchas ganas de crear y de ir cambiando cosas del <em>show</em> y adaptarnos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/adrian-melero-lucas-pulido-duo-viral-alpilpil-humor-no-gilipollas_1_13467854.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 19:59:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5a341c79-3c96-4ceb-949e-b6334183f594_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x518y234.jpg" length="786970" type="image/jpeg"/>
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      <media:title><![CDATA[Adrián Melero y Lucas Pulido, el dúo viral Alpilpil: “Se puede hacer humor de todo, lo que no se puede es ser gilipollas”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5a341c79-3c96-4ceb-949e-b6334183f594_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x518y234.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Comedia,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No ducharse para “maximizar feromonas” y ligar más: ¿reto viral pasajero o peligro misógino entre los jóvenes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-ducharse-maximizar-feromonas-ligar-reto-viral-pasajero-peligro-misogino-jovenes_1_13563603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e739af09-bf3d-487e-894a-57b4ecf230ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x515y328.jpg" width="1200" height="675" alt="No ducharse para “maximizar feromonas” y ligar más: ¿reto viral pasajero o peligro misógino entre los jóvenes?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En TikTok proliferan los vídeos protagonizados por chavales que aseguran que el 'pheromone maxxing' solo les ha traído éxitos entre las chicas, un fenómeno que se enmarca dentro de otras tendencias en redes que captan atención hablando de "maximizar" testosterona bajo una idea de la masculinidad que algunas voces expertas señalan como "reduccionistas" y "conectadas con el mundo incel"</p><p class="subtitle">“Una lloradita y a seguir”: el meme que ha normalizado colapsar en el trabajo</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Dej&eacute; de lavarme el pelo por completo y ahora, sin iron&iacute;a, recibo m&aacute;s cumplidos sobre c&oacute;mo huele y c&oacute;mo se ve. La maximizaci&oacute;n de las feromonas es la clave&rdquo;. Niko, el autor de <a href="http://tiktok.com/@nikodemkosowski/video/7581085899895721238?referer_url=www.usatoday.com%2F&amp;refer=embed&amp;embed_source=121374463%2C121468991%2C121439635%2C121749182%2C121433650%2C121404359%2C121497414%2C122349556%2C122221973%2C122122240%2C121351166%2C121811500%2C121960941%2C122122244%2C122122243%2C122122242%2C121487028%2C122258714%2C121331973%2C120811592%2C120810756%2C121885509%3Bnull%3Bembed_comment_button&amp;referer_video_id=7581085899895721238" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este v&iacute;deo viral de TikTok</a>, dedica su cuenta al culto al cuerpo: concretamente el suyo. Dado que la red social china no dispone, de momento, de tarjeta rascable de fragancias microencapsuladas como <a href="https://www.youtube.com/watch?v=2B2HE-e8wYY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Odorama que John Waters ide&oacute;</a> para el estreno de <em>Polyester</em> en 1981, tiene m&aacute;s de 20.000 seguidores. Su contenido est&aacute; volcado a la tendencia del <em>T-maxxing</em> (o <em>testosterone-maxxing),</em> un fen&oacute;meno que invita a moldear el cuerpo y a poner en pr&aacute;ctica rutinas variopintas para &ldquo;maximizar la testosterona&rdquo; y elevar la autoestima masculina. Algunas pueden ser ciertamente saludables, como hacer mucho deporte; otras est&aacute;n a medio camino entre la astracanada y la magufer&iacute;a, como comer cebolla cruda.
    </p><p class="article-text">
        Una de las nuevas directrices de esta pendiente viral es dejar de ducharse para &ldquo;atraer m&aacute;s mujeres&rdquo;, selv&aacute;tica metonimia de &ldquo;ligar&rdquo; que el atavismo digital ha vuelto a poner en circulaci&oacute;n. Niko no est&aacute; solo en el ejercicio del <em>pheromone maxxing</em>, como se ha bautizado el fen&oacute;meno. &ldquo;Desde que empec&eacute; con esto, dej&eacute; de usar colonia. Y he estado recibiendo cada vez m&aacute;s cumplidos que nunca gracias a mi repugnante olor a cebolla. Todos haremos <em>pheromone maxxing</em> en 2026&rdquo;, asegura <a href="https://vm.tiktok.com/ZN8rsxHJ4/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Raphael</a>, un joven estadounidense.&nbsp;
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7581085899895721238"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Aunque da un poco de verg&uuml;enza preguntarse en serio por las condiciones afrodis&iacute;acas de la falta de higiene, siempre conviene consultar a los expertos. El deseo humano no es nunca un puzle de preguntas f&aacute;ciles. La sex&oacute;loga viguesa Emma Placer organiz&oacute; en el a&ntilde;o 2015 una &ldquo;fiesta de las feromonas&rdquo; como colof&oacute;n para unos talleres que impart&iacute;a, en un intento por experimentar hasta qu&eacute; punto el &oacute;rgano vomeronasal, estructura quimiosensorial que en algunos animales, particularmente los roedores, sirve para detectar feromonas, pod&iacute;a funcionar tambi&eacute;n en los seres humanos como m&eacute;todo en busca de una persona compatible.
    </p><p class="article-text">
        Once a&ntilde;os despu&eacute;s, digerida ya la literatura cient&iacute;fica que se ha ido produciendo desde entonces, admite recordar aquella experiencia con un punto de retraimiento. &ldquo;Con el tiempo, hasta me parece una cosa bastante rancia. No hay una respuesta cient&iacute;fica y no hay evidencia sobre esto. No hay <a href="https://theconversation.com/feromonas-humanas-de-verdad-existen-223876" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nada determinante</a> que diga que las feromonas humanas sexuales existen. El deseo es una cuesti&oacute;n psicol&oacute;gica m&aacute;s que qu&iacute;mica&rdquo;, nos dice hoy la sex&oacute;loga. Por tanto, descarta cualquier base cient&iacute;fica para el <em>pheromone maxxing</em>. &ldquo;El ser humano tiene filias y gustos sexuales que, a veces, son extremos. Y por qu&eacute; no: puede haber alguna mujer o alg&uacute;n hombre a quienes esa falta de higiene masculina, el olor a gimnasio, le ponga. Pero como hay muchos hombres a los que les pone el olor de la menstruaci&oacute;n. Son filias, gustos personales que est&aacute;n ah&iacute; pese a que se salgan de la norma&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">No hay una respuesta científica y no hay evidencia sobre esto. No hay nada determinante que diga que las feromonas humanas sexuales existen. El deseo es una cuestión psicológica más que química</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Emma Placer</span>
                                        <span>—</span> sexóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Emma Placer s&iacute; alerta sobre los posibles v&iacute;nculos entre la filosof&iacute;a <em>maxxing</em> y las nuevas manifestaciones de misoginia<em> online</em> que llevan a&ntilde;os propag&aacute;ndose entre los m&aacute;s j&oacute;venes. &ldquo;Es un concepto muy reduccionista de la atracci&oacute;n. Al final, lo que te dicen es que si consigues determinados rasgos f&iacute;sicos, una mand&iacute;bula perfecta o un cierto nivel hormonal, pasar&aacute;s a ser m&aacute;s atractivo para las mujeres. Y eso encaja con un sistema heteropatriarcal conectado con el mundo <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/misoginia-podria-tener-culpable-capitalismo_129_2119526.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>incel</em></a><em>.</em> Intentan convertir algo tan variado y complejo como el deseo en una f&oacute;rmula&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga Vanessa Rodr&iacute;guez Pousada, presidenta de Sogasex (Sociedade Galega de Sexolog&iacute;a), es experta en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica con j&oacute;venes y ha desempe&ntilde;ado buena parte de su actividad acad&eacute;mica y divulgativa en el estudio del cuerpo adolescente como espejo de nuestro tiempo. En su opini&oacute;n, el<em> pheromone maxxing</em> se conecta con el movimiento<em> incel</em> en que &ldquo;cree que el aspecto determina el &eacute;xito a la hora de ligar&rdquo; y &ldquo;el entendimiento de la sexualidad humana desde un posicionamiento binarista, hombre-mujer, y heterosexual, de hombres para ligar con mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese pensamiento biologicista y binarista responde a una idea de la sexualidad m&aacute;s animal que humana, pero Pousada, pese a estas coincidencias, nos anima a no adscribir necesariamente el <em>pheromone maxxin</em>g solo al territorio de la manosfera. &ldquo;Se puede seguir esta tendencia sin que la persona que lo haga tenga nada que ver con el movimiento <em>incel</em> o sea machista. Es una tendencia que se ha hecho viral en TikTok, y desde ah&iacute; las personas adolescentes pueden engancharse a ella no tanto como un posicionamiento ideol&oacute;gico, sino por curiosidad, por hacer la broma, por presi&oacute;n de grupo o, incluso, por provocaci&oacute;n. La rebeld&iacute;a, la curiosidad, el querer probar cosas nuevas, son caracter&iacute;sticas propias de la adolescencia&rdquo;.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7660267667864997133"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        La experta no cree que debamos llevarnos las manos a la cabeza si vemos a un adolescente de nuestro entorno seguir esta tendencia. &ldquo;Los adultos nos alarmamos con mucha facilidad ante las modas adolescentes porque no las entendemos&rdquo;, dice, y pone como ejemplo la <a href="https://www.eldiario.es/era/espejismo-therian-distraccion-viral-trasfondo-politico_1_13013967.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fiebre</a><a href="https://www.eldiario.es/era/espejismo-therian-distraccion-viral-trasfondo-politico_1_13013967.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> therian</em></a> o las batallas para <a href="https://www.eldiario.es/era/farmear-aura-consiste-tendencia-viral-partes_1_13463278.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">farmear aura</a>. &ldquo;Aunque este caso tenga que ver con un tema de higiene, lo que hay que hacer no es alarmarse, sino fomentar el di&aacute;logo con los adolescentes, preguntarles por qu&eacute; lo hacen, qu&eacute; creen que van a conseguir con eso, si les est&aacute;n dando resultados&hellip; Hay que conversar con ellos antes que rega&ntilde;arles, porque eso puede ser incluso motivador: saltarse la norma es estimulante a esas edades&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vanessa Rodr&iacute;guez Pousada denuncia que &ldquo;los fundamentos biologicistas siempre se han usado en la ciencia y los marcos de pensamiento para explicar determinadas conductas&rdquo; y llama a salir de ese c&iacute;rculo vicioso. Del mismo modo que tambi&eacute;n hay feminismos de marcado eje biologicista, resulta natural que la reacci&oacute;n neomachista apunte en esta direcci&oacute;n. &ldquo;Es importante abordar al ser humano desde un entendimiento biopsicosocial e incluso tecnol&oacute;gico, porque las tecnolog&iacute;as que van apareciendo van modificando nuestro cuerpo, nuestro pensamiento y nuestras conductas. Evidentemente, la biolog&iacute;a influye, pero no se ampara en un marco binarista&rdquo;, defiende Pousada.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga cree que no hay una &uacute;nica causa que pueda explicar el efecto atrayente que el v&oacute;rtex de la manosfera ejerce sobre los m&aacute;s j&oacute;venes, si bien &ldquo;hay rasgos de las adolescencias actuales que no hab&iacute;a en otras &eacute;pocas&rdquo;. Pousada cita como uno de los m&aacute;s rese&ntilde;ables la soledad. &ldquo;Los adolescentes son el grupo de edad <a href="https://www.soledades.es/estudios/estudio-sobre-juventud-y-soledad-no-deseada-en-espana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con mayor sentimiento de soledad no deseada</a>, por encima de las personas de mayor edad, lo cual llama la atenci&oacute;n. Este tipo de<a href="https://www.eldiario.es/un-tema-al-dia/podcast-manosfera-colmenas-machismo-internet_132_9731643.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> grupos [manosf&eacute;ricos]</a> quiz&aacute;s les ofrecen formar algo de comunidad; sentir que forman parte de algo. A veces vemos perfiles de j&oacute;venes excluidos de otros grupos que encuentran ah&iacute; un lugar. Eso puede ser muy atrayente: somos seres sociales&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Se puede seguir esta tendencia sin que la persona que lo haga tenga nada que ver con el movimiento incel o sea machista. Es una tendencia que se ha hecho viral en TikTok, y desde ahí las personas adolescentes pueden engancharse a ella no tanto como un posicionamiento ideológico sino por curiosidad, por hacer la broma, por presión de grupo o, incluso, por provocación</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Vanessa Rodríguez Pousada</span>
                                        <span>—</span> presidenta de la Sociedade Galega de Sexología
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">&iquest;An&eacute;cdota o categor&iacute;a?</h2><p class="article-text">
        Aunque las voces expertas tratan de mitigar la alarma ante el <em>pheromone maxxing</em> y evidencian el efecto perverso que el se&ntilde;alamiento y la exclusi&oacute;n pueden obrar sobre los esponjosos cerebros del florecimiento pubescente, no cuesta entender por qu&eacute; el pheromone<em> maxxing</em> ha causado furor medi&aacute;tico. Salvo en aquellos entornos miserables donde el acceso al agua corriente es un lujo, la gente que no se ba&ntilde;a hace (s&iacute;) gracia. El hecho de que la gran mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n elija ba&ntilde;arse, consciente de las virtudes higi&eacute;nicas y cosm&eacute;ticas de la abluci&oacute;n, y sobre todo consciente del efecto social contraindicado del hedor, emborracha de soberbia a todo aquel que se encuentre con un disidente y le empuja a alzar un &iacute;ndice burl&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, detr&aacute;s de esta bufonada puede haber movimientos profundos en el mundo de la masculinidad. &iquest;Qu&eacute; ha pasado entre los creadores de contenido <em>bro</em> para que se est&eacute;n viralizando conductas grotescas como no lavarse para ligar? &ldquo;Con total sinceridad digo que la estupidez y el narcisismo masculino han existido siempre&rdquo;, explica el soci&oacute;logo especializado en teor&iacute;a cr&iacute;tica feminista y masculinidades Olmo Morales. &ldquo;Es verdad que hoy en d&iacute;a se reproducen como el micelio si se crean las condiciones necesarias y, desgraciadamente, las hay. El viraje biologicista que estamos observando y que torpemente intenta justificar la desigualdad entre hombres y mujeres est&aacute; siendo impulsado por estudios neurocient&iacute;ficos cuestionables en su dise&ntilde;o, pero que de la mano de las noticias falsas caminan con cada vez menos pudor entre las cabezas pseudopensantes que los reproducen en la barra del bar o en v&iacute;deos que se viralizan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; nos adentramos en el verdadero pantano de esta problem&aacute;tica. Porque s&iacute;, todos tenemos claro que un adolescente que deja de ba&ntilde;arse guiado por los consejos <em>tiktokeros</em> de un <a href="https://www.eldiario.es/era/gurus-seduccion-coaching_1_11650360.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gur&uacute; de la seducci&oacute;n</a> es un fen&oacute;meno f&aacute;cilmente empaquetable dentro del caj&oacute;n de &ldquo;Lo Machista&rdquo;, pero &iquest;hasta qu&eacute; punto se trata de una an&eacute;cdota que, amplificada por el jij&iacute;-jaj&aacute;, opaca la categor&iacute;a de otras opresiones m&aacute;s severas? El hombre que renuncia al ba&ntilde;o para autoafirmarse es una figura grotesca, casi monstruosa, de la que podr&iacute;a re&iacute;rse una ampl&iacute;sima mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. Con todo, cuesta imaginar, de verdad, al columnista m&aacute;s mis&oacute;gino de la derecha preconizando las bondades de la falta de higiene, lo que nos lleva a cuestionar hasta qu&eacute; punto es perverso poner el foco en estos fen&oacute;menos virales extremos. &iquest;Corremos el riesgo de favorecer que se sigan perpetuando vicios patriarcales complejos y dif&iacute;ciles de tratar mientras nos re&iacute;mos de las gansadas de TikTok que, en el fondo, no son hegem&oacute;nicas?
    </p><p class="article-text">
        Olmo Morales cree que s&iacute;: &ldquo;Mientras el feminismo se&ntilde;ala la inequidad estructural que sufren las mujeres y la explotaci&oacute;n cotidiana que hacemos los hombres de ellas, la sociedad sigue mirando el dedo en vez de la luna y se queda con estas tontadas rid&iacute;culas&rdquo;, apunta el soci&oacute;logo. &ldquo;Que haya personajes masculinos teniendo este tipo de pr&aacute;cticas individuales, adem&aacute;s de inocuo para las mujeres es totalmente residual. M&aacute;s que inocuo, constituye en s&iacute; mismo un aviso a navegantes de &lsquo;por ah&iacute; no es&rsquo;. El problema es que desviar el foco hacia estos casos nos supone al resto de hombres que estamos a las ant&iacute;podas de ello un salvaguardo. Los hombres comunes, los del machismo sutil y no por ello menos efectivo sino en todo caso m&aacute;s efectivo, y los machistas violentos que no caen en estos retos ni tendencias, estamos encantados con que se dediquen p&aacute;ginas a estos seres grotescos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El problema es que desviar el foco hacia estos casos nos supone al resto de hombres que estamos a las antípodas de ello un salvaguardo (...)  Se genera esa figura del monstruo que nos sirve para desidentificarnos con el machismo y que lejos de promover que los hombres nos cuestionemos nos lleva a acomodarnos porque ‘yo no soy como ese&#039;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Olmo Morales</span>
                                        <span>—</span> sociólogo especializado en teoría crítica feminista y masculinidades
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que el <em>pheromone maxxing</em> sea caricaturesco y minoritario, es un <em>trend</em> que tiene como foco a los m&aacute;s j&oacute;venes. &iquest;No es acaso posible refutar o contextualizar algo as&iacute; sin hacerle el caldo gordo a la maquinaria mis&oacute;gina que pone en marcha estos retos? &iquest;O supone siempre una p&eacute;rdida de tiempo y energ&iacute;a que encima ayuda a dar relevancia a una an&eacute;cdota y a que muchos hombres se sientan reafirmados en su <em>aliadismo</em> porque, vaya, a ellos nunca se les ocurrir&iacute;a dejar de ba&ntilde;arse (mientras siguen perpetuando otras conductas cuestionables m&aacute;s complejas)?
    </p><p class="article-text">
        Olmo Morales insiste en que &ldquo;a los hombres nos conviene que se viralicen este tipo contenidos porque se&ntilde;ala tendencias absurdas que responden a un modelo de masculinidad esperp&eacute;ntico&rdquo;. Especializado en los peligros del discurso beat&iacute;fico sobre la nueva masculinidad, el acad&eacute;mico teme que esta insistencia en la caricatura del hombre cavernario &ndash;y apestoso&ndash; ayude a sostener el mantra de que el motor de la inequidad que los hombres reproducen es la ausencia de contacto con la propia vulnerabilidad o la falta de autoconocimiento a nivel emocional. &ldquo;Estos dos temas, cuando se juntan, son tremendamente peligrosos para las mujeres y tremendamente beneficiosos para nosotros. Por un lado, se genera esa figura del monstruo que nos sirve para desidentificarnos con el machismo y que lejos de promover que los hombres nos cuestionemos nos lleva a acomodarnos porque &lsquo;yo no soy como ese&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El origen del t&eacute;rmino</h2><p class="article-text">
        Las advertencias de Morales, ciertamente severas, enlazan con la siempre golosa pol&eacute;mica de la risa c&oacute;mplice: ese re&iacute;r que antes de satirizar, legitima. En los &uacute;ltimos meses, las piezas period&iacute;sticas no han dejado de sucederse sobre el <em>pheromone maxxing</em>, siempre con un deje de guasa. Cuando la moda de no lavarse el pelo para ligar fue tratada en Antena 3 Noticias, la cadena lo anunci&oacute; con uno de esos chascarrillos tan vinculados al carisma de su presentador m&aacute;s hist&oacute;rico: <a href="https://www.antena3.com/noticias/salud/ciencia-desmonta-nueva-ocurrencia-viral-lavarse-pelo-potenciar-atractivo-mas-instintivo_202609136aa6949b7486a40f2c9c4ed2.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;A Mat&iacute;as Prats no le mola un pelo esta nueva tendencia&rdquo;</a>. Este mismo reportaje que encara ahora su recta final no es inocente tampoco. De igual modo, la industria de la creaci&oacute;n de contenido se est&aacute; aprovechando del valor al alza del <em>pheromone maxxing</em> en la econom&iacute;a de la atenci&oacute;n para &ldquo;desmontar&rdquo; sus preceptos, desde <a href="https://www.instagram.com/reels/DdhKdhAg7qh/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">farmac&eacute;uticos</a> a <a href="https://www.instagram.com/reels/Dd1RdqqIRtn/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">enfermeros</a>. &iquest;Hundimos nuestras narices aqu&iacute; por responsabilidad informativa o por oportunismo? No ser&aacute; la primera vez en la historia de la comunicaci&oacute;n que la respuesta tome un poco de ambas, pero para entender la pertinencia de abordar c&oacute;mo un fen&oacute;meno puede escalar del disparate a la autoayuda, conviene ir a la ra&iacute;z de todo.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras se&ntilde;ales que Internet emite sobre el <em>pheromone maxxing</em> nos llevan hasta la cuenta de TikTok de <a href="https://vm.tiktok.com/ZN8rsupam/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un usuario llamado FluffDumpster</a>. En 2024, public&oacute; un v&iacute;deo que puede entenderse como el manifiesto fundacional de esta tendencia. &ldquo;No apesto, estoy maximizando mis feromonas. Los chicos de clase no lo entienden, as&iacute; que no me sorprende que vosotros, los de TikTok, tampoco lo hag&aacute;is&rdquo;. El f&iacute;sico de Isaac &ndash;nombre real del joven detr&aacute;s de esta cuenta&ndash; no est&aacute;, a diferencia de los de otros profetas ferom&oacute;nicos como los que abr&iacute;an este reportaje, tallado en el gimnasio: es un joven desali&ntilde;ado.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7352962089637465387"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Sus v&iacute;deos, muchos de ellos grabados en sorprendente colaboraci&oacute;n con su madre, abordan la odisea del <em>pheromone maxxing</em> con un &aacute;ngulo m&aacute;s o menos humor&iacute;stico: la madre ri&ntilde;endo al hijo por no lavarse, etc&eacute;tera. Hay v&iacute;deos en los que afirma haber pasado per&iacute;odos semanas sin ducharse y otros en los que presume de hacer experimentos con heces y orina para maximizar su qu&iacute;mica masculina. No est&aacute; claro cu&aacute;nto hay de creencia genuina y cu&aacute;nto de s&aacute;tira o<em> rage bait </em>en la l&iacute;nea editorial de Isaac; tampoco si el <a href="https://vm.tiktok.com/ZN8rnVrMM/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pie afectado por una enfermedad</a> similar a la escarlatina que muestra en una de sus publicaciones es real u obra de un sofisticado maquillaje.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima publicaci&oacute;n de la cuenta en la que sale Isaac es de febrero de 2025. En diciembre, su madre public&oacute; un <a href="https://vm.tiktok.com/ZN8rWy2yb/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">v&iacute;deo disfrazada</a> de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/charlie-kirk-joven-activista-comentarista-referente-maga-asesinado-tenia-hilo-directo-trump_1_12593944.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Charlie Kirk</a> y, ante la insistencia de sus seguidores, impacientes por ver de nuevo a su hijo en acci&oacute;n, escribi&oacute;: &ldquo;Informo con gran pesar de que Isaac falleci&oacute; hace siete meses. Pens&eacute; que esto [la publicaci&oacute;n del disfraz] es algo que &eacute;l hubiera querido&rdquo;.&nbsp;En la p&aacute;gina de Reddit de Fluffdumpster, un usuario <a href="https://www.reddit.com/r/fluffdumpster/comments/1u2dm0w/is_fluffdumpster_still_alive/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ahondaba en la cuesti&oacute;n</a> hace solo cuatro meses: &ldquo;Lamento tener que decir esto, pero Isaac falleci&oacute; a finales del a&ntilde;o pasado debido a una infecci&oacute;n contra la que hab&iacute;a estado luchando durante alg&uacute;n tiempo. Todos han guardado bastante silencio, tratando simplemente de seguir adelante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, es posible que el propio Isaac est&eacute; detr&aacute;s de esta <em>performance; </em>que, agotada la v&iacute;a de provocar mediante el asco, haya optado por fingir su muerte. De hecho, la falta de informaci&oacute;n real y verificable en la prensa estadounidense sobre el asunto hacen que esta sea la opci&oacute;n m&aacute;s veros&iacute;mil, porque cualquier otra alternativa resultar&iacute;a incalificable. &iquest;Qui&eacute;n en su sano juicio honrar&iacute;a la muerte de su hijo disfraz&aacute;ndose del cad&aacute;ver baleado de Charlie Kirk? Ahora bien, incluso asumiendo que el origen del <em>pheromone maxxing</em> es una <em>trolleada</em> de un joven de la Am&eacute;rica profunda y su madre sedientos de atenci&oacute;n, es necesario entender c&oacute;mo su pantomima puede deturparse a golpe de<em> reel</em> hasta conseguir que chulos de gimnasio pongan en pr&aacute;ctica sus m&eacute;todos, ellos s&iacute;, completamente en serio.
    </p><p class="article-text">
        Puede que dentro de unos meses nadie se acuerde del <em>pheromone maxxing</em>. Probablemente, tampoco importe demasiado cu&aacute;ntos j&oacute;venes decidieron pasar unas semanas sin ducharse siguiendo los consejos de un desconocido de TikTok. Lo que s&iacute; merece atenci&oacute;n es la facilidad con la que una ocurrencia as&iacute; encuentra audiencia, se desprende de la iron&iacute;a marginal con la que naci&oacute; y termina convertida en una explicaci&oacute;n aparentemente seria sobre el deseo y la masculinidad. El olor, en este caso, no viene solo del cuerpo: tambi&eacute;n emana de las ci&eacute;nagas del algoritmo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anxo F. Couceiro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-ducharse-maximizar-feromonas-ligar-reto-viral-pasajero-peligro-misogino-jovenes_1_13563603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Oct 2026 21:10:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No ducharse para “maximizar feromonas” y ligar más: ¿reto viral pasajero o peligro misógino entre los jóvenes?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,TikTok,Tendencias,Adolescentes,Jóvenes,Misoginia,Internet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fiebre de las colas: cómo algunas marcas nos venden que perder el tiempo por sus productos merece la pena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/fiebre-colas-marcas-venden-perder-tiempo-productos-merece-pena_1_13503728.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b69d9cf9-63f9-4769-a5c0-845ff93e5eb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1285y637.jpg" width="1200" height="675" alt="La fiebre de las colas: cómo algunas marcas nos venden que perder el tiempo por sus productos merece la pena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Analizamos las razones tras un fenómeno global empujado por el marketing visual y la búsqueda de pertenencia social</p><p class="subtitle">“Perdona, no me da la vida”: ¿realmente no tenemos tiempo para nada o solo nos sentimos ocupados?</p></div><p class="article-text">
        El sol de media tarde golpea las losetas del Passeig de Gr&agrave;cia de Barcelona y sobre ellas se dibuja una escena tan desconcertante como habitual: una fila de varios metros bordea el escaparate de la tienda de Chanel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Unos metros m&aacute;s abajo, junto a una ic&oacute;nica tienda de juguetes, una empleada frena el paso de turistas hacia el interior con un dispositivo con el que controla el aforo. Algo m&aacute;s de una decena de personas aguarda pacientemente. La estampa se repite id&eacute;ntica en el Born frente a un establecimiento cuyas tartas se han hecho virales, en la entrada de una tienda de moda o junto a una helader&iacute;a que hace un tiempo visit&oacute; una conocida estrella del pop.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por toda la ciudad, una nutrida legi&oacute;n de personas invierte su tiempo libre, un recurso cada vez m&aacute;s escaso y codiciado hoy en d&iacute;a, en conseguir unos productos muy concretos. Algo que no es exclusivo de Barcelona, sino que ocurre en <a href="https://www.eldiario.es/viajes/urbanalizacion-centros-ciudad-iguales_1_10917174.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">casi todas las grandes ciudades</a> del mundo occidental.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; engranaje psicol&oacute;gico se activa en la mente de todas estas personas para esperar un buen rato en la calle con tal de obtener un determinado producto cuando lo podr&iacute;an comprar por internet o pedirlo a domicilio?&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hace apenas una década, hacer cola era sinónimo de pérdida de tiempo, mientras que hoy es parte de un ritual</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Anabell Fondón</span>
                                        <span>—</span> socióloga y profesora de la URJC
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El ritual del peque&ntilde;o lujo y la paciencia como trofeo</h2><p class="article-text">
        Tradicionalmente, la espera en un comercio se interpretaba como una pega, un s&iacute;ntoma de ineficiencia o una molestia. Ahora, sin embargo, en algunos comercios la experiencia ha sufrido un giro radical. Parece que con el acceso a la vivienda o a los grandes viajes convertidos en metas inalcanzables para amplias capas de la poblaci&oacute;n, el consumo se ha desplazado hacia los peque&ntilde;os lujos accesibles.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la espera deja de ser un mero tr&aacute;mite y adquiere valor por s&iacute; misma. El producto final puede parecer m&aacute;s deseable precisamente por el esfuerzo invertido en conseguirlo. La doctora <a href="https://servicios.urjc.es/pdi/ver/anabell.fondon" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Anabell Fond&oacute;n</a>, soci&oacute;loga y profesora de la Universidad Rey Juan Carlos, contextualiza esta transformaci&oacute;n se&ntilde;alando que &ldquo;hace apenas una d&eacute;cada, hacer cola era sin&oacute;nimo de p&eacute;rdida de tiempo, mientras que hoy es parte de un ritual&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la investigadora, en una sociedad donde casi todo es inmediato, la espera se ha revelado como una se&ntilde;al de autenticidad y exclusividad, hasta el punto de que &ldquo;esperar en el sitio correcto funciona como un sello de pertenencia&rdquo;, una muestra de estatus. De este modo, a&ntilde;ade Fond&oacute;n, la paciencia se convierte en un capital cultural capaz de demostrar gusto, conocimiento y resistencia.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Varias personas hacen cola para entrar en la tienda de Loewe del Passeig de Gràcia de Barcelona.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">El efecto reba&ntilde;o, el sesgo de escasez y la dictadura del algoritmo</h2><p class="article-text">
        Fond&oacute;n afirma que detr&aacute;s de la paciencia del consumidor opera un mecanismo psicol&oacute;gico ancestral: la validaci&oacute;n social. Al percibir una multitud congregada ante un establecimiento, el cerebro humano activa un atajo cognitivo inmediato que asocia la masa a la bondad del producto ofertado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cola deja as&iacute; de ser &uacute;nicamente una consecuencia del &eacute;xito para convertirse en una demostraci&oacute;n p&uacute;blica de que ese &eacute;xito existe. No hace falta entrar, probar el producto ni conocer la marca: basta con ver a decenas de personas esperando para concluir que, por alg&uacute;n motivo, aquello merece la pena. Esta din&aacute;mica, multiplicada por la amplificaci&oacute;n a trav&eacute;s de las redes sociales, convierte la v&iacute;a p&uacute;blica en un gran escaparate performativo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La arquitectura de plataformas como TikTok e Instagram no es neutral: est&aacute; dise&ntilde;ada para comprimir la decisi&oacute;n y amplificar la urgencia&rdquo;, apunta la soci&oacute;loga. &ldquo;Algoritmos, se&ntilde;ales de prueba social y pistas de escasez activan procesos de consumo emocional y FOMO, empujando a compras y visitas impulsivas&rdquo;, asegura.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ahora todo el mundo busca consumir lo mismo en los mismos sitios porque lo vemos en internet. En cuanto un local se populariza en las redes, la gente va en masa. En Francia es igual, cuenta un turista francés</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La experta apunta a que la investigaci&oacute;n reciente describe un ciclo claro: &ldquo;Consumimos contenido digital, reproducimos la visita f&iacute;sica (y la cola), y luego generamos nuevo contenido que el algoritmo amplifica&rdquo;. Esto produce una &ldquo;participaci&oacute;n performativa&rdquo; y una &ldquo;temporalidad algor&iacute;tmica&rdquo;: el tiempo libre se organiza alrededor de ventanas de viralidad, no de preferencias estables.
    </p><p class="article-text">
        Un turista franc&eacute;s de mediana edad describe con precisi&oacute;n el poder de atracci&oacute;n instintivo que ejerce la aglomeraci&oacute;n sobre el transe&uacute;nte casual. &ldquo;Al ver la fila en la puerta nos llam&oacute; la atenci&oacute;n&rdquo;, explica frente a una enorme tienda de juguetes. Reconoce que decidieron sumarse porque la fila avanzaba r&aacute;pido, estaban de vacaciones y la ilusi&oacute;n de sus hijos justificaba el tiempo invertido. &ldquo;Ahora todo el mundo busca consumir lo mismo en los mismos sitios porque lo vemos en internet&rdquo;, asegura. &ldquo;En cuanto un local se populariza en las redes&rdquo;, a&ntilde;ade, &ldquo;la gente va en masa. En Francia es igual&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si hay cola, tenemos la certeza de que el lugar es bueno de verdad&rdquo;, afirman convencidos un grupo de asi&aacute;ticos que aguarda ante las puertas de la pasteler&iacute;a del Born tras haber descubierto el local en redes sociales, donde figuraba catalogado como una parada gastron&oacute;mica obligatoria en la ciudad. &ldquo;Tambi&eacute;n sab&iacute;amos que tendr&iacute;amos que esperar&rdquo;, explican, al preguntarles por las filas. Casi todo el mundo que sale con su pedazo de pastel de la tienda, le toma una fotograf&iacute;a antes de comerlo.
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n, sin embargo, se complica cuando la cola se forma ante la puerta de una tienda de lujo. &iquest;Qu&eacute; lleva a alguien a esperar para acceder a un establecimiento donde, en teor&iacute;a, el precio deber&iacute;a ser suficiente para filtrar la demanda? En los casos consultados, la respuesta no tiene tanto que ver con la psicolog&iacute;a como con las cuentas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Esperar en el sitio correcto funciona como un sello de pertenencia&quot;."
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            <span class="title">
                &quot;Esperar en el sitio correcto funciona como un sello de pertenencia&quot;.                            </span>
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        Para el turismo internacional especialmente, la ecuaci&oacute;n incluye ventajas econ&oacute;micas tangibles asociadas a las pol&iacute;ticas fiscales. Una turista mexicana entrevistada frente a las puertas de Chanel reconoce que la fila no le supone un problema importante, aunque admite que pensaba que ser&iacute;a &ldquo;un tr&aacute;mite r&aacute;pido de entrar y salir&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La clienta explica que el principal atractivo es financiero, ya que &ldquo;en estas tiendas no pagas impuestos gracias al <em>tax-free</em>, lo que reduce el coste sustancialmente en comparaci&oacute;n con Estados Unidos o M&eacute;xico&rdquo;. En su caso, relata que buscaba una pieza concreta que no encontr&oacute; durante su paso por Madrid, por lo que esta visita a Barcelona representa su &ldquo;&uacute;ltima oportunidad&rdquo; antes de volver a casa. &ldquo;Me puede salir unos 300 d&oacute;lares m&aacute;s barato&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        En la acera de enfrente, una pareja de la India espera en la fila de Herm&egrave;s. Viajeros frecuentes por Europa, tienen claro que las colas se han extendido por todas partes, tanto para comer como para comprar en comercios, algo que achacan a que las tiendas disponen de un personal reducido para atender al p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Consumimos contenido digital, reproducimos la visita física (y la cola), y luego generamos nuevo contenido que el algoritmo amplifica. Esto produce una &#039;participación performativa&#039;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Anabell Fondón</span>
                                        <span>—</span> socióloga y profesora de la URJC
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sin embargo, la mujer de la pareja subraya tambi&eacute;n el peso de la estrategia de marca, afirmando que &ldquo;en las marcas de lujo influye de forma clara la creaci&oacute;n deliberada de esa expectaci&oacute;n alrededor de la firma&rdquo;. Al comparar la situaci&oacute;n con su pa&iacute;s de origen, comenta que en India la firma opera de otra manera y no se producen colas. Para ella, la paciencia en Espa&ntilde;a queda compensada por el bolsillo, ya que &ldquo;la exenci&oacute;n fiscal nos permite ahorrar entre un 15% y un 20%&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Cuando la cola es marketing</h2><p class="article-text">
        Para el transe&uacute;nte, una cola puede despertar la curiosidad. Para las marcas, puede convertirse en una herramienta de comunicaci&oacute;n tan visible como rentable. Reducir la superficie del establecimiento, limitar deliberadamente el ritmo de atenci&oacute;n o lanzar colecciones de tirada restringida son decisiones organizativas orientadas a visibilizar la demanda exterior.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Para el transeúnte, una cola puede despertar la curiosidad. Para las marcas, puede convertirse en una herramienta de comunicación tan visible como rentable.                            </span>
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        <a href="https://www.uoc.edu/es/news/servicios-para-los-medios/guia-expertos/ana-isabel-jimenez" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Isabel Jim&eacute;nez-Zarco</a>, experta en marketing y profesora de los Estudios de Econom&iacute;a y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), analiza la vertiente estrat&eacute;gica de estas barreras f&iacute;sicas de acceso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La experta aclara que, aunque algunas firmas generan atracci&oacute;n de forma org&aacute;nica, muchas otras buscan deliberadamente las condiciones para propiciar filas en la calle y aprovecharlas comercialmente. Como resultado, &ldquo;el consumidor deduce que si no aguanta la espera, perder&aacute; la oportunidad de adquirir ese producto&rdquo;. De esta forma, la fila se convierte en una valla publicitaria gratuita que hace visible la demanda y despierta la curiosidad de quienes pasan por delante.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El consumidor deduce que si no aguanta la espera, perderá la oportunidad de adquirir ese producto</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana Isabel Jiménez-Zarco</span>
                                        <span>—</span> experta en marketing y profesora de la UOC
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No obstante, la profesora de la UOC advierte de los riesgos comerciales derivados de un uso puramente cosm&eacute;tico de esta t&aacute;ctica de ventas. &ldquo;La gente tampoco es tan tonta. Es decir, esta t&eacute;cnica puede servir a muy corto plazo, pero las marcas lo que quieren es generar fidelizaci&oacute;n a medio-largo plazo&rdquo;, explica. &ldquo;Por tanto, detr&aacute;s de esta estrategia de generar una cola, tiene que haber un buen producto o servicio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, seg&uacute;n Jim&eacute;nez-Zarco, en una era caracterizada por la inmediatez del comercio electr&oacute;nico, el acto de esperar consigue incrementar el valor percibido y transformar la compra en un acontecimiento social. &ldquo;La anticipaci&oacute;n puede hacernos disfrutar m&aacute;s del producto&rdquo;, afirma.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;La anticipación puede hacernos disfrutar más del producto&quot;, dice la experta en marketing Ana Isabel Jiménez-Zarco..                            </span>
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        En un entorno saturado por la sobreoferta y el ruido informativo, la fila funciona como un &ldquo;sello de validaci&oacute;n colectiva&rdquo; que permite reducir el esfuerzo de elegir, explica Fond&oacute;n. Ante el caos de opciones, delegamos la decisi&oacute;n en la masa. Y las marcas ya no venden &uacute;nicamente productos: venden tambi&eacute;n experiencias documentables. Las filas son una de ellas.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, este fen&oacute;meno proyecta una radiograf&iacute;a muy clara de la sociedad contempor&aacute;nea: el valor de las cosas ya no reside &uacute;nicamente en el objeto que nos llevamos a casa, sino en &ldquo;la narrativa que lo rodea&rdquo;. Una historia que, como concluye Fond&oacute;n, &ldquo;se construye, se mide y se disputa en tiempo real entre la dictadura del algoritmo y el asfalto de la acera&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/fiebre-colas-marcas-venden-perder-tiempo-productos-merece-pena_1_13503728.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2026 21:22:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fiebre de las colas: cómo algunas marcas nos venden que perder el tiempo por sus productos merece la pena]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Consumo,Redes sociales,Marketing,Sociedad,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Necesito paz”: cómo cortar lazos con alguien de tu vida que te hace daño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/necesito-paz-cortar-lazos-alguien-vida-dano_1_13535554.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2dc92ac-1658-420c-b298-611c8a644a8a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x885y587.jpg" width="1200" height="675" alt="“Necesito paz”: cómo cortar lazos con alguien de tu vida que te hace daño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Me estoy priorizando”, “tengo que poner límites” o “esta relación no me compensa” son frases cada vez más habituales, pero cortar una relación no siempre es la respuesta: ¿cómo distinguir entre un vínculo dañino y un conflicto que todavía puede repararse?</p><p class="subtitle">De los amigos que ya no se llaman al riesgo de 'hablar' solo por audios: “Me resulta raro”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Mi paz no es negociable&rdquo;. Lo dice Sonia, de 34 a&ntilde;os, al explicar por qu&eacute; ha decidido alejarse de su padre. Despu&eacute;s de que su madre muriera, estuvo pendiente de &eacute;l durante a&ntilde;os, hasta que comenz&oacute; una nueva relaci&oacute;n que, seg&uacute;n indica, cambi&oacute; su forma de relacionarse con sus hijos. &ldquo;&Eacute;l ha elegido a esa persona antes que a sus hijos&rdquo;, cuenta. Por eso ha decidido tomar distancia: &ldquo;Necesito paz&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde testimonios an&oacute;nimos hasta comunicados p&uacute;blicos y publicaciones editoriales, cada vez tienen m&aacute;s presencia las historias de personas que exponen sus v&iacute;nculos da&ntilde;inos y ponen sobre la mesa la posibilidad de alejarse de quienes les hacen sufrir
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que la presentadora y comunicadora <a href="https://www.eldiario.es/nidos/tabu-cortar-relacion-propios-padres-le-agradezco-diera-vida-quito_1_10908438.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">In&eacute;s Hernand</a> confes&oacute; no tener relaci&oacute;n con sus padres. En el &aacute;mbito internacional, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/caso-brooklyn-beckham-rompiendo-estigma-hijos-cortan-relacion-padres_1_12930360.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Brooklyn Beckham</a> public&oacute; este mismo a&ntilde;o un comunicado en sus redes sociales para hacer p&uacute;blico el distanciamiento con sus padres, Victoria y David Beckham. Y, aunque su caso es diferente, la actriz Jennette McCurdy &mdash;conocida por interpretar a Sam Puckett en <em>iCarly </em>y <em>Sam &amp; Cat</em>&mdash; tambi&eacute;n ha contado p&uacute;blicamente la relaci&oacute;n de control y abuso que mantuvo con su madre, fallecida en 2013. En <a href="https://www.eldiario.es/spin/triunfo-nickelodeon-vivia-infierno-casa-historia-personal-jennette-mccurdy-convirtio-exito-editorial-pm_1_13040172.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Me alegro de que mi madre haya muerto</em></a> (2023, Tendencias), reconstruye con humor negro una relaci&oacute;n que marc&oacute; su infancia y adolescencia y las consecuencias de enfrentarse a ella despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La mayor visibilidad que tienen ahora estas historias convive, adem&aacute;s, con un lenguaje cada vez m&aacute;s extendido alrededor del autocuidado: &ldquo;Me estoy priorizando&rdquo;, &ldquo;tengo que poner l&iacute;mites&rdquo;, &ldquo;mi salud mental est&aacute; por encima de todo&rdquo;... Pero &iquest;cu&aacute;ndo cortar es realmente una forma de cuidarnos y cu&aacute;ndo estamos convirtiendo cualquier conflicto o incomodidad en un motivo para romper?
    </p><h2 class="article-text">El tab&uacute; de cortar lazos</h2><p class="article-text">
        Una relaci&oacute;n, ya sea de pareja, de amistad o familiar, deber&iacute;a aportarnos bienestar y permitirnos sentirnos seguros, respetados y libres de ser nosotros mismos. As&iacute; lo explica Joanna Cort&eacute;s Saura, psic&oacute;loga general sanitaria y directora de la <a href="https://clinicaphoenix.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cl&iacute;nica Phoenix</a>, para quien, en t&eacute;rminos generales, cualquier v&iacute;nculo &ldquo;deber&iacute;a sumar a nuestra vida, no desgastarnos de una manera constante&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando las relaciones que no cumplen con estos m&iacute;nimos son las familiares, entran en juego otros factores. A pesar de que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os las conversaciones sobre cortar relaciones da&ntilde;inas son m&aacute;s comunes, esto choca con la &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; de mantenerlas por compartir sangre. <a href="https://www.instagram.com/tupsicologatecuenta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Josselyn Sevilla</a>, psic&oacute;loga sanitaria y miembro de <a href="https://moiraspsicologia.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Moiras Psicolog&iacute;a</a> advierte de c&oacute;mo en el &aacute;mbito familiar, aunque tambi&eacute;n puede darse en amistad o de pareja, se minimizan e incluso justifican conductas da&ntilde;inas apelando al tiempo que lleva esa persona en nuestra vida. Es entonces cuando nos encontramos con frases como: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo vas a dejar de tener relaci&oacute;n con tu madre?&rdquo; o &ldquo;&iquest;c&oacute;mo vas a cortar con esa pareja de tantos a&ntilde;os?&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada vez que lo digo me encuentro con una avalancha de personas que me dicen: ‘pero es tu madre’</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta fue la reacci&oacute;n que Abril Serrat se encontr&oacute; cuando decidi&oacute; cortar la relaci&oacute;n con su madre: &ldquo;Cada vez que lo digo me encuentro con una avalancha de personas que me dicen: &lsquo;pero es tu madre&rsquo;&rdquo;. Sin embargo, recuerda que detr&aacute;s de esa decisi&oacute;n hubo mucho dolor. &ldquo;Cuando alguien llega al punto de cortar la relaci&oacute;n por completo con su madre es porque no le queda otra opci&oacute;n, porque vivir y compartir con esa persona no es sano, no es bueno&rdquo;, explica. Andrea Monace, que tambi&eacute;n cort&oacute; lazos con su madre, recibi&oacute; el mismo tipo de comentarios cuando hablaba de su decisi&oacute;n: &ldquo;Es tu madre, tienes que quererla pase lo que pase&rdquo;. Esto hizo que durante a&ntilde;os la justificara y tratara de entenderla; dej&oacute; incluso de hablar del dolor y la manipulaci&oacute;n que sufr&iacute;a &ldquo;por tab&uacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tab&uacute;, el estigma o la falta de apoyo social pueden dificultar que las personas corten el trato con quienes tienen m&aacute;s cerca. Sin embargo, las psic&oacute;logas advierten de la necesidad de identificar se&ntilde;ales que nos permitan reconocer cu&aacute;ndo deber&iacute;amos cortar esos v&iacute;nculos.
    </p><h2 class="article-text">Se&ntilde;ales que debemos advertir&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Antes de saber si debemos cortar ese v&iacute;nculo, seg&uacute;n las psic&oacute;logas, no debemos perder de vista que en las relaciones pueden existir<strong> </strong>desacuerdos, conflictos o incluso decepci&oacute;n; implican aprender a negociar, reparar y asumir responsabilidades. El problema puede llegar cuando esa responsabilidad no sea compartida, o cuando a los conflictos y desacuerdos no los acompa&ntilde;an la comprensi&oacute;n, comunicaci&oacute;n, empat&iacute;a o libertad de ser uno mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.instagram.com/psicologamartabarranco/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marta Barranco</a>, psic&oacute;loga, terapeuta de parejas, sex&oacute;loga y creadora de contenido con m&aacute;s de doscientos mil seguidores, no cree que exista una receta o lista de se&ntilde;ales que podamos tachar para saber si debemos cortar o no un v&iacute;nculo. De hecho, apunta que &ldquo;a veces las relaciones tienen tantos matices que lo ideal ser&iacute;a verlo en un espacio terap&eacute;utico&rdquo;. Aun as&iacute;, coincide con otras psic&oacute;logas en la importancia de prestar atenci&oacute;n a lo que sentimos, a nuestro cuerpo y a las sensaciones que nos provoca esa relaci&oacute;n a la hora de tomar una decisi&oacute;n as&iacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Empiezas a sentirte mucho peor desde que estás con esta persona: tu autoestima disminuye, la ansiedad se vuelve diaria, temes los conflictos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Barranco</span>
                                        <span>—</span> Psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y es que para Barranco, una pista perfecta podr&iacute;a ser un cambio en nosotros mismos. &ldquo;Empiezas a sentirte mucho peor desde que est&aacute;s con esta persona: tu autoestima disminuye, la ansiedad se vuelve diaria, temes los conflictos, empiezas a tener miedo de mostrar c&oacute;mo eres o lo que piensas, empiezas a pensar que no eres valiosa, e incluso tu f&iacute;sico empieza a verse afectado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Joanna Cort&eacute;s Saura identifica nuestro cuerpo como una fuente importante de informaci&oacute;n: &ldquo;Cuando estamos con ciertas personas podemos empezar a notar ansiedad, tensi&oacute;n, miedo, tristeza, agotamiento, necesidad de estar continuamente pendientes de lo que decimos o hacemos, o incluso s&iacute;ntomas f&iacute;sicos&rdquo;. A&ntilde;ade que esto no significa que cualquier emoci&oacute;n desagradable sea una se&ntilde;al de que debamos terminar la relaci&oacute;n, pero s&iacute; merece la pena escucharla y preguntarnos qu&eacute; nos est&aacute; ocurriendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si estamos pensando en desvincularnos, existen tres factores clave a tener en cuenta, seg&uacute;n Sevilla: qu&eacute; tipo de relaci&oacute;n mantenemos con esa persona &mdash;desde familiares y amistades hasta v&iacute;nculos m&aacute;s recientes&mdash;; qu&eacute; ha ocurrido y qu&eacute; gravedad tiene &mdash;si se trata de una agresi&oacute;n o una situaci&oacute;n de maltrato, no hay lugar para la duda, pero tambi&eacute;n existen los &ldquo;famosos grises&rdquo;, como desplantes, manipulaciones o bromas que hacen da&ntilde;o&mdash;; y qu&eacute; ha ocurrido cuando hemos intentado modificar esa situaci&oacute;n &mdash;cu&aacute;nto tiempo lleva produci&eacute;ndose, si hemos hablado con la otra persona sobre ello y si, despu&eacute;s de hacerlo, ha habido alg&uacute;n cambio&mdash;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando estamos con ciertas personas podemos empezar a notar ansiedad, tensión, miedo, tristeza, agotamiento, necesidad de estar continuamente pendientes de lo que decimos o hacemos, o incluso síntomas físicos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Joanna Cortés Saura</span>
                                        <span>—</span> Psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las psic&oacute;logas reconocen que no siempre es sencillo identificar estas se&ntilde;ales. &ldquo;Existen muchos grises, las situaciones no son siempre evidentes&rdquo;, explica Sevilla. Sin embargo, hay veces que incluso otras relaciones nos pueden dar pistas. Es el caso de Miranda y Andy en la primera entrega de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/diablo-viste-prada-2-secuela-todavia-superficial-pelicula-original_129_13179477.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El Diablo viste de Prada</em></a>: &ldquo;La relaci&oacute;n empieza a tener un toque m&aacute;s negativo para Andy cuando se da cuenta de que hay otros v&iacute;nculos que est&aacute; perdiendo y que tienen mucho m&aacute;s peso para ella que su conexi&oacute;n con la moda y su jefa&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, una de las claves que comparten estas psic&oacute;logas es observar c&oacute;mo responde la otra persona cuando comunicamos lo que sentimos y necesitamos: si respeta nuestros l&iacute;mites, nos escucha y muestra reciprocidad. Cort&eacute;s Saura lo resume as&iacute;: &ldquo;Cuando una relaci&oacute;n se convierte de manera sostenida en una fuente de sufrimiento, inseguridad o p&eacute;rdida de nosotros mismos, y los intentos de mejorarla no funcionan, plantearse poner fin al v&iacute;nculo puede ser una decisi&oacute;n saludable&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Se nos ense&ntilde;a muy r&aacute;pido a soltar&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Distanciarnos de una persona que nos ha hecho da&ntilde;o puede ser una forma de autocuidado. Pero no todo conflicto, incomodidad o malestar implica que una relaci&oacute;n deba terminar. En ocasiones, el lenguaje de los l&iacute;mites y el autocuidado puede convertirse tambi&eacute;n en una forma de evitar conversaciones inc&oacute;modas, tolerar mal la frustraci&oacute;n o eludir responsabilidades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se nos ense&ntilde;a muy r&aacute;pido a soltar cuando la persona no encaja en lo que nosotros queremos&rdquo;, advierte la psic&oacute;loga Marta Barranco, pero no hay que olvidar que en las relaciones tambi&eacute;n puede haber discusiones, conflictos o decepci&oacute;n. &ldquo;Estos discursos de 'priorizarse' son &uacute;tiles para personas que nunca se han elegido&rdquo;, explica, el problema es cuando &ldquo;se convierte un 'elegirme' en un &lsquo;como no me das lo que quiero, me voy&rsquo;. Esto no ser&iacute;a priorizarse o cuidarse, es manipulaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No siempre es f&aacute;cil dejar ir. Incluso despu&eacute;s de identificar las se&ntilde;ales, valorar la situaci&oacute;n, comunicar lo que nos ocurre y decidir terminar la relaci&oacute;n, llevar esa decisi&oacute;n a la pr&aacute;ctica puede ser lo m&aacute;s dif&iacute;cil. La psic&oacute;loga Josselyn Sevilla pone como ejemplo el caso de Carrie y Mr. Big en <a href="https://www.eldiario.es/era/he-visto-sexo-nueva-york-primera-vez-ahora-he-alucinado-arrugas-protagonistas_129_11727354.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Sexo en Nueva York</em></a>: &ldquo;Es un caso de permanencia en una relaci&oacute;n t&oacute;xica y de imposibilidad de cortar un v&iacute;nculo&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Tomar la decisi&oacute;n es solo el principio</h2><p class="article-text">
        Esta puede ser una decisi&oacute;n complicada aun sabiendo lo da&ntilde;ino de la relaci&oacute;n. Adem&aacute;s, no siempre se encuentran las palabras o el momento perfecto para llevar a cabo este corte. Porque s&iacute;, las psic&oacute;logas recomiendan atravesar este proceso siempre acompa&ntilde;adas de la comunicaci&oacute;n. Para Barranco, si &ldquo;no hay una l&iacute;nea roja que haya sido traspasada&rdquo;, lo id&oacute;neo ser&iacute;a tratar de reparar el v&iacute;nculo. En el otro extremo, recuerda: &ldquo;Si tu vida o integridad est&aacute;n en peligro, lo urgente es ponerte a salvo, no la explicaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si nos encontramos en una especie de &ldquo;t&eacute;rmino medio&rdquo;, una conversaci&oacute;n es la mejor manera de abordar esta situaci&oacute;n. De hecho, recuerda que, a trav&eacute;s de las palabras, &ldquo;no hay que cuidar solo en la relaci&oacute;n, tambi&eacute;n en la ruptura&rdquo;, y a&ntilde;ade: &ldquo;En una ruptura es importante elegir bien las palabras porque hay cosas que pueden quedarse para siempre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Cort&eacute;s Saura, una &ldquo;ruptura saludable implica en la medida en que sea posible y seguro, comunicar nuestra decisi&oacute;n con claridad, evitar culpabilizar innecesariamente, respetar a la otra persona y establecer los l&iacute;mites que necesitemos a partir de ese momento&rdquo;. Todo ello sin olvidar que &ldquo;para terminar un v&iacute;nculo no necesitamos que la otra persona comparta nuestra decisi&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cortar una relación o alejarnos de una persona no tiene por qué significar cortar de raíz o hacer contacto cero. Hay distintos tipos de distanciamientos emocionales</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Josselyn Sevilla</span>
                                        <span>—</span> Psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando una relaci&oacute;n se rompe, no lo hace siempre de una manera inmediata y definitiva desde el primer momento. Sevilla se&ntilde;ala la posibilidad de que &ldquo;cortar una relaci&oacute;n o alejarnos de una persona no tiene por qu&eacute; significar cortar de ra&iacute;z o hacer contacto cero. Hay distintos tipos de distanciamientos emocionales&rdquo;. Pone de ejemplo el caso de Lorelai Gilmore &mdash;coprotagonista de <a href="https://www.eldiario.es/era/otono-volvemos-ver-chicas-gilmore-queramos-quedar-amigas_1_12678542.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Las Chicas Gilmore</em></a>&mdash; y sus padres: se produce un alejamiento de la familia y sus din&aacute;micas perjudiciales sin perder el contacto completamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una vez que se produce esta ruptura o alejamiento, las psic&oacute;logas advierten de la posibilidad de que nos invada la culpa, el arrepentimiento y las dudas. En este sentido, Cort&eacute;s Saura recuerda: &ldquo;Sentir malestar despu&eacute;s de tomar una buena decisi&oacute;n no significa necesariamente que la decisi&oacute;n haya sido equivocada&rdquo;. Puede que se produzca &ldquo;un choque entre la persona o relaci&oacute;n que cre&iacute;amos tener y la que finalmente hemos experimentado&rdquo;, lo que nos hace ver que &ldquo;no solo estemos perdiendo a una persona, sino tambi&eacute;n las expectativas&rdquo; de proyectos futuros o de la versi&oacute;n de nosotros mismos que exist&iacute;a dentro de ese v&iacute;nculo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Echar de menos, recordar solo lo bueno, cuestionar la decisi&oacute;n y sentir culpa &ldquo;son cosas que pueden aparecer perfectamente, y que forman parte de lo normal&rdquo;, resalta Marta Barranco. Y es que &ldquo;somos seres sociales, y necesitamos una manada para poder sobrevivir. Frente a una ruptura, el cerebro lo percibe como algo peligroso: si estoy sola me muero&rdquo;. Las rupturas duelen, &ldquo;el dolor forma parte del duelo&rdquo;, y pasar por &eacute;l no indica que hayamos tomado una decisi&oacute;n equivocada.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anabel Cuevas Vega]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/necesito-paz-cortar-lazos-alguien-vida-dano_1_13535554.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2026 20:29:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Necesito paz”: cómo cortar lazos con alguien de tu vida que te hace daño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Amistad,familia,Bienestar emocional,Psicología,Salud mental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alicia Álvarez se va ‘De comida familiar’: “A veces mandar a los padres a la mierda es lo más amoroso que se puede hacer”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/alicia-alvarez-comida-familiar-veces-mandar-padres-mierda-amoroso_1_13401869.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c187610-3cd8-4f5e-8cfa-a64b40720467_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x670y175.jpg" width="1200" height="675" alt="Alicia Álvarez se va ‘De comida familiar’: “A veces mandar a los padres a la mierda es lo más amoroso que se puede hacer”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué ocurre cuando los vínculos que se nos ha enseñado a preservar por encima de todo se convierten en una fuente de sufrimiento? La periodista e investigadora cultural analiza las dinámicas familiares en su nuevo ensayo</p><p class="subtitle">¿Qué pasa cuando la relación con tu madre no es buena?</p></div><p class="article-text">
        <em>De comida familiar</em> (Buen Dolor, 2026) parte de una pregunta inc&oacute;moda: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando los v&iacute;nculos que se nos ha ense&ntilde;ado a preservar por encima de todo se convierten en una fuente de sufrimiento? A lo largo del libro, la periodista e investigadora cultural Alicia &Aacute;lvarez Vaquero analiza c&oacute;mo la familia funciona no solo como espacio de afecto y cuidado, sino tambi&eacute;n como escenario donde se aprenden din&aacute;micas de poder, culpa, dependencia y silenciamiento emocional. Frente a la idea ampliamente aceptada de que determinados lazos no deben romperse nunca, la autora explora las consecuencias psicol&oacute;gicas de permanecer en relaciones da&ntilde;inas y cuestiona los mandatos culturales que equiparan distancia con fracaso, deslealtad o falta de amor. El resultado es un ensayo magn&iacute;fico sobre salud mental, trauma, pertenencia y autonom&iacute;a, que cuestiona algunas ideas profundamente arraigadas sobre la familia. Una obra salpicada de numerosas referencias culturales y psicol&oacute;gicas que invitan a pensar qu&eacute; significa realmente cuidar y cuidarse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De d&oacute;nde surge </strong><em><strong>De comida familiar</strong></em><strong> y por qu&eacute; la editorial Buen Dolor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Surge de un inter&eacute;s bastante obsesivo por mi parte alrededor de las din&aacute;micas familiares, los juegos de poder o las consecuencias emocionales que acarrea la sujeci&oacute;n del v&iacute;nculo consangu&iacute;neo. Hace bastantes a&ntilde;os empec&eacute; a archivar citas, pasajes, escenas cinematogr&aacute;ficas, teor&iacute;as&hellip; y en 2021 me puse a darle forma como borrador de ensayo. Poco despu&eacute;s aparecieron -gracias al link de la periodista cultural y amiga A&iuml;da Camprub&iacute;- Mar&iacute;a Serrano y Adriana Royo, o sea Buen Dolor. Y fue un sue&ntilde;o porque en cuanto me explicaron su idea de la editorial (publicar libros que sirvieran como artefactos de acompa&ntilde;amiento en las dolencias psicol&oacute;gicas cotidianas, como una especie de caja de herramientas amorosa) supe que el texto no podr&iacute;a tener mejor casa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hay que mandar a los padres a la mierda de vez en cuando?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, por supuesto. Estamos <em>preparadxs </em>para no hacerlo (para dejarnos guiar por la culpa) pero a veces mandar a los padres, madres o cuidadores a la mierda es lo m&aacute;s amoroso que se puede hacer.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En este sentido, permanecer en la herida puede ser tambi&eacute;n poner en riesgo la vida. &iquest;Vivir intensamente es morir poquito a poco?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, yo lo digo as&iacute; tal cual en el libro porque lo creo firmemente. Huir constantemente de estar a solas con <em>unx mismx</em>, por ejemplo a trav&eacute;s de las compras, el trabajo, la fiesta, las relaciones sexoafectivas, los viajes, el alcohol u otras drogas&hellip; se suele interpretar como s&iacute;ntoma de buena salud, de vivir la vida a tope. No solemos pensar que vivir en una evasi&oacute;n constante de <em>nosotrxs mismxs</em> es s&iacute;ntoma de un problema; pero claro es que tambi&eacute;n esto es lo que mantiene la rueda capitalista, es lo que mueve los dineros. Permanecer en la herida sin ponerle un poquito de atenci&oacute;n o identificarla (no hace falta obsesionarse con la cultura de la sanaci&oacute;n o de la <a href="https://www.eldiario.es/era/mejor-version-desarrollo-personal_1_10862658.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mejor versi&oacute;n</a>) nos va a llevar a vivir con una mochila de dolencias que pueden llevarnos a tomar decisiones en base a tapar esa herida, a no verla, a que no duela.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada vez hay más gente que habla abiertamente de que ha cortado del todo la relación con algún familiar porque ha decidido sacarse a sí misma de semejante situación de maltrato</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Muchos de los problemas de la vida adulta tienen su origen en el pasado. Concretamente en los cuidados y en los v&iacute;nculos emocionales de nuestros primeros a&ntilde;os de vida. &iquest;Podr&iacute;amos decir que reprimir las emociones es una conducta de riesgo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Hay un mont&oacute;n de estudios de investigaci&oacute;n alrededor de este tema y todos vienen a decir lo mismo: si de <em>peque&ntilde;xs r</em>eprimimos emociones, de adultos tendremos problemas. Me gustan mucho las investigaciones de la psicoanalista Alice Miller, por ejemplo, cuando estudia el caso de algunos dictadores, genocidas y seres deplorables que fueron maltratados en su infancia. Si en nuestros primeros a&ntilde;os de vida aprendemos a reprimir las emociones, a no identificarlas, a esconderlas&hellip; eso quiere decir que vivimos con miedo (a lo que sea) y vivir con miedo -que no deja de ser convivir con alguna amenaza- en un entorno en el que se supone que deber&iacute;amos estar <em>tranquilxs </em>y tener el cuidado afectivo garantizado no puede salir bien.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Frente a las expectativas familiares, c&oacute;mo se puede gestionar la culpa que aparece al intentar poner l&iacute;mites o </strong><a href="https://www.eldiario.es/nidos/caso-brooklyn-beckham-rompiendo-estigma-hijos-cortan-relacion-padres_1_12930360.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>tomar distancia de los progenitores</strong></a><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esto es un temazo. Porque nos han inculcado y hemos aprendido que a los padres y a las madres hay que quererlos de cerca pase lo que pase y caiga quien caiga, aunque caigamos <em>nosotrxs mismxs</em>. Y no hay espacio para seguir queriendo, pero poniendo l&iacute;mites o distancia. Muchas personas conviven con grandes problemas de salud mental por este motivo: no se sienten capacitadas para poner distancia o romper directamente el v&iacute;nculo porque prefieren pasarlo fatal, prefieren tolerar el maltrato de tal o cual familiar, antes que convivir con la culpa que puede suponer la distancia. Cuando se sabe que es mucho m&aacute;s sano y positivo a largo plazo convivir con esos picos de culpa antes que convivir con el maltrato. Ahora bien, todo el peso de la familia en la sociedad y en el sistema capitalista (en el d&iacute;a a d&iacute;a y <a href="https://www.eldiario.es/era/pasar-navidad-familia-elegida_1_10802752.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en fechas concretas</a>) lo pone muy dif&iacute;cil para optar por la opci&oacute;n m&aacute;s favorable a nivel de salud mental, por eso hay tanta gente atrapada en relaciones hipert&oacute;xicas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cuidar a trav&eacute;s de la comida es una forma de descuidar los v&iacute;nculos emocionales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Puede que no, pero en buena medida puede que s&iacute;. Es verdad que aqu&iacute; ya hay un sesgo que es el de la familia que tiene acceso a cierta seguridad alimentaria, pero sabemos que hay un hist&oacute;rico o un bagaje de sustituci&oacute;n entre el afecto y el alimento. Como si el gesto de cuidar o alimentar ya llevara consigo la palabra amor, y eso no pasa siempre.<strong> </strong>Se convierte en problem&aacute;tica cuando, por ejemplo, te pego un tortazo o te maltrato psicol&oacute;gicamente &ldquo;porque eres mi <em>hijx</em>&rdquo; pero acto seguido te planto un plato de comida superelaborado en la mesa o te invito a comer a tu restaurante favorito. La comida no deber&iacute;a sustituir conversaciones pendientes ni mucho menos hacernos creer que el maltrato es menos maltrato.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro analizas el modelo familiar vincul&aacute;ndolo con una feria capitalista. En nuestra sociedad tal y como dices, todo gira en torno al v&iacute;nculo. Las vacaciones, los anuncios, las conversaciones, pero &iquest;qu&eacute; pasa cuando el v&iacute;nculo es insostenible?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando el v&iacute;nculo es insostenible mucha gente se va y mucha gente queda a pesar de la quemaz&oacute;n. <em>Lxs</em> que consiguen irse tienen que lidiar con el aluvi&oacute;n de anuncios por el d&iacute;a del padre y el d&iacute;a de la madre, con preguntas de personas cercanas sobre c&oacute;mo est&aacute; su familia o con el sentimiento de estar haciendo algo que &ldquo;est&aacute; mal&rdquo; (no lo est&aacute;) porque es de <em>malxs hijxs</em> o <em>malxs hermanxs</em> o <em>malxs sobrinxs</em> o <em>malxs nietxs</em> cortar relaci&oacute;n con alguien de la familia. Porque a esa feria capitalista le viene de perlas que la familia opere como dispositivo de control, que la gente no se vaya de madre.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay un histórico o un bagaje de sustitución entre el afecto y el alimento. Como si el gesto de cuidar o alimentar ya llevara consigo la palabra amor, y eso no pasa siempre</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De d&oacute;nde crees que surge el miedo a separarnos de personas o ambientes en los que no estamos c&oacute;modos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dir&iacute;a que, de base, viene del miedo a convivir con emociones inc&oacute;modas como esa culpa de la que habl&aacute;bamos antes. No se nos ha ense&ntilde;ado a atravesar ciertos estados aflictivos, por eso preferimos muchas veces enterrarnos en vida, pero cumpliendo las expectativas y obteniendo ese v&iacute;nculo de pertenencia a convivir con ciertas crisis o emociones-pico como la tristeza que puede acarrear ese sentimiento de soledad que le invade a alguien que no est&aacute; con su familia en navidad; sentimiento -por otra parte- impuesto. Toda la teor&iacute;a de los apegos es bastante reveladora en este sentido, descubrir por qu&eacute; no nos vamos de un v&iacute;nculo da&ntilde;ino es un viaje introspectivo duro pero muy reparador. Y luego te puedes ir o no, o puedes hacer amagos constantes y no pasa nada si vuelves porque es dif&iacute;cil de sujetar&hellip; pero creo que es importante identificarlo y controlar c&oacute;mo funciona la din&aacute;mica. Tambi&eacute;n es cierto, y esto da mucha paz, que cada vez hay m&aacute;s gente que habla abiertamente de que <a href="https://www.eldiario.es/nidos/tabu-cortar-relacion-propios-padres-le-agradezco-diera-vida-quito_1_10908438.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha cortado del todo la relaci&oacute;n con alg&uacute;n familiar</a> porque ha decidido sacarse a s&iacute; misma de semejante situaci&oacute;n de maltrato.
