El acceso al agua también es una cuestión de clase para el ave migratoria aliada del cedro canario en el Teide

En la alta montaña de Tenerife, el agua es un recurso escaso y cada vez menos predecible. Los registros climáticos de la estación de Izaña muestran que, durante el último siglo, la temperatura media anual ha aumentado alrededor de un grado y la precipitación se ha reducido aproximadamente 180 milímetros. Los inviernos son ahora más cálidos y secos y el número de días con nieve ha disminuido notablemente, lo que supone un importante desafío para las especies que habitan o pasan parte del año en el Parque Nacional del Teide.

Este es el caso del mirlo capiblanco (Turdus torquatus), un ave invernante regular que se reproduce en las montañas del centro y norte de Europa, así como en algunas áreas montañosas del sur, incluida España. Cada otoño, una pequeña población, generalmente formada por menos de cincuenta individuos, llega a Tenerife para pasar el invierno. Durante su estancia se alimentan principalmente de los frutos del cedro canario (Juniperus cedrus) y dispersa sus semillas, desempeñando una función esencial para la regeneración de esta especie endémica y de la vegetación de alta montaña.

Un estudio publicado en la revista científica Integrative Zoology revela ahora que no todos los mirlos capiblancos acceden al agua de la misma manera. Los resultados muestran que la identidad de cada individuo y, principalmente, su grado de dominancia dentro de la población, determinan la frecuencia con la que visita los puntos de agua y cuánto consigue beber. Estudios anteriores de este mismo equipo ya habían demostrado que la disponibilidad de frutos de cedro y de puntos de agua condiciona los movimientos de los mirlos capiblancos durante su estancia en el Teide.

Entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, el equipo de investigación monitorizó mediante cámaras de fototrampeo tres puntos de agua del Parque Nacional del Teide. Dos de ellos eran depresiones naturales en rocas donde se acumulaba el agua de lluvia y el tercero se encontraba bajo un cedro canario. Durante ese periodo se registraron más de 2.500 visitas de capiblancos, de las cuales un 72% pudo asignarse a individuos concretos gracias a sus anillas de identificación. En total, se siguió el comportamiento de nueve aves pertenecientes a una población que el equipo lleva varios años monitorizando.

Uno de los resultados más llamativos fue la desigualdad observada en el acceso al agua. Los individuos que mostraron un comportamiento más dominante (expulsaban a otras aves de los bebederos) visitaron los bebederos más veces y consumieron más agua a lo largo del día. El ejemplar más dominante llegó a ingerir cerca de 30 mililitros diarios de media, una cantidad que equivale al 30% de su masa corporal. Por el contrario, los individuos subordinados bebieron cerca de un 75% menos agua por visita que las aves dominantes.

“En un lugar como el Teide, donde los puntos de agua son muy escasos y los inviernos son cada vez más secos, acceder a este recurso puede resultar clave para la supervivencia de estas aves. Sin embargo, nuestros resultados muestran que disponer de agua en el entorno no significa que todos los individuos puedan aprovecharla por igual, por lo que sería importante garantizar la disponibilidad de agua en otros puntos del parque”, explica Tamara Burgos, investigadora de la Universidad de Cádiz y autora principal del estudio.

La temperatura también modificó el comportamiento de las aves: la posibilidad de beber y la duración de las visitas aumentaron en los días más cálidos. Además, los tres puntos de agua no fueron utilizados de la misma forma. Mientras algunos ejemplares frecuentaron varios bebederos, otros mostraron una marcada preferencia por uno concreto, lo que pone de manifiesto que las características de cada lugar y el comportamiento individual influyen conjuntamente en el acceso al agua.

“Cuando estudiamos una población, tendemos a resumir su comportamiento mediante valores medios, pero esos promedios pueden ocultar grandes diferencias entre individuos. En este caso, las aves subordinadas parecen encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad frente a la escasez de agua”, señala Burgos. Esta vulnerabilidad puede tener consecuencias que trasciendan a los propios mirlos capiblancos, dado su importante papel como dispersores de semillas.

Los resultados destacan la necesidad de considerar las diferencias individuales y las relaciones sociales para comprender cómo responden las aves a la creciente aridez de los ecosistemas insulares. En una población tan pequeña y con una función ecológica tan relevante, conocer qué individuos encuentran mayores dificultades para acceder al agua puede ayudar a evaluar mejor su capacidad para afrontar el cambio climático.

Como apoyo visual al estudio, el equipo de investigación ha elaborado un vídeo divulgativo que muestra el comportamiento de los mirlos capiblancos en los puntos de agua del Parque Nacional del Teide y resume los principales resultados del trabajo.