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La derecha española en los tiempos líquidos

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Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que desde finales de los 80 se han estado produciendo cambios en los sistemas de partidos, que se han acelerado durante la crisis actual. La política y la realidad se han hecho más líquidos, siguiendo la teoría de Bauman. Las viejas certezas se han derrumbado, y los diversos partidos han ido entrando en una fase de confusión programática y de principios.  

Durante los años 90 la mayor parte de los partidos políticos giraron a la derecha. Los partidos socialdemócratas viraron hacia la “Tercera Vía”, siendo asaltados por burócratas y tecnócratas grises de escasas ideas, los partidos comunistas en Occidente que no desaparecieron fueron mudando sus pieles hacia la socialdemocracia “light”, mientras que los liberales y conservadores viraban hacia el neoliberalismo, convertido en la nueva religión incuestionable. Quizás, quien mejor logró sintetizar esto fue el periodista y escritor Manuel Vázquez Montalbán: “En los 70 me llamaban socialdemócrata, pero como todo el mundo ha girado a la derecha, me he vuelto de extrema izquierda”. 

La versión social-liberal y neoliberal se convirtieron en dos caras de una misma moneda. Las voces críticas quedaron sepultadas y silenciadas en la mayor parte de los medios de comunicación de masas. Se podía avanzar en derechos civiles, pero no se podía poner en cuestión al Mercado. Aquellos que lo intentaron, como Oskar Lafontaine, quedaron sepultados por la ola de la Tercera Vía. Esta versión de una política tecnocrática con escaso componente doctrinal, pero que configuraba una realidad beneficiosa para las clases dominantes, entró en una crisis profunda en 2008 con la crisis económica mundial. 

En otros artículos se han realizado múltiples análisis sobre la crisis de la socialdemocracia, sus mutaciones hacia partidos de escasa relevancia al perder su función social (como el PASOK), otros en proceso de pasokización (como el SPD o el PSF), y otros que han renovado su ideario y que están intentando innovar (como el Labour o el PSP). También se han escrito ríos de tinta para definir, describir, analizar, etc., a los nuevos partidos de izquierdas llamados “populistas” (como Podemos y el BLOCO, por ejemplo), con lo cual no los nombraremos. Aunque si podemos afirmar que la izquierda pasa por un período de enormes incertidumbres donde se juega, probablemente, su existencia, lo que está provocando enconados debates en su seno. Si la izquierda logra armar un proyecto serio y creíble de sociedad alternativa, tendrá mucho futuro. 

¿Qué cambios se han producido en la derecha española (y sus homólogos periféricos) en estos tiempos líquidos? 

Mientras una ola barría Europa y los EEUU, y ascendían al poder, o se quedaban cerca de hacerlo, partidos de extrema derecha con una estrategia populista, España parecía ajena a estas corrientes políticas. La extrema derecha en España seguía siendo marginal, el PP acogía a la mayor parte de la derecha bajo su seno, y al PP le había salido un competidor joven (Ciudadanos), con un proyecto similar pero con un peinado nuevo. La mayor parte de las derechas periféricas seguían sin cambiar demasiado (CC, el PAR, el PNV, etc.), salvo el caso catalán que necesitaría un objeto de estudio a parte. En los últimos tiempos de Mariano Rajoy, un político conservador de la vieja escuela, la derecha española estaba como petrificada, lo único que se movía era Ciudadanos para defender, y separarse del PP, más mano dura en Cataluña y empezaba a conectar con la Fundación FAES y Jose María Aznar. 

La derecha lo tenía, y sigue teniendo, claros cuáles son los objetivos finales. Resumiendo mucho, la imposición del mercado en todos los ámbitos de la sociedad, las relaciones sociales, de la economía, de la política y de la naturaleza. Todo se podrá comprar y vender, mientras que será el mercado el que decidirá sobre lo que debe fortalecerse, lo que se debe transformar o lo que debe desaparecer. 

