“¡Si la gente quiere escuchar mis discos, tendrá que comprarlos en una tienda!”: la iniciativa que quiere cambiar la industria musical
“¡Si la gente quiere escuchar estos discos, tendrá que comprarlos en una tienda! Menuda cosa loca”, ironiza el bajista de Mujeres, Pol Rodellar, con relación a los tres sencillos de adelanto de su próximo álbum, Es un dolor inexplicable, distribuidos entre un reducido número de establecimientos antes de su inclusión en plataformas. Nueve concretamente y todos a pie de calle: Ultra-Local Records, El Genio Equivocado, La Conxita y Disco 100, en Barcelona; Marilians Records y La Integral, en Madrid; Discos Bora-Bora y Discos Marcapasos, en Granada, y Discos Oldies, en València. Una tirada de solo 300 copias, por cada uno de los títulos, que han repartido entre tiendas amigas “a las cuales vamos a comprar de forma habitual”, puntualiza su batería, Arnau Sanz.
Con esta maniobra artesanal –ellos mismos han colocado los inserts y discos en sus correspondientes fundas–, la banda barcelonesa de garage pop cuestiona las tendencias de la industria y refuerza el vínculo con el pequeño comercio. “En una época en la que solamente importan los números, que tu single tenga el récord de escuchas en 24 horas en Spotify, los sold outs y tocar en estadios o grandes arenas, estamos apostando por todo lo contrario”, defiende Pol. “Queremos alimentar las tiendas de discos pequeñas y dejar de darle el monopolio de la música a estas plataformas de streaming, volver a comprar y escuchar discos físicos y que la gente aprecie lo manual, lo artesanal y lo independiente”, añade.
Bajo estas premisas lanzaron escalonadamente, de diciembre a febrero y en formato de siete pulgadas, Alucinante, Después destello y Caen imperios, cortes de su nuevo disco y sus respectivas caras B, La diferencia, Esta vez un recuerdo y Se pierde una voz, temas inéditos que no formarán parte del álbum ni estarán disponibles en servicios de streaming. Además, acreditando la adquisición de los tres títulos –mediante un cupón sellado por la misma tienda–, el comprador tendrá acceso a un concierto exclusivo de la banda.
“La gente se volvió loca, solo nos daban 20 copias y casi no salían a la venta, se reservaban conforme llegaban”, relata Mario Ballester, gerente, junto a otros tres socios, de la tienda de discos más antigua de València, Discos Oldies. “Estas iniciativas generan movimiento y nos dan visibilidad, algo que también está haciendo gente como Ferran Palau, que sacó su nuevo disco en físico un mes antes que en digital, o la distribuidora Popstock, que, a nivel internacional, organiza listening parties de bandas como Pulp, Amyl and the Sniffers o Fontaines D.C.”, indica.
Enfrentarse a la voracidad del mercado
No es la primera vez que Mujeres se decanta por este tipo de gestos-palanca en contraposición a las dinámicas propias de un mercado frenético y excluyente. Durante la pandemia publicaron un recopilatorio de rarezas en formato digital cuya recaudación destinaron a tiendas y a otros espacios afectados por el confinamiento; y en 2024 crearon una colección de flexi-discos que funcionaba mediante suscripción, al estilo de los viejos single clubs. “Siempre hemos editado siete pulgadas”, asegura Yago Alcover, guitarrista de la banda. “Pero en esta ocasión queríamos volver a esa idea del single de toda la vida, que alimenta las ganas del disco con ediciones muy limitadas y que sirve también para fomentar el comercio en tiendas especializadas que, como hemos visto recientemente, son las principales penalizadas por las multinacionales, incluso siendo puntos de venta importantes para artistas mainstream”, agrega.
Lo sucedido con Lux a principios de noviembre provocó la indignación de estos pequeños establecimientos, que denunciaron un trato discriminatorio por parte de Sony, sello de Rosalía. “Podría haber vendido 300, pero desde su lanzamiento me han mandado menos de 50 y con cuentagotas”, se lamenta Mario al tiempo que expone otra incidencia, de similares consecuencias, en la distribución del nuevo álbum de Rusowsky. “En ambos casos han venido muchísimos chavales a por ellos, pero las grandes discográficas no nos toman en serio, como tampoco reportamos a listas de ventas somos un terreno que les da igual”, añade. Por su parte, Gonzalo Tafalla, de la granadina Discos Bora-Bora, sostiene que, aunque este tipo de desabastecimiento no es una práctica habitual, la fidelidad de su clientela amortiguó el eventual varapalo: “Grandes clientes es lo que tenemos y han esperado para comprar Lux en nuestra tienda”.