    </p><p class="article-text">
        La complacencia social parece estar cada vez m&aacute;s presente. Como dice Sara Ahmed en <em>La promesa de la felicidad,</em> hay muchas personas que permanecen en situaciones de infelicidad por miedo a causar la infelicidad de otras o perder la simpat&iacute;a de los dem&aacute;s. &iquest;Dir&iacute;as que esta tendencia est&aacute; vinculada a un modelo de &ldquo;capitalismo emocional&rdquo; que premia la adaptaci&oacute;n constante?
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, incluso la propia idea de &ldquo;&eacute;xito&rdquo; actual viene un poco de ah&iacute;, &iquest;no? A cuanta m&aacute;s gente gustes, cuantos m&aacute;s <em>likes </em>tengas, mejor estar&aacute; tu term&oacute;metro de la felicidad. Y hay gente que por la familia se olvida completamente de s&iacute; misma.<strong> </strong>Es supertriste si lo piensas: abandonarse a una misma por tener el amor de alguien, por conseguir que alguien te trate bien. Es demencial. De hecho si te pones en la situaci&oacute;n contraria, la de imaginarte a alguien a quien quieres haciendo cosas que no quiere hacer y sufriendo para tener tu cari&ntilde;o&hellip; es f&aacute;cil que quieras abrazarle y decirle: &ldquo;&iexcl;No hagas eso ni de co&ntilde;a!&rdquo;. Pero de nuevo el peso de la uni&oacute;n en la familia es superperverso, tanto que a veces pasa por alto unos sufrimientos superexpl&iacute;citos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En una sociedad que sit&uacute;a el v&iacute;nculo en el centro, como fuente de identidad, pertenencia y sentido, la ruptura o el distanciamiento pueden vivirse como un fracaso. &iquest;Qu&eacute; sucede cuando una relaci&oacute;n se vuelve insostenible y hasta qu&eacute; punto es leg&iacute;timo decidir no repararla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que siempre es leg&iacute;timo decidir no repararla. Aqu&iacute; reside una idea que muchas veces se atraganta: la del perd&oacute;n. &iquest;Distanciarse significa no perdonar? Hay personas que se distancian y han perdonado a sus <em>maltratadorxs</em>, pero se distancian por su propio bien y no vuelven a verlos o a tener trato con <em>ellxs</em>; y hay personas que no se distancian y jam&aacute;s les perdonar&aacute;n aunque parezca que s&iacute; lo han hecho y quiz&aacute; se guarden toda la ira y toda la rabia que sienten hacia<em> ellxs</em>.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay gente que por la familia se olvida completamente de sí misma</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Espa&ntilde;a es el pa&iacute;s del mundo l&iacute;der en consumo de tranquilizantes. Eso no dice nada bueno del modelo sociocultural en el que nos encontramos. Al respecto de esto, en tu libro hablas del necrocapitalismo. &iquest;En qu&eacute; consiste exactamente y de d&oacute;nde surge?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El farmacocentrismo en el que estamos inmersos habla mucho de la familia. La mayor&iacute;a de los traumas, dolencias psicol&oacute;gicas o diagn&oacute;sticos de salud mental tienen su punto de arranque en la familia. Hay muchos estudios (algunos los cito en el libro) que corroboran que a mayores circunstancias adversas en la infancia, mayor probabilidad de diagn&oacute;sticos de salud mental en la adultez. Est&aacute; m&aacute;s que probado y es m&aacute;s que l&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Medidas como la reducci&oacute;n de la jornada laboral o el reconocimiento del trabajo de cuidados mediante la implementaci&oacute;n de un salario dom&eacute;stico, &iquest;podr&iacute;an transformar nuestra salud mental colectiva o a&uacute;n estamos lejos de ese escenario?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al menos ser&iacute;an de cierta ayuda. No olvidemos que esa relaci&oacute;n entre el trabajo reproductivo no-pagado y la condici&oacute;n femenina tiene much&iacute;sima relevancia en todo el problema de la familia. De hecho, de uno de los modelos familiares normativos propios del capitalismo como puede ser el padre que trabaja ocho horas al d&iacute;a quiz&aacute;s s&aacute;bados incluidos y la madre que se encarga de todas las tareas dom&eacute;sticas y el cuidado de cada miembro de la familia se desprenden dos estereotipos propios de lo disfuncional: el padre ausente y la madre controladora u obsesiva. Aunque para entender esa figura de la madre siempre hay que tener en cuenta la perspectiva de g&eacute;nero, la historia del cuerpo femenino relegado a la maternidad como su gran logro en la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Garnelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/alicia-alvarez-comida-familiar-veces-mandar-padres-mierda-amoroso_1_13401869.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jul 2026 20:47:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alicia Álvarez se va ‘De comida familiar’: “A veces mandar a los padres a la mierda es lo más amoroso que se puede hacer”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[familia,Relaciones,Bienestar emocional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué los maricas necesitamos amigos maricas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/maricas-necesitamos-amigos-maricas_129_13349083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/56f5da4f-eede-41e6-a4e7-378a6c1a44a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146573.jpg" width="1430" height="805" alt="Por qué los maricas necesitamos amigos maricas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La homofobia y las normas de género nos dificultan tejer amistades estrechas entre nosotros, pero cuando lo logramos mejora nuestra salud y nuestro bienestar</p><p class="subtitle">Orgullo mariliendre: por qué es tan potente la amistad entre chicas y maricas</p></div><p class="article-text">
        Cuando empec&eacute; a salir del armario en mi adolescencia, las primeras personas con las que me abr&iacute; a manifestar qui&eacute;n soy se llamaban M&iacute;riam y &Aacute;ngela. Las primeras amistades que hice al llegar a la universidad, Virginia y Sandra. &iquest;La primera persona con la que cog&iacute; confianza en el trabajo que tuve durante m&aacute;s de ocho a&ntilde;os? Cristina. Si todos estos nombres son femeninos, no es casualidad.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de mi vida, he tenido mucha m&aacute;s facilidad para hacer amigas que para hacer amigos. No me pasa solo a m&iacute;: dir&iacute;a que es un patr&oacute;n bastante habitual entre los maricas. &iquest;Por qu&eacute; ocurre? Cuando se lo pregunto a Carlos Soto, experto en psicolog&iacute;a afirmativa LGTBIQ+, hace lo que hacen a menudo los psic&oacute;logos: llevarnos a nuestra infancia. &ldquo;Imag&iacute;nate a tu ni&ntilde;o del colegio o del instituto. Los primeros insultos que recibimos, el primer insulto de &lsquo;maric&oacute;n&rsquo;, no suelen venir de las ni&ntilde;as. Suelen venir de los chicos heterosexuales&rdquo;, analiza. &ldquo;Tiene todo el sentido del mundo que nos sintamos m&aacute;s c&oacute;modos con las chicas, que es donde nos terminamos refugiando porque suelen aceptarnos mejor desde que somos peque&ntilde;itos&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que desde la infancia nos rodeamos de chicas para protegernos del rechazo y de la violencia. Y cuando nos hacemos mayores, supongo, a&uacute;n tenemos interiorizado que ellas en general van a ser un espacio seguro, mientras que a ellos los podemos percibir como una amenaza.
    </p><p class="article-text">
        Reconozco que a m&iacute; me ha costado un poco aprender a relacionarme con hombres heterosexuales, y no s&eacute; hasta qu&eacute; punto lo he conseguido. A menudo, cuando conoc&iacute;a a uno, inconscientemente part&iacute;a de cierto miedo a que fuera hom&oacute;fobo y me pon&iacute;a a la defensiva hasta que me demostrase que no lo era. Lo que yo llamo presunci&oacute;n de homofobia. E incluso ahora, cuando los conozco m&aacute;s y rebajo esas barreras al constatar que no hay ese rechazo, no me resulta f&aacute;cil desarrollar amistades profundas. Quiz&aacute; no termino de sentir que los hombres heteros y yo hablemos el mismo idioma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tiene todo el sentido del mundo que nos sintamos más cómodos con las chicas, que es donde nos terminamos refugiando porque suelen aceptarnos mejor desde que somos pequeñitos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Carlos Soto</span>
                                        <span>—</span> psicólogo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Y con los que no son heteros? Hasta pasados los treinta, tampoco tuve apenas amigos maricas. Hay quienes s&iacute;, desde muy j&oacute;venes, forman grupos con otros chicos del colectivo con los que comparten sus vidas y salen por sitios de ambiente, pero no fue mi caso. Pregunto a Gabriele, uno de los amigos que s&iacute; tengo ahora, y me responde que le ha pasado lo mismo: siempre se ha relacionado m&aacute;s con mujeres. Me cuenta que en el pueblo peque&ntilde;o del norte de Italia en el que se cri&oacute; &ldquo;no hab&iacute;a otros maricas, que se supiera&rdquo;. Despu&eacute;s, en la universidad, s&iacute; conoci&oacute; a otras personas LGTBIQ+, pero con ninguna de ellas desarroll&oacute; una amistad estrecha. En torno a los 25 a&ntilde;os, se acerc&oacute; a un grupo de gente del colectivo, pero no termin&oacute; de encajar con ellos: &ldquo;Solo se juntaban para salir de fiesta. No eran mi rollo, no me aportaban mucho, as&iacute; que me alej&eacute; un poco. Nunca les consider&eacute; de verdad como amigos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por la consulta de Carlos Soto pasan a menudo chicos maricas que no tienen amigos como ellos. El psic&oacute;logo lo relaciona con los prejuicios que existen sobre el colectivo, que a veces calan en nosotros mismos: &ldquo;Desde peque&ntilde;o no tienes referentes, no conoces a muchos chicos gays. Entonces vas desarrollando las creencias falsas y negativas que te mete la sociedad, como que son todos unos guarros, que solo buscan sexo, que no pueden formar familias&hellip;&rdquo;. Nos podemos acabar creyendo parte de esa imagen estereotipada que la homofobia genera sobre nuestro propio colectivo. Y eso nos aleja de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ocurre a veces que, aunque hagamos amigos maricas con los que salir y hacer planes, nos cuesta desarrollar con ellos v&iacute;nculos m&aacute;s profundos. Pese a que no seamos heteros, los problemas que implica la masculinidad nos atraviesan. Hemos crecido en un contexto social en el que, mientras a las mujeres se les exige que sean emp&aacute;ticas y cuiden a los dem&aacute;s, a los hombres se nos dice que nos mostremos fuertes o que no lloremos. Se nos educa m&aacute;s en la agresividad que en el cari&ntilde;o. Y aunque al aceptar nuestra orientaci&oacute;n sexual y construir nuestra identidad podemos romper poco a poco con buena parte de las normas de g&eacute;nero que nos han impuesto, seguramente hay cosas que est&aacute;n grabadas en lo m&aacute;s profundo de nuestra mente y a&uacute;n nos queda trabajo para deconstruirlas. Quiz&aacute; ese es uno de los motivos por los que nos resulta m&aacute;s dif&iacute;cil construir amistades estrechas entre nosotros: se nos ha preparado para ser menos cuidadores.
    </p><p class="article-text">
        Mi sensaci&oacute;n es que a las mujeres lesbianas no les ocurre tanto esto. Tienen otros problemas: la lesbofobia combina machismo y homofobia en un c&oacute;ctel explosivo que no suma estas discriminaciones, sino que las multiplica. Pero creo que, al menos, haber recibido una educaci&oacute;n que les empuja m&aacute;s hacia los cuidados y hacia la inteligencia emocional les puede ayudar a desarrollar redes de sororidad m&aacute;s fuertes.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tras una crisis de los 30 bastante significativa, empecé a quedar mucho con un amigo de una amiga. Comenzamos a ir juntos a shows drags, a compartir viajes… pero también a escucharnos, a apoyarnos, a acompañarnos en los bajones</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Otro obst&aacute;culo para establecer v&iacute;nculos profundos es la propia homofobia, que a veces nos lleva a construirnos un caparaz&oacute;n que luego nos cuesta romper. Carlos Soto me explica que, al sentirnos diferentes a los dem&aacute;s y sufrir rechazo o incluso acoso, tendemos a desarrollar &ldquo;una baja autoestima y un miedo muy intenso a mostrarnos vulnerables&rdquo;. &ldquo;Y claro, &iquest;c&oacute;mo voy a generar una intimidad si me da miedo mostrarme vulnerable? La base de la intimidad es la vulnerabilidad. Si he aprendido desde peque&ntilde;o que al mostrarme vulnerable y ser quien soy me agreden, me pongo una capa de protecci&oacute;n para evitar todo eso&rdquo;, analiza.
    </p><p class="article-text">
        Esa barrera que nos hemos construido dificulta que, cuando ya somos adultos, desarrollemos v&iacute;nculos sanos: &ldquo;No soy capaz de mostrarme como soy y empiezo a hacer un mont&oacute;n de estrategias para que no me dejen, para mostrarme superseguro... Entonces no se termina de generar esa intimidad real y las relaciones son m&aacute;s superficiales&rdquo;, valora el psic&oacute;logo. Imagino que esto s&iacute; nos puede ocurrir a toda la comunidad LGTBIQ+ y no solo a los maricas.
    </p><p class="article-text">
        Eso no quiere decir que estemos condenados a no tener amigos cercanos. &ldquo;Que arrastremos esas heridas desde la infancia no significa que no se pueda trabajar ni que esto sea para toda la vida&rdquo;, defiende el especialista. Pone en valor que &ldquo;dentro del colectivo hay mucha resiliencia y mucha introspecci&oacute;n&rdquo;. Y destaca que &ldquo;haber vivido todo lo que hemos vivido nos lleva a no ir por la vida sin cuestionarnos las cosas&rdquo; y a &ldquo;una introspecci&oacute;n a la que a lo mejor alguien heterosexual a quien le han dado todo en la vida no llega&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, mi falta de amigos maricas ha cambiado en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os. Tras una crisis de los 30 bastante significativa, empec&eacute; a quedar mucho con un amigo de una amiga. Comenzamos a ir juntos a <em>shows</em> drags, a compartir viajes&hellip; pero tambi&eacute;n a escucharnos, a apoyarnos, a acompa&ntilde;arnos en los bajones. Ahora es una de las personas m&aacute;s importantes para m&iacute;. Tambi&eacute;n en esa &eacute;poca decid&iacute; apuntarme a una escuela de bachata y salsa sin roles de g&eacute;nero, orientada a la comunidad LGTBIQ+. Unos meses despu&eacute;s, ya hab&iacute;a hecho ah&iacute; un grupo de amigos maricas que compartimos el disfrute de bailar y que, a la vez, nos cuidamos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay muchas cosas de mi vida que, al compartirlas con otras personas, no las pueden entender de verdad porque no las viven. Si las comparto con mis amigas chicas, me van a dar apoyo, pero no conocen las dinámicas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gabriele</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para Gabriele, que es parte de ese grupo, tambi&eacute;n es la primera vez que desarrolla amistades estrechas con otros chicos gays, y es algo que necesitaba: &ldquo;En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, empec&eacute; a pensar que hay muchas cosas de mi vida que, al compartirlas con otras personas, no las pueden entender de verdad porque no las viven. Si las comparto con mis amigas chicas, me van a dar apoyo, pero no conocen las din&aacute;micas&rdquo;, me explica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y me recuerda un momento que vivimos hace poco algunos de esos amigos, en un largo viaje en coche en el que volv&iacute;amos de pasar un fin de semana bailando juntos en un festival de bachata y salsa. Ah&iacute; tuvimos una conversaci&oacute;n profunda sobre problemas que vivimos espec&iacute;ficamente los maricas. A todos nos reconfort&oacute; poder hablar de eso con gente a la que le pasan cosas parecidas. Gabriele lo agradece as&iacute;: &ldquo;Al encontrar a gente como vosotros me di cuenta de que es posible tener amistades verdaderas y compartir aficiones que no sean t&oacute;xicas con gente del colectivo. Es algo nuevo que descubr&iacute; y que no s&eacute; si ve&iacute;a posible, pero no lo daba por hecho o lo ve&iacute;a como algo dif&iacute;cil&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Que estas amistades son importantes no solo lo pensamos Gabriele y yo: tambi&eacute;n lo dice la ciencia.<strong> </strong>&ldquo;En la psicolog&iacute;a, tener amigos del colectivo se define como un factor protector: algo que es beneficioso para nuestra salud, como hacer deporte o comer saludable&rdquo;, me explica Carlos Soto. Se&ntilde;ala que &ldquo;hay <a href="https://digitalcommons.usu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=3288&amp;context=psych_facpub" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> que demuestran que favorece nuestra salud de muchas formas&rdquo;. Una de ellas es que &ldquo;reducimos la homofobia interiorizada&rdquo;, ya que conocer de cerca la realidad de otras personas ayuda a desmontar los prejuicios que nos crearon sobre las personas LGTBIQ+. Otra es que esas amistades contribuyen a proteger nuestra salud sexual: &ldquo;Cuantos m&aacute;s amigos del colectivo, m&aacute;s acceso a informaci&oacute;n sexual&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En la psicología, tener amigos del colectivo se define como un factor protector: algo que es beneficioso para nuestra salud, como hacer deporte o comer saludable</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Carlos Soto</span>
                                        <span>—</span> psicólogo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El psic&oacute;logo tambi&eacute;n destaca que esas otras personas &ldquo;han vivido lo mismo que t&uacute;&rdquo;, en referencia a procesos como la salida del armario, el miedo a contarle a tu familia qui&eacute;n eres o a perder amistades, el rechazo o el <em>bullying.</em> Apunta que compartir esas vivencias &ldquo;genera una sensaci&oacute;n de validaci&oacute;n muy potente que no te puede generar alguien que no pertenece al colectivo y no lo ha vivido&rdquo;. Y a&ntilde;ade m&aacute;s beneficios psicol&oacute;gicos de tener amigos del colectivo: la existencia de referentes diversos que te abren la mente a imaginar diferentes maneras de vivir, que es &ldquo;importante para la autoestima&rdquo;; el sentimiento de pertenencia a una comunidad, algo que &ldquo;todos los seres humanos necesitamos&rdquo;; y la sensaci&oacute;n de &ldquo;poder ser t&uacute; mismo y expresarte como quieras sin ser juzgado ni seguir arrastrando esa fachada desde la adolescencia, lo cual se traduce en un mejor autoconcepto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Yo no conoc&iacute;a esos estudios cient&iacute;ficos, pero s&iacute; he descubierto con mi propia experiencia que la llegada de estos amigos maricas a mi vida la ha mejorado sin duda. No sustituyen a mis amigas mujeres, <a href="https://www.eldiario.es/era/orgullo-mariliendre-potente-amistad-chicas-maricas_129_12440045.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esas mariliendres</a> a las que intento cuidar tanto como me cuidan a m&iacute; y que siguen siendo una parte esencial de mi c&iacute;rculo. M&aacute;s bien las complementan. Me permiten compartir risas, dramas y vivencias con quienes son como yo, hacen lo que yo y les pasa lo que a m&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jaime Sevilla Lorenzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/maricas-necesitamos-amigos-maricas_129_13349083.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jul 2026 20:02:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué los maricas necesitamos amigos maricas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Orgullo LGTBI,LGTBI,Amistad,Relaciones,Bienestar emocional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Friend bombing': la trampa de las nuevas amistades que pasan bruscamente de la intimidad e idealización al silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/friend-bombing-trampa-nuevas-amistades-pasan-bruscamente-intimidad-e-idealizacion-silencio_1_13329096.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/82e15a4a-3e3f-473d-b3d5-6915226453da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Friend bombing&#039;: la trampa de las nuevas amistades que pasan bruscamente de la intimidad e idealización al silencio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fenómeno describe relaciones que nacen con una intensidad desbordante pero terminan abruptamente. ¿Qué revela esta tendencia sobre la manera en la que establecemos nuestros vínculos? </p><p class="subtitle">Cómo volver al sexo, al amor y a las citas después de mucho tiempo en una relación</p></div><p class="article-text">
        Durante meses compartieron comidas, secretos, mensajes a cualquier hora y planes de fin de semana. Hubo declaraciones de amistad que casi sonaban a amor: &ldquo;Eres la persona m&aacute;s importante de mi vida&rdquo;. Despu&eacute;s, un d&iacute;a cualquiera, el silencio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hubo una discusi&oacute;n. Tampoco una conversaci&oacute;n ni una despedida. Simplemente, dej&oacute; de contestar a sus mensajes. La amistad que hab&iacute;a ocupado un lugar central en su realidad, se evapor&oacute; con la misma rapidez con la que hab&iacute;a aparecido.
    </p><p class="article-text">
        Historias como esta empiezan a encontrar un nombre en redes sociales y en la literatura especializada: <em>friend bombing</em>. Un t&eacute;rmino que toma prestado el concepto de <em>love bombing</em>, habitual en el &aacute;mbito de las relaciones rom&aacute;nticas contempor&aacute;neas, que sirve para describir aquellas amistades que se construyen a una velocidad vertiginosa mediante atenci&oacute;n constante, sensaci&oacute;n de intimidad inmediata y una fuerte idealizaci&oacute;n de la otra persona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que inicialmente parece una conexi&oacute;n excepcional puede acabar derivando en un alejamiento brusco, una p&eacute;rdida de inter&eacute;s repentina o incluso en un <em>ghosting</em> total.
    </p><p class="article-text">
        Como es obvio, aunque el fen&oacute;meno ha encontrado recientemente una etiqueta, las din&aacute;micas que describe no son nuevas. Lo que s&iacute; parece nuevo es el contexto en el que se producen. El ecosistema digital y una cultura obsesionada con la inmediatez han alterado irreversiblemente los tiempos de cocci&oacute;n de los afectos. Hoy es posible sentir que alguien forma parte de nuestra vida apenas unos d&iacute;as despu&eacute;s de conocerlo, incluso antes, pero tambi&eacute;n es posible que desaparezca con la misma facilidad.
    </p><h2 class="article-text">Cuando la intensidad ocupa el lugar de la intimidad</h2><p class="article-text">
        Eva Mar&iacute;a Rodr&iacute;guez Vicente, psic&oacute;loga sanitaria especializada en trauma, v&iacute;nculos y dependencia en el<a href="https://www.viteipsicologia.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.viteipsicologia.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centro VITEI</a>, conoce bien este tipo de din&aacute;micas por haberlas tratado en consulta. Seg&uacute;n cuenta, suelen comenzar con una acumulaci&oacute;n de se&ntilde;ales que, por separado, podr&iacute;an parecer inocentes. &ldquo;Mensajes constantes, disponibilidad casi total, confidencias tempranas, idealizaci&oacute;n del v&iacute;nculo y esa especie de &lsquo;ya eres mi persona&rsquo; cuando todav&iacute;a no ha habido tiempo real para conocer de verdad a la otra persona&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El problema no es conectar rápido ni sentir afinidad. El problema aparece cuando confundimos intensidad con intimidad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eva María Rodríguez Vicente</span>
                                        <span>—</span> Psicóloga sanitaria
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;El problema no es conectar r&aacute;pido ni sentir afinidad. El problema aparece cuando confundimos intensidad con intimidad&rdquo;, contin&uacute;a. &ldquo;Se genera una cercan&iacute;a acelerada artificialmente que todav&iacute;a no est&aacute; sostenida por tiempo compartido, coherencia, experiencias comunes o l&iacute;mites&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        La especialista recuerda que las relaciones sanas atraviesan distintas etapas que cumplen una funci&oacute;n importante. Son esos per&iacute;odos los que permiten comprobar c&oacute;mo se comporta alguien cuando aparecen los desacuerdos, los problemas, las frustraciones o las diferencias de ritmo. Cuando todas esas fases se comprimen o se saltan, la sensaci&oacute;n de intimidad puede resultar enga&ntilde;osa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Adem&aacute;s, hay un contexto especialmente relevante, sobre todo en poblaci&oacute;n joven: el entorno digital&rdquo;, a&ntilde;ade. &ldquo;Hoy es m&aacute;s f&aacute;cil acceder a nuevas personas, iniciar conversaciones y generar una sensaci&oacute;n r&aacute;pida de conexi&oacute;n, pero tambi&eacute;n es m&aacute;s f&aacute;cil desaparecer sin demasiada explicaci&oacute;n&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        Ana (32 a&ntilde;os, Barcelona), que prefiere ocultar su nombre como el resto de testimonios de este art&iacute;culo, conoce bien esa experiencia. Conoci&oacute; a una compa&ntilde;era de trabajo a trav&eacute;s de amigos comunes y r&aacute;pidamente se convirti&oacute; en una de las personas m&aacute;s importantes de su d&iacute;a a d&iacute;a. Aquella nueva amiga empez&oacute; a compartir problemas sentimentales, a buscar su compa&ntilde;&iacute;a constantemente y a apoyarse cada vez m&aacute;s en ella. Poco a poco, fue dejando de lado a sus amistades de siempre para concentrar gran parte de su vida social en un grupo reducido de personas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me puso en un pedestal como amiga, como persona y como profesional. Era halagador, pero también me sorprendía e incluso me incomodaba</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana</span>
                                        <span>—</span> 32 años, Barcelona
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Me convirti&oacute; en su mejor amiga muy r&aacute;pido. Era algo que no era completamente mutuo, aunque yo le ten&iacute;a much&iacute;simo cari&ntilde;o&rdquo;, recuerda. &ldquo;Me puso en un pedestal como amiga, como persona y como profesional. Era halagador, pero tambi&eacute;n me sorprend&iacute;a e incluso me incomodaba&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Rodr&iacute;guez Vicente, este tipo de comportamientos pueden responder a motivaciones muy distintas. En algunos casos existe una necesidad intensa de pertenencia o validaci&oacute;n. En otros aparecen dificultades para gestionar la ansiedad relacional o una tendencia impulsiva a vincularse. Tambi&eacute;n pueden existir patrones evitativos: personas que buscan mucha conexi&oacute;n mientras el v&iacute;nculo resulta estimulante, pero que toman distancia cuando aparecen las exigencias emocionales propias de cualquier relaci&oacute;n estable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por supuesto, tambi&eacute;n pueden existir din&aacute;micas m&aacute;s manipulativas o de control, especialmente cuando esa intensidad inicial ya va acompa&ntilde;ada de culpa, exigencia, celos, aislamiento o presi&oacute;n para que la otra persona corresponda al mismo ritmo&rdquo;, asegura la terapeuta.
    </p><h2 class="article-text">La econom&iacute;a de la atenci&oacute;n tambi&eacute;n ha llegado a la amistad</h2><p class="article-text">
        La escritora Raquel Congosto, autora de <a href="https://blackiebooks.org/producto/amiga-mia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Amiga m&iacute;a</em></a><em> </em>(Blackie Books, 2025), un libro en el que se relata precisamente la ruptura entre dos amigas, cree que ser&iacute;a un error analizar el <em>friend bombing</em> exclusivamente desde la conducta individual. A su juicio, detr&aacute;s de estas din&aacute;micas existe una realidad social m&aacute;s amplia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;</strong>Las personas hacemos lo que podemos en un mundo que nos est&aacute; ahogando&rdquo;, afirma. &ldquo;La cuesti&oacute;n importante es preguntarnos qu&eacute; est&aacute; ocurriendo para que nos relacionemos as&iacute;<strong>&rdquo;</strong>, a&ntilde;ade. 
    </p><p class="article-text">
        Congosto relaciona el fen&oacute;meno con una sociedad hiperestimulada, donde la atenci&oacute;n se ha convertido en uno de los bienes m&aacute;s escasos. Vivimos rodeados de notificaciones, mensajes, v&iacute;deos cortos e interacciones constantes que generan una sensaci&oacute;n permanente de urgencia. Esa l&oacute;gica tambi&eacute;n termina traslad&aacute;ndose a las relaciones personales. &ldquo;Estamos buscando interacciones continuamente y eso nos mete en una competici&oacute;n por la atenci&oacute;n muy fuerte&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las personas hacemos lo que podemos en un mundo que nos está ahogando. La cuestión importante es preguntarnos qué está ocurriendo para que nos relacionemos así</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Raquel Congosto</span>
                                        <span>—</span> Escritora, &#039;Amiga mía&#039; (Blackie Books)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las redes sociales desempe&ntilde;an un papel fundamental en este proceso. Seg&uacute;n la escritora, muchas personas han aprendido a desenvolverse mejor en entornos digitales que en conversaciones presenciales. La comunicaci&oacute;n online permite editar, seleccionar y controlar la imagen que proyectamos. La amistad cara a cara funciona de otra manera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la vida real una puede equivocarse constantemente. Puede hablar de m&aacute;s, de menos o decir algo desafortunado. Relacionarse implica asumir esa incomodidad, rectificar y seguir adelante. Eso tambi&eacute;n forma parte del v&iacute;nculo&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia es que muchas amistades nacen hoy bajo una sensaci&oacute;n de intimidad instant&aacute;nea. Se siguen en todas las plataformas, comparten historias personales muy profundas desde el primer momento y construyen una imagen p&uacute;blica de cercan&iacute;a antes de que exista una base s&oacute;lida que sostenga la relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Roc&iacute;o (40 a&ntilde;os, Barcelona) vivi&oacute; algo parecido. Conoc&iacute;a desde hac&iacute;a a&ntilde;os a una persona de su entorno profesional, pero la relaci&oacute;n se transform&oacute; cuando empezaron a colaborar en un proyecto. Durante aproximadamente un a&ntilde;o mantuvieron un contacto muy intenso. Compart&iacute;an trabajo, conversaciones frecuentes y confesiones personales que llegaron muy pronto. &ldquo;Se gener&oacute; una sensaci&oacute;n de confianza e intimidad emocional muy r&aacute;pidamente&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        La admiraci&oacute;n tambi&eacute;n apareci&oacute; desde el principio. &ldquo;Me hablaba constantemente de mis capacidades y de mi talento. Adopt&oacute; una posici&oacute;n casi de mentor. Hab&iacute;a una mezcla de reconocimiento, protecci&oacute;n y una cierta tendencia a recordarme qui&eacute;n era yo o qui&eacute;n deb&iacute;a llegar a ser&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, sin embargo, empezaron a surgir tensiones. Entre ellas, una propuesta laboral, que consider&oacute; poco respetuosa, cambi&oacute; su percepci&oacute;n de la relaci&oacute;n. Despu&eacute;s aparecieron desacuerdos relacionados con expectativas y reconocimiento profesional. La admiraci&oacute;n inicial se transform&oacute; gradualmente en distancia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que m&aacute;s me desconcert&oacute; fue el contraste entre la intensidad del comienzo y la frialdad posterior&rdquo;, recuerda. &ldquo;Con el tiempo entend&iacute; que la relaci&oacute;n se hab&iacute;a construido sobre una idealizaci&oacute;n muy importante&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h2 class="article-text">El dolor de los amigos que desaparecen</h2><p class="article-text">
        Si existe un aspecto especialmente caracter&iacute;stico en el fen&oacute;meno del <em>friend bombing</em> es la intensidad del duelo que puede provocar. Culturalmente, las rupturas sentimentales o las p&eacute;rdidas de un ser querido cuentan con rituales, relatos y espacios de reconocimiento social. Las rupturas de amistad suelen quedar en un terreno mucho m&aacute;s ambiguo.
    </p><p class="article-text">
        Rodr&iacute;guez Vicente considera que se trata de una diferencia profundamente injusta. &ldquo;La amistad ocupa un lugar esencial en nuestra vida emocional y social. Cuando alguien desaparece, no s&oacute;lo perdemos a esa persona. Tambi&eacute;n perdemos rutinas, expectativas, sensaci&oacute;n de pertenencia y una parte de nuestra identidad dentro de ese v&iacute;nculo&rdquo;, apunta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El ghosting añade una capa extra de sufrimiento porque deja preguntas abiertas. La mente intenta completar constantemente los huecos: qué ocurrió, qué cambió, si hicimos algo mal...</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eva María Rodríguez Vicente</span>
                                        <span>—</span> Psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n se vuelve especialmente dolorosa cuando la ruptura llega sin explicaciones: &ldquo;El <em>ghosting</em> a&ntilde;ade una capa extra de sufrimiento porque deja preguntas abiertas. La mente intenta completar constantemente los huecos: qu&eacute; ocurri&oacute;, qu&eacute; cambi&oacute;, si hicimos algo mal o si la relaci&oacute;n signific&oacute; lo mismo para ambas personas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es justo lo que le pas&oacute; a Carla, periodista de 30 a&ntilde;os de Madrid, que todav&iacute;a est&aacute; atravesando ese proceso. Conoci&oacute; a quien acabar&iacute;a convirti&eacute;ndose en su mejor amiga trabajando en un medio de comunicaci&oacute;n. Compart&iacute;an intensas jornadas laborales, planes en su tiempo libre y conversaciones muy personales. La relaci&oacute;n parec&iacute;a tan s&oacute;lida que lleg&oacute; a creer que formar&iacute;a parte de su vida durante muchos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me dijo que era la segunda persona m&aacute;s importante de su vida despu&eacute;s de su hijo. Compart&iacute;amos secretos, vulnerabilidades y much&iacute;simas horas juntas&rdquo;, recuerda. Pero la amistad comenz&oacute; a deteriorarse cuando ambas cambiaron de trabajo. Las promesas de mantener la cercan&iacute;a y de volver a trabajar juntas se fueron diluyendo. &ldquo;Me hizo promesas de que me llevar&iacute;a a su peri&oacute;dico y fueron eso: promesas. No ocurri&oacute;&rdquo;, explica. &ldquo;Me hizo <em>ghosting</em> durante semanas y hace dos meses ya desapareci&oacute; completamente. Nunca m&aacute;s me ha vuelto a contestar o escribir&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ha sido peor que una ruptura de pareja&rdquo;, admite. &ldquo;Era un pilar de mi vida. Lo m&aacute;s dif&iacute;cil es entender c&oacute;mo alguien con quien compart&iacute;as pr&aacute;cticamente todo puede desaparecer de repente&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Para Raquel Congosto, esta invisibilidad del duelo por amistad tiene ra&iacute;ces profundas. Durante d&eacute;cadas, recuerda, la amistad ha sido considerada una relaci&oacute;n secundaria frente a la pareja, la familia o el trabajo. Pero, &ldquo;las amistades han servido muchas veces para sostener las dem&aacute;s relaciones. Si tienes un problema de pareja, hablas con tus amigas. Si el trabajo va mal, te apoyas en tus amigos. Pero rara vez hemos considerado la amistad como uno de los grandes pilares sobre los que organizamos la vida&rdquo;, sostiene.
    </p><h2 class="article-text">Recuperar el valor de la lentitud</h2><p class="article-text">
        La pregunta que surge entonces es c&oacute;mo abrirnos a la amistad, pero tambi&eacute;n protegernos sin caer en la desconfianza permanente. Tanto la psic&oacute;loga como la escritora coinciden en que la soluci&oacute;n no pasa por cerrarse a nuevas relaciones.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La intimidad sana suele ser progresiva, recíproca y compatible con los límites. Se construye a través del tiempo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eva María Rodríguez Vicente</span>
                                        <span>—</span> Psicóloga sanitaria
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;La clave est&aacute; en observar menos la intensidad emocional y m&aacute;s la consistencia&rdquo;, argumenta Rodr&iacute;guez Vicente. &ldquo;La intimidad sana suele ser progresiva, rec&iacute;proca y compatible con los l&iacute;mites. Se construye a trav&eacute;s del tiempo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n recomienda prestar atenci&oacute;n a c&oacute;mo reacciona la otra persona cuando aparecen esos l&iacute;mites. Una amistad s&oacute;lida tolera diferencias de ritmo, espacios propios y otras relaciones importantes. La necesidad constante de exclusividad o de atenci&oacute;n inmediata suele revelar inseguridades m&aacute;s profundas.
    </p><p class="article-text">
        Congosto reivindica igualmente el valor de la lentitud en un contexto social que premia la velocidad. &ldquo;Pararse, dedicar tiempo a los dem&aacute;s y construir relaciones despacio es algo profundamente pol&iacute;tico hoy en d&iacute;a&rdquo;, afirma. &ldquo;Las estructuras comunitarias necesitan tiempo y cuidados. La amistad tambi&eacute;n&rdquo;, a&ntilde;ade. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; sea esa la principal ense&ntilde;anza que puede dejarnos el <em>friend bombing</em>. La profundidad de una relaci&oacute;n no se mide por la cantidad de mensajes intercambiados durante las primeras semanas ni por las confesiones compartidas en una madrugada. Se mide por la capacidad de permanecer cuando la novedad desaparece. Cuando llegan los desacuerdos, las agendas incompatibles, los l&iacute;mites y la rutina. En definitiva, cuando aparece la vida real.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/friend-bombing-trampa-nuevas-amistades-pasan-bruscamente-intimidad-e-idealizacion-silencio_1_13329096.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 20:28:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Friend bombing': la trampa de las nuevas amistades que pasan bruscamente de la intimidad e idealización al silencio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amistad,Relaciones,Tendencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ronquidos, insomnio y camas separadas: bienvenidos al "divorcio del sueño"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/ronquidos-insomnio-camas-separadas-bienvenidos-divorcio-sueno_1_13529606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca93b15e-adce-4c6a-bef0-01b8421b28df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x673y195.jpg" width="1200" height="675" alt="Ronquidos, insomnio y camas separadas: bienvenidos al &quot;divorcio del sueño&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez más parejas descubren que compartir colchón puede convertirse en una fuente de problemas</p><p class="subtitle">Por qué retrasas tanto la hora de acostarte si sabes que mañana lo vas a pagar</p></div><p class="article-text">
        Todos pasamos por &eacute;pocas en las que dormimos mejor que otras. Hace unos a&ntilde;os, Mar&iacute;a (38 a&ntilde;os, M&aacute;laga), estaba pasando por una situaci&oacute;n especialmente terrible. Le costaba mucho dormirse y, cuando lo consegu&iacute;a, se despertaba de madrugada, unas horas despu&eacute;s. Los ronquidos de su novio, al que adoraba, hac&iacute;an imposible que volviera a dormirse. &ldquo;Encima yo, al desvelarme, comenzaba a dar vueltas en la cama y lo acababa despertando a &eacute;l&rdquo;, cuenta. &ldquo;As&iacute; que al final dorm&iacute;amos mal los dos&rdquo;. Un d&iacute;a, decidieron que ya hab&iacute;an tenido suficiente y probaron a dormir separados.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a ten&iacute;a un peque&ntilde;o despacho para sus cosas, con lo que le result&oacute; f&aacute;cil instalarse cada noche en la peque&ntilde;a cama de invitados que hab&iacute;a en &eacute;l. &ldquo;Aquel despacho ya era un poco mi refugio, pero a partir de entonces se convirti&oacute; tambi&eacute;n en mi refugio del sue&ntilde;o&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        La cosa funcion&oacute; y acordaron un sistema que dura hasta el d&iacute;a de hoy. Entre semana, cada uno duerme en su habitaci&oacute;n, pero el fin de semana lo hacen juntos. &ldquo;El finde no me importa dormir regular si al d&iacute;a siguiente no tengo que trabajar ni madrugar&rdquo;, explica. &ldquo;Adem&aacute;s, tambi&eacute;n es divertido pensar que &lsquo;los fines de semana duermo con mi novio&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El resultado final ha sido, en opini&oacute;n de Mar&iacute;a, francamente positivo. &ldquo;Creo que es algo que todo el mundo que tiene este tipo de problemas tendr&iacute;a que probar&rdquo;, asegura. &ldquo;Al final el descanso es el descanso, me parece fundamental para el d&iacute;a a d&iacute;a, y yo solo tengo cosas buenas que decir de dormir separados&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La cama como espacio sentimental</h2><p class="article-text">
        Hay personas que se refieren a situaciones como la de Mar&iacute;a como un &ldquo;divorcio del sue&ntilde;o&rdquo;, una terminolog&iacute;a que, as&iacute; en fr&iacute;o, tiene connotaciones bastante negativas. Asociar una relaci&oacute;n con la palabra &ldquo;divorcio&rdquo; proyecta sombras negr&iacute;simas sobre el futuro de la misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alfredo Rodr&iacute;guez-Mu&ntilde;oz, catedr&aacute;tico y director del Departamento de Psicolog&iacute;a Social, del Trabajo y Diferencial de la Universidad Complutense de Madrid, recuerda que compartir el espacio de descanso es una pr&aacute;ctica antigua y extendida, aunque hist&oacute;ricamente no haya estado vinculada exclusivamente a la pareja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En muchas sociedades, el espacio para dormir se comparte entre padres, hijos u otros familiares, en una misma habitaci&oacute;n o sobre una misma superficie&rdquo;, asegura. &ldquo;Influyen los recursos y el espacio disponible, pero tambi&eacute;n las costumbres, los cuidados y la importancia que se concede a la cercan&iacute;a. No es, por tanto, exclusivo de las parejas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El dormitorio conyugal como espacio privado y casi sacrosanto se consolid&oacute;, seg&uacute;n el experto, con el ideal burgu&eacute;s del hogar. &ldquo;Pero esa intimidad no implicaba necesariamente compartir colch&oacute;n. De hecho, entre finales del siglo XIX y mediados del XX, las camas gemelas llegaron a considerarse una opci&oacute;n moderna y saludable entre parte de las clases medias brit&aacute;nicas&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En muchas sociedades, el espacio para dormir se comparte entre padres, hijos u otros familiares (...) Influyen los recursos y el espacio disponible, pero también las costumbres, los cuidados y la importancia que se concede a la cercanía</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alfredo Rodríguez-Muñoz</span>
                                        <span>—</span> catedrático de Psicología Social (UCM)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las razones ten&iacute;an poco que ver con el amor. Se pensaba que dormir en camas separadas pod&iacute;a reducir la transmisi&oacute;n de enfermedades a trav&eacute;s del aire y, adem&aacute;s, permit&iacute;a compartir dormitorio conservando un espacio propio. &ldquo;A partir de los a&ntilde;os cincuenta, sin embargo, esa imagen empez&oacute; a cambiar y las camas separadas se asociaron cada vez m&aacute;s con la frialdad matrimonial&rdquo;, comenta Rodr&iacute;guez-Mu&ntilde;oz. &ldquo;Lo que antes parec&iacute;a una buena decisi&oacute;n para la salud empez&oacute; a parecer una mala se&ntilde;al para el amor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una forma de organizar el descanso nocturno se convirti&oacute; en una obligaci&oacute;n sentimental, como si el amor tuviera que demostrarse incluso mientras estamos inconscientes.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;El principio del fin?</h2><p class="article-text">
        Esta manera de pensar se mantiene hoy plenamente vigente. As&iacute; lo confirma la psic&oacute;loga Roser Gort, especializada en sue&ntilde;o en la Cl&iacute;nica del Sue&ntilde;o Estivill y autora de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-autoayuda/631477-libro-el-sueno-lo-cura-todo-9788402431349" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El sue&ntilde;o lo cura todo</em></a><em> </em>(Bruguera, 2026), que se encuentra constantemente con parejas que llegan a su consulta agobiadas pensando que dormir en camas separadas es el principio del fin de su relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Existe una creencia muy instalada, la de que dormir separados es lo que hacen las parejas que ya no se quieren&rdquo;, comenta Gort. &ldquo;As&iacute; que aguantan. A veces a&ntilde;os. Y mientras uno aguanta, acumula un cansancio enorme y empieza a sentir rencor hacia su pareja. Mientras, el otro se siente culpable por algo que no puede controlar mientras duerme. Eso s&iacute; que desgasta una relaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Asociamos compartir cama con el cari&ntilde;o y la sexualidad, as&iacute; que un &lsquo;necesito dormir solo&rsquo; puede interpretarse como &lsquo;ya no quiero estar contigo&rsquo;&rdquo;, explica Rodr&iacute;guez-Mu&ntilde;oz. &ldquo;Uno est&aacute; hablando de sue&ntilde;o y el otro est&aacute; escuchando desamor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, tambi&eacute;n hay algunas preocupaciones justificadas. Seg&uacute;n Gort, una persona a la que le molesten los ronquidos de su pareja puede tener decenas de microdespertares a lo largo de la noche. &ldquo;Es como si pasara toda la noche haciendo breves siestas&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        Eso provoca que la persona no pueda llegar nunca a la fase REM, que es cuando el cerebro procesa lo que hemos vivido durante el d&iacute;a. &ldquo;Esto tiene una consecuencia emocional directa, el que estemos m&aacute;s irritables&rdquo;, asegura Gort. &ldquo;Adem&aacute;s el ruido acaba personaliz&aacute;ndose. Deja de ser un ronquido y pasa a ser &lsquo;&eacute;l no me deja dormir&rsquo;. Cuesta no acumular rencor hacia alguien que, aunque sin querer y sin enterarse, te est&aacute; robando el descanso cada noche&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Existe una creencia muy instalada, la de que dormir separados es lo que hacen las parejas que ya no se quieren. Así que aguantan. Y mientras uno aguanta, acumula un cansancio enorme y empieza a sentir rencor hacia su pareja</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Roser Gort</span>
                                        <span>—</span> psicóloga especializada en sueño
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por otro lado, acostarse juntos puede ser el &uacute;nico rato del d&iacute;a durante el que la pareja habla de sus cosas con calma o puede, simplemente, darse un abrazo. El temor a dormir separados puede ser tambi&eacute;n el miedo a perder esos momentos y la expresi&oacute;n de una necesidad de cercan&iacute;a que merece tanta atenci&oacute;n como la de descanso. &ldquo;Cualquier tipo de acuerdo al que se llegue deber&iacute;a dar cabida a ambas posturas&rdquo;, indica el catedr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es important&iacute;simo proteger lo que se pierde al dormir separados&rdquo;, a&ntilde;ade Gort. &ldquo;Hablar a oscuras, el contacto f&iacute;sico, tumbarse juntos&hellip; No hay que abandonar eso, sino reubicarlo. Podemos estar un rato juntos en la cama antes de separarnos, despertarse y tomar el caf&eacute; juntos&hellip; Lo que sea, pero decidido y no improvisado. Las parejas a las que esto les funciona mal son las que se separan para dormir y no rellenaron el hueco que les qued&oacute;&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">No solo inconvenientes</h2><p class="article-text">
        Por supuesto que hay millones de parejas en el mundo que disfrutan mucho de dormir juntas. Cuando las cosas van bien, hacerlo tambi&eacute;n tiene sus ventajas. &ldquo;Dormir con alguien con quien nos sentimos a gusto puede ayudarnos a bajar la guardia y relajarnos&rdquo;, confirma Rodr&iacute;guez-Mu&ntilde;oz.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se ha observado incluso una mayor sincronizaci&oacute;n del sue&ntilde;o REM entre parejas que duermen juntas&rdquo;, contin&uacute;a el doctor. &ldquo;En algunos estudios, las personas han dormido algo mejor cuando ten&iacute;an cerca una camiseta impregnada con el olor corporal de su pareja, aunque esa persona estuviera ausente. Ese olor familiar podr&iacute;a actuar como una se&ntilde;al de seguridad&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El lujo de tener otra habitaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Otra de las variables que tiene un importante papel en todo este asunto es una condici&oacute;n material que en ocasiones supone un problema insalvable: los metros cuadrados.
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n de las habitaciones separadas presupone que se tiene un espacio adicional. &ldquo;La comunicaci&oacute;n ayuda a resolver desacuerdos, pero no a&ntilde;ade metros cuadrados&rdquo;, se&ntilde;ala Rodr&iacute;guez-Mu&ntilde;oz. La posibilidad de tener una vivienda amplia, silenciosa y aislada de los ruidos exteriores tiene una relaci&oacute;n directa con los recursos econ&oacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a tiene muy presente esa ventaja. &ldquo;Somos conscientes de que tenemos la suerte de poder tener habitaciones separadas&rdquo;, reconoce. En su caso, disponer de dos espacios permiti&oacute; encontrar una soluci&oacute;n que quiz&aacute; habr&iacute;a sido imposible en una vivienda m&aacute;s peque&ntilde;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Compartir cama con dos edredones individuales, dos colchones independientes o dos camas dentro de una misma habitación puede ayudar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alfredo Rodríguez-Muñoz</span>
                                        <span>—</span> catedrático de Psicología Social (UCM)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Enric (32 a&ntilde;os) y Mart&iacute; (34) viven en un pueblo de la provincia de Barcelona y llegaron a una soluci&oacute;n parecida a la de Mar&iacute;a por los ronquidos de Mart&iacute;. La iniciativa parti&oacute; de Enric y comenz&oacute; como algo puntual hasta convertirse en la organizaci&oacute;n habitual de las noches.
    </p><p class="article-text">
        En su caso, el espacio disponible tambi&eacute;n es crucial, pero vivir en una casa en el pueblo, con espacio de sobra, ha facilitado las cosas. &ldquo;Supongo que, claro, si vives en un piso peque&ntilde;o o compartido en Barcelona, no tienes opci&oacute;n&rdquo;, apunta Mart&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n tampoco tiene por qu&eacute; implicar siempre dos dormitorios. Rodr&iacute;guez-Mu&ntilde;oz proporciona otras opciones que pueden funcionar en funci&oacute;n de la gravedad del asunto. &ldquo;Compartir cama con dos edredones individuales, dos colchones independientes o dos camas dentro de una misma habitaci&oacute;n puede ayudar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando el problema son los horarios&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;algunos cambios no requieren m&aacute;s espacio: dejar preparada la ropa fuera de la habitaci&oacute;n, evitar varias alarmas consecutivas o salir para seguir leyendo o viendo una pantalla cuando el otro quiere dormir, son acuerdos sencillos que permiten mantener rutinas distintas sin interrumpirse tanto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gort tambi&eacute;n propone otras soluciones, como unos buenos tapones de espuma bien colocados o una fuente de ruido blanco, desde una grabaci&oacute;n hasta un ventilador, que amortig&uuml;e en parte el contraste entre el silencio y el ruido. &ldquo;Adem&aacute;s de esto, hay una pauta que aplico siempre en estos casos: si te despiertas y llevas veinte minutos sin poder volver a dormirte, sal de la cama. Quedarte ah&iacute; escuchando al otro respirar es la forma m&aacute;s r&aacute;pida de acabar odiando ese sonido. Sal de la habitaci&oacute;n, mant&eacute;n la luz baja y haz algo aburrido. Vuelve cuando tengas sue&ntilde;o&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creo que es algo que todo el mundo que tiene este tipo de problemas tendría que probar. Al final el descanso es el descanso, me parece fundamental para el día a día</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María</span>
                                        <span>—</span> 38 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La conversaci&oacute;n, mejor de d&iacute;a</h2><p class="article-text">
        Para aquellos que se est&eacute;n planteando un divorcio del sue&ntilde;o pero todav&iacute;a no hayan dado el paso de proponerlo a su pareja, el consejo de Roser Gort es claro: &ldquo;Habladlo con calma, durante el d&iacute;a y cuando ambos hay&aacute;is descansado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n es recomendable hacerlo desde un punto de vista propio, no acusatorio&rdquo;, apunta la psic&oacute;loga. &ldquo;Necesito dormir mejor&rsquo;, nunca &lsquo;roncas mucho&rsquo;. Hay que tener presente que el ronquido no es algo premeditado. Adem&aacute;s, es buena idea que se plantee como una prueba. Eso quita peso y le devuelve reversibilidad a la decisi&oacute;n, que es lo que asusta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Justamente as&iacute; se lo plante&oacute; Enric a Mart&iacute;. Pero finalmente la prueba se convirti&oacute; en definitiva. Para el primero, el resultado es evidente: descansa m&aacute;s y est&aacute; de mejor humor. Adem&aacute;s Mart&iacute;, que no era quien ten&iacute;a el problema, duerme mejor solo que acompa&ntilde;ado. &ldquo;Tambi&eacute;n hace que tenga m&aacute;s ganas de dormir con Enric que antes&rdquo;, confiesa.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/ronquidos-insomnio-camas-separadas-bienvenidos-divorcio-sueno_1_13529606.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2026 20:08:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sueño,Relaciones,Dormir,Descanso,Bienestar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Basta de hablar de ti": cómo sobrevivir a una conversación con gente que interrumpe constantemente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/basta-hablar-sobrevivir-conversacion-gente-interrumpe-constantemente_1_13514182.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c3c7431-68c5-438b-bde4-11e5a9e6fa6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x584y428.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Basta de hablar de ti&quot;: cómo sobrevivir a una conversación con gente que interrumpe constantemente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se supone que las conversaciones son un intercambio, pero a menudo nos topamos con alguien que está locamente enamorado del sonido de su voz. Es hora de plantarle cara</p><p class="subtitle">“¿Por qué nunca invitas a una ronda?”: 20 conversaciones incómodas sobre dinero con amigos y cómo manejarlas</p></div><p class="article-text">
        Cuando era peque&ntilde;a, sol&iacute;a ir a cenar a casa de una amiga del colegio. Su familia me parec&iacute;a modern&iacute;sima: eran daneses y se entregaban a todo tipo de actividades &ldquo;extravagantes&rdquo;: <em>fondues,</em> fabricaci&oacute;n de velas y, lo m&aacute;s aterrador de todo, el &ldquo;bast&oacute;n de la palabra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Antes de que se sirviera la comida, alguien sacaba el sagrado mango de escoba y lo iban pasando por la mesa. Solo pod&iacute;as hablar si ten&iacute;as el palo en tus manos. A pesar de que era lo m&aacute;s estresante del mundo (significaba ser el centro de atenci&oacute;n y luego acordarte de callarte el resto del tiempo), ahora echo de menos con frecuencia una versi&oacute;n m&aacute;s pr&aacute;ctica de ese palo.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, hace poco qued&eacute; con un amigo al que veo de vez en cuando, pero con el que mantengo el contacto a trav&eacute;s de notas de voz. Nada m&aacute;s sentarnos, se lanz&oacute; a un largo discurso sobre su nueva dieta para entrenar para la marat&oacute;n. Solo interrumpi&oacute; el hilo para pedir una tortilla: &ldquo;Cuatro claras, dos yemas, &iquest;es posible?&rdquo; (Est&aacute;bamos en mi bar cutre de confianza, as&iacute; que la petici&oacute;n fue recibida con risas).
