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Mentiras arriesgadas

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Esta introducción viene a cuento porque en una reciente reunión familiar, en la que al final afloraron las dos Españas latentes, me comentaron, convencidamente que quienes escribimos en este medio estamos poco más o menos abducidos por la mano maquiavélica de Carlos Sosa, que a la vez guía la nuestra, la de los periodistas y colaboradores que expresamos nuestra opinión. Y como queriendo obtener mentiras por verdades, insistían:..¿Y te dicen sobre lo que tienes que escribir? A lo que respondí, que si hubiese sido así no escribiría ni en éste ni en cualquier otro medio que me impusiera o insinuara tal condición. No satisfechos con la respuesta, me espetan: "Es que tu eres de los de Carlos". Me sorprendí porque ellos me conocen bien y saben que mis orígenes y principios ideológicos "no son de este mundo", y los que recuerden haber leído alguno de mis artículos no censurados desde que empecé en el Eco de Canarias, pasando por el entrañable Diario de Las Palmas, saben que mi opinión está fuera de partidismos; es más, me aburre terriblemente hablar o escribir sobre cuestiones de política formal, no sólo porque me parece tan recurrente y aburrido como tener que darle de comer al que peca de gula y se revuelve en el fango todos los días, sino porque además, creo que sirve de poco "personalizar las reflexiones" que puedan leer los hastiados ciudadanos sobre la clase política, que por otra parte, nos merecemos.

Todo esto nos debe llevar a la reflexión sobre como se puede manipular a las personas a base de crear prejuicios sectarios; lo que ocurre cuando se lee poco y lo que se lee no se codifica desde la racionalidad sino desde el mundo de las ideas y de la percepción sesgada que tenemos de la realidad. Es cierto que el mundo de las ideas, incluida la versión Platoniana es concomitante a la propia especie humana y la expresamos muchas veces a través de nuestra conducta social. Pero también entiendo que la praxis política no debe estar sujeta a fundamentalismos ideológicos; y como en todo en la vida, una visión ecléctica de las cosas enriquece la razón y nos acerca más a la verdad.

Kiko García

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