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LE MANS 1966

El escritor británico Eric Arthur Blair (1903 – 1950), más conocido por el pseudónimo de George Orwell, fue el responsable de acuñar la frase “la historia la escriben los vencedores”, dentro de las páginas de su sensacional obra literaria “1984”. 1

En realidad, la frase era una consecución lógica de un planteamiento anterior mucho más elaborado basado en la forma en la que muchos gobiernos -en especial los de corte autoritario- controlan la forma de pensar de quienes están bajo su cargo. Para el escritor británico quienes fueran capaces de controlar el pasado, controlarían, por tanto, el futuro. Y si se lograba controlar el presente, era fácil controlar el pasado.

Por todo ello, quienes han manejado y manejan, en la actualidad, los resortes del poder -ya sea, éste, político, legislativo, económico y/o social- gustan de controlar el presente de forma decidida, inventándose por el camino los recuerdos “históricos” que más convengan y así dirigir la voluntad del resto de los ciudadanos, para que éstos luego vean el futuro de una forma simple y predeterminada por quienes, en realidad, lo han orquestado todo.  

Ciñéndonos, entonces, a dicha línea de pensamiento, la historia escrita por los responsables de Ford Motor Company dirá que fue la compañía norteamericana, fundada por Henry Ford en junio del año 1903, la única responsable de la incontestable victoria de la marca automovilística cosechada en el año 1966, en el mítico de Circuit de la Sarthe francés, escenario de las no menos legendarias 24 Heures du Mans. 2

Sin embargo, la realidad, la mecánica y la misma personalidad de quienes estuvieron antes, durante y hasta el mismo momento en el que los tres coches de la marca americana cruzaron la línea de meta, vendría a decir una cosa diametralmente opuesta.

Esta realidad, mucho más ajustada a la verdad de los acontecimientos, nos diría que Ford Motor Company ganó aquélla y las tres siguientes ediciones de la competición francesa (1966-1969) -poniendo fin, además, al dominio casi absoluto de la marca Italiana fundada por Enzo Ferrari en 1939- gracias a la intervención de Carroll Hall Shelby, diseñador, visionario y ganador de la competición francesa en el año 1959, junto con el piloto ítalo-británico Roy Francesco Salvadori, y a la del también piloto, diseñador y verdadero genio de la mecánica, el británico Kenneth Henry Miles. 3

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Ken Miles (Christian Bale) y Carroll Shelby (Matt Damon) en la película Le Mans´66

Photo by Merrick Morton - © 20th Century Fox

Juntos lograron que la enorme inversión realizada por el entonces responsable de la empresa automovilística norteamericana, Henry Ford II, no se derrochara inútilmente, o como en muchos otros casos anteriores, acabara malgastada por los caprichos y la estrechez de miras de una legión de torpes ejecutivos, los cuales solamente velaban por su propio beneficio y no por el de la compañía que debían defender.

Habrá quien diga que no todos aquellos vicepresidentes, ejecutivos de cuentas, responsables del marketing y promoción estaban empeñados en obtener su pequeña parcela de poder en vez de lograr que Ford Motor Company fuera la “empresa de las empresas”, al hablar del mundo de la automoción. Sin embargo, dar esa sensación de control absoluto de la situación, aunque no lo tuvieran, ni supieran cómo lograrlo, a punto estuvo de acabar con las aspiraciones de la marca de automóviles norteamericana de llegar a competir en Europa y en igualdad de condiciones con la escudería Ferrari.

Cierto es que el tándem Shelby/ Miles tampoco era la máquina perfectamente engrasada que, a priori, una empresa como aquélla requería. En el caso del primero, y tras su victoria en la prueba francesa, su situación física le llevó a tener que abandonar la competición y dedicarse al diseño de automóviles y a la competición de marcas, un terreno tan resbaladizo como lleno de sinsabores, dada la enorme presión que todos los participantes sufren y lo esquivo que suele ser el triunfo.