    </p><p class="article-text">
        Cuando nos fuimos, 90 minutos despu&eacute;s, por fin tuvo la delicadeza de volverse hacia m&iacute; y preguntarme: &ldquo;&iquest;Y c&oacute;mo te va a ti?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De camino a casa, sent&iacute; una mezcla de decepci&oacute;n e irritaci&oacute;n. &iquest;Siempre hab&iacute;a sido tan egoc&eacute;ntrico? &iquest;Tan poco interesado en los dem&aacute;s? No pude evitar preguntarme si nuestras actualizaciones virtuales unilaterales hab&iacute;an influido en el problema.
    </p><p class="article-text">
        Hay un nombre para este tipo de comportamiento egoc&eacute;ntrico: &ldquo;narcisismo conversacional&rdquo;. Aunque fue acu&ntilde;ado por el soci&oacute;logo Charles Derber en su libro de 1979 <em>The Pursuit of Attention </em>(<em>La b&uacute;squeda de atenci&oacute;n</em>), el t&eacute;rmino parece m&aacute;s relevante que nunca. &ldquo;La comunicaci&oacute;n por WhatsApp y las notas de voz son, en realidad, una serie de mon&oacute;logos&rdquo;, afirma Charlotte Fox Weber, psicoterapeuta. &ldquo;En las situaciones cara a cara, la gente est&aacute; olvidando c&oacute;mo hacer una pausa de forma natural, c&oacute;mo dejar espacio para escuchar y prestar atenci&oacute;n. Y la gente habla por tel&eacute;fono &mdash;una actividad que, al menos, requiere turnarse de una forma definida&mdash; con mucha menos frecuencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gran parte de nuestra comunicaci&oacute;n en l&iacute;nea puede parecer extra&ntilde;amente transaccional, centrada en la log&iacute;stica o en grupos de WhatsApp muy espec&iacute;ficos. Seg&uacute;n Tamu Thomas, coach personal y autora, esto ha da&ntilde;ado el arte de la conversaci&oacute;n improvisada. &ldquo;La gente tiene menos capacidad para mantener conversaciones sin rumbo fijo que no tengan un prop&oacute;sito&rdquo;, afirma. &ldquo;Un buen di&aacute;logo es un intercambio entre dos personas que descubren cosas nuevas la una de la otra, incluso si se conocen desde hace a&ntilde;os. Como ahora hay tantos canales diferentes disponibles para mantenerse en contacto, algunas personas confunden la comunicaci&oacute;n con la conexi&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el conocimiento es poder. Si sabes reconocer los cinco tipos m&aacute;s comunes de acaparadores de conversaci&oacute;n, te resultar&aacute; mucho m&aacute;s f&aacute;cil lidiar con ellos.
    </p><h2 class="article-text">El monologuista en serie</h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="¿Dejará de hablar alguna vez?"
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                ¿Dejará de hablar alguna vez?                            </span>
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        Todos nos hemos topado con este tipo de persona: aquella que, como la lavadora Ariston del <a href="https://www.youtube.com/watch?v=NTdklcCkF7c" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">anuncio</a> de los a&ntilde;os 90, no para de hablar y hablar y hablar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No es solo que estas personas sientan la necesidad de dominar la conversaci&oacute;n; a menudo eligen temas que no son necesariamente significativos para nadie m&aacute;s. Por ejemplo, puede que para alguien resulte cat&aacute;rtico compartir hasta el m&aacute;s m&iacute;nimo detalle de su equipaje perdido o de la fuga de su lavavajillas, pero eso no tiene ning&uacute;n valor para nadie m&aacute;s&rdquo;, afirma Fox Weber.
    </p><p class="article-text">
        Para Jane y su pareja, Ian, las cenas en casa de su mejor amigo se han convertido en un calvario. &ldquo;Es su mujer&rdquo;, se queja Jane. &ldquo;Nosotros no tenemos hijos; ellos tienen tres. Tenemos que prepararnos para sus mon&oacute;logos que abarcan de todo, desde excursiones escolares hasta trofeos de f&uacute;tbol y, lo peor de todo, sus diversas dolencias. Me quedo all&iacute; sentada con una sonrisa forzada, pregunt&aacute;ndome cu&aacute;nto tiempo puedo fingir razonablemente estar fascinada por el tratamiento de ortodoncia del hijo de otra persona. Es a&uacute;n peor cuando invitan a otras parejas, normalmente otros padres. Entonces se convierte en un juego de ping-pong de mon&oacute;logos. No es f&aacute;cil encontrar un hueco en la conversaci&oacute;n para mencionar que &uacute;ltimamente he pasado momentos muy interesantes: yendo al cine o al teatro y leyendo libros estupendos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sarah Rozenthuler es psic&oacute;loga y coach de comunicaci&oacute;n, adem&aacute;s de autora de <em>Now We&rsquo;re Talking</em> (<em>Ahora s&iacute; que estamos hablando</em>) y de varios otros libros centrados en c&oacute;mo mantener conversaciones significativas. Ella sugiere adoptar un enfoque contraintuitivo. &ldquo;Intenta establecer un l&iacute;mite de tiempo. Dite a ti mismo que vas a prestarle toda tu atenci&oacute;n a la otra persona durante un tiempo determinado, digamos cinco minutos, o diez si puedes aguantarlo. Abandona todas las expectativas de poder decir lo que t&uacute; piensas. Permitir que la otra persona se sienta plenamente escuchada suele ayudarla a calmarse un poco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se acabe el tiempo, sugiere redirigir deliberadamente la conversaci&oacute;n, sin cortar la palabra a la otra persona. &ldquo;As&iacute; que podr&iacute;as decir algo como: 'Bueno, eso es muy interesante, y me recuerda a&hellip;' y luego compartir algo de tu propia experiencia, o cambiar de tema por completo&rdquo;. Ella cree que esta estrategia funciona a dos niveles. Te permite hablar y te recuerda que cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de mantener una conversaci&oacute;n bidireccional, en lugar de quedarte ah&iacute; sentado echando humo como un espectador impotente.
    </p><h2 class="article-text">El que descarga sus traumas</h2><p class="article-text">
        Al que descarga sus traumas nada le gusta m&aacute;s que una sesi&oacute;n de revelaciones excesivas sin l&iacute;mites y sin pensar en c&oacute;mo pueden sentar a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Andrew, el amigo de Phoebe, entra en esta categor&iacute;a. &ldquo;He visto a otras personas florecer y crecer gracias a la terapia, pero a Andrew le ha dado carta blanca para compartir demasiado y no escuchar a los dem&aacute;s. Su voz atronadora es siempre la m&aacute;s alta de la sala. No hay ning&uacute;n tema tab&uacute;, desde los detalles morbosos de sus rollos de una noche hasta la larga disputa que mantiene con su madre desde que ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para m&iacute;, el momento m&aacute;s bajo fue en un restaurante, cuando cont&oacute; los detalles &iacute;ntimos de su vasectom&iacute;a. Por si eso no fuera suficiente, repiti&oacute; la historia en una cena a la que asist&iacute; con varios de nuestros amigos, incluida su ex. Yo no sab&iacute;a d&oacute;nde mirar. No tengo ni idea de c&oacute;mo frenarlo, porque creo que si le hablo directamente sobre lo de compartir demasiado, podr&iacute;a convertirlo en un drama traum&aacute;tico que compartir tambi&eacute;n con los dem&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Thomas sugiere analizar qu&eacute; es lo que realmente te molesta de esa din&aacute;mica. &iquest;Te sientes utilizada? &iquest;Qu&eacute; esperas de la relaci&oacute;n, si es que esperas algo? Ella dice: &ldquo;Ten&iacute;a una amiga as&iacute; y me di cuenta de que lo que quer&iacute;a era que se pusiera en contacto conmigo en los buenos momentos, no solo en las crisis. Le ped&iacute; que me llamara cuando las cosas fueran realmente bien, por ejemplo, para contarme algo divertido que le hubiera pasado ese d&iacute;a en el trabajo. Daba miedo, pero decirle: 'De verdad quiero formar parte tanto de tu alegr&iacute;a como de tus dificultades', result&oacute; mucho m&aacute;s productivo que acusarla enfadada de descargar todos sus problemas sobre m&iacute;. Al final, conseguimos tener una relaci&oacute;n m&aacute;s constructiva&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El de las preguntas b&uacute;meran</h2><p class="article-text">
        Para quienes no est&eacute;n familiarizados con el t&eacute;rmino, el &ldquo;boomerasking&rdquo; consiste en plantear una pregunta para poder tomar la palabra a continuaci&oacute;n [siguiendo el efecto b&uacute;meran]. Mi amiga Emma se queja a menudo de un compa&ntilde;ero de trabajo que entra en esta categor&iacute;a: &ldquo;Todos los lunes por la ma&ntilde;ana, sin falta, me pregunta: '&iquest;Qu&eacute; tal el fin de semana? &iquest;Qu&eacute; has hecho?', pero su pregunta fingida es una artima&ntilde;a para poder presumir de todas las cosas incre&iacute;bles que ha hecho &eacute;l. Me hace sentir aburrida y, al mismo tiempo, manipulada; no es una combinaci&oacute;n muy agradable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;boomerasking&rdquo; se identific&oacute; por primera vez en un estudio del que fue coautor Michael Yeomans, profesor asociado de ciencias del comportamiento en el Imperial College. &ldquo;Es una pregunta que te vuelve como un b&uacute;meran&rdquo;, explica. &ldquo;Hay tres tipos: el primero es el 'preguntar para presumir', en el que tengo algo emocionante que quiero contarte, como: 'He estado en Francia el fin de semana'. Luego est&aacute; el 'preguntar para quejarse'. Es cuando podr&iacute;a preguntarte: '&iquest;Qu&eacute; tal te ha ido el trayecto al trabajo?'. Puede que me respondas, pero solo para que yo entre en todo detalle sobre lo abarrotado que iba el metro, que hubo un accidente o que alguien me derram&oacute; caf&eacute; en el zapato. Y luego est&aacute; la 'pregunta para compartir', en la que te pido tu opini&oacute;n sobre algo, pero no te estoy escuchando: estoy esperando un momento de pausa para poder intervenir y dar mi opini&oacute;n. En los tres casos, la sinceridad aparente de la pregunta atrapa a la gente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo podemos recuperar el control? &ldquo;Nuestra investigaci&oacute;n muestra que los 'preguntadores b&uacute;meran' creen que est&aacute;n siendo serviciales e inclusivos. As&iacute; que, si la otra persona es importante para ti, ten en cuenta que habr&aacute; tiempo de sobra para dar tu opini&oacute;n m&aacute;s tarde. Puede que sientas que su inter&eacute;s por ti es solo superficial, pero su inter&eacute;s por comunicarse contigo es sin duda genuino. Eso merece la pena celebrarlo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Otra cosa que ha demostrado nuestra investigaci&oacute;n es que las 'preguntas espejo' suavizan el intercambio. La pr&oacute;xima vez que un 'preguntador b&uacute;meran' se interese por tu trayecto al trabajo, murmura algo vago y luego preg&uacute;ntale con gran entusiasmo por su viaje&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto suaviza la situaci&oacute;n porque, si no les das una respuesta real, no habr&aacute;s malgastado tu energ&iacute;a en alguien que no est&aacute; interesado, &iquest;no? &ldquo;S&iacute;, y adem&aacute;s, lo m&aacute;s importante: as&iacute; no pueden interrumpirte&rdquo;. No har&aacute; que<em> </em>se calle necesariamente, pero si te sientes m&aacute;s en control, te resultar&aacute; menos molesto.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y si nada de esto ayuda? &ldquo;Si quieres divertirte un poco, devu&eacute;lvele la pregunta y observa c&oacute;mo reacciona&rdquo;, sugiere Yeomans.
    </p><h2 class="article-text">El que interrumpe</h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Lo que tienes que hacer ahora…&quot;."
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                &quot;Lo que tienes que hacer ahora…&quot;.                            </span>
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        Los que interrumpen son f&aacute;ciles de identificar, pero dif&iacute;ciles de afrontar. Cuando despidieron a Jo, empez&oacute; a quedar para tomar un caf&eacute; con una antigua compa&ntilde;era de trabajo. &ldquo;Pens&eacute; que podr&iacute;a darme un poco de apoyo moral y, lo m&aacute;s importante, una raz&oacute;n para salir de casa&rdquo;. Sin embargo, estas quedadas pronto resultaron insatisfactorias.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que realmente quer&iacute;a era alguien en quien confiar para hablar de la injusticia de haber perdido mi trabajo y de mis miedos por tener 55 a&ntilde;os y estar en paro&rdquo;. Pero la amiga result&oacute; ser una oyente inesperadamente agresiva, que interrump&iacute;a a Jo a cada momento con: &ldquo;&iquest;Has pensado en reciclarte profesionalmente? Mi amiga est&aacute; ganando una fortuna ahora&rdquo;. O bien: &ldquo;Lo que tienes que hacer es averiguar c&oacute;mo burlar los sistemas de selecci&oacute;n de candidatos. Si yo perdiera mi trabajo, lo que har&iacute;a ser&iacute;a bla, bla, bla&rdquo;. Pero Jo no quer&iacute;a consejos, y las constantes interrupciones la hac&iacute;an sentir menospreciada. Solo quer&iacute;a que alguien la escuchara.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo podemos conseguir que alguien que interrumpe cambie su forma de actuar? &ldquo;Depende de cu&aacute;nto te guste esa persona&rdquo;, dice Fox Weber. &ldquo;No siempre es un rasgo negativo: puede deberse a una especie de nerviosismo, al deseo de que la conversaci&oacute;n no se desv&iacute;e del tema. Pero puede generar caos, porque quien interrumpe est&aacute; imponiendo su voluntad en lo que deber&iacute;a ser un di&aacute;logo colaborativo y rompiendo el hilo de la conversaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fox Weber afirma que es mucho m&aacute;s f&aacute;cil lidiar con quien interrumpe en un entorno grupal. &ldquo;Eso te permite defender a otras personas. Si ves que ocurre, no dejes que sea la persona interrumpida quien defienda su espacio. Si otra persona se cuela en la historia de la persona A y desv&iacute;a la conversaci&oacute;n hacia otro tema, puedes ser t&uacute; quien lo detenga. Podr&iacute;as decir: &rdquo;Espera, est&aacute; contando una historia. Deja que la termine&ldquo;. Puedes decirlo con amabilidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y si se trata de una situaci&oacute;n cara a cara? &ldquo;Es m&aacute;s dif&iacute;cil, pero aun as&iacute; puedes insistir en que la otra persona se aparte, diciendo: 'Oye, todav&iacute;a estoy contando mi historia'. Luego vuelve a lo que estabas diciendo, aunque hayas perdido el hilo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El &ldquo;oso cuidadoso&rdquo;</h2><p class="article-text">
        La idea que tiene el &ldquo;oso cuidadoso&rdquo; de la charla trivial es lanzarse a una miniconferencia al estilo TED sobre c&oacute;mo est&aacute; luchando contra los centros de datos de IA, la contaminaci&oacute;n por aguas residuales o el hambre en el mundo. Para lo que definitivamente no est&aacute; aqu&iacute; es para una charla distendida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo una vecina as&iacute;, y no me enorgullece decirlo, pero se sabe que a veces me meto en la tienda de la esquina para evitarla si la veo venir&rdquo;, dice Lauren. &ldquo;Se me acerca inclinando la cabeza, me mira fijamente a los ojos y me pregunta: '&iquest;C&oacute;mo est&aacute;s, realmente?'. Si no tengo nada profundo y significativo que compartir &mdash;lo cual nunca ocurre&mdash;, esa ser&aacute; su se&ntilde;al para empezar a hablar de una de sus causas importantes: la situaci&oacute;n de la asistencia social en el municipio, los bancos de alimentos, las personas sin hogar. Esto va a hacer que parezca una mala persona, pero&hellip; es <em>tan</em> aburrida. Por no hablar de lo dif&iacute;cil que es escapar una vez que se pone en marcha&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de persona resulta especialmente exasperante porque se erige en defensor de la moral. &iquest;Cu&aacute;l es la mejor manera de lidiar con ellas? &ldquo;Intenta decir, de la forma m&aacute;s genuina y sincera posible, algo como: 'Entiendo tu preocupaci&oacute;n por <em>equis</em>, y yo tambi&eacute;n espero de verdad que haya alg&uacute;n cambio o mejora'&rdquo;, dice Rozenthuler. &ldquo;Despu&eacute;s, cambia de tema. No se trata de ser brusco ni descort&eacute;s. Se trata de ser amable, reconocer a la persona, pero luego seguir adelante. Este tipo de persona suele estar atrapada en una rutina y va a hacer falta mucho m&aacute;s de lo que t&uacute; o yo somos capaces de aportar para ayudarla a salir de ah&iacute;&rdquo;. De hecho, creo que puedo tener una soluci&oacute;n. &iquest;D&oacute;nde dej&eacute; ese palo de escoba?
    </p><p class="article-text">
        <em>Se han cambiado los nombres y los detalles identificativos de los participantes.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anita Chaudhuri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/basta-hablar-sobrevivir-conversacion-gente-interrumpe-constantemente_1_13514182.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Sep 2026 20:33:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Basta de hablar de ti": cómo sobrevivir a una conversación con gente que interrumpe constantemente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,The Guardian]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“¿Por qué nunca invitas a una ronda?”: 20 conversaciones incómodas sobre dinero con amigos y cómo manejarlas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/invitas-ronda-20-conversaciones-incomodas-dinero-amigos-manejarlas_1_13476357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31bf4189-831c-4bcd-b373-1c928094ba03_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150162.jpg" width="1152" height="648" alt="“¿Por qué nunca invitas a una ronda?”: 20 conversaciones incómodas sobre dinero con amigos y cómo manejarlas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya sea pagar una cena, ir juntos de vacaciones o compartir un taxi, las amistades pueden estar plagadas de frustraciones financieras que rara vez se comentan. Te mostramos cómo romper este tabú
</p><p class="subtitle">¿Cómo repartimos la cuenta? Cuando la desigualdad económica entre amigos te arruina el mes y la amistad
</p></div><p class="article-text">
        El verano es una &eacute;poca en la que predominan las reuniones sociales, desde tomar algo al aire libre hasta celebraciones de bodas y vacaciones en grupo. Puede resultar caro, y que de repente empieces a notar que hay amigos que no pagan lo que les corresponde y otros que derrochan su dinero y te hacen sentir taca&ntilde;o. De hecho, existen muchos h&aacute;bitos molestos relacionados con el dinero que pueden generar tensi&oacute;n entre amigos. A continuaci&oacute;n, compartimos 20 causas comunes de frustraci&oacute;n financiera y c&oacute;mo resolverlas.
    </p><h2 class="article-text">Mi amigo nunca paga una ronda</h2><p class="article-text">
        Las normas de etiqueta en los pubs brit&aacute;nicos parecen sencillas: en un grupo de amigos, todos pagan las bebidas por turnos. Pero, en la pr&aacute;ctica, es un aut&eacute;ntico caos. Siempre hay alguien que espera que no le toque pagar, alguien que pide una ca&ntilde;a cuando le toca pagar la ronda y un gin-tonic doble cuando te toca a ti, y parejas que se consideran una sola entidad a la hora de pagar, pero no a la hora de beber.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.thisgirltalksmoney.co.uk/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ellie Austin-Williams</a>, autora londinense del libro <em>Money Talks: A Lifestyle Guide for Financial Wellbeing</em>, recomienda abordar el tema de inmediato. &ldquo;Hablen al principio: &iquest;quieren invitar a una ronda o cada uno paga lo suyo?&rdquo;. &iquest;No les da un poco de verg&uuml;enza? &ldquo;La gente se siente inc&oacute;moda, pero es mejor decir: &lsquo;yo me pago lo m&iacute;o', o 'hoy no bebo&rsquo;. La gente lo respeta&rdquo;. Por otro lado, si todos han acordado de antemano invitar a varias rondas, es m&aacute;s dif&iacute;cil que alguien se salte su turno.
    </p><p class="article-text">
        Matt Altmix, de Atlanta, Georgia (EEUU), y copresentador del podcast <a href="https://www.howtomoney.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">How to Money</a>, sugiere planificar el presupuesto que quieres gastar cada noche. Si est&aacute;s satisfecho con tu presupuesto, no tienes por qu&eacute; preocuparte por lo que hacen los dem&aacute;s. &ldquo;As&iacute;, realmente te lo pasar&aacute;s bien&rdquo;, afirma Altmix. Advertencia: esto puede significar que salgas con menos frecuencia. &ldquo;Faltar alguna vez es totalmente aceptable. Y as&iacute;, cuando vayas, haz que valga la pena&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Parte de la base de que todos vamos a beber lo mismo. No todo el mundo quiere tomar cinco copas. En lugar de enfadarnos porque alguien pide la copa más barata cuando le toca pagar, deberíamos abandonar esa cultura</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alex Holder</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <a href="https://alexholder.co/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alex Holder</a> es la autora de <em>Open Up: Why Talking About Money Will Change Your Life</em>. Residente de Lewes, East Sussex (Reino Unido), Holder rechaza por completo la cultura de las rondas. &ldquo;Parte de la base de que todos vamos a beber lo mismo. No todo el mundo quiere tomar cinco copas&rdquo;, afirma. &ldquo;En lugar de enfadarnos porque alguien pide la copa m&aacute;s barata cuando le toca pagar, deber&iacute;amos abandonar esa cultura&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La forma en que dividimos la cuenta en los restaurantes no es justa</h2><p class="article-text">
        Salir a cenar con amigos conlleva muchos inconvenientes econ&oacute;micos. &iquest;Divides sin m&aacute;s la cuenta entre el n&uacute;mero de personas? Este sistema suele perjudicar al amigo vegetariano abstemio con poco apetito, que termina pagando el bistec, los platos para compartir y el vino de los dem&aacute;s. &iquest;Y si pagas solo por lo que pediste? Puede parecer una nimiedad, y por alguna raz&oacute;n, siempre falta dinero.
    </p><p class="article-text">
        Joel Larsgaard, mejor amigo de Altmix y copresentador de su p&oacute;dcast, comenta: &ldquo;Normalmente, lo que m&aacute;s encarece la cuenta son las bebidas, los aperitivos y el postre. Pero puedes salir a cenar y disfrutar de una buena comida sin gastar de m&aacute;s si evitas esos gastos extra. Aunque nunca vas a ahorrar lo mismo si compartes la cuenta con alguien y va y te dice: &lsquo;S&iacute;, yo ped&iacute; tres c&oacute;cteles y un tiramis&uacute; de postre&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Altmix sugiere abordar el tema con humor: &ldquo;&lsquo;&iexcl;Vaya, Sam est&aacute; ah&iacute; comiendo el bistec como si nada, &iquest;verdad?!&rsquo; Hay maneras de tener esas conversaciones sin que parezca que est&eacute;s juzgando a nadie. Haz algunas bromas, t&oacute;matelo m&aacute;s a la ligera y, con suerte, dar&aacute; lugar a una conversaci&oacute;n interesante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, este enfoque no siempre agrada a todo el mundo. &ldquo;Para algunas personas, dividir la cuenta es lo normal. Sienten que no hacerlo es un ataque a lo que pidieron&rdquo;, dice Holder.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Puedes salir a cenar y disfrutar de una buena comida sin gastar de más si evitas esos gastos extra. Pero nunca vas a ahorrar lo mismo si compartes la cuenta con alguien y va y te dice: ‘Sí, yo pedí tres cócteles y un tiramisú de postre’</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Joel Larsgaard</span>
                                        <span>—</span> Copresentador del pódcast &#039;How To Money&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Austin-Williams prefiere hablar de dinero antes de la cena: &ldquo;Intenta sacar el tema a colaci&oacute;n cuando est&eacute;s haciendo los planes. Si tus amigos quieren ir a un restaurante elegante, diles: &lsquo;&iquest;Podemos ir a una hamburgueser&iacute;a? Tengo un presupuesto ajustado&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como alternativa, puedes plantearlo antes de pedir la comida. Por ejemplo: &ldquo;Tengo un presupuesto m&aacute;ximo de 30 libras [35 euros], as&iacute; que solo voy a pedir un plato principal, pero t&uacute; pide lo que quieras&rdquo;, sugiere. Si no, puedes decirlo cuando llegue la cuenta: &ldquo;No ten&iacute;a tanto presupuesto y estoy intentando controlar mis gastos este mes, &iquest;te parece bien si pagamos por lo que hemos consumido cada uno esta vez?&rdquo;. La autora explica que a la gente le preocupa parecer taca&ntilde;a y no sentirse parte del grupo, pero a menudo los dem&aacute;s se alegran de que alguien haya expresado su opini&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">No estamos de acuerdo en las propinas</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que deber&iacute;amos dar propina porque, lamentablemente, as&iacute; es como se les paga adecuadamente a los empleados del sector de la hosteler&iacute;a. Es un trabajo muy duro con salarios bajos&rdquo;, afirma Holder del contexto brit&aacute;nico. La autora asegura que entiende por qu&eacute; a algunas personas no les gusta el sistema de propinas. &ldquo;Genera mucha tensi&oacute;n emocional: te sientes enga&ntilde;ado, como si el establecimiento quisiera aprovecharse de ti&rdquo;. Sin embargo, al igual que todas las personas con las que habl&eacute;, Holder considera que dar propina es fundamental.
    </p><p class="article-text">
        Larsgaard aconseja tener en cuenta la propina al elaborar un presupuesto para comer fuera. &ldquo;No puedes dejar que tu situaci&oacute;n econ&oacute;mica dicte cu&aacute;nto das de propina. Si no te lo puedes permitir, es una se&ntilde;al de que deber&iacute;as comer en casa&rdquo;, afirma. &ldquo;Si no quieres dar propina, no es que seas austero, es que eres taca&ntilde;o. As&iacute; es como distinguimos entre las dos cosas: eres taca&ntilde;o cuando tus intentos de ahorrar dinero se hacen a costa de otra persona&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No puedes dejar que tu situación económica dicte cuánto das de propina. Si no te lo puedes permitir, es una señal de que deberías comer en casa</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">J. Larsgaard</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Austin-Williams prefiere tomar la iniciativa y decir algo como: &ldquo;&iquest;Podemos todos a&ntilde;adir dos libras [2,3 euros] de propina?&rdquo;. Pero Holder no est&aacute; de acuerdo: &ldquo;No puedes obligar a tus amigos a dar propina; cada uno tiene sus propias reglas con su dinero. Debes definir primero tu propia relaci&oacute;n con las propinas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Larsgaard explica que si notara que un amigo no hab&iacute;a dado propina, &ldquo;probablemente me enfadar&iacute;a lo suficiente como para dejar una cantidad mayor o para hablar con &eacute;l directamente y decirle: &lsquo;&iquest;Viste lo mucho que se esforz&oacute;? &iquest;Sabes cu&aacute;nto le pagan?&rsquo; Creo que a veces la gente no entiende la realidad econ&oacute;mica de ser camarero&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Gastan demasiado (o muy poco) en entradas de teatro o conciertos</h2><p class="article-text">
        Algunas personas insisten en sentarse en primera fila,  otras prefieren las localidades m&aacute;s baratas. A menudo, estas preferencias no guardan relaci&oacute;n con el saldo en la cuenta bancaria de cada uno. &ldquo;Hay cosas que pueden ser un factor determinante para ciertas personas, como gastar en entradas de teatro o taxis&rdquo;, dice Holder. &ldquo;Pero a otros les resulta m&aacute;s f&aacute;cil gastar en experiencias que en cosas materiales&rdquo;. Entonces, &iquest;qu&eacute; puedes hacer si no est&aacute;s de acuerdo con un amigo?
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay cosas que pueden ser un factor determinante para ciertas personas, como gastar en entradas de teatro o taxis. Pero a otros les resulta más fácil gastar en experiencias que en cosas materiales</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alex Holder</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Austin-Williams plantea que intentar&iacute;a llegar a un acuerdo con un amigo o amiga que gasta mucho. &ldquo;Le puedes decir: &lsquo;Me encantar&iacute;a ir, pero las entradas de 70 libras [81 euros] se salen un poco de mi presupuesto ahora mismo. Si de verdad quieres sentarte en primera fila, no cuentes conmigo esta vez. Si no, las entradas de 30 libras [35 euros] est&aacute;n bien&rsquo;&rdquo;, explica. &ldquo;Dales la opci&oacute;n, probablemente prefieran ir contigo&rdquo;. Y puedes hacer algo similar con alguien que gasta poco, dici&eacute;ndole, por ejemplo, que la &uacute;ltima vez te cost&oacute; ver desde los asientos que costaban 10 libras [11,60 euros], as&iacute; que preferir&iacute;as gastar un poco m&aacute;s si fuera posible.
    </p><p class="article-text">
        Larsgaard propone otras maneras de llegar a un acuerdo: &ldquo;Tal vez te puedes sacrificar por el bien com&uacute;n. Si est&aacute;s en primera fila en este concierto porque a todos os encanta este artista, puedes saltarte el siguiente o sentarte la pr&oacute;xima vez en las butacas m&aacute;s baratas. Tambi&eacute;n puedes quedar con tus amigos antes del concierto, ir juntos, pero sentaros en sitios diferentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A nadie le gusta decepcionar a nadie, pero a veces hay que rechazar una invitaci&oacute;n. &ldquo;Un amigo m&iacute;o estuvo en Europa hace poco y fue a ver a Harry Styles en Wembley&rdquo;, cuenta Larsgaard. &ldquo;Le dije: &lsquo;No, lo siento, ahora mismo no me lo puedo permitir. Pongamos el disco en mi casa. Si te lo puedes permitir, &iexcl;adelante, p&aacute;salo genial! Me dar&aacute; un poco de envidia, pero tambi&eacute;n me alegro mucho por ti&rsquo;&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Siempre acabo comprando yo las entradas</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Si eres una persona muy organizada a la que le gusta planificar todo&rdquo;, esto te puede pasar, dice Altmix. Puede que tus amigos tengan toda la intenci&oacute;n de conseguir las entradas para la pr&oacute;xima vez, pero simplemente no tienen tiempo de ponerse con ello. &ldquo;Si te relajas un poco, les est&aacute;s dando esa oportunidad. Cada persona trabaja a su propio ritmo y tiene diferentes cosas en su vida, y tal vez est&eacute;n pasando por una &eacute;poca muy ajetreada&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si tu amistad está en peligro, plantéaselo: ‘Yo pagué la cuenta las últimas veces, ¿te importaría pagarla tú esta vez?’. A menudo, la gente simplemente no se ha dado cuenta</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ellie Austin-Williams</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Austin-Williams comenta que &ldquo;si notas que se est&aacute; convirtiendo en un patr&oacute;n, deja de ofrecerte. La pr&oacute;xima vez, di: &lsquo;Yo pago mi entrada&rsquo; o &lsquo;Cada uno paga la suya&rsquo;. Si tu amistad est&aacute; en peligro, plant&eacute;aselo: &lsquo;Yo pagu&eacute; las &uacute;ltimas veces, &iquest;te importar&iacute;a pagarla t&uacute; esta vez?&rsquo;. A menudo, la gente simplemente no se ha dado cuenta&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Dijeron que me pagar&iacute;an y no lo han hecho</h2><p class="article-text">
        &ldquo;No asumas que todo el mundo tiene la misma relaci&oacute;n con el dinero&rdquo;, dice Holder. &ldquo;A algunas personas les cuesta mucho devolver el dinero; casi se bloquean&rdquo;. Y a&ntilde;ade que la mayor&iacute;a agradecer&aacute; que seas &ldquo;muy directo&rdquo; y les env&iacute;es tus datos bancarios por mensaje de texto.
    </p><p class="article-text">
        Si eso no funciona, tendr&aacute;s que hablar con ellos. &ldquo;Ten una conversaci&oacute;n muy sincera&rdquo;, aconseja Austin-Williams. &ldquo;Las cosas pasan: se te estropea el coche, pierdes el trabajo. Es importante entender si tu amigo est&aacute; pasando por un mal momento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Larsgaard tambi&eacute;n aconseja trasladar tu preocupaci&oacute;n en lugar de acusar a tus amigos de nada. &ldquo;&lsquo;Oye, me di cuenta de que dijiste que ibas a pagar y no lo hiciste. &iquest;Est&aacute; todo bien?&rsquo;&rdquo;. Puede que simplemente se disculpen por haberlo olvidado o que te cuenten sus preocupaciones econ&oacute;micas. &ldquo;Es muy f&aacute;cil ser grosero, pero son tus amigos. Preguntarles qu&eacute; les pasa te da la oportunidad de conectar y comprenderlos mejor&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Siempre esperan que les compre m&aacute;s cosas</h2><p class="article-text">
        Cuando vas de compras, algunos amigos no tienen ning&uacute;n reparo en hacer un pedido, incluso si no te has ofrecido. Puede que solo sean un par de libras [2,3 euros] de vez en cuando, pero que se aprovechen de ti puede resultar molesto con el tiempo. &iquest;Qu&eacute; deber&iacute;as hacer?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute;s pensando: yo nunca har&iacute;a eso&rdquo;, dice Holder. Pero cada persona es diferente: probablemente a tu amigo nunca se le ha pasado por la cabeza que te moleste que le invites a un refresco. &ldquo;Puedes hablar con &eacute;l, seguir sinti&eacute;ndote molesto, o superarlo&rdquo;, dice. A menos que tu presupuesto sea muy ajustado, superarlo parece la mejor opci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Nunca contribuyen a los gastos de viaje</h2><p class="article-text">
        Puede que sientas que siempre eres t&uacute; quien paga el taxi o quien conduce, y que tus amigos se aprovechen. Probablemente, no sea algo premeditado, dice Holder. &ldquo;Alguien podr&iacute;a pensar: &lsquo;Siempre pides un Uber; lo cojo yo tambi&eacute;n, que voy en la misma direcci&oacute;n&rdquo;. Acepta que su forma de pensar sobre el dinero puede no ser la tuya&ldquo;, a&ntilde;ade. &rdquo;En lugar de enfadarte con tus amigos, asume la responsabilidad de tus propios gastos. Por ejemplo, si sueles llevar a un amigo en coche, p&iacute;dele dinero para la gasolina o no aceptes llevarlo a ning&uacute;n sitio&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y si dijeron que contribuir&iacute;an, pero no lo han hecho? &ldquo;Asume siempre que ha sido sin querer&rdquo;, dice Austin-Williams. &ldquo;Dales un peque&ntilde;o empuj&oacute;n: &lsquo;Estoy haciendo mi presupuesto y me preguntaba si podr&iacute;as enviarme el dinero del Uber&rsquo;. La mayor&iacute;a de los amigos solo necesitan ese peque&ntilde;o impulso&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Vamos a irnos de vacaciones juntos y quieren gastar una fortuna (o una miseria)</h2><p class="article-text">
        Lo ideal, dice Holder, es &ldquo;viajar con gente dispuesta a gastar una cantidad similar a la tuya. &iexcl;No te vayas de vacaciones con gente muy rica o asume que va a ser muy inc&oacute;modo!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Altmix solo viaja con alguien que conoce bien. &ldquo;Cuando viajas, tienes que pagar por todo, &iquest;verdad? Todo cuesta dinero. Te levantas y ya est&aacute;s pagando por algo: tienes que comprar un caf&eacute;, tienes que desayunar. Hay un mont&oacute;n de decisiones econ&oacute;micas que tomar a lo largo del d&iacute;a. Y si no tienes claro cu&aacute;nto te gusta gastar y qu&eacute; tipo de viaje te gusta, creo que podr&iacute;as tener muchos problemas, tanto econ&oacute;micos como personales&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sé específico. ‘Este es mi presupuesto para todo el viaje; este es mi presupuesto para el alojamiento. ¿Quién va a pagar? ¿Cuál es el plan para devolverles el dinero?’. Cabe la posibilidad de que no podáis poneros de acuerdo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">E. Austin-Williams</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Comunica claramente tus expectativas durante la planificaci&oacute;n, aconseja Austin-Williams. &ldquo;S&eacute; espec&iacute;fico. &lsquo;Este es mi presupuesto para todo el viaje; este es mi presupuesto para el alojamiento. &iquest;Qui&eacute;n va a pagar? &iquest;Cu&aacute;l es el plan para devolverles el dinero?&rsquo;. Cabe la posibilidad de que no pod&aacute;is poneros de acuerdo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se trata de honestidad y de hablarlo abiertamente desde el principio. &lsquo;S&iacute;, me gustar&iacute;a ir a Espa&ntilde;a, pero &iquest;qu&eacute; opinas de un hotel frente a un apartamento? &iquest;Podemos ahorrar en esta parte del viaje y centrarnos en aquella otra?&rsquo;&rdquo;, dice Larsgaard. &ldquo;&iquest;Est&aacute;n condenadas las vacaciones al fracaso si tu amigo quiere un hotel de cinco estrellas con todo incluido y t&uacute; prefieres un alojamiento econ&oacute;mico con cocina, o viceversa? Creo que la gente piensa que, si un amigo les propone un viaje de ensue&ntilde;o, tienen que aceptar o rechazarlo. No creo que exista esa dicotom&iacute;a. Se puede llegar a un punto intermedio. Si de verdad no tienes dinero, puedes decir: &lsquo;Por ahora, tengo que descartar ir a Espa&ntilde;a, pero quiz&aacute;s pueda empezar a ahorrar para el a&ntilde;o que viene. &iquest;Qu&eacute; te parece si vamos de acampada?&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La forma en que repartimos el coste del alojamiento no es justa</h2><p class="article-text">
        Si alquilas una casa o apartamento compartida, &iquest;se paga por persona, por habitaci&oacute;n o de otra manera? &iquest;Qu&eacute; pasa si algunos se quedan m&aacute;s tiempo que otros? Todo se reduce a la comunicaci&oacute;n, dice Austin-Williams. &ldquo;Diles si quieres una habitaci&oacute;n m&aacute;s grande y est&aacute;s dispuesto a pagar m&aacute;s, en lugar de asumir que todo se divide a partes iguales. La gente lamenta despu&eacute;s si no ten&iacute;a ba&ntilde;o privado y hab&iacute;a pagado lo mismo. No hay una respuesta correcta o incorrecta, pero si se ha hablado antes del tema, nadie puede decir que sea injusto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Olly Green, editor de contenido de <a href="https://www.travelsupermarket.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">TravelSupermarket</a>, un sitio web de comparaci&oacute;n de precios con sede en Leeds, explica: &ldquo;Calcula cu&aacute;nto costar&iacute;a cada habitaci&oacute;n si se reservara individualmente y divide la cuenta en funci&oacute;n de eso. De esta manera, una persona que se aloje sola en una habitaci&oacute;n individual pagar&aacute; menos que una pareja en una habitaci&oacute;n doble. Del mismo modo, una familia con ni&ntilde;os pagar&aacute; m&aacute;s por una habitaci&oacute;n m&aacute;s grande con extras como camas adicionales o ba&ntilde;o privado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Demasiado complicado? Holder dice que esta es una de las pocas ocasiones en las que recomendar&iacute;a usar inteligencia artificial: &ldquo;Puedes describir la situaci&oacute;n y ella har&aacute; los c&aacute;lculos por ti&rdquo;. Si no, &ldquo;es mejor reservar alojamientos separados, pero cerca unos de otros&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Tienen m&aacute;s dinero para gastar en vacaciones que yo</h2><p class="article-text">
        Hiciste el presupuesto del viaje y el alojamiento y pensabas que ten&iacute;as suficiente para comida y actividades, pero ahora tus amigos quieren comer en restaurantes elegantes e ir a excursiones caras. &iquest;Tienes que perd&eacute;rtelo?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Podr&iacute;as quedarte de brazos cruzados y no participar, y parecer&aacute; que eres un aguafiestas&rdquo;, dice Altmix. &ldquo;O puedes meterte de lleno en la conversaci&oacute;n nada m&aacute;s percibir el primer indicio&rdquo;. Aseg&uacute;rate de haber investigado algunas alternativas m&aacute;s econ&oacute;micas. &ldquo;Diles: &rdquo;&iquest;Y si podemos ahorrar dinero haciendo esto otro? Va a ser divertid&iacute;simo. Y luego o&iacute; hablar de esto por aqu&iacute; que es una ganga. Podr&iacute;amos pasarlo genial&ldquo;. No te retires ni te ausentes de la conversaci&oacute;n, toma la iniciativa&rdquo;. Es probable que otros tambi&eacute;n aprecien algunas opciones m&aacute;s econ&oacute;micas.
    </p><h2 class="article-text">Creo que estoy pagando m&aacute;s de lo que me corresponde en vacaciones</h2><p class="article-text">
        Los grupos tienen diferentes maneras de compartir los gastos de las vacaciones: algunos pagan por turnos, otros aportan a un fondo com&uacute;n, otros llevan una hoja de c&aacute;lculo o usan aplicaciones como Splitwise. &ldquo;No existe una &uacute;nica forma &lsquo;mejor&rsquo; de compartir los gastos en vacaciones&rdquo;, dice Green. &ldquo;Lo fundamental es ser sincero sobre c&oacute;mo prefieres hacerlo antes de que empiecen las vacaciones. Dejarlo para el momento de pagar la primera factura puede generar situaciones inc&oacute;modas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Holder no es partidaria de los fondos comunes: &ldquo;Pueden ser complicados, ya que cada persona tiene h&aacute;bitos de gasto diferentes&rdquo;. Recuerda unas vacaciones en grupo donde una amiga buscaba la marca de uvas m&aacute;s barata mientras que otra ped&iacute;a ostras frescas a domicilio para la villa que compart&iacute;an, ambas cosas con cargo al fondo com&uacute;n. &ldquo;A menudo, todo el mundo cree que est&aacute; siendo razonable&rdquo;, dice.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las aplicaciones pueden ser útiles, pero algunas personas se olvidan de añadir sus gastos, mientras que otras lo añaden todo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">A. Holder</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La autora tampoco es muy fan de las soluciones tecnol&oacute;gicas. &ldquo;Las aplicaciones pueden ser &uacute;tiles, pero algunas personas se olvidan de a&ntilde;adir sus gastos, mientras que otras lo a&ntilde;aden todo&rdquo;, dice. &ldquo;Es mejor que cada uno se encargue una noche de la comida y la bebida&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La despedida de soltera o soltero de mi amiga cuesta una fortuna</h2><p class="article-text">
        Austin-Williams cree que estas celebraciones &ldquo;se han descontrolado un poco&rdquo; y son una de las situaciones m&aacute;s dif&iacute;ciles de manejar con las amigas. &ldquo;Si no quieres ir a una despedida de soltera cara en el extranjero, la honestidad es la mejor opci&oacute;n&rdquo;, dice. &ldquo;Una buena amiga no quiere que te endeudes. Dile que no puedes permit&iacute;rtelo y ofr&eacute;cele una alternativa: &lsquo;Me encantar&iacute;a invitarte a comer o pasar un d&iacute;a contigo&rsquo;. Intenta ver el lado positivo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Mi amiga se casa en un destino ex&oacute;tico</h2><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;No tienes que ir! No est&aacute;s obligada a nada&rdquo;, dice Holder. &ldquo;Creo firmemente que no puedes endeudarte por la boda de otra persona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, &ldquo;si se trata de un amigo muy cercano, uno busca la manera de costearlo&rdquo;, dice Altmix. &ldquo;Eso no significa acabar con el saldo de tu tarjeta de cr&eacute;dito. Significa recortar gastos en otras &aacute;reas&rdquo;. Larsgaard menciona a un amigo que rechaz&oacute; una boda que pod&iacute;a pagar porque estaba intentando ahorrar y luego se arrepinti&oacute;. &ldquo;No seas tan taca&ntilde;o como para perderte momentos importantes de la vida. Apoya a tus amigos&rdquo;, dice Larsgaard.
    </p><p class="article-text">
        Si de verdad no puedes asistir, haz un esfuerzo por formar parte de ese d&iacute;a, dice Altmix: &ldquo;Podr&iacute;as grabar un v&iacute;deo bonito de vosotros como amigos a lo largo de los a&ntilde;os e incluir una nota sincera y emotiva&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Mi amigo siempre me pide que le respalde o que done a alguna organizaci&oacute;n ben&eacute;fica</h2><p class="article-text">
        No est&aacute;s obligado a decir que s&iacute;, dice Holder: &ldquo;No tienes por qu&eacute; sentirte estafado ni endeudarte por apoyar a un santuario de burros&rdquo;. Entonces, &iquest;qu&eacute; puedes decirle a tu amigo que quiz&aacute;s ha estado entrenando para apoyar una causa que le importa mucho? &ldquo;Dile que te encantar&iacute;a ayudar, pero que ya contribuyes regularmente a organizaciones ben&eacute;ficas espec&iacute;ficas&rdquo;, dice Austin-Williams. &ldquo;Si no es as&iacute;, s&eacute; honesto sobre tu capacidad financiera y dile que ya has destinado todo tu presupuesto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero cualquier ayuda es bienvenida y tal vez podr&iacute;as considerar hacer una peque&ntilde;a donaci&oacute;n. &ldquo;Siempre animo a la gente a incluir las donaciones en su presupuesto, ya que es fundamental para tener una mentalidad financiera saludable&rdquo;, dice Austin-Williams. Y si puedes donar algo, dice Holder, &ldquo;te sentir&aacute;s bien por partida doble: por ser un amigo solidario y por ser caritativo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Los regalos de cumplea&ntilde;os o Navidad se han descontrolado</h2><p class="article-text">
        Holder cree que vale la pena cuestionar nuestra forma de dar regalos: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; prop&oacute;sito tiene el regalo? &iquest;Es un verdadero acto de amor o una rutina inc&oacute;moda? &iquest;Se va a romper una amistad porque no le compraste un regalo?&rdquo;. La autora asegura que ha notado que &ldquo;les compramos los regalos m&aacute;s caros a nuestros amigos m&aacute;s ricos. &iquest;Para qui&eacute;n lo haces? Simplemente puedes parar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Austin-Williams prefiere avisar a sus amigos con antelaci&oacute;n. &ldquo;Diles: &lsquo;Voy a cambiar mi forma de regalar. Estoy intentando reducir mi consumo&rsquo;&rdquo;. Ella sugiere comprar libros &ndash;&ldquo;Pueden ser de una tienda ben&eacute;fica&rdquo;, sugiere&ndash; o compartir una experiencia, como una excursi&oacute;n de un d&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El hecho de que renuncies a los regalos caros no significa que tengas que renunciar a la consideración que hay detrás de ellos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">J. Larsgaard</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo que cuenta es la intenci&oacute;n, dice Larsgaard. &ldquo;Con un amigo, lo que m&aacute;s valoran es tu consideraci&oacute;n; no importa cu&aacute;nto cueste el regalo. Si un amigo se da cuenta de que est&aacute;s pasando por un mal momento y te escribe una nota a mano, eso significar&iacute;a mucho m&aacute;s para ti que un collar elegante. El hecho de que renuncies a los regalos caros no significa que tengas que renunciar a la consideraci&oacute;n que hay detr&aacute;s de ellos&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Quiero pedirle dinero prestado a un amigo</h2><p class="article-text">
        &iquest;Est&aacute; bien pedirle un pr&eacute;stamo a un amigo? Esto depende mucho de ti y de tus amigos. Para Holder, la respuesta es un &lsquo;no&rsquo; rotundo: &ldquo;Jam&aacute;s le pedir&iacute;a dinero prestado a un amigo&rdquo;. Austin-Williams, en cambio, dice: &ldquo;Si tienes una amistad s&oacute;lida, no hay raz&oacute;n para que no puedas pedirlo. Los amigos est&aacute;n para ayudarte en las buenas y en las malas&rdquo;. Para evitar posibles problemas, aconseja: &ldquo;S&eacute; muy clara con la cantidad y las condiciones de pago. No aceptes un &lsquo;devu&eacute;lvemelo cuando quieras&rsquo;. Insiste en que fijen una fecha para devolverte el dinero&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Mi amigo quiere pedirme dinero prestado</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Con mucho gusto le prestar&iacute;a dinero a un amigo si estuviera pasando apuros y fuera claro sobre c&oacute;mo devolverlo&rdquo;, dice Austin-Williams. &ldquo;No lo dudar&iacute;a, y espero que mis amigos cercanos hicieran lo mismo por m&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Solo hay que prestarle dinero a un amigo si no se espera realmente que te lo devuelva, dice Larsgaard. &ldquo;Esa es la regla de oro: debe verse como un regalo. Si lo est&aacute;s presionando &mdash;&lsquo;Oye, &iquest;cu&aacute;ndo me vas a devolver esos 150 d&oacute;lares que te prest&eacute;?&rsquo;&mdash;, da&ntilde;ar&aacute;s la amistad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Incluso as&iacute;, puede haber consecuencias negativas, a&ntilde;ade: &ldquo;A menudo, dar o aceptar un regalo es la receta perfecta para generar incomodidad y da&ntilde;ar la amistad. Hay que tener mucho cuidado antes de meterse en ese l&iacute;o&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Son mucho m&aacute;s ricos que yo (o no tan adinerados)</h2><p class="article-text">
        &ldquo;A menudo, conocemos gente nueva en un entorno neutral donde nuestras circunstancias son similares en apariencia: en la escuela, la universidad o el trabajo&rdquo;, dice Austin-Williams. &ldquo;Cuando te das cuenta de las diferencias, puede resultar inc&oacute;modo. Por ejemplo, t&uacute; y tu compa&ntilde;ero de trabajo ten&eacute;is la misma trayectoria profesional, pero a &eacute;l le compraron el piso y a ti te cuesta pagar el alquiler&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La autora recomienda hablar de ello abiertamente. &ldquo;Algunas personas se han criado en familias donde el dinero es un tab&uacute;. Pero la mayor&iacute;a, si se les pregunta directamente, responder&aacute;n: &lsquo;Mis padres me dieron la entrada&rsquo;. Esto permite atar cabos. Cuanto m&aacute;s se hable del tema, m&aacute;s fuerte puede ser la amistad&rdquo;. Incluso pregunta a sus amigos cu&aacute;nto ganan. &ldquo;Hay mucha verg&uuml;enza asociada a la situaci&oacute;n econ&oacute;mica: tener o no tener dinero. Pero si la amistad no puede sobrevivir a la honestidad, &iquest;de verdad vale la pena?&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Que sus finanzas estén mejor no significa que su vida sea perfecta. El dinero parece absorberlo todo, pero no tiene por qué ser un factor determinante en una amistad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">E. Austin-Williams</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Se trata de reconocer que todos somos diferentes, concluye. &ldquo;Que sus finanzas est&eacute;n mejor no significa que su vida sea perfecta. El dinero parece absorberlo todo, pero no tiene por qu&eacute; ser un factor determinante en una amistad. Un poco de celos es normal, pero recon&oacute;celos e intenta que no interfieran en la amistad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Holder afirma: &ldquo;Las amistades se basan en superar muchas desigualdades: salud, tiempo, familia. Los salarios son solo una de ellas. A menudo, lo que dificulta las amistades no es la diferencia de ingresos, sino las distintas expectativas y juicios sobre la forma &lsquo;correcta&rsquo; de gastar, ahorrar y compartir el dinero. Nuestra relaci&oacute;n con el dinero es como nuestra relaci&oacute;n con el sexo: no existe una forma &lsquo;buena&rsquo; de manejarlo. He visto c&oacute;mo la generosidad excesiva molesta a un grupo de amigos tanto como la persona que nunca paga su parte de la gasolina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa si no puedes permitirte las cosas que te sugieren tus amigos con mejor situaci&oacute;n econ&oacute;mica? &ldquo;Es bastante triste cuando la &uacute;nica forma de socializar es a trav&eacute;s de experiencias caras&rdquo;, concluye Holder. &ldquo;Reconoce si siempre te est&aacute; costando dinero y sugiere otra forma de pasar tiempo juntos, como ir a tu casa a comer pasta&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Me preocupa que mi amigo est&eacute; endeudado</h2><p class="article-text">
        Si crees que un amigo est&aacute; pasando por dificultades econ&oacute;micas, &iquest;deber&iacute;as hablar del tema con &eacute;l? &ldquo;Sin duda, lo abordar&iacute;a con tacto&rdquo;, dice Austin-Williams. &ldquo;Le dir&iacute;a: &lsquo;He notado esto. Siempre puedes hablar conmigo&rsquo;. No hace falta que sea espec&iacute;fico sobre dinero. Dale la oportunidad: &lsquo;Estoy aqu&iacute; para hablar de lo que sea si est&aacute;s pasando por dificultades&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Larsgaard dice: &ldquo;A la mayor&iacute;a de la gente le incomoda hablar de dinero; es como hablar en otro idioma. Pero si tu amigo est&aacute; pasando por dificultades y tienes aunque sea un poco de conocimiento y puedes compartir algunos recursos &uacute;tiles, para eso est&aacute;n los amigos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Altmix a&ntilde;ade: &ldquo;No necesitas tener un conocimiento especializado del tema para ser un buen amigo. Muchas veces, la gente solo necesita a alguien que la acompa&ntilde;e en ese momento&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rachel Dixon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/invitas-ronda-20-conversaciones-incomodas-dinero-amigos-manejarlas_1_13476357.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 19:30:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“¿Por qué nunca invitas a una ronda?”: 20 conversaciones incómodas sobre dinero con amigos y cómo manejarlas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Dinero,Amistad,Vacaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el trabajo de ‘influencer’ se vuelve estable: “Un mes puedo ganar 20.000 euros, pero no me olvido de donde vengo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/trabajo-influencer-vuelve-estable-mes-ganar-20-000-euros-no-olvido-vengo_1_13425074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25f18ea4-69f9-4fa5-8938-f82ff94187d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x746y532.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el trabajo de ‘influencer’ se vuelve estable: “Un mes puedo ganar 20.000 euros, pero no me olvido de donde vengo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez son más los creadores de contenido que pueden poner en su currículum que se dedican a ello de manera exclusiva. Donde antes triunfaban unos pocos, ahora son más los perfiles que consiguen hacer de esto algo sostenido; solo en 2025 las marcas invirtieron en ellos 125 millones de euros en España</p><p class="subtitle">En primera persona - Lo que pienso como gallega del “verano en el norte” del que presumen las influencers</p></div><p class="article-text">
        La facturaci&oacute;n de cifras astron&oacute;micas por parte de muchos<em> influencers</em> gracias a sus campa&ntilde;as publicitarias prueba c&oacute;mo este sector ya no tan novedoso contin&uacute;a en auge. Tan solo en 2025, seg&uacute;n <a href="https://www.infoadex.es/es/reports/resumen-estudio-de-inversiones-2025" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Infoadex</a>, las marcas invirtieron m&aacute;s de 125 millones de euros en este canal cada vez m&aacute;s profesionalizado. Esta gran riqueza que se mueve en torno a la publicidad en redes, donde se aglutinan perfiles de muy diversas tem&aacute;ticas y audiencias, ha logrado que ya no hagan falta millones de adeptos detr&aacute;s para hacer de esta una buena forma de ganarse la vida, aunque tampoco la puede lograr cualquiera.
    </p><p class="article-text">
        Mientras estudiaba Arte Dram&aacute;tico, el ahora creador de contenido y c&oacute;mico David H. (<a href="https://www.tiktok.com/@soydavidh" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">@soydavidh</a>), trabajaba como camarero de un establecimiento de comida r&aacute;pida y comercial. Despu&eacute;s se gradu&oacute; en Periodismo. Ahora tiene 36 a&ntilde;os, vive en la capital y se dedica exclusivamente a crear v&iacute;deos en los que parodia personajes. Comenz&oacute; en 2022 y ya cosecha 473.000 seguidores en Instagram y casi 960.000 en TikTok. &ldquo;Yo no empec&eacute; a ser conocido en redes por un v&iacute;deo que se hiciera viral. Mi camino ha sido de constancia, de probar registros, de ver a d&oacute;nde quer&iacute;a llevar mi humor&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, David afirma que es el mejor trabajo que ha tenido en toda su vida. &ldquo;Hay marcas que me pagan por un v&iacute;deo lo que yo no he cobrado jam&aacute;s en una n&oacute;mina de un mes&rdquo;, sostiene antes de recalcar que para que una empresa apueste por &eacute;l antes ha tenido que apreciar la calidad de su contenido, algo que &mdash;dice&mdash; ha requerido constancia por su parte. &ldquo;Quien me paga el alquiler y la cuota de aut&oacute;nomos es la marca que me elige para promocionar su producto&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Consciente de su suerte y la comunidad que le ha aupado, todav&iacute;a recuerda su primera colaboraci&oacute;n, cuando no ten&iacute;a cuenta en Instagram pero s&iacute; 60.000 seguidores en TikTok. Fue hace tres a&ntilde;os y cobr&oacute; 600 euros. &ldquo;En ese momento medio alucin&eacute;&rdquo;, admite a elDiario.es. Desde entonces su cach&eacute; ha aumentado bastante, incluso su popularidad le ha llevado a crear su propio <em>show, Humano Detectado.</em>
    </p><p class="article-text">
        Mayte Hidalgo (<a href="https://www.instagram.com/may_te/?hl=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">@may_te</a>) piensa algo parecido: &ldquo;Cuando escucho a algunos<em> influencers</em> quejarse de lo que les pagan es porque no han trabajado en otro sitio&rdquo;. Esta c&oacute;mica y creadora de contenido, antes de hacerse popular en Instagram, con 1,1 millones de seguidores, estuvo descargando camiones y doblando camisetas para una firma de ropa ocho horas al d&iacute;a en un turno que comenzaba a las ocho de la ma&ntilde;ana. &ldquo;Yo era de no llegar a fin de mes en mi casa. Para m&iacute; ya es un lujo ir al s&uacute;per y no tener que dejar de comprar algo porque no ten&iacute;a suficiente&rdquo;, reconoce.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay marcas que me pagan por un vídeo lo que yo no he cobrado jamás en una nómina de un mes</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">David H. (@soydavidh)</span>
                                        <span>—</span> creador de contenido y cómico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por eso, un t&oacute;tem en su pensamiento es mantener los pies en la tierra. &ldquo;Ten&iacute;a una n&oacute;mina con reducci&oacute;n de jornada para cuidar a mi hijo y no alcanzaba los 1.000 euros. Ahora un buen mes puedo ganar 20.000 euros, depende de la marca y lo que facture. Es una pasada, pero no me olvido de donde vengo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hidalgo dice que se asombra al ver que otros<em> influencers</em> piensan que cobrar estas cifras es lo normal: &ldquo;Hay mucha avaricia&rdquo;. No solo se trata de la facturaci&oacute;n. &ldquo;Yo siempre he sufrido mucho porque mi madre es una persona dependiente y me sent&iacute;a muy culpable cuando me iba a trabajar, o mi hijo se pon&iacute;a malo y no pod&iacute;a cuidarle. Ahora tengo el horario so&ntilde;ado&rdquo;, valora.
