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El alcalde de la cultura

DESDE JUAN RODRÍGUEZ DORESTE, LA CIUDAD NO RECUPERABA SU ORGULLO DE CULTA

El paso dado este jueves por Las Palmas de Gran Canaria para obtener la capitalidad europea de la Cultura en 2016 tiene una importancia extraordinaria por razones económicas, estratégicas, sociales y, por supuesto, culturales. Pero t

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El paso dado este jueves por Las Palmas de Gran Canaria para obtener la capitalidad europea de la Cultura en 2016 tiene una importancia extraordinaria por razones económicas, estratégicas, sociales y, por supuesto, culturales. Pero tiene también un plus de recuperación del orgullo cultural perdido desde que falleciera otro socialista ilustre, Juan Rodríguez Doreste, que también intentó sacar a la capital de las trampas de sus propios complejos y del desprecio a sus valores más acendrados por parte de una oligarquía absurda y más bruta que un arado. Después de don Juan hubo una sucesión de alcaldes que jamás tuvieron a la cultura como una de sus prioridades, hasta que ha llegado Jerónimo Saavedra, con una trayectoria que lo explica todo. En tan sólo tres años, el actual alcalde ha logrado posicionar a la capital entre las más importantes de España, entre las que gozan de mayores posibilidades de optar a un título muy importante. Está claro que se le podrá criticar, incluso por preocuparse por la cultura, por sus gustos por la ópera, por el Festival de Salzburgo o por entenderse en varios idiomas con los más afamados creadores mundiales. Algunos creen que eso es un déficit, cuando debieran sentirlo un honor. Porque cachos de carne con ojos sigue habiendo y seguirá habiendo.

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