Incluso en el mejor escenario posible, la crisis climática incrementará el riesgo por incendios en Canarias

Toni Ferrera

Las Palmas de Gran Canaria —

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La crisis climática es tan seria que las discusiones de los últimos años no se han centrado en cómo frenar sus efectos, sino en cómo mitigarlos. Y eso trae consigo un mensaje implícito muy preocupante: va a haber consecuencias. Más tarde o más temprano, luchemos más o menos, la tierra sufrirá por toda la emisión de gases contaminantes que se ha ido acumulando en la atmósfera desde la Revolución Industrial.

La pandemia no apaga los incendios: 71 siniestros y más de 2.000 hectáreas de superficie forestal quemada en Canarias en 2020

Saber más

En Canarias ya estamos sintiendo esos efectos, de hecho: las olas de calor han aumentado su frecuencia entre 1976 y 2015, la temperatura del océano que rodea al Archipiélago se ha incrementado en 0,28 grados y las grandes presas de las Islas han perdido parte de su volumen, según expone la estrategia de acción climática presentada por el Gobierno autonómico hace unos meses.

A todas esas secuelas toca añadir una más: los incendios. Un reciente estudio de investigadores del Grupo de Observación de la Tierra y la Atmósfera (GOTA) de la Universidad de La Laguna (ULL), publicado esta semana en Scientific Reports de la revista Nature estima que la temporada de siniestros forestales en Canarias podría aumentar su duración hasta 75 días al año para finales de siglo.

“Se prevé un crecimiento del porcentaje del territorio de las islas con índices climáticos de incendios adversos”, concluye la investigación. “Las simulaciones para las islas indican un aumento del riesgo de incendio, de la duración de la temporada de incendios y del número de días con riesgo extremo”.

El trabajo no especifica si esto acarreará más o menos quemas. Podría haber un riesgo superior, y todo apunta a que así será incluso en el escenario menos catastrofista de los planteados, pero la tendencia de los últimos años lo que revela es una reducción anual de los siniestros forestales y un incremento de los grandes incendios, aquellos a los que se les conoce como de sexta generación.

“Las condiciones climáticas están siendo más propicias para que los incendios sean más violentos: altas temperaturas, muy baja humedad y muy baja precipitación”, explica Judit Carrillo, una de las autoras del artículo y miembro del grupo GOTA de la ULL.

Cómo medir el riesgo

Los incendios se miden de dos formas: en impacto y riesgo. Este último se analiza según cuatro factores: temperatura, humedad, viento y precipitación, que se aúnan en lo que los expertos definen como índice de incendios, el FWI. Los investigadores han realizado proyecciones climáticas regionalizadas a muy baja escala (por eso de que Canarias tiene microclimas), utilizando como referencia el pasado reciente (1980-2009) y planeado el futuro bajo dos marcos distintos de concentración de gases contaminantes: el más moderado, RCP 4.5, y el menos optimista de todos, RCP 8.5. En ambos casos, el riesgo se acentúa.

Actualmente, en las regiones del sur de Tenerife y Gran Canaria, la temporada de incendios, esto es, cuando los medios de extensión deben permanecer alertas por si se desata una chispa, supera los 300 días al año. En esas zonas apenas se va a notar un hipotético subidón porque ya no hay más espacio temporal. Pero en las tres islas más occidentales, La Palma, La Gomera y El Hierro, así como en el norte de las islas capitalinas, la campaña es mucho más pequeña.

Según el estudio, titulado ‘Proyecciones de peligro meteorológico de incendios forestales en las Islas Canarias’, la temporada de incendios en las cinco islas estudiadas (Fuerteventura y Lanzarote se han quedado fuera por sufrir pocos siniestros) se dilatará, de media, un 14% en RCP 4.5 y un 33% en RCP 8.5% entre los años 2070-2099. Tenerife sería el lugar más afectado.

Por otro lado, los días de riesgo extremo muestran una intensificación media del 58%, llegando a 12 días al año, y las zonas con riesgo alto podrían aumentar un 44%. Básicamente, las cinco islas analizadas pasarían de tener un 15% en total de suelo potencialmente inflamable a un 21,6% si las acciones contra la crisis climática nunca llegan.