Esta utopía ultraliberal del mercado concurrencial que se autorregula llevada a la práctica ha tenido consecuencias nefastas para la sociedad. Ha llevado al aumento drástico de las desigualdades, al aumento de la pobreza y de la exclusión mientras que una minoría se ha enriquecido, ha colisionado con la democracia provocando un proceso acelerado de oligarquización de la política y de la sociedad, ha provocado una degradación del Estado del Bienestar, ha provocado la expulsión de una parte de la sociedad que ha pasado a ser deshechos humanos, y ha generado una crisis medioambiental sin precedentes que pone en peligro la habitabilidad del Plantea. 

Es como si las élites se estuviesen rebelando contra el siglo XX, enterrando en el proceso las conquistas históricas del movimiento obrero y campesino. 

Sin embargo, las consecuencias que está provocando la implementación de esta utopía ultraliberal es que los sistemas políticos que son necesarios para imponerla se están resquebrajando bajo el peso del descontento. Ante la pérdida de legitimidad de los sistemas políticos, la derecha se ha dividido en la estrategia para lograr aplicar la utopía ultraliberal y evitar un vuelco revolucionario que de al traste los planes. Este debate ha llegado tarde, y contaminado por nuestras esencias patrias. Resumiendo, hay tres variantes de la estrategia de la derecha para poder lograr sus objetivos, las cuáles son combinables: 1. La tecnocrática neoliberal. 2. La neoconservadora, con tintes religiosos y/o nacionalistas. 3. La de la extrema derecha, desde el dextropopulismo hasta el neofascismo. 

Como rasgos generales de la derecha en España podemos señalar los siguientes: 1. Una defensa de la Constitución como un elemento petrificado y detenido en el tiempo, imponiendo una visión conservadora de la misma y dejando en papel mojado sus elementos más progresistas a golpe de leyes y decretos. 2. Un concepto patrimonialista del Estado y de la nación. España es su propiedad y los demás son la anti-España, por lo tanto, cuando llegan al poder lo hacen de “forma ilegítima”. 3. Una visión nacionalista de defensa cerrada de España frente a los particularismos y a los nacionalismos periféricos. 4. Comparten a nivel económico la misma fe: el neoliberalismo. 5. Todas se declaran europeistas, manteniendo una posición de subalternidad respecto a Alemania, y mantienen una vertiente Atlantista (apoyo cerrado de los EEUU). 5. Son enemigos declarados de “la izquierda, el feminismo y el separatismo catalán y vasco”, que todo lo confunden, interesadamente, o lo mezclan con Venezuela. 6. La defensa, sea a través de medidas legislativas o de manera explícita, del catolicismo. 7. Mantienen una defensa de la familia tradicional por lo tanto rechazan los matrimonios del mismo sexo, aunque la oposición es más bien tibia ya que hay miembros gays y lesbianas en el interior de dichos partidos con puestos de poder. 8. Defienden al individuo frente a las ideas colectivistas. 9. Están embarcados en la estrategia de la crispación, usada como manera de movilizar a sus votantes y desmovilizar a los votantes, o potenciales votantes, de izquierdas. 10. Trump, y el momento autoritario, ha influido en la deriva de estos partidos y han copiado parte de la estrategia y mensajes de la alt-right y de la extrema derecha europea. 

El PP ha realizado un viraje hacia posiciones más a la derecha con Pablo Casado. No significa que no tuviesen en su seno ideas y políticas similares, pero se buscaba la centralidad del tablero enviando mensajes que calasen en el electorado del centro a la extrema derecha. El problema es que con este giro discursivo y programático, a lo Le Pen, han dado alas a VOX como opción de voto, ya que han “blanqueado” a dicho partido. Su concepto patrimonialista queda más que demostrado cuando llaman a Pedro Sánchez “okupa del poder”, por lo tanto un inquilino ilegal e ilegítimo que ocupa la propiedad de su dueño legítimo (en este caso, el PP, que es el brazo armado de la oligarquía).

En el interior del PP se habían reunido, cuando Aznar logró reunificar las diversas corrientes de la derecha para tener alguna oportunidad de derrotar en las urnas a Felipe González y al PSOE, desde la tecnocracia liberal, pasando por la derecha conservadora, hasta la extrema derecha franquista. Esta unidad se ha roto en 3 partidos, acosados por los casos de corrupción, y ante la supuesta deriva “blanda” de Mariano Rajoy frente al secesionismo catalán. 