    </p><h2 class="article-text">Una inversi&oacute;n que no deja de crecer</h2><p class="article-text">
        La publicidad a trav&eacute;s de<em> influencers</em> es uno de los campos que m&aacute;s crece, apunta Fernando Monta&ntilde;&eacute;s, profesor de Publicidad y Marketing en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid: &ldquo;Aunque sigue siendo un porcentaje m&iacute;nimo&rdquo;. Se remite al estudio de Infoadex, seg&uacute;n el cual las firmas habr&iacute;an invertido en creadores de contenido m&aacute;s de 128 millones de euros en 2025, lo que supone el 2% de la cuota total pero tambi&eacute;n un incremento de la inversi&oacute;n respecto al a&ntilde;o anterior de un 23,5%.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la tercera edici&oacute;n del <a href="https://iabspain.es/estudio/iii-edicion-del-estudio-influencer-economy-los-datos-del-mercado-sin-filtros/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> <em>Influencer Economy: los datos del mercado sin filtros,</em> realizado por IAB Spain y presentado este febrero, recoge que el volumen de contenido patrocinado ha crecido un 73% en TikTok y un 45 % en Instagram. Seg&uacute;n esta fuente, la inversi&oacute;n en <em>influencers </em>habr&iacute;a superado en 2025 los 158 millones de euros. Asimismo, desde IAB se&ntilde;alan que m&aacute;s del 50% de los usuarios afirma que los creadores influyen directamente en sus decisiones de compra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tenía una nómina con reducción de jornada para cuidar a mi hijo y no alcanzaba los 1.000 euros. Ahora un buen mes puedo ganar 20.000 euros, depende de la marca y lo que facture. Es una pasada, pero no me olvido de donde vengo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mayte Hidalgo (@may_te)</span>
                                        <span>—</span> creadora de contenido
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Comprarte una casa gracias al trabajo de<em> influencer</em></h2><p class="article-text">
        Como j&oacute;venes de su generaci&oacute;n, muchos de ellos tambi&eacute;n han padecido las consecuencias de la crisis de vivienda, en primera persona y en su entorno. Por eso cuando el trabajo en redes les permite acceder a una casa en propiedad, esto se convierte inevitablemente en parte de su relato en estas mismas plataformas.
    </p><p class="article-text">
        Clara Merino, m&aacute;s conocida como Clers (@clersssss), tiene 2,9 millones de seguidores en TikTok y es una de las caras m&aacute;s simp&aacute;ticas de la red social. &ldquo;Bueno, gente, os tengo que contar una cosa que me hace un mont&oacute;n de ilusi&oacute;n contaros y os lo quiero decir ya, pero entiendo que es un tema delicado, entonces no sab&iacute;a muy bien c&oacute;mo decirlo&rdquo;, comenz&oacute; a explicar en un v&iacute;deo en el que compart&iacute;a que se hab&iacute;a podido comprar un piso a sus 24 a&ntilde;os. &ldquo;No, orgullo no es la palabra porque no creo para nada que yo sea la persona m&aacute;s trabajadora del mundo, o sea, tengo una flor en el culo y me ha salido la cosa muy bien, &iquest;qu&eacute; os voy a decir?&rdquo;, continu&oacute;.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7647905266654121218"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Antes de agradecer a su comunidad el estar ah&iacute;, Clers se refiri&oacute; a la crisis habitacional: &ldquo;S&eacute; que es una mierda, que la gente no pueda ni pagarse un alquiler y yo me pueda comprar una casa, pero me hac&iacute;a ilusi&oacute;n compartirlo con vosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El archiconocido Carlos Peguer, copresentador del podcast <em>La pija y la quinqui,</em> hizo algo parecido. En Instagram, ante sus 220.000 seguidores, escribi&oacute;: &ldquo;Casi que me parece surrealista estar escribiendo esto. Es l&oacute;gico y clar&iacute;simo que soy un privilegiado y que mi situaci&oacute;n no es la normal de una persona de mi edad. El problema de la vivienda es urgente y tenemos que seguir dando la lata. No soy afortunado, sino afortunad&iacute;simo&rdquo;. E hizo el anuncio: &ldquo;Me he comprado un minipiso de 60 metros cuadrados despu&eacute;s de unas trescientas ochenta y siete publis&rdquo;. &ldquo;Ahora no hay ning&uacute;n casero que me eche y no tengo ninguna intenci&oacute;n de que mi compa&ntilde;ero de piso se vaya a ninguna parte&rdquo;, escribi&oacute;.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DXCndkvjFj_"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Peguer tampoco se olvida de donde viene ni de aquellos que le rodean: &ldquo;Todo esto me ha ca&iacute;do del cielo, y tengo una suerte que no me la creo. He trabajado para llegar hasta aqu&iacute;, pero igual que trabajan todos mis amigos, familiares y conocidos que echan cientos de horas a la semana en oficinas y de cara al p&uacute;blico, y no me lo merezco ni una pizca m&aacute;s que cualquiera de ellos&rdquo;. Por delante, 30 a&ntilde;os de hipoteca.
    </p><p class="article-text">
        Fabio Mufa&ntilde;as (@fabiomnz), con 5,4 millones de seguidores en TikTok, subi&oacute; un v&iacute;deo en el que reflexionaba: &ldquo;Los <em>influencers</em> no somos j&oacute;venes como vosotros&rdquo;. &ldquo;Yo he visto con mis propios ojos gente rechazando campa&ntilde;as de publicidad en la que le pagaban 500 euros por una historia de 60 segundos porque es poco dinero&rdquo;, comenz&oacute; a decir para luego elevar la cifra hasta los 4.000 euros rechazados. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La mayor&iacute;a de nosotros venimos de familias completamente humildes, de clase trabajadora, que han visto a sus padres trabajar en un bar, que han visto a sus padres conducir camiones, que han visto a sus madres limpiar escaleras&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; en el v&iacute;deo en el que hac&iacute;a referencia a la <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/emancipacion-juvenil-espana-sube-16-primera-vez-pandemia_1_10840187.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elevada edad de emancipaci&oacute;n</a> y el salario medio de los j&oacute;venes menores de 25 a&ntilde;os.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7659823032931765526"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Y a&ntilde;ade una cr&iacute;tica a quienes &eacute;l tilda de &ldquo;neoburgueses&rdquo;: &ldquo;He visto a gente que cobra miles de euros en un d&iacute;a tratar con la punta del pie a un simple empleado que cobra la mitad de la mitad que gana esa persona ese d&iacute;a porque su habitaci&oacute;n de hotel no ten&iacute;a la ventana que le gustaba&rdquo;. Y, sobre su propia experiencia, dijo: &ldquo;Cuando me han dado 20.000 euros los he cogido, pero cuando me han dado 300 euros tambi&eacute;n los he cogido. Cuando me han alojado en el centro de Gran V&iacute;a he dicho s&iacute;, muchas gracias, y cuando me han alojado en un hotel cutre de carretera a 30 kil&oacute;metros de donde iba a grabar he dicho tambi&eacute;n s&iacute;, muchas gracias&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Un futuro de la publicidad profesionalizado</h2><p class="article-text">
        Por su parte, las agencias de publicidad son plenamente conscientes de c&oacute;mo este sector, ya consolidado, ir&aacute; a m&aacute;s en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Sergio Barreda, CEO de Keepers y presidente de APIDE (Asociaci&oacute;n Profesional de Influencia Digital de Espa&ntilde;a), explica que las empresas ya no buscan simplemente aparecer en el perfil de una persona conocida, sino generar contenidos que conecten de verdad con la audiencia, que est&eacute;n alineados con sus valores y que puedan medirse con objetivos concretos. Sobre la valoraci&oacute;n econ&oacute;mica de cada colaboraci&oacute;n, se gu&iacute;an por el coste por cada mil visualizaciones: &ldquo;Normalmente, puede situarse en una horquilla aproximada de entre 20 y 25 euros, aunque puede subir o bajar dependiendo del perfil, la plataforma, el formato y el rendimiento previsto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La directora de Operaciones de Belleville Talents Agency, Susana Oliveri, est&aacute; segura de que los <em>influencers </em>son &ldquo;el futuro de la publicidad&rdquo;. En cuanto a las cifras, se&ntilde;ala que son muchos los aspectos de los que depende la facturaci&oacute;n final. Por ejemplo, que la colaboraci&oacute;n se d&eacute; en fechas se&ntilde;aladas como el Black Friday o Navidad, o al inicio del curso en septiembre para el contenido de maternidad y familias. A ello se a&ntilde;ade si se trata de una colaboraci&oacute;n puntual o a largo plazo, si es exclusiva y las condiciones de la cesi&oacute;n de los derechos de imagen. &ldquo;Alguien con tres millones de seguidores en Instagram puede cobrar en torno a 10.000 euros por un<em> reel,</em> y de media un perfil con 600.000 seguidores puede cobrar unos 6.000 euros&rdquo;, cifra.
    </p><p class="article-text">
        &Oacute;scar Valero, director de Estrategia en YouPlanet Media, subraya que, &ldquo;en un contexto de fragmentaci&oacute;n, atenci&oacute;n dispersa y crisis de credibilidad en las empresas, cocrear con creadores de contenido es vital para llegar a las audiencias&rdquo;. Desde su perspectiva, la relaci&oacute;n entre creadores, marcas y audiencias va a seguir hibrid&aacute;ndose e interconect&aacute;ndose. Este especialista detalla que grandes grupos como Unilever prev&eacute;n multiplicar por 20 su inversi&oacute;n en creadores de contenido y mover hasta un 50% de su presupuesto a redes sociales. &ldquo;En este ecosistema cada vez m&aacute;s profesionalizado solo sobrevivir&aacute;n los creadores que entiendan el contexto actual y sepan avanzar de la mano de las marcas para aportar un valor real&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/trabajo-influencer-vuelve-estable-mes-ganar-20-000-euros-no-olvido-vengo_1_13425074.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Aug 2026 20:29:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando el trabajo de ‘influencer’ se vuelve estable: “Un mes puedo ganar 20.000 euros, pero no me olvido de donde vengo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Influencers,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No vas a heredar la empresa": por qué es urgente que asumamos que el trabajo no lo es todo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-vas-heredar-empresa-urgente-asumamos-trabajo-no_1_12936799.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee843984-588d-4c75-8468-d4f770005c93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;No vas a heredar la empresa&quot;: por qué es urgente que asumamos que el trabajo no lo es todo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Educados para creer que el esfuerzo garantizaba estabilidad y reconocimiento, hoy muchas personas se sienten estafadas. ¿Cómo ha ocurrido y de qué forma podemos cambiarlo?</p><p class="subtitle">Entrevista - Remedios Zafra: “Reapropiarnos del tiempo implica no solo reducir jornadas, sino una nueva filosofía del trabajo"</p></div><p class="article-text">
        Marta tiene 36 a&ntilde;os, duerme mal desde hace meses y vive con la sensaci&oacute;n constante de estar llegando tarde a todo en su empresa. No importa cu&aacute;nto se esfuerce: siempre siente que no es suficiente. &ldquo;Me ense&ntilde;aron a ser buena trabajadora antes que a ser buena conmigo. Y ahora no s&eacute; c&oacute;mo ponerme en primer lugar sin sentir que estoy fallando&rdquo;, explica. 
    </p><p class="article-text">
        Su historia no es excepcional. Es, de hecho, profundamente representativa de una generaci&oacute;n educada bajo una idea aparentemente incuestionable: que el trabajo deb&iacute;a ocupar el centro de la vida, y que el esfuerzo sostenido ser&iacute;a recompensado con estabilidad, reconocimiento y seguridad. El problema ha surgido cuando esa ecuaci&oacute;n ha dejado de funcionar y, aun as&iacute;, seguimos aplic&aacute;ndola como si el fallo solo pudiera estar en nosotros.
    </p><h2 class="article-text">Aprender a trabajar antes que a cuidarse</h2><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga &Aacute;ngela Esteban, conocida en redes como @gamanpsicologia y autora del libro <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-autoayuda/398396-libro-no-vas-a-heredar-la-empresa-9788402430588" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>No vas a heredar la empresa: C&oacute;mo acabar con el estr&eacute;s en el trabajo antes de que acabe contigo</em></a><em> </em>(Bruguera, 2025), esta interiorizaci&oacute;n comienza mucho antes de lo que solemos pensar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde nuestros primeros a&ntilde;os de vida ya empezamos a estar rodeados de est&iacute;mulos relacionados con el trabajo: los juguetes de profesiones, los juegos de rol, las preguntas de los adultos sobre lo que queremos ser cuando seamos mayores&rdquo;, explica. Sin darnos cuenta, vamos construyendo la idea de que nuestro futuro (y nuestro valor) estar&aacute; ligado a lo que hagamos laboralmente.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la autora, el mensaje se refuerza con los a&ntilde;os mediante frases bienintencionadas pero contundentes: &ldquo;Hay que esforzarse para llegar lejos&rdquo;, &ldquo;el trabajo es lo primero&rdquo;, &ldquo;si trabajas mucho, te ir&aacute; bien&rdquo;. Esteban apunta que, aunque estas expresiones nacen del afecto, dejan una huella que puede ser perjudicial: &ldquo;Se nos queda grabado que nuestro valor depende de cu&aacute;nto producimos y que el trabajo debe ser el centro de nuestra vida&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        En consulta, la experta se encuentra &ldquo;con personas agotadas que sienten que descansar es una p&eacute;rdida de tiempo. Su exigencia interna no les deja espacio para dejar de rendir, no pueden &lsquo;quedarse atr&aacute;s&rdquo;, se&ntilde;ala. Un desgaste silencioso que se normaliza &mdash;en Espa&ntilde;a, una <a href="https://www.randstad.es/nosotros/sala-prensa/6-de-10-trabajadores-experimentan-forma-regular-problemas-estres-trabajo/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta</a> reciente de Randstad indica que seis de cada 10 trabajadores experimentan de forma regular problemas de estr&eacute;s en el trabajo&mdash; y que, poco a poco, va borrando cualquier espacio vital que no sea productivo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se nos queda grabado que nuestro valor depende de cuánto producimos y que el trabajo debe ser el centro de nuestra vida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ángela Esteban</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Cuando la promesa no se cumple</h2><p class="article-text">
        El golpe llega cuando, tras a&ntilde;os de esfuerzo, las recompensas prometidas no aparecen o lo hacen de forma t&iacute;mida. &ldquo;Ese es uno de los grandes &lsquo;golpes invisibles&rsquo;. Es como correr en una cinta: te esfuerzas, sudas, te dejas la piel&hellip; Pero no avanzas&rdquo;, describe Esteban. Y ante esa frustraci&oacute;n, muchos miran hacia dentro en lugar de cuestionar el sistema. &ldquo;En vez de revisar el contexto, revisamos nuestra val&iacute;a. &lsquo;&iquest;No soy suficiente?&rsquo;, &lsquo;&iquest;Tengo que esforzarme todav&iacute;a m&aacute;s?&rdquo;, a&ntilde;ade. Con lo que se crea el caldo de cultivo para la frustraci&oacute;n y la infelicidad. 
    </p><p class="article-text">
        Luis, de 43 a&ntilde;os, acudi&oacute; a consulta con la psic&oacute;loga Esteban con una sensaci&oacute;n que se repite cada vez m&aacute;s: la de haber sido enga&ntilde;ado. &ldquo;No solo se sent&iacute;a cansado, se sent&iacute;a estafado&rdquo;, relata la psic&oacute;loga. Hab&iacute;a cumplido con todo lo que se supon&iacute;a que deb&iacute;a hacer, pero su vida no se parec&iacute;a en nada a la que le hab&iacute;an prometido. Sent&iacute;a que sus esfuerzos no se correspond&iacute;an con su realidad y eso le generaba mucha culpa, frustraci&oacute;n e, incluso, verg&uuml;enza. No sab&iacute;a c&oacute;mo explicarse por qu&eacute; trabajaba tanto.
    </p><p class="article-text">
        Pero aunque es natural y justo esperar una recompensa externa por lo que hacemos, no podemos basar toda nuestra sensaci&oacute;n de val&iacute;a personal en lo que el trabajo nos devuelva. &ldquo;Si tu esfuerzo no se ha visto correspondido, no significa que t&uacute; valgas menos ni que hayas fallado&rdquo;, insiste Esteban. A veces, subraya, lo que falla es el sistema, las condiciones, el contexto. Pero desaprender esa idea cuesta, sobre todo cuando durante a&ntilde;os se nos ha aleccionado en sentido contrario.
    </p><h2 class="article-text">El trabajo como deber moral</h2><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga <a href="https://recerca.uoc.edu/investigadores/881880/detalle" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elsa Santamar&iacute;a</a>, especializada en los aspectos psicosociales relacionados con el mundo del trabajo y profesora en la UOC, sit&uacute;a esta l&oacute;gica en un marco hist&oacute;rico y cultural m&aacute;s amplio. &ldquo;El modelo cultural que ha posicionado el trabajo como una prioridad es una construcci&oacute;n social con ra&iacute;ces profundas&rdquo;, explica, y remite al libro <em>La &eacute;tica protestante y el esp&iacute;ritu del capitalismo</em>, de Max Weber, donde el autor alem&aacute;n describe el mundo industrial moderno de finales del siglo XIX y principios del XX.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa &eacute;tica, derivada especialmente del calvinismo, fue clave para consolidar el trabajo como un deber moral y religioso, como centro de la organizaci&oacute;n social y de la formaci&oacute;n de nuestras subjetividades.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el contexto ha cambiado respecto al mundo que describe Weber, seg&uacute;n Santamar&iacute;a, hay elementos que no solo se han mantenido, sino que se han reforzado. &ldquo;Un ejemplo de ello es la racionalidad que vincula valor social con rendimiento, utilidad y esfuerzo personal&rdquo;, se&ntilde;ala. &ldquo;Esta legitima tanto el disciplinamiento individual como la regulaci&oacute;n social bajo ideales de eficiencia, responsabilidad y meritocracia&rdquo;. De ah&iacute;, por ejemplo, el ensalzamiento constante de la figura del emprendedor.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El esfuerzo sostenido ya no garantiza la estabilidad laboral, el ascenso social ni la seguridad económica</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elsa Santamaría</span>
                                        <span>—</span> socióloga (UOC)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El problema es que la ecuaci&oacute;n de la meritocracia ya no funciona como antes. &ldquo;El esfuerzo sostenido ya no garantiza la estabilidad laboral, el ascenso social ni la seguridad econ&oacute;mica&rdquo;, afirma la profesora. Y, sin embargo, seguimos midi&eacute;ndonos con el mismo rasero.
    </p><h2 class="article-text">Autoexigencia: la voz que no se apaga</h2><p class="article-text">
        Esa contradicci&oacute;n alimenta una autoexigencia que puede volverse corrosiva. &ldquo;Nos lo han ense&ntilde;ado como algo heroico: aguantar, sacrificarse, no detenerse&rdquo;, explica Esteban. Adem&aacute;s, cuestionar esa narrativa no es f&aacute;cil porque implica poner en duda una parte central de nuestra identidad. &ldquo;Llega un punto en el que esos comentarios externos que escuchamos se convierten en nuestra propia voz interna. Y ahora ya no hace falta que nadie nos exija, lo hacemos nosotros mismos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga recuerda el caso de Clara, de 29 a&ntilde;os, que lo expresaba as&iacute; en consulta: &ldquo;S&eacute; que estoy agotada, pero no puedo decepcionar. Ya no s&eacute; ni a qui&eacute;n, pero siento que tengo que seguir&rdquo;. Ten&iacute;a migra&ntilde;as, bloqueos, ansiedad constante pero, aun as&iacute;, se obligaba a ir m&aacute;s r&aacute;pido, a ser m&aacute;s eficiente y a no fallar en nada. &ldquo;No era un problema de organizaci&oacute;n, sino de un nivel de exigencia imposible de sostener&rdquo;, apunta Esteban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la sociolog&iacute;a, Santamar&iacute;a observa un fen&oacute;meno paralelo: &ldquo;Ya no es solo la empresa quien nos cronometra, sino que somos nosotros quienes nos autocronometramos y autooptimizamos constantemente&rdquo;. <a href="https://www.eldiario.es/era/imposible-llegar-atrofiado-capacidad-disfrutar-grandes-planes_1_12508495.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La l&oacute;gica de la productividad se ha extendido al ocio</a>, <a href="https://www.eldiario.es/era/exigencia-hiperproductiva-disfrutar-tiempo-libre-culpa_1_10423017.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al descanso</a> y a la <a href="https://www.eldiario.es/era/cultura-quedar-ponerse-dia-amigos-no-compartimos-vida-resumimos_1_12791667.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vida personal</a>. El individuo se convierte en un &ldquo;sujeto empresario de s&iacute; mismo&rdquo;, responsable &uacute;nico de su &eacute;xito o fracaso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ya no es solo la empresa quien nos cronometra, sino que somos nosotros quienes nos autocronometramos y autooptimizamos constantemente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elsa Santamaría</span>
                                        <span>—</span> socióloga (UOC)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Cuando el cuerpo habla</h2><p class="article-text">
        El problema es que esto acaba pasando factura en nuestra salud. &ldquo;El cuerpo siempre habla antes que la mente&rdquo;, recuerda Esteban. Cansancio que no se recupera, niebla mental, irritabilidad, desconexi&oacute;n emocional, dolores persistentes, ansiedad. Se&ntilde;ales que solemos normalizar como &ldquo;estr&eacute;s adulto&rdquo;, pero que apuntan a algo m&aacute;s profundo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nadie llega <a href="https://www.eldiario.es/era/burnout-sindrome-trabajador-quemado_1_10437897.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al </a><a href="https://www.eldiario.es/era/burnout-sindrome-trabajador-quemado_1_10437897.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>burnout</em></a> de un d&iacute;a para otro&rdquo;, advierte. Pero muchos llevamos ignorando avisos durante demasiado tiempo, convencidos de que parar ser&iacute;a una forma de rendirse cuando, en realidad, &ldquo;cuestionar esas creencias no es un acto de debilidad, sino de autocuidado profundo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La culpa de parar</h2><p class="article-text">
        Por otro lado, poner l&iacute;mites, descansar o decir que no, suele venir acompa&ntilde;ado de culpa. &ldquo;Es una emoci&oacute;n muy com&uacute;n en personas que han funcionado mucho tiempo desde la autoexigencia&rdquo;, explica Esteban. Una culpa aprendida en una cultura que idolatra la productividad y asocia el cuidado personal con la pereza.
    </p><p class="article-text">
        Javier, de 52 a&ntilde;os, no pod&iacute;a apagar el m&oacute;vil del trabajo ni un domingo. &ldquo;Siento que si digo que no, alguien va a pensar que soy un vago&rdquo;, le dec&iacute;a a &Aacute;ngela en terapia. La culpa lo manten&iacute;a siempre disponible, aunque su cuerpo estuviera exhausto. &ldquo;&iquest;Y si me necesitan? &iquest;Y si se dan cuenta de que no soy tan bueno o necesario como piensan?&rdquo;, pensaba.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Debemos entender que descansar no es fallar, poner l&iacute;mites no es traicionar a nadie&rdquo;, insiste la psic&oacute;loga. Pero interiorizarlo requiere desmontar normas profundamente arraigadas.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Hay salida?</h2><p class="article-text">
        Salir de esta l&oacute;gica no es sencillo ni inmediato.<strong> &ldquo;</strong>Esta rueda est&aacute; dise&ntilde;ada para que cueste bajarse de ella. As&iacute; que no es una cuesti&oacute;n de falta de voluntad o de valent&iacute;a, sino de estructura y consciencia&rdquo;, se&ntilde;ala Esteban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El primer paso es parar y nombrar lo que ocurre y as&iacute; recuperar la capacidad de escucharse. Pensar: &ldquo;&iquest;qu&eacute; me est&aacute; pasando?&rdquo;, &ldquo;&iquest;c&oacute;mo estoy realmente?&rdquo;, &ldquo;&iquest;qu&eacute; estoy necesitando y no estoy pudiendo darme?&rdquo;. Es como apagar el motor un segundo para dejar de escuchar ese ruido al que, muy probablemente, te hayas acostumbrado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Luego toca explorar las posibilidades reales&rdquo;, apunta la psic&oacute;loga. &ldquo;Siempre hay un margen: renegociar tareas o plazos, pedir apoyo, ajustar expectativas, poner l&iacute;mites, dejar de asumir tareas que no te corresponden, reducir el nivel de exigencia, recuperar un h&aacute;bito que te hace bien, respetar tu horario personal fuera de lo laboral, etc.&rdquo;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Esta rueda está diseñada para que cueste bajarse de ella. Así que no es una cuestión de falta de voluntad o de valentía, sino de estructura y consciencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ángela Esteban</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En definitiva, seg&uacute;n la psic&oacute;loga y autora, hay un trabajo interno importante: reconectar con las necesidades y los valores personales.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva colectiva, Santamar&iacute;a apunta a ensayos como la semana laboral de cuatro d&iacute;as o el trabajo h&iacute;brido, aunque advierte: &ldquo;Son cambios operativos, no alternativas&rdquo;. Para un reequilibrio real se necesita &ldquo;un cambio cultural en la concepci&oacute;n del trabajo que priorice su valor social sobre su valor econ&oacute;mico, pero para ello se requiere de transformaciones profundas en m&uacute;ltiples &aacute;mbitos de la sociedad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez el primer gesto sea aceptar algo inc&oacute;modo pero liberador: que, como dice el t&iacute;tulo del libro de Esteban, &ldquo;no vamos a heredar la empresa&rdquo;, y que quiz&aacute; nunca debimos organizar nuestra vida como si ese fuera a ser el premio final.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-vas-heredar-empresa-urgente-asumamos-trabajo-no_1_12936799.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jan 2026 20:56:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["No vas a heredar la empresa": por qué es urgente que asumamos que el trabajo no lo es todo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Sociedad,Bienestar,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La "horrible experiencia" de hacerse adulto o cómo los jóvenes lidian con la incertidumbre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/horrible-experiencia-hacerse-adulto-jovenes-lidian-incertidumbre_1_13482901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a371522-75b9-45b1-9819-839366eb7ca9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La &quot;horrible experiencia&quot; de hacerse adulto o cómo los jóvenes lidian con la incertidumbre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Juventud y precariedad siempre han ido de la mano, pero el problema, según los expertos, empeora cuando se dilata la etapa vital </p><p class="subtitle">Cuando tienes la sensación de “ir tarde en la vida”: no tener piso o hijos a los 35 no es culpa tuya
</p></div><p class="article-text">
        Si el esfuerzo bastara, Miriam y Bel&eacute;n vivir&iacute;an de la interpretaci&oacute;n, Sim&oacute;n ser&iacute;a periodista y Lali, ilustradora. Pero Miriam da clases de teatro en una escuela concertada, Bel&eacute;n trabaja puntualmente en las barras de un espacio para eventos y conciertos, Sim&oacute;n lleva un a&ntilde;o firmando contratos de un mes y Lali trabaja de barista para llegar a fin de mes. 
    </p><p class="article-text">
        Conscientes de que sus carreras no son las que m&aacute;s salidas laborales ofrecen, Miriam, Bel&eacute;n, Simon y Lali son un ejemplo extremo de algo que atraviesa a toda su generaci&oacute;n, tengan trabajos &ldquo;rentables&rdquo; o no. En pleno periodo vacacional, cuando las redes se llenan de im&aacute;genes de escapadas y momentos de desconexi&oacute;n, la mayor&iacute;a de ellos saben poco o nada de desconectar: la inestabilidad no entiende de temporada baja.
    </p><p class="article-text">
        La precariedad juvenil no es nueva. Lo que ha cambiado es su naturaleza. Ya no es una fase de tr&aacute;nsito hacia la adultez: es la condici&oacute;n estructural por defecto. La generaci&oacute;n que hoy tiene entre 25 y 34 a&ntilde;os ha atravesado una crisis tras otra sin margen de recuperaci&oacute;n entre medias: <a href="https://www.eldiario.es/economia/economia-espanola-15-anos-despues-caida-lehman-brothers_1_10517121.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desde la Gran Recesi&oacute;n de 2008</a> pasando por los recortes posteriores por pol&iacute;ticas de austeridad, una pandemia a una crisis inflacionaria que dispar&oacute; la cesta de la compra sin que los salarios la siguieran para, finalmente, llegar a la actual <a href="https://www.eldiario.es/economia/espana-8-millones-viviendas-no-principales-30-total_1_13371525.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">crisis de vivienda</a>.
    </p><p class="article-text">
        El informe <a href="https://www.oxfamintermon.org/es/publicacion/crisis-vivienda-juventud-salud-mental" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Habitar la incertidumbre: vivienda, juventud y malestar estructural</em></a><em> </em>(Oxfam Interm&oacute;n, CJE y Fad Juventud, 2026) pone n&uacute;meros a esa fractura. La emancipaci&oacute;n se ha vuelto un privilegio minoritario: apenas uno de cada siete menores de 30 a&ntilde;os ha logrado salir del hogar familiar, y quienes lo consiguen lo hacen como inquilinos. Un giro completo respecto a 2007, cuando la mayor&iacute;a de los emancipados ten&iacute;a casa propia.
    </p><p class="article-text">
        Miriam Bart&eacute;s estudi&oacute; arte dram&aacute;tico e interpretaci&oacute;n, luego un posgrado en teatro y acci&oacute;n social. No fue hasta que termin&oacute; un m&aacute;ster en gesti&oacute;n cultural cuando se le abri&oacute; la puerta a su trabajo actual: maestra de teatro y proyectos comunitarios en una escuela concertada, con ni&ntilde;os de 0 a 16 a&ntilde;os. No es lo que so&ntilde;aba, pero al menos se mueve cerca. &ldquo;Sent&iacute; frustraci&oacute;n cuando me di cuenta de que la carrera que hab&iacute;a estudiado no serv&iacute;a absolutamente para nada. Tener un curr&iacute;culum de arte dram&aacute;tico es lo mismo que tener un papel firmado con plastidecor&rdquo;, afirma. Antes de esta relativa estabilidad fue camarera, animadora de fiestas, monitora de comedor, profesora de extraescolares, pastelera, cajera, canguro, actriz y panadera. 
    </p><p class="article-text">
        Javier Mu&ntilde;oz, responsable del &aacute;rea socioecon&oacute;mica del Consejo de la Juventud de Espa&ntilde;a (CJE), lo tiene claro: la diferencia entre los j&oacute;venes de 2008 y los de ahora es material. &ldquo;Para las personas j&oacute;venes que ahora acceden a un trabajo, &eacute;ste <a href="https://www.eldiario.es/economia/gasto-vivienda-lleva-tres-jovenes-riesgo-pobreza_1_13276605.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no es suficiente para acceder a una vivienda</a>. Despu&eacute;s de 2008, el problema era conseguir un trabajo, pero una vez se acced&iacute;a a &eacute;l, los j&oacute;venes pod&iacute;an acceder a una vivienda&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los jóvenes no tienen por qué aguantarse con la precariedad, tienen el mismo derecho a acceder a una vivienda y a un trabajo digno. Y si posponemos la precariedad a una persona joven, parece que el problema se va a solucionar con el tiempo, y no es así</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Javier Muñoz</span>
                                        <span>—</span> CJE
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Natalia Castro Pic&oacute;n, investigadora cultural y autora de <em>La fiesta del fin del mundo</em> (Anagrama, 2025), llega al mismo sitio por otro camino: &ldquo;La crisis econ&oacute;mica ya no aparece como falta de trabajo, sino como pobreza estructural de la clase trabajadora que, de hecho, trabaja: la imposibilidad de acceder a una vivienda. Los problemas son parecidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, insiste Mu&ntilde;oz, hace falta poner un l&iacute;mite a la juventud, que el CJE sit&uacute;a en los 30 a&ntilde;os. &ldquo;Los j&oacute;venes no tienen por qu&eacute; aguantarse con la precariedad, tienen el mismo derecho a acceder a una vivienda y a un trabajo digno. Y si posponemos la precariedad a una persona joven, parece que el problema se va a solucionar con el tiempo, y no es as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sim&oacute;n (26 a&ntilde;os) es un periodista argentino instalado en Madrid. Actualmente, trabaja en el &aacute;rea de base de datos de una empresa de salud. &ldquo;Hace un a&ntilde;o que la misma empresa me hace contratos de mes, mes y medio o dos meses como m&aacute;ximo&rdquo;, explica. El &uacute;ltimo contrato es de cinco semanas y lo firm&oacute; casi diez d&iacute;as despu&eacute;s de empezar a trabajar. El a&ntilde;o pasado cubri&oacute; una baja que le renovaban mes a mes. Entre medias, se present&oacute; al proceso de selecci&oacute;n para el puesto fijo, &ldquo;pero se lo dieron a un externo&rdquo;, lamenta, y &ldquo;ah&iacute; me sent&iacute; totalmente destratado&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No sé definir en palabras lo que me generaba la incertidumbre. No podía planificar nada</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Simón</span>
                                        <span>—</span> Periodista
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La empresa, una multinacional que subcontrata parte del proceso a trav&eacute;s de una ETT, no promete nada: las renovaciones dependen de qu&eacute; laboratorios contraten sus servicios. &ldquo;Siempre dicen que a los que tenemos experiencia nos llaman primero, pero nunca se sabe&rdquo;. A compa&ntilde;eros les ha pasado de entregar ya sus cosas, y camino al metro que les llamen para renovar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No s&eacute; definir en palabras lo que me generaba la incertidumbre. No pod&iacute;a planificar nada&rdquo;, confiesa. Este verano, mientras las redes se llenan de fotos de gente de vacaciones, a Sim&oacute;n el descanso le alcanza para unas semanas en Alicante con su hermana, o poco m&aacute;s que escapadas de un d&iacute;a.
    </p><h2 class="article-text">Planes que se cancelan solos</h2><p class="article-text">
        La investigadora Pic&oacute;n cree que la generaci&oacute;n Z &ldquo;es bastante consciente de que parte de su identidad est&aacute; marcada por esa idea de fin del mundo, extenuaci&oacute;n de recursos, del medio ambiente o de la bonanza econ&oacute;mica&rdquo;. Hija de los j&oacute;venes de la Gran Recesi&oacute;n, recuerda que entonces &ldquo;ser una generaci&oacute;n abocada al paro nos daba tiempo para estar en la calle. Ahora la gente joven tiene que trabajar y estudiar y no puede permit&iacute;rselo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La incertidumbre, dice Pic&oacute;n, siempre ha formado parte de los contextos de crisis porque &ldquo;las crisis son c&iacute;clicas&rdquo;. Lo distinto ahora es que ya no llegan una detr&aacute;s de otra, sino todas a la vez: &ldquo;Eso genera la sensaci&oacute;n de que todo va a cambiar en cualquier momento. Pero eso no es incertidumbre, sino anticipaci&oacute;n. Hemos aprendido a anticiparnos desde el pesimismo. Las cosas que est&aacute;n pasando no invitan al optimismo, en ning&uacute;n caso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Antes de hablar con este peri&oacute;dico, Bel&eacute;n (27 a&ntilde;os) estaba desayunando con su hermano. &ldquo;A ver cu&aacute;ndo nos vamos los cuatro a Portaventura. Pero por ahora no puedo, es que no puedo&rdquo;, lamenta. Como Miriam, Bel&eacute;n tambi&eacute;n sue&ntilde;a con ser actriz y, tras m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os como dependienta en marcas de lujo, vive su mejor momento profesional: escribi&oacute; y dirigi&oacute; su propio cortometraje, una productora sigue apostando por ella, se est&aacute; formando en guion para un segundo proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Es, en teor&iacute;a, la recompensa a a&ntilde;os de espera. La estabilidad econ&oacute;mica no ha llegado con ella. &ldquo;Cuando estaba en la tienda de lujo ten&iacute;a mucho dinero, pero nada de tiempo, y ahora que tengo tiempo no tengo dinero. Es una mierda, ya empezando por ah&iacute;&rdquo;. Sus ingresos dependen de proyectos puntuales; en los meses sin trabajo, son cero. Lo compensa en las barras del Movistar Arena. Si su econom&iacute;a aprieta, sabe que sus padres la ayudan con el alquiler: &ldquo;Sin esa opci&oacute;n estar&iacute;a mucho m&aacute;s agobiada. Mi &uacute;nica preocupaci&oacute;n es el dinero&rdquo;, como es el caso de Miriam. 
    </p><p class="article-text">
        Emancipada desde los 20, hace un a&ntilde;o Miriam se sinti&oacute; en una crisis completa. &ldquo;De un modo inconsciente creo que alargu&eacute; la ruptura con mi exnovio porque no sab&iacute;a ad&oacute;nde ir&rdquo;. Viv&iacute;an juntos en Barcelona, ciudad donde ella &ldquo;lo tiene todo&rdquo;. Pero al dejarlo, se tuvo que ir y, &ldquo;sinceramente, me niego a pagar un pastizal para vivir en un zulo&rdquo;. Es por eso que ahora vive en un pueblo a unos 25 kil&oacute;metros de la ciudad. &ldquo;Un pueblo que no me gusta nada y que no conozco de nada, pero que por lo menos estoy bien y puedo llegar bien al trabajo&rdquo;, un factor que agradece y padece. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Son horas invisibilizadas porque no se cobran, pero no paro. Si llego a los 30 y algo y veo que estoy igual, tendré que cambiar y estudiar algo. Pero quiero pensar que esta opción no va a llegar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miriam</span>
                                        <span>—</span> Actriz
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por su estabilidad al final alcanzada, Miriam se puede permitir irse de vacaciones, pero no es el caso de Sim&oacute;n o Bel&eacute;n &ndash;quien, si se escapa, pero a costa de sus padres&mdash;. Los planes del verano de esta actriz se han ido cancelando uno a uno: un viaje con su pareja, salir a cenar. El rato libre lo llena de proyectos, formaci&oacute;n, correos a representantes. &ldquo;Son horas invisibilizadas porque no se cobran, pero no paro. Si llego a los 30 y algo y veo que estoy igual, tendr&eacute; que cambiar y estudiar algo. Pero quiero pensar que esta opci&oacute;n no va a llegar&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;D&oacute;nde queda la esperanza?</h2><p class="article-text">
        Lali (27 a&ntilde;os) se hizo ilustradora por descarte, no por vocaci&oacute;n. Aut&oacute;noma desde hace a&ntilde;o y medio, compagina su carrera con ser barista para llegar a fin de mes: &ldquo;Intento que esto no supere el 49% de mi trabajo&rdquo;. Sabe que cuando le suban la cuota de aut&oacute;nomos &ldquo;voy a tener que dedicarme a otra cosa&rdquo;. Buscar clientes, ir a ferias, hacer contactos, pulir el porfolio: todo eso la frustra. &ldquo;Siento que estoy presa, que ya no s&eacute; por d&oacute;nde seguir&rdquo;, asegura, y al mismo tiempo persiste porque ha encontrado lo que realmente le gusta, pero no, no es feliz. 
    </p><p class="article-text">
        El coste de la incertidumbre de los j&oacute;venes no es solo econ&oacute;mico. Seg&uacute;n el informe de Oxfam, el malestar psicol&oacute;gico se dispara entre los j&oacute;venes golpeados por la crisis de vivienda y se duplica entre quienes destinan m&aacute;s de la mitad de sus ingresos a pagar un techo. La &ldquo;generaci&oacute;n inquilina&rdquo; no solo paga m&aacute;s por vivir peor: ha interiorizado la inestabilidad como horizonte permanente. El <a href="https://www.axa.es/documents/776357/53280319/VI+Informe+Mundial+de+Salud+Mental+Grupo+AXA_+Foco+en+Espa%C3%B1a.pdf/0d832b11-eb5d-35b7-77ae-1014386272aa?t=1782817195337" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">VI Informe Mundial de Salud Mental</a> de AXA, publicado en junio, confirma que entre los j&oacute;venes de 25 a 34 a&ntilde;os los principales motivos de ansiedad son la incertidumbre sobre el futuro (52%), la inestabilidad financiera (51%) y el malestar social y pol&iacute;tico (45%).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Yo no tengo ahorros. Cuando no me queda dinero, porque hay clientes que tardan en pagar, me voy unas semanas a casa de mi madre</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Lali</span>
                                        <span>—</span> Ilustradora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Mi manera de sobrellevar la incertidumbre es hacer ver que no est&aacute;, aunque es todo falso&rdquo;, se r&iacute;e Lali. Cuando ve que le queda poco en la cuenta, se autoimpone un l&iacute;mite de gasto semanal. &ldquo;Yo no tengo ahorros. Cuando no me queda dinero, porque hay clientes que tardan en pagar, me voy unas semanas a casa de mi madre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Remedios Zafra, que ha estudiado a fondo la precariedad de las profesiones creativas, respond&iacute;a en <em>Fr&aacute;giles</em> (2021) a la pregunta que le lanz&oacute; una periodista aut&oacute;noma tras leer <em>El entusiasmo</em> (2017): &ldquo;&iquest;Ad&oacute;nde queda la esperanza?&rdquo;. Zafra habla del malestar de los trabajadores creativos frente a la exigencia de autoexplotaci&oacute;n constante, y propone algo concreto: reconocer los l&iacute;mites compartidos es la &uacute;nica v&iacute;a para construir un refugio com&uacute;n y sostener la esperanza frente a la precariedad.
    </p><p class="article-text">
        Pic&oacute;n lo resume en un lema que repite a menudo, heredado del 15M: &ldquo;Defender la alegr&iacute;a y organizar la rabia&rdquo;. Aquella generaci&oacute;n, recuerda, ten&iacute;a mucho que perder &mdash;era mayoritariamente de clase media&mdash; y aun as&iacute; sali&oacute; a la calle como si no tuviera nada que perder. Algo parecido se reconoce en la respuesta social a la dana: una ola de solidaridad que no surgi&oacute; de la nada, sino de organizaciones sociales con a&ntilde;os de conocimiento acumulado, capaces de activarse en cuesti&oacute;n de horas.
    </p><p class="article-text">
        Preguntada por qu&eacute; le dir&iacute;a a un joven que hoy vive con esa misma incertidumbre, Pic&oacute;n no duda: &ldquo;Que no tenga miedo, que los derechos se conquistan, que tiene derecho a ser feliz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por el momento, el sistema de Miriam Bart&eacute;s (y el de muchos otros j&oacute;venes) es re&iacute;rse para no llorar. Guarda varios <em>stickers</em> para los d&iacute;as en que no puede m&aacute;s. Uno dice: &ldquo;Si sale mal, luego an&eacute;cdotas&rdquo;. Otro: &ldquo;5% de posibilidades, 300% de esperanza&rdquo;. Y otro para aceptar que, hasta que no cambie, la situaci&oacute;n es la que es cuando el contexto socioecon&oacute;mico no te acompa&ntilde;a: &ldquo;Ser adulto: horrible experiencia, no lo recomiendo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maria d'Oultremont]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/horrible-experiencia-hacerse-adulto-jovenes-lidian-incertidumbre_1_13482901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Sep 2026 19:46:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La "horrible experiencia" de hacerse adulto o cómo los jóvenes lidian con la incertidumbre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Precariedad,Vivienda,Salud mental,Bienestar,Jóvenes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo repartimos la cuenta? Cuando la desigualdad económica entre amigos te arruina el mes y la amistad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/repartimos-cuenta-desigualdad-economica-amigos-arruina-mes-amistad_1_12534419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c68652e8-bfa6-4497-ae49-de3a81c526a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125042.jpg" width="1212" height="682" alt="¿Cómo repartimos la cuenta? Cuando la desigualdad económica entre amigos te arruina el mes y la amistad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las desigualdades económicas impactan en las relaciones de amistad, especialmente en ciudades donde la convivencia entre ingresos muy dispares es común</p><p class="subtitle">“Me siento mal por quedarme en casa”: cómo se ha atrofiado nuestra capacidad de disfrutar sin grandes planes</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Yo no tengo mucha hambre&rdquo;, murmura t&iacute;midamente la chica de la izquierda de la mesa. Los amigos han pedido croquetas, cecina, torta del casar. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; rico est&aacute; esto!&rdquo;, exclama uno de ellos. &ldquo;&iexcl;Pru&eacute;balo, Lauri, pru&eacute;balo!&rdquo;. Pero Laura, as&iacute; se llama la chica de la izquierda, ya ha dicho que no tiene hambre, que ella no va a cenar. No es del todo cierto. Lo que no quiere es gastarse 30 euros, como hace siempre que ve a estos amigos ingenieros &mdash;grandes amigos&mdash;, pero que no se dan cuenta de que ella no tiene su sueldo, ni de que es muy dif&iacute;cil disfrutar cuando en tu cabeza no deja de sonar la frase: &ldquo;Ya no puedes gastar m&aacute;s en lo que queda de semana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de situaciones cotidianas &mdash;como salir a cenar o compartir piso&mdash; se pone de relieve un conflicto silencioso pero habitual: c&oacute;mo el dinero (o la falta de &eacute;l) condiciona las din&aacute;micas del grupo, genera incomodidad en quienes tienen menos, y muchas veces no es visibilizado ni hablado abiertamente.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; demostrado: las grandes ciudades concentran desigualdad. En un mismo grupo de amigos pueden convivir quienes tienen sueldos precarios &mdash;becarios, <em>freelancers</em>, trabajadores del sector cultural o de la hosteler&iacute;a&mdash; con quienes, tras pasar por escuelas de negocios o grados en ingenier&iacute;a, han accedido r&aacute;pidamente a salarios altos en consultoras, tecnol&oacute;gicas o multinacionales. La diferencia de ingresos se traduce en diferencias de estilo de vida: en qu&eacute; barrio vives, si tienes o no tiempo para cocinar, si puedes permitirte cenar fuera varios d&iacute;as a la semana o <a href="https://www.eldiario.es/viajes/escapada-fin-de-semana-precios-mas-barato-belgica-que-sevilla_1_12419256.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cogerte un puente sin pensarlo</a>. Tambi&eacute;n en una fractura de trayectorias personales: mientras unos a&uacute;n comparten piso y se reparten las facturas con cuidado, otros empiezan a hablar de hipotecas, bonus o inversi&oacute;n en fondos indexados.
    </p><p class="article-text">
        Un <a href="https://www.nature.com/articles/s42949-023-00104-1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de 2023</a> publicado en la revista <em>Nature </em>demuestra que en las ciudades europeas de mayor tama&ntilde;o la brecha entre ricos y pobres no solo es m&aacute;s amplia, sino m&aacute;s persistente y visible que en los entornos rurales o semiurbanos. Los ingresos m&aacute;s altos conviven con sueldos precarios en los mismos espacios &mdash;el metro, una terraza, una red social&mdash;, lo que intensifica las comparaciones sociales y la sensaci&oacute;n de injusticia. Esa desigualdad tiene efectos emocionales. El estudio sugiere que la comparaci&oacute;n constante con quienes ganan mucho m&aacute;s acaba generando tal nivel de frustraci&oacute;n y malestar que, al final, el ingreso extra que aporta vivir en una ciudad frente a vivir en un pueblo no compensa emocionalmente.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy en día, demostrar que quieres a tus amigos muchas veces pasa por gastar dinero con ellos o para ellos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Parafraseando la c&eacute;lebre frase del fil&oacute;sofo Fredric Jameson, imaginar un ocio sin consumo resulta hoy m&aacute;s dif&iacute;cil que imaginar el fin del mundo. Una prueba de ello es el proyecto art&iacute;stico y cultural que se puso de nuevo en marcha este verano en el C&iacute;rculo de Bellas Artes: <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/abre-refugio-climatico-verano-circulo-bellas-artes-actividades-guarderia-plantas_1_11476271.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Refugio clim&aacute;tico</a>. La propuesta, tan sencilla como disruptiva, consiste en ofrecer un espacio en pleno centro de la ciudad donde cualquiera pueda refugiarse del calor y estar tranquilamente sin necesidad de consumir nada.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, demostrar que quieres a tus amigos muchas veces pasa por gastar dinero con ellos o para ellos. En una sociedad donde las emociones se han convertido en productos &mdash;como plantea la fil&oacute;sofa Eva Illouz en <em>Emotions as Commodities</em>&mdash;, la amistad tambi&eacute;n ha pasado a expresarse y sostenerse a trav&eacute;s de actos de consumo simb&oacute;lico: cenas, escapadas de fin de semana, regalos, cumplea&ntilde;os organizados como eventos, fotos compartidas. Estar presente, en muchas ocasiones, implica gastar.
    </p><p class="article-text">
        Como explica James McKellar en <a href="https://www.researchgate.net/publication/354099656_Social_Relations_and_Everyday_Consumption_Rituals_Barriers_or_Prerequisites_for_Sustainability_Transformation" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un art&iacute;culo</a> publicado en <em>Frontiers in Sociology</em>, estos &ldquo;rituales de consumo cotidianos&rdquo; son formas de afirmar los lazos sociales y de representar la pertenencia al grupo. Pero esa misma l&oacute;gica tambi&eacute;n puede excluir. Seg&uacute;n McKellar, estos rituales crean &ldquo;inclusi&oacute;n para algunos y exclusi&oacute;n para otros&rdquo;, dependiendo de la capacidad de cada uno para afrontar sus exigencias simb&oacute;licas y materiales. Quien no puede seguir el ritmo econ&oacute;mico del grupo corre el riesgo de quedarse fuera, no porque no sea querido, sino porque el afecto &mdash;como tantas otras cosas&mdash; se ha vuelto tambi&eacute;n una experiencia que se compra.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Cuantos más años pasan, más posibilidades hay de que el nivel adquisitivo se desequilibre</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estas desigualdades pueden aparecer especialmente en amistades forjadas hace tiempo. &ldquo;Cuantos m&aacute;s a&ntilde;os pasan, m&aacute;s posibilidades hay de que el nivel adquisitivo se desequilibre&rdquo;, opina Adriana, una lucense que lleva varios a&ntilde;os en Madrid. Hace unos meses tuvo que elegir entre mudarse a un piso m&aacute;s grande y en una zona menos ruidosa, o esperar a una de sus compa&ntilde;eras de piso &mdash;una amiga de toda la vida de Lugo, que trabaja en un laboratorio de investigaci&oacute;n&mdash; que no pod&iacute;a permitirse pagar m&aacute;s de lo que ya abonaba cada mes. &ldquo;Creo que, por lo general, hay que intentar ponerse a la altura de quien gana menos&rdquo;, propone.
    </p><p class="article-text">
        Numerosos estudios demuestran que, en realidad, lo habitual es relacionarse con personas de estatus socioecon&oacute;mico similar. Es un fen&oacute;meno conocido como homofilia. Y, seg&uacute;n un informe publicado en <em>American Journal of Sociology</em> en 2006, el nivel de ingresos familiares influye m&aacute;s que la raza en la formaci&oacute;n de amistades en las escuelas.
    </p><p class="article-text">
        Lo contrario &mdash;que personas de distinto nivel socioecon&oacute;mico se relacionen&mdash; tambi&eacute;n sucede y, seg&uacute;n <a href="https://www.bi.team/publications/social-capital-in-the-united-kingdom/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este estudio</a> publicado en marzo, tiene efectos positivos. El an&aacute;lisis de seis mil millones de amistades en Facebook entre 20 millones de adultos brit&aacute;nicos revel&oacute; que los ni&ntilde;os de entornos humildes que crecen en comunidades con v&iacute;nculos entre clases sociales ganan, de media, 5.100 libras m&aacute;s al a&ntilde;o en la edad adulta. Esta &ldquo;conectividad econ&oacute;mica&rdquo;, como la llaman los autores, resulta ser el segundo factor m&aacute;s determinante para ascender en la escala social.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Por qu&eacute; cuesta tanto hablar de dinero?</h2><p class="article-text">
        Emma, una publicista de 29 a&ntilde;os, recuerda cuando era becaria en su empresa y sal&iacute;a con compa&ntilde;eros mucho mayores, que ganaban tres o cuatro veces m&aacute;s que ella. En esas cenas o rondas de cervezas, sol&iacute;an ser ellos quienes pagaban. &ldquo;Me parec&iacute;a lo l&oacute;gico. Incluso forzado, cuando alguien joven con un sueldo &iacute;nfimo se ofrec&iacute;a a pagar. Hay cosas que se saben&rdquo;. Pero esa l&oacute;gica t&aacute;cita del &ldquo;quien m&aacute;s tiene, m&aacute;s pone&rdquo; no siempre se aplica entre amigos, donde hablar de dinero suele estar mal visto.
    </p><p class="article-text">
        Para ella, esa falta de claridad es precisamente el problema. Cree que si en un grupo se pudiera hablar abiertamente de cu&aacute;nto gana cada uno y de lo que est&aacute; dispuesto a gastar, ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil organizar planes que no incomoden a nadie. &ldquo;Como si fuera un impuesto progresivo&rdquo;, dice. &ldquo;Si en un Estado no todos contribuyen con la misma cantidad, quiz&aacute; tampoco en un grupo de amigos deber&iacute;a esperarse lo mismo de todos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Solo el 35 % de los padres habla con frecuencia de dinero con sus hijos y muchos reconocen sentirse incómodos o poco preparados para hacerlo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a &mdash;como en muchos pa&iacute;ses con una fuerte tradici&oacute;n cultural cat&oacute;lica o mediterr&aacute;nea&mdash; hablar abiertamente sobre el dinero suele resultar inc&oacute;modo o incluso tab&uacute;, especialmente en determinados contextos sociales. En 2022, un <a href="https://www.funcas.es/wp-content/uploads/2022/09/Chulia_Garrido_Miyar.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> de Funcas y el Instituto de Estudios Financieros se&ntilde;alaba que solo el 35% de los padres hablaba con frecuencia de dinero con sus hijos, y muchos reconoc&iacute;an sentirse inc&oacute;modos o poco preparados para hacerlo. Hablar del sueldo tambi&eacute;n contin&uacute;a siendo un tab&uacute; arraigado en muchas empresas. Seg&uacute;n esta <a href="https://lewis-communications.prowly.com/240130-el-sueldo-ya-no-es-un-tabu-un-404-de-los-espanoles-saben-lo-que-cobran-sus-companeros-de-trabajo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta</a>, realizada por SD Worx, en Espa&ntilde;a solo el 40% de los trabajadores sabe lo que ganan sus compa&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La educaci&oacute;n financiera en Espa&ntilde;a no ha tenido una presencia expl&iacute;cita en los curr&iacute;culos escolares hasta tiempos muy recientes, cuando ha comenzado a incorporarse de forma transversal en otras asignaturas&rdquo;, afirma Roberto Espa&ntilde;a, jefe de la Divisi&oacute;n de Educaci&oacute;n Financiera del Banco de Espa&ntilde;a. El experto explica que, al igual que ocurr&iacute;a antes con la educaci&oacute;n c&iacute;vica o los primeros auxilios, la formaci&oacute;n financiera se dejaba por completo en manos del &aacute;mbito dom&eacute;stico, aunque en muchos hogares no se hable con total transparencia sobre los recursos de los que dispone la familia. &ldquo;La educaci&oacute;n financiera no consiste solo en adquirir conocimientos sobre el dinero. Es, sobre todo, la adquisici&oacute;n de h&aacute;bitos y comportamientos orientados a una gesti&oacute;n sana y responsable de nuestras finanzas. Somos partidarios de que en el seno de las familias se hable abiertamente sobre el dinero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; lo que hace falta es mirar hacia otros ecosistemas donde las diferencias econ&oacute;micas no parecen generar tanta incomodidad. &iquest;Cu&aacute;ntas veces hemos visto al s&eacute;quito de un futbolista o un rapero &mdash;ese grupo de amigos de toda la vida que aparece en sus <em>stories</em> en yates, resorts o <em>backstages</em>&mdash; disfrutando del lujo sin aparentes preocupaciones? Mientras exista la desigualdad, tal vez no quede otra que asumirla sin culpa, y dejar que los amigos inviten.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Soufi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/repartimos-cuenta-desigualdad-economica-amigos-arruina-mes-amistad_1_12534419.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Sep 2025 20:21:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cómo repartimos la cuenta? Cuando la desigualdad económica entre amigos te arruina el mes y la amistad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Desigualdad,Desigualdad económica,Empleo,Gentrificación,Relaciones,Amistad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Perdona, no me da la vida": ¿realmente no tenemos tiempo para nada o solo nos sentimos ocupados?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/perdona-no-da-vida-realmente-no-tiempo-sentimos-ocupados_1_13394270.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4851c22-d79a-430f-8643-aa70eb803948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x539y117.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Perdona, no me da la vida&quot;: ¿realmente no tenemos tiempo para nada o solo nos sentimos ocupados?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada día nos sorprendemos excusándonos por nuestra falta de tiempo. ¿Cuándo empezaron estas frases a volverse ubicuas? ¿Cuándo empezamos a decirlas y qué quieren comunicar realmente? </p><p class="subtitle">Por qué saber cómo se llama el gato de un desconocido en Instagram está arruinando tu salud mental</p></div><p class="article-text">
        Frente al tiempo expansivo de la infancia, el ajetreo cada vez m&aacute;s intenso de la vida adulta. Nos sorprendemos diciendo pr&aacute;cticamente cada d&iacute;a: &ldquo;Perdona, no he tenido tiempo&rdquo;. Incluso: &ldquo;No me ha dado la vida&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;ndo empezaron estas frases a volverse ubicuas? &iquest;Cu&aacute;ndo empezamos nosotros mismos a decirlas y qu&eacute; quieren comunicar realmente? &iquest;De verdad no tenemos tiempo&hellip; o solo nos sentimos ocupados? 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es objetivo que nuestros horarios de trabajo son, en teor&iacute;a, m&aacute;s reducidos que hace d&eacute;cadas (digo &rdquo;en teor&iacute;a&ldquo; porque sabemos que las horas extra est&aacute;n ah&iacute;, o los empleos irregulares y sin contrato, en los que se explota a muchas personas)&rdquo;, dice la fil&oacute;sofa Azahara Alonso. &ldquo;En cambio, la tecnolog&iacute;a permite nuestra disponibilidad, por lo que la desconexi&oacute;n digital se hace en muchos casos m&aacute;s dif&iacute;cil (por miedo a perder el empleo) y eso produce una sensaci&oacute;n de tiempo ocupado en una alerta continua&rdquo;, a&ntilde;ade la tambi&eacute;n autora de <em>Gozo </em>(Siruela), un libro que &ldquo;habla de la posibilidad de un placer casi sagrado, el de no hacer nada (o no hacer tanto, o no por necesidad)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Porque sentir que no tenemos tiempo es, casi siempre, sentir que no tenemos tiempo ocioso. Pero tambi&eacute;n, como apunta Alonso, que no poseemos ratos libres de las perpetuas interrupciones digitales que fragmentan nuestro d&iacute;a constantemente, lo que se ha dado en llamar <a href="https://www.eldiario.es/nidos/trampa-tiempo-confeti-pasamos-horas-hijos-culpa_1_13229157.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;tiempo confeti&rdquo;. </a>
    </p><p class="article-text">
        De nuestra relaci&oacute;n con el tiempo habla precisamente <em>Cronofobia </em>(Arpa), del poeta y periodista Sergio C. Fanjul:<strong> </strong>&ldquo;Hay investigaciones que dicen que eso del <em>scroll</em> infinito hace que nuestro cerebro no procese bien el tiempo, porque necesita hitos: que se haga de d&iacute;a, que se haga de noche, que haya cumplea&ntilde;os, que pasen los meses&hellip; pero en las redes sociales, esos hitos no existen: te levantas por la ma&ntilde;ana y est&aacute;n ah&iacute;, te acuestas por la noche y est&aacute;n igual. No se sabe qu&eacute; hora es, son siempre lo mismo. Eso dificulta que el cerebro compartimente bien el tiempo, por lo que tenemos la sensaci&oacute;n de que pasa m&aacute;s r&aacute;pido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En llamada telef&oacute;nica, Fanjul tambi&eacute;n menciona la disponibilidad constante a la que nos somete la tecnolog&iacute;a, que hace que &ldquo;el trabajo se haya desparramado por todo el horario&rdquo;. Eso abarca no solo recibir un mail a las once de la noche, sino tambi&eacute;n el sentirse impelido a responderlo: &ldquo;Simplemente por aprovechar, por ir haciendo&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay investigaciones que dicen que eso del &#039;scroll&#039; infinito hace que nuestro cerebro no procese bien el tiempo, porque necesita hitos: que se haga de día, que se haga de noche, que haya cumpleaños, que pasen los meses… pero en las redes sociales, esos hitos no existen</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sergio C. Fanjul</span>
                                        <span>—</span> periodista y autor de &#039;Cronofobia&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">&iquest;Hacemos demasiado? </h2><p class="article-text">
        A pesar de que en el mundo preindustrial las tareas fuesen f&iacute;sicamente duras (ir a lavar al r&iacute;o, coserse la propia ropa, segar el campo), la actividad se organizaba en torno a labores concretas: limpiar, segar o coser son tareas manuales con un principio y un final reconocibles. Muchas, adem&aacute;s, estaban alineadas con las estaciones o nos pon&iacute;an en contacto con la naturaleza, lo que se sabe que proporciona calma a nuestro organismo. Y cuando acababan, llegaba ese momento del no-hacer. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s lleg&oacute; la industrializaci&oacute;n, que cambi&oacute; esa percepci&oacute;n del tiempo como algo ligado a tareas, acontecimientos y ritmos naturales hacia un tiempo medido por el reloj, abstracto, divisible y disciplinado. La f&aacute;brica exige entrar a una hora concreta para maximizar la jornada, necesita la sincronizaci&oacute;n entre trabajadores y m&aacute;quinas, el control de pausas, la puntualidad y la medici&oacute;n del rendimiento por unidad de tiempo. Pero, de nuevo, cuando acababa ese tiempo laboral, medido artificialmente, se pod&iacute;a en muchos casos no hacer (especialmente, si eras un hombre y no ten&iacute;as que ocuparte adem&aacute;s de los cuidados).