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Carroll Shelby (Matt Damon) en la película Le Mans´66

Photo by Merrick Morton - © 20th Century Fox

Para el genial piloto y mecánico británico, sus vivencias bélicas durante la Segunda Guerra Mundial condicionaron un carácter ya de por si adusto y, a ratos, beligerante, el cual, junto con un sardónico sentido del humor, no le ayudaron a congeniar con sus semejantes, salvo en muy contadas ocasiones. Dicho esto, la amistad que forjó con el diseñador norteamericano hizo que aceptara un puesto dentro del organigrama de la empresa “Carroll Shelby Internationaly” y, llegado el momento, de hacerse cargo de desarrollar un coche capaz de doblegar la hegemonía de los vehículos presentados por la marca Scuderia Ferrari Grand Prix motor Racing. 4

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Ken Miles (Christian Bale) en la película Le Mans´66

Photo by Merrick Morton - © 20th Century Fox

Al final, la solución vino desde el viejo continente, en forma del Ford GT40, un modelo creado por la división británica Ford Advanced Vehicles, cuyas primeras versiones desarrolladas -la Mk I, Mk II y Mk III- tomaron como referencia el modelo experimental Lola Mk6 GT, fabricado por Lola Cars entre 1962 y 1963. Una vez que el modelo escogido para la competición, un Mk II, cayó en mano de Carroll Shelby, Ken Miles y del resto de los responsables de la empresa del primero, las fricciones entre algunos de los ejecutivos de la marca automovilística y aquellos “outsiders” a los que se había tenido que recurrir, no tardaron en aparecer.

No hay que perder de vista que Ford Motor Company quiso comprar la marca de Enzo Anselmo Giuseppe Maria Ferrari en el año 1963. Esta negociación se truncó cuando “Il Commendatore” decidió vender su empresa a Fiat S.p.A., ante la negativa de la empresa norteamericana para que el creador de la escudería italiana siguiera controlando las decisiones derivadas del circuito de competición internacional. Este hecho supuso un jarró de agua fría para quienes pensaban que Ford necesitaba encontrar el prestigio perdido, participando en los grandes acontecimientos deportivos del mundo del motor. Sin el apoyo, la tecnología y la experiencia de Ferrari, Ford Motor Company se quedaba huérfana para tratar de lograr su deseo y con muy pocas opciones de éxito. El tener, luego, que recurrir a personalidades tan particulares, individualistas, pero experimentadas como eran Carroll Shelby y Ken Miles no presagiaba, en un primer estadio, nada bueno para empresa afincada en la ciudad de Dearborn, Michigan.

El tiempo, una serie de sucesivas derrotas cosechas por el equipo de competición norteamericano -al vetar a Ken Miles como piloto- y la constatación de que Ford Motor Company, por si sola, no podía lograr aquello que se había propuesto, devolvieron una cierta cordura a la situación, la cual terminó por llevar a todos los implicados hasta las pistas del circuito francés en la primavera del año 1966.

Una vez allí, quedó claro quién era el magnate y quiénes, los visionarios del motor; es decir, los que habían logrado que los primitivos automóviles se convirtieran en algo más que un chasis, una caja de cambios, un motor de combustión interna y cuatro ruedas. También sirvió para constatar lo peligroso y torticero que puede llegar a ser trabajar con una gran empresa y la cantidad -legión, más bien- de indeseables que pululan dentro de tales corporaciones.

Ken Miles perdió la oportunidad de ser la primera persona que hubiese ganado 12 Hours of Sebring, 24 Hours of Daytona y 24 Heures du Mans en el mismo año, merced a las turbias maniobras de uno de los vicepresidentes de la empresa norteamericana, aunque sí se ganó el respecto y el saludo de los aficionados, los constructores y del mismísimo Enzo Ferrari. 5

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© 2019 Chernin Entertainment and Twentieth Century Fox Film Corporation.

En realidad, la victoria de Ford Motor Company sólo sirvió para demostrar que, gracias a sus enormes recursos económicos, una empresa podía llegar a competir y triunfar en una prueba automovilística como la francesa.

