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Tres veces en un día

La última jornada lectiva antes de la Navidad se salda con tres gloriosos hitos para el Gobierno de Canarias: la quemazón en la tele pública; el disparate del ITE y la imputación de un asesor presidencial

Algunas voces que condujeron a la RTVC a la actual situación de insostenibilidad piden ahora su desaparición; vuelve Paulino, claman los demás

El famoso reparto del ITE por cuotas chiripitifláuticas se queda en una sucesión de proyectos en los que no se tienen en cuenta las peticiones del PSOE, socio del Gobierno; muy bonito

Sin ánimo de incordiarle la Navidad a nadie, un asesor del presidente Fernando Clavijo, el herreño Pedro Manuel Padrón Brito

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El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo (i), firma con los presidentes de Cabildos, excepto el de Gran Canaria, el convenio sobre el reparto del Impuesto General sobre el Tráfico de Empresas (IGTE). (Foto Europa Press)

El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo (i), firma con los presidentes de Cabildos, excepto el de Gran Canaria, el convenio sobre el reparto del Impuesto General sobre el Tráfico de Empresas (IGTE). (Foto Europa Press)

Resulta difícil que un mismo Gobierno tenga que padecer tres veces en un mismo día las consecuencias de su falta absoluta de rumbo. Y mira que lo siento, oye, que en estos tiempos de tribulaciones y de falta de alternativas, bueno sería que el de Canarias tuviera claro de dónde viene, a dónde va y con qué mimbres cuenta. Pero las evidencias no son muy esperanzadoras. La semana empezó realmente mal con la constatación de que el engendro de la nueva Radiotelevisión Canaria, nacida al socaire de una ilusionante ley de la cosa pública, ha resultado ser un auténtico churro. Empezó mal la cosa, ¿recuerdan?, con aquellos esperpénticos episodios de un chandalero pidiendo a sus señorías que lo apoyaran para ser vocal del Consejo Rector del ente porque él siempre ha sido muy del PP y presentaba con abultadas patadas al diccionario los 40 Principales. Se echó a correr Paco Moreno, hoy consejero de El Español y vicepresidente de la Academia de Televisión, al ver semejante panorama, y se quedaron dentro cuatro vocales con desigual formación y conocimiento. María José Bravo de Laguna, nombrada a propuesta del PP, ha sido la segunda en poner pies en polvorosa al comprobar el engendro en el que estaba metida y a cuya clarificación muy poco contribuía el otro vocal popular, Alberto Padrón. Permanecen con más ganas de marcharse que de quedarse otras dos vocales, la propuesta por el PSOE, María Lorenzo, y la propuesta por CC, Marian Álvarez, además del referido Padrón, al que deben haberle prometido que pronto llegarán las tarjetas de crédito para poderse pagar algunas cuchipandas. Y permanece, cómo no, la mayor frustración de todas, el presidente-director general, Santiago Negrín, que no da pie con bola en ninguna de las tareas que tiene encomendadas. Ni ha logrado aprobar las cuentas para 2016, ni tiene programación ni consigue sacar adelante la que diseñó para lo que quedaba de año. Nadie da un duro por esta desilusionante tele pública porque ni siquiera el Gobierno que debiera estarla alentando como instrumento vertebrador de la autonomía se toma el menor interés por arreglar esta tonga de entuertos. La situación es tan calamitosa que hasta los asesores áulicos que rodearon al presidente Clavijo para aconsejarle nombramientos y tendencias se han echado a correr, reniegan de sus ahijados y piden públicamente el cierre de la cadena. Y sólo llevan cinco meses mandando, tú. Hacen bueno a Paulino y lo saben. 

