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Beatificaciones

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Anda que se iba a perder María Dolores de Cospedal un sarao como este, con la de amiguetes del Opus Dei que había ayer en la Plaza de San Pedro. Lógico, por otra parte, si se hace un poco de memoria y se recuerda que Juan Pablo II fue uno de los que más libertad y poder dio a esta secta. En todo caso, se le queda a uno cara de haba cuando, al hacer zapping, aparece esta señora, la portavoz del Partido Popular, del partido de los obispos, henchida y sonriente, divorciada y requetecasada, a punto de elevarse cual Santa Teresa postmoderna de lo feliz que se siente. ¿No es el partido a quien ella representa el que defiende a la familia cristiana de los peligros socialistas y sale a la calle y encabeza manifestaciones? A González Pons le pasa lo mismo, pero a este no lo he visto por la tele en mitad del Vaticano. Tiene tres hijos de su primera mujer, está casado en segundas nupcias con otra señora que aporta otros tres hijos de un matrimonio anterior y, finalmente, tienen otro descendiente, esta vez sí, de ambos, por aquello del compartir. Nunca acaba uno de sorprenderse.

De bote en bote en Roma y de bote en bote en el Reino Unido. Qué de banderitas, de vajillas, de recuerdos en las tiendas. El pueblo inglés rindiendo pleitesía, junto con el resto del mundo, a la casa real inglesa. Unos 34 millones, no de parados españoles, sino de euros ha costado la boda de esta pareja, mientras Cameron sigue recortando derechos y sueldos de los trabajadores. Pero, evidentemente, a quién puede importarle eso cuando la novia lleva un vestido de fulanito y en su elegancia se parece a menganita. Sigue, pues, funcionando eso de poder llegar, desde las clases bajas o medias, a lo más alto y casarse con un príncipe azul. Una de esas menganitas estuvo, por cierto, hace una semana en España acompañando a su jeque. Elegante, discreta, comprometida, nos decían los medios. ZP quiere dinero como sea, por eso, a pesar de haber aprobado la ley de matrimonios homosexuales, con el reconocimiento de los derechos de estas minorías, a pesar de eso, digo, hace ahora negocios con un país que los persigue y los condena a muerte. Esto sí que es una conducta nazi (no la de Zapatero, aunque?) y no la de los médicos de cuidados paliativos, a ver si se entera Miguel Ángel Rodríguez, el que fuera portavoz del gobierno de Aznar. Por cierto, que Aznar, pese a la condena de Juan Pablo II a la guerra de Irak, no sólo la apoyó sino que fue recibido posteriormente por el Santo Padre y como si nada.

Ay, Dios mío, estas beatificaciones, estos poderes, estas miserias. Menos mal que a la que sí que han canonizado ha sido a Ana María Matute. Sin olor a incienso, sin sepulcros blanqueados, sin milagros, todo a fuerza de escribir y de ser honesta en vida. Qué necesitados estamos de personas que inventen y que no mientan, que curen milagrosamente los temblores en las manos de la hipocresía y la inmoralidad.

José María García Linares

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