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Ilusión

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¿Será posible recuperar la ilusión en estos tiempos oscuros, colmados de miedo y tristezas? Recuperar la esperanza de poder cambiar la realidad, el sistema, las reglas del juego; al menos trabajar cada día para ello; arrojando por la borda el conformismo, la apatía, o el cabreo inconsecuente. Recuperar la credibilidad en la política con valores; como ejercicio cotidiano de servicio público a la gente, desde abajo, ayudando a aquellos que lo están pasando peor durante esta interesada crisis-estafa, trabajar de verdad para las mayorías sociales, desde el compromiso ético con el presente y el futuro; manteniéndose insobornable ante los poderosos, sin dejarse arrastrar por las servidumbres y tonterías del poder que se engulle a sí mismo en sus automatismos protocolarios, y que no produce apenas nada útil sino reuniones de salón y vacuas representaciones en sede parlamentaria, cuando no directamente atracos, injusticias y corrupciones a mano armada.

Yo he decidido dar un paso y apostar por la ilusión, colaborar en la concreción de ese cambio; y he saltado desde la crítica semanal, la protesta manifestante y el cabreo explosivo e individualizado, hasta la afiliación y el compromiso político dentro de un proyecto, sumándome a unas siglas. El sábado, recién afiliada, asistí a mi primera asamblea de Sí Se Puede. Y de toda una tarde dedicada al análisis de propuestas y debates horizontales, me quedo con dos momentos que me confirmaron que no me he equivocado al implicarme. El primero vino de la mano del alcalde de Buenavista, Antonio González Fontes, en su apuesta por transformar un ayuntamiento entretejido por redes clientelares en una administración impulsora de planes sociales, dotada de reglas y protocolos claros de actuación que eviten la discrecionalidad. Y el otro momento fue cuando Mayca Coello, la portavoz de SSP en Candelaria, cerró la asamblea, destacando algo fundamental: la necesaria preocupación por no defraudar a quienes han depositado la confianza en el proyecto. Porque equivocarse y acertar forman parte de la vida y también lógicamente de la gestión pública, pero cuando de verdad se trabaja con vocación de servicio y con ilusión, es más difícil defraudar a la gente. Es entonces cuando la política se legitima.

mvacsen@hotmail.com

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