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Culitos surferos

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Aquí somos mucho de pendonear y de usar la ley del péndulo con frecuencia. Pasamos de la extrema izquierda a la extrema derecha en un santiamén, del extremo norte al extremo sur, del blanco al negro sin solución de continuidad, sin gamas de grises, sin tonalidades de colores intermedios.

Hacemos campañas continuas y necesarias contra el machismo pero luego realizamos vídeos de promoción turística en los que se trata al hombre como un objeto. Pasamos de utilizar a la mujer objeto al hombre objeto. Criticamos una cosa para a continuación hacer lo mismo pero cambiando de género.

El controvertido espot de promoción turística de las playas de Fuerteventura, encargado por el Patronato de Turismo de esa isla, pretende ser gracioso sin darse cuenta (o quizá sí) de que está siendo extremadamente sexista. Porque tan sexista es colocar mujeres desnudas en la playa como engodo que hacerlo con un par de chicos surfistas con la arena pegada al culo.

Es evidente que el anuncio es provocador y lo que pretende es llamar la atención, pero también es verdad que lo hace a costa del más rancio sexismo, cosificando a los dos jóvenes como meros objetos sexuales. Dos mujeres maduras tomando el sol en primera línea de playa y dos jóvenes atléticos enseñando el palmito. Si fuera solo eso, sería hasta normal porque a ver en dónde va a encontrar uno cuerpos desnudos en lugares públicos si no es en la playa. La tolerancia cero debe ser recíproca en el sexismo. Vale tanto para ellos como para ellas.

No es un problema de puritanismo o mojigatería, no es eso. El problema no son los cuerpos esculpidos en pelota picada sino las frases de las señoras maduras (por otro lado actrices canarias excelentes) comparando el cuerpo de los dos yogurines con un buen queso, duro o tierno, a quien hincar un lascivo bocado, ya sea recubierto de gofio arena o de pimentón.

Si en el anuncio hubiera habido dos señores maduros haciendo esos comentarios obscenos o humorísticos (táchese el que no proceda) sobre dos jovencitas desnudas de buen ver, aquí se habría armado la marimorena. Es como aquel anuncio de un lavavajillas en el que dos técnicos acuden al auxilio de una mujer en su domicilio y al final se llevan a su marido, por inútil, en vez de al electrodoméstico. Si se hubieran llamado a la mujer, otro gallo habría cantado.

Ya digo que aquí no sabemos mantener el equilibrio. O blanco o negro, como los televisores del franquismo. Solo faltan la folclórica y el toro encima del aparato para volver a recrearnos en anuncios como el del coñac Soberano, que era antes cosa de hombres, pero ahora, a lo que parece, también de mujeres.

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