    </p><p class="article-text">
        Ahora, sin embargo, incluso el tiempo libre parece repleto de exigencia: &ldquo;En una &eacute;poca anterior a las sociedades de consumo, la gran epidemia era el aburrimiento: tengo mucho tiempo y pocas cosas que hacer, o ninguna interesante. En un momento de consolidaci&oacute;n de las sociedades de consumo y de capitalismo digital, el malestar generalizado es el contrario: no tengo tiempo y tengo muchas actividades muy valiosas, muy interesantes y muy importantes que hacer. Siempre que decimos &lsquo;no tengo tiempo&rsquo; estamos dando cuenta de que vivir en el siglo XXI en esta sociedad significa estar estresado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo afirma <a href="https://www.eldiario.es/era/juan-evaristo-valls-boix-filosofo-hay-espacios-ocio-descanso-concebidos-perder-tiempo_1_13291579.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan Evaristo Valls Boix</a>, autor de<em> JOMO. El gusto de perder</em>. &ldquo;El JOMO es la alegr&iacute;a de perderse cosas, la rebeli&oacute;n ante los imperativos del goce total, un canto a la libertad entendida como holganza y holgura&rdquo;, se lee en su contraportada. Para el fil&oacute;sofo y escritor, esa sensaci&oacute;n constante de no tener tiempo se deriva del tener que hacer constantemente m&aacute;s: &ldquo;Siempre hay algo m&aacute;s que podr&iacute;amos haber hecho, consumido, vivido&hellip; Vivimos en un sistema donde se concibe que el sentido de la vida es el &eacute;xito y, por tanto, la <a href="https://www.eldiario.es/era/mejor-version-desarrollo-personal_1_10862658.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">superaci&oacute;n personal</a> y el crecimiento; un crecimiento que se puede hacer a trav&eacute;s del trabajo, de la acumulaci&oacute;n de experiencias, de la acumulaci&oacute;n de amantes y cuerpos, etc&eacute;tera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        O, como resume Fanjul: &ldquo;Cuando trabajas, trabajas, y cuando no trabajas, produces para el sector del ocio: tienes que hacer viajes, hacer excursiones, ir a los restaurantes guays que salen en Instagram y todo eso hace que el tiempo desaparezca, porque hay muchos compromisos sociales, hay muchos compromisos experienciales. Ni siquiera cuando tienes que estar tranquilo puedes estarlo&rdquo;. Y eso pasa cada d&iacute;a, pero tambi&eacute;n cada a&ntilde;o: como el autor indica, tampoco en la vejez, una etapa que antes se presupon&iacute;a tranquila, cede el nivel de exigencia ante la ocupaci&oacute;n del tiempo. &ldquo;Tienes que vivir una nueva juventud, viajar, tener experiencias significativas, <a href="https://www.eldiario.es/era/hobby-empieza-convertirse-reto-constante-vivir-espacios-libres-exigencia-dificulta-desconexion_1_13147900.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adquirir nuevos</a><a href="https://www.eldiario.es/era/hobby-empieza-convertirse-reto-constante-vivir-espacios-libres-exigencia-dificulta-desconexion_1_13147900.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> hobbies</em></a><em>&hellip;&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;c&oacute;mo no formarnos, pudiendo hacerlo? C&oacute;mo no leer m&aacute;s libros, ver m&aacute;s conciertos, ir m&aacute;s al teatro si no queremos quedarnos atr&aacute;s, si queremos empaparnos de la vida y ser mejores personas incluso. C&oacute;mo renunciar a lo que para muchos es la propia identidad, en lo que es una potent&iacute;sima interiorizaci&oacute;n de comportamientos, en realidad, capitalistas (&iquest;a qui&eacute;n le interesa en realidad que consumamos m&aacute;s ocio, sino a las industrias culturales y tur&iacute;sticas?).
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Vivimos en un sistema donde se concibe que el sentido de la vida es el éxito y, por tanto, la superación personal y el crecimiento; un crecimiento que se puede hacer a través del trabajo, de la acumulación de experiencias, de la acumulación de amantes y cuerpos, etcétera</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juan Evaristo Valls Boix</span>
                                        <span>—</span> filósofo y autor de &#039;JOMO. El gusto de perder&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Delitos contra el tiempo</h2><p class="article-text">
        Fanjul dedica un cap&iacute;tulo de <em>Cronofobia </em>al Instituto del Tiempo Suspendido, una pseudoinstituci&oacute;n que &ldquo;nace de la necesidad de reapropiarnos del tiempo de vida expropiado, constante y diariamente, en nuestras sociedades capitalistas. Una manera de pasar de &lsquo;la vida no me da&rsquo; a &lsquo;yo tengo mi ritmo&rsquo;&rdquo;. Una de sus <em>performances </em>consiste en preguntar a la gente por los delitos contra el tiempo que han cometido, tipificados en su C&oacute;digo cronopenal. Si has metido prisas a los dem&aacute;s, si intentas llevar un plan de vida que se ajuste a la normatividad temporal (una juventud llena de experiencias alucinantes de descubrimiento, despu&eacute;s la formaci&oacute;n de una familia, m&aacute;s tarde la compra del chalet, etc&eacute;tera), te sentencian como cronoterrorista y te imponen una cronopena para que te alejes de tus vicios. Por ejemplo, abrazar la lentitud o no terminar tareas que has empezado.
    </p><p class="article-text">
        Es probable que la experiencia haga pensar a m&aacute;s de uno. Pero salirnos por completo de la rueda de h&aacute;mster en la que parecemos inmersos, gritando a cada rato: &ldquo;&iexcl;No tengo tiempo, no tengo tiempo!&rdquo; conlleva probablemente algo m&aacute;s que una <em>performance</em>. Aunque, &iquest;es deseable? A veces pareciera que estar permanentemente ocupado es ser alguien, ser importante. La pereza, incluso en d&iacute;as festivos, se mira con desd&eacute;n (de ah&iacute; la culpabilidad que sentimos al &lsquo;perder el tiempo&rsquo;).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Mi impresión es que la ociosidad solo parece problemática si la ejercen las clases trabajadoras, a las que en ese caso se les acusa de pereza o vagancia&quot;, dice la filósofa Azahara Alonso."
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                &quot;Mi impresión es que la ociosidad solo parece problemática si la ejercen las clases trabajadoras, a las que en ese caso se les acusa de pereza o vagancia&quot;, dice la filósofa Azahara Alonso.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Si alguien con un empleo (o varios) que no le permite apenas pagar el alquiler y la cesta de la compra, que se hace cargo del mantenimiento de su casa y de ciertos cuidados de otras personas, dice que no tiene tiempo para nada, en ese caso, es una realidad material, sin duda. Las clases populares est&aacute;n sometidas a una carga de trabajo, mental y de disponibilidad incre&iacute;ble e injusta. En cambio, cuando alguien perteneciente a las clases acomodadas dice &lsquo;no me da la vida&rsquo;, da cuenta de c&oacute;mo la percepci&oacute;n de un tiempo acelerado es m&aacute;s generalizada en nuestra cultura hoy, independientemente de a qu&eacute; dedique ese tiempo&rdquo;, indica Alonso. &ldquo;Mi impresi&oacute;n es que la ociosidad solo parece problem&aacute;tica si la ejercen las clases trabajadoras, a las que en ese caso se les acusa de pereza o vagancia. En cambio, <a href="https://www.eldiario.es/era/raquel-pelaez-historia-pijos-espana_128_11671328.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a las clases acomodadas no se les critica la ociosidad; al contrario</a>, se considera que, aunque sea heredada, se la han ganado. En esto yo no puedo ver m&aacute;s que una regulaci&oacute;n moral&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso, como apunta Fanjul, las tentativas de minimizar las horas laborales no han cosechado demasiados apoyos ni siquiera entre la izquierda. El mantra de que el trabajo dignifica, de que debemos ser empresarios de nosotros mismos y maximizar el beneficio de cada uno de los segundos que pasemos vivos ha calado hondo en personas de toda ideolog&iacute;a. Como dice Valls: &ldquo;Esa l&oacute;gica es como la ley de la gravedad. Podemos quejarnos de ella, pero no aspiramos a cambiarla&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Hacia una nueva concepci&oacute;n del tiempo</h2><p class="article-text">
        En <em>Jane Eyre</em>, de Charlotte Bront&euml;, las clases acomodadas juegan, se afanan en jugar. Al ajedrez, al billar, a las charadas. Remueven toda la casa para encontrar chales, mantas, jarrones, ba&uacute;les, cualquier cosa que pueda servir de atrezo para representar elaboradas escenas que el otro equipo adivine. Encuentran en este prop&oacute;sito mucho placer, pues su sociedad est&aacute; marcada por la falta de est&iacute;mulos. 
    </p><p class="article-text">
        Conforme la sociedad se va haciendo cada vez m&aacute;s consumista, los placeres se sofistican. Se pierde la dicha del juego libre, sencillo, no digital, que queda reservado para la infancia (<a href="https://www.eldiario.es/nidos/ninos-hiperocupados-poner-limite-extraescolares-espera-sigan-ritmo-propio-adultos_1_12681996.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuando la infancia tiene tiempo libre</a>, que entre colegio, extraescolares y campamentos varios, cada vez es menos a menudo). Ya se dieron cuenta los situacionistas, como apunta Fanjul. Ellos, muy cr&iacute;ticos con la deriva capitalista del tiempo, practicaban &lsquo;la deriva&rsquo;: un paseo que abandonaba los recorridos habituales, las obligaciones y los motivos funcionales de desplazamiento para explorar la ciudad a trav&eacute;s de lo l&uacute;dico. Para descubrir, jugar, dejarse afectar. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No creo que haya un espacio o actividad libre, per se, de la lógica del rendimiento. Esa lógica del rendimiento es un sistema y una ideología que funciona a la perfección y por eso se filtra incluso en ámbitos inimaginables, como lo íntimo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Azahara Alonso</span>
                                        <span>—</span> filósofa
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ese paseo continuo es tambi&eacute;n el que Valls propone como camino posible:<strong> </strong>&ldquo;Parece que la vida est&aacute; aqu&iacute; para aprovecharla y realizarse, como si fu&eacute;ramos una especie de inversores de nosotros mismos. Tenemos que crecer, tenemos que superarnos, progresar&hellip; Pero es mentira. La vida ni es un camino &uacute;nico en l&iacute;nea recta, ni es un espacio de superaci&oacute;n constante. No hay ning&uacute;n sentido, ni ninguna meta, ni ning&uacute;n lugar al que llegar: es solo tiempo que perder explorando. Aprender a vivir es aprender a perder, y la gracia de ese camino, de ese bosque en el que nos perdemos (perd&oacute;n por la met&aacute;fora salvajemente cursi) es que podamos hacerlo acompa&ntilde;ados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; estemos, pese a todo, cada vez m&aacute;s cerca de esa &lsquo;deriva&rsquo;. Fanjul menciona en nuestra conversaci&oacute;n la <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gran-dimision_129_8511692.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gran Renuncia, </a>la extraordinaria oleada de dimisiones voluntarias que se dio en Estados Unidos tras la pandemia. Valls, por su parte, detecta un cambio de ciclo, una nueva sensibilidad que nos hace darnos cuenta de que una sociedad en la que la ansiedad, el <a href="https://www.eldiario.es/era/burnout-sindrome-trabajador-quemado_1_10437897.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">burnout,</a> la fatiga cr&oacute;nica y la depresi&oacute;n son tan comunes probablemente no merece la pena: &ldquo;Empezamos a dibujar un imaginario de vida buena que no tiene en el centro la felicidad como acumulaci&oacute;n capitalista existencial de experiencias, sino la tranquilidad: poder desaparecer, poder estar con las amigas, tener tiempo libre, tener espacios libres, plazas, parques. Un proyecto que no sea necesariamente capitalista, donde la vida se valore por su vulnerabilidad o por su interdependencia y no por su &eacute;xito&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Para conseguirlo, Alonso plantea cambiar la mirada: &ldquo;No creo que haya un espacio o actividad libre, <em>per se,</em> de la l&oacute;gica del rendimiento. Esa l&oacute;gica del rendimiento es un sistema y una ideolog&iacute;a que funciona a la perfecci&oacute;n y por eso se filtra incluso en &aacute;mbitos inimaginables, <a href="https://www.eldiario.es/era/agendar-dia-mes-revisar-relacion-convirtiendo-amor-proyecto-empresarial_1_13328496.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como lo &iacute;ntimo.</a> Por lo tanto, para evitarlo tendr&iacute;amos que adoptar otra l&oacute;gica. Ser&iacute;a como cambiarse esas gafas que constituyen la ideolog&iacute;a como forma de vivir por otras que pongan por delante otros valores. Y esas gafas existen; los ricos las llevan siempre puestas, pero no quieren que las dem&aacute;s las usemos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Sader]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/perdona-no-da-vida-realmente-no-tiempo-sentimos-ocupados_1_13394270.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2026 19:40:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Perdona, no me da la vida": ¿realmente no tenemos tiempo para nada o solo nos sentimos ocupados?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ocio,Tendencias,Sociedad,Tiempo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué saber cómo se llama el gato de un desconocido en Instagram está arruinando tu salud mental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/llama-gato-desconocido-instagram-arruinando-salud-mental_1_13381839.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ff31e9a-67ca-4e60-8039-b39e0def5ac2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x690y202.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué saber cómo se llama el gato de un desconocido en Instagram está arruinando tu salud mental"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fenómeno de las relaciones parasociales y la saturación de datos cotidianos sobre la vida de gente apenas conocida en redes obliga a los usuarios a replantearse el volumen de personas a las que siguen</p><p class="subtitle">'Friend bombing': la trampa de las nuevas amistades que pasan bruscamente de la intimidad e idealización al silencio</p></div><p class="article-text">
        David tiene 38 a&ntilde;os, vive en Barcelona y confiesa que, a veces, se descubre a s&iacute; mismo sintiendo una desconcertante familiaridad hacia personas que apenas conoce en la vida real. A algunos no los ha visto nunca, pero sabe c&oacute;mo se llaman sus hijos o conoce al dedillo las rutinas de sus mascotas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pueden ser amigos de amigos, pero lo s&eacute; todo sobre ellos&rdquo;, explica de entrada. &ldquo;Son informaciones tan aleatorias que a veces me pregunto por qu&eacute; demonios s&eacute; a d&oacute;nde se va a ir de vacaciones esa persona, cuando ni siquiera deber&iacute;a saber que existe&rdquo;. Su experiencia no es un caso aislado, sino un s&iacute;ntoma de un uso de las redes sociales que las (y nos) est&aacute; haciendo colapsar.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Pero, &iquest;usted qui&eacute;n es?&rdquo;</h2><p class="article-text">
        El ecosistema de plataformas como Instagram ha transformado radicalmente nuestro horizonte relacional. Lo que comenz&oacute; como una herramienta para mantenerse en contacto con nuestro c&iacute;rculo cercano de familiares y amigos se ha convertido en un escaparate saturado de perfiles que la sociolog&iacute;a empieza a definir bajo nuevos conceptos. 
    </p><p class="article-text">
        David estima que entre el 60 y el 70% de las cuentas que aparecen en su pantalla pertenecen a personas que &ldquo;pasaban por ah&iacute;&rdquo;, perfiles que no entran en la categor&iacute;a de amigos, familiares o conocidos. Tambi&eacute;n es cierto que, personalmente, no siente que le afecte much&iacute;simo debido a que su uso de Instagram consiste en &ldquo;ponerme ah&iacute; a chafardear y ya est&aacute;&rdquo;, comenta, reconociendo tambi&eacute;n que de vez en cuando prefiere &ldquo;silenciar a la gente si veo que me sale demasiado&rdquo;. Pero esta acumulaci&oacute;n de impactos visuales genera un ruido constante en el d&iacute;a a d&iacute;a que acaba haciendo mella. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A veces me pregunto por qué demonios sé a dónde se va a ir de vacaciones esa persona, cuando ni siquiera debería saber que existe</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">David</span>
                                        <span>—</span> 38 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Irene, de Madrid, 35 a&ntilde;os, comparte una perspectiva todav&iacute;a peor, ya que calcula que apenas un 10% o un 20% de sus seguidos son personas con las que realmente hace vida. &ldquo;El resto se compone de marcas, creadores de contenido y ese tipo de gente que pasaba por ah&iacute;&rdquo;, reflexiona con cierta resignaci&oacute;n. &ldquo;Bastante triste en realidad&rdquo;, reflexiona.
    </p><h2 class="article-text">El hombre (o la mujer) que sab&iacute;a demasiado</h2><p class="article-text">
        &ldquo;S&eacute; que el hijo de una persona con la que no hablo nunca est&aacute; a punto de cumplir los dos a&ntilde;os, y que otra se cas&oacute; en Ibiza y va todos los a&ntilde;os all&iacute; a celebrar su aniversario&rdquo;, relata Irene para ilustrar el volumen de datos irrelevantes que almacena su memoria. 
    </p><p class="article-text">
        En su caso, la exposici&oacute;n continua a las trayectorias vitales ajenas, que en muchos casos muestran vidas id&iacute;licas sin necesidad de ser perfiles profesionales, genera un impacto directo en su percepci&oacute;n de la propia existencia. &ldquo;Aparte de los temas relacionados con la dismorfia, sigo a muchas personas que tienen una vida alucinante y pienso: &lsquo;y yo aqu&iacute; encerrada en la misma oficina todos los d&iacute;as&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este fen&oacute;meno adquiere tintes m&aacute;s complejos cuando los datos compartidos entran en terrenos de extrema gravedad o intimidad. La propia Irene recuerda haberse enterado de los problemas de salud de una chica que conoci&oacute; de manera casual en una fiesta y con la que habl&oacute; cinco minutos: &ldquo;Me enter&eacute; despu&eacute;s por su Instagram de que ten&iacute;a c&aacute;ncer y de una serie de historias muy complejas. Me sent&iacute; muy rara&rdquo;, confiesa.
    </p><p class="article-text">
        En otros casos, la interacci&oacute;n nace y muere en aplicaciones de citas: &ldquo;Hay personas a las que conoc&iacute; por Tinder, con las que intercambi&eacute; el perfil de Instagram y a las que nunca he visto en persona, pero hoy s&eacute; que se han comprado una casa o que van a tener un hijo&rdquo;, cuenta Irene. Esta sobreinformaci&oacute;n activa de manera inevitable preguntas sobre el propio progreso vital y la velocidad a la que avanza el tiempo. &ldquo;Te hace pensar si est&aacute;s haciendo las cosas que te&oacute;ricamente, por edad, te toca hacer&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La falsa familiaridad y el espejo deformado</h2><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis profesional de estos comportamientos revela consecuencias psicol&oacute;gicas profundas. <a href="https://www.instagram.com/marc.masip/?hl=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marc Masip,</a> psic&oacute;logo, experto en adicci&oacute;n a las nuevas tecnolog&iacute;as y director del Instituto de Psicolog&iacute;a <a href="https://www.programadesconecta.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Desconect@,</a> se&ntilde;ala que seguir a una cantidad ingente de personas a las que no se conoce en el plano real da lugar a una falsa familiaridad. &ldquo;Nuestro cerebro registra datos &iacute;ntimos como d&oacute;nde vive, d&oacute;nde come, con qui&eacute;n sale, qu&eacute; hace o qu&eacute; le duele a esa persona&rdquo;, advierte el terapeuta &ldquo;y, como consecuencia, empiezas a tratarla como si formara parte de tu propio entorno social cuando esto no es as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Otro punto problem&aacute;tico es c&oacute;mo altera la construcci&oacute;n de la identidad, especialmente en los adolescentes&rdquo;, advierte el terapeuta. &ldquo;Provoca que uno edifique su personalidad imitando fragmentos de otros, ya sea la ropa, los valores, la est&eacute;tica o el estilo de vida. Se pasa de una fase de inspiraci&oacute;n al deseo directo de ser o actuar exactamente como la otra persona&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Hay personas a las que conocí por Tinder, con las que intercambié el perfil de Instagram y a las que nunca he visto en persona, pero hoy sé que se han comprado una casa o que van a tener un hijo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Irene</span>
                                        <span>—</span> 35 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esto, seg&uacute;n Masip, genera un aumento de la comparaci&oacute;n constante, lo cual es muy peligroso en pacientes con trastornos de la conducta alimentaria y afecta directamente a la autoestima, a la seguridad corporal y a las expectativas sociales, econ&oacute;micas o de &eacute;xito, alterando la sensaci&oacute;n de val&iacute;a sobre lo que uno es.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Existe adem&aacute;s una dependencia emocional importante que, aunque no responda a una relaci&oacute;n real, puede llegar en casos extremos a hacer que tu estado de &aacute;nimo var&iacute;e seg&uacute;n lo que ves en la pantalla, como si se tratara de un amigo o un familiar&rdquo;, contin&uacute;a Masip. &ldquo;Evidentemente, esto te lleva a tener menos vida real; est&aacute;s m&aacute;s conectado a esa ficci&oacute;n y menos a ti mismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por &uacute;ltimo, estas din&aacute;micas debilitan tambi&eacute;n el criterio propio. Nos falta preguntarnos qui&eacute;nes somos nosotros mismos en lugar de limitarnos a pensar como el referente de turno debido a una falsa idolatrizaci&oacute;n&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        El verdadero problema radica en que nuestro cerebro procesa a estos perfiles como parte de nuestra propia vida, generando una intimidad sin relaci&oacute;n que a menudo deriva en una profunda sensaci&oacute;n de soledad. &ldquo;Yo realmente pienso que tengo una vida social plena cuando, en realidad, estoy solo mirando una pantalla&rdquo;, recalca Masip.
    </p><h2 class="article-text">El l&iacute;mite del cuidado relacional</h2><p class="article-text">
        Desde una perspectiva sociol&oacute;gica, la doctora Liliana Arroyo Moliner, directora de la <a href="https://www.esade.edu/faculty-research/en/institute-social-innovation/research/soredi" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">C&aacute;tedra de Innovaci&oacute;n Digital Socialmente Responsable</a> de Esade, analiza c&oacute;mo el modelo actual distorsiona las teor&iacute;as cl&aacute;sicas de la comunicaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os sesenta, Mark Granovetter teoriz&oacute; sobre los v&iacute;nculos d&eacute;biles como puentes oportunos hacia nuevas informaciones y mundos sociales. Sin embargo, la arquitectura actual de plataformas como Instagram dista mucho de ese concepto, pues una proporci&oacute;n muy alta del contenido est&aacute; condicionada por la publicidad y la retroalimentaci&oacute;n de las propias inseguridades del usuario. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya no consumimos vidas plenas de desconocidos, sino que consumimos una puesta en escena de nuestras propias carencias y anhelos truncados, devuelta en formato anuncio o <em>influencer</em>&rdquo;, argumenta Arroyo. &ldquo;Es una vuelta de tuerca perversa: el sistema no nos conecta con la diversidad del mundo, nos devuelve una versi&oacute;n comercializada de nuestras propias inseguridades. Y cuando, de vez en cuando, aparece una cara medio desconocida, lo que se activa no es un v&iacute;nculo d&eacute;bil sano, sino una relaci&oacute;n parasocial: nos vinculamos emocionalmente con la ilusi&oacute;n que ese perfil (o esa marca detr&aacute;s) nos est&aacute; vendiendo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Arroyo recurre a una imagen anal&oacute;gica para explicar la saturaci&oacute;n: en una comida en casa con diez personas es posible mirar a los ojos a cada invitado, recordar su situaci&oacute;n personal y ofrecer un cuidado de calidad. En una reuni&oacute;n de cien comensales, la gesti&oacute;n se vuelve puramente log&iacute;stica. 
    </p><p class="article-text">
        El antrop&oacute;logo Robin Dunbar ya demostr&oacute; que la capacidad humana para mantener relaciones con compromiso mutuo es finita, dado que el cuidado relacional consume tiempo, memoria y energ&iacute;a emocional. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Es muy positivo limitar el número de vidas ajenas que consumimos para pasar de mirar existencias ajenas a vivir la tuya propia&quot;, dice el psicólogo Marc Masip.                            </span>
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        Al multiplicar exponencialmente el n&uacute;mero de perfiles que seguimos, se reduce la atenci&oacute;n que podemos brindar a los v&iacute;nculos que componen la red de apoyo real. &ldquo;Cada minuto de atenci&oacute;n dispersa en quien no conocemos es un minuto que no dedicamos a sostener, con la profundidad que requiere, el v&iacute;nculo con quien s&iacute; forma parte de nuestro c&iacute;rculo real de apoyo&rdquo;, sentencia la soci&oacute;loga.
    </p><h2 class="article-text">Silenciar perfiles como medida de higiene mental</h2><p class="article-text">
        Frente a este panorama, las herramientas de gesti&oacute;n individualizadas como la secci&oacute;n de mejores amigos, las cuentas secundarias o la opci&oacute;n de silenciar se presentan a menudo como los &uacute;nicos recursos al alcance del usuario. Para la doctora Arroyo, estas funciones constituyen parches que act&uacute;an sobre el s&iacute;ntoma y traspasan la responsabilidad del dise&ntilde;o extractivo de las plataformas al propio consumidor. &ldquo;La soluci&oacute;n que se ofrece siempre es individual cuando el problema es sist&eacute;mico, ya que la arquitectura entera est&aacute; pensada para que no quieras ni puedas dejar de consumir&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, los usuarios recurren a estas peque&ntilde;as estrategias de resistencia para lidiar con el compromiso social. David explica que, ante el temor de que otras personas noten que ha dejado de seguirlas, opta por silenciar sus historias. &ldquo;Ellos ven que yo sigo sigui&eacute;ndoles, pero yo no s&eacute; nada de ellos porque sus historias no me salen&rdquo;, describe sobre su m&eacute;todo de filtrado. 
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Marc Masip avala estas pr&aacute;cticas dentro de lo que denomina una dieta digital. &ldquo;Silenciar no es quedar mal, es higiene cerebral o mental&rdquo;, sostiene el experto, quien adem&aacute;s propone hacerse siempre una pregunta clara antes de mantener un perfil en el <em>feed</em>: &ldquo;&iquest;Esta persona me aporta, me inspira o me desgasta?<strong> </strong>Es muy positivo limitar el n&uacute;mero de vidas ajenas que consumimos para pasar de mirar existencias ajenas a vivir la tuya propia&rdquo;, concluye. &ldquo;Otra opci&oacute;n es no tener redes sociales&rdquo;, una opci&oacute;n que, por desgracia, resulta inaceptable para la mayor&iacute;a. Al menos por el momento.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ya no consumimos vidas plenas de desconocidos, sino que consumimos una puesta en escena de nuestras propias carencias y anhelos truncados, devuelta en formato anuncio o &#039;influencer&#039;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Liliana Arroyo</span>
                                        <span>—</span> socióloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Hacia una nueva soberan&iacute;a de la atenci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Lo que suele ocurrir cuando nos encontramos en la vida real con una de estas personas a la que seguimos en redes pone de manifiesto la quiebra del sistema. Tanto David como Irene admiten sus dificultades. &ldquo;Me cuesta much&iacute;simo desvirtualizar a la gente, hay muchos que me saludan y tengo que decirles que no s&eacute; qui&eacute;nes son. El problema es que los tengo ocultos&rdquo;, admite David. &ldquo;Adem&aacute;s, en Instagram muchas personas no cuelgan fotos de ellas mismas, por lo que no sabes ni qu&eacute; cara tienen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Irene a&ntilde;ade el riesgo de desvelar accidentalmente un exceso de informaci&oacute;n en contextos reales: &ldquo;Me ha pasado encontrarme con gente con la que no tengo tanta relaci&oacute;n, haberme tomado dos cervezas y decirles detalles de un viaje o de su vida que solo s&eacute; por sus publicaciones, quedando como una aut&eacute;ntica acosadora loca&rdquo;, comenta entre risas.
    </p><p class="article-text">
        La tendencia, sin embargo, parece que comienza a revertirse lentamente, como si nos estuvi&eacute;ramos dirigiendo hacia un modelo de contenci&oacute;n. Compartir menos y bajar el n&uacute;mero de seguidos empieza a interpretarse entre ciertos sectores saturados como una pr&aacute;ctica de autocuidado y una v&iacute;a para recuperar la gesti&oacute;n de la atenci&oacute;n. &ldquo;Reducir dr&aacute;sticamente a qui&eacute;n seguimos no es desconectar del mundo, es recuperar la capacidad de decidir a qui&eacute;n le damos nuestra atenci&oacute;n, que es el recurso m&aacute;s escaso y valioso que tenemos&rdquo;, afirma la doctora Arroyo. 
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva noci&oacute;n de privacidad va m&aacute;s all&aacute; del derecho a no ser visto, consolid&aacute;ndose como la necesidad de protegerse de un exceso de informaci&oacute;n sobre las vidas ajenas y sobre todo lo dem&aacute;s que amenaza con borrarnos del mapa a nosotros mismos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/llama-gato-desconocido-instagram-arruinando-salud-mental_1_13381839.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 19:29:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué saber cómo se llama el gato de un desconocido en Instagram está arruinando tu salud mental]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Redes,Internet,Relaciones,Psicología,Bienestar emocional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quién nos robó el placer de rascarnos el ombligo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/robo-placer-rascarnos-ombligo_129_13455754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d17f047b-472b-4494-bb73-4f4a7b14b612_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quién nos robó el placer de rascarnos el ombligo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un contexto en el que cada vez nos cuesta más estar en paz con la idea de no hacer nada e intentamos "acumular el máximo número de vivencias en el menor periodo de tiempo posible", ¿cómo recuperar ese disfrute en las vacaciones que vendrán?</p><p class="subtitle">Entrevista - Juan Evaristo Valls Boix, filósofo: “Hay muy pocos espacios de ocio y de descanso concebidos para perder el tiempo”</p></div><p class="article-text">
        En 1976, el d&uacute;o musical Vainica Doble, formado por Gloria van Aerssen y Carmen Santonja, public&oacute; la canci&oacute;n <em>D&eacute;jame vivir con alegr&iacute;a</em>, que es todo un himno anticapitalista. Su estrofa: &ldquo;D&eacute;jame que descanse un rato al sol/ D&eacute;jame vivir con alegr&iacute;a/ Si he pescado bastante para hoy/ Ma&ntilde;ana ser&aacute; otro d&iacute;a/ No faltar&aacute; un caracol&rdquo; viene como anillo al dedo para este art&iacute;culo sobre no hacer nada en especial <a href="https://www.eldiario.es/viajes/elegir-quedarse-casa-vacaciones-siguen-pasando-cosas-interesantes-necesidad-12-horas-avion_1_13404116.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">durante las vacaciones</a>. O m&aacute;s bien, sobre la incapacidad de la sociedad actual para descansar sin m&aacute;s. &iquest;Cu&aacute;nto hace que no nos aburrimos?
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, siempre hay que partir de la base de que para escoger hay que tener la posibilidad de hacerlo. Seg&uacute;n datos del <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/ECV2025.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Instituto Nacional de Estad&iacute;stica</a>, durante el a&ntilde;o 2025 el 32,2% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola no se pudo permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al a&ntilde;o. Si no hay opci&oacute;n de hacer otra cosa que no sea quedarse en el barrio, la duda entre llenar de actividades la agenda de ocio o rascarse el ombligo ni siquiera se plantea. La clase social determina todos los aspectos de la vida y el descanso es uno de los m&aacute;s importantes. 
    </p><p class="article-text">
        La escritora Elvira Lindo lo retrat&oacute; bien a trav&eacute;s de su personaje Manolito Gafotas, que ve&iacute;a c&oacute;mo Carabanchel Alto se vaciaba en verano mientras su familia se quedaba all&iacute;, como en cualquier mes del calendario. Ese ni&ntilde;o novelesco, que se convirti&oacute; en amigo de muchos lectores en los a&ntilde;os 90 (y sucesivos), ya intu&iacute;a de d&oacute;nde ven&iacute;a su obsesi&oacute;n por el dinero. &ldquo;A lo mejor es que de mayor voy a ser un gran banquero, o a lo mejor es que voy a ser un poco pobre, como mis padres&rdquo;, reflexionaba en el volumen <em>C&oacute;mo molo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, Bel&eacute;n decidi&oacute; pasar su mes de vacaciones entre su pueblo y el de su pareja, sin muchas pretensiones m&aacute;s all&aacute; de ver <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/video-eclipse-total-minuto_1_13443880.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el eclipse del 12 de agosto</a>, ba&ntilde;arse en el r&iacute;o y leer. S&iacute; se program&oacute; alguna actividad puntual como visitar un balneario o reunirse con amigos en un festival cercano porque tampoco es de &ldquo;estar mirando las musara&ntilde;as&rdquo;, dice a este medio, pero poco m&aacute;s. Este planteamiento de verano se debe a que no contaba con demasiado presupuesto y tambi&eacute;n a la necesidad de un descanso despu&eacute;s de un curso de mucho trabajo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En estos temas siempre existe el riesgo de que te digan que est&aacute;s romantizando la pobreza&rdquo;, sostiene, &ldquo;y no creo que sea eso. Aunque tuviera dinero para irme al Caribe, genuinamente creo que aun as&iacute; lo pasar&iacute;a as&iacute;&rdquo;. De hecho, conjetura que quiz&aacute; &ldquo;si tuviera todo el dinero del mundo&rdquo; descansar&iacute;a en el est&iacute;o y en septiembre se ir&iacute;a de viaje a un pa&iacute;s lejano, pero ahora mismo no se le ocurre un plan mejor.
    </p><p class="article-text">
        Bel&eacute;n indica que no es la &uacute;nica de su entorno que ha tomado decisiones parecidas para sus vacaciones: &ldquo;No s&eacute; si dir&iacute;a que la mayor&iacute;a, aunque s&iacute; gran parte si tienen pueblo <a href="https://www.eldiario.es/era/tensiones-familiares-ansiedad-vuelta-armario-veranear-pueblo-precio_1_13444764.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se van al pueblo</a> y si no, a casas de amigos. Planes muy <em>low cost&rdquo;</em>. Su hip&oacute;tesis se despeja con otros datos del INE &mdash;a veces es una instituci&oacute;n un tanto aguafiestas en la verificaci&oacute;n de datos porque no siempre corrobora la sospecha&mdash;: como arroja la <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/ETR4T25.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Encuesta de Turismo de Residentes</a>, durante el 2025 los espa&ntilde;oles viajaron un 4,7% menos respecto al a&ntilde;o anterior, pero dentro de estos desplazamientos aumentaron en un 5,2% los que se hicieron al extranjero y disminuyeron los nacionales en un 6,1%. La cabra tira al monte y el turista a la terminal de salidas internacionales del aeropuerto.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Por qu&eacute; no funciona el freno de mano?</h2><p class="article-text">
        Una parte de esos viajes son por trabajo, pero quienes se desplazaron para disfrutar de sus vacaciones tuvieron que determinar fechas, buscar alojamientos, reservar medio de transporte y, muy posiblemente, comprobar cu&aacute;les son los lugares m&aacute;s destacados de su destino: &iquest;Qui&eacute;n viaja a Egipto y vuelve sin haber visto las pir&aacute;mides? Que entrar en ellas implique hacer una cola que se coma medio d&iacute;a o reservar con tiempo de antelaci&oacute;n no importa porque para eso se va hasta all&iacute;, &iquest;no?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las vacaciones sencillas de nuestra infancia han quedado atrás, y hoy existe la sensación de que si no se hacen grandes cosas, grandes destinos o planes constantes, no se está haciendo nada con el tiempo libre</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ainhoa Plata</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Todo esto implica un trabajo que desgasta a quien lo asume. Es tan pesado que, hasta no hace tanto tiempo, mayoritariamente eran las agencias de viajes las que se encargaban de gestionar toda esta mara&ntilde;a de tr&aacute;mites. Internet y la aparici&oacute;n de empresas relacionadas con el turismo de bajo coste cambiaron las reglas del juego y el usuario ha terminado por asumir esas labores para ahorrarse unos dinerillos. Ahora es el comprador el que comprueba cu&aacute;l es la compa&ntilde;&iacute;a a&eacute;rea m&aacute;s barata y busca qu&eacute; hay que ver en su destino. Tambi&eacute;n monta <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/habitar-incertidumbre-nueva-coleccion-muebles-portatiles-ikea-dice-crisis-vivienda_129_13421219.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los muebles de su casa</a>, porque el concepto del &lsquo;hazlo t&uacute; mismo&rsquo; del punk ahora es una campa&ntilde;a de marketing. 
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga <a href="https://www.psicologabcn.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ainhoa Plata</a> observa que, desde hace a&ntilde;os, sus pacientes &ldquo;vuelven de vacaciones m&aacute;s cansados de lo que se fueron&rdquo;. La especialista lo achaca al efecto que las redes sociales causan en sus usuarios. &ldquo;Las vacaciones sencillas de nuestra infancia han quedado atr&aacute;s, y hoy existe la sensaci&oacute;n de que si no se hacen grandes cosas, grandes destinos o planes constantes, no se est&aacute; haciendo nada con el tiempo libre&rdquo;, manifiesta. Y considera que la comparativa con los dem&aacute;s es una de las principales causas de esa ansiedad por mantenerse ocupado: &ldquo;Ver que unos est&aacute;n en Jap&oacute;n, otros en Maldivas, otros de ruta por Europa, genera la impresi&oacute;n de que unas vacaciones sin est&iacute;mulos constantes son unas vacaciones peor aprovechadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Enrique Rey, autor del <a href="https://www.eldiario.es/era/enrique-rey-periodista-instagram-convertido-propagandistas-industria-turismo_1_13310425.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ensayo sobre el verano</a> <em>Mel&oacute;n con jam&oacute;n</em> (Temas de hoy, 2026), declara que &ldquo;la aceleraci&oacute;n lo ha colonizado todo: la producci&oacute;n y tambi&eacute;n el cada vez m&aacute;s escaso tiempo de ocio. Por un lado, el verano es, por definici&oacute;n, una promesa que nunca termina de cumplirse (y est&aacute; bien que as&iacute; sea porque se renueva de a&ntilde;o en a&ntilde;o). Por otro, cada vez disponemos de periodos m&aacute;s cortos para intentar alcanzar eso que sabemos que se nos escapar&aacute; (un amor de verano, una ense&ntilde;anza, una vivencia ins&oacute;lita)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Rey opina que la precariedad laboral y las condiciones &ldquo;vol&aacute;tiles&rdquo; del trabajo hacen que las personas que viven en esas circunstancias no puedan dejar de estar alerta. &ldquo;La pausa para descansar no lo es porque siempre se est&aacute; pensando en c&oacute;mo no perder el trabajo interrumpido&rdquo;, manifiesta y pone como ejemplo las profesiones creativas: &ldquo;Es muy curioso c&oacute;mo cualquier rato de presunta relajaci&oacute;n se aprovecha para buscar nuevas ideas, encontrar otros enfoques o consumir productos que ser&aacute;n &uacute;tiles para no quedar atr&aacute;s o no perder el hilo de la conversaci&oacute;n&rdquo;. Es posible que esa desconocida que intenta escuchar una charla en la playa con m&aacute;s o menos disimulo sea una periodista &mdash;&iexcl;ejem!&mdash; que ha detectado de refil&oacute;n un tema de inter&eacute;s social vendible a su editora.
    </p><h2 class="article-text">Las bicicletas ya no son solo para el verano</h2><p class="article-text">
        Tener <a href="https://www.eldiario.es/era/mes-completo-dias-sueltos-muerto-veraneo-conociamos_1_12416902.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un mes seguido de vacaciones</a> como Bel&eacute;n ya no es tan habitual. Esa planificaci&oacute;n del calendario laboral ha desaparecido sobre todo en las d&eacute;cadas m&aacute;s recientes del capitalismo tard&iacute;o. No todo era maravilloso en el verano de la generaci&oacute;n <em>boomer, </em>la nostalgia tiende a borrar los matices y ser benevolente: eran los ni&ntilde;os y los padres quienes pod&iacute;an llegar incluso a aburrirse en aquellos meses de relax, porque las madres no dejaban de trabajar (ni entonces ni ahora) pero sin sueldo ni cotizaci&oacute;n. Rey se&ntilde;ala que: &ldquo;El verano nunca es para quienes lo trabajan (camareras de piso, trabajadores de hosteler&iacute;a, socorristas&hellip;), sino para quienes pueden establecer peque&ntilde;as pausas&rdquo;. La bicicleta del repartidor de Glovo es para el verano pero no para el disfrute precisamente.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El verano nunca es para quienes lo trabajan (camareras de piso, trabajadores de hostelería, socorristas…), sino para quienes pueden establecer pequeñas pausas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Enrique Rey</span>
                                        <span>—</span> autor del ensayo sobre el verano &#039;Melón con jamón&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La periodista y escritora <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/anna-pacheco-cuela-hoteles-lujo-turistas-ricos-igual-ruidosos-sucios_1_11213346.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Anna Pacheco investig&oacute;</a> para su ensayo <em>Estuve aqu&iacute; y me acord&eacute; de vosotros</em> (Anagrama, 2024) c&oacute;mo son las condiciones laborales de los hoteles de lujo en Barcelona. Incluso asisti&oacute; camuflada, gracias a la complicidad de unas trabajadoras, a alguna de las reuniones en los mandos superiores informaban al personal de c&oacute;mo deb&iacute;a ser su labor para que el cliente se fuese satisfecho. &ldquo;Todo es experiencia y atracci&oacute;n&rdquo;, escribe la autora, &ldquo;incluso una p&aacute;gina de reservas y, por supuesto, el propio trabajador&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aunque haya cierto inter&eacute;s te&oacute;rico alrededor del descanso (libros como <em>Gozo</em>, de Azahara Alonso G&oacute;mez; <span id="true"></span><a href="https://www.eldiario.es/era/juan-evaristo-valls-boix-filosofo-hay-espacios-ocio-descanso-concebidos-perder-tiempo_1_13291579.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">JOMO, de Juan Evaristo Valls</a>; hasta el m&iacute;o&hellip;) no s&eacute; si, en la realidad, es un valor al alza&rdquo;, reflexiona Enrique Rey. Desde su punto de vista, ahora tendemos a &ldquo;intentar acumular el m&aacute;ximo n&uacute;mero de vivencias en el menor periodo de tiempo posible as&iacute; que seguramente el futuro sea de los microveranos&rdquo;. Escapadas de menos d&iacute;as en las que la &lsquo;operaci&oacute;n salida&rsquo; sea en cualquier fecha y no al inicio de las quincenas estivales. 
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, estas previsiones ata&ntilde;en a la clase trabajadora, porque &ldquo;los privilegiados (quienes obtienen rentas del capital y no del trabajo)&rdquo;, afirma Rey, &ldquo;vivir&aacute;n en un verano permanente, como el que se despliega en las urbanizaciones para <em>expats</em> de la costa malague&ntilde;a, alicantina o mallorquina&rdquo;. Esto ya sucede o ha sucedido desde que se establecieron las clases sociales &mdash;la condesa Gunilla Von Bismarck y sus colegas, por poner un ejemplo pillado al aire, no est&aacute;n bronceados todo el a&ntilde;o por trabajar al sol&mdash; aunque dentro de no tanto tiempo quiz&aacute; tengan que escoger destinos menos achicharrantes que el Mediterr&aacute;neo por el cambio clim&aacute;tico. De hecho, puede que las <em>influencers </em>pijas o aspirantes que muestran en redes sociales <a href="https://www.eldiario.es/era/pienso-gallega-verano-norte-presumen-influencers_129_13399378.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;el Norte&rsquo; de Espa&ntilde;a</a> (que para ellas es un territorio sin matices: da igual Santander que Sanxenxo. Lo mismo que ocurri&oacute; antes con &lsquo;el Levante&rsquo; o &lsquo;el Sur&rsquo;) como lugar ideal de veraneo tambi&eacute;n tengan que buscar &lsquo;el fresquito&rsquo; en otros pa&iacute;ses. 
    </p><h2 class="article-text">Qui&eacute;n querr&iacute;a encontrarse a s&iacute; mismo</h2><p class="article-text">
        Hace ya unas cuantas d&eacute;cadas, el prop&oacute;sito de &ldquo;encontrarse a s&iacute; mismo&rdquo; fue muy popular sobre todo entre aquellos que se consideraban &lsquo;ciudadanos del mundo&rsquo; o &lsquo;viajeros&rsquo; pero no &lsquo;turistas&rsquo;. Se iban solos a pa&iacute;ses asi&aacute;ticos en busca de una paz mental (ahora se llevan m&aacute;s <a href="https://www.eldiario.es/era/tenia-prejuicios-mejor-imaginaba-triunfan-retiros-desconectar-probar-cosas_1_11907327.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los retiros</a>) que a d&iacute;a de hoy es dif&iacute;cil hallar entre souvenirs y grupos de veraneantes que copan las calles. Tampoco es que esa revelaci&oacute;n personal estuviese garantizada o no fuese improbable antes de los vuelos <em>low cost, </em>pero en la actualidad casi es m&aacute;s f&aacute;cil conseguirla en el sal&oacute;n de casa que en un lugar plagado de palos selfis. O en la consulta del psiquiatra, claro.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no todo el que veranea quiere identificar sus vac&iacute;os o sus problemas en su tiempo libre y cabe pensar que el empacho de actividades sea, en realidad, para despejar pensamientos intrusivos. &iquest;Intentamos evitarnos en lugar de encontrarnos? Ainhoa Plata considera que &ldquo;es una hip&oacute;tesis razonable&rdquo; aunque remarca que, en su experiencia cl&iacute;nica, &ldquo;el fen&oacute;meno tiene m&aacute;s que ver con las redes sociales que con una evitaci&oacute;n consciente de la introspecci&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Dicho esto, no descarto que en algunos casos s&iacute; exista ese componente de evitaci&oacute;n: cuando paramos, sin el ruido del trabajo y la rutina, es m&aacute;s f&aacute;cil que aparezcan pensamientos o preocupaciones que durante el a&ntilde;o quedan tapados por la actividad. Ambas explicaciones pueden convivir&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Su recomendaci&oacute;n como profesional es no programar nada para el tiempo libre: no agendar todos los planes posibles para llenar los d&iacute;as ni tampoco obligarse a quedarse en casa por obligaci&oacute;n para descansar. &ldquo;Tengo una paciente que siempre est&aacute; agotada porque encadena plan tras plan sin parar, y el compromiso que le pido no es &lsquo;no hagas nada&rsquo;, sino que llegue el fin de semana sin nada cerrado y se pregunte qu&eacute; necesita realmente en ese momento&rdquo;, manifiesta. Unas veces le apetecer&aacute; quedar con sus amigas, otras ver una pel&iacute;cula en casa o cualquier otra cosa. &ldquo;La clave es no funcionar en autom&aacute;tico, como si ya estuviera todo programado de antemano, sino escuchar, llegado el momento, qu&eacute; necesita realmente tu cuerpo&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        No hay propuestas propias para pasar los veranos lo mejor posible en este art&iacute;culo, esa es labor de profesionales como los consultados. Bastante dif&iacute;cil es gestionar la vida propia como para practicar refranes como &lsquo;consejos vendo que para m&iacute; no tengo&rsquo;. S&iacute; hay, para cerrar el c&iacute;rculo, una invitaci&oacute;n a escuchar las canciones de Vainica Doble, que profetizaron en <em>Eleg&iacute;a al jard&iacute;n de mi abuela, con una dedicatoria y un suspiro </em>el fin del verano de asueto ya en 1973: &ldquo;Encanto suave y placidez/ De aquel rinc&oacute;n de mi ni&ntilde;ez/ Coraz&oacute;n que hoy late en cuerpo ajeno/ Sofocado en un moderno hotel&rdquo;. Y sobre todo, una petici&oacute;n: amabilidad y respeto para los trabajadores que se encargan del disfrute estival de los dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/robo-placer-rascarnos-ombligo_129_13455754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 19:56:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quién nos robó el placer de rascarnos el ombligo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Verano,Ocio,Bienestar,Vacaciones,Turismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Parece que si no estamos siempre a tope, nos pasa algo malo”: así viven las personas introvertidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/parece-si-no-tope-pasa-malo-viven-personas-introvertidas_1_13243281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d529442-416a-496c-90bb-ee0b694dbe4f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Parece que si no estamos siempre a tope, nos pasa algo malo”: así viven las personas introvertidas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Confundir timidez con introversión es un error muy frecuente en la sociedad que los expertos achacan a que la palabra que se usa como antítesis es extrovertido: “El tímido tiene miedo o es inseguro y el introvertido no es ni una cosa ni la otra"</p><p class="subtitle">Amigas que vivan cerca: cómo nos cambia la vida compartir lo cotidiano</p></div><p class="article-text">
        El ritmo de vida de Manuel es todo lo calmado que la sociedad le permite. Le gusta pasar tiempo en su casa a solas, detesta las aglomeraciones que se pueden dar en bares o macrofestivales y prefiere relacionarse con dos o tres personas a la vez como m&aacute;ximo. Adem&aacute;s, si socializa durante un tiempo prolongado, luego necesita volver a su soledad para recuperarse. &ldquo;Es como si mi cabeza no diese m&aacute;s de s&iacute;&rdquo;, dice a elDiario.es. Estas caracter&iacute;sticas le definen como introvertido, algo que identific&oacute; cuando ya estaba en la universidad. De ni&ntilde;o o adolescente ya notaba que era menos sociable que el resto, pero el adjetivo que le adjudicaban era &ldquo;rarito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando era ni&ntilde;o, Jes&uacute;s prefer&iacute;a jugar en grupos reducidos o solo con sus mejores amigos aunque realmente lo que prefer&iacute;a era que le dejasen &ldquo;leer tranquilo&rdquo;. &ldquo;Con los a&ntilde;os me di cuenta de que en realidad era bastante sociable, con facilidad para hacer amigos, conocer gente y moverme en grupos grandes. No sufro cuando tengo que socializar&rdquo;, comenta. Pero hay una parte de esa introversi&oacute;n que permanece: no le importa estar solo y ya ha perdido ese FOMO propio de la adolescencia que le forzaba a salir de casa y relacionarse de forma expansiva para no sentirse marginado. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que les ocurre a Manuel y a Jes&uacute;s es un rasgo de personalidad, no es ning&uacute;n trastorno. Solo lo ser&iacute;a si les impidiese llevar una existencia funcional, que no es el caso. Sylvie P&eacute;rez, profesora colaboradora de los Estudios de Psicolog&iacute;a y Ciencias de la Educaci&oacute;n en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), desarrolla que &ldquo;la persona introvertida, como rasgo de personalidad, es feliz, est&aacute; tranquila y se siente equilibrada con bajos niveles de estimulaci&oacute;n o interacci&oacute;n social&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Roberto se identifica como un individuo introvertido porque prefiere estar m&aacute;s tiempo en soledad que acompa&ntilde;ado, lo que no significa que no le guste juntarse con otros. Un d&iacute;a su pareja le defini&oacute; como t&iacute;mido, pero &eacute;l no considera que lo sea. De hecho, cree que ella es m&aacute;s t&iacute;mida que &eacute;l aunque sea m&aacute;s sociable. &ldquo;Yo hago amigos muy f&aacute;cilmente solo que no me gusta estar constantemente rodeado&rdquo;, afirma. Lo mismo le ocurre a Maru: &ldquo;Soy bastante sociable, trabajo con muchas personas, tengo muchos amigos y quienes me conocen seguramente dir&iacute;an que soy simp&aacute;tica. Pero la verdad es que cuando interact&uacute;o mucho o durante demasiado tiempo, necesito quedarme a solas&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La persona introvertida, como rasgo de personalidad, es feliz, está tranquila y se siente equilibrada con bajos niveles de estimulación o interacción social</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sylvie Pérez</span>
                                        <span>—</span> profesora de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en UOC
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Confundir timidez con introversi&oacute;n es un error muy frecuente en la sociedad. Sylvie P&eacute;rez lo achaca a que la palabra que se usa como ant&iacute;tesis de t&iacute;mido es extrovertido, al igual que para introvertido. &ldquo;T&uacute; puedes ser introvertido y no ser t&iacute;mido. El t&iacute;mido tiene miedo o es inseguro y el introvertido no es ni una cosa ni la otra&rdquo;, explica. Por supuesto, alguien puede ser las dos cosas como le ocurre a Jes&uacute;s, aunque con el tiempo ha conseguido atenuar la incomodidad que le pueden suponer ciertas situaciones. &ldquo;He aprendido a comportarme sin timidez, a hablar en p&uacute;blico y a dirigirme a desconocidos. S&iacute; conservo algunos ramalazos de timidez: me pongo rojo con facilidad cuando hablan de m&iacute;, hay conversaciones que aplazo innecesariamente y situaciones que se me hacen bola&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga general sanitaria y forense especializada en el &aacute;mbito de la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica&nbsp;Laia Sabat&eacute;, coincide con su colega en que se tiende a pensar que timidez, introversi&oacute;n e incluso verg&uuml;enza son lo mismo. &ldquo;Se pueden dar las tres cosas a la vez y normalmente solemos confundir una con otra. Para m&iacute; lo importante no es tanto ponerle nombre a estos tres factores sino que cuando nos sintamos inseguros o inc&oacute;modos, podamos revisar qu&eacute; es lo que nos est&aacute; haciendo sentir as&iacute; y qu&eacute; necesitamos. Sin la necesidad de etiquetarnos en exceso&rdquo;, diserta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, destaca que &ldquo;depende de la historia de vida de cada uno, de lo que haya vivido y de c&oacute;mo se haya aprendido o no a regular emocionalmente&rdquo;. Por ejemplo, Jes&uacute;s explica que &eacute;l ha tenido suerte en su entorno personal y laboral. &ldquo;Creo que lo pasar&iacute;a mal si trabajara en contextos m&aacute;s agresivos o competitivos, o que me impidieran &lsquo;retraerme&rsquo; de vez en cuando&rdquo;, apunta y recuerda que una amiga le cont&oacute; una experiencia traum&aacute;tica relacionada con este tema. Ella trabajaba en una consultora que organiz&oacute; una barbacoa para fomentar el<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/era/offboarding-team-building-lenguaje-laboral-pervertido-eufemismos_1_10736202.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>team building</em></a> y lo pas&oacute; fatal por tener que participar en dicho evento. Al d&iacute;a siguiente, su jefa le recrimin&oacute; que &ldquo;no se hubiera puesto un bikini, que hubiera bebido poco y que no hubiera &lsquo;bajado la guardia&rsquo;. Le dijo que ese car&aacute;cter reservado indicaba que no se sent&iacute;a plenamente c&oacute;moda en su trabajo y con su equipo&rdquo;, cuenta Jes&uacute;s y manifiesta que &eacute;l no habr&iacute;a durado en ese entorno &ldquo;ni cinco minutos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando interactúo mucho o durante demasiado tiempo, necesito quedarme a solas</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La gente s&iacute; cambia (aunque sea un poco)</h2><p class="article-text">
        Manuel s&iacute; ha notado que desde que trabaja en casa su tendencia a la introversi&oacute;n se ha agudizado. Durante su &eacute;poca de estudiante y despu&eacute;s en los diversos trabajos &lsquo;de oficina&rsquo; que desempe&ntilde;&oacute; tuvo que hablar con otros cada d&iacute;a: &ldquo;He trabajado muchos a&ntilde;os de teleoperador, por ejemplo, que supone estar ocho horas diarias hablando con desconocidos&rdquo;. Pero el teletrabajo le ha librado de esa obligaci&oacute;n: &ldquo;La cosa ha ido a m&aacute;s y ahora me da pereza (o incluso agobio) cosas que antes s&iacute; hac&iacute;a sin problemas, como ir al Rastro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Roberto, los a&ntilde;os influyen en este rasgo de personalidad en concreto: &ldquo;Con la edad tambi&eacute;n creo que seleccionas m&aacute;s d&oacute;nde, con qui&eacute;n y para qu&eacute; socializas&rdquo;. Una opini&oacute;n que Elena comparte, aunque con matices: &ldquo;Si me hubieses preguntado hace 20 a&ntilde;os que me considero introvertida o extrovertida, te hubiese dicho que totalmente extrovertida. Pero era otra &eacute;poca, no est&aacute;bamos todo el rato conectados, no ten&iacute;amos esa sensaci&oacute;n de tener que estar disponibles siempre que causa que mucha gente ya no pueda m&aacute;s&rdquo;. Ella considera que est&aacute; en ese colectivo que, depende del d&iacute;a, necesita permanecer a solas sin que eso signifique necesariamente que se considere introvertida.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la edad, Sylvie P&eacute;rez apunta que &ldquo;las dimensiones de la personalidad se van construyendo a medida que nos vamos haciendo mayores. Normalmente, un joven que no tiene del todo madurado el sistema frontal del cerebro, que tiene muchas experiencias todav&iacute;a por vivir, tiende a ser m&aacute;s extrovertido o a tener menos conciencia de peligro, a ser m&aacute;s impulsivo&rdquo;. De esta manera, &ldquo;la mayor&iacute;a de la gente de mediana edad ha aprendido un poco a ser m&aacute;s prudente, ya le han pasado cosas. Aunque siempre tendemos m&aacute;s a un lado o a otro&rdquo;, arguye.