Yago, Pol y Arnau, quienes regentaron su propia tienda de discos y sello –Luchador Records–, son conscientes de la importante labor, más allá de lo puramente transaccional, que estos pequeños establecimientos ejercen dentro del ecosistema de la música independiente. No solo como puntos de acceso a la música en vivo o editada, sino también como espacios de reunión capaces de generar identidades y escenas, potencial de sobra acreditado en tiempos pretéritos. Eric Jiménez, de Los Planetas, se refería a la extinta Discos Melody como “universidad de la escena granadina” en un calificativo extrapolable a otras tiendas y geografías. “Recuerdo ir a la ya difunta tienda Outline, entrar y escuchar una canción, preguntarle al dueño, comprar el disco e irme corriendo a casa a escucharlo”, dice. Una secuencia que, evocada por Arnau, es memoria común a varias generaciones.
Cubetas de discos y los relatos tejidos en torno a ellas definieron una época y su correspondiente paradigma cultural. Sin embargo, tras la irrupción de internet, este modelo corpóreo sufrió un importante descalabro: Lo cibernético no solo provocó el cierre de locales emblemáticos, sino que representó también un menoscabo de su función ilustradora. El fácil acceso en línea tanto a información especializada como a catálogos musicales convirtió, en muchos casos, la prescripción profesional en un aséptico intercambio mercantil: el cliente llega, pide, compra y se va. “Es lo que peor llevo de la era digital”, confiesa Mario. “La gente viene con los deberes hechos, por eso empecé a hacer vídeos con novedades y recomendaciones en las redes”, apunta.
Este tipo de promoción/divulgación directa, mediada ahora por dispositivos digitales, conecta a cliente y vendedor y es, junto a otras acciones –showcases, listening parties, ferias del disco e incluso organización de festivales–, una de las principales bazas con las que cuentan estos espacios para competir con las grandes superficies, generar nuevos vínculos y fidelizar los ya existentes hasta vertebrar una efervescente escena local. “Hay gente que empieza, que va haciendo cosas y a estos proyectos y bandas de aquí les damos cariño y les hacemos promo”, subraya Mario.
Afectados por la especulación inmobiliaria
Acciones como la que promueven Mujeres son también pivotales en la defensa de un modelo de ciudad que prima la concepción del barrio como un ente vivo y habitable. “No es solo un gesto simbólico, es un gesto práctico y necesario”, defiende Pol. “Prefiero bajar a la calle a comprar el pan y pasarme por una tienda de discos y flipar con que tengan uno de los Tall Dwarfs antes que bajar a la calle a comprar pan y encontrarme con persianas bajadas porque son viviendas de uso turístico o almacenes de corporaciones tecnológicas, los únicos que pueden permitirse pagar esos alquileres”, añade.
El antiguo temor a internet muda ahora en presión inmobiliaria, problemática de carácter global que amenaza la supervivencia del comercio de calle. Estas dinámicas estructurales de rentabilidad máxima y precios al alza han forzado a varias tiendas de discos a cambiar de ubicación cuando no las han fulminado directamente. “La presión que sufrimos los que estamos de alquiler ante la posibilidad de que nos tengamos que cambiar, tal y como están los precios, es simplemente espeluznante”, afirman María García y Héctor Melchor de La Integral, tienda del centro de Madrid que, desde su apertura en 2005, ha apostado por diversificar su oferta. “Nuestra idea siempre fue reunir una selección personal de cosas que no están en todas partes, ya sean objetos, discos, publicaciones, obra gráfica o ropa, creadas por marcas, artistas y diseñadores que nos gustan, venderlas pero también promocionarlas”, explican.
El futuro del disco ante la escalada de precios
“Siempre habrá gente que quiera comprar discos”, sostiene Mario de Discos Oldies. Sin embargo, tras más de una década de crecimiento ininterrumpido, la cifra de ventas de vinilos en España cayó un 8% durante 2024 según Promusicae. “El futuro del sector va a depender de cómo traten las multis y las discográficas al público, porque últimamente los precios se han encarecido mucho”, señala Mario, alertando del principal factor que explicaría este descenso en el volumen del negocio. En números: las reediciones que antes costaban 18-20€ están ahora en 24€ y resulta difícil encontrar un LP por menos de 30€. “Una barbaridad”, sentencia Gonzalo de Bora-Bora. Además, tal y como matizan desde La Integral, es preciso tomar en consideración las circunstancias que rodean a los compradores que “son las mismas que nos rodean a todos: precariedad económica, menos tiempo para nosotros, aterradores desahucios, mudanzas, etc.”.
Con este tipo de iniciativa independiente y desaceleradora, Mujeres pretende revertir las inercias tóxicas de una industria que, en última instancia y como explica Pol, pone en peligro la diversidad cultural. “Si no hay tiendas de discos y solo hay streaming, al final no habrá discos físicos. Sin ellos, las discográficas pierden una importante fuente de ingresos y, de hecho, el único sustento para las pequeñas y emergentes. Sin estas no habrá un pequeño circuito de distribución y de booking que ayude a las bandas que empiezan a establecerse, así que muy probablemente no durarán. En este panorama solamente nos quedarían las majors y con ellas solo un tipo de música que escuchar”, advierte para concluir.
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