“Además de los costes directos de la extinción de los incendios o de las propiedades que puedan verse afectadas, estos tienen efectos agudos sobre la biodiversidad y las especies endémicas que son un reclamo para los visitantes, en una economía altamente dependiente del sector turístico”, remacha el estudio.

Canarias sufrirá un importante decrecimiento de las precipitaciones

De todas las variables estudiadas, la que más ha sorprendido a los expertos es la que tiene que ver con las lluvias. Aunque la temperatura sigue siendo el principal parámetro relacionado con las quemas, el descenso de las precipitaciones en el Archipiélago es tan destacado que su importancia como factor predominante aumentará con el tiempo. En algunos puntos de las Islas, agrega Carrillo, puede llegar a llover un 50% menos que ahora. Y eso que ya cae poca agua.

“El FWI no es un índice lineal. Se calcula de forma progresiva. Para estudiar qué peso tiene cada variable que interviene en el mismo, recurrimos a una técnica que se llama correlaciones parciales”, apunta la experta. “Con esa técnica, lo que decimos es: calcúlame cuánto varía el FWI si solo variara la precipitación y los demás condicionantes se mantuvieran constantes. Así, vimos que el descenso en las precipitaciones es tan alto que cada vez va a tener más peso”.

Ese decrecimiento se notará más en las islas con mayor elevación. De ahí que Tenerife haya salido como la isla más afectada.  

Por último, los investigadores han pedido reformar la gestión actual de incendios en el Archipiélago. Consideran que se puede optimizar el análisis predictivo de las condiciones meteorológicas y así ayudar a los medios de extinción. Si no se trabaja en ello, y teniendo en cuenta el previsible incremento del riesgo por siniestros forestales, “las acciones actuales podrían no ser suficientes para equilibrar las consecuencias del cambio climático”. 

La crisis climática es tan seria que las discusiones de los últimos años no se han centrado en cómo frenar sus efectos, sino en cómo mitigarlos. Y eso trae consigo un mensaje implícito muy preocupante: va a haber consecuencias. Más tarde o más temprano, luchemos más o menos, la tierra sufrirá por toda la emisión de gases contaminantes que se ha ido acumulando en la atmósfera desde la Revolución Industrial.

La pandemia no apaga los incendios: 71 siniestros y más de 2.000 hectáreas de superficie forestal quemada en Canarias en 2020

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En Canarias ya estamos sintiendo esos efectos, de hecho: las olas de calor han aumentado su frecuencia entre 1976 y 2015, la temperatura del océano que rodea al Archipiélago se ha incrementado en 0,28 grados y las grandes presas de las Islas han perdido parte de su volumen, según expone la estrategia de acción climática presentada por el Gobierno autonómico hace unos meses.

A todas esas secuelas toca añadir una más: los incendios. Un reciente estudio de investigadores del Grupo de Observación de la Tierra y la Atmósfera (GOTA) de la Universidad de La Laguna (ULL), publicado esta semana en Scientific Reports de la revista Nature estima que la temporada de siniestros forestales en Canarias podría aumentar su duración hasta 75 días al año para finales de siglo.

“Se prevé un crecimiento del porcentaje del territorio de las islas con índices climáticos de incendios adversos”, concluye la investigación. “Las simulaciones para las islas indican un aumento del riesgo de incendio, de la duración de la temporada de incendios y del número de días con riesgo extremo”.

El trabajo no especifica si esto acarreará más o menos quemas. Podría haber un riesgo superior, y todo apunta a que así será incluso en el escenario menos catastrofista de los planteados, pero la tendencia de los últimos años lo que revela es una reducción anual de los siniestros forestales y un incremento de los grandes incendios, aquellos a los que se les conoce como de sexta generación.

“Las condiciones climáticas están siendo más propicias para que los incendios sean más violentos: altas temperaturas, muy baja humedad y muy baja precipitación”, explica Judit Carrillo, una de las autoras del artículo y miembro del grupo GOTA de la ULL.

Cómo medir el riesgo

Los incendios se miden de dos formas: en impacto y riesgo. Este último se analiza según cuatro factores: temperatura, humedad, viento y precipitación, que se aúnan en lo que los expertos definen como índice de incendios, el FWI. Los investigadores han realizado proyecciones climáticas regionalizadas a muy baja escala (por eso de que Canarias tiene microclimas), utilizando como referencia el pasado reciente (1980-2009) y planeado el futuro bajo dos marcos distintos de concentración de gases contaminantes: el más moderado, RCP 4.5, y el menos optimista de todos, RCP 8.5. En ambos casos, el riesgo se acentúa.