    </p><p class="article-text">
        Sabat&eacute; coincide con Elena en que el ritmo fren&eacute;tico de la cotidianidad que ha impuesto el turbocapitalismo puede influir en los rasgos de la personalidad. &ldquo;Vivimos un momento muy estimulante: redes, inmediatez, autoexigencia, presi&oacute;n social&hellip; todo esto nos hace ir a un ritmo muy r&aacute;pido y a veces tenemos demasiados est&iacute;mulos cerca. Para quienes tienen esta tendencia a la introversi&oacute;n, supone a veces un esfuerzo doble poder regularse, ya que la sociedad nos lleva a mostrarnos demasiado hacia fuera&rdquo;. Esta interacci&oacute;n constante y no siempre deseada, tambi&eacute;n puede reducir el tiempo disponible para estar a solas, aunque la especialista remarca que: &ldquo;Depende del momento vital, el contexto y de cada cual&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En general, a las y los entrevistados tener una personalidad introvertida no les ha tra&iacute;do problemas (o no demasiados) ni en su &aacute;mbito personal ni en el laboral. De hecho, Maru considera que el tiempo que pasa a solas &ldquo;son los momentos de m&aacute;s creatividad, profundidad y calma en general, en los que proceso todo lo que voy viviendo&rdquo;. Manuel tampoco ha sentido que ser como es le haya perjudicado en ninguno de los dos aspectos, aunque s&iacute; cree que se puede haber perdido experiencias que podr&iacute;a haber disfrutado. &ldquo;Quedarse en casa est&aacute; muy bien, pero otras cosas quiz&aacute; tambi&eacute;n. No se puede tener todo. Quiz&aacute; si pudiese conseguir que todo el mundo se quedase en casa cuando yo quiero hacer algo fuera de ella, pero no creo que est&eacute;n por la labor&rdquo;, ironiza.
    </p><p class="article-text">
        Para Sylvie P&eacute;rez, en la sociedad hay cierta desconfianza ante la introversi&oacute;n en comparaci&oacute;n con la extroversi&oacute;n. Sobre todo por la confusi&oacute;n entre el primer t&eacute;rmino y la timidez. &ldquo;Normalmente la introversi&oacute;n va asociada a ser inseguro, reservado, selectivo. Y se puede pensar que alguien as&iacute; tendr&aacute; algo que esconder o le cuesta demasiado socializar. Mientras que identificamos la extroversi&oacute;n, la capacidad de hablar con los dem&aacute;s, con sentirse seguro&rdquo;, desgrana y discurre que &ldquo;interpretamos el silencio como problema, simplificamos mucho&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Vivimos un momento muy estimulante (...) Para quienes tienen tendencia a la introversión, supone a veces un esfuerzo doble poder regularse; la sociedad nos lleva a mostrarnos demasiado hacia fuera</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Laia Sabaté</span>
                                        <span>—</span> psicóloga general sanitaria y forense
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La opini&oacute;n de Sabat&eacute; va en la misma l&iacute;nea ya que piensa que la gente con este rasgo de personalidad puede sentirse m&aacute;s cansada: &ldquo;Parece que si no mantenemos siempre una energ&iacute;a social a tope, con ganas de recibir muchos est&iacute;mulos a la vez, nos pasa algo malo&rdquo;. Sin embargo, P&eacute;rez ha detectado un cambio: &ldquo;Hay bastantes personas que se van situando un poco en ir despacio, en procesar las cosas. Ponen sus cuentas en las redes sociales como privadas o se apuntan a los movimientos como el <em>slow food&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Para Manuel, ser introvertido es m&aacute;s dif&iacute;cil que ser extrovertido &ldquo;pero es mucho m&aacute;s f&aacute;cil ahora que hace diez o veinte a&ntilde;os&rdquo;. &ldquo;Ahora todo el mundo ha aprendido a base de memes en internet que existe gente a la que no le gusta estar en grupos grandes, hacer planes multitudinarios y entienden que estar en casa solo no es tan raro&rdquo;, concreta. Jes&uacute;s cree que &ldquo;los modelos de conducta son mayoritariamente extrovertidos. Se valora la espontaneidad, el impulso, el expresarse sin cortapisas o sin pensarlo dos veces. Pero eso no es una novedad, siempre ha sido as&iacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Coincide con Manuel en que la tecnolog&iacute;a ha sido una ayuda porque &ldquo;hay formas de comunicaci&oacute;n menos invasivas <a href="https://www.eldiario.es/era/llamar-superinvasivo-generacion-zeta-telefono-mensajes_1_10452431.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(escribir un mensaje en vez de llamar)</a> y desde la pandemia existen reductos de soledad socialmente aceptados. Incluso las redes permiten visibilizar otra forma de relacionarse y ya no imponen una &uacute;nica manera de socializar&rdquo;. &ldquo;Creo que hoy ser introvertido est&aacute; m&aacute;s aceptado que hace a&ntilde;os, cuando el &uacute;nico modelo aspiracional era ser el rey del gallinero&rdquo;, concluye.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/parece-si-no-tope-pasa-malo-viven-personas-introvertidas_1_13243281.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2026 19:52:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Parece que si no estamos siempre a tope, nos pasa algo malo”: así viven las personas introvertidas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Bienestar emocional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No hay que sentirse culpable": dormir hasta tarde el fin de semana puede ser bueno para tu salud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-hay-sentirse-culpable-dormir-tarde-semana-bueno-salud_1_13556582.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7938deb-73b1-4adc-9ef5-1a015d404fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;No hay que sentirse culpable&quot;: dormir hasta tarde el fin de semana puede ser bueno para tu salud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las recomendaciones tradicionales hacen hincapié en los riesgos de dormir hasta tarde, pero unos 90 minutos más podrían prevenir la hipertensión arterial, según apunta una nueva investigación</p><p class="subtitle">Por qué retrasas tanto la hora de acostarte si sabes que mañana lo vas a pagar</p></div><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, los expertos han destacado los riesgos de quedarse en la cama hasta tarde, advirtiendo de que <a href="https://www.eldiario.es/era/deuda-de-sueno_1_10426331.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recuperar el sue&ntilde;o perdido</a> durante el fin de semana puede alterar el reloj biol&oacute;gico y provocar efectos adversos para la salud.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, un an&aacute;lisis ha aportado una matizaci&oacute;n alentadora a ese consejo: si no se abusa de ello, quedarse en la cama hasta tarde los fines de semana puede ser beneficioso, con un tiempo ideal de 1 hora y 27 minutos adicionales en la cama para protegerse contra la hipertensi&oacute;n arterial.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de los expertos siguen coincidiendo en que establecer una rutina fija para acostarse y levantarse es fundamental para mantener una buena salud. Sin embargo, un nuevo estudio revela que recuperar una cantidad moderada de sue&ntilde;o &mdash;entre una y dos horas extra&mdash; tras una semana larga se asocia con una menor prevalencia de hipertensi&oacute;n arterial.
    </p><p class="article-text">
        A nivel mundial, m&aacute;s de 1.300 millones de personas padecen hipertensi&oacute;n. Estas personas se enfrentan a un riesgo mucho mayor de sufrir un infarto, un ictus, una enfermedad renal o una muerte prematura.
    </p><p class="article-text">
        Aunque otras medidas para evitar la hipertensi&oacute;n siguen siendo fundamentales &mdash;como mantenerse activo, mantener un peso saludable y llevar una alimentaci&oacute;n adecuada&mdash;, el estudio sugiere que la gente ya no deber&iacute;a sentirse culpable por levantarse tarde los fines de semana, seg&uacute;n los expertos.
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n <a href="https://test-digital-congress.escardio.org/esc-congress/speakers/1446560" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se present&oacute;</a> en M&uacute;nich, en el congreso anual de la Sociedad Europea de Cardiolog&iacute;a, el mayor congreso sobre cardiolog&iacute;a del mundo.
    </p><p class="article-text">
        La autora del estudio, la doctora Nawon Lee, de la Universidad de Corea en Se&uacute;l, afirma que &ldquo;no dormir lo suficiente supone un estr&eacute;s adicional para el cuerpo. Hace que el coraz&oacute;n y los vasos sangu&iacute;neos trabajen m&aacute;s y puede aumentar la presi&oacute;n arterial. Dormir un poco m&aacute;s el fin de semana puede dar al cuerpo la oportunidad de recuperarse y reducir parte de ese estr&eacute;s&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente no deber&iacute;a sentirse perezosa ni culpable por dormir un poco m&aacute;s el fin de semana. Si no han podido dormir lo suficiente durante la semana, dormir un poco m&aacute;s el fin de semana puede ser simplemente la forma que tiene el cuerpo de recuperarse de esa p&eacute;rdida de sue&ntilde;o&rdquo;, explica. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El análisis identifica la marca de referencia de 1 hora y 27 minutos como la cantidad ideal de sueño de recuperación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El estudio analiz&oacute; a 40.000 adultos de Corea del Sur durante un periodo de siete a&ntilde;os. El sue&ntilde;o de recuperaci&oacute;n del fin de semana se defini&oacute; como la diferencia entre la duraci&oacute;n del sue&ntilde;o durante el fin de semana y la de los d&iacute;as laborables.
    </p><p class="article-text">
        En general, el sue&ntilde;o de recuperaci&oacute;n del fin de semana se asoci&oacute; con una reducci&oacute;n del 6% en el riesgo de hipertensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se observ&oacute; un beneficio ligeramente mayor en las personas consideradas f&iacute;sicamente inactivas. Estas ten&iacute;an un 6,9% menos de probabilidades de padecer hipertensi&oacute;n si se quedaban en la cama hasta m&aacute;s tarde los fines de semana.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis identifica la marca de referencia de 1 hora y 27 minutos como la cantidad ideal de sue&ntilde;o de recuperaci&oacute;n, se&ntilde;ala Lee. Una persona que duerma esta cantidad extra de tiempo tendr&iacute;a un 9% menos de probabilidades de padecer hipertensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se sabe que no dormir lo suficiente impide que la presi&oacute;n arterial baje por la noche, lo que aumenta el riesgo de desarrollar hipertensi&oacute;n. Los expertos ya hab&iacute;an destacado anteriormente la importancia de tener un horario regular para acostarse y levantarse, y hab&iacute;an descartado la idea de que se pueda recuperar el sue&ntilde;o perdido durante el fin de semana.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aunque la nueva investigaci&oacute;n ha demostrado que recuperar algo de sue&ntilde;o podr&iacute;a mejorar la salud card&iacute;aca, dormir en exceso podr&iacute;a ser perjudicial, advierte Lee. Por ejemplo, las personas que duermen m&aacute;s de cuatro horas adicionales durante el fin de semana presentan mayor riesgo de hipertensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que recuperar moderadamente el sue&ntilde;o perdido durante el fin de semana puede tener un efecto protector porque, en las personas que sufren privaci&oacute;n de sue&ntilde;o entre semana, el beneficio de compensar la falta de sue&ntilde;o puede superar el posible perjuicio derivado de tener un horario de sue&ntilde;o irregular&rdquo;, afirma Lee.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recuperar moderadamente el sueño perdido durante el fin de semana puede tener un efecto protector porque, en las personas que sufren privación de sueño entre semana, el beneficio de compensar la falta de sueño puede superar el posible perjuicio derivado de tener un horario de sueño irregular</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Nawon Lee</span>
                                        <span>—</span> doctora de la Universidad de Corea en Seúl y autora del estudio
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Sin embargo, cuando el sue&ntilde;o de recuperaci&oacute;n durante el fin de semana se vuelve excesivo, el grado de irregularidad en el sue&ntilde;o y la alteraci&oacute;n del ritmo circadiano pueden aumentar, lo que podr&iacute;a contrarrestar ese beneficio&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Mantener un horario de sue&ntilde;o regular sigue siendo importante, pero recuperar una cantidad moderada de sue&ntilde;o puede ser beneficioso, en lugar de algo por lo que sentirse mal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La doctora Sonya Babu-Narayan, cardi&oacute;loga especialista y directora cl&iacute;nica de la British Heart Foundation, que no ha participado en la investigaci&oacute;n, dice: &ldquo;A muchos de nosotros nos cuesta dormir lo suficiente entre semana debido al trabajo, la familia y los compromisos sociales, por lo que es natural que disfrutemos de dormir hasta tarde el fin de semana para recuperar el sue&ntilde;o perdido.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Este estudio no es una luz verde para dejar de lado la actividad f&iacute;sica, pero, por ahora, quiz&aacute; no tengamos por qu&eacute; sentirnos culpables por levantarnos tarde el fin de semana&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrew Gregory]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-hay-sentirse-culpable-dormir-tarde-semana-bueno-salud_1_13556582.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Oct 2026 20:47:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["No hay que sentirse culpable": dormir hasta tarde el fin de semana puede ser bueno para tu salud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sueño,Descanso,Dormir,Bienestar,Salud,The Guardian]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué retrasas tanto la hora de acostarte si sabes que mañana lo vas a pagar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/retrasas-hora-acostarte-si-manana-vas-pagar_1_13440609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/04dfe744-3dbd-432e-a935-fedab6172b32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x318y259.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué retrasas tanto la hora de acostarte si sabes que mañana lo vas a pagar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al fenómeno se le conoce como "procrastinación del sueño por venganza": mirar el móvil, ver una peli o dedicar un rato a un proyecto personal robando horas al descanso para sentir que aún se puede disfrutar del tiempo propio tras una jornada plagada de obligaciones. ¿Cómo nos afecta?</p><p class="subtitle">“Perdona, no me da la vida”: ¿realmente no tenemos tiempo para nada o solo nos sentimos ocupados?</p></div><p class="article-text">
        Marina abre la puerta de su casa cuando el resto de la ciudad apenas comienza a despertar. Acaba de completar un agotador turno de noche como enfermera en la unidad de psiquiatr&iacute;a de un centro de Madrid. 
    </p><p class="article-text">
        El cansancio f&iacute;sico pesa de forma aplastante sobre sus p&aacute;rpados, pero en su mente bulle un impulso irrefrenable. En lugar de dirigirse directamente al dormitorio, va a la cocina, se prepara un desayuno abundante y enciende el televisor para ver una pel&iacute;cula. Otras veces, se pone a escribir. Sabe perfectamente que hac&iacute;a el mediod&iacute;a el agotamiento la vencer&aacute;, pero esa franja matutina representa su &uacute;nico territorio inviolable del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por la ma&ntilde;ana reina una tranquilidad absoluta en mi casa, que est&aacute; en una urbanizaci&oacute;n en el campo donde no hay ruido&rdquo;, explica. &ldquo;Me enga&ntilde;o a m&iacute; misma y, claro, a primera hora de la tarde me sobreviene un baj&oacute;n absoluto y me pregunto por qu&eacute; no me dorm&iacute; a las nueve de la ma&ntilde;ana&rdquo;, a&ntilde;ade la enfermera y escritora.
    </p><h2 class="article-text">Las horas robadas al sue&ntilde;o</h2><p class="article-text">
        El comportamiento que describe Marina Arrabal responde a un fen&oacute;meno global identificado por la psicolog&iacute;a contempor&aacute;nea como <em>revenge bedtime procrastination</em> o procrastinaci&oacute;n del sue&ntilde;o por venganza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ese pedazo de tiempo robado al sueño siempre es el más productivo de mi jornada. Durante el día acumulo mil tareas pendientes, pero en la franja arañada al sueño degusto cada segundo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marina Arrabal</span>
                                        <span>—</span> enfermera y escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <a href="https://produccioncientifica.ucm.es/investigadores/146390/detalle" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alfredo Rodr&iacute;guez Mu&ntilde;oz</a>, catedr&aacute;tico y director del Departamento de Psicolog&iacute;a Social, del Trabajo y Diferencial de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro <a href="https://www.kailas.es/libros/libros-no-ficcion/dormir-para-vivir/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Dormir para vivir</em></a><em> </em>(Kailas, 2026), define el concepto con claridad acad&eacute;mica: &ldquo;La llamada procrastinaci&oacute;n del sue&ntilde;o por venganza describe la tendencia a retrasar deliberadamente la hora de acostarse para recuperar un tiempo propio despu&eacute;s de un d&iacute;a percibido como completamente ocupado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n describe la ciencia, esta conducta revela tensiones profundas entre las exigencias laborales y las necesidades emocionales del individuo. &ldquo;Desde la psicolog&iacute;a del trabajo, esta conducta demuestra que muchas personas sienten que el trabajo no termina al concluir la jornada&rdquo;, se&ntilde;ala Rodr&iacute;guez Mu&ntilde;oz. &ldquo;Estamos inmersos en una cultura de disponibilidad permanente donde resulta dif&iacute;cil desconectar psicol&oacute;gicamente. Correos, mensajes y notificaciones hacen que el trabajo siga ocupando espacio mental tras cerrar el ordenador&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para quien vive atrapado en la inercia diaria, esas horas nocturnas adquieren un valor casi m&iacute;stico. La sensaci&oacute;n de recuperar el mando sobre las propias decisiones convierte el tiempo nocturno en un regalo. Como relata Marina, mostrando sus dotes narrativas: &ldquo;Ese pedazo de tiempo robado al sue&ntilde;o siempre es el m&aacute;s productivo de mi jornada. Durante el d&iacute;a acumulo mil tareas pendientes, pero en la franja ara&ntilde;ada al sue&ntilde;o degusto cada segundo. Incluso viendo una pel&iacute;cula mala siento que le saco partido. Se parece a estar en una habitaci&oacute;n llena de oro simplemente contemplando el metal&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Dormir menos para sentirnos libres</h2><p class="article-text">
        La clave reside en comprender por qu&eacute; la mente humana prioriza esa gratificaci&oacute;n de disponer de tiempo libre inmediato a costa del desgaste f&iacute;sico que sufrir&aacute; al d&iacute;a siguiente. La respuesta psicol&oacute;gica apunta, seg&uacute;n Alfredo Rodr&iacute;guez Mu&ntilde;oz, a la frustraci&oacute;n de las necesidades emocionales b&aacute;sicas durante las horas diurnas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La autonom&iacute;a constituye una necesidad psicol&oacute;gica b&aacute;sica y uno de los principales recursos para el bienestar&rdquo;, sostiene el catedr&aacute;tico. &ldquo;Cuando esa necesidad queda frustrada durante el d&iacute;a, algunas personas intentan recuperarla por la noche. Ese rato representa el &uacute;nico momento de la jornada en el que sienten que el tiempo les pertenece, tras haber pasado el d&iacute;a respondiendo a prioridades ajenas&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A nivel cognitivo, la capacidad de tomar decisiones saludables se encuentra seriamente minada al caer la noche: &#039;Al final del día nuestros recursos de autorregulación están agotados (...) Resulta muy difícil resistirse a las recompensas inmediatas&#039;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alfredo Rodríguez Muñoz</span>
                                        <span>—</span> catedrático en Psicología (UCM) y autor de &#039;Dormir para vivir&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El especialista utiliza una met&aacute;fora esclarecedora para definir la trampa de este h&aacute;bito: &ldquo;El sue&ntilde;o acaba convirti&eacute;ndose en la moneda con la que compramos un poco de autonom&iacute;a, pero la factura sale muy cara porque al d&iacute;a siguiente empezamos la jornada todav&iacute;a m&aacute;s cansados. Dormimos menos para sentir que vivimos un poco m&aacute;s, sufriendo a largo plazo el efecto contrario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A nivel cognitivo, la capacidad de tomar decisiones saludables se encuentra seriamente minada al caer la noche. Rodr&iacute;guez Mu&ntilde;oz detalla este proceso: &ldquo;Al final del d&iacute;a nuestros recursos de autorregulaci&oacute;n est&aacute;n agotados. Tras tomar decisiones y resolver problemas, resulta muy dif&iacute;cil resistirse a las recompensas inmediatas. Ver un cap&iacute;tulo o consultar las redes ofrece una gratificaci&oacute;n instant&aacute;nea, mientras que acostarse temprano solo ofrece recompensa al d&iacute;a siguiente&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El cerebro primario opta por el beneficio en el presente. &ldquo;Damos mucho m&aacute;s valor a los beneficios inmediatos que a los costes futuros. Pesa m&aacute;s la sensaci&oacute;n de haber recuperado una hora para nosotros que un cansancio que todav&iacute;a no sentimos. Es una peque&ntilde;a victoria psicol&oacute;gica con una factura biol&oacute;gica para la ma&ntilde;ana siguiente&rdquo;, puntualiza el catedr&aacute;tico de la UCM.
    </p><p class="article-text">
        La supuesta victoria sobre el reloj se evapora al sonar la alarma. Marina reconoce la resaca de esas noches robadas: &ldquo;Al despertar siempre me encuentro hecha una mierda, aunque me digo que ayer la cosa no estuvo tan mal. Pero lo cierto es que suelo tener lagunas mentales y apenas recuerdo una niebla confusa de aquella habitaci&oacute;n llena de oro. Da la impresi&oacute;n de haber estado all&iacute; solo en sue&ntilde;os, porque en realidad no he descansado nada. El arrepentimiento es real, aunque me autoenga&ntilde;e pensando que lo que escrib&iacute; durante ese rato tiene valor&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La colonizaci&oacute;n del tiempo y la sociedad acelerada</h2><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; para comprender las ra&iacute;ces estructurales del fen&oacute;meno resulta indispensable ir m&aacute;s all&aacute; del individuo. El soci&oacute;logo <a href="https://x.com/JorgeMoruno?lang=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jorge Moruno</a>, autor de <a href="https://www.akal.com/libro/no-tengo-tiempo_35662/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>No tengo tiempo. Geograf&iacute;as de la precariedad</em></a><em> (Akal, 2018)</em>, sit&uacute;a esta conducta dentro de una din&aacute;mica colectiva de aceleraci&oacute;n y desposesi&oacute;n temporal.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La procrastinaci&oacute;n del sue&ntilde;o aparece como consecuencia de una vida acelerada y sin tiempo libre, donde las personas intentan ara&ntilde;ar un espacio propio quit&aacute;ndoselo al descanso&rdquo;, apunta. &ldquo;Es la respuesta a una existencia donde nos vemos forzados a comportarnos como una extensi&oacute;n de nuestro propio tel&eacute;fono m&oacute;vil, siempre conectados y en guardia&rdquo;. A su juicio, restarle horas a la almohada constituye un desesperado intento de adaptaci&oacute;n frente a una estructura social que ahoga la disponibilidad personal.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis hist&oacute;rico del soci&oacute;logo rastrea c&oacute;mo los avances tecnol&oacute;gicos, lejos de recortar las jornadas de esfuerzo humano, han ampliado las fronteras de la producci&oacute;n hasta invadir el descanso natural. &ldquo;La aparici&oacute;n de la luz artificial permiti&oacute; romper los ciclos naturales y extender la actividad industrial tras la puesta del sol. La paradoja del desarrollo tecnol&oacute;gico radica en su capacidad para reducir la necesidad de trabajo humano y liberar tiempo libre, mientras que bajo la l&oacute;gica de la producci&oacute;n mercantil se transforma en un exprimidor del tiempo&rdquo;, argumenta Moruno.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La paradoja del desarrollo tecnológico radica en su capacidad para reducir la necesidad de trabajo humano y liberar tiempo libre, mientras que bajo la lógica de la producción mercantil se transforma en un exprimidor del tiempo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Jorge Moruno</span>
                                        <span>—</span> sociólogo y autor de &#039;No tengo tiempo. Geografías de la precariedad&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En la actualidad, las herramientas digitales, como los m&oacute;viles, internet o la IA, consolidan una servidumbre voluntaria revestida de autonom&iacute;a personal. &ldquo;Nos convertimos en accionistas de nuestra propia fuerza de trabajo y realizamos inversiones constantes en nosotros mismos para competir en el mercado. Vivimos en el alambre ante la posibilidad de volvernos superfluos, mientras toda esa servidumbre se presenta bajo la apariencia de libertad. Ahora se entiende bien eso de Marx cuando dec&iacute;a que &lsquo;el trabajador libre es virtualmente un pobre&rsquo;&rdquo;, advierte el autor.
    </p><h2 class="article-text">Maternidad, creaci&oacute;n y la b&uacute;squeda de un espacio propio</h2><p class="article-text">
        La pugna por el tiempo adquiere matices especialmente agudos en vidas marcadas por los cuidados o la creaci&oacute;n art&iacute;stica. Para Amaia Gracia, artista pl&aacute;stica y madre de dos hijas, robarle horas a la madrugada representa la &uacute;nica v&iacute;a para sostener su identidad profesional y creadora frente a las demandas absolutas de la crianza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde hace nueve a&ntilde;os los momentos en los que deber&iacute;a irme a la cama y no lo hago responden a la necesidad de tener un rato para m&iacute;&rdquo;, explica. &ldquo;La &uacute;nica manera de conservar espacio y tiempo personal pasaba por el trabajo o por quitarme horas de descanso&rdquo;, confiesa. La maternidad reconfigur&oacute; por completo sus coordenadas temporales y mentales.<strong> </strong>&ldquo;Con la maternidad y la crianza <a href="https://www.eldiario.es/nidos/perder-identidad-personal-convertirte-madre-acabe-pensando_1_12823220.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sent&iacute; la p&eacute;rdida de mi espacio mental</a> y del tiempo para pensar en proyectos art&iacute;sticos, definir piezas o preparar convocatorias. Robar horas al sue&ntilde;o me ha permitido conservar ese refugio propio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En medio del silencio nocturno, la pantalla de su <em>smartphone</em> se transforma en un punto de contacto imprescindible con la cultura y la estimulaci&oacute;n intelectual. &ldquo;Mientras duermo a las peque&ntilde;as suelo tener el m&oacute;vil en la mano. Lo utilizo para leer textos o ver cine que me interesa. Se ha convertido en mi ventana al mundo exterior para no perder la esencia de qui&eacute;n soy&rdquo;, explica la artista.
    </p><p class="article-text">
        Amaia recurre a referentes literarios cl&aacute;sicos para conceptualizar esa necesidad vital de aislamiento. &ldquo;Recuerdo a menudo la obra de Virginia Woolf, <em>Una habitaci&oacute;n propia</em>, para m&iacute; es un s&iacute;mbolo muy importante de la necesidad de nuestro espacio mental e interior. Resulta fundamental conservar ese refugio personal frente al ritmo de vida exigente que llevamos hoy en d&iacute;a&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con la maternidad y la crianza sentí la pérdida de mi espacio mental y del tiempo para pensar en proyectos artísticos, definir piezas o preparar convocatorias. Robar horas al sueño me ha permitido conservar ese refugio propio</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Amaia Gracia</span>
                                        <span>—</span> artista
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El negocio de la escasez</h2><p class="article-text">
        La privatizaci&oacute;n y la escasez del tiempo han generado adem&aacute;s un f&eacute;rtil nicho econ&oacute;mico. Jorge Moruno denuncia c&oacute;mo el mercado aprovecha el agotamiento ciudadano para comercializar soluciones artificiales a un problema estructural.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Han surgido nuevos nichos de negocio enfocados en vender servicios para cubrir nuestra falta de tiempo&rdquo;, explica el experto. &ldquo;Se compran y venden productos cuya &uacute;nica raz&oacute;n de ser es la escasez de horas libres, cuando muchos de esos servicios desaparecer&iacute;an si la sociedad tuviese el tiempo garantizado&rdquo;. Desde la comida precocinada hasta las plataformas de entrega r&aacute;pida o el consumo masivo de psicof&aacute;rmacos para gestionar la ansiedad y el insomnio. La limitaci&oacute;n temporal alimenta industrias millonarias a costa del bienestar colectivo.
    </p><p class="article-text">
        El soci&oacute;logo vincula de forma directa la posesi&oacute;n del tiempo con la esencia misma de la democracia y la ciudadan&iacute;a real. &ldquo;El debate sobre el tiempo equivale al debate sobre la libertad. Solo existe libertad si se garantiza la igualdad en el acceso al tiempo. Los griegos utilizaban la palabra <em>skhol&egrave;</em>, origen del t&eacute;rmino escuela, para designar el tiempo libre como condici&oacute;n indispensable de la ciudadan&iacute;a&rdquo;. Frente al deterioro generalizado del descanso, las soluciones no pueden reducirse a meras recomendaciones de autoayuda o disciplina personal.
    </p><p class="article-text">
        Tanto la psicolog&iacute;a como la sociolog&iacute;a coinciden en exigir transformaciones estructurales. Alfredo Rodr&iacute;guez Mu&ntilde;oz enfatiza la necesidad de un cambio de mirada: &ldquo;Conviene dejar de interpretar este comportamiento como un simple problema de falta de disciplina. Constituye el s&iacute;ntoma de una p&eacute;rdida de control sobre el tiempo. La soluci&oacute;n requiere introducir peque&ntilde;os espacios de autonom&iacute;a durante el d&iacute;a y exigir medidas para que las empresas respeten la desconexi&oacute;n digital&rdquo;. Pedirle a un individuo extenuado que simplemente se acueste antes equivale a ignorar las causas profundas de su malestar.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Jorge Moruno aboga por una agenda pol&iacute;tica que reclame los pilares de la existencia humana: &ldquo;Garantizar el tiempo libre mediante el acceso a la vivienda, un ingreso asegurado y entornos saludables es una medida justa y eficaz que evita el despilfarro del talento humano. Lo verdaderamente revolucionario pasa por recuperar el derecho a dormir, comer, respirar mejor y disfrutar de tiempo libre&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/retrasas-hora-acostarte-si-manana-vas-pagar_1_13440609.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Aug 2026 20:05:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué retrasas tanto la hora de acostarte si sabes que mañana lo vas a pagar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tendencias,Sueño,Estilo de vida,Descanso,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esto es lo que debes tener en cuenta si duermes con el ventilador o el aire acondicionado puesto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/debes-cuenta-si-duermes-ventilador-aire-acondicionado-puesto_1_13417294.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ab5f320c-cd5e-4b82-93fd-de6926c907e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1094y888.jpg" width="1200" height="675" alt="Esto es lo que debes tener en cuenta si duermes con el ventilador o el aire acondicionado puesto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La temperatura del dormitorio es el factor ambiental con mayor impacto sobre la calidad del sueño, pero ni el ventilador ni el aire acondicionado son neutros</p><p class="subtitle">Una administradora de fincas aclara quién paga los daños si el aire acondicionado del vecino de arriba gotea en tu balcón</p></div><p class="article-text">
        En las noches t&oacute;rridas de julio y agosto, la pregunta no es si encender el <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/ventilador-aire-acondicionado-conviene-casa-combatir-calor-disparar-factura_1_13341095.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ventilador o el aire acondicionado</a>, sino cu&aacute;l usar y c&oacute;mo. Dormir con calor no es solo inc&oacute;modo, tambi&eacute;n tiene consecuencias sobre la calidad del sue&ntilde;o, la recuperaci&oacute;n nocturna y el rendimiento f&iacute;sico y mental al d&iacute;a siguiente. Tanto el ventilador como el aire acondicionado resuelven el problema de formas distintas, con sus propios inconvenientes asociados.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo afecta la temperatura al sue&ntilde;o</h2><p class="article-text">
        El inicio del sue&ntilde;o requiere un <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30454599/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">descenso de la temperatura corporal</a> interna de entre 0,5 y 1&deg;C. Ese descenso requiere que el entorno nos permita disipar el calor corporal hacia el exterior, es decir, que por sudoraci&oacute;n, o por contacto del aire m&aacute;s fresco con la piel, el calor pase del cuerpo al ambiente. Pero si la habitaci&oacute;n est&aacute; caliente, conseguir este descenso de temperatura es m&aacute;s costoso, y el organismo tiene dificultades para iniciar el sue&ntilde;o. Durante la noche, el calor excesivo reduce la proporci&oacute;n de sue&ntilde;o de ondas lentas (el m&aacute;s reparador), aumenta los despertares nocturnos y acorta las fases de sue&ntilde;o REM.
    </p><p class="article-text">
        Una <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1087079224000194" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revisi&oacute;n de estudios de 2024</a> que analiz&oacute; la evidencia disponible sobre temperatura ambiental y sue&ntilde;o confirm&oacute; que las temperaturas nocturnas elevadas se asocian con mayor latencia de inicio del sue&ntilde;o (se tarda m&aacute;s en conciliar el sue&ntilde;o), m&aacute;s despertares y menor eficiencia del sue&ntilde;o. Un <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10529213/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio longitudinal de 2023</a> con personas que llevaban sensores en casa encontr&oacute; que la eficiencia del sue&ntilde;o ca&iacute;a un 5-10% cuando la temperatura del dormitorio superaba los 25&deg;C.
    </p><p class="article-text">
        El rango de temperatura recomendado para dormir se sit&uacute;a entre 18 y 22&deg;C para adultos j&oacute;venes sanos, y entre 20 y 25&deg;C para personas mayores. En verano, en Espa&ntilde;a, mantener esas temperaturas sin climatizaci&oacute;n es pr&aacute;cticamente imposible en muchas ciudades.
    </p><h2 class="article-text">Las ventajas y los riesgos de dormir con aire acondicionado </h2><p class="article-text">
        El <a href="https://www.eldiario.es/temas/aire-acondicionado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aire acondicionado</a> es el &uacute;nico sistema que puede reducir la temperatura del aire de forma activa e independiente de la temperatura exterior. La ventaja es clara: permite mantener el dormitorio dentro del rango &oacute;ptimo para el sue&ntilde;o, incluso en las noches m&aacute;s calurosas, lo que produce un sue&ntilde;o de mayor calidad.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que el aire acondicionado deshumidifica el aire. A diferencia del ventilador, extrae humedad del ambiente, algo que es estupendo en lugares con alta humedad relativa (como en la costa). Sin embargo, en sitios donde la humedad est&aacute; por debajo del 40% (como el centro de Espa&ntilde;a), la mucosa nasal y far&iacute;ngea se reseca, reduce su capacidad de filtrado, y aumenta la susceptibilidad a la irritaci&oacute;n y a las infecciones respiratorias. Por ejemplo, las personas con rinitis al&eacute;rgica, asma o tendencia al ronquido son especialmente sensibles.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el cambio brusco de temperatura entre el interior y el exterior, especialmente cuando es de m&aacute;s de 10&deg;C, puede producir congesti&oacute;n nasal refleja al salir de la habitaci&oacute;n climatizada. Si el sistema de filtros no se <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/lejia-jabon-truco-limpiar-filtros-aire-condicionado-dejarlos-nuevos_1_13408774.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">limpia con la frecuencia recomendada</a> (al menos una vez al mes en verano), puede convertirse en un foco de hongos, bacterias y al&eacute;rgenos que se distribuyen por la habitaci&oacute;n durante el sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Lo ideal es mantener la temperatura entre 22 y 24&deg;C (no m&aacute;s baja), no apuntar el flujo de aire directamente a la cama, mantener los filtros limpios, y considerar un humidificador si la humedad relativa cae por debajo del 40%. El temporizador es tambi&eacute;n una opci&oacute;n pr&aacute;ctica para encender el aire acondicionado una hora antes de acostarse para enfriar la habitaci&oacute;n y apagarlo o subirlo a 26&deg;C en medio de la noche.
    </p><h2 class="article-text">Los inconvenientes y las ventajas del ventilador por la noche</h2><p class="article-text">
        Es importante saber que el ventilador no reduce la temperatura del aire, solo lo mueve. El efecto de fresco se produce porque el movimiento de aire sobre la piel acelera la evaporaci&oacute;n del sudor, extrayendo calor del cuerpo. Un ventilador es eficaz cuando la temperatura ambiente est&aacute; por debajo de la temperatura de la piel (aproximadamente 35&deg;C), pero, a partir de ese punto, el <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/temperatura-deja-efectivo-ventilador_1_13363661.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ventilador deja de funcionar</a>, y sopla aire caliente sobre la piel, empeorando la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una ventaja adicional para algunas personas es el ruido blanco que genera el ventilador. Hay <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34049045/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">varios estudios</a> que han confirmado que el ruido blanco de baja intensidad mejora la calidad del sue&ntilde;o en entornos ruidosos, muy &uacute;til si dejamos las ventanas abiertas en verano.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no es tanto como el aire acondicionado, el flujo continuo de aire sobre las v&iacute;as respiratorias puede resecar la mucosa nasal, producir congesti&oacute;n matutina o dolor de garganta al despertar. Este efecto se agrava, de nuevo, en personas con rinitis al&eacute;rgica o asma. Apuntar el ventilador directamente a la cara es lo que m&aacute;s reseca las mucosas, y es mejor orientarlo en otra direcci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Aire acondicionado o ventilador: cu&aacute;l es mejor para el sue&ntilde;o</h2><p class="article-text">
        Con todo lo anterior, la respuesta depende de la temperatura. Por debajo de 27&deg;C en exteriores, un ventilador bien orientado es suficiente y tiene menos riesgos que el aire acondicionado. Por encima de 30-32&deg;C, el ventilador solo no proporciona el frescor necesario para iniciar el sue&ntilde;o, y el aire acondicionado gana.
    </p><p class="article-text">
        La combinaci&oacute;n de los dos puede ser la mejor soluci&oacute;n para muchas personas. El aire acondicionado puede enfriar la habitaci&oacute;n hasta los 24&deg;C durante las primeras horas, y el ventilador mantiene la circulaci&oacute;n del aire y proporciona ruido blanco durante el resto de la noche, con el aire acondicionado apagado o al m&iacute;nimo. Sea cual sea la soluci&oacute;n, ser&aacute; mejor que dormir con calor y m&aacute;s riesgos para la salud.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Frías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/debes-cuenta-si-duermes-ventilador-aire-acondicionado-puesto_1_13417294.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Aug 2026 20:21:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Esto es lo que debes tener en cuenta si duermes con el ventilador o el aire acondicionado puesto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sueño,Dormir,Verano,Ola de calor,Aire acondicionado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mirar más, mostrar menos: por qué los jóvenes han cambiado su relación con las pantallas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mirar-mostrar-jovenes-han-cambiado-relacion-pantallas_1_13512515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b29a898-64ae-4932-b6c9-e984eefe151b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x889y279.jpg" width="1200" height="675" alt="Mirar más, mostrar menos: por qué los jóvenes han cambiado su relación con las pantallas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchos jóvenes pasan buena parte de su vida 'online', pero publican en sus redes con más cautela que generaciones anteriores. La huella digital, la mirada ajena y la presión estética ayudan a explicarlo</p><p class="subtitle">Las gafas de Meta y el problema de convertir la vigilancia en algo estético</p></div><p class="article-text">
        Aquellas generaciones que vivimos el nacimiento de las redes sociales &mdash;Tuenti, Facebook y MySpace, a las que unos a&ntilde;os despu&eacute;s se sumar&iacute;a Instagram&mdash; empezamos a concebir cada vez m&aacute;s nuestra vida como algo p&uacute;blico, compartible. Durante la etapa anal&oacute;gica, las fotograf&iacute;as apenas eran vistas por quienes ten&iacute;an el inter&eacute;s &mdash;y la paciencia&mdash; suficiente para permanecer sentados en el sal&oacute;n de casa pasando las hojas del &aacute;lbum familiar. Despu&eacute;s, la digitalizaci&oacute;n trajo consigo incontables im&aacute;genes almacenadas en carpetas en el disco duro de nuestros ordenadores. Las redes sociales dieron un paso m&aacute;s: no solo permit&iacute;an guardar aquellos recuerdos, sino mostrarlos. Poco a poco, compartir la propia vida se convirti&oacute; en una parte m&aacute;s de vivirla.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en los m&aacute;s de 15 a&ntilde;os transcurridos desde el nacimiento de Instagram, donde hemos compartido (casi) todo, tambi&eacute;n ha aumentado la conciencia sobre qui&eacute;n puede estar al otro lado de la pantalla, cu&aacute;nto tiempo permanece aquello que publicamos y qu&eacute; ocurre con toda la informaci&oacute;n sobre nosotros que acumulan las grandes plataformas tecnol&oacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        Los j&oacute;venes de la generaci&oacute;n Z parecen convivir as&iacute; con una paradoja: pasan buena parte de su vida conectados y consumen enormes cantidades de contenido, pero eso no significa necesariamente que est&eacute;n dispuestos a mostrar su propia vida con la misma despreocupaci&oacute;n con la que lo hicieron quienes estrenaron Facebook, Tuenti o Instagram a&ntilde;os atr&aacute;s
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es posible encontrar perfiles prácticamente vacíos detrás de una intensa actividad digital</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Se exponen realmente menos los j&oacute;venes? &iquest;Es una cuesti&oacute;n de mayor conciencia sobre la privacidad, de miedo a la mirada ajena o de una nueva forma de entender qu&eacute; partes de la identidad merece la pena hacer p&uacute;blicas? &iquest;Cu&aacute;nto est&aacute;n dispuestos a compartir y, sobre todo, con qui&eacute;n?&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Conectados, pero cada vez menos expuestos</h2><p class="article-text">
        Los m&aacute;s j&oacute;venes pasan mucho tiempo conectados a la red. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo <a href="https://iris.who.int/items/b7538d5f-d9ba-455f-ae11-80b28a43c76a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> sobre los h&aacute;bitos de salud de los ni&ntilde;os en edad escolar (HBSC por sus siglas en ingl&eacute;s), que coordina la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, el 36% de los adolescentes de entre 11 y 15 a&ntilde;os vive conectado casi todo el tiempo a lo largo del d&iacute;a, una cifra que se eleva hasta el 44% en chicas de 15 a&ntilde;os. Las redes se han convertido en un espacio central de socializaci&oacute;n que les permite mantener conversaciones y amistades, hacer planes o generar c&oacute;digos culturales compartidos. No estar en internet puede significar tambi&eacute;n quedarse fuera de una parte de la vida social del grupo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la paradoja se produce cuando, pese a dedicar gran parte de su cotidianidad al espacio digital y consumir grandes cantidades de contenido, muchos j&oacute;venes dejan cada vez menos constancia p&uacute;blica de s&iacute; mismos. Es posible encontrar perfiles pr&aacute;cticamente vac&iacute;os detr&aacute;s de una intensa actividad digital.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Los jóvenes de la generación Z parecen convivir con una paradoja: pasan buena parte de su vida conectados, pero eso no significa que estén dispuestos a mostrar su propia vida con despreocupación."
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                Los jóvenes de la generación Z parecen convivir con una paradoja: pasan buena parte de su vida conectados, pero eso no significa que estén dispuestos a mostrar su propia vida con despreocupación.                            </span>
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                    alt="Si en sus primeros años las redes favorecían una publicación más espontánea que te conectaba con tus amigos, hoy sus lógicas han virado hacia los algoritmos de recomendación y el &#039;scroll&#039; infinito."
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            <span class="title">
                Si en sus primeros años las redes favorecían una publicación más espontánea que te conectaba con tus amigos, hoy sus lógicas han virado hacia los algoritmos de recomendación y el &#039;scroll&#039; infinito.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        M&ordf; Dolores S&aacute;nchez Hern&aacute;ndez, profesora de la UNED e investigadora en Psicolog&iacute;a Social, explica que esta transformaci&oacute;n de usuarios m&aacute;s activos &mdash;publicar, comentar, mostrarse&mdash; hacia formas de participaci&oacute;n m&aacute;s pasivas &mdash;consumir contenido sin exponerse demasiado&mdash; responde a varios motivos. En primer lugar, porque &ldquo;hay un mayor conocimiento de los riesgos asociados a exponerse p&uacute;blicamente. Esta generaci&oacute;n ha crecido con la vigilancia algor&iacute;tmica como tel&oacute;n de fondo y sabe que sus publicaciones pueden estar expuestas a audiencias que no controla&rdquo;, asegura. El concepto de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/facebook-adultos-familias-redes-sociales_1_12108293.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;huella digital&rdquo;</a> cada vez est&aacute; m&aacute;s interiorizado y saben que lo que se publica en internet &ldquo;puede permanecer indefinidamente y tener consecuencias futuras acad&eacute;micas, laborales, sociales, etc.&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        A una mayor conciencia, sin embargo, se suman las propias transformaciones que han experimentado las plataformas y la profesionalizaci&oacute;n del contenido que circula por ellas. Si en sus primeros a&ntilde;os las redes favorec&iacute;an una publicaci&oacute;n m&aacute;s espont&aacute;nea que te conectaba con tus amigos, hoy sus l&oacute;gicas han virado hacia los algoritmos de recomendaci&oacute;n y el <em>scroll</em> infinito, en el que puedes pasar horas consumiendo contenido de personas que no conoces. Adem&aacute;s, buena parte de lo que aparece en ellas pasa ahora por el filtro de lo <em>aesthetic</em>: im&aacute;genes cuidadosamente seleccionadas, <a href="https://www.eldiario.es/era/talla-mediana-tendencia-redes-desatado-debate-diversidad-corporal_1_12138425.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuerpos normativos</a> y <a href="https://www.eldiario.es/era/gran-boda-instagram-si-quiero-espectaculo_1_11751465.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vidas aparentemente perfectas</a>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Esta generación ha crecido con la vigilancia algorítmica como telón de fondo y sabe que sus publicaciones pueden estar expuestas a audiencias que no controla</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mª Dolores Sánchez Hernández</span>
                                        <span>—</span> profesora de la UNED e investigadora en Psicología Social
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esa exposici&oacute;n constante a una realidad altamente &lsquo;curada&rsquo; ha promovido &ldquo;ideales de belleza inalcanzables y estilos de vida id&iacute;licos&rdquo; y est&aacute; vinculada, explica S&aacute;nchez Hern&aacute;ndez, &ldquo;con mayor comparaci&oacute;n social, insatisfacci&oacute;n corporal y s&iacute;ntomas de ansiedad y depresi&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Hoy, muchos temen no estar &lsquo;a la altura&rsquo; de un est&aacute;ndar que, parad&oacute;jicamente, ellos mismos saben que es artificial&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Publicar, por lo tanto, puede convertirse para los j&oacute;venes en una experiencia agotadora, tanto por sus posibles repercusiones como por la ansiedad asociada a la exposici&oacute;n y a la mirada y la opini&oacute;n de los dem&aacute;s. Pero eso no significa que hayan dejado de querer compartir su vida, sino que han empezado a buscar formas de hacerlo reduciendo esa exposici&oacute;n y recuperando cierto control sobre aquello que comparten.
    </p><h2 class="article-text">Elegir qui&eacute;n puede mirar<strong>&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        Utilizar la funci&oacute;n &ldquo;mejores amigos&rdquo; de Instagram; aplicaciones como BeReal que carecen de <em>grid </em>(la cuadr&iacute;cula donde se almacenan las im&aacute;genes) y donde no puedes aplicar filtros de edici&oacute;n; el uso de cuentas principales p&uacute;blicas (conocidas como <em>rinsta, </em>por <em>real Instagram</em>) y secundarias privadas (o <em>finsta</em>, por <em>fake Instagram</em>); as&iacute; como tendencias al estilo del <em>ghost-posting</em>, donde publican fotograf&iacute;as en Instagram para, inmediatamente despu&eacute;s, archivarlas, evitando que aparezcan en el <em>feed </em>de otras personas, y desarchivarlas semanas despu&eacute;s. Todas estas estrategias permiten a los j&oacute;venes participar del ecosistema digital bajo sus propios t&eacute;rminos.&nbsp;
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7330654031746010401"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Maialen Garmendia Larra&ntilde;aga, doctora en Sociolog&iacute;a, profesora de la Universidad del Pa&iacute;s Vasco y directora de EU Kids Online (Menores en red) concibe todas estas acciones como &ldquo;un avance, ya que est&aacute;n gestionando con m&aacute;s cuidado la imagen que proyectan y la cantidad que proyectan de s&iacute; mismos&rdquo;. En esto coincide S&aacute;nchez Hern&aacute;ndez, quien, adem&aacute;s, observa en el <em>ghost-posting </em>un buen ejemplo de lo que les sucede a muchos j&oacute;venes: &ldquo;Lo que genera ansiedad no es tanto la imagen en s&iacute;, sino el momento de exposici&oacute;n p&uacute;blica inmediata [...] Al retrasar la publicaci&oacute;n efectiva, el joven elimina esa ventana de evaluaci&oacute;n social sincr&oacute;nica (notificaciones, comentarios, expectaci&oacute;n, etc.) pero conserva la parte que s&iacute; le interesa: tener un perfil, una especie de 'carrete' o diario visual, cuidadosamente &lsquo;curado&rsquo;, que exista para quien decida visitarlo por su cuenta m&aacute;s adelante&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo ello devuelve a los j&oacute;venes &mdash;y todo aquel que experimenta fatiga digital y decide llevar a cabo estas acciones&mdash; un cierto grado de agencia y parte del control que el <em>feed </em>p&uacute;blico les quita. Sin embargo, aunque es esencial que en una sociedad tan digitalizada, &ldquo;las personas aprendan a utilizar estos dispositivos, estas tecnolog&iacute;as y que sean conscientes de las consecuencias que pueden tener determinados usos&rdquo; &mdash;explica Garmendia Larra&ntilde;aga&mdash; la responsabilidad no puede &mdash;ni debe&mdash; recaer &uacute;nicamente en los usuarios. &ldquo;Deber&iacute;amos tener una pol&iacute;tica com&uacute;n que exija a las plataformas cumplir las leyes, ponernos de acuerdo en qu&eacute; hacer con este tema y reclamar una mejor seguridad por defecto&rdquo;, contin&uacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Están gestionando con más cuidado la imagen que proyectan y la cantidad que proyectan de sí mismos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Maialen Garmendia</span>
                                        <span>—</span> doctora en Sociología, profesora de la EHU y directora de EU Kids Online
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De hecho, las propias plataformas ya empiezan a estar al tanto de estas necesidades y las ven como oportunidades de mercado. En la nueva versi&oacute;n de pago Instagram Plus, la plataforma promete al usuario &ldquo;acceder a funciones exclusivas dise&ntilde;adas para que profundices tus amistades, tengas m&aacute;s control sobre tu experiencia y puedas expresarte de nuevas formas&rdquo;. Entre ellas, publicar sin que el <em>post </em>acabe en el <em>feed </em>de tus seguidores. Es decir, puedes tener una experiencia m&aacute;s segura y controlada en la plataforma por una determinada cantidad de dinero al mes. Pero exigir a las empresas digitales que dise&ntilde;en plataformas y experiencias de usuario m&aacute;s seguras y amables sin que se conviertan en oportunidades de negocio deber&iacute;a ser un trabajo obligatorio de los organismos reguladores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de fondo, por tanto, no gira en torno a un rechazo completo hacia las redes, sino a un deseo por habitarlas y hacerse visibles dentro de ellas de otra forma. Ignorar esta tensi&oacute;n o dejarla en manos de las grandes plataformas supone pasar por alto que internet forma ya parte de los espacios en los que construyen amistades y su propia identidad. Para muchos j&oacute;venes, no poder estar en ellos &mdash;o no poder hacerlo en condiciones seguras&mdash; tambi&eacute;n implica una forma de exclusi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta generaci&oacute;n de j&oacute;venes sigue mirando, conversando y construyendo v&iacute;nculos en el entorno digital &mdash;de hecho, m&aacute;s que ninguna otra&mdash;, pero empiezan a separar con m&aacute;s cuidado aquello que consumen de aquello que est&aacute;n dispuestos a mostrar. Despu&eacute;s de a&ntilde;os en los que publicar parec&iacute;a casi inseparable de estar en internet, la nueva forma de participar puede consistir precisamente en lo contrario: seguir ah&iacute; sin tener que ense&ntilde;arlo todo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Proenza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mirar-mostrar-jovenes-han-cambiado-relacion-pantallas_1_13512515.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Sep 2026 20:00:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mirar más, mostrar menos: por qué los jóvenes han cambiado su relación con las pantallas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Jóvenes,Huella digital,Instagram,TikTok]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tiranía de lo predecible: el peligro de convertir nuestra vida en un algoritmo perfecto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/tirania-predecible-peligro-convertir-vida-algoritmo-perfecto_1_13476458.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c3b0f1f-1317-47d9-bfed-94ed291bd81b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La tiranía de lo predecible: el peligro de convertir nuestra vida en un algoritmo perfecto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La búsqueda obsesiva de la eficiencia y las calificaciones perfectas está destruyendo la capacidad humana de descubrir y equivocarse, como si la tecnología nos confinara poco a poco en nuestras preferencias</p><p class="subtitle">Quién nos robó el placer de rascarnos el ombligo</p></div><p class="article-text">
        El despertador de Max Hawkins, un ingeniero de <em>software</em> de Google de San Francisco, sonaba cada d&iacute;a a las siete en punto de la ma&ntilde;ana. Lo apagaba, se vest&iacute;a y sal&iacute;a de casa hacia el caf&eacute; de especialidad de su barrio que ten&iacute;a mejor puntuaci&oacute;n en Yelp.
    </p><p class="article-text">
        Minutos despu&eacute;s, sub&iacute;a a su bicicleta para realizar un trayecto de exactamente 15 minutos y 37 segundos por la ruta que Google Maps determinaba como la m&aacute;s &oacute;ptima. Tras ocho horas de trabajo, terminaba la tarde con sus amigos en una cervecer&iacute;a artesanal tambi&eacute;n con buena puntuaci&oacute;n o en el c&eacute;sped de Mission Dolores Park.
    </p><p class="article-text">
        Su vida era buena, c&oacute;moda, envidiable. Sin embargo, un d&iacute;a ley&oacute; un estudio acad&eacute;mico que acabar&iacute;a cambiando su vida por completo. En &eacute;l se analizaban los movimientos de 100.000 usuarios de telefon&iacute;a m&oacute;vil durante seis meses y se conclu&iacute;a que sus movimientos eran completamente predecibles.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l mismo se sinti&oacute; as&iacute;: programado. &iquest;D&oacute;nde quedaba el libre albedr&iacute;o? Fue entonces cuando tom&oacute; una decisi&oacute;n radical: delegar sus decisiones en una serie de algoritmos aleatorios creados por &eacute;l mismo para romper con todo eso.
    </p><p class="article-text">
        Dise&ntilde;&oacute; aplicaciones para determinar los lugares a los que iba, los restaurantes donde com&iacute;a, la m&uacute;sica que escuchaba e incluso los tatuajes que comenz&oacute; a hacerse. En los dos a&ntilde;os siguientes abandon&oacute; su apartamento, compr&oacute; un billete de solo ida a Vietnam y recorri&oacute; el mundo dejando que su ordenador eligiera su destino. Hawkins descubri&oacute; una desconcertante sensaci&oacute;n de emancipaci&oacute;n al librarse del peso de la elecci&oacute;n, aunque la aleatoriedad absoluta pronto empez&oacute; a revelar sus grietas.
    </p><h2 class="article-text">La prisi&oacute;n de las preferencias y el mito del atajo algor&iacute;tmico</h2><p class="article-text">
        La historia de Max Hawkins, <a href="https://www.theatlantic.com/family/2026/05/algorithm-decision-making-randomization/687098/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recogida por</a><a href="https://www.theatlantic.com/family/2026/05/algorithm-decision-making-randomization/687098/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> </em></a><a href="https://www.theatlantic.com/family/2026/05/algorithm-decision-making-randomization/687098/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Atlantic</a>, sintetiza una forma de vivir muy com&uacute;n en las sociedades contempor&aacute;neas: la hiperoptimizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Guiados por plataformas como Google Maps, TripAdvisor, Spotify o Netflix, los ciudadanos hemos delegado el descubrimiento a sistemas que garantizan evitar cualquier fallo o peque&ntilde;a decepci&oacute;n. Ya no se visita un restaurante sin comprobar si ostenta cuatro estrellas o m&aacute;s, ni se inicia un trayecto urbano sin consultar el trazado m&aacute;s r&aacute;pido. Esta b&uacute;squeda obsesiva de la perfecci&oacute;n vac&iacute;a la experiencia cotidiana de cualquier atisbo de espontaneidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como señala el filósofo José Carlos Ruiz, ya no buscamos satisfacer nuestras apetencias, sino maximizarlas y llevarlas al perfeccionismo extremo. Todo esto genera una enorme presión, autoexigencia e intolerancia al fallo o a la decepción</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El psic&oacute;logo, profesor y divulgador <a href="https://www.estarcontigoterapia.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Buenaventura del Charco</a> analiza la ra&iacute;z de este p&aacute;nico al error cotidiano: &ldquo;Somos una cultura profundamente aspiracional&rdquo;, asegura. &ldquo;Ya no hacemos tanto las cosas por la experiencia, sino por la sensaci&oacute;n de hacerlo bien. La funcionalidad de muchas de nuestras acciones es instrumental: no las ejecutamos por la acci&oacute;n en s&iacute;, sino para validarnos. Como se&ntilde;ala el fil&oacute;sofo Jos&eacute; Carlos Ruiz, ya no buscamos satisfacer nuestras apetencias, sino maximizarlas y llevarlas al perfeccionismo extremo. Todo esto genera una enorme presi&oacute;n, autoexigencia e intolerancia al fallo o a la decepci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica genera una paradoja importante. En el intento desesperado por garantizar que cada comida sea memorable, cada minuto aprovechado y cada compra perfecta, la tolerancia a la frustraci&oacute;n se evapora. La posibilidad de comer mal o de perder veinte minutos en una ruta equivocada se percibe como una amenaza casi intolerable, reduciendo la existencia a una secuencia de microdecisiones preconcebidas (por otros).
    </p><h2 class="article-text">Explorar o explotar: el dilema inform&aacute;tico que define nuestro consumo</h2><p class="article-text">
        En el campo de las ciencias de la computaci&oacute;n existe un dilema anal&iacute;tico fundamental denominado <em>explore vs. exploit</em> (explorar nuevas opciones o explotar las que ya sabemos que funcionan). Cuando un algoritmo de recomendaci&oacute;n selecciona el siguiente tema musical o la pr&oacute;xima sugerencia gastron&oacute;mica, debe sopesar si arriesgarse recomendando algo desconocido o mantenerse en el territorio seguro de las preferencias pasadas. La balanza del entorno corporativo actual se inclina abrumadoramente hacia la explotaci&oacute;n comercial.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los propios sistemas de recomendación necesitan arriesgar un mínimo. Siempre tiene que haber un porcentaje de exploración en la propuesta recomendada porque la explotación solo se realiza sobre los datos del pasado</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Antonio Ortiz</span>
                                        <span>—</span> Analista tecnológico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Antonio Ortiz, analista tecnol&oacute;gico y autor de la <em>newsletter</em> <a href="https://www.error500.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Error500</a>, explica las complejidades de este dise&ntilde;o: &ldquo;Los propios sistemas de recomendaci&oacute;n necesitan arriesgar un m&iacute;nimo&rdquo;, sostiene. &ldquo;Siempre tiene que haber un porcentaje de exploraci&oacute;n en la propuesta recomendada porque la explotaci&oacute;n solo se realiza sobre los datos del pasado. Sin embargo, de esta cuesti&oacute;n lo que m&aacute;s me interesa no es solo el dilema entre explotaci&oacute;n o exploraci&oacute;n, sino la ausencia de capacidad de valorar el largo plazo. Estos sistemas se retroalimentan de acciones inmediatas a muy corto plazo: ver el siguiente v&iacute;deo o escuchar la siguiente canci&oacute;n. Todav&iacute;a hay muy pocos sistemas que valoren al usuario a largo plazo, midiendo su satisfacci&oacute;n duradera m&aacute;s all&aacute; de retenerlo durante diez segundos m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al priorizar la retenci&oacute;n inmediata, las plataformas digitales construyen un bucle cerrado donde el usuario consume variaciones continuas de lo mismo. Esta saturaci&oacute;n <a href="https://www.eldiario.es/era/mundofiltro-kyle-chayka-algoritmo-reemplaza-decisiones_1_11495145.amp.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uniformiza los gustos culturales</a> e incluso puede llegar a alterar la fisonom&iacute;a urbana. 
    </p><p class="article-text">
        Las <a href="https://www.eldiario.es/viajes/urbanalizacion-centros-ciudad-iguales_1_10917174.amp.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ciudades sufren claramente</a> las consecuencias de este fen&oacute;meno: locales y restaurantes <a href="https://www.eldiario.es/viajes/gastrificacion-gentrificacion-gastronomia_1_10542001.amp.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adaptan sus est&eacute;ticas y men&uacute;s</a> para satisfacer los par&aacute;metros anal&iacute;ticos que demandan las <a href="https://www.eldiario.es/viajes/resenas-restaurantes-internet_1_10653850.amp.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">valoraciones de internet</a>, difuminando las identidades gastron&oacute;micas y culturales en favor de una f&oacute;rmula comercial probada y segura.
    </p><h2 class="article-text">La renuncia a la responsabilidad y la b&uacute;squeda de la agencia perdida</h2><p class="article-text">
        Frente al acorralamiento algor&iacute;tmico, delegar las decisiones en la aleatoriedad pura (como hizo Hawkins con sus programas inform&aacute;ticos) puede parecer una rebeli&oacute;n radical. Sin embargo, los expertos en salud mental ven en esta conducta una moneda de dos caras. Si bien rompe el bucle de la hiperoptimizaci&oacute;n, tambi&eacute;n puede esconder una forma sutil de evasi&oacute;n de la propia voluntad.