 

 

 

ITE para todos menos para el PSOE

Es conveniente recalcar que cuando hablamos del desastre que está mostrando el Gobierno de Canarias nos referimos al resultado completo, es decir, a ese matrimonio de conveniencia y muy mal avenido que conforman Coalición Canaria y el PSOE. A este último se le debe la ley de RTVC que tantos quebraderos de cabeza está dando, y a Coalición el nombramiento de sus vocales y de su presidente, con el resultado catastrófico arriba reseñado. La salida vendrá dada, ya lo verán, por una modificación expres de la ley parida por los socialistas y con la vuelta de la burra del dedazo al trigo. Es decir, con Coalición Canaria emulando los tiempos pasados de los que tanto ha querido renegar en el presente. ¿Y el PSOE? Pues, como siempre, poniendo la otra mejilla y las dos nalgas para que el socio nacionalista le atice como estime menester según el momento procesal oportuno. Esta semana, y volvemos al bollo del cogollo del meollo, le ha tocado al PSOE comerse el sapo del reparto del famoso (y todavía non nato) Impuesto de Tráfico de Empresa con el que el Gobierno de Canarias y el Gobierno de España, con Soria de embajador plenipotenciario, nos ha tenido entretenidos a todos más semanas de las merecidas. Este miércoles se firmó el invento con un requiebro tan descarado que mejor se lo leen en la crónica de Salvador Lachica para que las tropas clavijistas no vayan a decir que lo mío es manía persecutoria. Menudo relajo, tú: lo que iba a ser un reparto ajustado a la triple paridad, luego por población y número de desempleados, se queda ahora en una suerte de financiación de proyectos con los que se presente “impulsar” (verbo electoralista donde los haya) un cambio de modelo económico. Para tan insulso reparto de 160 millones de euros, que no da ni para pipas, se montó en presidencia de Tenerife un acto de ringo rango como si lo que se estuviera firmando fuera la reforma del Estatuto de Autonomía con cambio en la ley electoral. Sólo renunciaron a participar en el sainete el Cabildo de Gran Canaria y el PSOE, y por motivos bien distintos. El primero, gobernado por Nueva Canarias, el PSOE y Podemos, porque todo esto le parece un montaje indigno de las instituciones de la Comunidad Autónoma, de la que son tan representantes los cabildos como el Gobierno regional. Y los segundos, los socios socialistas, porque están muy mosqueados con que se le niegue la posibilidad de financiar nuevos hospitales con ese dinero que está por venir. Ellos que venían a salvar a Canarias del desastre sanitario anterior, que se las prometían tan felices con sus fórmulas mágicas, de repente enfrentados a la cruda realidad de los caprichos de Carlos Alonso, presidente del Cabildo de Tenerife, que ya no quiere hospitales sino carreteras. La cruda realidad tinerfeña, qué le vamos a hacer.

 

Un asesor, al banquillo

Como no hay dos sin tres, la tercera desgracia de la víspera de Nochebuena le llegó al Gobierno de Canarias d esde el Juzgado de Instrucción número 1 (y único) de Valverde de El Hierro. Un viejo asunto abierto en 2003 devolvía a la actualidad un pucherazo electoral que dejó al PSOE de aquella isla sin uno de sus diputados (se quedó con 17) por apenas 56 votos, muchos menos de los que presuntamente había amañado un emisario del Cabildo herreño destacado a Venezuela para ocuparse de las papeletas de los canarios con derecho a sufragio en las autonómicas. Fue un escándalo inmediatamente tapado por la apabullante actualidad, cuando el PP (17 diputados) entraba a formar parte del Gobierno que empezaba a presidir el ya fallecido Adán Martín, de CC (23 diputados). Pero un socialista herreño al que el equipo de Fernando Clavijo se resistió mucho este año a nombrar viceconsejero de Relaciones con el Parlamento y Transparencia, José Francisco Armas, no lo había olvidado. Y pese a las reticencias de la fiscalía, una y otra vez se interpusieron recursos hasta que el juzgado ha terminado por decretar la apertura de juicio oral contra Pedro Manuel Padrón Brito, al que se acusa de un presunto delito electoral que cometió cobrando una pasta del Cabildo de El Hierro con el único fin de captar votos entre la colonia canaria en Venezuela. Era un clamor que eso venía ocurriendo insistentemente, pero que se sepa ésta es la primera vez que trincan a uno con las manos en la talega de los sobres de votos. A Clavijo el asunto le salpica indirectamente doce años después porque, por aquello de las cuotas por islas que se ha tenido que tragar, al tal Morales lo mantiene con sueldo de más de 36.000 euros al año como asesor propio. Uno de esos que cobra sin ir para apaciguar a los socios de la cada vez más desvencijada Coalición Canaria.

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