Actualmente, en las regiones del sur de Tenerife y Gran Canaria, la temporada de incendios, esto es, cuando los medios de extensión deben permanecer alertas por si se desata una chispa, supera los 300 días al año. En esas zonas apenas se va a notar un hipotético subidón porque ya no hay más espacio temporal. Pero en las tres islas más occidentales, La Palma, La Gomera y El Hierro, así como en el norte de las islas capitalinas, la campaña es mucho más pequeña.

Según el estudio, titulado ‘Proyecciones de peligro meteorológico de incendios forestales en las Islas Canarias’, la temporada de incendios en las cinco islas estudiadas (Fuerteventura y Lanzarote se han quedado fuera por sufrir pocos siniestros) se dilatará, de media, un 14% en RCP 4.5 y un 33% en RCP 8.5% entre los años 2070-2099. Tenerife sería el lugar más afectado.

Por otro lado, los días de riesgo extremo muestran una intensificación media del 58%, llegando a 12 días al año, y las zonas con riesgo alto podrían aumentar un 44%. Básicamente, las cinco islas analizadas pasarían de tener un 15% en total de suelo potencialmente inflamable a un 21,6% si las acciones contra la crisis climática nunca llegan.

“Además de los costes directos de la extinción de los incendios o de las propiedades que puedan verse afectadas, estos tienen efectos agudos sobre la biodiversidad y las especies endémicas que son un reclamo para los visitantes, en una economía altamente dependiente del sector turístico”, remacha el estudio.

Canarias sufrirá un importante decrecimiento de las precipitaciones

De todas las variables estudiadas, la que más ha sorprendido a los expertos es la que tiene que ver con las lluvias. Aunque la temperatura sigue siendo el principal parámetro relacionado con las quemas, el descenso de las precipitaciones en el Archipiélago es tan destacado que su importancia como factor predominante aumentará con el tiempo. En algunos puntos de las Islas, agrega Carrillo, puede llegar a llover un 50% menos que ahora. Y eso que ya cae poca agua.

“El FWI no es un índice lineal. Se calcula de forma progresiva. Para estudiar qué peso tiene cada variable que interviene en el mismo, recurrimos a una técnica que se llama correlaciones parciales”, apunta la experta. “Con esa técnica, lo que decimos es: calcúlame cuánto varía el FWI si solo variara la precipitación y los demás condicionantes se mantuvieran constantes. Así, vimos que el descenso en las precipitaciones es tan alto que cada vez va a tener más peso”.

Ese decrecimiento se notará más en las islas con mayor elevación. De ahí que Tenerife haya salido como la isla más afectada.  

Por último, los investigadores han pedido reformar la gestión actual de incendios en el Archipiélago. Consideran que se puede optimizar el análisis predictivo de las condiciones meteorológicas y así ayudar a los medios de extinción. Si no se trabaja en ello, y teniendo en cuenta el previsible incremento del riesgo por siniestros forestales, “las acciones actuales podrían no ser suficientes para equilibrar las consecuencias del cambio climático”. 

La crisis climática es tan seria que las discusiones de los últimos años no se han centrado en cómo frenar sus efectos, sino en cómo mitigarlos. Y eso trae consigo un mensaje implícito muy preocupante: va a haber consecuencias. Más tarde o más temprano, luchemos más o menos, la tierra sufrirá por toda la emisión de gases contaminantes que se ha ido acumulando en la atmósfera desde la Revolución Industrial.

La pandemia no apaga los incendios: 71 siniestros y más de 2.000 hectáreas de superficie forestal quemada en Canarias en 2020

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En Canarias ya estamos sintiendo esos efectos, de hecho: las olas de calor han aumentado su frecuencia entre 1976 y 2015, la temperatura del océano que rodea al Archipiélago se ha incrementado en 0,28 grados y las grandes presas de las Islas han perdido parte de su volumen, según expone la estrategia de acción climática presentada por el Gobierno autonómico hace unos meses.