Grace Hopper, la gran inventora que cambió la informática al lograr que programar dejara de depender de códigos complejos
En una sala llena de máquinas enormes y cables, alguien decidió que programar podía hacerse con palabras. Esa idea llevó a Grace Hopper, matemática y almirante de la Marina de Estados Unidos, a cambiar la forma en que se interactúa con los ordenadores, ya que convirtió instrucciones complejas en algo que podía escribirse y entenderse con mayor facilidad dentro de entornos empresariales.
COBOL llevó los ordenadores a tareas administrativas
La carrera de Hopper abrió el camino para que la programación dejara de depender de códigos complejos y se acercara a quienes no tenían formación técnica. Esa transformación se hizo evidente cuando participó en la creación y expansión de COBOL, un lenguaje que permitió gestionar datos en empresas y administraciones, y que surgió tras un proceso de estandarización impulsado en la Conference on Data Systems Languages, donde se buscaba un sistema común que pudiera usarse en distintos sectores.
Esa tarea ayudó a que, ya en la década de 1960, muchas empresas adoptaran este sistema y se amplió el uso de ordenadores en actividades como la contabilidad o la gestión de nóminas, ámbitos donde antes resultaban difíciles de integrar.
Antes de ese salto, Hopper había trabajado en la Universidad de Harvard dentro del proyecto Mark I, un calculador automático de gran escala que se utilizó para cálculos militares durante la Segunda Guerra Mundial.
Allí participó en tareas como el cálculo de trayectorias de cohetes y la elaboración de tablas para artillería, y además redactó un manual técnico que explicaba el funcionamiento de la máquina y su programación, un documento que sentó bases para trabajos posteriores.
UNIVAC I impulsó uno de los primeros compiladores
Ese paso por Harvard sirvió como puente hacia una etapa en la industria privada, ya que en 1949 se incorporó a Eckert-Mauchly Computer Corp., donde trabajó en el desarrollo de UNIVAC I, el primer ordenador electrónico comercial.
En ese entorno diseñó uno de los primeros compiladores, una herramienta que permitía traducir instrucciones escritas por programadores a lenguaje de máquina, y acuñó el término que hoy se utiliza para describir ese proceso.
El avance continuó con la creación de FLOW-MATIC, un sistema que utilizaba palabras en inglés para procesar datos, lo que permitió que personas sin formación matemática pudieran interactuar con ordenadores.
Esa línea de trabajo se mantuvo incluso cuando la empresa pasó a formar parte de Remington Rand y más tarde de Sperry Rand Corp., ya que Hopper siguió impulsando la idea de que los programas debían escribirse de forma comprensible para más usuarios.
La Marina recuperó a Hopper tras su retirada
En paralelo a su trabajo en la industria, Hopper mantuvo una larga relación con la Marina de Estados Unidos, donde llegó a alcanzar el rango de almirante. Tras retirarse en 1966, regresó al año siguiente para colaborar en la unificación de lenguajes informáticos dentro de la institución, y permaneció en activo hasta 1986, momento en que se convirtió en la oficial de mayor edad en servicio en ese país.
A lo largo de su trayectoria recibió diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla Nacional de Tecnología en 1991, ocasión en la que explicó que “si me preguntan de qué logro me siento más orgullosa, la respuesta serían todas las personas jóvenes a las que he formado a lo largo de los años”. Ese comentario reflejó su interés por la enseñanza, una actividad que mantuvo desde sus inicios como profesora en Vassar College tras completar sus estudios en la Universidad de Yale.
La formación académica de Hopper comenzó en Nueva York, donde nació en 1906, y continuó en Yale, donde obtuvo un máster en 1930 y un doctorado en 1934. Ese recorrido la llevó a enseñar matemáticas antes de entrar en la Marina, y aunque su carrera tomó un rumbo distinto con la llegada de la informática, la enseñanza siguió presente en su trabajo, ya que dedicó gran parte de su tiempo a explicar nuevas tecnologías a perfiles muy distintos.
El trabajo de Hopper pasó por aulas, cuarteles y empresas, siempre con la misma intención, hacer que los programas se pudieran escribir de forma clara para que los ordenadores dejaran de ser algo reservado a especialistas y empezaran a usarse en el día a día.
0