El PP mantiene a duras penas, en su intensa pugna con Rivera, y en mucha menor medida con Abascal, la primera posición entre la derecha española, pero no las tiene todas consigo. Hay muchos casos de corrupción que no se han terminado de cerrar y que van a afectar duramente a la credibilidad, ya muy tocada, del PP. Casado, con el giro autoritario de esa derecha chulesca madrileña muy al gusto de Esperanza Aguirre, pretende dar la imagen de líder fuerte para lograr conectar con las corrientes de fondo autoritarias que barren el mundo. 

Las primarias demostraron que el PP tiene una debilidad enorme a la interna, y que el partido estaba más vacío por dentro de lo que decían, aunque el tener una sede en cada localidad de España les hace tener un suelo electoral muy fiel y rocoso. 

Ciudadanos pretende ser la versión moderna, más limpia, y con un peinado nuevo, de políticas viejas. Es una mezcla entre partido personalista (donde el líder es omnipresente y omnipotente), partido-empresa con su gabinete de publicidad y castings, que pretende introducir las ideas de que la “derecha liberal es cool y moderna” frente a un PP vetusto y envejecido, y frente a una izquierda que se la considera “reaccionaria”. Ciudadanos cambia de opinión como una veleta, al son de las encuestas, y han conseguido capitalizar el rechazo de una parte de la población a las posturas del independentismo catalán. Mantienen un apoyo considerable en las ciudades, sobre todo las grandes, y entre las clases liberales, con muchas dificultades de entrar en los pueblos (donde no tienen estructura), en los barrios populares y en ciudades de pequeñas dimensiones. Ciudadanos es la mejor representación de lo que piensan y proponen las empresas del IBEX-35. 

Vox es un partido neofranquista, muy conservador, que mezcla las obsesiones de la derecha patria, con algunas de las ideas que provienen de la extrema derecha europea y norteamericana (no por nada, están aconsejados por Steve Bannon, ex-jefe de campaña de Trump). Se posicionan como un partido anti-inmigración, anti-separatista, anti-izquierda, anti-feminista, anti-LGTBI, anti-Islam, y que defiende las esencias patrias frente al cosmopolitismo y la diversidad. No sigue la estela anti-europeista, ni anti-oligárquica (aunque sea de manera retórica), ni (supuestamente) anti-liberal en la economía, de la extrema derecha europea, estilo Le Pen, eso le dificulta alcanzar a los barrios populares de los distintos rincones de España. Los medios de comunicación, junto a Susana Díaz, C´S y el PP, le han hecho la campaña electoral en Andalucía, lo que ha permitido (junto con otras circunstancias) que hayan conseguido un magnífico resultado para una fuerza extraparlamentaria. VOX es un partido, viendo lo que proponen, anti-Constitucional, ya que defienden la abolición de las Comunidades Autónomas, por ejemplo, y medidas claramente anti-igualitarias. El resultado en Andalucía les va a catapultar en las encuestas, lo cuál es un riesgo para la izquierda y la democracia. Pero recuerden, no es un partido fascista, si es de extrema derecha y defiende posiciones similares al franquismo. Hay que definir bien a los contrincantes para no equivocarte de estrategia. 

Hay que advertir, sabiendo la ola autoritaria que está barriendo Planeta, que las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierdas, deben de buscar puntos en común, establecer un horizonte de esperanza entre los perdedores de la globalización neoliberal, y tener un proyecto que permita acabar con las tasas de desigualdad, paro y exclusión que se generalizan en el mundo. O la izquierda realiza una reflexión sobre qué modelo de sociedad quiere establecer, busca las alianzas sociales y políticas, a la vez que combate dialécticamente a la derecha y a la extrema derecha, o mucho me temo que vamos hacia la imposición del autoritarismo en nuestras sociedades. “El huevo de la serpiente” ya ha eclosionado, depende de nosotros que consigamos evitar caer en una pesadilla que tiene similitudes con los años 30. 

La izquierda debe de ser responsable, nos jugamos la democracia y las libertades en ello.

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