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El médico leonés

EMPEZÓ SORIA A COMERSE LA LENGUA

Decía José Manuel Soria, con ese tonillo que le caracteriza, que sus andanzas y decisiones en el polígono de Arinaga no las iba a parar ni el médico chino. Era una manera elegante, a la par que contundente, de decir que le traen al pairo totalmen

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Decía José Manuel Soria, con ese tonillo que le caracteriza, que sus andanzas y decisiones en el polígono de Arinaga no las iba a parar ni el médico chino. Era una manera elegante, a la par que contundente, de decir que le traen al pairo totalmente las reglas del juego, el interés general y las mínimas normas de conducta y urbanidad. Frente a él se puso desde el primer momento nuestro cada vez más admirado Antonio Morales, acalde de Agüimes, un pequeño municipio con más orgullo que la madre que lo parió que, tranquilamente, ha parado las patas a tanta soberbia soriana. Este viernes pasará a la historia de Gran Canaria (y de Canarias si se nos permite) por ser el que marque el principio del fin de la carrera política del actual presidente del Cabildo y del PP canario. Se llevó dos rastrillazos: uno en Arinaga y otro en la propia casa-palacio insular. El primero se lo mandaron al alimón un médico de León, un tal Zapatero, y otro de Agüimes, el doctor Morales. No se personó el médico chino, es verdad. Y el otro, un tal Mauricio.

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