    </p><p class="article-text">
        Del Charco reflexiona sobre el significado profundo de delegar la vida a una m&aacute;quina: &ldquo;Lo triste es que necesitemos una aplicaci&oacute;n para hacer lo que antes era natural y org&aacute;nico&rdquo;, y recuerda. &ldquo;En un episodio de <em>The Big Bang Theory</em>, Sheldon Cooper, un personaje caracterizado por su tendencia a la obsesi&oacute;n, recurr&iacute;a a un dado para tomar decisiones y aliviar su carga mental. Esa parodia es hoy una triste realidad. Al delegar la elecci&oacute;n en el azar o en una m&aacute;quina, en el fondo evitas la responsabilidad del resultado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que para trabajar la intolerancia a la incertidumbre no debemos dise&ntilde;ar un plan ni planificar la aleatoriedad, porque eso es un ox&iacute;moron&rdquo;, contin&uacute;a. &ldquo;Simplemente, debemos ser m&aacute;s an&aacute;rquicos y espont&aacute;neos. Salir sin planificar provocar&aacute; que nos sucedan cosas malas, decepcionantes o inesperadas, pero ese ser&aacute; el mejor modo de hacer callo y generar tolerancia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Ortiz apunta a otra grieta en el plan de Hawkins: cualquier generador de azar opera dentro de un ecosistema que ya posee sus propios sesgos y exclusiones previas. &ldquo;Filos&oacute;ficamente, me parece un poco arbitrario plantear que seguir recomendaciones aleatorias suponga mayor agencia que mirar lo que te recomienda una plataforma&rdquo;, sostiene. &ldquo;Seleccionar algo aleatorio dentro de un sistema sigue condicionado por los sesgos de ese propio sistema&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Recuperar el valor del fallo en un mundo hipercalculado</h2><p class="article-text">
        Tras a&ntilde;os de vagar por el mundo guiado por su ordenador, Max Hawkins comprendi&oacute; la limitaci&oacute;n inherente a su experimento. En el peque&ntilde;o pueblo rural de Williamston, sin amigos, sin prop&oacute;sito y sin nada que hacer, la aleatoriedad le revel&oacute; su cara m&aacute;s vac&iacute;a: generar ruido constante no equivale a construir una vida con sentido.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, &eacute;l y su pareja decidieron asentarse en Los &Aacute;ngeles, alquilar una casa y recuperar una estructura estable, manteniendo peque&ntilde;as dosis controladas de imprevisibilidad cotidiana en sus cenas y h&aacute;bitos.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Las rutinas rígidas y las recomendaciones automatizadas proporcionan confort y previsibilidad, pero extinguen el margen de maniobra necesario para el crecimiento personal</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Su periplo por el azar total nos deja una lecci&oacute;n valiosa a los que vivimos en una sociedad obsesionada con el control absoluto. Las rutinas r&iacute;gidas y las recomendaciones automatizadas proporcionan confort y previsibilidad, pero extinguen el margen de maniobra necesario para el crecimiento personal.<strong> </strong>La planificaci&oacute;n constante bloquea el espacio indispensable para escucharse a uno mismo y descubrir apetencias aut&eacute;nticas no procesadas por un servidor remoto.
    </p><p class="article-text">
        Aceptar el riesgo de una mala cena, perderse por calles que no figuran en las gu&iacute;as de tendencia o entablar una conversaci&oacute;n sin un prop&oacute;sito predeterminado son peque&ntilde;os actos de resistencia cotidiana. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la verdadera libertad no consiste en optimizar cada minuto del d&iacute;a para rozar una perfecci&oacute;n abstracta, ni en ceder ciegamente los mandos de la existencia a un <em>software</em> aleatorio. Radica en cultivar la serenidad suficiente para abrazar la incomodidad del fallo, asumir las consecuencias de nuestras decisiones y encontrar belleza en el inevitable e imperfecto azar de estar vivos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/tirania-predecible-peligro-convertir-vida-algoritmo-perfecto_1_13476458.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 2026 19:22:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La tiranía de lo predecible: el peligro de convertir nuestra vida en un algoritmo perfecto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internet,Tecnología,Redes sociales,Ocio,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La caída de los influencers no es la victoria de la ciudadanía digital que pensamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/caida-influencers-no-victoria-ciudadania-digital-pensamos_129_13472297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d60fe3f-0503-451c-aca6-93baca44b3a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La caída de los influencers no es la victoria de la ciudadanía digital que pensamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pesar del debate abierto en las redes sociales en las últimas semanas tras el declive de estos perfiles por el contenido que publican, la causa puede estar también en los últimos cambios en las plataformas</p><p class="subtitle">Qué hay detrás de la supuesta caída de los influencers: “Viven en la desconexión social”</p></div><p class="article-text">
        En Nantucket, la isla de Massachusetts de la que parti&oacute; el ballenero Essex, cuyo naufragio inspir&oacute; la novela de <em>Moby Dick</em>, John Sylvia cuelga un cartel en el interior de su tienda de antig&uuml;edades y artesan&iacute;a. El letrero reza &ldquo;prohibido influencers&rdquo;. Despu&eacute;s, cuando todo se desencadena, este comerciante de antig&uuml;edades de tercera generaci&oacute;n cuenta al peri&oacute;dico <a href="https://www.nytimes.com/2026/07/29/style/nantucket-shop-no-influencers-paige-lorenze.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The New York Times</em></a> que &ldquo;a veces siento que mi tienda se utiliza como tel&oacute;n de fondo o escenario de otros&rdquo;. Explica que no quer&iacute;a impedir la entrada a nadie, que era s&oacute;lo un intento de frenar con humor la tendencia de personas que entraba a retratarse sin intenci&oacute;n de comprar, &ldquo;ni de entablar una conversaci&oacute;n educada&rdquo;. Nada desconocido para una ciudad apreciada como destino de veraneo, en la que el precio medio de los inmuebles ronda los 4,5 millones de d&oacute;lares.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, <a href="https://www.instagram.com/p/DbTxorFoI_w/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">s&oacute;lo hizo falta una foto</a>, la que hizo el propio Sylvia del susodicho cartel, para que Four Winds Craft Guild conociese verdaderamente la viralidad en redes. Y no s&oacute;lo eso, sino que supuso el pistoletazo de salida de un acalorado debate, que hoy llega a los <em>feeds</em> de cientos de miles de usuarios y se filtra a la prensa, sobre la ca&iacute;da en desgracia del <em>influencer.</em> Anunciado, con cierto tinte apocal&iacute;ptico, como un golpe definitivo a este modelo de negocio, la hip&oacute;tesis de este hundimiento no ha tardado en traer ecos de celebraci&oacute;n en esas mismas redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, este supuesto descenso, lo que se narra como una revancha social, producto del hartazgo org&aacute;nico de la ciudadan&iacute;a digital, podr&iacute;a responder m&aacute;s bien al agotamiento de un modelo de usabilidad de las redes sociales <em>mainstream</em>. En el dise&ntilde;o que estas grandes plataformas han previsto para el futuro inmediato, los perfiles de creadores que aspiran a la fidelidad de su audiencia podr&iacute;an no encajar bien en el plan. Puede que tampoco lo hagan con la necesidad de dar aplicaci&oacute;n a las nuevas herramientas de inteligencia artificial generativa, la cesta en la que las <em>Big Tech</em> colocan todos sus huevos en los &uacute;ltimos tiempos.
    </p><h2 class="article-text">El influencer: un perfil m&aacute;s desechado que rechazado</h2><p class="article-text">
        La paradoja del influencer se puede resumir en que, al tiempo que su n&uacute;mero de seguidores y el alcance de sus contenidos conquista una popularidad que atrae a anunciantes y marcas comerciales, la <a href="https://elpais.com/gente/2026-08-19/por-la-boca-mueren-los-influencers-asi-es-el-debate-sobre-su-supuesta-caida-y-lo-que-ellos-mismos-dicen.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">opacidad de estos acuerdos</a> e incluso la preocupaci&oacute;n por el tipo de ideas y modo de vida que divulgan les hace crecientemente impopulares. La publicista Lorena Mac&iacute;as, cuya cuenta de Instagram @hazmeunafotoasi aborda desde el humor la cr&iacute;tica a los perfiles m&aacute;s exitosos del panorama de prescriptores nacionales, analizaba en <a href="https://www.instagram.com/reel/DcRKgVbsPTp/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un v&iacute;deo</a> las cifras a la baja en la base de seguidores como el s&iacute;ntoma de una tendencia. 
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DbTxorFoI_w/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Sin embargo, Mac&iacute;as apunta que este declive no es tan significativo en n&uacute;meros como parece serlo como t&oacute;pico de conversaci&oacute;n digital. En este punto, es necesario matizar la definici&oacute;n de influencer. Aquellos perfiles personales en redes con una importante base de seguidores, o bien aquellos que han conseguido profesionalizar su labor de prescripci&oacute;n en redes mediante contratos de imagen, publicidad o afiliaci&oacute;n, pueden tratar un cat&aacute;logo de temas tan variopinto y aleatorio como an&aacute;lisis pol&iacute;tico, deporte, tecnolog&iacute;a, organizaci&oacute;n dom&eacute;stica, jardiner&iacute;a, bricolaje, literatura o crochet.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n cabe diferenciar entre <em>influencer</em> y creador de contenido, aunque a menudo se solapen y sea complicado hacerlo. El influencer realiza una labor de prescripci&oacute;n de productos o servicios desde su vida diaria (o lo que presenta como su vida diaria) de una manera m&aacute;s personal que el creador de contenido, quien puede no aportar ning&uacute;n dato sobre s&iacute; mismo. Estas diferencias permiten que el creador de contenido se adapte mejor a los cambios de algoritmo que plataformas como Instagram han adoptado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, as&iacute; como a la incorporaci&oacute;n de herramientas de inteligencia artificial generativa a sus publicaciones. Algo que muy pronto podr&iacute;an ser insuficientes para crecer en alcance en estas plataformas. Seg&uacute;n un <a href="https://www.precedenceresearch.com/creator-economy-market" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe de Precedence Research</a> sobre la econom&iacute;a de creadores de contenido, la industria del creador de contenido prev&eacute; un crecimiento de su volumen de mercado de un bill&oacute;n de d&oacute;lares para 2035. Mientras que el sector de los <em>influencers</em> presenta un <a href="https://www.agilitypr.com/pr-agency-news/burnout-emerges-as-a-barrier-to-growth-in-the-creator-economy-with-half-of-creators-suffering/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elevado </a><a href="https://www.agilitypr.com/pr-agency-news/burnout-emerges-as-a-barrier-to-growth-in-the-creator-economy-with-half-of-creators-suffering/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>burnout</em></a> ante la dificultad de hacer crecer su negocio.
    </p><h2 class="article-text">Navegando cambios de algoritmo que les separan de su audiencia</h2><p class="article-text">
        Aunque muchos creadores de contenido celebran este supuesto ocaso del influencer como el agotamiento de un perfil digital desapegado de la situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n, moralmente cuestionable o incluso nocivo para los sectores m&aacute;s vulnerables de la sociedad, este relato podr&iacute;a ponerse en entredicho con facilidad. Hay que considerar la posibilidad de que esta ca&iacute;da haya sido m&aacute;s dise&ntilde;ada desde los despachos y oficinas de las <em>Big Tech</em> &mdash;compa&ntilde;&iacute;as privadas propietarias de las grandes redes sociales convencionales&mdash;, que resultado de un clamor ciudadano que en parte contin&uacute;a sirvi&eacute;ndoles como audiencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay que considerar la posibilidad de que esta caída haya sido más diseñada desde los despachos y oficinas de las Big Tech, que resultado de un clamor ciudadano que en parte continúa sirviéndoles como audiencia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hace tiempo que nuestros <em>timelines</em> no son lo que eran. La agresiva entrada de TikTok en el reparto de la tarta de la audiencia online motiv&oacute; dr&aacute;sticas decisiones en el dise&ntilde;o algor&iacute;tmico de Instagram, perteneciente a Meta, que en 2022 favoreci&oacute; los contenidos en v&iacute;deo recomendados por encima de las publicaciones de las cuentas seguidas y del cl&aacute;sico orden cronol&oacute;gico inverso. Algo de lo que se quejaron incluso Kim Kardashian y Kylie Jenner, cuyo imperio se cimenta sobre su influencia en redes.
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia, muchos de los perfiles que los usuarios hab&iacute;an elegido seguir deliberadamente, casi desaparecieron por completo de su vista, desplazados por cuentas desconocidas, y alimentando una din&aacute;mica entre los creadores que consiste en copiar estrategias virales de contenido. Frente al modelo de influencia que aspira a fidelizar por su estilo y enfoque al usuario, en Instagram y TikTok ha prevalecido un carrusel de perfiles sobre el que el usuario no tiene poder de selecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el modelo de TikTok, un creador pod&iacute;a tener un enorme alcance entre una audiencia que no le segu&iacute;a. Un rasgo de dise&ntilde;o que confer&iacute;a a esta plataforma un enfoque novedoso y cierta apariencia de horizontalidad, y que la convirti&oacute; en el espejo en el que Meta decidir&iacute;a mirarse. Pero esta no era la &uacute;nica se&ntilde;al de que a la compa&ntilde;&iacute;a capitaneada por Mark Zuckerberg no le interesaba velar por el futuro de los influencers, usuarios que hab&iacute;an crecido en su plataforma adapt&aacute;ndose con obediencia tanto a sus cambios de algoritmo como a sus nuevas herramientas. 
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, tal y como discut&iacute;an en el <a href="https://www.businessoffashion.com/podcasts/media/the-influencer-follower-count-era-is-ending/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">p&oacute;dcast </a><a href="https://www.businessoffashion.com/podcasts/media/the-influencer-follower-count-era-is-ending/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Business Of Fashion</em></a>, plataformas de marketing de afiliados como LTK o ShopMy est&aacute;n cambiando las reglas del juego al aceptar creadores con una base de pocos miles de seguidores. Siempre ha sido una sentencia extendida en el territorio de marketing digital que los creadores con audiencias peque&ntilde;as (microinfluencers) convierten mejor la inversi&oacute;n publicitaria que aquellos con audiencias masivas, y la confirmaci&oacute;n de esta teor&iacute;a podr&iacute;a da&ntilde;ar m&aacute;s al sector de los macroinfluencers que su mala prensa.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La idea de autenticidad ha sido durante años el santo grial que perseguía el sector, al tiempo que pesaba sobre el enfoque de sus contenidos. Por definición, la inteligencia artificial colisiona con esta búsqueda</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El mero concepto del influencer se vertebra desde la idea de autenticidad. Este ha sido durante a&ntilde;os el santo grial que persegu&iacute;a el sector, al tiempo que pesaba sobre el enfoque de sus contenidos. Por definici&oacute;n, la inteligencia artificial colisiona con esta b&uacute;squeda de la autenticidad. Sin embargo, la ingente inversi&oacute;n que las grandes tecnol&oacute;gicas reciben para el desarrollo de estas herramientas generativas las convierte en una prioridad en su agenda. Aquellos influencers que han convertido estas redes en su profesi&oacute;n y fuente de ingresos principal son los primeros usuarios vulnerables a la hora de sentir las consecuencias de cualquier cambio en el dise&ntilde;o de la usabilidad de las plataformas, pues sus contratos y audiencia podr&iacute;an verse comprometidos.
    </p><h2 class="article-text">La crisis de los influencers: m&aacute;s predicci&oacute;n que realidad</h2><p class="article-text">
        Este sector, que logr&oacute; adaptar su presencia digital de la era de los blogs a la de las redes sociales, e incluso crecer en este ecosistema, se enfrenta ahora a su principal crisis de modelo de negocio y de reputaci&oacute;n hasta la fecha. Pese al debate abierto en torno a su reputaci&oacute;n y la sociedad enfrentada a su presencia, pese a los cambios de algoritmo que sobrevienen y les hacen desaparecer de la vista de sus seguidores, y pese a las dificultades de reconocimiento y legislaci&oacute;n sobre las pr&aacute;cticas de su actividad profesional, el sector de los influencers tambi&eacute;n augura cifras de crecimiento. Seg&uacute;n <a href="https://forbes.es/forbes-women/842418/el-fenomeno-que-factura-millones-los-influencers/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Forbes Espa&ntilde;a</a>, en nuestro pa&iacute;s la inversi&oacute;n en ellos ha crecido un 59% m&aacute;s que el a&ntilde;o anterior, llegando a 125,9 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        El futuro del sector viene marcado por grandes retos: las crisis y problem&aacute;ticas ya mencionadas. Acostumbrados al cambio y la adaptaci&oacute;n constante, es m&aacute;s f&aacute;cil que presenciemos la transformaci&oacute;n de los grandes macroinfluencers que su ca&iacute;da. Aunque estos son s&oacute;lo una minor&iacute;a dentro del sector. La regularizaci&oacute;n de su actividad de acuerdo a una ley espec&iacute;fica todav&iacute;a deja grandes lagunas por contemplar en Espa&ntilde;a, pese a contar con una ley espec&iacute;fica desde 2024. Desde la regulaci&oacute;n de las colaboraciones de aquellos influencers que generan <a href="https://www.loyra.com/nueva-regulacion-para-personas-de-especial-relevancia-o-influencers-requisitos-y-obligaciones-segun-el-real-decreto-444-2024/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">menos de 300.000 euros</a> al a&ntilde;o, a la actualizaci&oacute;n de un c&oacute;digo de conducta con capacidad de aplicar sanciones. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; hablaba en 2025 Gala Gonz&aacute;lez, una de las pioneras del sector de moda y estilo de vida, en una entrevista a Vogue Espa&ntilde;a sobre el futuro de los ecosistemas digitales: &ldquo;Es importante que sepamos d&oacute;nde est&aacute;n los l&iacute;mites, y tambi&eacute;n que el consumidor sepa exactamente qu&eacute; tipo de contenido est&aacute; consumiendo. Me gustar&iacute;a que hubiese una ley espec&iacute;fica para nuestro sector, a imagen de lo que sucede en pa&iacute;ses como Francia; que se nos dote de un ep&iacute;grafe propio. Llama la atenci&oacute;n que una industria que mueve y genera tanta riqueza no tenga ning&uacute;n reconocimiento como sector profesionalizado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En un momento convulso en el que los actores de la conversaci&oacute;n transitan hacia un nuevo paisaje digital, el tiempo y el peso de las <em>Big Tech</em> acabar&aacute; por determinar el papel que los <em>influencers</em> desempe&ntilde;ar&aacute;n en el futuro. Puede que ni ellos mismos ni el resto de usuarios que componen la ciudadan&iacute;a digital tengan la clave para salvar su crisis o provocar su ca&iacute;da.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Correa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/caida-influencers-no-victoria-ciudadania-digital-pensamos_129_13472297.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2026 19:57:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La caída de los influencers no es la victoria de la ciudadanía digital que pensamos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internet,Redes sociales,Tecnología,Influencers,Instagram,TikTok]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las gafas de Meta y el problema de convertir la vigilancia en algo estético]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/gafas-meta-problema-convertir-vigilancia-estetico_1_13468687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c727f5db-eb49-497e-a3f5-bb1a30228468_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x861y340.jpg" width="1200" height="675" alt="Las gafas de Meta y el problema de convertir la vigilancia en algo estético"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De las polémicas gafas de Meta a los filtros estéticos de TikTok. Las industrias del consumo consiguen que entreguemos nuestros datos biométricos más íntimos no por la fuerza, sino por placer y estatus</p><p class="subtitle">Qué hay detrás de la supuesta caída de los influencers: “Viven en la desconexión social”</p></div><p class="article-text">
        De ser las gafas con inteligencia artificial &ldquo;dise&ntilde;adas para proteger la privacidad y darte el control&rdquo;, a ser rebautizadas como las <a href="https://www.instagram.com/p/DbTnQ5lI8qQ/?hl=en" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>pervert glasses</em></a><a href="https://www.instagram.com/p/DbTnQ5lI8qQ/?hl=en" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> (gafas de pervertidos)</a>. Las gafas de Meta han puesto en jaque una tendencia que ya se ve&iacute;a a&ntilde;os atr&aacute;s: &iquest;en qu&eacute; momento se ha banalizado la vigilancia?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta est&aacute; por todas partes. <a href="https://www.tiktok.com/discover/cctv-camera-edit" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En TikTok se ha viralizado el &ldquo;CCTV edit&rdquo;</a>, un filtro que reduce la saturaci&oacute;n de los colores y a&ntilde;ade grano de c&aacute;mara de seguridad a los <em>looks</em> de ropa para parecer grabado en la calle sin salir de casa. Ya no solo consumimos la est&eacute;tica del control: la producimos sobre nosotros mismos. A esto se suma el <em>photodump </em>(la publicaci&oacute;n de varias im&aacute;genes en carrusel), que normaliza la exposici&oacute;n constante de la vida cotidiana, mientras un ej&eacute;rcito de &ldquo;vigilantes digitales&rdquo; persigue a desconocidos por las calles a cambio de viralidad. Poco a poco hemos dejado de temer la vigilancia para interpretarla: la convertimos en contenido, en un juego visual que oscila entre la autorregulaci&oacute;n y la pura actuaci&oacute;n, y que nos vuelve, de paso, m&aacute;s desconfiados de quienes nos rodean.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nunca antes hab&iacute;amos llegado a este nivel de vigilancia. Ahora estos dispositivos est&aacute;n contextualizando tu entorno y comunic&aacute;ndose entre ellos&rdquo;, explica Rodrigo Taramona, divulgador de tecnolog&iacute;a, en una entrevista con elDiario.es. El pasado mes de marzo, una <a href="https://www.svd.se/a/K8nrV4/metas-ai-smart-glasses-and-data-privacy-concerns-workers-say-we-see-everything" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;</a><a href="https://www.svd.se/a/K8nrV4/metas-ai-smart-glasses-and-data-privacy-concerns-workers-say-we-see-everything" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">n</a> conjunta de Svenska Dagbladet y G&ouml;teborgs-Posten puso en duda la privacidad de las gafas inteligentes que fabrica EssilorLuxottica junto a Meta, la multinacional liderada por Mark Zuckerberg que ha anunciado esta misma semana que pagar&aacute; <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/meta-pagara-16-700-millones-dolares-cerrar-demandas-adiccion-infantil-instagram-facebook_1_13468453.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">18.000 millones de d&oacute;lares</a> para cerrar las demandas por adicci&oacute;n infantil a Instagram y Facebook.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7579472865217547528"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        En esta investigaci&oacute;n, analistas de contenidos subcontratados en Kenia aseguraron haber &ldquo;visto a gente en el ba&ntilde;o, desnud&aacute;ndose, teniendo relaciones sexuales o viendo pornograf&iacute;a. Se han adentrado en el hogar, donde incluso han podido ver n&uacute;meros de tarjetas bancarias&rdquo;. A esto se suma el testimonio de varias chicas en redes que denuncian haber sido grabadas sin su consentimiento por hombres que las increpaban en la calle. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estamos voluntariamente contando nuestras intimidades m&aacute;s privadas a inteligencias artificiales que encima se est&aacute;n entrenando con estos datos y que, por supuesto, pueden se&ntilde;alar&rdquo;, alerta Taramona. &ldquo;As&iacute; que s&iacute;, estamos viviendo en el momento de mayor recaudaci&oacute;n de datos y de invasi&oacute;n de la privacidad&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nunca antes habíamos llegado a este nivel de vigilancia. Ahora estos dispositivos están contextualizando tu entorno y comunicándose entre ellos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Rodrigo Taramona</span>
                                        <span>—</span> divulgador tecnológico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El deseo de ser vigilado</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Ser visto es existir, mientras que si permaneces oculto corres el riesgo de caer en la irrelevancia&rdquo;, sostiene Gil Baptista Ferreira, soci&oacute;logo y autor de <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/08969205251414994" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La estetizaci&oacute;n de la vigilancia</em></a><em>: visibilidad, afecto y la econom&iacute;a moral del capitalismo digital</em> (2026). Ferreira parte de la sociedad de la transparencia de Byung-Chul Han y de la reproductibilidad t&eacute;cnica de Walter Benjamin para explicar c&oacute;mo &ldquo;la vigilancia ha dejado de ser un aparato externo y coercitivo para transformarse en una pr&aacute;ctica est&eacute;tica y afectiva normalizada a trav&eacute;s de la visibilidad y el placer&rdquo;. &ldquo;Ya no se impone por la fuerza, sino que es un r&eacute;gimen participativo sostenido por el deseo de los usuarios de ser vistos y observar a los dem&aacute;s&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los mayores te&oacute;ricos de la vigilancia fue Michel Foucault, quien recogi&oacute; la idea del pan&oacute;ptico carcelario de Jeremy Bentham a finales del siglo XVIII donde una torre central rodeada de celdas que permit&iacute;a ver a los internos sin que supieran si los observaban. Su &eacute;xito yac&iacute;a en la incertidumbre: al no saber cu&aacute;ndo los miraban, los sujetos interiorizaban la norma y se autorregulaban. En 1975, Foucault retoma esta figura en <em>Vigilar y castigar</em> para explicar c&oacute;mo el poder dej&oacute; de necesitar la fuerza f&iacute;sica porque el propio sujeto moderno se convirti&oacute; en su vigilante en escuelas, cuarteles y f&aacute;bricas. Sin embargo, en la era de las redes sociales, Ferreira sostiene que &ldquo;esta mirada ya no es punitiva, sino afectiva, horizontal y est&eacute;tica; un espacio donde el control se vuelve genuinamente deseable&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vigilancia ha dejado de ser un aparato externo y coercitivo para transformarse en una práctica estética y afectiva normalizada a través de la visibilidad y el placer</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gil Baptista Ferreira</span>
                                        <span>—</span> sociólogo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta mutaci&oacute;n encuentra su engranaje perfecto en lo que la investigadora Louisa Rogers define como un &ldquo;<a href="https://www.researchgate.net/publication/389897152_Styling_the_Surveillance_Self_in_Fashion_Media_Strategies_of_Sexualization_and_Sentimentality" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lavado de cara est&eacute;tico</a>&rdquo;<em> (aesthetic makeover)</em> de la vigilancia. Seg&uacute;n Rogers, las industrias del consumo y la moda camuflan la naturaleza intrusiva del capitalismo de vigilancia (la extracci&oacute;n de datos masiva teorizada por <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/shoshana-suboff-forma-socavar-dividendo-genera-vigilancia-tecnologica-haciendola-ilegal_128_6137458.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Shoshana Zuboff)</a> para vend&eacute;rnosla como un objeto de deseo. Para rebajar la incomodidad que despierta el rastreo algor&iacute;tmico, la cultura visual recurre a una estrategia nost&aacute;lgica: filtros granulados y marcas de tiempo que imitan videocasetes antiguas. De pronto, el control digital pierde su frialdad corporativa y se transforma en un recuerdo de dise&ntilde;o &ldquo;inofensivo y familiar&rdquo;. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s radical ocurri&oacute; con la pol&eacute;mica campa&ntilde;a publicitaria de los almacenes de lujo Harvey Nichols en 2015 titulada: &ldquo;&iquest;Te gustan las cosas gratis? Cons&iacute;guelas legalmente&rdquo;. Para promocionar su aplicaci&oacute;n de recompensas, la marca utiliz&oacute; grabaciones reales de sus c&aacute;maras de seguridad que mostraban a ladrones robando ropa dentro de la tienda, pero edit&oacute; el v&iacute;deo cubriendo las caras de los delincuentes con cabezas animadas de dibujos en 2D. Con este movimiento, una herramienta de control y persecuci&oacute;n del delito se recicl&oacute; como un contenido pop divertido, demostrando la enorme capacidad del mercado para convertir la vigilancia real en un fetiche visual apetecible. &ldquo;Al fusionar las pantallas con el cuerpo, ser observado se despoja de su carga negativa para reconfigurarse como una herramienta er&oacute;tica de autoexpresi&oacute;n, donde las viejas din&aacute;micas del vigilante y el vigilado se disuelven en un juego voluntario de voyeurismo y exhibici&oacute;n hedonista&rdquo;, argumenta Rogers. 
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="6913890022861131014"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Es en este ecosistema donde cobran pleno sentido fen&oacute;menos como la tendencia viral <em>&ldquo;TikTok: do your thing </em>(TikTok haz lo tuyo)&rdquo;, en la que j&oacute;venes graban a desconocidos en espacios p&uacute;blicos aportando ubicaciones y rasgos f&iacute;sicos para que la comunidad virtual los ayude a dar con su paradero. Un <a href="https://www.usenix.org/conference/soups2025/presentation/gilbert" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> de la Universidad de Washington concluye que en estos contenidos &ldquo;se utiliza la ternura o la cursiler&iacute;a para normalizar la vigilancia interpersonal, haciendo que el acto de ser observado y rastreado parezca inofensivo y divertido&rdquo;. Las normas internas de la plataforma dictan que este rastreo mutuo es algo apropiado, diluyendo los riesgos reales de acoso o de <em>doxing</em>, entendido como la divulgaci&oacute;n maliciosa de informaci&oacute;n privada sin consentimiento.
    </p><p class="article-text">
        Esta &ldquo;ternura&rdquo; con la que las redes normalizan el rastreo callejero opera bajo la misma l&oacute;gica que los dispositivos tecnol&oacute;gicos corporales. Los <em>wearables</em> de &uacute;ltima generaci&oacute;n o los Probadores Virtuales (VTO) disfrazan la extracci&oacute;n de nuestros datos bajo la atractiva promesa de la hiperpersonalizaci&oacute;n y el bienestar. A trav&eacute;s de alianzas que transforman el monitoreo constante en s&iacute;mbolos de estatus como el anillo <a href="https://www.gucci.com/es/es/st/stories/article/gucci-oura" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Oura x Gucci</a> o la tecnolog&iacute;a invisible de <a href="https://www.dailymotion.com/video/x4cjcn3" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Google Jacquard</a> tejida en chaquetas de Levi's, la vigilancia consigue su victoria definitiva. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que antes infund&iacute;a temor, hoy se integra de forma silenciosa. Es lo que se traduce en la pr&aacute;ctica en las herramientas de Probadores Virtuales (VTO) de firmas como Dior o Louis Vuitton, sistemas de realidad aumentada que, bajo el an&aacute;lisis de Rogers, logran camuflar la extracci&oacute;n de datos biom&eacute;tricos mediante la diversi&oacute;n y el juego de probarse ropa o maquillaje en una pantalla&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, todo este engranaje l&uacute;dico responde a un fen&oacute;meno colectivo que el cineasta Adam Curtis bautiz&oacute; en 2016 como <a href="https://www.youtube.com/watch?v=JtFfHsVvVgM" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;HiperNormalizaci&oacute;n&rdquo;</a>. Curtis describ&iacute;a c&oacute;mo en la URSS tard&iacute;a todo el mundo sab&iacute;a que el sistema estaba roto, pero nadie se pod&iacute;a imaginar una alternativa, as&iacute; que simplemente fing&iacute;an que su realidad era normal. De un modo similar sucede hoy con los entornos digitales. Como se&ntilde;ala Taramona: &ldquo;[La vigilancia] est&aacute; tan metida entre nosotros que la hemos asumido y nos hemos entregado a ella, y f&iacute;jate que uso voluntariamente la primera persona del plural&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Los datos son nuestros</h2><p class="article-text">
        Esta aparente rendici&oacute;n colectiva est&aacute; empezando a resquebrajarse desde abajo. La complacencia ante las gafas inteligentes de Meta se est&aacute; transformando en rechazo frontal: en las calles, los usuarios ya reportan miradas de hostilidad, mientras que cada vez m&aacute;s comercios, restaurantes y locales de ocio cuelgan carteles prohibiendo expl&iacute;citamente su entrada. En las redes, una ola de &ldquo;cancelaci&oacute;n&rdquo; en forma de p&eacute;rdida masiva de seguidores est&aacute; penalizando a los <a href="https://www.theguardian.com/technology/2026/aug/09/i-kept-catching-people-giving-me-dirty-looks-the-backlash-against-meta-smart-glasses" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>influencers</em></a><a href="https://www.theguardian.com/technology/2026/aug/09/i-kept-catching-people-giving-me-dirty-looks-the-backlash-against-meta-smart-glasses" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> que graban a su audiencia</a> de forma encubierta, explica <em>The Guardian</em>. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La complacencia ante las gafas inteligentes de Meta se está transformando en rechazo frontal: en las calles, los usuarios ya reportan miradas de hostilidad, mientras que cada vez más comercios, restaurantes y locales de ocio cuelgan carteles prohibiendo explícitamente su entrada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta contraofensiva ciudadana tambi&eacute;n se libra a trav&eacute;s de la est&eacute;tica y la innovaci&oacute;n textil. Si el mercado nos convenci&oacute; para vestir la vigilancia, ahora la vanguardia de la moda busca vestirnos para sabotearla. Es el ecosistema de la llamada moda adversaria (<em>adversarial clothing</em>), prendas dise&ntilde;adas espec&iacute;ficamente para enga&ntilde;ar y confundir a los sistemas de reconocimiento facial automatizados. Marcas pioneras como Cap_able, fundada por la dise&ntilde;adora Rachele Didero, confeccionan prendas con patrones crom&aacute;ticos e im&aacute;genes hipercomplejas que saturan el ojo de la inteligencia artificial. Al escanearlas, el algoritmo se confunde y codifica a la persona como si fuera un animal, un perro, una cebra o una jirafa, para as&iacute; proteger su identidad y sus datos biom&eacute;tricos.
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                    alt="A través de alianzas que transforman el monitoreo constante en símbolos de estatus como el anillo Oura x Gucci o la tecnología invisible de Google Jacquard tejida en chaquetas de Levi&#039;s, la vigilancia consigue su victoria definitiva."
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            <span class="title">
                A través de alianzas que transforman el monitoreo constante en símbolos de estatus como el anillo Oura x Gucci o la tecnología invisible de Google Jacquard tejida en chaquetas de Levi&#039;s, la vigilancia consigue su victoria definitiva.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Como adelant&oacute; la propia dise&ntilde;adora <a href="https://www.theguardian.com/fashion/2026/jul/17/adversarial-clothing-are-garments-designed-to-confuse-facial-recognition-systems-about-to-go-mainstream" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al peri&oacute;dico brit&aacute;nico</a>, el objetivo principal es abrir un debate p&uacute;blico urgente sobre los l&iacute;mites del control digital: &ldquo;Cap_able nace con el objetivo de concienciar a la gente sobre el derecho a la privacidad biocognitiva, un derecho humano fundamental que hoy en d&iacute;a est&aacute; cada vez m&aacute;s desprotegido&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la verdadera alternativa a esta distop&iacute;a no pasa &uacute;nicamente por camuflarse o boicotear los dispositivos. Requiere una transformaci&oacute;n estructural profunda que apele a la educaci&oacute;n y a un cambio radical de mentalidad sobre la propiedad de nuestra informaci&oacute;n: &ldquo;Esta revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica invita a una revoluci&oacute;n de conciencia, una revoluci&oacute;n espiritual tambi&eacute;n y una revoluci&oacute;n cultural en la que tenemos que entender que hemos creado algo que, o por primera vez nos ponemos todos a una, o entonces estamos perdidos&rdquo;, advierte Taramona.
    </p><p class="article-text">
        Frente al modelo actual en el que un pu&ntilde;ado de corporaciones extrae y monopoliza la experiencia humana, el divulgador plantea que el destino l&oacute;gico de los datos colectivos deber&iacute;a ser el bienestar com&uacute;n, despoj&aacute;ndolos de su valor como mercanc&iacute;a privada. &ldquo;La inteligencia artificial tal y como la conocemos ahora tiene que ser un recurso natural&rdquo;, dice el experto, que asegura que la &uacute;nica alternativa justa es reclamar lo que nos pertenece por derecho de creaci&oacute;n colectiva: &ldquo;Tenemos que imaginar y construir un futuro en el que se dice: 'No'. Esto [la IA] es de todos, porque lo hemos hecho todos. Que no te enga&ntilde;en, lo hemos hecho todos. Entonces, como es de todos, como lo hemos construido todos, tiene que ser de todos. Ahora, &iquest;c&oacute;mo hacemos que tengamos una inteligencia artificial a la que le des todos estos datos para que sea equitativo, para que todos tengamos no solo comida, techo y agua?&rdquo;. Es ah&iacute;, dice Taramona, donde est&aacute; la exigencia de una soberan&iacute;a tecnol&oacute;gica com&uacute;n y una educaci&oacute;n cr&iacute;tica, donde verdaderamente empieza la lucha contra el pan&oacute;ptico digital.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maria d'Oultremont]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/gafas-meta-problema-convertir-vigilancia-estetico_1_13468687.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Aug 2026 19:46:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las gafas de Meta y el problema de convertir la vigilancia en algo estético]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Meta,Tecnología,Sociedad,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Tengo 30 años y la presión por buscar pareja es cada vez mayor, ¿cómo abrazar la soltería sin vergüenza?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/presion-buscar-pareja-abrazar-solteria-verguenza_129_12327332.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1a4587e-187e-45ce-bf5d-82d72e9239c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Tengo 30 años y la presión por buscar pareja es cada vez mayor, ¿cómo abrazar la soltería sin vergüenza?&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Está bien sentir' es un espacio de conversación con la poeta y escritora Sara Torres ('La seducción', Reservoir Books). Envíanos tus reflexiones y preguntas, tus deseos de indagar sobre una realidad, un vínculo, un placer o un duelo</p><p class="subtitle">Consultorio - “Qué pasa con las parejas que dejan de tener sexo, ¿hay algo que no funciona?”</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tengo 30, estoy feliz y me siento plena. Sin embargo, la presión de buscar pareja cada vez es mayor. El amor romántico no es una inquietud para mí y me hace sentir un poco fracaso. ¿Cómo abrazar la soltería sin vergüenza ni vértigo?</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Clara</span>
                                        <span>—</span> lectora de elDiario.es
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La primera frase se&ntilde;ala un lugar afortunado (&ldquo;estoy feliz y me siento plena&rdquo;), localizado en una edad a la que el orden social atribuye unas exigencias determinadas, los 30.&nbsp;Frente a la plenitud de una vida que parece haber encontrado un modo de sostenerse con alegr&iacute;a, est&aacute; la sombra de una exigencia del guion que act&uacute;a con suerte de maleficio: &ldquo;no existe realizaci&oacute;n verdadera si no es a trav&eacute;s de la pareja y la familia&rdquo; nos contaron desde ni&ntilde;as, y no necesariamente a la fuerza, sino que tambi&eacute;n nos lo contaron sutilmente, con indirectas, alegor&iacute;as, y a trav&eacute;s de la estrat&eacute;gica ocultaci&oacute;n del gozo en otros modos de vida.
    </p><p class="article-text">
        La mujer que alimentaba a las palomas, la que viv&iacute;a con sus perros y sus gatos, la t&iacute;a soltera a la que ve&iacute;amos salir cada tarde al caf&eacute; con las amigas. Todas eran espl&eacute;ndidas, pero nos ense&ntilde;aron a sospechar de su alegr&iacute;a, aunque fuese evidente a nuestros ojos. Son misteriosas las maneras en las que nuestra ni&ntilde;ez va asimilando la norma de g&eacute;nero, esa que atribuye a las mujeres una falta definitiva, invisible. Ellas, cuya felicidad no era socialmente cre&iacute;ble, ocupaban el tiempo de su vida con una agenda exc&eacute;ntrica: repart&iacute;an la abundancia de su afecto m&aacute;s all&aacute; del cuidado del matrimonio y los hijos. A las ni&ntilde;as nos despertaban curiosidad, eran, entre todos los ejemplos de vida adulta, el referente prohibido. Los hombres de la familia se refer&iacute;an a ellas con mofa, las mujeres con un silencio inc&oacute;modo. De mayor quiero ser la mujer de las palomas mam&aacute;, de mayor quiero ser la t&iacute;a soltera.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La mujer que alimentaba a las palomas, la que vivía con sus perros y sus gatos, la tía soltera a la que veíamos salir cada tarde al café con las amigas. Todas eran espléndidas, pero nos enseñaron a sospechar de su alegría, aunque fuese evidente a nuestros ojos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La vida afectiva se hace con lxs otrxs, eso lo sabemos, a ciegas buscamos el encuentro para existir en un movimiento de intercambio que nos relaja el peso de la identidad. La idea de pareja, como f&oacute;rmula disponible de la imaginaci&oacute;n social, es una s&iacute;ntesis convencional, un signo f&aacute;cil que aparece en la mente como respuesta al anhelo de contacto. As&iacute; nos ense&ntilde;aron, de modo que, como signo, la idea de pareja acude veloz cada vez que el cuerpo teme la soledad y desea amar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurrir&iacute;a si en lugar de mirar hacia el dos como &ldquo;destino natural&rdquo; o &ldquo;destino social&rdquo;, lo contempl&aacute;semos como accidente? Algo que no tiene por qu&eacute; darse en la vida, que no es deseable a priori, sino que a veces sucede a pesar de nuestras preferencias. La pareja ser&iacute;a, no un modelo relacional aspiracional, ni un lugar com&uacute;n en nuestra imaginaci&oacute;n afectiva, sino una forma, una posibilidad de recoger el amor er&oacute;tico cuando se obceca en perseverar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Qué ocurriría si en lugar de mirar hacia el dos como “destino natural” o “destino social”, lo contemplásemos como accidente?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La pareja entonces aparecer&iacute;a cuando el deseo persevera, insiste concentrando la atenci&oacute;n del ser en una otra cuya particularidad nos conecta con el todo. Si la pareja no es una f&oacute;rmula de felicidad prescrita, aparece como un modo de responder al misterio del deseo que hace que dos se mantengan unidas. Aquello que permite que encontremos, en la belleza de la amante, la ocasi&oacute;n para conocer una verdad m&aacute;s all&aacute; de ella, m&aacute;s all&aacute; del dos.
    </p><p class="article-text">
        La plenitud y la alegr&iacute;a nos dan la experiencia de vivir en un estado de fluidez, y ambos son afectos que, aunque se puedan extender en el tiempo, no dejan de tener algo de excepcionales. Apostar al n&uacute;mero dos la esperanza de una vida plena es un prop&oacute;sito dif&iacute;cil, violento si impostado, pues para vivir bien en el amor rom&aacute;ntico hace falta ser una creyente o una enamorada. Hace falta una especializaci&oacute;n de la paciencia, de las pr&aacute;cticas del cuidado, hace falta cierta renuncia a los celos, al miedo paralizante a la p&eacute;rdida. No es f&aacute;cil eso de ser feliz en pareja, aunque a veces vivir de este modo sea, de alg&uacute;n modo fiero y hermoso, inevitable.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01HJB80HTAXZYAZ0N7J7G3SHZH"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Torres]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/presion-buscar-pareja-abrazar-solteria-verguenza_129_12327332.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 May 2025 20:59:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Tengo 30 años y la presión por buscar pareja es cada vez mayor, ¿cómo abrazar la soltería sin vergüenza?"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Pareja,Millennials,Bienestar,Consultorio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Tengo la sensación de que nunca voy a encontrar el amor, ¿cómo dejar de sentirme así?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/sensacion-encontrar-amor-sentirme_129_12095792.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96da62a2-649a-4232-a472-dfa51c59c132_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Tengo la sensación de que nunca voy a encontrar el amor, ¿cómo dejar de sentirme así?&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Está bien sentir' es un espacio de conversación con la poeta y escritora Sara Torres ('La seducción', Reservoir Books). Envíanos tus reflexiones y preguntas, tus deseos de indagar sobre una realidad, un vínculo, un placer o un duelo</p><p class="subtitle">"Mi pareja de 20 años me destrozó la vida, ¿cómo superar el amor que siento si no puedo perdonarle?"</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Cómo abandono la sensación de que nunca voy a encontrar el amor?</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Desbocada</span>
                                        <span>—</span> lectora de elDiario.es
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En una b&uacute;squeda r&aacute;pida por Internet, la pregunta &ldquo;&iquest;c&oacute;mo encontrar el amor?&rdquo; nos lleva directamente a varios enlaces que publicitan <em>apps</em> de citas y p&aacute;ginas web para encontrar &ldquo;el amor de tu vida&rdquo;, &ldquo;la pareja ideal&rdquo; o, en un tono un poquito m&aacute;s humilde, &ldquo;la pareja adecuada&rdquo;. Por los resultados a la vista, parece haber un generalizado acuerdo en la afirmaci&oacute;n de que, aquellxs que vamos buscando &ldquo;el amor&rdquo;, lo que perseguimos es un tipo de amor que se estabiliza en la relaci&oacute;n de pareja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Merece el amor sexual de las amantes, o el de la pareja, ser el referente primero para una palabra que se&ntilde;ala un afecto tan fundamental, urgente, tan ancho y con una capacidad tan enorme de adaptaci&oacute;n y metamorfosis? Un afecto que, en su tendencia en bruto, se&ntilde;ala la vitalidad de los cuerpos y su potencia para conectar, ser interdependientes, generar placer, alegr&iacute;a y alianza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pens&aacute;ndolo un poco, casi nadie tarda en afirmar que nuestra capacidad para amar y ser amadas abarca much&iacute;simo m&aacute;s ac&aacute; y m&aacute;s all&aacute; del amor rom&aacute;ntico. Que el amor se nos despierta y agita en encuentros de cada d&iacute;a, que aparece con facilidad frente a quienes se acercan a nosotras de manera generosa, sin nerviosismo o demandas o alusiones de castigo.&nbsp;Como energ&iacute;a vinculante, el amor puede tener tendencias y preferencias, pero su potencia de relaci&oacute;n a priori es indeterminada. Como afecto, cuando est&aacute; presente, lo reconocemos en el cuerpo como un abrazo, una tranquilidad creativa, un sost&eacute;n.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Qué tememos cuando tememos no encontrar EL amor? Tal vez tememos la soledad en un contexto social que privilegia el tiempo de la pareja y la familia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es el regocijo amable que surge frente a los ojos benevolentes de la amiga que no nos juzga y se alegra de vernos cada d&iacute;a. Tambi&eacute;n la experiencia de belleza tierna al encontrarnos con el perrito que vive en el cuarto y entra siempre al ascensor celebrando el d&iacute;a con un movimiento de la cola. Lo sentimos cuando empatizamos con el dolor de los dem&aacute;s, cuando estamos siendo valientes y logramos luchar contra la vulneraci&oacute;n de los derechos de nuestras compa&ntilde;eras.
    </p><p class="article-text">
        El amor recibido, entregado y tambi&eacute;n el frustrado, est&aacute; prendido a los recuerdos de la infancia y planea a trav&eacute;s de las im&aacute;genes imbuyendo de sentido cualquier memoria. La percepci&oacute;n de no ser amadxs, o de entregar nuestro amor en un contexto donde se nos rechaza, deja una marca tan profunda que a veces no puede m&aacute;s que citarse y repetirse a s&iacute; misma una y otra vez. Vivir fuera del amor es pr&aacute;cticamente imposible, ya que implicar&iacute;a un tipo de aislamiento equivalente a una muerte afectiva. Entonces, &iquest;qu&eacute; tememos cuando tememos no encontrar EL amor? Tal vez tememos la soledad en un contexto social que privilegia el tiempo de la pareja y la familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto ya lo hemos dicho muchas veces, y muchas veces tambi&eacute;n, lejos de grandes narrativas e ideolog&iacute;as reduccionistas, hemos sido felices y nos hemos sentido queridas y acompa&ntilde;adas practicando el amor de formas distintas. Conocemos otros horizontes, experiencias, fantas&iacute;as: las amigas que crean juntas su casa de retiro. La viuda que habla feliz de la vida despu&eacute;s de 40 a&ntilde;os de matrimonio, de su perra y sus viajes. Sin embargo, a veces, sentimos todo v&iacute;nculo insuficiente, nos estrangula una ausencia particular, un tipo de intensidad concreta cuya presencia parece que podr&iacute;a darnos acceso a un tiempo de vida excepcional.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El amor de Eros, escribe Anne Carson, &quot;es un mal anhelado&quot;. Y no con esto quiere decir que sea malo el tiempo de las amantes, sino que su pura posibilidad nos revuelve la vida, nos causa arrebato</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El amor de Eros, escribe Anne Carson, &ldquo;es un mal anhelado&rdquo;. Y no con esto quiere decir que sea malo el tiempo de las amantes, sino que su pura posibilidad nos revuelve la vida, nos causa arrebato. Inventado por los griegos, como figura Eros se&ntilde;ala la aparici&oacute;n s&uacute;bita en el cuerpo de la necesidad de un encuentro intenso. Este querer salir de una misma para embriagarse en los l&iacute;mites de un/a otra. Este temer feroz que el encuentro amoroso no suceda nunca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como explica Carson, la potencia de Eros es desracionalizar el cuerpo. Por tanto, su aparici&oacute;n no se planea ni se busca, sino que se padece irremisiblemente, con un gusto dulceamargo. No har&aacute; falta esforzarnos tanto en buscar el amor er&oacute;tico porque Eros no acepta voluntarismos. &Eacute;l mismo nos encuentra y nosotrxs, si somos capaces, si queremos, si podemos sostenerlo sin poner en peligro la alegr&iacute;a o la vida, nos hacemos cargo.&nbsp;Mientras tanto, con Eros o sin Eros, el amor estar&aacute; ah&iacute;, esperando a ser practicado, en un lugar m&aacute;s tranquilo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01HJB80HTAXZYAZ0N7J7G3SHZH"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Torres]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/sensacion-encontrar-amor-sentirme_129_12095792.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Mar 2025 21:40:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Tengo la sensación de que nunca voy a encontrar el amor, ¿cómo dejar de sentirme así?"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Relaciones,Pareja,Amistad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué pasa cuando la relación con tu madre no es buena?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/pasa-relacion-madre-no-buena_129_12892839.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d065f431-edac-436e-a9c9-783ac2553156_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué pasa cuando la relación con tu madre no es buena?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Muchas me estáis preguntando' es un espacio de intercambio y conversación ligera entre quienes tenemos algo en común: acudir a Internet cuando estamos bajas de moral, perdidas, distraídas o con ganas de procrastinar, es decir, siempre</p></div><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">¿Qué pasa cuando la relación con tu madre no es buena? 

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Isa, 30 años</span>
                                        <span>—</span> lectora de elDiario.es
                      </div>
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<p>1.</p>
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        Existe una madre dentro de un coche, una madre al tel&eacute;fono m&oacute;vil, ventanilla abierta, mano derecha en el cambio de marchas sujetando tambi&eacute;n un cigarrillo manchado de pintalabios. Cuando cuelga, saca la cabeza por fuera, expulsa el humo y suspira. En el siguiente sem&aacute;foro supervisa sus u&ntilde;as de manicura impecable, voltea la cabeza y supervisa que sus dos hijas est&eacute;n en su sitio, acab&aacute;ndose el bocadillo de pat&eacute; que prepar&oacute; el domingo y congel&oacute; junto al resto de desayunos y meriendas. Le dice a una que no tire migas. Le dice a la otra que c&oacute;mo se ha hecho ese agujero en los leotardos, que si eso de ah&iacute; es sangre, si ha ido a la enfermer&iacute;a&hellip; no acaba la pregunta, toca el claxon, cabr&oacute;n, grita. Las hermanas se miran entre ellas &iquest;c&oacute;mo ha visto el boquete en los leotardos? &iquest;tiene rayos X que atraviesen los asientos del coche? &iquest;y c&oacute;mo ha presagiado ese taxi que se iba a cruzar? Las dos ni&ntilde;as terminan sus bocadillos, charlotean, le hablan de los deberes. Ella hace muchas preguntas, sonr&iacute;e. En el siguiente sem&aacute;foro, se gira y les acaricia las piernas, a las dos, a la vez. Una de ellas dice, el pat&eacute; es un rollo. Y la otra dice, ya ves. La madre hace una media sonrisa, y dice, quien sabe, quiz&aacute;s ma&ntilde;ana os toque nocilla. Las dos hermanas gritan. Ella mira por la ventanilla, da una calada, y deja caer la mirada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si pienso en mi madre siempre recurro a esa imagen. El peque&ntilde;o tri&aacute;ngulo entre los asientos delanteros que me permit&iacute;a contemplarla, admirarla en sus quehaceres diarios, atribulada, pero organizada, agresiva al volante, pero dulce con nosotras, transparente en su d&iacute;a a d&iacute;a, pero con esa mirada, que solo a&ntilde;os m&aacute;s tarde, me llegu&eacute; a preguntar qu&eacute; escond&iacute;a. &iquest;En qu&eacute; piensan las madres? Es algo que nos golpea de adultas, quiz&aacute;s ya demasiado tarde.
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<div class="capitular">
<p>2.</p>
</div>
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        A las madres las damos por hecho. &ldquo;Para m&iacute;, mi madre no tiene historia. Siempre estuvo aqu&iacute;&rdquo;, escribe Annie Ernaux en <em>Una mujer </em>(Cabaret Voltaire)<em>,</em> libro en el que recuerda a su madre tras su muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pasamos una primera etapa de creer que si nos damos la vuelta siempre estar&aacute;n ah&iacute;. Crecemos unos cent&iacute;metros para empezar a admirarlas, queremos sus tacones, su conducci&oacute;n temeraria y su capacidad para acordarse de los nombres de todos los profesores, m&eacute;dicos, amigos y padres de amigos. De un d&iacute;a para otro dejamos de entenderla. Molesta, pregunta demasiado, sabe demasiados nombres de amigos y padres de amigos. La distancia se ensancha. Son a&ntilde;os duros como hija d&iacute;scola, pero como madre es mucho peor, las sonrisas son para todo el mundo menos para esa que hace dos d&iacute;as era la mujer <em>m&aacute;s mejor del mundo mundial</em>. Pasar&aacute;n unos cuantos a&ntilde;os hasta llegar a entenderlas, para ponernos en su sitio, para entender que esas horas en la cocina, planchando, corriendo, congelando bocadillos, y control&aacute;ndolo todo han sido a costa de una vida. Una vida que adem&aacute;s de ser tu madre, es la de una mujer que da la casualidad que tambi&eacute;n siente, sue&ntilde;a y desea. Ah, amigas, el d&iacute;a que descubrimos que detr&aacute;s de nuestra madre hay alguien a quien podemos preguntarle c&oacute;mo est&aacute;, menuda sorpresa.&nbsp;
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<div class="capitular">
<p>3.</p>
</div>
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        Hay d&iacute;as que me levanto y sostengo que quien soy lo conforma la relaci&oacute;n con mi padre, nuestros silencios, la admiraci&oacute;n, esas concesiones que se ganan los padres haciendo poco, muy poquito. Luego hay otras ma&ntilde;anas en que estoy convencida de que el car&aacute;cter lo moldea una madre. Que cada d&iacute;a que pasa soy m&aacute;s ella en los gestos, en la desenvoltura, en la queja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; el libro <em>Daddy Issues. Un an&aacute;lisis sobre la figura del padre en la cultura contempor&aacute;nea</em> (Alpha Decay),<em> </em>de la psiquiatra y sex&oacute;loga Katherine Angel, y lo entend&iacute;: el padre es la figura que nos separa de nuestra madre y del efecto nido, es quien nos abre las puertas a la libertad y la madurez. Aquel que nos permite el desapego, es quien nos permite entender que existimos m&aacute;s all&aacute; de la mirada paternal. De ah&iacute; que, repito, haciendo poco, muy poquito, siga siendo el primer amor.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="“Todo es nuestros padres, excepto nuestros padres, que son sus propios padres. El interminable ciclo de proyección que gobierna esencialmente todos los aspectos de nuestras vidas emocionales, expuesto por completo. ¡Fabuloso!”, dice una crítica en Letterbox de la película Sentimental Value, que así de primeras podría decirte que va de dos hermanas, pero en realidad va de un padre que no está y una madre que se queda."
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                “Todo es nuestros padres, excepto nuestros padres, que son sus propios padres. El interminable ciclo de proyección que gobierna esencialmente todos los aspectos de nuestras vidas emocionales, expuesto por completo. ¡Fabuloso!”, dice una crítica en Letterbox de la película Sentimental Value, que así de primeras podría decirte que va de dos hermanas, pero en realidad va de un padre que no está y una madre que se queda.                            </span>
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<p>4.</p>
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        Justo el otro d&iacute;a escuchaba a B&aacute;rbara Arena <a href="https://open.spotify.com/episode/2kd891wuj877VDYBth58MK?si=b7ce08d7b6674178&amp;nd=1&amp;dlsi=baf0fe379c2d424c" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">contarle</a> a Javier Aznar su mayor miedo: la muerte de su madre. Cuenta que ella tiene una relaci&oacute;n ambivalente pero bonita con su madre, y que ha sido m&aacute;s tarde, y gracias a las sesiones con su psicoanalista que descubre a la madre como personaje fundamental en su vida. Que aunque siempre hablemos de la relaci&oacute;n padre-hija, sobre todo en t&eacute;rminos psicoanal&iacute;ticos, es el descubrimiento de la figura de la madre el que acaba resultando revelador. Elena Ferrante lo llama el primer &ldquo;amor molesto&rdquo;, la primera confusi&oacute;n afectiva de una larga lista de relaciones de ambivalencia y dependencia que est&aacute;n por llegar en nuestras vidas. Por ese mismo motivo dej&eacute; de ir al psic&oacute;logo. Ya son tres psic&oacute;logos a los que he hecho <em>ghosting,</em> es decir, no he vuelto sin darles ning&uacute;n tipo de explicaci&oacute;n. Una aut&eacute;ntica maleducada. Pero es que cuando empiezan a preguntarme por mi madre, su infancia, la relaci&oacute;n con su madre, siento que no deber&iacute;a ser yo la que est&eacute; en esa butaca. Y desaparezco.&nbsp;
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                    alt="Isa, permíteme que te recomiende estas lecturas que hablan de la hija que mira a la madre, espero que te gusten."
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                Isa, permíteme que te recomiende estas lecturas que hablan de la hija que mira a la madre, espero que te gusten.                            </span>
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<div class="capitular">
<p>5.</p>
</div>
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        Como mujeres pasamos muy r&aacute;pido de ser hijas a ser potenciales madres. A mi alrededor mis amigas est&aacute;n pariendo y cambiando pa&ntilde;ales sin parar. Suena a cadena febril de producci&oacute;n, quiz&aacute;s es m&aacute;s una sensaci&oacute;n que una realidad. Pero las contemplo y pienso: todo lo que hagas a partir de ahora est&aacute; por definir la relaci&oacute;n madre-hija. Empiezo a notar en su actitud cierto sentimiento de posesi&oacute;n, ese mismo que en su momento tanto las angusti&oacute; a ellas. &iquest;Es esa misma amiga con la que hace dos d&iacute;as compart&iacute;a ca&ntilde;as y constru&iacute;amos una identidad conjunta la que est&aacute; a punto de moldear el car&aacute;cter de ese ser tan peque&ntilde;ito que todo el d&iacute;a la acompa&ntilde;a? Justo ah&iacute; es cuando proyecto siempre la misma imagen: ese ser peque&ntilde;ito sentado delante del psic&oacute;logo. Y juntas en la habitaci&oacute;n mi amiga, que es su madre, y su madre, y la madre de su madre, en una cola infinita de mujeres pregunt&aacute;ndose qu&eacute; se esconde tras la mirada de una madre.