No obstante, ni los ejecutivos, ni el propio Henry Ford II llegaron nunca a entender la importancia de aquella competición, por mucho que se empeñaran en condicionar a corredores, a la organización y al mismísimo equipo de Carroll Shelby para que los tres Ford GT40 Mk II entraran juntos por la línea de meta. Aquella imagen fue eso, una instantánea publicitaria para colgar en la sala de reuniones de la compañía automovilística, tan impactante como hueca, a tenor de quienes estuvieron relacionados, en mayor o menor medida, dentro de la empresa, salvo muy gloriosas excepciones.  6

La verdadera gloria, y eso lo deja bien claro y sin error en el entendimiento el libreto escrito por Jez Butterworth, John-Henry Butterworth y Jason Keller, luego llevado a la gran pantalla por el director James Mangold, es para Carroll Shelby, Ken Miles y para todos los que trabajaron para transformar el Ford GT40 Mk II en una máquina capaz de batir a todos los contrincantes con los que se encontró en el circuito francés, en 1966.

Sin ellos, nunca se hubiera podido generar dicha gesta y sin ellos no se hubiese podido llegar a producir una película que demuestra cuán importante son las personas frente a los delirios de quienes manejan, con notable desatino, los balances económicos mundiales.

Eso sí, no se engañen con mis palabras: en Le Mans´66 hay seres humanos frágiles, caprichosos, indolentes, tiránicos y extremos. El juego no se articula entre buenos y malos, sino entre personas que tratan de ser un poco coherentes, en un universo demente y disparatado, y quienes solamente quieren imponer su voluntad.

Quizás hay dos momentos que sirven para desnudar la fragilidad de los seres humanos, a lo largo de la narración cinematográfica. El primero se ve tras desembarazarse de un indeseable vicepresidente, cuando Carroll Shelby somete al mismísimo Henry Ford II a toda una cura de humildad dentro del estrecho, opresivo y radical habitáculo de un Ford GT40 Mk II, mientras el vehículo se mueve a una velocidad de vértigo, por la pista de pruebas anexa al hangar que ocupa las instalaciones de la empresa del primero.

El segundo, mucho más válido e imperecedero, es aquel en el que “il Commendatore” no sólo admira los valores del modelo desarrollado por la empresa de Carroll Shelby para la carrera francesa, sino la valía de Ken Miles a los mandos del mencionado vehículo. 7

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© 2019 Chernin Entertainment and Twentieth Century Fox Film Corporation.

Al final, la historia, no solamente está escrita por los vencedores, por mucho que a estos últimos les fastidie sobremanera, sino por aquéllos que les rodearon. Y antes de que pregunten, Le Mans´66 no trata de los vehículos que aparecen en los carteles que anuncian la película. Trata de quienes los diseñaron y de las personas que estaban al volante cuando dichos vehículos salieron a competir.

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2019

© 2019 Chernin Entertainment and Twentieth Century Fox Film Corporation.

 

Notas:

1- La novela fue publicada, originalmente, por el sello Secker & Warburg, el 8 de junio del año 1949. La editorial luego se fusionó con Harvill Press -fusión que dio como resultado la editorial Harvill Secker- y, en la actualidad, es propiedad de Penguin Random House desde el año 2002.

2- La carrera de resistencia se lleva disputando desde el año 1923 hasta el momento actual, salvo por la huelga general del año 1936 en Francia y, luego, por el parón a causa de la Segunda Guerra Mundial. Éste duró una década, hasta la reanudación de la carrera en el año 1949.

3- Carroll Hall Shelby y Roy Francesco Salvadori ganaron la competición francesa conduciendo un Aston Martin DBR1, modelo construido por Aston Martin Lagonda LTD en 1956 y diseñado por el ingeniero británico Edward John 'Ted' Cutting.

4- Fruto de la relación profesional entre Carroll Shelby y Ken Miles fueron las sucesivas versiones del modelo para competición, desarrolladas a partir del modelo; es decir, el AC Cobra/ Shelby Cobra 289, entre 1962 y 1965; el Shelby Daytona Coupe; y las distintas versiones del también modelo AC Cobra 427.

5- The #1 car was driven by Ken Miles and Denny Hulme, and together with the #2 car driven by Bruce McLaren/Chris Amon (1st overall) and #5 car driven by Bucknum/Hutcherson (3rd overall) gave Ford its first victory in a 24-hour race.

6- Lee Lacocca, director de Marketing de Ford Motor Company y quien reclutó a Carroll Shelby para lograr lo que, entonces parecía un imposible, fue una de esas contadas excepciones.

7- Ferrari's response to the Ford GT40 Mark II at Le Mans in 1966 was the 330 P3 (with P meaning Prototype), Ferrari's first fuel-injected car.

 

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