    </p><p class="article-text">
        Hay un ensayo que creo que te gustar&aacute; mucho, Isa, apunta el t&iacute;tulo: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/hijas-horribles-libro-explica-ninguna-es_1_10686765.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Las hijas horribles</em></a><em> </em>(Libros del KO), lo escribe la periodista y escritora Blanca Lacasa, que recopila testimonios de mujeres que durante mucho tiempo se han considerado malas hijas. &ldquo;La culpa suele encontrarse indisociablemente unida a la perfecci&oacute;n proyectada sobre la figura materna (...) Probablemente tampoco ayude demasiado la percepci&oacute;n largamente cultivada por nuestras madres de que somos su posesi&oacute;n. Una propiedad de la que, por otra parte, se suele esperar demasiado&rdquo;, escribe Blanca.&nbsp;
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                “Sé valiente, sé libre pero vuelve a casa, conmigo”. Dice este dibujo firmado por Amber Fossey.                            </span>
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<p>6.</p>
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        Le&iacute; a Blanca Lacasa para darme cuenta de una obviedad: no s&eacute; si quiero o puedo ser madre, pero lo que s&iacute; s&eacute; seguro es que nunca voy a dejar de ser hija. Hay d&iacute;as, en casa de mis padres, que me descubro con el traje de hija puesto: pongo la cara de hija mod&eacute;lica, hago bromas de hija payasa y recojo la cocina como hija responsable. Es un traje al que se le ven las costuras cuando hay otras personas ajenas a la familia nuclear, por ejemplo, la pareja de mi hermana, ah&iacute; resalta todav&iacute;a m&aacute;s lo burdo de la actuaci&oacute;n, rechinan las vocecitas, molestan las sonrisas estiradas. Actuamos como las hijas que fuimos para poder cruzar la puerta de casa y huir de esa misma figura.&nbsp;
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<div class="capitular">
<p>7.</p>
</div>
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        Pero tenemos derecho al desapego. &ldquo;La hija ego&iacute;sta, olvidadiza y despiadada. La hija que decepciona, que defrauda, y que hiere. La hija rebelde. Nos est&aacute; prohibido cuestionar a nuestras madres. Y es nuestro deber y salvaci&oacute;n respetarlas, idolatrarlas y darles gracias siempre y en todo lugar&rdquo;, dice Blanca en el primer cap&iacute;tulo del ensayo. A nuestras madres las hemos dado por supuesto, las hemos admirado, rechazado y entendido, y quiz&aacute;s, para algunas, ha llegado el momento tambi&eacute;n de alejarlas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque una siempre ser&aacute; hija, pero ese cord&oacute;n que la ata puede y debe soltarse, porque aunque el sentimiento de deuda est&eacute; ah&iacute;, una a veces debe anteponerse. Y con esto no quiero caer en el mal de nuestros d&iacute;as de &lsquo;lo primero eres t&uacute;&rsquo;. Me refiero a anteponerse al dolor, a las tiranteces, a los desaires, al descuido y al abandono. Dan igual los detalles de vuestra relaci&oacute;n, Isa, lo que cuenta es que lo que una cree que deber&iacute;a ser un amor ya no lo es.&nbsp;
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<div class="capitular">
<p>8.</p>
</div>
    </figure><p class="article-text">
        Existen nuestras madres m&aacute;s all&aacute; de nosotras, su&eacute;ltala si eso es lo que deseas. &ldquo;Trato de no considerar la violencia, los desbordamientos de ternura, los reproches de mi madre s&oacute;lo como rasgos personales de car&aacute;cter, sino de situarlos tambi&eacute;n en su historia y en su condici&oacute;n social. Esta manera de escribir, que me parece ir en el sentido de la verdad, me ayuda a salir de la soledad y la oscuridad del recuerdo individual, por el descubrimiento de una significaci&oacute;n m&aacute;s general. Pero siento que algo en m&iacute; se resiste: querr&iacute;a conservar de mi madre unas im&aacute;genes puramente afectivas, calor o l&aacute;grimas, sin darles un sentido&rdquo;. Esta es Annie Ernaux intentando entender a su madre y toda esa culpa y remordimientos que acumula, esa visceralidad que la ataba a ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos han hecho creer que madre no hay m&aacute;s que una y que, atadas a ella, prosperaremos, creceremos, nos comprenderemos a nosotras mismas. Pero debemos desprendernos de esta idea de pertenencia. No existe la posesi&oacute;n familiar m&aacute;s all&aacute; del imaginario que hemos construido entre todos. Rod&eacute;ate de otras personas, no dejes que este v&iacute;nculo marque tu pesar. Porque no hay hijas malas, sino hijas que cortan el cord&oacute;n umbilical, que se alejan para buscar afectos y cuidados en otros seres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevamos tanto tiempo conviviendo con esa presencia, este juego de espejos que es la maternidad, que creemos que no sabremos existir sin ella. Vivian Gornick, en el maravilloso libro <em>Apegos Feroces </em>(Sexto Piso), apunta sobre la evoluci&oacute;n de la relaci&oacute;n con su madre, ahora que ambas son ya mayores: &ldquo;Hemos alcanzado un grado de distancia permanente. Atisbo los placeres del alejamiento. Este pedacito de espacio me proporciona la intermitente pero u&#769;til emocio&#769;n resultante de creer que comienzo y termino en mi&#769; misma&rdquo;. No empiezas ni acabas en los dem&aacute;s, sino en ti. Buena suerte, Isa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siempre tuya,
    </p><p class="article-text">
        Andrea.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Gumes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/pasa-relacion-madre-no-buena_129_12892839.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 21:45:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué pasa cuando la relación con tu madre no es buena?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No paro de compararme con los cuerpos, las caras y los maquillajes que veo en redes, ¿cómo salgo del bucle?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-paro-compararme-cuerpos-caras-maquillajes-veo-redes-salgo-bucle_129_13055557.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81012827-df46-4ac8-b1e6-f4f6e8427764_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;No paro de compararme con los cuerpos, las caras y los maquillajes que veo en redes, ¿cómo salgo del bucle?&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Muchas me estáis preguntando' es un espacio de intercambio y conversación ligera entre quienes tenemos algo en común: acudir a Internet cuando estamos bajas de moral, perdidas, distraídas o con ganas de procrastinar, es decir, siempre</p><p class="subtitle">En primera persona - He visto 'Sexo en Nueva York' por primera vez ahora (y he alucinado con las arrugas de las protagonistas)</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Andrea, no paro de compararme con los cuerpos, las caras y los maquillajes de Instagram y TikTok. ¿Cómo salgo del bucle? Gracias🫂</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sandra, 25</span>
                                  </div>
          </div>

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<div class="capitular">
<p>1.</p>
</div>
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        Salgo de ver <em>Hamnet</em> triste y conmovida, pero con una idea que me da vueltas y necesito confirmar al llegar a casa. Abro Google Im&aacute;genes y busco fotos recientes de Jessie Buckley, la actriz que interpreta a Agnes Shakespeare en la pel&iacute;cula. Las ampl&iacute;o. Hago zoom en los labios. Me fijo en los surcos que rodean su boca, en las arruguitas debajo de los ojos. No entiendo nada. En mitad de las escenas dram&aacute;ticas, cuando toda la platea conten&iacute;a la respiraci&oacute;n viendo sufrir a esa mujer por sus hijos, yo no pod&iacute;a apartar la vista de su boca. Tiene mis labios, que es lo mismo que decir: no tiene labios. &iquest;Sabes cuando ves en otra aquello que tanto te ofusca de tu propio cuerpo? Pues as&iacute; pas&eacute; los ciento veinticinco minutos que dura la pel&iacute;cula: pensando en la normalidad de esa cara y en cu&aacute;nto hac&iacute;a que <a href="https://www.eldiario.es/era/carillas-alineadores-dientes-invisibles-low-cost-peligros_1_11364883.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no ve&iacute;a algo igual en la gran pantalla</a>.
    </p><p class="article-text">
        La normalidad ha sido secuestrada por caras inexpresivas, labios hinchados y pieles planchadas. Me gustar&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/era/he-visto-sexo-nueva-york-primera-vez-ahora-he-alucinado-arrugas-protagonistas_129_11727354.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no sorprenderme al ver en la tele a mujeres a la que se les mueve la frente</a> mientras hablan, pero lo que veo cada d&iacute;a detr&aacute;s de la pantalla de mi m&oacute;vil no me deja otra opci&oacute;n.
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                    alt="Jessie Buckley, ojalá tengas trabajo hasta el fin de tus días."
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                Jessie Buckley, ojalá tengas trabajo hasta el fin de tus días.                            </span>
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<div class="capitular">
<p>2.</p>
</div>
    </figure><p class="article-text">
        Sandra, eres joven. Absurdamente joven para hacerme esta pregunta, lo que la hace m&aacute;s preocupante. Y, aun as&iacute;, comprensible. Porque estamos todas igual, vaya esto por delante.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que la teor&iacute;a te la sabes. Todas hemos le&iacute;do sobre <em>body positive </em>y <em>body neutral</em> (no solo que todos los cuerpos son v&aacute;lidos, sino que nuestro valor no depende de ello); sobre la perversi&oacute;n de <a href="https://www.newyorker.com/culture/decade-in-review/the-age-of-instagram-face" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la </a><a href="https://www.newyorker.com/culture/decade-in-review/the-age-of-instagram-face" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Instagram-face</em></a> (esa estandarizaci&oacute;n de rasgos que lleg&oacute; con la explosi&oacute;n de las redes sociales); sobre los males de la industria del bienestar y belleza (te recomiendo leer, si no lo haces ya, a <a href="https://jessicadefino.substack.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jessica DeFino</a>, periodista especializada en cosm&eacute;tica, muy cr&iacute;tica y divertida en sus aproximaciones al mundo de las <em>beauty influencers</em>; y a <a href="https://substack.com/@palomaabad" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Paloma Abad</a>, ex redactora jefe de Vogue que en su <em>newsletter</em> nos acerca a mujeres interesantes que hacen lo que pueden con sus cremas y sus caras).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En fin, andamos todas muy le&iacute;das sobre que hay que desaprender lo normativo y que la belleza est&aacute; en el interior. Tambi&eacute;n sabemos que hay mucho se&ntilde;or empresario haciendo dinero a base de explotar nuestras inseguridades. Todo esto lo sabemos. Pero solo ha servido para cambiar la mirada hacia el otro: aceptamos, comprendemos y comentamos menos los cuerpos ajenos. Nunca vamos a darle la raz&oacute;n a una amiga cuando nos pregunte por <em>(rellenar con cualquier defecto menor que le provoque inseguridad)</em>.
    </p><p class="article-text">
        Siempre es m&aacute;s divertida Nora Ephron cuando lo cuenta:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Fragmento del libro &#039;No me gusta mi cuello&#039;, de Nora Ephron, publicado por Libros del Asteroide con traducción de Catalina Martinez Muñoz."
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            <span class="title">
                Fragmento del libro &#039;No me gusta mi cuello&#039;, de Nora Ephron, publicado por Libros del Asteroide con traducción de Catalina Martinez Muñoz.                            </span>
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<div class="capitular">
<p>3.</p>
</div>
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        El problema es que la teor&iacute;a no permea en nosotras. Porque no se trata tanto de c&oacute;mo miramos al otro, sino de c&oacute;mo te miras t&uacute;. No hay repugnancia mayor que la que puede sentir una mujer al mirarse a un espejo. Es dif&iacute;cil expresarlo desde la racionalidad: hay algo animal en ese brutalismo con el que nos observamos. Un asco que quiere ser devastador, que pretende acabar con esa cara, cuerpo, esas piernas, pechos, arrugas, orejas, nariz, piel colgante de los brazos, papada, cartucheras, flacidez abdominal&hellip; y no sigo para no recrearme. Hemos perdido toda capacidad de mirarnos al espejo y sonre&iacute;r. No creo que haya una sola mujer que no haya apartado la mirada al verse reflejada en el espejo del ascensor &iquest;Qui&eacute;n es esa zarrapastrosa y por qu&eacute; me est&aacute; mirando?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me miro en el espejo y no me gusto. No es que no me reconozca, me reconozco y es espantoso&rdquo;, escribe Eva Baltasar en su &uacute;ltima novela <a href="https://www.goodreads.com/book/show/246148110-peixos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Peixos</em></a><em>.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<div class="capitular">
<p>4.</p>
</div>
    </figure><p class="article-text">
        Sandra, &iquest;no te parece que es ante profesionales de la salud y de la imagen donde sufrimos las mayores humillaciones? Porque una puede intentar renunciar a la presi&oacute;n social, luchar contra cremas virales de TikTok y silenciar los anuncios de Instagram, para luego sentarse frente al dentista, el dermat&oacute;logo o el peluquero sabiendo que va a ser juzgada. Eres inspeccionada, preguntada, interpelada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y como yo no tengo mesura, salgo de estas consultas con un: &ldquo;&iquest;Ah, s&iacute;? Pues ahora vas a ver&rdquo;. Como el d&iacute;a que fui al dentista y me dijo que no me cepillaba bien, que no llegaba bien a la enc&iacute;a y que ten&iacute;a demasiada placa. Aparec&iacute; al mes siguiente con las enc&iacute;as en carne viva, sangrando, desgarradas. Cuando me vio la dentista no daba cr&eacute;dito: pero, &iquest;qu&eacute; has hecho?. Limpiarme, limpiarme de forma disciplinada (qu&eacute;date con esto de la disciplina, que luego volver&eacute; a ello). Nos empujan al abismo para luego decir: te ped&iacute; que te deslizaras, no que saltaras. Pues expl&iacute;cate mejor, y, sobre todo, no me humilles cuando estoy tumbada en una camilla.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Porque tú y yo sabemos que esas caras que vemos en la pantalla del móvil son inalcanzables. Ese ideal de belleza dominante no es más que una suma de dinero, productos regalados, intervenciones carísimas y poquísimo estrés</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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<div class="capitular">
<p>5.</p>
</div>
    </figure><p class="article-text">
        Fui hace un a&ntilde;o y medio a hacerme una limpieza facial por primera vez. Me temblaban las piernas, ya no porque supiera que iba a ser juzgada, sino porque iba con una sensaci&oacute;n similar a la de no haberse duchado en cinco d&iacute;as. &iquest;Sabr&iacute;a esa persona que iba a limpiar unos barrillos que llevaban conmigo desde que nac&iacute;? &iquest;Cu&aacute;nto tiempo convive con nosotras la suciedad que acumula nuestra piel? &iquest;Estar&iacute;amos hablando de quistes?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, cuando llegu&eacute; no hice ninguna de estas preguntas. Me limit&eacute; a obedecer, callar, asentir y confirmar que, efectivamente, no ten&iacute;a ni idea de qu&eacute; tipo de piel ten&iacute;a y que todas las cremas de mi ba&ntilde;o hab&iacute;an sido compradas sin m&aacute;s criterio que una captura de TikTok sobre pieles grasas. No tienes la piel grasa, solt&oacute;. &iquest;Y todo este brillo que veo en las fotos?, pregunt&eacute;. Es suciedad. Tragu&eacute; saliva. Me fui con la cabeza gacha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He sido una buena estudiante, Sandra, te lo prometo. Sent&iacute; que era un golpe bajo. Yo que soy ordenada en mis trabajos y organizada en mis quehaceres, &iquest;por qu&eacute; leches no iba a poder enfrentarme a una rutina de cuatro pasos para tener la piel tersa? Un minuto antes de salir por la puerta de aquel examen facial, me gir&eacute;, y le supliqu&eacute;: por favor, sin decirme marcas, d&iacute;game qu&eacute; ingredientes necesita mi piel. Me fui de all&iacute; con apuntes. Ahora mismo tengo un esquema, en letra peque&ntilde;a, pegado en la pared del ba&ntilde;o con tres pasos a seguir. Nada del otro mundo: limpiar, hidratar y proteger del sol.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La cara guapa ahora no solo denota privilegio sino que hay mucha disciplina tambi&eacute;n, y mucha ideolog&iacute;a&rdquo;, dec&iacute;an el otro d&iacute;a en un episodio divertid&iacute;simo sobre el t&eacute;rmino &ldquo;guapa&rdquo; en el podcast <a href="https://open.spotify.com/episode/5Bgm6niUwf2s9hZt9AsJhr?si=545bf7f5aa1d4dc5" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Amiga Date Cuenta</a>. Y dieron en el clavo. Si ahora s&eacute; distinguir entre vitamina C y retinol es por disciplina. Porque en m&iacute; no tiene efecto la <em>influencer</em> de turno, sino la sensaci&oacute;n de que debo estar a la altura. Que si quieren que me masajee la cara &mdash;&iquest;has o&iacute;do hablar del yoga facial?, mira, me r&iacute;o por no llorar&mdash; lo har&eacute; como la que m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me compr&eacute; un utensilio de estos de tortura llamado Gua Sha, que no es m&aacute;s que un trozo de pl&aacute;stico que imita un mineral y con el que, supuestamente, tras untarte la cara en un aceite pringoso, masajeas y <em>voil&agrave;. </em>Pens&eacute;: a obediente no me gana nadie. As&iacute; que me tom&eacute; ese cacharro como un desaf&iacute;o personal. Total, que el otro d&iacute;a decid&iacute; que, en lugar de los diez minutos recomendados, lo usar&iacute;a durante la hora y media que dura la serie que estoy viendo. &iquest;Podr&iacute;an avisar de los efectos secundarios de la Gua Sha en manos de personas mortificadas? Cuando me mir&eacute; al espejo no es que tuviera la piel m&aacute;s firme y tersa, es que casi me la hab&iacute;a arrancado. De nuevo, no me acerques al abismo, que me tiro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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<p>6.</p>
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        Hablando de consejos. Uno de mis preferidos es el de Dakota Johnson cuando le preguntaron por su secreto de belleza &mdash;buen&iacute;sima pregunta para el siglo XXI&mdash; y respondi&oacute;: dormir catorce horas seguidas. Risotada general en el vag&oacute;n de metro, lleno de gente apretujada, con el t&aacute;per vertido en el bolso a las ocho de la ma&ntilde;ana. Lo peor es que la segunda vez que la escuch&eacute; hablar del tema a&ntilde;adi&oacute; que beb&iacute;a un vaso de agua caliente cada ma&ntilde;ana. Al tercer d&iacute;a de levantarme arrastrando los pies y tener una arcada en la cocina mientras le&iacute;a los primeros mails, me pregunt&eacute;: &iquest;Para qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute; estoy haciendo todo esto?. Porque t&uacute; y yo sabemos que esas caras que vemos en la pantalla del m&oacute;vil son inalcanzables. Ese ideal de belleza dominante no es m&aacute;s que una suma de dinero, productos regalados, intervenciones car&iacute;simas y poqu&iacute;simo estr&eacute;s. No tienen arrugas en la frente porque hace a&ntilde;os que nada les hace fruncir el ce&ntilde;o. Ni sienten ni padecen. Mentira: padecer, padecen un rato. Pero por aquello de que para lucir hay que sufrir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me apareci&oacute; el otro d&iacute;a la noticia de que una de las<em> influencers </em>m&aacute;s famosas que tenemos por estos lares se hab&iacute;a sometido a una operaci&oacute;n est&eacute;tica complicadilla. La noticia no era la operaci&oacute;n, por supuesto, sino &ldquo;su honestidad&rdquo; al compartirlo. Vamos, que nos lo contaba todo por unos <em>likes.</em> La honradez consist&iacute;a en publicar v&iacute;deos y fotos que rozaban el cine de terror. Escup&iacute; el caf&eacute;. No he querido saber m&aacute;s, sent&iacute; pena por ella, por todas, por la idea de tumbarse en una camilla y dejar que te abran la cara para tensar tejidos, m&uacute;sculos y lo que sea que hay debajo la piel. Como cuando estiras el edred&oacute;n al hacer la cama, pero por dentro de tus orejas. Mira, me mareo solo de pensarlo.
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<div class="capitular">
<p>7.</p>
</div>
    </figure><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s perverso de todo es que esta industria ha decidido adaptar la ilusi&oacute;n de la belleza a todos los bolsillos. Es importante no dejar a nadie atr&aacute;s. La estandarizaci&oacute;n de la belleza ideal pasa por incluir a todo el mundo en la posibilidad de mejora: conseguir otra cara es posible con un cup&oacute;n de tres sesiones de fotorejuvenecimiento facial l&aacute;ser por 24,99&euro;. Y todo ello en una proliferaci&oacute;n de establecimientos s&oacute;rdidos que se multiplican en nuestras ciudades: negocios de est&eacute;tica sin apenas regulaci&oacute;n, titulaciones de dudosa procedencia y m&aacute;quinas no homologadas con muchas lucecitas (un l&aacute;ser siempre queda bien).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">También podemos darle la vuelta a todo esto, y reírnos. Que de tan siniestro y perverso acabe dándonos pena. Que con cada imagen de una chica matándose a hacer pesas en el gimnasio o enseñando las cicatrices recientes de una operación, no nos quede otra que sentir compasión</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Da igual que sea bioestimulaci&oacute;n, ultrasonido, criolip&oacute;lisis, sesiones de Emsculpt, polinucle&oacute;tidos o liposonix (no s&eacute; ni qu&eacute; estoy diciendo, parecen los personajes de la pr&oacute;xima peli de Marvel, pero te aseguro que son ofertas reales de distintos centros). Da igual el tratamiento: todos se ofrecen en el mismo bajo sin ventilaci&oacute;n con una chica amabil&iacute;sima que, a mitad de sesi&oacute;n, dir&aacute;: <a href="https://open.spotify.com/episode/5Bgm6niUwf2s9hZt9AsJhr?si=545bf7f5aa1d4dc5&amp;nd=1&amp;dlsi=859d29c005cd4f27" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Guapa, con esto no va a ser suficiente&rdquo;</a>. Porque siempre hay una m&aacute;quina mejor, diez sesiones m&aacute;s &mdash;las buenas&mdash; y un c&oacute;ctel de vitaminas verdaderamente milagroso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras las celebridades se estiran la cara en cl&iacute;nicas con parquet, ventanales y paredes blancas, sus seguidoras creen que podr&aacute;n lograr algo similar si se meten en un traje de succi&oacute;n que &ldquo;moviliza los tejidos y la grasa&rdquo; en el local &lsquo;Mari Carmen, cl&iacute;nica sin dolor&rsquo; que han abierto debajo de su casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo de esta industria que campa a sus anchas sin apenas supervisi&oacute;n entre lo que promete y que ofrece, deber&iacute;a acabar en los juzgados. Pero, mientras tanto, ah&iacute; estamos: cada segundo, una nueva mujer escribiendo en el buscador &ldquo;mesoterapia con relleno t&eacute;rmico para qu&eacute; sirve y cu&aacute;nto cuesta&rdquo;
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<div class="capitular">
<p>8.</p>
</div>
    </figure><p class="article-text">
        No s&eacute; c&oacute;mo sacarte del bucle porque hay demasiados esfuerzos, dinero y campa&ntilde;as invertidos en que t&uacute; y yo estemos compar&aacute;ndonos entre nosotras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay una opci&oacute;n que es lanzar el m&oacute;vil al mar. No va a ocurrir. Tambi&eacute;n podemos darle la vuelta a todo esto, y re&iacute;rnos. Que de tan siniestro y perverso acabe d&aacute;ndonos pena. Que con cada imagen de una chica mat&aacute;ndose a hacer pesas en el gimnasio o ense&ntilde;ando las cicatrices recientes de una operaci&oacute;n, no nos quede otra que sentir compasi&oacute;n. Estar convencidas no solo de que no alcanzaremos ese ideal, sino de que lanzamos la toalla mucho antes. Y s&iacute;, lo s&eacute;, no somos inmunes. Quiz&aacute; en la pr&oacute;xima cena con amigas nos preguntaremos qui&eacute;n ser&aacute; la primera en operarse las bolsas de las ojeras. Y otra dir&aacute; que ha encontrado la crema definitiva y le pediremos que pase la foto por el grupo. Porque nos pasamos el rato hablando de otras caras a las que queremos parecernos. Pero es importante sacudirnos colectivamente esta inseguridad permanente. Aferrarnos a otros temas, otras conversaciones, a otros referentes. Que cuando tu amiga te diga que ha le&iacute;do sobre la importancia de tomar col&aacute;geno por las ma&ntilde;anas, pod&aacute;is re&iacute;ros y preguntar: &iquest;Para qu&eacute;? Si con esta botella de vino blanco que nos hemos bajado la deshidrataci&oacute;n facial solo puede ir a m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        P&aacute;satelo bien y bebe mucha agua. Poco m&aacute;s puedo decirte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siempre tuya,
    </p><p class="article-text">
        Andrea
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      <dc:creator><![CDATA[Andrea Gumes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-paro-compararme-cuerpos-caras-maquillajes-veo-redes-salgo-bucle_129_13055557.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 21:14:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["No paro de compararme con los cuerpos, las caras y los maquillajes que veo en redes, ¿cómo salgo del bucle?"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Nada sabotea más nuestra voluntad que el miedo": cómo vencer la procrastinación según el filósofo Simon May]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/sabotea-voluntad-miedo-vencer-procrastinacion-filosofo-simon-may_1_13592559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c58e9789-ec8e-472d-a362-85118aa41dff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x410y271.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Nada sabotea más nuestra voluntad que el miedo&quot;: cómo vencer la procrastinación según el filósofo Simon May"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de ‘El poder de lo cuqui’ publica ahora ‘¡Salta! Una nueva filosofía para vencer a la procrastinación’, donde defiende que no procrastinamos lo que nos da igual, sino lo que más nos importa, y propone varias vías, alejadas de la autoayuda, para dejar de hacerlo</p><p class="subtitle">“Confundimos cuidarnos con ser buena persona”: el sociólogo que explica qué falla en nuestra idea de bienestar</p></div><p class="article-text">
        El verdadero problema de la procrastinaci&oacute;n, sostiene el fil&oacute;sofo brit&aacute;nico Simon May, no es por qu&eacute; aplazamos la limpieza de nuestra casa o la declaraci&oacute;n de la renta, sino por qu&eacute; evitamos a la persona que nos gusta, aparcamos nuestra vocaci&oacute;n m&aacute;s profunda o posponemos un cambio de vida que nos resulta urgente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este es el punto de partida de<em> </em><a href="http://www.alphadecay.org/libro/salta/?utm_source=nuevoslibros.com&amp;utm_medium=referral&amp;utm_campaign=semana-2026-40&amp;utm_content=salta-simon-may" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>&iexcl;Salta! Una nueva filosof&iacute;a para vencer a la procrastinaci&oacute;n </em></a>(Alpha Decay, con traducci&oacute;n de Albert Fuentes), un nuevo ensayo del autor del c&eacute;lebre <em>El poder de lo cuqui</em>, con el que pretende plantar cara a la mayor&iacute;a de los manuales de autoayuda que nos prometen ser m&aacute;s eficientes.
    </p><p class="article-text">
        Su tesis es que la procrastinaci&oacute;n no nace, como pensamos de manera intuitiva, de la pereza o de la falta de disciplina, sino de conflictos m&aacute;s profundos, como el miedo al fracaso, al &eacute;xito o a la propia vulnerabilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para vencerla, May propone siete v&iacute;as que parten de la tradici&oacute;n filos&oacute;fica, religiosa y literaria: desde adoptar un esp&iacute;ritu l&uacute;dico y asumir nuestra mortalidad hasta convertir el arrepentimiento y el aburrimiento en nuestros aliados. Como si fuera una especie de judo mental, el propio impulso de posponer, lejos de ser un simple obst&aacute;culo, puede ayudarnos a identificar nuestras verdaderas prioridades, seg&uacute;n el autor ingl&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text">La importancia que pesa</h2><p class="article-text">
        May inicia su ensayo partiendo de lo que llama &ldquo;motivaci&oacute;n saboteada&rdquo;: quien procrastina no suele carecer de metas, sino que est&aacute; obsesionado con ellas. Y por eso las evita. &ldquo;Cuando no hacemos lo que m&aacute;s queremos, a menudo es por una raz&oacute;n: el peso insoportable que tiene para nosotros esa gran prioridad vital&rdquo;, explica. De su consecuci&oacute;n dependen, dice, &ldquo;el valor y el sentido de nuestra vida&rdquo;, nuestra felicidad, nuestra autoestima y la estima de los dem&aacute;s. &ldquo;De modo que la importancia misma de la prioridad se convierte en una raz&oacute;n para no ponernos con ella&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque claro, en realidad no la abandonamos, la posponemos. &ldquo;Es una forma de convencernos de que en realidad no la estamos dejando, porque seguro que acabaremos llegando a ella&rdquo;, afirma May.
    </p><p class="article-text">
        Ese peso adopta muchas formas. Puede ser la dedicaci&oacute;n que exige, o el posible fracaso y su posterior humillaci&oacute;n, a menudo agravados por el perfeccionismo. O, al contrario, tememos el &eacute;xito, porque entonces no quedar&aacute; nada por lo que luchar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        May recuerda que, seg&uacute;n Freud, hay quien enferma precisamente cuando se cumple un deseo largamente acariciado. Es lo que el austriaco llamaba fracaso al triunfar. &ldquo;Muchas de las causas de la procrastinaci&oacute;n tienen su ra&iacute;z en el miedo. Porque nada sabotea m&aacute;s nuestra voluntad que el miedo&rdquo;, asegura.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando no hacemos lo que más queremos, a menudo es por una razón: el peso insoportable que tiene para nosotros esa gran prioridad vital</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El abogado artista, pero sin obra</h2><p class="article-text">
        Por las p&aacute;ginas del libro de May desfilan grandes procrastinadores que han acabado triunfando en la vida pero no en las cosas que hab&iacute;an querido. Por ejemplo, un abogado que pas&oacute; a&ntilde;os prepar&aacute;ndose para ser artista, montando un estudio impresionante, pero que nunca lleg&oacute; a crear nada. &ldquo;A eso lo llamo 'procrastinaci&oacute;n triunfante' porque tuvo una carrera fenomenalmente exitosa en el derecho, aunque para &eacute;l solo era una forma de aplazar su verdadera vocaci&oacute;n, que era convertirse en artista&rdquo;, recuerda May.
    </p><p class="article-text">
        Para colmo, aquel hombre segu&iacute;a las reglas de oro de la productividad que predican muchos libros de autoayuda: formular prioridades, dividirlas en pasos, ponerles plazo o alejar las distracciones. Con ellas triunf&oacute; como abogado y con ellas se &ldquo;hizo&rdquo; artista: &ldquo;Seg&uacute;n un calendario preciso, asisti&oacute; a una escuela de arte junto a estudiantes d&eacute;cadas m&aacute;s j&oacute;venes, alquil&oacute; y reform&oacute; el estudio perfecto y empez&oacute; a trabajar en su obra. Pero, despu&eacute;s de haber hecho todo el trabajo preparatorio a la perfecci&oacute;n, nunca termin&oacute; una sola pieza. En definitiva, la literatura de la productividad no le ayud&oacute;&rdquo;, afirma el autor. Tampoco ayudar&iacute;a, a&ntilde;ade, a quien huye de un gran amor para refugiarse en otro m&aacute;s f&aacute;cil.
    </p><h2 class="article-text">Los dos cultos</h2><p class="article-text">
        May describe nuestra &eacute;poca como la edad de oro del procrastinador debido principalmente a la existencia de dos &ldquo;cultos&rdquo;: el del trabajo y el de la autonom&iacute;a. El primero, impulsado seg&uacute;n &eacute;l por la Reforma Protestante del siglo XVI, &ldquo;ha permitido enormes aumentos de libertad y oportunidades&rdquo;. Pero en muchos pa&iacute;ses occidentales &ldquo;ha convertido a millones de personas en m&aacute;quinas rob&oacute;ticas de productividad, esclavas de la deidad del rendimiento incesante&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La identidad de grandes capas de la poblaci&oacute;n depende de una corriente ininterrumpida de logros. Hasta <a href="https://www.eldiario.es/era/agendar-dia-mes-revisar-relacion-convirtiendo-amor-proyecto-empresarial_1_13328496.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el amor</a> o <a href="https://www.eldiario.es/nidos/criar-tiempos-consejos-millennials-sienten-presion-madre-impecable_1_12801140.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la crianza parecen ya un trabajo</a>.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el culto a la autonom&iacute;a tambi&eacute;n se vuelve en nuestra contra. &ldquo;Nos lleva a tener la impresi&oacute;n de que podemos ejercer un control casi total sobre nuestra vida&rdquo;, afirma el profesor. &ldquo;Pero cuando esas expectativas se frustran, nos sentimos desbordados e impotentes y enseguida nos culpamos de ser d&eacute;biles de voluntad&rdquo;. El resultado, resume, es &ldquo;desmoralizarnos y agravar la procrastinaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Hazlo como una evasi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Una de las propuestas m&aacute;s revolucionarias de May consiste en realizar el juego mental de replantear la prioridad principal como una actividad secundaria, de escape. Imaginemos que queremos escribir una novela. El truco para hacerlo ser&iacute;a plante&aacute;rnoslo como si hacerlo fuera procrastinar.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, parece un truco demasiado dif&iacute;cil de realizar. &ldquo;S&iacute;, es un truco complejo, &iexcl;pero desde luego es factible!&rdquo;, responde. &Eacute;l mismo confiesa que escribi&oacute; este libro usando esta t&eacute;cnica. &ldquo;Convencerme de que escribir es una evasi&oacute;n de lo que de verdad deber&iacute;a estar haciendo&rdquo;, confiesa. &ldquo;Una forma de diversi&oacute;n&rdquo;. Y cita al humorista Robert Benchley: &ldquo;Cualquiera puede hacer cualquier cantidad de trabajo siempre que no sea el trabajo que se supone que debe estar haciendo en ese momento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Algo que es exactamente lo contrario del consejo habitual en la literatura de autoayuda, que insiste en la importancia de poner prioridades. May recomienda concentrarse en el momento y no en el logro futuro: &ldquo;Hay que centrarse en el disfrute y no en las recompensas que una tarea pueda traer cuando est&eacute; terminada&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay que centrarse en el disfrute y no en las recompensas que una tarea pueda traer cuando esté terminada</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Reconocimiento y perfecci&oacute;n, sin obsesi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Otras dos de las estrategias que propone el autor son liberarse de la necesidad de reconocimiento y del perfeccionismo, lo que tambi&eacute;n parece complejo, porque parece que estamos programados para buscar ambos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        May corrige el planteamiento: &ldquo;No sugiero liberarnos de ellos, sino solo moderarlos&rdquo;. El reconocimiento es &ldquo;una necesidad humana absolutamente vital desde la infancia&rdquo;, reconoce. El problema llega cuando el af&aacute;n de aprobaci&oacute;n nos lleva a moldearnos a las preferencias ajenas y perder de vista qui&eacute;nes somos, como ya advirti&oacute; Jean-Jacques Rousseau. &ldquo;Adem&aacute;s esa es una recompensa fr&aacute;gil: puede no llegar, puede ser fruto de una mala interpretaci&oacute;n o desvanecerse enseguida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el perfeccionismo, nos pide tener cuidado: &ldquo;La perfecci&oacute;n, entendida como una meta predeterminada que no se puede mejorar, &iexcl;no existe! Buscarla es perseguir un espejismo y encerrarnos en una prisi&oacute;n de ideas fijas en la que ahogamos el experimento, la evoluci&oacute;n, la individualidad, la espontaneidad, lo irregular, lo l&uacute;dico y lo inesperado&rdquo;, sostiene.
    </p><h2 class="article-text">Juego, aburrimiento y atenci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu del juego es, dice May, otro ant&iacute;doto contra el bloqueo cuando la tarea se vuelve terriblemente opresiva y la mente se congela. No se refiere a hacer el tonto ni a renunciar a la disciplina, sino a una mentalidad exploratoria que afloje un poco, mediante un esfuerzo de imaginaci&oacute;n, la aburrida mentalidad de la lista de tareas.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;no es casi imposible aburrirse hoy en d&iacute;a sumidos como estamos en la guerra por nuestra atenci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; hacemos, por ejemplo, con las redes sociales? &ldquo;Las redes pueden aplazar nuestro ajuste de cuentas con el aburrimiento, pero no pueden eliminar el aburrimiento con una prioridad que nos importa y en la que no logramos avanzar&rdquo;, asegura.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La atención es la clave para tener una relación genuina con la realidad, y esto es fundamental para superar el tedio adormecedor de este momento que subyace en el corazón de la procrastinación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Si escuchamos con cuidado a nuestro aburrimiento, nos daremos cuenta de que nos est&aacute; susurrando preguntas sobre si nuestras prioridades son las adecuadas. Entonces puede convertirse en &ldquo;una poderosa fuente de nueva motivaci&oacute;n&rdquo;, explica May. &ldquo;&iexcl;El aburrimiento puede ense&ntilde;arnos mucho sobre nosotros mismos!&rdquo;, exclama. &ldquo;La procrastinaci&oacute;n que lo provoc&oacute; deja de ser una maldici&oacute;n y se convierte en nuestra mayor bendici&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero de todas las armas para combatir la procrastinaci&oacute;n, May cree que la m&aacute;s potente es la atenci&oacute;n. &ldquo;Una concentraci&oacute;n inmersiva, paciente y abierta en lo que tenemos delante, sea un trabajo, un ser humano, un &aacute;rbol o un tema musical&rdquo;, se&ntilde;ala y pone de ejemplo que &ldquo;Plat&oacute;n, S&eacute;neca, los primeros budistas o pensadores del siglo XX como Simone Weil han se&ntilde;alado la importancia de cultivar la atenci&oacute;n. Es la clave para tener una relaci&oacute;n genuina con la realidad, y esto es fundamental para superar el tedio adormecedor de este momento que subyace en el coraz&oacute;n de la procrastinaci&oacute;n. Si tuviera que elegir una sola t&eacute;cnica para superar la procrastinaci&oacute;n, ser&iacute;a esta&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/sabotea-voluntad-miedo-vencer-procrastinacion-filosofo-simon-may_1_13592559.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Oct 2026 22:28:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Nada sabotea más nuestra voluntad que el miedo": cómo vencer la procrastinación según el filósofo Simon May]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,Psicología,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Puede convertirse en una reorganización de nuestra identidad": una psicóloga explica cómo abordar una ruptura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/convertirse-reorganizacion-identidad-psicologa-explica-abordar-ruptura-xp_1_13582442.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85ba9dce-7987-4294-bdef-cc78cf5b757a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x658y514.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Puede convertirse en una reorganización de nuestra identidad&quot;: una psicóloga explica cómo abordar una ruptura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de una separación, algunas personas no solo sienten que han perdido a su pareja, sino también toda la red de apoyos y rutinas que formaba parte de su vida en común</p><p class="subtitle">Cómo volver al sexo, al amor y a las citas después de mucho tiempo en una relación</p></div><p class="article-text">
        Todas las rupturas duelen. Es imposible estar preparado para superar una, m&aacute;s a&uacute;n si se trata de una relaci&oacute;n de muchos a&ntilde;os. Cuando hemos estado con alguien durante gran parte de nuestra vida, puede ser dif&iacute;cil imaginar nuestro d&iacute;a a d&iacute;a sin esa persona, por no hablar de los cambios en la din&aacute;mica de las amistades o el apoyo de las familias. La vida entera da un vuelco. Explorar la vida de nuevo solos, por separado, puede ser aterrador al principio, por lo que es clave aprender a hacerlo de la manera m&aacute;s saludable para todos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando termina una relaci&oacute;n de muchos a&ntilde;os no hacemos un &uacute;nico duelo, sino varios al mismo tiempo: hacemos duelo por la persona, por la vida que ten&iacute;amos con ella, por las rutinas, por los proyectos compartidos, por determinados v&iacute;nculos y, sobre todo, por la versi&oacute;n de nosotros mismos que exist&iacute;a dentro de esa relaci&oacute;n&rdquo;, afirma Sara Navarrete, psic&oacute;loga y directora del <a href="https://snpsicologovalencia.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centro de Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica</a> de Val&egrave;ncia.
    </p><p class="article-text">
        Navarrete a&ntilde;ade que los a&ntilde;os de convivencia han significado la construcci&oacute;n de una red conjunta muy poderosa. &ldquo;Se construye inevitablemente un &lsquo;nosotros&rsquo;; hay decisiones, costumbres, espacios e incluso una manera de imaginar el futuro que se hace en plural&rdquo;. Muchas veces, en la construcci&oacute;n de este &lsquo;nosotros&rsquo;, ha quedado en un segundo plano el &lsquo;yo&rsquo;, &ldquo;por eso, despu&eacute;s de una separaci&oacute;n, algunas personas no solo sienten que han perdido a su pareja, sino algo mucho m&aacute;s profundo, &lsquo;ya no saben qui&eacute;n son sin esta persona&rsquo;&rdquo;, explica la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        La persona con la que hasta ahora compart&iacute;amos la vida no desaparece, sigue estando ah&iacute;, &ldquo;pero deja de ocupar el lugar que ten&iacute;a, lo que puede generar mucha ambivalencia y hacer que el proceso sea emocionalmente complejo&rdquo;, advierte Navarrete. Los sentimientos, adem&aacute;s, pueden ser contrapuestos: &ldquo;Podemos echar de menos a alguien y, al mismo tiempo, saber que no queremos volver. Extra&ntilde;ar no siempre significa haberse equivocado al separarse&rdquo;, afirma la experta.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Contacto cero o mantener cierta relaci&oacute;n para amortiguar el golpe?</h2><p class="article-text">
        Tras una separaci&oacute;n, es posible que algunas personas se pregunten si deben intentar seguir siendo amigos o si es mejor dar por terminada la relaci&oacute;n de forma definitiva. Si bien es posible que una relaci&oacute;n evolucione hacia una amistad, saber si esto es lo m&aacute;s adecuado requiere cierta reflexi&oacute;n. &ldquo;Hay una pregunta m&aacute;s &uacute;til que deber&iacute;amos hacernos: &iquest;el contacto nos ayuda a aceptar la separaci&oacute;n o, por el contrario, nos lleva a seguir neg&aacute;ndola?&rdquo;, dice Navarrete.
    </p><p class="article-text">
        Si el contacto causa m&aacute;s da&ntilde;o que beneficio, conviene terminar la relaci&oacute;n definitivamente porque es &ldquo;como intentar cerrar una herida mientras la estamos abriendo continuamente&rdquo;, afirma Navarrete. Si mantener el contacto significa mantener una esperanza que no lleva a ning&uacute;n lugar, lo m&aacute;s probable es que necesitemos tomar distancia e interpretarla como una &ldquo;herramienta de protecci&oacute;n emocional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurre si hay ni&ntilde;os, propiedades u otras cuestiones comunes? En estos casos, el contacto cero es pr&aacute;cticamente imposible, por lo que el objetivo ser&iacute;a mantener lo que Navarrete denomina &ldquo;contacto funcional, es decir, comunicarnos sobre aquello que necesitamos resolver, de manera clara y respetuosa, pero sin usar esas cuestiones como excusa para mantener la intimidad emocional de la pareja&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es importante entender que &ldquo;no podemos pedir a la misma persona de la que nos estamos separando que siga regulando el dolor que nos produce separarnos de ella, aunque el impulso de buscarla cuando estamos mal sea completamente comprensible. Parte del proceso consiste en aprender a regularnos fuera de ese v&iacute;nculo y encontrar otras fuentes de apoyo&rdquo;, explica Navarrete.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo gestionar la p&eacute;rdida y el distanciamiento de los v&iacute;nculos comunes</h2><p class="article-text">
        La familia pol&iacute;tica y los amigos comunes forman parte de nuestra red de apoyo. Al separarnos, esta red tambi&eacute;n sufre y se ve alterada. No se habla mucho de esta p&eacute;rdida, pese a que &ldquo;cuando termina una relaci&oacute;n larga no solo perdemos una pareja: perdemos todo un ecosistema afectivo&rdquo;, afirma Navarrete. No es f&aacute;cil decir adi&oacute;s a una persona, menos a&uacute;n hacerlo de familiares, amigos, vacaciones compartidas, personas que llevan a&ntilde;os con nosotros y que, &ldquo;de repente, no sabemos qu&eacute; lugar van a ocupar. Y eso tambi&eacute;n se llora&rdquo;, explica la experta.
    </p><p class="article-text">
        Cuando termina una relaci&oacute;n no tiene por qu&eacute; acabar todo lo dem&aacute;s de forma instant&aacute;nea; tampoco debemos intentar conservarlos pese a todo. &ldquo;Cada v&iacute;nculo puede recolocarse de una forma distinta&rdquo;, afirma la experta. Algunos se mantendr&aacute;n inalterables, otros se distanciar&aacute;n sin que ello suponga ni una traici&oacute;n ni nada parecido. Todo se acaba recolocando, algunas relaciones continuar&aacute;n y otras terminar&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede ser un buen momento para &ldquo;empezar a construir la red que necesitamos para nuestra nueva etapa: recuperar amistades, fortalecer relaciones propias, conocer gente nueva y volver a ocupar espacios que sean nuestros. La ruptura puede ense&ntilde;arnos que nuestra vida afectiva necesita m&aacute;s de un pilar&rdquo;, explica Navarrete.
    </p><p class="article-text">
        Superar una ruptura no consiste solo en aprender a vivir sin el otro. &ldquo;Tambi&eacute;n consiste en aprender qui&eacute;n eres t&uacute; ahora. Tras 20 o 30 a&ntilde;os no se trata de recuperar a la persona que eras antes de conocer a tu pareja, porque probablemente esa persona ya no exista: se trata de construir una identidad actualizada: qu&eacute; me gusta hoy, qu&eacute; necesito, qu&eacute; quiero conservar de mi vida anterior y qu&eacute; quiero hacer de otra manera&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Ni pasar p&aacute;gina sin m&aacute;s ni &lsquo;mi vida se ha acabado&rsquo;</h2><p class="article-text">
        El fin de una relaci&oacute;n consolidada de varios a&ntilde;os no debe minimizarse. &ldquo;No estamos pasando p&aacute;gina: en muchas ocasiones estamos terminando un cap&iacute;tulo enorme de nuestra biograf&iacute;a. Y necesitamos tiempo para integrar lo vivido&rdquo;, advierte Navarrete. Tampoco se acaba todo, aunque al principio pueda parecerlo y ni siquiera pensemos que podemos seguir adelante. Ha terminado una parte importante de nuestra vida, pero no &ldquo;nuestra capacidad de construir una vida significativa&rdquo;, dice la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Si la ruptura nos encuentra en una etapa madura de nuestra vida, puede parecer que &ldquo;&rsquo;ya es demasiado tarde&rsquo;&rdquo; para empezar de nuevo, para viajar, conocer gente&hellip; y este pensamiento &ldquo;puede ser m&aacute;s limitante que la propia edad&rdquo;, matiza Navarrete. La clave estar&iacute;a, seg&uacute;n la experta, en trabajar en dos direcciones: &ldquo;Permitirnos estar tristes, echar de menos, sentir rabia, miedo o incertidumbre sin exigirnos estar bien inmediatamente; y empezar cuanto antes a introducir peque&ntilde;os elementos de construcci&oacute;n de futuro, como recuperar una actividad abandonada, organizar un viaje, volver a llamar a alguien o cambiar una rutina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de entender que &ldquo;una ruptura en la madurez no tiene por qu&eacute; ser solo la p&eacute;rdida de la vida que conoc&iacute;amos; puede convertirse tambi&eacute;n en una reorganizaci&oacute;n profunda de nuestra identidad&rdquo;, afirma Navarrete.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01KXJQY241N57RNW0SRW1GQ7HK"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>



    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/convertirse-reorganizacion-identidad-psicologa-explica-abordar-ruptura-xp_1_13582442.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Oct 2026 14:35:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Puede convertirse en una reorganización de nuestra identidad": una psicóloga explica cómo abordar una ruptura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Bienestar emocional,Psicología,Salud,familias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una psicóloga explica cómo saber cuándo ha llegado el momento de decir adiós a una amistad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/psicologa-duelo-romper-amigo-no-amistades-durar-vida-importantes-xp_1_13545706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9636aa20-339a-47be-acfe-97f2a2ee6238_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1354y300.jpg" width="1200" height="675" alt="Una psicóloga explica cómo saber cuándo ha llegado el momento de decir adiós a una amistad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La especialista analiza cómo identificar el momento de decir adiós a un amigo y llevar a cabo un duelo de este tipo </p><p class="subtitle">“Necesito paz”: cómo cortar lazos con alguien de tu vida que te hace daño</p></div><p class="article-text">
        Las relaciones sentimentales est&aacute;n en constante mutaci&oacute;n, las parejas se enfrentan a crisis, se divorcian, se desenamoran o vuelven a enamorarse y existe cierto consenso social en que as&iacute; debe ser. Sin embargo, cuando se habla de amistad una ruptura puede parecer inconcebible, a pesar de que con el tiempo las personas cambian, sus prioridades tambi&eacute;n lo hacen y es posible pasar de ser el refugio de alguien a una de sus fuentes de malestar. &iquest;C&oacute;mo identificar y lidiar con una situaci&oacute;n de este tipo?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es muy importante tener en cuenta que no todas las amistades tienen que durar toda la vida para ser amistades importantes. Parece que le damos m&aacute;s valor a aquellas amistades que nos acompa&ntilde;an desde hace mucho tiempo, desde el colegio, la universidad o hace 20 a&ntilde;os, al recorrido longitudinal de una amistad, pero no solo las amistades de larga evoluci&oacute;n son amistades importantes&rdquo;, destaca Cristina Polo Sevilla, psic&oacute;loga de la plataforma de salud mental <a href="https://yees.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">yees!</a>. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto implica que todas las relaciones, ya sean m&aacute;s largas o m&aacute;s cortitas, pasan por etapas diferentes porque es posible que determinados sucesos que hayamos vivido hagan que hayamos cambiado y que esto afecte a la relaci&oacute;n&rdquo;, a&ntilde;ade la especialista.
    </p><p class="article-text">
        Para identificar si una amistad est&aacute; pasando por un periodo dif&iacute;cil o directamente <a href="https://www.eldiario.es/era/duelo-ruptura-amistad_1_10651861.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha llegado a su fin</a>, la psic&oacute;loga recomienda dedicar un momento a pensar c&oacute;mo nos sentimos con ese v&iacute;nculo e indica como una se&ntilde;al de alerta si lo que sol&iacute;a ser un espacio de confianza y disfrute sin juicios se transforma en malestar, desequilibrio o cansancio por ser siempre quien sostiene el contacto. &ldquo;Tendr&iacute;amos que ver si realmente es una dificultad que podemos arreglar o si es algo sostenido que ya nos est&aacute; empezando a hacer da&ntilde;o&rdquo;, apunta Polo, que aconseja analizar si se trata de algo puntual que puede cambiar o si es un cambio sostenido en el tiempo.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo cerrar una etapa</h2><p class="article-text">
        Excepto en din&aacute;micas en las que existan patrones de manipulaci&oacute;n o utilizaci&oacute;n de una persona, en las que poner distancia de forma inmediata es lo m&aacute;s recomendable, la especialista defiende priorizar la conversaci&oacute;n honesta y respetuosa frente al <em>ghosting</em> o contacto cero sin explicaciones, a la hora de tomar la decisi&oacute;n de romper o alejarse de un amigo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Depende mucho de la historia de amistad, del v&iacute;nculo que exista, pero mi recomendaci&oacute;n siempre es <a href="https://www.eldiario.es/era/mavis-suarez-psicologa-abordar-discusion-error-objetivo-convencer-xp_1_13532494.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hablar las cosas</a> en lugar de simplemente desaparecer sin m&aacute;s, porque puede ser que esta desaparici&oacute;n sea entendida, o incluso esperada por la otra persona, pero puede ser que no, por eso creo que ese an&aacute;lisis de lo que est&aacute; pasando en la relaci&oacute;n tambi&eacute;n tiene que ser compartido con la otra persona&rdquo;, valora Polo, que aclara que tampoco se trata de presentar una lista de reproches, sino de expresar con claridad qu&eacute; ha cambiado y evitar conversaciones ambiguas.
    </p><p class="article-text">
        El fin de una amistad, aunque no cuente con el reconocimiento social ni cultural de una ruptura amorosa, tambi&eacute;n desencadena un proceso de duelo, lo que puede implicar los sentimientos propios de este tipo de proceso: &ldquo;Tristeza, rabia, culpa, cuando vemos que a lo mejor la amistad se ha deteriorado por algo que podamos haber hecho, o incluso dudas sobre si hemos tomado la decisi&oacute;n correcta&rdquo;, se&ntilde;ala la psic&oacute;loga. &ldquo;Echar de menos a una persona despu&eacute;s de haber finalizado una amistad no implica que hayamos tomado una mala decisi&oacute;n&rdquo;, aclara Polo en este punto, ya que es f&aacute;cil caer en la idealizaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es importante no anclarnos en qui&eacute;n es el malo de la pel&iacute;cula o en qui&eacute;n tiene la culpa, porque eso no nos deja avanzar. A veces, simplemente, deja de haber un encaje&rdquo;, advierte Polo para atravesar la ruptura con madurez emocional. Adem&aacute;s, la especialista aboga por la autoprotecci&oacute;n en nuestra exposici&oacute;n a las redes sociales: &ldquo;Si vemos que nos hace da&ntilde;o lo que publica la otra persona, silenciar o dejar de seguir es una medida para ser protectores con nosotros mismos&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01KXJQY241N57RNW0SRW1GQ7HK"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>

    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/psicologa-duelo-romper-amigo-no-amistades-durar-vida-importantes-xp_1_13545706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2026 08:03:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una psicóloga explica cómo saber cuándo ha llegado el momento de decir adiós a una amistad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amistad,Relaciones,Bienestar,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mavis Suárez, psicóloga, sobre cómo abordar bien una discusión: “Es un error tener el objetivo de convencer al otro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mavis-suarez-psicologa-abordar-discusion-error-objetivo-convencer-xp_1_13532494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5489936f-a9cc-4bdd-80b2-32c52cd80109_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151843.jpg" width="5295" height="2978" alt="Mavis Suárez, psicóloga, sobre cómo abordar bien una discusión: “Es un error tener el objetivo de convencer al otro”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La experta comparte varias claves para afrontar desacuerdos con otras personas sin caer en la provocación ni el insulto</p><p class="subtitle">La psicóloga Amparo Calandín explica las claves para trabajar la empatía: “Mejora prácticamente todas nuestras relaciones”</p></div><p class="article-text">
        Discrepamos, no compartimos puntos de vista, vemos una misma cosa de manera distinta&hellip; Todo esto es una parte inevitable de la condici&oacute;n humana porque no todos somos iguales. Desde peque&ntilde;os desacuerdos que a&uacute;n nos permiten mostrarnos cordiales, hasta discusiones m&aacute;s exaltadas sobre un tema delicado que pueden derivar en una forma de argumentaci&oacute;n m&aacute;s antag&oacute;nica. Todas forman parte de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Una discusi&oacute;n puede surgir por muchas razones. Discutimos en el trabajo, en casa, en el supermercado, con amigos, con desconocidos... En ocasiones, discutimos incluso cuando no recordamos el origen de la discusi&oacute;n, y a pesar de que vemos que debilita nuestras relaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacemos mal para que un simple desacuerdo se convierta en una discusi&oacute;n absurda? &iquest;Y qu&eacute; podemos hacer para evitarlo? Si bien es imposible evitar por completo los desacuerdos, s&iacute; es posible manejarlos de manera que la relaci&oacute;n no sufra.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La ofensa detr&aacute;s de la discusi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Podemos sentir que no nos escuchan, que no nos entienden o que no tienen en cuenta nuestras necesidades. Cuando nos sentimos atacados o cuestionados, tendemos a ponernos a la defensiva y es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil escuchar y comunicarnos con calma&rdquo;, afirma la psic&oacute;loga <a href="https://mavissuarezpsicologa.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mavis Su&aacute;rez</a>. Para la experta, uno de los principales errores que cometemos cuando discutimos es &ldquo;entrar en la conversaci&oacute;n con el objetivo de tener raz&oacute;n o de intentar convencer al otro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En este momento dejamos de escuchar para comprender y empezamos a escuchar para responder&rdquo;, explica Su&aacute;rez. Una persona a la defensiva no reconoce el problema, por lo que el proceso de un di&aacute;logo constructivo ni siquiera puede empezar. Esto provoca que quien inicia la conversaci&oacute;n se sienta frustrado por no ser escuchado y que la persona a la defensiva se niegue a asumir la responsabilidad de sus actos de forma continua.
    </p><p class="article-text">
        Cuanto m&aacute;s firme es la opini&oacute;n, m&aacute;s intensa y compleja puede volverse la discusi&oacute;n. Cuando discutimos, la raz&oacute;n desaparece y la emoci&oacute;n se impone. Lo correcto y lo incorrecto pierden relevancia y uno solo escucha para encontrar una oportunidad de atacar. A menudo, el objetivo no es la verdad ni el consenso, sino la victoria, a veces a cualquier precio. Un comentario aparentemente inofensivo, una cr&iacute;tica apenas expresada, y el tono se caldea. Nos interrumpimos, contraatacamos y explicamos por qu&eacute; tenemos raz&oacute;n. Unos minutos despu&eacute;s, la conversaci&oacute;n se ha convertido en una lucha de poder.
    </p><h2 class="article-text">El peligro de recurrir al &lsquo;siempre&rsquo; o al &lsquo;nunca&rsquo;</h2><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, en medio de una discusi&oacute;n, es tentador recurrir a argumentos contundentes. &ldquo;Suelen aparecer los &rsquo;siempre&rsquo; y los &lsquo;nunca&rsquo;&rdquo;, explica Su&aacute;rez. Basarse en frases como &lsquo;siempre haces esto&rsquo; o &lsquo;nunca escuchas&rsquo; es una de las formas m&aacute;s seguras de descarrilar las conversaciones y lo que m&aacute;s suele contribuir a que surjan&nbsp;problemas. Lo &uacute;nico que se consigue usando estos extremos es a&ntilde;adir otro argumento m&aacute;s sobre si siempre, o nunca, lo hacemos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que, muchas veces, en lugar de escuchar con atenci&oacute;n y hablar con claridad y amabilidad, nos sentimos ofendidos, molestos por algo insignificante; no podemos dejarlo pasar, a pesar de que, en retrospectiva, vemos que nuestra reacci&oacute;n es totalmente desproporcionada con respecto a la situaci&oacute;n. Reaccionamos con agresividad y buscamos la victoria. Es lo que muchas veces nos pasa cuando discutimos. Es f&aacute;cil que nos sintamos mal tras tener una discusi&oacute;n porque no sabemos c&oacute;mo hacerlo de forma constructiva y sin tomarnos los argumentos como algo personal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n suele estropearlo todo &ldquo;las interrupciones o los reproches del pasado. Una conversaci&oacute;n dif&iacute;cilmente puede ser constructiva si sentimos que para que uno gane, el otro tiene que perder&rdquo;, afirma Su&aacute;rez. Porque el objetivo de una discusi&oacute;n es encontrar una soluci&oacute;n, no determinar qui&eacute;n gana y qui&eacute;n pierde. Por tanto, abordar una discusi&oacute;n con esta mentalidad genera actitudes defensivas y dificulta la capacidad de autorreflexi&oacute;n y la resoluci&oacute;n de problemas.
    </p><p class="article-text">
        Estos h&aacute;bitos y formas de reaccionar lo que hacen es avivar el fuego en lugar de apagarlo. Pero hay maneras m&aacute;s constructivas de combatirlo.<strong>&nbsp;</strong>
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo mostrar nuestra opini&oacute;n sin tiran&iacute;a y sin caer en el insulto</h2><p class="article-text">
        Las discusiones en las relaciones suelen verse de forma negativa, pero si se abordan correctamente, pueden fortalecer los v&iacute;nculos en lugar de debilitarlos. Discutir bien es una especie de arte que implica expresarse con eficacia, escuchar de forma activa y encontrar puntos en com&uacute;n.  Como admite Su&aacute;rez, &ldquo;podemos defender con firmeza lo que pensamos sin necesidad de invalidar al otro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para ello, es clave &ldquo;escuchar, respetar los turnos y aceptar que no siempre vamos a llegar a un acuerdo. Y si notamos que estamos demasiado enfadados, hacer una pausa es una buena herramienta: parar una conversaci&oacute;n para retomarla con m&aacute;s calma no es evitar el problema, sino intentar abordarlo mejor&rdquo;, explica Su&aacute;rez. En las discusiones constructivas no se trata de ganar o perder, sino de comprender y resolver las diferencias; implica hablar de los problemas abiertamente y con respeto, sin causar da&ntilde;o ni resentimiento. El objetivo es lograr una mejor comprensi&oacute;n mutua y encontrar soluciones que beneficien a ambas partes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ayuda mucho hablar desde lo que uno siente o necesita en lugar de definir o acusar al otro&rdquo;, afirma Su&aacute;rez, y a&ntilde;ade que &ldquo;no es lo mismo decir &lsquo;me he sentido poco escuchado&rsquo; que &lsquo;nunca me escuchas&rsquo;: podemos ser claros y expresar nuestro desacuerdo sin atacar&rdquo;, matiza Su&aacute;rez. Para la experta es importante la asertividad, es decir, &ldquo;cuidar lo que necesitamos decir, pero tambi&eacute;n la manera en que se lo decimos a la otra persona&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mavis-suarez-psicologa-abordar-discusion-error-objetivo-convencer-xp_1_13532494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Sep 2026 14:44:37 +0000]]></pubDate>
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